jueves, 30 de julio de 2026

Winston Churchill, sobre cómo la resiliencia conduce al éxito: "El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo"

CAROLINA PINEDO DEL OLMO     |     cuerpomente.com     |     27/06/2026

La visión del estadista británico sobre esta cualidad humana rescata su experiencia en el campo de batalla para hacer hincapié en no rendirse frente a las adversidades.

Levantarse una y otra vez tras las derrotas de la vida puede indicar una voluntad de hierro. Pero si, además, añadimos el ingrediente de aprender o hacer alquimia con las vivencias complicadas con el fin de obtener un aprendizaje que nos haga crecer y evolucionar, somos también resilientes. El estratega Winston Churchill dedicó unas cuantas reflexiones a esa capacidad , casi mágica, de salir victorioso a pesar de perder la batalla.

Como buen militar, Churchill perdió unas cuantas contiendas, pero su vena humanista le aportó gran comprensión frente a cualquier mesa de negociación, tanto entre cañones, como en la Corte Suprema Británica, donde fue primer ministro durante la Segunda Guerra Mundial.

Disparó con la palabra frases como: “El pesimista ve dificultad en cada oportunidad y el optimista ve oportunidad en cada dificultad”. Quizás, su perspectiva de la resiliencia era bastante castrense, porque las frases al respecto del político británico eran como arengas: “El éxito no es definitivo; el fracaso no es fatal. Lo que realmente cuenta es tener valor para continuar” . Y no cabe duda de que con estos mensajes era capaz de enaltecer a las masas.

Resiliencia  frente a las vivencias más destructivas

Yo me quedo con una visión más romántica que la de Churchill del concepto del término. Se trata, quizás, de una de las descripciones más emotivas y expresivas que he escuchado sobre la resiliencia y viene de la mano del padre de la logoterapia, Viktor Frankl.

El también neurólogo y psiquiatra austriaco, superviviente de Auschwitz, escribió el libro El hombre en busca de sentido. En un pasaje magistral de la obra narra la sencillez del detalle que le devolvía las ganas de vivir frente a tanto horror y muerte.

Era algo que está al alcance de todo el mundo y, quizás, por eso no se valora a pesar de ser un tesoro que cada día es diferente: el ocaso. Tras las duras jornadas de trabajo en el campo de concentración, los prisioneros regresaban exhaustos. Algunos describen que se les había despojado de su condición humana e identidad y sentían que no valían mucho más que el número que llevaban tatuado en su brazo.

Sin embargo, Frankl, describe que con tan solo contemplar unos segundos la luz del ocaso, rescataba su alma y el amor por la vida. Eso es resiliencia en estado puro: la capacidad de resucitar de entre los muertos gracias a un rayo de sol y renacer de entre las cenizas más oscuras, como las que emanaban de las chimeneas de los campos de exterminio nazis.

Los golpes de la vida como aliados para evolucionar

Afortunadamente, en el día a día no vivimos situaciones tan extremas, por lo menos la mayoría de la población humana. Nuestras batallas se enmarcan en despidos laborales, fracasos amorosos, muertes de seres queridos o malas noticias sobre la salud. Sin embargo, ¿qué nos hace tirar la toalla ante los escollos vitales? A veces, el miedo puede ser nuestro peor enemigo, como al fracaso o al dolor.

Damos por hecho que si el camino se pone cuesta arriba y ya hemos tenido experiencias que denominamos derrotas, no queremos volver a pasar por lo mismo. Sin embargo, es un error enmarcar la vida en el concepto dualista de éxito o fracaso, porque todas las experiencias forman parte del camino de aprendizaje y crecimiento como personas.

Abrir el corazón para reinventarse

Cerrar el corazón y dejar que la mente campe a sus anchas con pensamientos negativos que nos paralizan es sobrevivir tras un escudo, que nos protege de los golpes, pero nos roba la posibilidad de disfrutar, ya no solo de los ocasos, como dijo Viktor Frankl, sino de un nuevo amor; de apostar por vivir al otro lado del mundo o de lanzarnos a conseguir nuestro sueño, por lejano e irrealizable que parezca.

Comprender que la vida es cambio y alquimia nos reconecta con el espíritu humano, que es capaz de superar obstáculos tan elevados como montañas. Así lo expresó Edmund Hillary, primer alpinista en coronar el Everest: “No es la montaña lo que conquistamos, sino a nosotros mismos”.

Los niños como maestros de la resiliencia

Cuando somos niños manejamos bien los imprevistos de la vida que nos sacan de nuestra zona de confort. Por ejemplo, un niño se cae en el parque, se hace una brecha en la cabeza y tiene que ir al hospital. Llorará en el momento del golpe y revés que le trae la vida, pero se recupera con mucha más rapidez que los adultos, porque vive el momento presente con facilidad.

Por eso, cuando le den una piruleta por haberse portado bien en la consulta médica y dejarse dar puntos en la herida, disfrutará plenamente de su golosina y al día siguiente volverá al parque a jugar con sus amigos, sin enredarse en el pasado.

Aceptar la realidad

La aceptación de la realidad es el punto de apoyo con el que nos podemos mover con más facilidad hacia nuestra capacidad de resiliencia. Ya lo dijo el psiquiatra y psicólogo, Carl Jung: “Lo que niegas te somete. Lo que aceptas, te transforma”.

Cuando nos peleamos con lo que está siendo, curiosamente, dejamos de ser y nos desconectamos de nuestra esencia. Perdemos toda la energía en intentar cambiar el curso del río. Sin embargo, aceptar lo que está ocurriendo no es rendirse, hincar la rodilla o tirar la toalla, sino tener la suficiente claridad para sortear el escollo encontrando soluciones; recalculando el camino, como un navegador interno que nos guía.

Carlos Cenalmor, psiquiatra: “Las personas que no dicen 'no' repiten la estrategia que tenían de niños para recibir amor y atención de los padres”

ANNA RODRÍGUEZ HURTADO     |     lavanguardia.com     |     04/07/2026

El psiquiatra explica cómo las dinámicas de la infancia pueden influir en el día a día de una persona adulta en el ámbito laboral y en la vida personal

Si somos las cosas que nos pasan, la infancia tiene mucho que decir sobre cada uno de nosotros. Las vivencias de niños y la educación recibida pueden dar sentido a la forma de ser y de actuar de adultos. Esta personalidad se ve reflejada en los momentos personales y de ocio, pero también se ve en el trabajo: no saber decir que no, necesitar la aprobación de otros, asumir más tareas de las que debe, entre otros. “Las dinámicas que hay en la familia cuando somos pequeños generan unos patrones de conducta y de entender la vida que pueden terminar afectando al bienestar emocional”, explica Carlos Cenalmor, psiquiatra, a La Vanguardia.

En su consulta, el psiquiatra y psicoterapeuta trata de averiguar qué vivencias de la infancia pueden estar detrás de una persona que desarrolle burnout u otros problemas que afectan tanto al ámbito laboral como al personal. “Esto es algo que le pasa a todo el mundo. Todavía no me he encontrado a nadie a quien no le ocurra. Va por niveles de gravedad, pero todos tenemos heridas del pasado”, sentencia.

¿Qué relación hay entre cómo fuimos educados o cómo nos trataban de pequeños y cómo trabajamos de adultos?

Suele haber patrones. Uno muy habitual, por ejemplo, es que los padres estaban ausentes en su infancia, sobre todo emocionalmente, porque eran padres que trabajaban mucho. Entonces el niño aprende inconscientemente que para ser valioso delante de sus padres tiene que trabajar mucho él también. En la vida adulta, esta persona empieza a fracasar, porque son patrones demasiado rígidos y le llevan al estrés y al malestar.

¿Puede compartir otro ejemplo?

Otro ejemplo muy típico, y esto pasa mucho en mujeres, es la típica hermana mayor o mediana que vive en su casa una situación caótica y ella se hace cargo emocionalmente de la familia, de cuidar a los hermanos o simplemente se vuelve una niña buena y responsable porque la situación no permite que saque realmente sus emociones o sus necesidades. Ese patrón de “yo me aguanto lo mío y me trago mis cosas por no molestar más” luego se lleva, de adulto, al trabajo. Son esas personas responsables que se hacen cargo de todo, pero no expresan lo que necesitan y acaban explotando porque es demasiada carga.

¿Qué les ha pasado a las personas que no se atreven o no saben decir que no, sobre todo en el ámbito laboral?

Las personas que no dicen que no repiten la estrategia que tenían de niños para recibir amor y atención de los padres o sobrevivir en su infancia. 

Imagínate una familia en la que hay un hermano enfermo, el padre no está nunca en casa porque está siempre trabajando y la madre está desbordada. En esa situación, ese niño o esa niña dicen: “Yo tengo que decir que sí a todo porque si no mi madre acaba deprimida”. Se convierten de alguna manera en el sostén de la familia, diciendo que sí a todo.

¿Cómo se distingue ser responsable de manera sana de una autoexigencia que surge en la infancia?

Para mí, la distinción está en qué consecuencias está teniendo en tu vida. Si es algo que te está haciendo daño, entonces seguramente venga de una herida de la infancia, porque es algo desadaptado. Si tienes autoexigencia, por ejemplo, pero es algo equilibrado, obviamente la autoexigencia está bien, te ayuda a conseguir objetivos. Pero, en ese caso, tú sabes llegar hasta un punto y luego parar y descansar, o sabes decir que no. Esa autoexigencia obviamente vendrá también de dinámicas familiares, pero no de una forma traumática, sino sana.

¿Puede alguien relacionarse con su jefe según las vivencias de su infancia?

Sí. Eso es lo que en psicología llamamos una proyección. Es como que en tu jefe, en tus superiores, estás proyectando o repitiendo la relación que tenías con tus padres. Por ejemplo, si la relación con tus padres era distante emocionalmente y solo cuando conseguías logros académicos o lo que fuera te hacían un poco de caso, con tu jefe vas a sentir que debes lograrlo todo para no decepcionarle. A esta persona le va a resultar difícil poner límites.

¿Qué preguntas hay que hacerse para saber si estamos actuando desde una autoexigencia insana?

Hay que empezar por el presente. Por ejemplo, preguntarte: “¿Estoy a gusto haciendo esto o realmente no es lo que quiero?”. “¿Lo hago con una sensación de imposición?”. Eso es muy importante, porque ahí vas a ver si es algo que te estás autoimponiendo o si realmente te sale. También preguntarte: “¿Qué consecuencias está teniendo esto en mi salud y en mi vida?”.

¿Y qué preguntas hay que hacerse en pasado?

Te puedes preguntar: “¿Yo cuándo empecé a ser así?”. Cuando les hago esa pregunta a mis pacientes, muchos dicen: “Cuando era un niño ya era así”. Entonces eso ya te dice que empezó ahí. Y luego, para hilar más fino, pregunto: “¿Qué pasaba en tu familia?”, “¿cómo eran tus padres?”, “¿qué crees que puede tener que ver con esto?”.

¿Puede una persona convivir con estos efectos durante años?

Sí, totalmente. Puedes tener 50 años o 60 años y seguir patrones aprendidos en la infancia. Mientras la gente no se atreva a desafiar sus tendencias, puede ser así toda la vida. Lo que ocurre a mucha gente es que padece de repente una crisis grave y sufre mucho. Yo lo llamo “caer al fondo del pozo”. Y ahí, con suerte, piden ayuda, porque se dan cuenta de que tienen que cambiar y poner remedio.

¿Cómo se trata esta relación del pasado con el presente?

Llevándoles, por ejemplo, de una responsabilidad insana o una autoexigencia insana a un término medio. Está genial que seas alguien responsable, es una habilidad muy buena, pero lo que tenemos que hacer es equilibrarla. No es que te vayas al otro extremo y ya no hagas nada. Es utilizar esa habilidad que tienes, pero con equilibrio. 

jueves, 23 de julio de 2026

Javier García Ruiz, psicólogo: “Muchos quieren amigos cercanos, pero pocos aceptan las incomodidades que implican”

Cristián Jiménez      |     lavanguardia.com      |     21/05/2026

El psicólogo reflexiona sobre la dificultad de construir vínculos profundos en una sociedad cada vez más individualista

La soledad se ha consolidado como uno de los grandes desafíos sociales y de salud pública del siglo XXI. Según la OMS, alrededor de una de cada seis personas en el mundo experimenta sentimientos de soledad. Más allá del impacto emocional, distintos estudios alertan de sus efectos sobre la salud física y mental, vinculándola con un mayor riesgo de ansiedad, estrés, enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo.

Javier García Ruiz, psicólogo especializado en autoestima, ansiedad, perfeccionismo y fobias, abordó recientemente esta cuestión en una reflexión publicada en Instagram. En ella habló sobre la dificultad de construir vínculos profundos en la vida adulta y el coste emocional que implica mantener las relaciones personales. “Se dice que la soledad es la pandemia del siglo XXI, y en mi caso particular, en los últimos diez años he visto cómo en consulta es un tema que cada vez afecta a más gente”, señalaba.

El experto considera que muchas personas no están dispuestas a asumir las incomodidades inevitables que requiere una amistad cercana. “Si quieres mantener amistades cercanas, vas a tener que hacer cosas incómodas o molestas. Habrá días en los que tendrás que hacer un esfuerzo, aunque no te apetezca, para estar ahí para la otra persona”, explicaba. A su juicio, la tendencia actual a priorizar la comodidad personal dificulta la creación de relaciones sólidas y duraderas.

García Ruiz también apuntaba que muchos adultos encuentran dificultades para hacer nuevas amistades porque temen exponerse emocionalmente o afrontar el rechazo. En ese sentido, defendía que conectar con los demás exige iniciativa, vulnerabilidad y capacidad para tolerar cierta frustración. “La incomodidad no es solamente el precio que pagas por mantener la amistad; también es la entrada que pagas para conseguirla”, afirmaba.

Miedo al rechazo

La recomendación del especialista pasa por asumir que las relaciones humanas requieren esfuerzo consciente, exposición emocional y cierta tolerancia a la frustración. “Muchas personas nos encerramos, levantamos muros y pensamos que no tenemos que hacer ese esfuerzo para conectar con los demás, que cuando tenga que ser será, que no se puede forzar. Y la realidad es que si no lo haces, te vas a encontrar de frente con la soledad”, advertía. Para el psicólogo, evitar la incomodidad puede proteger a corto plazo, pero también dificulta la construcción de vínculos profundos y duraderos.

Frente a una sociedad cada vez más individualista, el experto reivindica el valor de cultivar amistades incluso cuando exige tiempo, energía o salir de la zona de confort. “Invertir en amistad es una de las mejores inversiones que puedes hacer, y todo lo que se pague vendrá de vuelta multiplicado con creces. No puedes elegir a tu familia, pero sí a tus amigos”, concluía. Y recuerda una idea que considera esencial: los seres humanos necesitan de los demás para sentirse felices, aunque a menudo cueste reconocerlo.

Resiliencia, gratitud y un encuentro con un "hermoso enemigo": los hitos del camino que recorren las personas más felices

MARÍA SANTOS VIÑAS     |     infobae.com     |     22/06/2026

El psicólogo Tal Ben-Shahar defiende su método, basado en la psicología positiva, para alcanzar el bienestar mediante rutinas y relaciones profundas, sin prometer resultados inmediatos ni recetas universales

Tal Ben-Shahar sostiene que la felicidad puede aprenderse y entrenarse como cualquier otra habilidad, una idea que ha defendido en sus clases durante 25 años en Harvard y que sitúa el bienestar duradero en la convergencia entre placer, propósito, vínculos humanos y hábitos repetidos.

Ben-Shahar parte de una premisa concreta: no promete soluciones inmediatas ni recetas de autoayuda, sino un método apoyado en décadas de estudios sobre psicología positiva. Su planteamiento sostiene que la felicidad estable no consiste en evitar el dolor, sino en desarrollar prácticas que permitan sostener el bienestar incluso en contextos de dificultad o estrés.

Qué propone Tal Ben-Shahar para ser más feliz

Uno de los ejes de su discurso es la repetición. Ben-Shahar subraya que distintas investigaciones en neurociencia han mostrado la capacidad del cerebro para transformarse cuando pensamientos y conductas positivas se practican de forma habitual, hasta convertirse en una segunda naturaleza.

Pensar con amabilidad, moverse cada día y agradecer lo valioso del entorno forman parte de ese repertorio de hábitos. En su enfoque, la felicidad no depende de momentos excepcionales, sino de rutinas cotidianas capaces de consolidar una vida más plena.

Otro pilar central son las relaciones personales, donde no siempre hay complacencia. Para el psicólogo, las amistades verdaderas, los lazos familiares sólidos y las relaciones románticas duraderas funcionan como amortiguadores del dolor y como amplificadores de la alegría, incluso cuando están atravesadas por conflictos que las enriquecen y ayudan al crecimiento personal.

El “hermoso enemigo” y la utilidad del desacuerdo

De ahí surge uno de los conceptos más singulares que maneja Ben-Shahar: el “hermoso enemigo”, inspirado en Ralph Waldo Emerson. La expresión describe a la persona que contradice, desafía y confronta, pero lo hace desde el respeto y con un efecto de crecimiento para la otra parte.

En el podcast Aprendemos juntos de BBVA, Ben-Shahar sostiene que las investigaciones sobre relaciones románticas muestran que, a largo plazo, la felicidad dentro de la relación requiere conflicto, no acuerdo permanente. “Los conflictos ayudan a elevar la relación, y también elevan a cada individuo”, asegura. También cita a David Schnarch y su libro Passionate marriage, donde las relaciones largas aparecen como una “máquina de crecimiento” en la que el desacuerdo cumple una función de desarrollo personal.

La gratitud ocupa otro espacio central en su propuesta. No la plantea como una cortesía superficial, sino como un ejercicio de percepción que consiste en apreciar lo que se tiene, en el doble sentido de agradecerlo y de aumentar su valor.

Móviles fuera, meditación dentro

Ben-Shahar también introduce un límite al uso de la tecnología. A su juicio, el uso compulsivo de redes sociales aleja del contacto humano real y sustituye una forma de comunidad por la relación continua con pantallas.

Por eso ha establecido zonas libres de tecnología en su propia casa. Una caja en el salón guarda los móviles a partir de las ocho de la noche y en el dormitorio no permite dispositivos, una medida que vincula directamente con su convicción de que no existe felicidad sostenible sin conexión humana.

Entre las herramientas que incorpora figura además la meditación, entendida como una vuelta a lo esencial: respirar, observar y estar presente. A eso suma el ejercicio físico, al que atribuye un efecto comparable al de los antidepresivos más potentes cuando se practica durante 30 minutos de actividad aeróbica tres veces por semana, por su capacidad para estimular la producción de serotonina, dopamina y norepinefrina. 

lunes, 20 de julio de 2026

Alejandro Martínez, psiquiatra: “La ansiedad se combate con una herramienta gratuita, rápida y sin efectos secundarios”

Redacción Clarín      |      clarin.com      |      26/06/2026

·        Una pastilla puede aliviar temporalmente los síntomas, pero no resuelve el origen del problema, asegura el experto.

El psiquiatra español Alejandro Martínez Rico es especialista en temas de mal dormir. En las últimas horas presentó su libro "Ansiedad, Déjame en paz", donde comparte las soluciones sobre los problemas que estudia. Allí no duda y lo destaca en una entrevista con el medio español ABC: "La ansiedad funciona como un detector de humo. Nos avisa de que algo no va bien. El problema aparece cuando ese detector se vuelve tan sensible que salta constantemente", destaca.

Y explica qué debemos hacer para intentar dominarla. "La respiración diafragmática es una herramienta gratuita, inmediata y sin efectos secundarios. Respirar correctamente durante unos minutos puede reducir muchísimo la activación física antes de una situación estresante".

La ansiedad también va de la mano con los problemas para dormir. "Lo importante es que no domine tu vida. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte", marca el experto al diario ABC.

Los científicos explican que esto ocurre porque, al dormir, completamos tres fases, una superficial, una lenta profunda y otra REM. Las dos primeras reparan el cansancio físico y la tercera, la memoria y el intelecto.

Como el primer ciclo, o fase, dura, como máximo, tres horas a partir de ese momento el nivel de alerta y la capacidad de despertarnos es mucho más frágil. Por eso, las personas se despiertan en medio de la madrugada.

 

El problema, entonces, no es tanto despertarse sino la dificultad en volverse a dormir, que desencadena una lucha contra el insomnio. ¿Qué hacer? Un psiquiatra español asegura conocer el “truco que funciona siempre”.

 

Martínez Rico es coordinador de la clínica MH Salud Mental y el Hospital Infanta Margarita de Córdoba, España. Tiene una amplia formación académica, con más de cinco máster y diez expertos universitarios lo que le llevó a recibir el premio a la Excelencia Formativa del Colegio de Médicos de Málaga.

 

Qué es la ansiedad según la ciencia

La ansiedad es un trastorno común que afecta la salud mental de las personas y puede manifestarse de diversas maneras, como nerviosismo, estrés, miedo y preocupación. Estos trastornos son respuestas emocionales a estímulos percibidos como amenazantes o peligrosos, que actúan como un mecanismo de defensa.

 

La ansiedad puede presentarse en distintas formas. Algunas situaciones, como dar un examen o caminar solo por una calle oscura, pueden provocar nerviosismo o estrés, lo cual es útil ya que mantiene a las personas alerta y precavidas. Por lo general, esta ansiedad tiende a desaparecer una vez que la situación que la generó ha pasado.

 

Mayo Clinic destaca que las personas que tienen un trastorno de ansiedad de manera frecuente tienen preocupaciones o miedos intensos que están presentes de manera diaria. Pueden aparecer episodios repentinos de ansiedad intensa o miedo en cuestión de minutos.


viernes, 17 de julio de 2026

Patricia Ramírez, psicóloga: "El autocuidado no es para cuando sobra tiempo, es una filosofía de vida"

M. GONZÁLEZ     |     20minutos.es      |      25/04/2026

La experta en psicología habla de cómo muchas personas abandonan sus hábitos cuando están de vacaciones y de por qué es un gran error.

A todo ser humano le gusta coger vacaciones. Son esos días tan esperados que llegan tras mucho tiempo trabajando y atendiendo cientos de cosas. Por eso, cuando por fin es la fecha, ya sea para viajar a otro lugar o simplemente para descansar en casa, supone un cambio tan fuerte en la rutina que muchas personas dejan de lado incluso la práctica deportiva.

En un vídeo que ha compartido la conocida psicóloga Patricia Ramírez, conocida como Patri Psicóloga, se muestra corriendo por Praga en lo que son para ella unos días de vacaciones. "Querida señora maravillosa, querido caballero, ¿son ustedes de los que, cuando se van de escapada o de vacaciones, abandonan sus hábitos de vida saludable y con ello su autocuidado?", comienza diciendo. Con esta pregunta la experta ya invita a plantearse si realmente uno hace actividades por gusto o por obligación. 

Nada de abandonar lo que ya se ha empezado

"En vacaciones nos cuidamos también. Si ustedes en vacaciones lo abandonan todo, significa que durante su rutina lo tienen integrado a presión, no por placer. A ver si conseguimos que cuidarnos sea un placer. "Y luego, claro, te cuesta recuperar la vida cuando vuelves. Estás ahí con 'el lunes empiezo', pero el lunes no empiezas. Porque cuando te vas de vacaciones, abandonas un hábito. Y ya saben ustedes lo que nos cuesta recuperarlo...", señala. 

Efectivamente, tener un hábito no implica dejarlo de lado en vacaciones porque, al haber sido implantado, significa que se ha de seguir con él porque apetece, porque se necesita, independientemente del lugar o la temporada. "Forma parte del autocuidado de ir haciendo algo, aunque sea pequeñito, durante los días de descanso. Así no te desconectas", dice Patri Psicóloga.

El autocuidado es para siempre

"El autocuidado no es para cuando te sobra tiempo, cuando tienes una rutina o eres súper metódica. Es una filosofía de vida para cuidar de ti, para vivir con más salud física y salud mental y con un poco más de serenidad", recalca Patri Psicóloga.

Además, no se trata de mantener una disciplina estricta ni de seguir una rutina rígida durante las vacaciones, sino de encontrar un equilibrio. El descanso también forma parte del bienestar, pero eso no implica abandonar por completo aquello que nos hace sentir bien. Salir a caminar, nadar un rato, dar un paseo en bicicleta o incluso dedicar unos minutos a estiramientos puede ser suficiente para mantener ese vínculo con el autocuidado.

Es mejor crear un hábito

Y en este sentido, las vacaciones pueden convertirse en una oportunidad perfecta para reconectar con uno mismo desde otro lugar, sin prisas ni obligaciones. Al cambiar de entorno, muchas personas descubren nuevas formas de cuidarse que durante el resto del año no se plantean, como disfrutar del aire libre, moverse de manera más natural o simplemente escuchar más a su propio cuerpo.

El autocuidado no debe vivirse como una exigencia. Si se percibe como una carga, es más probable que se abandone en cuanto cambian las circunstancias. Por el contrario, cuando se integra desde el disfrute, resulta mucho más fácil mantenerlo incluso en contextos diferentes, como un viaje o unos días de descanso. Las vacaciones no tienen por qué ser un paréntesis en los hábitos saludables, sino una forma distinta de vivirlos. Adaptarlos al momento, al lugar y a las necesidades personales puede ser la clave para que, al regresar a la rutina, no haya que empezar de cero.