sábado, 21 de marzo de 2026

María Oquendo, la gallega detrás del futuro de la psiquiatría mundial: «La resiliencia y cómo desarrollarla será un campo sumamente importante»

 LOIS BALADO     |     lavozdegalicia.es     |     09/03/2026

Nacida en Santiago, es la primera mujer que se encarga de la coordinación del DSM desde que comenzó a elaborarse el manual diagnóstico más empleado en la profesión, en los años cincuenta

Se mire donde se mire, Galicia acaba apareciendo. Incluso en lugares tan inesperados como el sillón reservado para quien debe decidir el futuro de la psiquiatría en la próxima década. María Antonia Oquendo nació en Santiago de Compostela. Su padre, entonces un estudiante puertorriqueño, fue becado y encontró en la capital gallega la mejor oferta económica y académica para su formación como médico. De paso, se topó también con una compostelana. Los tres se marcharon pronto de vuelta a la isla, pero de la unión de estos dos mundos nació la mujer que acabó por ser la primera mujer latina en presidir la Asociación de Psiquiatras Americanos y también la primera mujer en encargarse de la coordinación del futuro manual diagnóstico de la psiquiatría que, es de esperar, acabarán por abrazar todos los colegas de su profesión. En ella recae la confección del próximo DSM, al que apodan con eso de «la biblia» de la psiquiatría. Desde Pensilvania, donde ejerce su labor, recibe la llamada de La Voz de la Salud.

—Está en la cocina del manual que decidirá qué será y qué no una patología psiquiátrica en los próximos años. Un documento tan relevante como criticado.

—A mi parecer, y según mi experiencia, una de las cosas más importantes es que, cuando hay muchas críticas, se debe conversar con las personas que las formulan y aprender. Puede que esas personas tengan ideas o sugerencias que acaben por ser sumamente útiles. Nos hemos encargado de hablar con toda la gente que nos critica, ya sea a través de escritos o en entrevistas, y tratar de entender bien cuál es la base de su razonamiento. Algunas son cosas que quizás el DSM no pueda arreglar. Pero otras sí. Por ejemplo, el hecho de que, desafortunadamente durante la transición del DSM-4 al 5, se malinterpretasen los trastornos, que acabaron por simplificarse hacia una cosa que surge por cumplir ciertos criterios en una lista, lo cual es muy reduccionista.

—Es verdad que se les ha acusado de diagnosticar a base de sumar síntomas.

—Exacto. Y otra cosa que hemos tratado de abordar es la crítica muy recurrente a que la forma en que el DSM se ha construido ha acabado aumentando la dificultad para identificar los determinantes biológicos de los distintos trastornos. El problema es que, si nos imaginamos el DSM como un mapa que trata de definir dónde están las fronteras entre un trastorno y el otro no podemos porque están mal definidas. Estamos segurísimos de que uno de los problemas ha sido la asimilación de estos diagnósticos como algo que solo existe de una forma en particular, cuando en realidad estamos ante una descripción clínica que busca ser lo más precisa posible para que podamos comunicarnos entre profesionales. Para que si se produce una conversación entre clínicos o entre investigadores podamos saber a qué nos estamos refiriendo. Antes de que hubiera esta metodología, cada cual definía la depresión mayor como le parecía. Y eso es un caos.

—La realidad es que hoy cualquiera puede encontrar el DSM en internet y leerlo, independientemente de que se dedique a la psiquiatría o a la panadería.

—Efectivamente, y esto es un arma de doble filo. Por una parte, queremos que la población esté lo más educada posible en los problemas mentales, emocionales, psiquiátricos; por otra, el DSM es un manual que requiere asesoramiento clínico, una decisión clínica, la experiencia clínica. Uno de los síntomas de la depresión es estar triste. Todo el mundo en este planeta ha estado triste, pero el punto en el que esa tristeza se adentra en lo patológico tiene que basarse en un entrenamiento clínico. Y no solamente de médicos. En Estados Unidos y en muchos otros países también lo usan psicólogos, trabajadoras sociales o abogados que están tratando de defender a personas que han tenido problemas relacionados a su enfermedad mental.

—Además de un mayor acceso al DSM, también hay más oportunidades de difusión. Las descripciones del TEA o el TDAH circulan por redes y la gente ha acabado autodiagnosticándose.

—Una de las cosas que nos preocupa es la frecuencia con la cual las personas están consultando a chatbots para tratar de resolver problemas emocionales o mentales. Sobre esto hemos visto ya repercusiones bastante negativas. Llegado el momento, con mucho control, mucha investigación y mucho cuidado, podría llegar a ser algo útil. Pero no creo que estemos al nivel de poder hacerle preguntas a un chatbot y que este nos diga el problema que existe. Están entrenados, según tengo entendido, en base a lo que está escrito por ahí. Y algunas cosas sí serán ciencia, pero otras no. Esto conlleva problemas importantes en cuanto al tratamiento o al diagnóstico.

—España es el país del mundo con mayor consumo de ansiolíticos, ¿lo considera preocupante?

—Está claro que lo ideal sería que no hicieran falta, pero no estás mencionando los problemas sociales que existen en España, especialmente con el acceso a la vivienda por parte de la gente joven. Eso es una dificultad muy real que resulta en ansiedad y depresión. Y con razón. No me extrañan esas cifras si, como se lee en los periódicos, hay personas de veintilargos o treinta y muchos aún viviendo en casa de los padres, algunos dependiendo de ellos. Es una cosa alarmante. No conozco al detalle los datos de España, pero es difícil saber bien si el uso de la benzodiazepina y de los antidepresivos se debe a tasas más altas de depresión y ansiedad o si es porque no hay acceso a recursos de salud mental y las personas acaban recibiendo estos tratamientos de sus médicos de atención primaria.

—Un argumento recurrente es que en la Generación Z y «millennial» es menos tolerante frente a la frustración de eventos normales de la vida.

—Eso sin duda alguna. Lo estamos viendo, y una de las áreas que está creciendo muchísimo es el estudio de la resiliencia y cómo desarrollarla. Esto va a ser algo sumamente importante. En Estados Unidos, vemos muchas situaciones sociales en las que los padres hacen demasiado por resolver los problemas a los chicos. No sucede lo que veíamos antes, cuando si la maestra te decía algo, sería porque algo habrías hecho.

—Entiendo que se trata de encontrar el equilibrio entre ese paternalismo y la sobreprotección.

—Exacto. Y hablando otra vez de fronteras, esa es una que no se conoce bien aún.

—Sobre la crianza, otro tema candente es el de las repercusiones que tienen las pantallas en los menores. Australia legisló, España legislará. ¿Esperamos algo del próximo DSM en este sentido?

—Es difícil predecir lo que va a ocurrir con estos cambios, porque hay muchas cosas que son ilegales y siguen ocurriendo. El ejemplo son las drogas, por ejemplo. Muchas de ellas son ilegales y, sin embargo, las personas susceptibles siguen accediendo a ellas. Eso por un lado. Además, esta Generación Z, aunque creo que ya empezó con los millennial, tienen una mayor voluntad para reconocer que necesitan ayuda psicológica. A admitir que están sufriendo, algo que antes no se daba. Y eso es otra cosa que hace difícil definir bien el umbral entre lo que es un trastorno y lo que no. Sobre todo cuando esto ocurre en un contexto en el que algunos jóvenes tienen muy poca resiliencia.

—Habla de drogas, pero los móviles no son sustancias. Esto se parece más a la aparición de la electricidad que a la eclosión del tabaco.

—Efectivamente. Este mundo tiene un impacto enorme en cuanto a la percepción que tiene el individuo de su círculo social, de su medio ambiente, de su conexión con otras personas. Y algo que también es sumamente importante es que muchos jóvenes no tienen demasiada experiencia hablando con personas de tú a tú. Todo es por mensajes de texto a través de aplicaciones. Entonces, cuando llega el momento de encontrar pareja en la vida real, por poner un ejemplo, se encuentran completamente perdidos. Esto influye y complica las cosas.

—Perdone que insista, ¿en el nuevo DSM aparecerán nuevas categorías relacionados con el uso de pantallas?

—No hemos llegado a ese nivel de detalle. Actualmente, lo que estamos mirando es el modelo conceptual. Se van a incluir elementos como los problemas contextuales, el neurodesarrollo, el ambiente socioeconómico, el ambiente cultural, también elementos relacionados a la biología, un aspecto importante que vamos a añadir. No se trata de decir que conocemos cuáles son los elementos biológicos de un determinado trastorno, excluyendo patologías en las que sí los sabemos, como en el alzhéimer, sino estableciendo la pauta de que estos trastornos son manifestaciones de problemas en el cerebro. Ya sea por razones biológicas o por la interacción con el ambiente.

—El DSM cambiará hasta de nombre. Pasará de ser un «manual estadístico» a un «manual científico». Hay quien interpreta este cambio como una asunción de errores pasados.

—Decidimos cambiar el nombre ya que, si se llamó estadístico, fue porque originalmente se utilizó para contar el número de pacientes con trastornos para poder planificar la política de cuidado de salud mental. Cuando se empezó en el 1952, la mayoría del cuidado de psiquiatría se proveía en hospitales psiquiátricos. Para poder planificar cuántas camas o enfermeras se necesitaban, había que poder contar cuántas personas había con esquizofrenia o con trastorno bipolar. Pero esta metodología ha sido suplantada por la epidemiología, que es mucho más precisa. Decir que el DSM es un manual estadístico es obsoleto en este momento. Lo que no queríamos, era perder las siglas, porque tienen mucho peso, pero sí buscamos tratar de dar más importancia al anhelo de maximizar la influencia científica en el desarrollo del manual. Una de las cosas que creo que serán útiles en ese campo es que, desde el comienzo del desarrollo de este próximo DSM, es que va a ser un documento vivo. Al menos una vez al año se le harán cambios según los progresos obtenidos. Mantenerlo actualizado es importante, aunque sin volver loca a la gente que está sobre el terreno atendiendo pacientes, porque no hay que estar cambiando las cosas continuamente.

—Una parte de los especialistas en salud mental achacan al DSM empeñarse en encontrar orígenes biológicos de los trastornos sin mirar al entorno del paciente. ¿Espera que se reduzcan las críticas?

—Me sorprendería mucho si menguaran, pero también es cierto que en este modelo conceptual le damos un papel muy prominente al impacto del ambiente de la persona, como mencioné anteriormente. De hecho, existen algunos trastornos que sin un trauma no aparecerían, como lo es el estrés postraumático. Es decir, que ya sabemos que no es todo genético y puramente biológico, que el ambiente influye mucho. Incluso en gemelos idénticos sabemos que no hay concordancia del 100% en ninguno de los diagnósticos.

—¿Es difícil coordinar un manual como este?

—Es bastante difícil porque creo que es primordial seguir abierto a las críticas sin dejar que eso impida el progreso. Y eso requiere una perspectiva muy particular.

—Ha sido la primera en varias ocasiones en un mundo de hombres. Fue la primera mujer latina en presidir la Asociación Americana de Psiquiatría y también es la primera mujer en coordinar el DSM. ¿Ser mujer ha marcado para bien o para mal su carrera?

—No cabe duda de que ha influido en mis posibilidades, pero he tenido la suerte de tener el apoyo de muchas personas que me han ayudado a lograr algunas cosas. El haberme criado en un hogar sumamente paternalista me hizo estar muy bien acostumbrada a ese tipo de ambiente. Creo que eso me preparó para cómo iban a ser las cosas en el mundo de afuera.

Víctor Küppers, profesor y experto en psicología positiva: "Cuando te preguntas muchas veces qué hay de fantástico en tu vida, al final te sale solo"

 CELIA PÉREZ LEÓN     |     cuerpomente.com     |     24/09/2025

Si estás esperando que una gran frase cambie tu vida, sentimos decirte que eso no va a suceder. En la vida real no existe un “clic”, existen hábitos que modifican nuestro comportamiento y nuestra forma de vivir en el mundo.

No existe el ‘clic’. Todos creemos que sí. Que, en algún momento, a base de reflexionar, de darle vuelta a mil ideas y de llegar a grandiosas conclusiones escucharemos un “clic”. Y entonces todo empezará a tener sentido. Pero lo cierto es que ese momento de inspiración no existe. O si llega, se esfuma tan rápido como llegó. Si realmente queremos generar un cambio profundo en nuestra vida, necesitamos crearnos hábitos.

Esto es lo que el experto en crecimiento Víctor Küppers ha explicado en una entrevista que concede Mili Hadad para La Fórmula Podcast. Porque solo hay una forma de cambiar tu vida: insistiendo, insistiendo e insistiendo, hasta que el hábito se convierta en costumbre.

el hábito

En nuestro cerebro todo está conectado. La forma en la que hablamos y actuamos modifica la manera en la que pensamos, y viceversa. El problema es que cambiar la forma en la que pensamos es una tarea titánica. Requiere años de terapia poder convencer al cerebro de que aquello que le asusta o le preocupa, en realidad, no debería molestarla. Así que es mejor recorrer la vía alternativa: cambiar lo que hacemos para modificar cómo pensamos y sentimos.

Esto es, en resumidas cuentas, lo que el experto en crecimiento personal ha revelado en su intervención en el podcast La Fórmula. Porque como conferenciante disfruta de subir a los escenarios y explicar todo lo que ha aprendido de la vida, pero en estos 19 años una pregunta persiste: ¿cuánto tiempo durará todo esto en la mente de las personas que me han escuchado?

“Lo decía Chesterton: ‘No necesitamos que nos digan las cosas, necesitamos que nos las recuerden’”, cita el experto en psicología positiva. Porque lo cierto es que la teoría todos nos la sabemos, más o menos. Lo que nos falta es la práctica. Y por eso él recomienda trabajar cada creencia desde el hábito y así construir una buena relación contigo mismo.

Cambiando el paradigma

“La clave está en desarrollar el hábito”, asegura Küppers. Por ejemplo, imaginemos que quieres empezar a valorar las cosas positivas de tu vida, que es algo que él lleva casi dos décadas recomendado a sus oyentes. Para convertirlo en hábito, pasa a la acción. “Pregúntate, ¿qué hay fantástico en mi vida? Y cuando te lo has preguntado muchas, muchas, muchas veces, te sale solo”, afirma.

Sucede igual con otras creencias poderosas. Por ejemplo, con centrarte en aquello que está en tus manos. Si te preguntas una y otra vez “¿yo qué puedo hacer?”, al final acostumbrarás a tu cerebro a centrarse únicamente en lo que puedes controlar, algo que también nos recomendaban hacer los estoicos.

Cuando lo repites ‘n’ veces, al final pasa a formar parte de tu carácter, lo has incorporado. La clave no está en escuchar un concepto, la clave no está en que te guste el concepto. La clave está en repetir, repetir, repetir”, explica. No hay ‘clic’, tan solo esfuerzo y hábito.

Lo importante en esta vida

Aunque el momento “clic” no existe, sí hay momentos que nos cambian la vida. Pero incluso esos, hay que recordarlos si queremos que sean realmente efectivos. El propio Küppers experimentó un momento así en su vida.

“Yo antes me quejaba muchísimo”, explica a su entrevistadora. Todo cambió cuando su salud empeoró de manera repentina. “Yo tuve muchos años dolor crónico, 24 horas. Me dolían las piernas, la cadera. Y estuve cinco años que nadie sabía lo que era. Hasta que fui a un doctor, y me operó. Me quitó el dolor”, contextualiza.

Tras aquel momento, durante los primeros días sin dolor nada podía ponerle de mal humor. ¡El dolor había desaparecido! La sensación de plenitud duró una semana, dos, tres… Pero a la cuarta semana, las quejas volvieron.

Víctor tomó entonces una decisión. En su agenda, que lleva a todos lados, guardó un dibujo que le hizo aquel doctor para explicarle lo que le sucedía. Cada día, la mira y recuerda que ya no le duele. Que hay cosas importantes y cosas que no son importantes. “Lo importante es, si tienes un dolor, que no se te vaya nunca. Que se te estropee la impresora no es importante”, asegura. “Yo antes me enfadaba porque la impresora se estropeaba. Ahora ya no me enfado. He cogido ese hábito, y ahora me cuesta mucho enfadarme”.

Hábitos transformadores

Todo aquello que queramos cambiar en nuestra vida debe pasar por un hábito. Solo de esa manera podemos transformar nuestro carácter. En el caso de Küppers, su ritual diario de mirar esa foto le aleja de la queja y el enfado, algo que todos podemos hacer usando elementos que conecten con nuestra historia personal. Porque todos hemos vivido momentos más o menos complicados en la vida, en los que tomamos constancia de lo que es realmente importante.

Aunque Küppers tiene otros dos rituales que también le permiten vivir con mayor felicidad, con mayor conciencia. El primero es dar las gracias. “Se lo recomiendo a todo el mundo, reservar cinco minutos para agradecer todas las cosas buenas”, explica en la entrevista. Cinco minutos bastan para recordar todo lo bonito que tenemos en la vida.

Otro hábito transformador es imaginar que no volverás a ver a las personas a las que quieres. “Pensar de vez en cuando que las personas que más quiero no estarán, pensar en eso te ayuda a recordar que la vida es finita. Que lo más importante que tienes no es lo que tienes, sino a quien tienes. Es las personas a las que quieres. Y ahí entra la frase de Covey: ‘Lo importante es que lo más importante sea lo más importante’. Y a veces olvidamos lo importante’”, concluye el profesor.


jueves, 19 de marzo de 2026

Pensar en exceso: el impacto del “overthinking” en el bienestar y los consejos de expertos para gestionarlo

CECILIA CASTRO     |     infobae.com     |     25/01/2026

Se trata de un ciclo que puede agotar y desconectar del presente. En diálogo con Infobae, profesionales describen cómo surge y qué recursos existen para afrontarlo

Una noche cualquiera, mientras la ciudad apaga sus luces y el murmullo cede, miles de personas permanecen despiertas. No es el insomnio lo que las mantiene alertas, sino ese carrusel de pensamientos que gira sin fin.

Una conversación pendiente, una decisión trivial, una posibilidad futura que nunca se concreta. El sobrepensamiento, ese hábito silencioso y persistente, va dejando huellas profundas en la vida cotidiana.

Qué es el sobrepensamiento y por qué se instala en la vida diaria

De acuerdo con lo que le dijo a Infobae la doctora Alejandra Gómezpsicoanalista y psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), el sobrepensamiento consiste en quedar atrapado en un circuito de ideas reiterativas que impiden la acción. No se trata de un proceso reflexivo orientado a buscar soluciones, sino de una pausa interminable en la antesala de cada decisión. En palabras de Gómez: “La persona queda detenida en ese umbral, imaginando distintos escenarios posibles, sin lograr avanzar”.

El sobrepensamiento tiene raíces diversas: temor a cometer errores, inseguridad, miedo a lo desconocido, exigencias perfeccionistas y presión social. Estas causas pueden actuar solas o en combinación, y su presencia no distingue edad, género ni contexto socioeconómico.

El doctor Alberto Álvarez, vicepresidente del Capítulo de Psicoanálisis, Subjetividad y Comunidad de APA y APSA, explicó a Infobae que “el origen del sobrepensamiento está profundamente ligado a la ansiedad”. Álvarez señaló que la mente entra en un ciclo obsesivo, un mecanismo de defensa ante la incertidumbre o el estrés. “El perfeccionismo y la falta de confianza en uno mismo alimentan esta tendencia a analizar cada detalle, incluso los más insignificantes”, puntualizó el experto.

Las consecuencias silenciosas: salud emocional y relaciones

El sobrepensamiento no solo agota la mente. Genera una desconexión con el presente y favorece la aparición de ansiedad, angustia y síntomas de estrés. La rutina diaria se ve alterada: las tareas pierden espontaneidad, la creatividad se resiente y el desgaste mental se vuelve permanente. “La mente se vuelve rígida y la sensación de agotamiento no desaparece, incluso después de descansar”, afirmó Gómez.

Álvarez detalla que este patrón mental puede consolidarse como un modo de vida. “El sobrepensamiento termina afectando la capacidad de tomar decisiones, los vínculos afectivos y el desempeño laboral. Las personas pueden experimentar aislamiento, bloqueos y una creciente dificultad para reconectarse con los demás”, explicó el especialista.

La Cleveland Clinic coincide en que el sobrepensamiento impacta tanto a quienes permanecen anclados en recuerdos dolorosos, como a quienes se preocupan por escenarios futuros poco probables. La reiteración de pensamientos negativos no conduce a soluciones, sino que incrementa el malestar emocional y la sensación de estar atrapado en un bucle sin salida.

Estrategias para cortar el ciclo: de la psicoterapia a las técnicas cotidianas

Frente a este panorama, los especialistas recomendaron buscar ayuda profesional. Para Gómez, el primer paso es acudir a un espacio psicoterapéutico donde sea posible identificar el origen inconsciente del sobrepensamiento. “Comprender para qué se piensa de ese modo es fundamental. El trabajo terapéutico ayuda a descubrir el sentido oculto del síntoma, debilitando su influencia en la vida mental”, sostuvo la psiquiatra.

Álvarez sugirió prácticas cotidianas que complementan la terapia. “Identificar cuándo se está sobrepensando, cuestionar el propósito de esos pensamientos y buscar alternativas para redirigir la atención resulta clave”, indicó el especialista. Actividades como caminar, leer, escribir o escuchar música permiten que la mente encuentre espacios de placer y descanso.

Fuentes internacionales como el Servicio Nacional de Salud (NHS) de Reino Unido destacó la utilidad de técnicas como el método “catch it, check it, change it” (detectar, revisar y modificar), que ayudan a reconocer pensamientos poco útiles y reemplazarlos por otros más realistas. La incorporación de ejercicios de relajación, meditación y respiración también muestra efectos positivos.

La Cleveland Clinic recomendó establecer “períodos de preocupación” diarios, en los que se anoten las inquietudes y se analicen cuáles pueden resolverse y cuáles no. Esta práctica ayuda a limitar el tiempo dedicado a la rumiación y favorece una actitud más proactiva frente a los desafíos.

La psicología moderna enfatiza que el sobrepensamiento no es un defecto personal, sino un síntoma de malestar psíquico. Reconocerlo y pedir ayuda constituye un acto de coraje y cuidado hacia uno mismo. Cada historia de sobrepensamiento es única, pero la experiencia de sentirse preso de la propia mente resulta compartida por millones de personas.

Para quienes conviven con este fenómeno, los expertos resaltan la importancia de buscar acompañamiento profesional cuando el malestar interfiere con el bienestar o la vida cotidiana. La posibilidad de recuperar la conexión con el presente y volver a disfrutar de los pequeños momentos sigue abierta, aun cuando la mente insista en girar sobre sí misma. 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Álex Rovira: "No es cierto que en la vida unas veces se gana y otras se pierde, en realidad unas veces se gana y otras veces se aprende"

 PABLO CUBÍ DEL AMO     |     cuerpomente.com     |     25/01/2026

De todo se aprende. Este es un mantra que los investigadores y los emprendedores conocen muy bien, porque son los que más suelen encontrarse con el error y la derrota. A ellos, un día malo no les roba el timón, como recuerda el experto en crecimiento personal Álex Rovira.

¿Cuántas veces crees que falló Ferran Adrià con un plato antes de conseguir un éxito? ¿Cuántas veces crees que la NASA ensayó y fracasó antes de enviar el hombre a la luna? ¿Cuántas editoriales rechazaron el primer libro de J. K. Rowling sobre Harry Potter?

Perder forma parte del juego. No siempre podemos evitarlo”, recordaba recientemente el escritor y experto en crecimiento personal Álex Rovira. Lo hacía no para desmotivar o quitar importancia sobre el golpe moral que puede provocar un fracaso, sino para adiestrarnos sobre cómo hemos de enfrentarnos a ese fracaso y asimilarlo.

Fíjate que todos los ejemplos que te he expuesto son historias de éxito. ¿Qué habría pasado si Adrià, Rowling o los investigadores de la NASA se hubieran dado por vencidos?

No lo hicieron porque creían en su idea; pero, sobre todo, no lo hicieron porque tenían un tipo de mentalidad que es la que Rovira nos ha traído a colación: “No es cierto que en la vida unas veces se gana y otras se pierde, en realidad unas veces se gana y otras veces se aprende”.

Aprender de los errores

Quédate con este dato: de todo se puede aprender. De todo, incluso de cosas que te parezca que son una derrota totalmente inútil. La clave está en cómo te tomas ese fracaso y cómo lo analizas.

“Hay situaciones, circunstancias y acontecimientos que escapan a nuestro control. Y aceptar esto no es resignarse, sino comprender cómo funciona la vida”, nos razona Rovira. Lo que hay que hacer es sacar conclusiones de todo eso que no hemos podido controlar y de ver cómo nos ha afectado y cómo podemos hacer para que la próxima vez no nos pase lo mismo.

Todos los grandes innovadores han coincidido al explicar que el éxito no les ha enseñado casi nada. Es de los fracasos de los que se aprenden. Es allí donde se consiguen las informaciones más valiosas. Cuando todo te va bien, no te esfuerzas de la misma manera. “Caerse no es un fracaso, el fracaso llega cuando te quedas donde has caído”, decía Sócrates.

Por consiguiente, aprender no es maquillar la realidad. Si te dejan, duele. “La clave no está en negar la pérdida, sino en qué hacemos con ella”, puntualiza Rovira. Hemos de instalarnos en un lugar de aceptación superadora. No dejarnos llevar, sino ser conscientes. Cuando lo consigues “empieza a ocurrir algo importante: recuperamos el poder, añade.

No te quedes anclado por miedo

Uno de los libros clásicos de la autoayuda, ¿Quién se a llevado mi queso?, de Spencer Johnson, ya era todo un alegato contra esa actitud inmovilista cuando nos fallan las circunstancias, por miedo a que todavía vayan a peor.

Si nos quedamos quietos, es probable que no pase nada, por eso los que quieren moverse saben que no hay que temer a los errores. “La suerte premia a los audaces”, señala un conocido proverbio romano. Y la experiencia neurocientífica le da la razón. Son los optimistas emprendedores, los que no se quedan petrificados, quienes tienen más opción de oportunidades y por tanto de tener éxitos.

También tienen mayores opciones de fracaso, dirás. Y tienes razón. Pero lo que está claro es que si no lo has intentado nunca vas a triunfar. Lo que te has de plantear es cuál es la alternativa y sopesarla. La experiencia muestra que no hacer nada ya es un fracaso mayor.

No te gusta tu trabajo, no crees que está bien pagado y sin embargo allí sigues por miedo a emprender y fracasar. Bueno, analízalo. ¿El fracaso es peor solución que seguir siendo infeliz o malviviendo? Si tu respuesta es que sí, está bien. No te critiques. Eres así, si es lo que de verdad crees. Pero no te autoengañes o intentes justificarte.

Cuál ha de ser la actitud ante el fracaso

“No podemos elegir todo lo que nos ocurre, pero sí podemos elegir la manera en que lo atravesamos -dice Rovira-. No tenemos el poder de cambiar el pasado, sino el poder de decidir cómo responder a ello”.

Este autor recuerda la enseñanza vital que nos ha dejado Viktor Frankl, este psiquiatra superviviente de Auschwitz supo ver sentido a su vida incluso en las peores circunstancias. “Elegir aprender en lugar de amargarnos, elegir dignidad en lugar de resentimiento, elegir conciencia en lugar de reacción automática”, recuerda Rovira.

No personalices el fracaso. No eres un fracasado, has tenido un fracaso hoy. Saber cómo nos decimos las cosas también es importante para saber reponernos y avanzar. “Si percibes el fracaso como algo fundamental sobre quién eres como persona, te dará mucho más miedo que si lo ves como otra oportunidad para aprender”, nos recordaba la doctora Julie Smith hace poco en CuerpoMente.

Aquí entra una pieza psicológica que suele olvidarse: para aprender de verdad de una caída, hace falta un mínimo de amabilidad contigo. La doctora Kristin Neff y otros investigadores han estudiado la autocompasión (no confundir con autocomplacencia) y llegan a esta conclusión: trátate con la misma humanidad con la que tratarías a un amigo cuando falla.

Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes: la fecha que impulsa la conciencia global sobre prevención, apoyo y derechos

MANOEL OBANDO     |     infobae.com    |    18/03/2026

La fecha invita a organizaciones, familias y autoridades a trabajar para garantizar entornos seguros, derribar estigmas e integrar el cuidado emocional en las estrategias educativas y sanitarias dirigidas a los jóvenes

Cada 2 de marzo se conmemora el Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes, una fecha orientada a visibilizar los desafíos emocionales que enfrenta esta población y promover entornos seguros, apoyo familiar y políticas públicas eficaces.

La efeméride surge con el propósito de colocar en la agenda pública la importancia de la salud emocional durante la adolescencia, una etapa atravesada por cambios físicos, psicológicos y sociales que pueden generar vulnerabilidad.

Organizaciones dedicadas a la protección de la infancia y la juventud impulsan esta jornada para fomentar la detección temprana de trastornos como ansiedad o depresión, así como para prevenir situaciones de violencia que dejan huellas persistentes.

Especialistas y entidades educativas coinciden en que el bienestar mental juvenil requiere acompañamiento continuo, información accesible y espacios de escucha activa que permitan a los adolescentes desarrollarse en condiciones de respeto y seguridad.

El Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes se celebra cada 2 de marzo como una iniciativa de sensibilización enfocada en la población juvenil. La fecha fue establecida para llamar la atención sobre la necesidad de promover la salud emocional en un periodo crucial del desarrollo humano.

Diversas entidades vinculadas a la educación, la psicología y la defensa de los derechos de la infancia respaldan esta jornada. El objetivo central consiste en recordar que la adolescencia implica transformaciones profundas que pueden impactar en la autoestima, la identidad y la manera de relacionarse con el entorno.

La conmemoración también busca romper estigmas asociados a los problemas psicológicos. Profesionales del ámbito clínico subrayan que muchos adolescentes experimentan síntomas que pasan inadvertidos o se minimizan. La falta de información adecuada y la persistencia de prejuicios dificultan el acceso a ayuda especializada.

Otro de los propósitos de la fecha es promover políticas públicas que integren la salud mental en los sistemas educativos y sanitarios. Instituciones especializadas señalan que la intervención temprana reduce el riesgo de complicaciones futuras y mejora la calidad de vida en la adultez.

Factores de riesgo y secuelas de la violencia en la adolescencia

La adolescencia constituye un periodo sensible ante factores de riesgo como el acoso escolar, la violencia intrafamiliar y la presión social. Organizaciones dedicadas a la protección de menores advierten que sufrir agresiones en esta etapa puede dejar consecuencias duraderas.

Especialistas en salud mental explican que experiencias traumáticas durante estos años pueden derivar en trastornos emocionales persistentes. Ansiedad, depresión y dificultades en la regulación de las emociones figuran entre las secuelas más frecuentes cuando no existe acompañamiento adecuado.

Entidades que trabajan en prevención de la violencia señalan que la exposición a entornos hostiles afecta el rendimiento académico, las relaciones interpersonales y la percepción de seguridad personal. La falta de redes de apoyo incrementa la sensación de aislamiento.

La jornada del 2 de marzo enfatiza la necesidad de identificar señales de alerta. Cambios bruscos de comportamiento, retraimiento o irritabilidad constante pueden indicar malestar psicológico. Profesionales recomiendan que familias y docentes mantengan canales de comunicación abiertos y fomenten espacios donde los adolescentes puedan expresar sus inquietudes sin temor a ser juzgados.

Educación, prevención y acompañamiento como ejes centrales

El Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes promueve acciones concretas en centros educativos y comunidades. Talleres informativos, campañas de sensibilización y actividades participativas forman parte de las estrategias difundidas en esta fecha.

Especialistas en psicología educativa sostienen que la promoción del bienestar emocional debe integrarse en la rutina escolar. Programas de habilidades socioemocionales contribuyen al desarrollo de la empatía, la resiliencia y la capacidad de resolución de conflictos.

La familia desempeña un papel decisivo en este proceso. Profesionales del ámbito clínico destacan la importancia de escuchar activamente y validar las emociones de los jóvenes. Un entorno afectivo estable fortalece la confianza y facilita la búsqueda de ayuda cuando surgen dificultades.

Asimismo, la conmemoración insiste en la necesidad de garantizar acceso a servicios de atención psicológica. La detección temprana de síntomas permite intervenir antes de que los problemas se agraven. Instituciones dedicadas a la salud mental recalcan que el acompañamiento oportuno puede marcar la diferencia en la trayectoria vital de un adolescente.

El 2 de marzo se ha convertido en una oportunidad para articular esfuerzos entre autoridades, comunidades educativas y organizaciones sociales. La difusión de información basada en evidencia científica y la promoción de entornos libres de violencia constituyen pilares fundamentales de esta jornada internacional dedicada al bienestar mental juvenil.