martes, 13 de enero de 2026

Esquizofrenia: causas, tratamientos y avances para una mejor comprensión del trastorno mental

 NORBERTO ABDALA     |     clarin.com     |     12/01/2026


·        Es uno de los trastornos mentales más estudiados y menos comprendidos de la psiquiatría.

·        Cómo la psicofarmacología influyó en su tratamiento.

·        Qué dicen las investigaciones recientes.

La esquizofrenia es uno de los trastornos mentales más estudiados y menos comprendidos de la psiquiatría. A lo largo de más de un siglo, las ideas sobre sus causas han cambiado según el grado del conocimiento médico, psicológico y neurocientífico.

En sus primeras descripciones, a fines del siglo XIX, Emil Kraepelin acuñó el término demencia precoz por considerar que se trataba de una enfermedad cerebral de inicio temprano y evolución progresiva similar a la demencia en las personas mayores.

Eugen Bleuler introdujo el término esquizofrenia (esquizo = división, frenia = mente) subrayando que no se trataba necesariamente de un creciente deterioro, sino de un trastorno más amplio del pensamiento, la afectividad y el contacto con la realidad.

El psicoanálisis clásico pensó la esquizofrenia como resultado de conflictos psíquicos profundos, fijaciones tempranas o fallas graves en la constitución del Yo.

Más adelante, teorías relacionales y familiares -como la del “doble vínculo”-, atribuyeron la causa a patrones de comunicación patológicos en el seno familiar.

Si bien estas perspectivas aportaron comprensión clínica y humana no podían explicar por sí solas la aparición del trastorno.

La revolución de la psicofarmacología y su influencia en el tratamiento

Un cambio decisivo ocurrió a mediados del siglo XX con la aparición y desarrollo de la psicofarmacología. El descubrimiento de la clorpromazina (1950) demostró que los síntomas psicóticos podían mejorar con medicamentos.

 

Esto impulsó la hipótesis de que la esquizofrenia estaría relacionada al exceso de dopamina en ciertas áreas cerebrales.

 

Durante décadas, esta idea dominó la investigación y permitió importantes avances terapéuticos, aunque pronto se hizo evidente que no explicaba todos los síntomas, en especial los llamados “negativos” (apatía, retraimiento social) ni los déficits cognitivos.

 

En las últimas décadas las investigaciones se complejizaron.

 

Los estudios genéticos demostraron que existía un componente hereditario, pero no dependiente de un solo gen, sino de la interacción de muchos genes de pequeño efecto.

 

Al mismo tiempo, se identificaron algunos factores ambientales de riesgo, como complicaciones en el embarazo y el parto, infecciones virales tempranas, consumo de sustancias, estrés psicosocial.

Hacia un enfoque integral: tratamientos actuales y calidad de vida

En paralelo, las neurociencias aportaron nuevos modelos. Hoy se la considera como un trastorno del neurodesarrollo, en el que ciertas alteraciones tempranas del cerebro permanecen latentes y se expresan clínicamente en la adolescencia o adultez temprana.

 

Se han encontrado diferencias en la conectividad cerebral, en el funcionamiento de redes neuronales y en otros sistemas químicos, como el glutamato, además de la dopamina. Esta visión integradora ha desplazado la búsqueda de una causa única hacia un modelo multifactorial.

 

En cuanto al tratamiento, los medicamentos antipsicóticos siguen siendo una herramienta central, pero se están investigando fármacos con mecanismos de acción novedosos.

 

Hoy, se destaca la necesidad de los tratamientos integrales: psicofármacos, psicoterapia, rehabilitación psicosocial, apoyo familiar y abordajes comunitarios.

 

La esquizofrenia ya no se concibe como una sentencia inevitable, sino como un trastorno tratable, con posibilidades reales de recuperación y de mejor calidad de vida.

Raquel Jiménez, psicóloga: "Si yo tuviera depresión y tú quisieras ayudarme, esto es lo que necesitaría"

ACyV   |    elconfidencial.com     |     10/01/2026


La psicóloga ha puesto voz a una realidad que suele quedar oculta: cómo se siente realmente una persona con depresión y qué necesita de quienes quieren ayudarla. Su mensaje desmonta tópicos y recuerda que el apoyo más valioso pasa por acompañar con empatía

Un mensaje breve, directo y lleno de verdad está recorriendo las redes gracias a la psicóloga Raquel Jiménez, que ha puesto palabras a algo que miles de personas con depresión sienten cada día y no siempre saben expresar. Su reflexión, convertida en un vídeo viral, desmonta algunos de los mensajes bienintencionados, pero dañinos que suelen recibir quienes atraviesan este trastorno, y explica qué tipo de acompañamiento resulta realmente útil.

La especialista arranca con una idea que desmonta tópicos: “Si yo tuviera depresión y tú quisieras ayudarme, esto es lo que necesitaría”, afirma antes de enumerar una serie de gestos simples pero fundamentales. Su insistencia en que no se trate de animar, presionar o minimizar lo que ocurre pone el foco en un aspecto clave que la psicología lleva años subrayando: acompañar no es forzarsino estar.

Jiménez recuerda que frases como “anímate” no funcionan porque, como explica, “no puedo”. Ese bloqueo emocional y físico hace que tampoco sirvan los atajos: “No intentes darme soluciones rápidas porque no tengo fuerzas para aplicarlas”, señala. Su reflexión subraya además que la depresión no es solo un proceso mental: “No me digas que todo está en mi cabeza, mi cuerpo también lo sufre”, reivindica.

El vídeo también pone el acento en las pequeñas victorias invisibles, esas que desde fuera pueden pasar desapercibidas. La psicóloga lanza un mensaje claro: “No me juzgues por estar tumbada. Tal vez levantarme sea mi mayor logro del día”. Un recordatorio de que la depresión no tiene una forma única y de que la energía, en muchas ocasiones, simplemente no alcanza para más.

Otro de los puntos más aplaudidos del discurso es la importancia de una presencia calmada: “Quédate a mi lado, aunque no hable, aunque no haga nada. Tu presencia ya es un alivio”, afirma. Esta idea conecta con uno de los pilares del acompañamiento emocionalsostener sin exigir, estar sin necesidad de llenar silencios incómodos.

La psicóloga también desmonta otro de los consejos habituales: enumerar todo lo bueno que la persona tiene en su vida. Según explica, “lo veo, pero no puedo sentirlo”, algo que resulta especialmente frustrante para quien intenta ayudar sin comprender ese vacío emocional. En su lugar, Jiménez propone apoyo práctico: “Ayúdame con lo básico, una comida, un paseo corto”.

Uno de los mensajes más potentes del vídeo llega al abordar el miedo a ser una carga, algo común en pacientes con depresión: “Hazme sentir que no soy una carga, que sigo teniendo valor, aunque no pueda dar nada ahora”, pide. También invita a evitar intervenciones bruscas: “No intentes sacarme a la fuerza, lo único que necesito es que me acompañes en mi oscuridad”.

La pieza concluye con una reflexión que ha resonado especialmente entre los espectadores: detrás de cada gesto cotidiano puede haber una batalla silenciosa. “Detrás de cada sonrisa, de cada ‘estoy bien’, puede haber una persona librando una oscura batalla”, recuerda Jiménez, subrayando que nadie está libre de atravesar una depresión y que la diferencia está en el trato: empatíapaciencia y compasión.

Su mensaje, convertido en una especie de guía emocional, deja claro que el apoyo más valioso no siempre pasa por decir algo ingenioso o levantar el ánimo a toda costa. A veces, como concluye la psicóloga, “lo que cura no son las palabrassino la compañía y el amor sin condiciones”.