domingo, 22 de febrero de 2026

Vinculan el consumo de cigarrillos con un riesgo mayor de depresión

 Infobae.com     |      24/01/2026

Una investigación realizada en Alemania analizó datos de más de 170.000 adultos y encontró una relación significativa entre quienes fuman y problemas de salud emocional

Por detrás de la rutina que acompaña a millones al encender el primer cigarrillo del día, se esconden historias de impacto silencioso. Más allá del humo y la costumbre, recientes investigaciones en Alemania han detectado que ese acto cotidiano puede dejar una huella profunda en la salud mental.

Un extenso estudio reveló que el vínculo entre el tabaco y la depresión es más estrecho de lo que se pensaba y que abandonar el cigarrillo puede marcar una diferencia significativa en la vida emocional de quienes alguna vez fumaron.

Un grupo de científicos del Central Institute of Mental Health (CIMH) en Mannheim analizó datos de 173.890 adultos de entre 19 y 72 años. La investigación, enmarcada en la German National Cohort (NAKO), confirmó que las personas que fuman o han fumado alguna vez presentan una mayor prevalencia de depresión a lo largo de su vida.

El estudio, publicado en la revista BMC Public Health, es el primero en documentar esta asociación en la base de datos de la NAKO, la mayor cohorte poblacional de Alemania. “Aunque la relación entre fumar y depresión ya era conocida, los mecanismos detrás de este vínculo siguen sin estar claros”, explicó Maja Völker, doctoranda del Departamento de Epidemiología Genética en Psiquiatría del CIMH. Los participantes respondieron entrevistas y cuestionarios sobre diagnósticos médicos de depresión, síntomas actuales, condiciones de vida y hábitos de consumo.

La cantidad importa: efecto dosis-respuesta

El análisis identificó tres grupos principales: 81.775 nunca fumadores58.004 exfumadores y 34.111 fumadores activos. Tanto los fumadores actuales como los que dejaron de fumar informaron la edad de inicio y el promedio de cigarrillos diarios. Los resultados revelaron que a mayor consumo diario, más intensos son los síntomas depresivos. “Por cada cigarrillo adicional, la severidad de los síntomas aumenta en promedio 0,05 puntos”, señaló Carolin Marie Callies, investigadora de la Universidad de Mannheim.

El efecto fue especialmente notorio en personas de 40 a 59 años, donde la diferencia entre fumadores y no fumadores respecto a la depresión se acentuó. “Estas diferencias en los grupos de edad media sugieren que, además de los factores sociales, el tiempo de exposición tiene un peso importante en la interacción entre consumo de tabaco y salud mental”, añadió Callies.

Dejar de fumar, un cambio con beneficios para la mente

Uno de los aspectos destacados por los investigadores es el impacto positivo que tiene el abandono del tabaco. Según los datos, “cuanto más tiempo ha pasado desde el último cigarrillo, menor es la probabilidad de experimentar un nuevo episodio depresivo”, subrayó Dr. Fabian Streit, del Hector Institute for Artificial Intelligence in Psychiatry en el CIMH. La investigación estimó que cada año sin fumar retrasa la aparición de la primera depresión en 0,24 años y aleja el último episodio depresivo en 0,17 años adicionales.

El estudio no consideró el uso de otros productos de tabaco como cigarros o pipas, y su diseño transversal y retrospectivo impide establecer una relación causal directa. Los autores remarcaron la necesidad de investigaciones longitudinales e incorporación de datos genéticos para esclarecer los mecanismos que unen tabaquismo y depresión.

El tabaco sigue siendo la principal causa prevenible de mortalidad prematura, con más de ocho millones de muertes anuales en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ante estos datos, los responsables del estudio insisten en la importancia de fortalecer las políticas preventivas y los programas para dejar de fumar. “Nuestros hallazgos subrayan lo relevante que es evitar que las personas comiencen a fumar y motivarlas a dejarlo para mejorar su salud mental”, resumió Streit.

La German National Cohort (NAKO), respaldada por 26 organizaciones y financiada con fondos públicos, continúa investigando para identificar factores de riesgo y estrategias de prevención de enfermedades comunes, como cáncer, diabetes y problemas cardiovasculares.

El trabajo representa un avance en la comprensión del vínculo entre tabaco y depresión, y señala la importancia de considerar la salud mental en las estrategias de control del tabaquismo.

viernes, 20 de febrero de 2026

La mirada psicológica sobre los ‘therian’ y su alcance en redes sociales

 RAFAEL MONTORO     |     infobae.com     |     18/02/2026

La aparición de jóvenes identificados como ‘therian’ ha motivado investigaciones académicas, como la publicada en Neuroscience & Biobehavioral Reviews

El crecimiento de la comunidad ‘therian’ en redes sociales ha generado interrogantes sobre su significado y posibles implicancias psicológicas. Jóvenes que adoptan comportamientos y gestos animales, y que aseguran sentir una conexión con otras especies, despiertan curiosidad y debate, pero ¿qué dice la ciencia sobre esta identidad?

Estudios recientes y declaraciones de expertos ayudan a distinguir entre formas saludables de exploración personal y situaciones clínicas que podrían requerir atención.

Identidad ‘therian’ y espectro psicológico: lo que dice la ciencia

La aparición de jóvenes identificados como ‘therian’ ha motivado investigaciones académicas, como la publicada en Neuroscience & Biobehavioral Reviews, que propone entender este fenómeno como un espectro. Según el estudio, es fundamental separar dos situaciones distintas:

  • La teriantropía no clínica, presente en la mayoría de los jóvenes de la comunidad, implica una conexión espiritual con un animal, manteniendo el sentido de la realidad y sin creencias de transformación física.
  • La teriantropía clínica, por el contrario, se define como un delirio grave en el que la persona está convencida de haberse transformado físicamente en un animal.

El estudio también advierte sobre el riesgo de sobre-patologizar la identidad ‘therian’, recomendando que solo se recurra al diagnóstico clínico cuando exista un malestar significativo o una incapacidad funcional que afecte la vida cotidiana.

¿Etapa de autodescubrimiento o señal de alarma?

Guillermo Antonio Hidalgo Uribe, psicólogo y coordinador de DKT School, sostiene que la identidad ‘therian’ en jóvenes no debe ser catalogada automáticamente como una enfermedad. Explica que, aunque las personas pueden identificarse como ‘therian’, no existe aún una construcción social.

“Actualmente las personas pueden identificarse como ‘therian’, pero no hay una construcción social que reconozca a los ‘therian’ como una identidad, mucho menos como un trastorno a nivel científico”, explica Hidalgo Uribe. Cabe señalar que esta declaración apareció en Milenio.

Para el especialista, este fenómeno debe entenderse como una forma particular de habitar el mundo y de construir identidad, análoga a las subculturas juveniles de otras épocas, como los emos o los góticos.

Cuándo la identidad ‘therian’ requiere atención profesional

El especialista recomienda prestar atención a ciertos signos de alerta para identificar cuándo conviene buscar ayuda profesional:

  • Cuando la persona deja de percibirse como humana y adopta conductas autolesivas.
  • Si las acciones del menor afectan o transgreden a terceros.
  • Cuando la identificación como ‘transespecie’ genera un conflicto grave con la realidad cotidiana.

En los casos donde la situación cruza la frontera hacia lo clínico, la neurociencia aporta modelos explicativos, como el “Modelo de los Dos Golpes”, que describe la teriantropía clínica como resultado de dos factores: una cenestesiopatía (sensaciones físicas erróneas, como sentir que crecen garras o pelaje) y un proceso cognitivo fallido que lleva a la formación del delirio de transformación.

A diferencia de las vivencias saludables de quienes forman parte de la comunidad ‘therian’, estos cuadros clínicos pueden estar asociados a trastornos psicóticos, depresión psicótica o trastorno bipolar, y requieren un abordaje especializado.

Así, la psicología diferencia entre la exploración identitaria juvenil y los casos que deben recibir atención clínica, subrayando la importancia de la observación y el acompañamiento familiar para distinguir entre búsqueda personal y señales de alarma.

El significado de ser ‘therian’

El término ‘therian’ deriva de la palabra inglesa ‘therianthropy’, que combina raíces griegas referidas a ‘bestia’ y ‘ser humano’. Si bien la idea de transformarse en animal está presente en diferentes mitologías, la visión contemporánea de la therianthropy surge en el contexto digital actual.

Las personas que se identifican como ‘therian’ expresan un lazo involuntario y permanente con un animal concreto, denominado teriotipo. Esta relación se refleja tanto en conductas y emociones cotidianas como en símbolos visibles, como collares, colas o máscaras.

A diferencia de otras comunidades como los furries o quienes practican cosplay, los therians viven su identidad de forma íntima y personal, no como una actuación pública. Suelen identificarse especialmente con especies como lobos, perros, zorros y felinos, aunque existen muchas otras variantes.

Laura Chica, psicóloga: "A las personas altamente sensibles hay que decirles que la sensibilidad es un regalo, no una debilidad"

 LAURA CHICA      |   cuerpomente.com    |      30/01/2026

Es una valiosa capacidad para percibir lo que otros no pueden ver. Es un desafío, sí, pero también una preciosa fortaleza que embellece el mundo. El mundo necesita más personas PAS.

Acabo de poner Nuvole Bianche, de Ludovico Einaudi, para escribir este artículo. Al ponerlo me doy cuenta de que soy una PAS buscando otro PAS; una creación que viene de la mayor sensibilidad, y que te recomiendo poner de fondo mientras lees este texto. Permíteme acompañarte a descubrir en estas líneas qué es ser PAS, cómo te afecta serlo, o tenerlo cerca, y lo más importante: cómo vivir siendo PAS en un mundo cada día más rápido e intenso, donde todo te agota.

SER UNA PERSONA ALTAMENTE SENSIBLE

Podemos comenzar destacando que, de diez personas que conoces, entre dos y tres son altamente sensibles. Quizá tú eres una de ellas. Quizá lo es tu pareja, tu hijo/a, o alguien a quien te cuesta entender por qué necesita más calma y espacio.

Esta es la estadística que aporta la mayor investigadora de este rasgo, Elaine Aron, creadora también de la mayor parte de la información que conocemos hoy sobre el mundo PAS. Le puso el nombre de Highly Sensitive Person, y en español lo conocemos como Personas Altamente Sensibles (PAS) o personas con Sensibilidad al Procesamiento Sensorial (SPS).

Descubrir las características de este rasgo y saber si eres una persona altamente sensible puede cambiar tu vida; te ayuda a comprenderte más y a juzgarte menos. Y comprenderte te ayuda a amarte, por lo que saber si eres una persona altamente sensible te puede descubrir un mundo nuevo en ti.

DESCRIBIENDO EL PAS

Pero, ¿qué es ser una persona con alta sensibilidad?

Hablamos de ser PAS cuando la persona tiene un sistema nervioso que percibe y procesa más información sensorial simultáneamente, con todo lo que ello conlleva. Las personas altamente sensibles sienten mayor empatía y mayor conexión con los estímulos del entorno y las personas.

Tiene una base biológica: las investigaciones han demostrado que las PAS tienen una mayor actividad en áreas del cerebro relacionadas con la percepción y el procesamiento de estímulos sensoriales; y mayor activación de la corteza prefrontal (asociada con la toma de decisiones, la regulación emocional y la reflexión) y la corteza insular (vinculada a la percepción y a la conciencia corporal).

En algunos estudios, como describe Aron en 2014, se ha encontrado que las PAS muestran una mayor activación en áreas del cerebro relacionadas con la empatía, el procesamiento emocional y la conciencia social, incluyendo la amígdala, el córtex insular y el giro frontal inferior, lo que explicaría la mayor empatía y mayor intensidad emocional, entre otras cosas.

CUATRO PILARES QUE LOS DEFINEN

Según Aron, son cuatro los pilares básicos que caracterizan a las PAS, y tienen que ver con cómo perciben y procesan el mundo:

1. Procesamiento profundo de la información

Las PAS procesan la información de forma más compleja y reflexiva. Tienen una gran capacidad de análisis interno, conectan lo que viven con su mundo interior.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Tiendo a reflexionar mucho sobre lo que me ocurre, incluso sobre cosas pequeñas, y busco siempre un sentido más profundo a las experiencias?».

2. Sobreestimulación

Por ese procesamiento profundo, las PAS se saturan con más facilidad que otras personas, sobre todo en ambientes muy ruidosos o con muchas exigencias.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Me siento fácilmente abrumada/o en ambientes con mucho ruido, muchas personas o muchas tareas simultáneas?».

3. Reactividad emocional y empatía

Las PAS tienen emocionalidad intensa y una empatía muy desarrollada. Se conectan con los demás a niveles muy profundos y pueden sentirse fácilmente impactadas por el sufrimiento o la alegría de otros.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Siento las emociones de los demás como si fueran mías y me emociono con facilidad ante cosas bellas o conmovedoras?».

4. Sensibilidad a las sutilezas

Notan detalles que casi nadie siente: tonos de voz, gestos, olores, luces, cambios en el entorno o en el estado de ánimo de los demás. Esta percepción sutil es una de sus grandes fortalezas.

o   Pregunta para descubrir si eres PAS: «¿Me doy cuenta de detalles que la mayoría no percibe, como cambios sutiles en el tono de voz, la energía de un lugar o el cambio sutil del clima?».

COMO AFECTA A TU VIDA EL PAS

Ser PAS es tanto una bendición como un desafío, siendo necesaria la comprensión e integración del rasgo para vivir en equilibrio y con mayor bienestar.

De forma natural y antes de reconocer si lo eres, puedes sentir agotamiento emocional constante, que el mundo te abruma, demasiada intensidad al vivir las emociones o dificultad para relajar la mente o dejar de pensar.

Pero no todo es negativo o difícil; ser altamente sensible también te lleva a experimentar la vida con mayor intensidad emocional, a sentir profundamente la belleza del mundo en cada detalle y a ser creador y creativo en cualquiera de sus versiones, con una amplitud de colores, detalles y sensaciones que solo la profundidad de la mirada PAS puede percibir.

Es sin duda un regalo, una fortaleza, para ti y para la humanidad: el don de la sensibilidad. Sí, recuerda: tu sensibilidad es un regalo para este mundo.

SEIS CLAVES PARA VIVIR BIEN SIENDO PAS

1.      Respira, conócete de verdad y acepta con amor todo lo que hay en ti. No hay otro camino para vivir en equilibrio contigo que no sea la aceptación y el autoamor.

2.      Respeta tus tiempos, tu espacio, tu ritmo. Espacia tus compromisos. No llenes tu agenda. Las PAS necesitan pausas para procesar, recargar y volver con suavidad a su centro.

3.      Comprenderte te ayuda a amarte (y también a no juzgarte). Compararte con otros te hace daño, porque no tienes que parecerte a nadie. Comprende qué sientes, qué necesitas, y cuida tu mundo de una forma amable y muy respetuosa.

4.      Haz de tu sensibilidad el don de tu vida. Tu empatía, intuición y profundidad son armas muy poderosas. Puedes liderar, crear y transformar desde tu manera única de sentir y de ver el mundo y a las personas.

5.      Crea entornos amables para ti. Rodéate de personas y lugares que te hagan sentir bien en todo momento. La belleza, la calma y la autenticidad son auténticos bálsamos para tu alma.

6.      Aprende a poner límites desde el autoamor. Una vez que conoces qué te hace bien y qué no, descubres que decir «no» es cuidarte. No necesitas justificar tu necesidad de descanso, silencio o espacio. Tu equilibrio es prioridad, porque sin ti no hay nada.

Día Internacional del Síndrome de Asperger: seis recomendaciones para acompañar y brindar apoyo

INECO *    |      infobae.com     |      18/02/2026

*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.

En exclusiva para Infobae, Ineco destacó la importancia de adaptar el entorno, promover la comunicación explícita y comprender las necesidades sensoriales y cognitivas de quienes se encuentran dentro del espectro autista.

Cada 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger, una fecha que invita a reflexionar sobre un perfil particular dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Si bien el término “Asperger” ya no se utiliza como diagnóstico formal en las clasificaciones actuales, continúa siendo una referencia frecuente para describir a personas con lenguaje formal conservado, inteligencia promedio o superior y diferencias específicas en la comunicación social y la flexibilidad cognitiva.

Desde la actualización de los manuales diagnósticos internacionales, estas características se integran dentro del espectro autista.

El cambio no implica que el perfil haya desaparecido, sino que se entiende como parte de una misma condición neurobiológica con distintos niveles de apoyo.

Un modo particular de procesar la información

Las personas con perfil Asperger suelen presentar un pensamiento lógico, detallado y profundo, con intereses específicos e intensos. Sin embargo, pueden tener dificultades para interpretar normas sociales implícitas, ironías o cambios inesperados en la rutina.

No se trata de falta de empatía, sino de una forma distinta de procesar la información social. Muchas veces la comprensión emocional está presente, pero no es automática ni intuitiva: requiere un procesamiento más consciente”, explica la doctora Paloma Bamondez, miembro del Departamento de Psiquiatría de INECO.

El desafío no está en la capacidad afectiva, sino en la lectura rápida de claves sociales no explícitas.

Cuando el reconocimiento llega tarde

En la infancia, este perfil puede pasar inadvertido, sobre todo cuando el rendimiento académico es bueno y no hay retraso en el lenguaje. El diagnóstico suele llegar en la adolescencia o la adultez, cuando aumentan las demandas sociales, laborales y emocionales.

En ese contexto, es frecuente que aparezcan ansiedad, agotamiento o sensación de desajuste, especialmente en personas que han sostenido durante años un fuerte camuflaje social: observar, imitar y ensayar conductas para encajar.

“Muchas personas consultan por ansiedad, agotamiento o dificultades vinculares, y recién en ese proceso se comprende que su trayectoria responde a un perfil del espectro. El diagnóstico suele traer alivio porque organiza la historia personal”, señala la doctora Mariana Kes, miembro también del Departamento de Psiquiatría de INECO.

Otro rasgo característico es la sensibilidad sensorial. Ruidos intensos, luces fuertes o entornos sociales muy estimulantes pueden resultar abrumadores. No es una cuestión de tolerancia emocional, sino de umbrales neurobiológicos distintos.

A esto se suma una menor flexibilidad cognitiva: los cambios imprevistos o la ambigüedad pueden generar alto malestar. “Cuando el entorno es previsible y claro, la persona funciona mucho mejor. Muchas dificultades no desaparecen, pero disminuyen notablemente si el contexto se ajusta al modo en que ese cerebro procesa la información”, agrega la doctora Mariana Kes.

El diagnóstico como herramienta de comprensión

Recibir un diagnóstico no implica encasillarse, sino comprender la propia trayectoria. Permite ajustar expectativas, identificar fortalezas y diseñar estrategias más acordes al funcionamiento individual.

La evidencia muestra que el mayor impacto positivo no proviene de intentar “corregir” a la persona, sino de adaptar el entorno: mayor previsibilidad, comunicación explícita, reducción de sobrecarga sensorial y respeto por los tiempos individuales.

Recomendaciones para acompañar este perfil dentro del espectro

1.      Comunicación clara y directa. Evitar ambigüedades reduce ansiedad y malentendidos.

2.      Avisar con tiempo modificaciones en rutinas o tareas favorece la regulación emocional.

3.      Respetar intereses específicos. Suelen ser una fuente de motivación y desarrollo de habilidades.

4.      Reducir la sobreexigencia social. No forzar contacto visual constante ni participación permanente protege la energía mental.

5.      Validar el cansancio social. Necesitar tiempo a solas no es desinterés sino una estrategia de autoregulación.

6.      Consultar a profesionales especializados.

Ante la sospecha, una evaluación clínica integral es fundamental para orientar apoyos adecuados.

Comprender para incluir

Hablar de esta fecha no implica reinstalar una categoría diagnóstica ya superada, sino comprender mejor un perfil específico dentro del espectro autista.

En el marco del 18 de febrero, la invitación es a avanzar hacia una mirada más actualizada y respetuosa: entender que el autismo no es uniforme, que existen múltiples trayectorias y que la inclusión comienza cuando el entorno deja de exigir homogeneidad y empieza a reconocer la diversidad neurobiológica. 

viernes, 13 de febrero de 2026

Cómo evitar que el exceso de empatía robe tu identidad

 AMINIE FILIPPI     |     telva.com      |      19/01/2026

 

¿La empatía es una cualidad positiva e intentas trabajar en ella todos los días? Eso está muy bien, pero, cuidado con exagerar, porque podría perjudicarte más de lo que piensas. Aprende a gestionar la hiperempatía para obtener todos los beneficios que conlleva ponerse en la piel de los demás.

Cuando hablamos de habilidades sociales, la empatía se lleva la palma. Se la valora con matrícula de honor en todos los ámbitos de nuestra vida. Permite que tengamos mejores relaciones socialeslaborales, familiares y de pareja. Nos permite entender y comunicarnos mejor con los demás y conocer, bajo una mirada más amplia, el mundo en que vivimos. Sin duda, una virtud. No obstante, como todo en la vida, cuando somos empáticas en exceso, dejar de beneficiarnos, sino que todo lo contrario. Nos permite entender y comunicarnos mejor con los demás y conocer, bajo una mirada más amplia, el mundo en que vivimos. Sin duda, una virtud. No obstante, como todo en la vida, cuando somos empáticas en exceso, deja de beneficiarnos, sino que todo lo contrario.

EL VALOR DE LA EMPATÍA

La empatía es "la capacidad natural que tenemos los seres humanos de entender cómo se siente la otra persona; cómo, qué está haciendo y cómo está viviendo las cosas y, de esta manera, poder conectar y entender al otro y, desde ahí, tener un acercamiento a su mundo emocional". Así la define el psicólogo Buenaventura del Charco Olea, quien añade que, al entender mejor cómo se siente el otro y ponernos en su piel, actuamos de manera más acorde a esa vivencia y no solamente desde la nuestra. "Si vemos que alguien está triste, por ejemplo, tendremos la capacidad de ponernos casi tan tristes como esa persona y entender mejor esa emoción, porque esa emoción nos resuena", dice.

Cuando somos empáticas, nos mostramos más sensibles, nuestras relaciones interpersonales funcionan bien y hay más y mejor conexión con los demás. Además, supone una gran capacidad para detectar cambios emocionales en los otros, aun cuando estos sean sutiles, lo que nos aporta una especial habilidad para ayudar mejor a quien lo necesita y a la resolución de conflictos. Por eso, es normal que la veamos como una cualidad extremadamente positiva.

HIPEREMPATÍA: TODO, EN EXCESO, HACE DAÑO

Pero cuando nuestra empatía es demasiado elevada, cruza esa delgada línea, y pasa de ser beneficiosa a ser perjudicial. A este exceso se lo conoce informalmente como hiperempatía, aunque el término realmente no existe como proceso en psicología. El experto prefiere llamarlo simpatía. "La empatía implica ponerte en los zapatos del otro para luego volver a ti, es decir, no quedarte en la postura del otro. La simpatía, en cambio, es lo que ocurre cuando te metes tanto en la postura del otro que eres incapaz de volver a tu propia postura, te quedas enganchado en esa vivencia ajena". Y eso hace daño, por lo que, quien sea hiperempático o simpático, no lo pasa nada bien.

Algunos estudios señalan que esta sobrecapacidad tiene una base biológica, lo que ha sembrado un gran debate entre los profesionales: algunos creen que se trata de una característica 100% innata y de la personalidad, es decir, se nace con ella, mientras que otros, como Del Charco, opinan que, si bien puede haber un componente genético, tiene más peso todo lo aprendido, o sea, el componente adquirido.

LOS EFECTOS DE SER DEMASIADO EMPÁTICA

En general, las personas con un nivel exagerado de empatía, suelen tener dificultades para distinguir entre sus emociones y las de los demás, y las viven como propias. Esto puede hacer que se involucren demasiado en los problemas ajenos, absorbiendo las emociones negativas, que en realidad no son las propias, hasta el punto de afectarse personalmente y hasta perder la propia identidad.

Esta hiperempatía conlleva además un gran desgaste de energía, que, a su vez, puede desembocar en estrés crónico, ansiedad o fatiga emocional, porque, al no poder disgregarse del otro, confunden las emociones ajenas con las propias, se siente impotente al no poder solucionar todos los problemas que percibe, y sufren el dolor del otro con gran intensidad. Esta constante preocupación puede acabar afectando la capacidad de disfrutar del momento presente y provocar agotamiento mental.

Por último, cuando estamos demasiado centrados en los problemas ajenos, es posible que descuidemos nuestro propio autocuidado y hábitos saludables, lo que se manifiesta tanto emocional como físicamente.

POR QUÉ HAY PERSONAS MÁS EMPÁTICAS QUE OTRAS

En este escenario, pueden converger muchas causas y combinaciones que conducen a que haya personas mucho más empáticas que otras:

  • Los más susceptibles. "Personas a las que el entorno haya impuesto muchas responsabilidades desde pequeñas; vivido en un ambiente social más cooperativo, caritativo o más compasivo, o que, simplemente, se les haya recompensado esa actitud en la infancia, son más susceptibles de desarrollar exceso de empatía", sostiene el psicólogo.
  • Falta de límites. La hiperempatía también puede originarse en personas que no gestionan bien el conflicto, que no quieren contradecir a otros, que tienen baja autoestima y poca seguridad en sí mismas, ya que les resulta más difícil decir que no o exponer su propia opinión, en determinado momento, que adoptar la del otro. "Anteponemos lo que necesitan los demás, y pensamos y hablamos en términos de cómo lo viven los otros, antes de priorizar nuestros propios requerimientos", afirma el experto.
  • Responsabilidad por los demás. Sentir que debemos ayudar a quienes nos rodean, está muy bien, pero no cuando sacrifica nuestro bienestar, nuestros tiempos y ritmos. Esto es muy común en los cuidadores, que suelen presentar una gran sobrecarga empática, o "síndrome del cuidador" o burnout, cuando alguien se entrega por completo a ayudar a otros, olvidándose de sí mismo, con el riesgo de desarrollar depresión, ansiedad o problemas de salud física como insomnio y fatiga crónica, además de aislamiento, porque descuida sus propias relaciones. En estos casos, conviene recordar una red flag, ya que, si bien es de suma importancia cuidar a los demás, nunca debe ser a costa de nuestra propia salud mental.
  • Fatiga emocional. Quienes experimentan una empatía excesiva suelen sentirse abrumados, agotados y sin energía. Es frecuente que sientan una necesidad constante de solucionar los problemas ajenos, pero se olvidan de que están gastando tanta energía vital que ya no quedará para ellos mismos. Por otro lado, genera un desequilibrio en las relaciones, ya que la persona empática siempre da, pero nunca recibe el apoyo que también necesita.
  • Ojo con la excusa de la hiperempatía… Hay personas que dicen que son muy buenas y superempáticas, pero "realmente están utilizando el concepto para manejar otro tipo de problemas y sentirse mejor consigo mismas, manipular o manejar a los demás", acota el experto.
  • Miedo. Algunas personas también pueden escudarse bajo el alero de un exceso de empatía para ocultar su miedo al rechazo, al abandono, al aburrimiento, e incluso por no querer posicionarse ni profundizar en ciertas reflexiones. Es más cómodo ponerse en el lugar del otro y opinar desde ahí. "Lo que hay que entender no es si somos o no hiperempáticos, sino por qué y para qué hemos aprendido a serlo", afirma Del Charco.
  • Sentirse mejor. "Hay gente que construye su identidad narcisista en torno a la idea de ser buenísima persona e hiperempática, y lo utiliza para sentirse mejor o superior a los demás en términos morales o éticos, o de sensibilidad. Llaman hiperempatía a lo que, en el fondo, es un déficit de asertividad", añade el psicólogo. 
CÓMO GESTIONAR EL EXCESO DE EMPATÍA Y LLEGAR A UN EQUILIBRIO

El psicólogo clínico Rodrigo Martínez de Ubago sostiene que lo primero es ser consciente del problema y entender que en los casos de ser demasiado empáticas, estamos sintiendo emociones que no nos pertenecen. A partir de ahí, trabajar el paso de una empatía emocional a una cognitiva, por ejemplo, integrando pensamientos tales como "puedo entender cómo te sientes, pero yo no me sentiría igual si me pasara lo mismo que a ti".

Si lo anterior nos cuesta, podemos empezar a hacernos las preguntas adecuadas: ¿qué quiero?, ¿qué pienso?, ¿qué siento? A veces, no lo sabemos, no nos hemos sentado nunca a pensarlo, pero es buena idea encontrarnos en ese sentido. Además, grabarse a fuego frases como "lo que te ocurre me conmueve, pero no puedo hacer tanto o lo que necesito yo es otra cosa". Hablarnos con este lenguaje no significa que seamos egoístas ni egocéntricos. Solo queremos conseguir el equilibrio.

El experto, también profesor colaborador de la UOC, afirma que es necesario entrenar un distanciamiento emocional. Cada vez que la persona detecte que está sintiendo hiperempatía, debe hacerse consciente de que las emociones del otro son un problema del otro, y evitar sentirlo como propio. "A veces el distanciamiento debe ser físico y real, ya que no pueden estar con personas emocionalmente muy cargadas negativamente. Es necesario buscar a otras", recomienda el experto.

Estas recomendaciones forman parte de varias estrategias que podrían valer para regular la hiperempatía y evitar que afecta nuestra salud mental. Entre ellas está la terapia cognitivo-conductual (TCC), con técnicas para distinguir las emociones propias de las ajenas; el mindfulness y la regulación emocional, con métodos efectivos para observar desde fuera las emociones, sin hacerlas nuestras. Al mismo tiempo, es fundamental aprender a establecer límites emocionales y aplicar técnicas de desapego, es decir, ayudar a los demás sin absorber su sufrimiento.