Martina Cortés Moschetti | infobae.com | 06/12/2025
Nuevos hallazgos internacionales, publicados por The Washington Post, proponen rutinas accesibles para quienes desean fortalecer la mente y prevenir problemas futuros
Cuidar la salud cerebral y fortalecer la resiliencia
emocional no requiere cambios drásticos ni fórmulas inalcanzables. Pequeños
gestos cotidianos, avalados por la ciencia, pueden significar un antes y un
después en el bienestar mental. Desde algo tan simple como dormir en
completa oscuridad hasta redescubrir el valor de la jardinería o el acto de ayudar
a los demás, estas prácticas ofrecen una protección real contra el deterioro
cognitivo y ayudan a mantener una mente ágil, equilibrada y preparada para los
desafíos de cada día.
The Washington Post reunió siete estrategias
simples que expertos internacionales recomiendan para quienes buscan fortalecer
su bienestar emocional y proteger su cerebro a largo plazo. Conoce cuáles
son los siete hábitos y por qué incorporarlas puede cambiar tu vida:
1. Dormir en completa
oscuridad
La exposición a la luz durante la noche, incluso en niveles bajos, puede
afectar la salud cerebral. Investigaciones citadas por The
Washington Post revelan que la luz nocturna aumenta la
frecuencia cardíaca, reduce las fases profundas del sueño y eleva la
resistencia a la insulina.
En adultos mayores, se ha relacionado con mayores tasas de obesidad,
diabetes e hipertensión, además de perjudicar la memoria y el estado de
alerta. El uso de un antifaz para dormir se presenta como una solución
simple y eficaz para mejorar la calidad del sueño y, por ende, la
salud cerebral.
2. Practica yoga
El yoga, conocido tradicionalmente por promover la flexibilidad y la salud
física, también genera beneficios cognitivos. Un estudio reciente sugiere que esta disciplina
favorece a personas mayores en riesgo de deterioro cognitivo y enfermedad de
Alzheimer.
Sat Bir Singh Khalsa,
profesor asociado de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard, explicó
a The Washington Post que el yoga combina respiración, relajación,
meditación y posturas, permitiendo adaptar la práctica según las necesidades de
cada persona. Khalsa sostuvo: “Se trata de optimizar el funcionamiento y el
rendimiento como ser humano en todos los niveles”.
3. Vacunación y prevención de demencia
Mantenerse al día con las
vacunas no solo protege contra enfermedades infecciosas; también puede reducir
el riesgo de demencia. Un estudio publicado en Nature Aging,
citado por The Washington Post, refuerza la relación entre
infecciones graves —como gripe, herpes y enfermedades respiratorias— y una
aceleración de la atrofia cerebral, así como un mayor riesgo de demencia años
después.
Rudy Tanzi, profesor de neurología en Harvard y
director del Centro McCance para la Salud Cerebral en el Hospital
General de Massachusetts, destacó que estos hallazgos representan “un salto
más allá de estudios previos que ya habían asociado la infección con la
susceptibilidad a la enfermedad de Alzheimer”. Investigaciones recientes demostraron
que las vacunas contra la gripe y el herpes zóster pueden disminuir el riesgo
de demencia, mientras que las infecciones graves se relacionan con
accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos posteriores.
4. Presión arterial bajo
control
La hipertensión figura
como uno de los factores de riesgo más comunes y prevenibles para el desarrollo
de demencia. Según datos recogidos por The Washington Post, casi
la mitad de los adultos de Estados Unidos presenta presión
arterial alta, lo cual dificulta el suministro de oxígeno y nutrientes al
cerebro y la eliminación de desechos metabólicos.
Silvia Fossati, profesora asociada de neurociencias y
directora interina del Centro de Alzheimer de la Universidad de Temple,
explicó que la hipertensión provoca una reducción del flujo sanguíneo cerebral,
afecta la vasculatura y contribuye en forma acumulativa a la patología del
Alzheimer.
5. JOMO: disfrutar de
perderse algo
El temor a perderse algo,
conocido como FOMO, es frecuente en la era digital. Sin embargo, surge la
tendencia del JOMO —la alegría de perderse algo— como una alternativa
para el bienestar emocional. Tali Gazit, profesora
asociada de ciencias de la información en la Universidad Bar-Ilan de Israel,
indicó a The Washington Post: “JOMO nos recuerda que no
sólo no podemos temer que nos estemos perdiendo algo importante, sino en
realidad disfrutar de perdernos algo”.
Aunque la investigación
sobre JOMO se centra en el uso de redes sociales, esta actitud puede aplicarse
a otros ámbitos, ayudando a reducir la preocupación por las acciones de los
demás y favoreciendo el bienestar emocional.
6. Jardinería
La jardinería, tanto en espacios interiores como
exteriores, se asocia consistentemente con mejoras en la salud mental y el
bienestar general.
Estudios citados por The
Washington Post revelan que esta actividad conecta a las personas con
la naturaleza y fomenta la interacción social. Jonathan Kingsley,
profesor titular de promoción de la salud en la Universidad Tecnológica de
Swinburne en Australia, resumió el valor de la jardinería al expresar: “Siento
que se trata simplemente de volver a unir las piezas de lo que nos hace
humanos”.
7. Altruismo
Destinar tiempo, dinero o
energía a otras personas genera beneficios tanto para quien recibe como para
quien da. Las investigaciones demuestran que los actos
de altruismo, como el voluntariado o las donaciones, contribuyen al
bienestar personal aun sin obtener una retribución.
Aunque en Estados Unidos el voluntariado y las donaciones han disminuido en los últimos años, las evidencias indican que ayudar a los demás puede desencadenar un ciclo positivo, en el que el bienestar generado por el altruismo impulsa nuevas acciones solidarias y refuerza la salud emocional.