martes, 7 de abril de 2026

Cómo trabajar la autoestima y quererte más si eres mujer: consejos de las psicólogas

TERESA RÓDENAS - LARA FERREIRO      |     clara.es     |     06/03/2026

 

Mejorar la autoestima no es repetir frases positivas. La psicóloga nos explica cómo conseguirlo

Para la psicóloga y entrenadora Marimi García, la autoestima no es algo que depende únicamente de lo que ocurre a nuestro alrededor. "La autoestima no depende solo de lo que vivimos, sino del significado que le damos a lo que vivimos", explica la experta a la revista CLARA. En ello coincide la psicóloga Lara Ferreriro, autora del libro "¡Ni un capullo más! El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta", quien nos recuerda que "muchas mujeres con baja autoestima pueden ser exitosas, resolutivas e incluso admiradas por su entorno, pero internamente conviven con una narrativa de insuficiencia que condiciona sus decisiones, relaciones y bienestar emocional". 

"Tú mismo, así como cualquier otra persona en el universo, mereces tu amor y afecto". Es una frase que se atribuye a Buda y que recuerda la importancia del autocuidado y la aceptación de uno mismo, conceptos directamente relacionados con el de la autoestima. Y es que el líder espiritual y fundador del budismo sabía que cultivar el amor propio no es un acto de egoísmo, sino una necesidad que tenemos como seres humanos para mantener nuestro bienestar emocional y mental. Por eso, en este artículo nos hemos preguntado cómo mejorar la autoestima en las mujeres.

Porque aunque entendamos el concepto de autocuidado, no siempre somos capaces de ponerlo en práctica y, por distintas razones, acabamos descuidándonos a nosotros mismos. Y es que cuando permitimos que la autoestima se debilite, nuestra experiencia de vida y bienestar emocional se ven profundamente afectados.

Señales de que una mujer Necesita quererse más

Identificar la baja autoestima es el primer paso para transformarla. Y es que, según Ferreriro, "la baja autoestima en la mujer no siempre es evidente", porque "no se trata simplemente de 'no quererse' o de mostrarse insegura en público. Por su parte, Marimi García destaca que una señal frecuente es la "necesidad constante de aprobación externa" y un "miedo excesivo a equivocarse o a ser juzgada". Además, asegura que muchas mujeres experimentan una "sensación de 'no ser suficiente', incluso cuando objetivamente lo están haciendo bien". 

 

En este sentido, Lara Ferreiro habla de heteroestima, una circunstancia donde la mujer necesita la opinión de los demás para tomar decisiones o sentirse valiosa. "Sin esa confirmación externa, aparecen dudas intensas, inseguridad y miedo a no estar 'a la altura'. Puede recibir elogios, pero le cuesta integrarlos o los atribuye a la suerte, lo que refuerza el síndrome del impostor", explica. 

 

La autocrítica constante

"Una de las señales más claras es la autocrítica severa", según Ferreiro, que explica que, en estos casos, "existe un diálogo interno punitivo, cargado de pensamientos automáticos negativos como 'no soy capaz' o 'todo lo hago mal'". A esto suele sumarse el "perfeccionismo inalcanzable", un sentimiento "que no nace del deseo sano de mejorar, sino del miedo a no ser suficiente", dice la psicóloga. Es por eso, que este tipo de personas "no celebran logros porque los minimizan, pero amplifican cualquier error". Todo ello, sin olvidar que "la presión social sobre la mujer es asfixiante", según Ferreiro.

 

García coincide en destacar ese "diálogo interno muy crítico y duro" y habla de otras señales indicativas como la "comparación continua con otras mujeres", así como la "dificultad para poner límites". Este último, un problema que lleva a muchas mujeres con baja autoestima a desarrollar "patrones de complacencia excesiva", según Ferreiro. "Les cuesta decir 'no', priorizan las necesidades ajenas y, en casos más graves, pueden llegar a tolerar malos tratos o relaciones tóxicas por miedo al rechazo o al abandono", asegura la experta.

 

El apego ansioso

Ferreiro también alude al apego ansioso como síntoma claro de baja autoestima. Este supone una "hipervigilancia ante señales ambiguas de rechazo, rumiación constante sobre conversaciones o silencios y búsqueda repetida de tranquilización", así como "el miedo constante a cometer errores o a no cumplir expectativas".

 

¿Por qué sucede la baja autoestima?

 

"La autoestima no aparece de la nada; se construye o se debilita a lo largo del tiempo", recuerda la psicóloga, que señala que, entre las causas más habituales, se encuentran "experiencias en la infancia" como la falta de validación emocional o las críticas constantes. Ferreiro también alude a "contextos donde la validación fue inconsistente y el afecto, condicionado al rendimiento o existió crítica frecuente" como causa habitual. "También influyen experiencias de humillación o bullying", añade.

Asimismo, indica que pueden influir las "relaciones de pareja o familiares donde ha habido desvalorización", así como el haber crecido priorizando siempre las necesidades de los demás. Ferreiro coincide en que "en el ámbito de pareja, las relaciones invalidantes o con manipulación psicológica erosionan progresivamente la autoestima". 

 

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La validación digital

 

Los factores externos también juegan un papel determinante para la experta. Y es que, hoy en día, las mujeres se enfrentan a "estándares sociales y presión estética", además de la "comparación permanente en redes sociales". Ferreiro señala que los estudios recientes indican que "las mujeres jóvenes tienen hasta un 30% más de probabilidad que los hombres de vincular su estado emocional a la validación digital".

Además, García señala que los "fracasos mal gestionados" o las "experiencias de rechazo" pueden socavar la confianza propia si no se procesan adecuadamente.

 

4 palabras para potenciar la autoestima

Para construir una base sólida, Marimi García propone cuatro pilares esenciales que permiten que la valoración propia deje de depender de la opinión externa:

  • Autoconocimiento: implica, según la psicóloga, "saber quién soy, qué necesito y qué quiero".
  • Autoaceptación: consiste en "reconocer mis luces y mis sombras sin machacarme". 
  • Autocuidado: se corresponde con el compromiso de "cuidar mi cuerpo, mis emociones y mis límites".
  • Coherencia: significa la importancia de "vivir alineada con mis valores".

 

¿Cómo te tratas a ti misma? Es lo que marca la diferencia

Para la psicóloga Marimi García, la diferencia clave radica en cómo se trata la persona a sí misma. Así, señala que una mujer con autoestima sana "se equivoca y aprende de sus errores", además de que "acepta críticas sin derrumbarse" y las usa para crecer. Esta persona "sabe decir 'no' sin sentirse mal" y no basa su valor únicamente en logros o en el físico.

 

Por el contrario, quien tiene baja autoestima "vive pendiente de la validación externa" e "interpreta los errores como fracasos personales", según la experta. Además, explica que es una situación en la que una suele autoexigirse de forma desproporcionada y "tolera situaciones que no le hacen bien por miedo a perder". Todo ello, sumado a que, mientras que la autoestima sana permite sentirse cómodo en soledad, la baja autoestima genera conflictos internos alimentados por una voz interior negativa.

 

Las expertas explican cómo empezar a trabajar la autoestima si eres mujer

"Mejorar la autoestima no es repetir frases positivas sin más; es un proceso de coherencia interna. Es un trabajo diario que implica "hacer"", recalca García, que sugiere "trabajar el diálogo interno: hablarse con respeto" y aprender a poner límites sin culpa. Además, recuerda que la autoestima mejora cuando "dejamos de intentar demostrar y empezamos a aceptarnos tal y como somos".

 

Lara Ferreiro propone, por su parte, "un proceso de reconstrucción interna, no un ejercicio motivacional puntual".

  1. Reestructuración cognitiva. La baja autoestima se sostiene sobre creencias como "no soy suficiente", "no merezco que me quieran" o "si fallo, me rechazarán". Estas creencias suelen operar de manera automática e inconsciente. Identificar las distorsiones cognitivas que las alimentan –catastrofismo, sobregeneralización, pensamiento dicotómico o descalificación de lo positivo– permite empezar a cuestionarlas. "No se trata de sustituir un pensamiento negativo por uno artificialmente positivo, sino de construir interpretaciones más realistas y equilibradas", señala la psicóloga.
  2. Diálogo interno. Muchas mujeres con baja autoestima mantienen una voz autocrítica severa que funciona como un juez interno permanente. La evidencia científica muestra que tratarse con la misma comprensión que ofreceríamos a otra persona se asocia con menores niveles de ansiedad y mayor estabilidad emocional. "No es indulgencia ni victimismo; es regulación emocional saludable. Sustituir la autocrítica destructiva por una autoevaluación firme, pero amable, fortalece la identidad", explica Ferreiro.
  3. Trabajo conductual. La autoestima no mejora solo pensando diferente, sino actuando diferente. Aprender a establecer límites progresivos es una intervención clave. "Cada vez que una mujer dice 'no' cuando quiere decirlo, está enviando a su cerebro una señal de coherencia interna. Esa coherencia refuerza el autoconcepto", dice Ferreiro.
  4. Enfrentarse al miedo al fracaso. "Muchas personas con baja autoestima evitan retos para no confirmar su creencia de incompetencia. Sin embargo, la evitación refuerza el miedo", dice la experta, que asegura que asumir riesgos moderados y acumular experiencias de competencia real permite generar evidencia correctiva.
  5. Revisar el patrón de apego. Si la inseguridad se activa especialmente en relaciones afectivas, es necesario comprender qué heridas tempranas se están reactivando. "Diferenciar entre miedo aprendido y amenaza real permite desactivar reacciones desproporcionadas. La autoestima se fortalece cuando la seguridad empieza a construirse internamente y no depende exclusivamente de la validación externa", explica la psicóloga.
  6. Integración de la historia personal. La baja autoestima suele estar anclada en experiencias pasadas de crítica, rechazo o humillación. Procesar esas vivencias, resignificarlas y comprender que fueron contextos –no definiciones permanentes de identidad– ayuda a reformular las creencias nucleares. 

 

cuidar el cuerpo es muy importante

 

Finalmente, Marimi García apunta hacia el cuidado del cuerpo como algo esencial. Así, explica que "cuando una mujer empieza a cuidarse desde el amor y no desde la culpa, su autoestima cambia". En este sentido, recuerda que el ejercicio mejora la percepción corporal y el descanso regula las emociones.

 

Ante todo, debemos tener claro que, en la actualidad, la autoestima es uno de los pilares esenciales para la estabilidad emocional. Y, como bien afirma la psicóloga, el objetivo final es claro: "Tenemos que querernos más y mejor". 

Cómo cuidar la salud mental cuando el trabajo no da respiro: los hábitos que realmente funcionan

MARTINA CORTÉS MOSCHETTI     |      infobae.com      |      09/02/2026

Expertos revelan pequeñas rutinas que aumentan la energía y ayudan a mantener la motivación

Lidiar con una carga de trabajo alta representa un desafío persistente para la salud física y el bienestar emocional. En contextos laborales cada vez hay más demandantes. Mantener el equilibrio personal puede parecer una tarea compleja, pero la adopción de hábitos saludables estrategias de autocuidado ofrece herramientas eficaces para afrontar la presión diaria.

El portal especializado MiNDFOOD recopiló una serie de recomendaciones prácticas, respaldadas por la Asociación Americana de Psicología (APA), que permiten conciliar el rendimiento profesional con el bienestar integral.

Rutinas de inicio: hidratación, alimentación y organización

Comenzar la jornada con un vaso de agua favorece la hidratación tras el ayuno nocturno y contribuye a despejar la mente, lo que facilita el inicio del día con mayor claridad y energía. Asimismo, preparar un desayuno equilibrado, que incluya frutas, proteínas y cereales integrales, proporciona los nutrientes necesarios para afrontar las primeras horas de actividad.

La APA señala que la hidratación y una alimentación adecuada desde temprano ayudan a estabilizar el estado de ánimo y optimizan la concentración.

Planificar las comidas con anticipación resulta fundamental para reducir el estrés matutino. Dejar preparado el almuerzo la noche anterior o elegir recetas sencillas para el desayuno permite ahorrar tiempo y evita decisiones impulsivas que suelen llevar a opciones poco saludables.

Al iniciar el trabajo, abordar tareas simples facilita la adaptación y otorga pequeños logros inmediatos que estimulan la productividad. Establecer un ritmo efectivo desde el comienzo ayuda a evitar la procrastinación y genera una sensación de avance tangible. La APA indica que dividir grandes proyectos en tareas manejables y celebrar cada progreso refuerza la motivación, mejorando la disposición para enfrentar desafíos más complejos a lo largo del día.

El enfoque en metas parciales permite reducir la sensación de saturación y ofrece la posibilidad de ajustar las prioridades conforme surgen nuevas demandas. Esta metodología, recomendada tanto por MiNDFOOD como por expertos en salud mental, previene la sobrecarga y favorece un flujo de trabajo más sostenible.

A medida que transcurre la jornada, el volumen y la complejidad de las responsabilidades suelen aumentar, incrementando el riesgo de estrés y agotamiento. Aprender a rechazar tareas adicionales o posponerlas hasta haber concluido las actividades prioritarias es esencial para preservar el equilibrio.

La Asociación Americana de Psicología subraya que la capacidad de establecer límites claros y comunicar necesidades de manera asertiva resulta clave para evitar el síndrome de burnout, un fenómeno cada vez más frecuente en ambientes laborales intensivos.

Priorizar tareas importantes y delegar funciones cuando sea posible no solo mejora la eficiencia, sino que también contribuye a la salud mental, al reducir la presión y permitir un mayor control sobre el tiempo y los recursos personales.

Incorporar descansos breves cada dos horas es fundamental para mantener la atención y prevenir la fatiga. Levantarse, caminar, estirar las piernas o realizar ejercicios breves de respiración activa la circulación, revitaliza el cuerpo y mejora el estado de ánimo.

Saltarse comidas por falta de tiempo puede afectar el rendimiento y la salud; por ello, los especialistas recomiendan consumir alimentos equilibrados en porciones pequeñas cada tres horas, lo que conserva la energía y reduce el deseo de recurrir a comidas ultraprocesadas.

Alimentación consciente y planificación del tiempo

Adoptar una alimentación consciente implica comer sin distracciones, reconocer las señales reales de hambre y tomarse unos minutos para saborear cada bocado. Este hábito reduce la ansiedad, mejora la digestión y convierte la comida en un momento de auténtico descanso.

En ese aspecto, la APA sugiere que las pausas para alimentarse deben ser respetadas como parte del autocuidado diario, lejos del escritorio o de dispositivos electrónicos.

Una agenda realista, con una lista de tareas alcanzables, espacios reservados para imprevistos y momentos definidos para pausas, permite adaptarse al ritmo dinámico del día y previene el agotamiento. Planificar, anticipar y concederse flexibilidad ante los cambios es un componente esencial para sostener la productividad sin sacrificar la salud mental.

Al finalizar la jornada, dedicar unos minutos a repasar los logros alcanzados —en lugar de enfocarse únicamente en las tareas pendientes— aporta motivación y refuerza una actitud positiva. Celebrar avances, por pequeños que sean, fortalece la autoestima y promueve una visión más equilibrada de la vida profesional y personal.

MiNDFOOD y la Asociación Americana de Psicología coinciden en que el equilibrio entre salud y rendimiento se construye a partir de pequeños ajustes cotidianos y de una atención consciente a los aspectos positivos de la rutina diaria. De este modo, los desafíos laborales pueden transformarse en oportunidades para el bienestar integral y la resiliencia. 

Las alternativas a las pastillas en salud mental logran un 62% de éxito

 FIDEL MASREAL     |     elcorreogallego.es      |     23/03/2026

La llamada 'prescripción social' mejora en un 40% los apoyos sociales de personas con problemas emocionales y de soledad

El plan ha beneficiado a más de 28 personas el pasado año en Catalunya

Más del 62% de las personas con problemas anímicos que han tenido la oportunidad de acceder a programas sociales de tipo deportivo, cultural, de ocio o de contacto con la naturaleza han mejorado. Este es el principal valor que aporta la llamada "prescripción social" en Cataluña. Un programa del Govern que se dedica a buscar actividades colectivas para personas con problemas anímicos y psicológicos relacionados a menudo con la soledad. Este porcentaje de éxito, alcanzado el pasado año, se añade a que 4 de cada 10 mujeres y hombres que han accedido a estas actividades han mejorado su apoyo social en relación con su vida anterior.

El programa ha beneficiado el pasado año en Cataluña a más de 28 mil personas, (un 70 por ciento de las cuales, mujeres) que acceden al mismo normalmente a través de los ambulatorios. Ahí es donde se activa un mecanismo en el que los profesionales de salud se coordinan con todas las actividades de barrio o de ciudad que pueden ser útiles a la persona con problemas de salud mental. El objetivo es doble: lograr mejoras en estos ciudadanos y tratar de reducir el exceso de medicamentos antidepresivos y ansiolíticos que se recetan. Solo el pasado año se prescribieron en Cataluña 1,1 millones de personas consumen Diazepam u otros ansiolíticos, según datos oficiales, pero la cifra real es probablemente muy superior.

La contradicción

Estas medidas benefician a personas con diferentes situaciones, como soledad, aislamiento, malestar emocional y problemas de salud mental que incluyen adiccionesMarc Olivella, coordinador del programa de 'prescripción social' del Departament de Salut, recuerda que según varios estudios, el 80% de las causas de estos problemas no tienen que ver con cuestiones médicas sino sociales, pero que "el 90% de la inversión en salud se dedica a cuestiones clínicas, no sociales", de ahí que el programa que él coordina busca precisamente "transformar esta inversión".

Olivella destaca que existe numerosa evidencia científica de que estos programas de actividades sociales son útiles para afrontar un problema notable, que es el del aislamiento social, que tiene una influencia comparable a la de otros factores de riesgo como el tabaquismo, el alcohol, la inactividad física o la obesidad.

El objetivo es prevenir antes que tratar los efectos del malestar emocional, y cambiar el concepto, según Olivella, que actualmente "pone en el centro la enfermedad y la etiqueta diagnóstica", por otro que se centre en preguntar al paciente en la consulta por sus capacidades, intereses y fortalezas.

Los beneficios

Según los estudios que van evaluando este programa, aparte del beneficio en el bienestar de las personas y su conectividad con otros ciudadanos para suplir la soledad, el programa logra reducir las visitas al ambulatorio de ciudadanos que hacen un uso intensivo de estas visitas -entre otras cosas para intentar socializar-, también reduce el consumo de fármacos y, en definitiva, el gasto sanitario.

Todas estas cuestiones están sujetas a evaluación interno para que el propio programa pueda reivindicarse como herramienta del Govern para mejorar el bienestar ciudadano. Se están llevando a cabo estudios sobre el coste-beneficio de este sistema, para poder ver si se ahorra dinero del sistema sanitario y se pueden redistribuir fondos hacia el Tercer Sector social, "que es proveedor de muchas actividades y asume la carga asistencial que le transferimos desde el sistema de salud".

Más allá de las cifras, la equidad

Para Olivella, la clave del éxito no solo es lograr un 62% de éxito sino "saber qué colectivos mejoran, cuáles dejamos fuera y cómo estamos resolviendo las desigualdades sociales y qué inequidades territoriales existen, porque determinados territorios no funcionan como otros". También considera fundamental la coordinación entre los servicios de salud (sobre todo, los ambulatorios) y las entidades del barrio o la ciudad. "Debe haber una perspectiva interdisciplinar, la voluntad de trabajar juntos a partir de un diagnóstico".

lunes, 30 de marzo de 2026

¿Podemos cambiar nuestra personalidad?: «Es como un acorde y podemos afinarlo»

LAURA MIYARA      |      lavozdegalicia.es      |      20/02/2026

A la eterna pregunta de si las personas podemos cambiar o no, tres psicólogos responden que, dependiendo de la motivación y del esfuerzo necesario, la posibilidad de lograrlo aumenta o disminuye

Nuestra personalidad es prácticamente inseparable de nuestra identidad. Aunque a menudo pensamos en nuestra personalidad como una serie de características y rasgos como, por ejemplo, ser sociable, alegre o ansioso, lo cierto es que es mucho más que eso. Se puede definir más bien como los cimientos sobre los que se construye todo nuestro sistema de conductas. Para que un elemento sea inherente a nuestra personalidad, debe mantenerse a lo largo del tiempo, en diferentes contextos y entornos, lo que no significa, sin embargo, que sea imposible de cambiar. De hecho, muchos individuos consiguen modificar los rasgos de su personalidad que van en detrimento de su bienestar.

Nuestras características más individuales, aquellas que nos hacen ser quienes somos, no comienzan a formarse sino hasta la etapa de la infancia en la que comenzamos a entender que somos alguien separado de nuestros padres. «Cuando nacemos no tenemos personalidad. Lo que tenemos son algunos rasgos a los que se les llama carácter, que pueden ser irregular o regular, comunicativo o poco comunicativo y activo o tranquilo», detalla en este sentido el psicólogo Tomás Navarro, autor del libro La senda Kaizen, en el que aborda cómo transformar ciertos aspectos de nosotros mismos para mejorar nuestra satisfacción vital.

A partir, aproximadamente, de los tres años de edad, «empieza la crisis del temperamento», explica Navarro, y es entonces cuando empezamos a aprender de nuestros padres y otras figuras de referencia para formar nuestra personalidad. Esta se termina de formar más adelante, en la adolescencia, «cuando rechazamos el modelo de los padres y empezamos a buscar otros», un estadio de rebelión que se puede manifestar con mayor o menor intensidad dependiendo del caso. «Si la adolescencia es sana, es normal en esta etapa experimentar, hacerte el corte de pelo de un músico que te gusta o vestir como el hermano mayor de tu amigo, que te mola», describe el experto. Debido a las características del neurodesarrollo propias de un sexo y otro, es frecuente que las chicas maduren su personalidad más pronto.

En la edad adulta, «la personalidad tiene que ver con la manera espontánea en la que percibimos, sentimos, procesamos y reaccionamos ante las cosas que nos van sucediendo. Es una estructura desde donde vivimos y vemos el mundo», explica José Serrano, psicólogo sanitario de Área Humana. Aunque los rasgos se van configurando en gran medida a partir del entorno en el que nos desarrollamos y los aprendizajes de la infancia y la juventud, el consenso científico establece que la personalidad tiene también un componente genético que se suma a estas influencias ambientales e interactúa con ellas para darle forma al individuo que acabaremos siendo.

Como explica el psicólogo Manuel Castro Bouzas, de la sección de Psicoloxía e Saúde del Colexio Oficial de la Psicoloxía de Galicia (COPG), habitualmente, existen dos grandes maneras de definir la personalidad. «A máis utilizada é a través de dimensións da personalidade. Por exemplo, a extroversión ou a introversión, a estabilidade emocional, a apertura, a experiencia. Outra maneira que se utiliza máis na clínica, é traballar con prototipos de personalidade. Un prototipo sería un conxunto de conductas e actitudes que aparecen asociadas de modo relativamente estable».

Uno de los modelos psicológicos más respaldados a nivel científico es el conocido como «Big five», que divide la personalidad en cinco dimensiones: la apertura a experiencias, la responsabilidad, la extroversión, la amabilidad y el neuroticismo. Cada una de estas dimensiones incluye, a su vez, rasgos o características. Tomando como ejemplo el neuroticismo, podemos ubicar dentro de esta dimensión rasgos como la tendencia a la rumiación o la inestabilidad emocional.

Mientras que algunas dimensiones se consideran congénitas, «por exemplo, a estabilidade emocional», apunta el experto del COPG, otras están moduladas más bien por la experiencia. Este último es el caso de elementos como la introversión o la extraversión, características estudiadas especialmente por el psiquiatra Carl Jung y que hacen referencia al interés de un sujeto: si se centra más en objetos externos, la persona es más extrovertida, pero si estos intereses se dedican a los pensamientos y sentimientos propios, estamos ante un individuo introvertido. En ambos casos, se trata de aspectos que pueden ser modulados a través de la experiencia. De todos modos, aclara el experto, «todas as dimensións que son máis aprendidas teñen un sustrato fisiolóxico que, de certo xeito, limita ata que punto se pode chegar a modificar ou non».

Aunque no nacemos con personalidad, «sí con una tendencia mayor o menor a ser activos o sociables», aclara Serrano. En las primeras etapas del desarrollo es cuando estas tendencias entran en tensión con las interacciones que vamos teniendo con nuestro ambiente y así es como se va gestando la manera de funcionar que, con el tiempo, nos acaba resultando natural.

En el extremo más problemático, existen las personalidades disfuncionales o patológicas«As puntuacións extremas nas dimensións de personalidade habitualmente poderían implicar unha maior probabilidade de consecuencias negativas. Se unha persoa ten puntuacións moi altas en inestabilidade emocional, terá unha maior facilidade para ter medo, para sentir inseguridade, para reaccionar de modo esaxerado ante situacións que poden ser estresantes, pero non para tanto», ilustra Castro.

La idea de que la personalidad puede cambiar es más nueva de lo que podríamos pensar. En el campo de la psicología, por lo menos hasta la década de los ochenta, se consideraba que esta era fija, sobre todo a partir de los 30 años. Pero en las tres últimas décadas, ha crecido un cuerpo de evidencia que matiza estas ideas acerca de su rigidez. Diferentes investigaciones han hallado, por ejemplo, que las personas tienden a volverse menos neuróticas, más responsables y más amables a lo largo del tiempo. Estos cambios son el resultado tanto de una maduración biológica del cerebro como de la acumulación de experiencias vitales que transforman a los individuos: tener hijos, cuidar de los padres o adquirir una mayor responsabilidad laboral, por ejemplo.

Con todo, el cambio radical es difícil de conseguir a nivel estructural. «Más bien diría que uno se flexibiliza y se adapta. Normalmente, una de las cosas que sabemos es que a cada uno le gusta su propia personalidad. A no ser que en algún momento determinado esta empiece a darle problemas, es difícil que la quiera modificar», matiza Serrano. Cuando algún suceso vital lleva a un individuo a cuestionarse sus actos o su forma de ser, es posible emprender el cambio. «A veces es el propio cuerpo, la salud física, la que se convierte en un indicador de que hay que hacerlo», señala.

«La personalidad no es una condena. Se puede modular bastante, siempre que la persona sea consciente de que quiere hacer ese cambio», asegura en este sentido Tomás Navarro. Ahora bien, algunos rasgos ya predisponen de antemano a un individuo a hacer esos cambios efectivos. Es el caso de aquellos que son más abiertos a las experiencias, quienes son humildes, curiosos por naturaleza o aquellos a quienes les gusta aprender. «Ahí hay mucho margen de cambio», observa Navarro.

En suma, modificar ciertos aspectos es posible e incluso deseable. En estudios recientes, los expertos han hallado que esa paulatina transformación que se produce a largo plazo se puede llevar a cabo de manera mucho más expeditiva a través de intervenciones específicas diseñadas para aquellos que desean cambiar. Algunas investigaciones hablan de modificaciones significativas en cuestión de semanas o meses.

En estos casos, la psicoterapia es una herramienta útil que, partiendo de un aumento del autoconocimiento por parte de la persona, le permitirá modelar algunos de los aspectos que considere que podrían mejorar su bienestar. «Dar el primer paso de conocerte ayuda a saber cómo es tu estructura, cómo funcionas. Hacer consciente todo esto ayuda a entender por qué eres así y no de otra manera. En el momento en el que lo entiendes, lo puedes cambiar», detalla Serrano.

Tras ese primer paso, la terapia se puede centrar en una exposición progresiva al tipo de conductas que a uno le gustaría tener. Así, si se intenta ser más organizado o más sociable, se hará un esfuerzo consciente por modificar el comportamiento en ese sentido. «Al final, la personalidad es como un acorde con diferentes notas musicales y tenemos cierto margen para afinarlo», señala Navarro.

Podemos pensar en el cambio como el resultado de una ecuación que es la suma de esfuerzo y tiempo. Así, cuando el cambio requiere un esfuerzo considerable y sostenido a lo largo del tiempo, puede verse obstaculizado. «Nosotros podemos mantener el esfuerzo durante cierto tiempo. Si es un esfuerzo pequeño, es más fácil mantenerlo, pero si es muy grande, es difícil», explica Navarro, lo que en la práctica se traduce en que, si la transformación deseada es de grandes proporciones, conviene subdividirla en cambios más pequeños e ir efectuando uno por uno, asumiendo también que podremos toparnos con limitaciones. «Si soy completamente desordenado, quizás no pueda llegar a ser perfectamente ordenado», ilustra el psicólogo, pero sí es posible llegar a modificar este rasgo lo suficiente como para notar una mejora en la calidad de vida.

En el extremo contrario, el cambio puede ocurrir de manera involuntaria, con efectos negativos que muchas veces no son percibidos por la persona hasta que se manifiestan con síntomas de salud mental. En la edad adulta, aunque la personalidad pueda estar relativamente estabilizada, una experiencia traumática puede modificar variables como el nivel de introversión o el neuroticismo. En estos casos también, la psicoterapia ofrece herramientas para superarlo.