Laura Miyara | lavozdegalicia.com |
08/01/2026
Fernando Mora es jefe de Psiquiatría en el Hospital
Universitario Infanta Leonor.
El experto sostiene que si evitamos los
problemas en lugar de buscar soluciones, nuestra salud emocional se resiente y
aumenta el estrés crónico
Nuestras decisiones no
pueden cambiarlo todo, pero tienen una importante influencia en nuestra salud
mental. El psiquiatra Fernando Mora, jefe de sección de
Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor y profesor en la
Universidad Complutense de Madrid, propone un enfoque basado en herramientas
que ayudan a tomar decisiones beneficiosas para nuestra salud emocional. Su
nuevo libro, Haz que tu cerebro tome buenas decisiones (Zenith,
2025), detalla paso a paso cómo conseguirlo.
—En el libro habla de la
mala gestión de los problemas, ¿por qué llegan a desbordarnos?
—El desborde tiene que
ver con dos cosas, el problema en cuestión y nuestra forma de afrontarlo. Es
más fácil que los problemas nos desborden cuando son graves, cuando están con
nosotros durante mucho tiempo o cuando se acumulan varios a la vez. Pero,
lógicamente, también tiene que ver con nuestras maneras de afrontarlos. Hay
personas que tienen un estilo de afrontamiento muy optimista y resolutivo y son
capaces de gestionar situaciones aunque sean difíciles. Y por otro lado, hay
otras personas que son menos resolutivas y a las que les cuesta más ver las
soluciones. Tratan de resolver los problemas sin tener un método. A estas
personas es más fácil que los problemas las desborden. Cuando no somos capaces
de hacer una buena gestión de los problemas aparece el estrés crónico, que es
responsable de que nos desbordemos.
—¿Qué podemos hacer para
evitar que nos desborden los problemas?
—Para evitarlo
necesitamos aprender a tomar las decisiones de forma
consciente y ordenada para resolver
nuestros problemas con método y con calma. Cuando hacemos un buen proceso de toma
de decisión podemos encontrar mejores soluciones, lo que va a bajar el estrés y
evitar que los problemas nos desborden.
—¿Cómo es ese proceso de
toma de decisiones?
—Yo planteo un método muy
sencillo, basado en seis pasos, que tienen el objetivo de mejorar la forma en
la que tomamos decisiones. Sobre todo, aquellas que tienen que ver con afrontar
retos de nuestro día a día. Lo primero es identificar bien el problema a
resolver. Muchas veces estamos inmersos en nuestro malestar y nos ponemos a
intentar solucionarlo sin habernos parado a analizar cuál es el origen. En
segundo lugar, tenemos que analizar el impacto que tiene la situación en
nosotros, para entender cómo y cuánto nos está afectando. Tercer punto,
estudiar bien todas las opciones que tenemos para solucionarlo. Hacer una lista
de las posibles soluciones, escribir los pros y las contras de
cada una de ellas. Después de todo esto, el cuarto paso es elegir la mejor
opción, teniendo presente que a veces no hay una solución perfecta. Pero eso no
nos tiene que bloquear. Tenemos que elegir la mejor de todas las que tenemos.
En quinto lugar, ponemos en marcha esta solución con un buen plan de acción.
—¿Qué ocurre después de
la toma de decisión? ¿Por qué podemos arrepentirnos?
—El arrepentimiento tiene
que ver con el afrontamiento. Cuando podemos solucionar un problema adelante, a
por ello. Vamos a llevar a cabo este proceso y dejarlo resuelto. Pero cuando no
tenemos la posibilidad de resolverlo, el problema va a permanecer, como puede
ser el caso de una enfermedad o una ruptura de pareja, si no tenemos la
solución en nuestras manos, tenemos que afrontarnos a nosotros mismos, es
decir, llegar a ser capaces de convivir con esa situación.
—¿Cómo operan en nuestro
cerebro las sustancias neuroquímicas a lo largo del proceso?
—En el equilibrio
emocional hay seis sustancias cerebrales implicadas. Tres pertenecen al grupo
de los neurotransmisores y otras tres al de las hormonas. Los neurotransmisores
son la adrenalina, la serotonina y la dopamina y las tres hormonas son endorfinas,
oxitocina y cortisol. Los neurotransmisores son los
mensajeros que tienen nuestras neuronas para comunicarse entre ellas y regular
el pensamiento, las emociones y las decisiones.
—¿Cómo influyen en la
estabilidad emocional?
—La noradrenalina, el
neurotransmisor responsable de la vitalidad emocional, es el que hace que
nuestra mente esté activa y enfocada en conseguir los objetivos. La serotonina
se ocupa de regular el estado de ánimo, del control de las preocupaciones. La
dopamina, también muy conocida, es el neurotransmisor responsable de la
motivación y de nuestra búsqueda de recompensas. Luego, en cuanto a las
hormonas, la más importante es el cortisol, relacionado con el estrés crónico. Cuando hay estrés crónico, se
libera cortisol de forma sostenida y este se mantiene elevado durante mucho
tiempo, lo que altera el equilibrio emocional. El exceso de cortisol
desequilibra la noradrenalina, la serotonina y la dopamina, los tres
neurotransmisores. Por eso, en los estados de estrés crónico aparecen el
desánimo, la preocupación, la irritabilidad y las dificultades para tomar
buenas decisiones.
—¿Qué influencia pueden
tener nuestras decisiones en nuestra salud emocional?
—Influyen mucho. Es a
través de nuestras decisiones como gestionamos nuestros problemas. Decidimos
hacer las cosas de una manera o de otra y, si lo hacemos de forma
desadaptativa, evitando los problemas en lugar de buscar soluciones, nuestra
salud emocional se resiente y aumenta la sensación de falta de control y el estrés
crónico, con lo cual, vamos a estar peor. Sin embargo, cuando tomamos
decisiones que nos ayudan a afrontar el problema, a través de la planificación
consciente a largo plazo, nos encontramos mejor, reducimos el estrés y
mejoramos nuestra salud emocional. Cada decisión que tomamos activa este
sistema neuroquímico.
—¿Qué errores solemos
cometer a la hora de tomar decisiones?
—El primero es confundir
decidir rápido con decidir bien. En esta sociedad de la inmediatez y de la
prisa pareciera que hay que resolver todo rápido y casi sin reflexionar. Al
final, muchas veces, decidimos desde la impulsividad, que no es amiga de las
buenas decisiones. El segundo error es buscar la decisión o solución perfecta.
Esto nos paraliza. Mientras esperamos a tener toda la certeza, dejamos de
actuar y corremos el riesgo de bloquearnos y no hacer nada. Así que cuando no
hay una solución perfecta, elegimos la mejor opción entre las posibles y
seguimos avanzando. Y el tercer error es que muchas veces no aprendemos de las
decisiones que hemos tomado. Decidimos, ponemos en marcha lo que hemos decidido
y damos el proceso por terminado. Pero un proceso de toma de decisiones de
calidad incluye la evaluación de los resultados.
—¿Qué herramientas
tenemos para afrontar los problemas de manera saludable?
—El afrontamiento es la
herramienta, en sí mismo. Es el proceso psicológico que se activa cuando
tenemos que resolver una situación difícil. Son todos los pensamientos y las
acciones que ponemos en marcha para resolverla. La mayoría de las veces, lo
hacemos sin darnos cuenta. Sucede un problema e inmediatamente nos ponemos a
afrontarlo. Pero no siempre utilizamos las estrategias que nos llevan a las
mejores soluciones. Lo que podemos hacer es aprender a hacer consciente este
proceso para detectar las estrategias maladaptativas que nos alejan de las
soluciones, como la negación, la autocrítica o la impulsividad. Cuando nos
entrenamos para evitar esas estrategias negativas podemos afrontar mejor los
problemas.
—En el libro menciona las
expectativas como un problema en el contexto actual.
—Totalmente. Cuando hay un desajuste entre lo que
esperamos y lo que realmente ocurre, eso nos genera estrés. Vivimos en una sociedad que nos empuja
constantemente a buscar metas, a rendir y a compararnos, donde parece que no
vale con estar bien. Tenemos que estar mejor. Y eso no es real, yo veo a muchas
personas a las que les va bien en la vida, pero se han puesto una expectativa
tan alta que acaban sufriendo porque no es posible alcanzarla. El estrés
que deriva de esto puede afectar al equilibrio de los neurotransmisores,
fundamentalmente, de la serotonina. Así es como activamos la rumiación. Somos
muy críticos con nosotros mismos.
—¿Cómo podemos evitar
estos problemas?
—Lo que hay que hacer es
ajustar expectativas y esto no consiste en renunciar a lo que queremos, sino en
alinearlas con la realidad. Pasar del cómo deberían ser las cosas a cómo son y
qué puedo hacer con ello. Por tanto, lo que planteo es funcionar desde la
flexibilidad mental o cognitiva. Nuestros pensamientos y emociones tienen que
evolucionar con las circunstancias. Cuando una persona tiene una mirada
flexible y realista, sus expectativas no se desajustan tanto y esto reduce el
cortisol.
—¿Qué rol tiene la
aceptación para conseguir esta flexibilidad?
—Consiste en identificar,
entender y aceptar nuestras emociones para poder gestionarlas y, precisamente,
lo que hace la aceptación es neutralizar la estrategia de evitación emocional.
Muchas veces, cuando lo pasamos mal, lo que hacemos es negar o reprimir las
emociones, pero eso no las hace desaparecer. Al contrario, suelen reaparecer
más tarde y de peor forma. La aceptación es una herramienta tan necesaria como
útil.