ACyV | elconfidencial.com | 06/12/2025
El duelo es uno de los procesos psicológicos más duros de afrontar en nuestra trayectoria vital, por lo que identificarlos será importante para darle sentido.
La vida de toda persona se interpreta como una serie de ideas, acciones y experiencias que construyen la personalidad del individuo. Su trayectoria vital y los sucesos que ocurren en ella son diferenciadores a la hora de construir la identidad de una persona y la forma de gestionar el resto de circunstancias que le surgen en su día a día.
No obstante, uno de los procesos más desagradables que
todo ser humano debe atravesar a lo largo de su vida es, sin duda, el duelo. Desde
el fallecimiento de un ser querido hasta la ruptura de una relación
sentimental, se trata de una sucesión de emociones y sentimientos que
se dan de manera natural al experimentar una de estas situaciones.
La complejidad de dicho elemento genera
multitud de preguntas, incluso en los más estudiosos en el tema. Un ejemplo de ello es el experto
en salud mental Farid
Dieck, el cual ha querido
arrojar algo de luz sobre el tema en una de sus últimas publicaciones en
TikTok. “No se supera lo
perdido, se aprende a vivir con el vacío que deja”, afirma contundentemente en el vídeo.
Toda pérdida humana de gran valor en
nuestra vida conlleva un
periodo de adaptación ante
el nuevo escenario, acompañado frecuentemente con un profundo sentimiento de dolor. En este sentido, superarlo no significa
dejar de tenerlo en cuenta en nuestra cotidianeidad, sino saber vivir con el
importante hueco que deja en ella.
“Lo que se hace en el duelo es aceptar que algo se fue
y no puede ser sustituido. Así como queda en nosotros algo del
otro que se va, también queda en el otro algo de nosotros que se pierde y que
no podemos recuperar. (…) El duelo es, ante todo, la experiencia de una
imposibilidad. El deseo de algo
que se perdió, de tenerlo o
comprenderlo, y el
darse cuenta una y otra vez de que no es posible hacerlo del todo” expone el
experto en salud mental.
Por último, el joven expresa que los recuerdos y los
rituales que se efectúan
posteriormente a la pérdida son elementos que nos acercan vagamente a
quien acaba de desaparecer de
nuestras vidas. Y es que, cuando
alguien al que amamos parte definitivamente, no lo hace solo, sino con una
parte de todos los que sentían cariño hacia él.