lunes, 29 de junio de 2026

Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del cerebro en acción”: un estudio relaciona hacer reír a los niños con una reducción del estrés

HELENA ORTEGA     |     lavanguardia.com     |     27/05/2026     

La investigadora Jacqueline Harding, especialista de la Universidad de Middlesex, sostiene que hacer reír a los niños puede ayudar a calmar su sistema nervioso y fortalecer los vínculos emocionales

Jugar, bromear y reír en familia no solo mejora el ambiente en casa. La ciencia empieza a demostrar que esos entrañables momentos van más allá: pueden influir directamente en el desarrollo emocional, el aprendizaje y la capacidad de los niños para afrontar situaciones difíciles.

El cerebro necesita reír

La risa infantil suele verse como algo espontáneo o incluso anecdótico, pero cada vez más investigaciones apuntan a que tiene un papel mucho más profundo. Según recoge Europa Press, la investigadora Jacqueline Harding, directora de Tomorrow’s Child y especialista de la Universidad de Middlesex (Reino Unido), sostiene que hacer reír a los niños puede ayudar a calmar su sistema nervioso, fortalecer los vínculos emocionales y mejorar su resiliencia frente al estrés.

En su libro El cerebro que ama reír: Una guía visual del humor y la conexión humana en la primera infancia, Harding explica que la risa activa distintas regiones cerebrales relacionadas con las emociones, el movimiento y el pensamiento. Además, disminuye hormonas vinculadas al estrés, como el cortisol y la adrenalina, y favorece la liberación de sustancias relacionadas con el bienestar, entre ellas la dopamina, la serotonina y las endorfinas.

La autora insiste en que el humor no es algo superficial. Al contrario: considera que la risa forma parte de un mecanismo biológico complejo que ayuda al cerebro infantil a aprender, conectar y desarrollarse. “Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del cerebro en acción”, señala. Asimismo, el estudio destaca que el humor obliga al cerebro a resolver tensiones y contradicciones, algo que estimula la creatividad, la memoria y la neuroplasticidad. En otras palabras, reír no solo relaja: también entrena la mente.

Reír juntos fortalece el vínculo

Harding explica que compartir momentos de juego y humor entre padres e hijos puede aumentar los niveles de oxitocina, conocida como la hormona del apego, y mejorar la sincronización emocional entre ambos. Ese vínculo no solo beneficia a los menores: también ayuda a reducir el agotamiento y el estrés de los propios adultos.

La investigadora aclara que no se trata de estar contando chistes constantemente, sino de fomentar espacios de juego espontáneo, contacto visual y atención compartida. Según su análisis, esas experiencias quedan grabadas en el cerebro infantil y ayudan a construir herramientas emocionales para el futuro.

Además, el estrés prolongado durante la infancia puede afectar al aprendizaje, al sistema inmunitario y a la salud mental a largo plazo. Por eso, introducir dinámicas positivas y momentos de conexión emocional podría actuar como una especie de “amortiguador” frente a la tensión cotidiana.

La idea de utilizar la risa como herramienta para reducir el estrés también es compartida por otros expertos. En una entrevista con La Vanguardia, el coach y escritor Pancho Campo defendía que reír es una de las formas más eficaces de liberar endorfinas y mejorar el bienestar emocional.

Campo, autor del método SMILE, sostiene que el humor puede convertirse en una herramienta útil para combatir la ansiedad y gestionar mejor la presión del día a día. Según explica, el estrés crónico provoca una liberación sostenida de cortisol que acaba afectando tanto a la salud mental como física. Frente a ello, la risa actuaría como un mecanismo natural de regulación emocional.

El experto también subraya que muchas veces vivimos demasiado pendientes del futuro, algo que alimenta la ansiedad y el miedo. En ese contexto, actividades sencillas como compartir momentos agradables, jugar o simplemente reír pueden ayudar a reconectar con el presente y reducir la sobrecarga mental.

Más humor también en las aulas

Harding va un paso más allá y plantea que el humor debería tener más espacio dentro de la educación infantil. La experta considera que un entorno alegre y emocionalmente seguro favorece el aprendizaje y mejora la retención de conocimientos. Aunque la risa no elimina todos los problemas, sí puede convertirse en una herramienta poderosa para afrontarlos de una manera más saludable.

Aroa Granados, psicóloga: “El error es pensar que existe una única solución para la ansiedad”

 MARTA SIERRA      |     infobae.com     |      05/05/2026

La experta señala que debe desconfiarse de los discursos que prometen “curar” la ansiedad con una técnica estándar

La ansiedad se ha convertido en una realidad para mucha gente. Cada vez más personas reconocen convivir con ella, ya sea de forma puntual o persistente, en un contexto donde el ritmo de vida, la incertidumbre y la sobreexposición parecen intensificarla.

En paralelo, han proliferado discursos que prometen soluciones rápidas: métodos infalibles, rutinas milagrosas o técnicas capaces de “eliminar” la ansiedad en pocos pasos. Estas propuestas, ampliamente difundidas, suelen simplificar un proceso complejo y generan expectativas difíciles de cumplir.

Sin embargo, la experiencia clínica y la evidencia psicológica apuntan en otra dirección: la ansiedad no funciona como un interruptor que pueda apagarse. Desconfiar de las soluciones que se presentan como definitivas no es un acto de pesimismo, sino de realismo.

En este contexto, la psicóloga Aroa Granados (@aroagranadospsicologia en TikTok) plantea una reflexión que cuestiona directamente esa búsqueda constante de respuestas inmediatas. Así, responde a una pregunta que le hacen en uno de sus vídeos: “¿Y cuál es la solución a la ansiedad? Antes de darte la solución, te voy a decir el error que estás cometiendo por el cual no estás viendo la solución. El error es pensar que existe una solución única para la ansiedad, la fórmula mágica que va a hacer que desaparezca”.

El miedo y la ansiedad

Su planteamiento de Granados rompe con la expectativa habitual: no hay una receta universal válida para todos. “La solución que quieres es que la ansiedad desaparezca, pero la ansiedad es una emoción secundaria que deriva del miedo”. Así, no se trata de erradicarla, sino de comprender su origen.

Granados insiste en el papel funcional del miedo como base de este proceso emocional. “El miedo es una emoción biológica que, si no estuviera, estaríamos todos muertos. Por lo que, aunque te parezca mentira, tu ansiedad es necesaria”. La ansiedad no es únicamente un problema, también cumple una función adaptativa.

Lejos de proponer la resignación, la experta plantea un enfoque activo. “Pero entonces, ¿no puedo hacer nada? Pues claro que lo puedes hacer”. A partir de ahí, sugiere un ejercicio práctico que invita a la introspección. “Vas a agarrar un cuaderno y un boli y cada vez que tengas ansiedad, te vas a preguntar qué miedo hay debajo, porque, si se ha activado la ansiedad, es porque algo te da miedo”.

El objetivo no es quedarse en la identificación superficial, sino profundizar en el origen de ese malestar. “Cuando ya sepas qué es todo lo que te da miedo, vas a empezar a pensar qué necesitas trabajar en ti, ya sean herramientas o capacidades, para que esos miedos no den tanto miedo y deje de condicionar tu vida”. El foco, por tanto, se desplaza desde la eliminación del síntoma hacia el desarrollo personal.

En este sentido, la psicóloga lanza una advertencia clara contra la estandarización de las soluciones. “Por favor, deja de buscar la solución única estándar, porque eso solo te está despistando de buscar donde tienes que buscar”. Así, “cada persona tiene sus propios miedos y tiene sus propias carencias”, de ahí que los enfoques generalistas tengan un alcance limitado.

“Por eso desconfía de que te digan que te vas a curar con una solución estándar que vale a todo el mundo, ya que la solución estándar, como las herramientas o la medicación, te van a ayudar a bajar revoluciones temporalmente, pero no te van a sanar desde la raíz”.

lunes, 22 de junio de 2026

Nueva herramienta para predecir el riesgo de trastorno bipolar en adolescentes hospitalizados

AITANA PALOMAR-Barcelona- Periodismo Blanquerna  | lavanguardia.com | 14/04/2026

Un modelo predictivo basado en datos clínicos podría ayudar a anticipar la aparición de este trastorno en jóvenes con mayor riesgo

Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una herramienta capaz de calcular la probabilidad de que adolescentes con problemas de salud mental acaben desarrollando un trastorno bipolar en los años posteriores a su hospitalización. El estudio, coliderado por Joaquim Raduà (IDIBAPS), junto con Gonzalo Salazar de Pablo (King’s College London), Daniel Guinart (Hospital del Mar) y Christoph Correll (Charité Universitätsmedizin, Berlín), plantea una nueva vía para avanzar en la detección de esta enfermedad, que a menudo tarda años en ser diagnosticada.

Profesionales del Hospital Clínic Barcelona señalan que el trastorno bipolar es una enfermedad mental grave que se caracteriza por cambios extremos en el estado de ánimo, en los que se alternan episodios depresivos y fases de hipomanía o manía. Su complejidad clínica dificulta la identificación temprana y, en consecuencia, retrasa el inicio del tratamiento.

Datos recientes

El riesgo de desarrollar trastorno bipolar aumenta progresivamente con el tiempo

Para avanzar en su detección, el equipo internacional de investigadores realizó un seguimiento de 105 adolescentes ingresados por trastornos afectivos, de ansiedad o de conducta, pero sin diagnóstico previo de bipolaridad o psicosis. Durante un periodo de hasta cinco años, el estudio analizó la evolución de estos pacientes y concluyó que el riesgo de desarrollar trastorno bipolar crece de forma progresiva: un 5% durante el primer año, un 22% durante los dos primeros años, un 29% durante los tres primeros años y un 36% durante los cuatro primeros años.

Con estos datos, los investigadores aplicaron modelos estadísticos avanzados para identificar qué variables clínicas permiten anticipar la aparición del trastorno bipolar. El resultado es una calculadora de riesgo que tiene en cuenta, sobre todo, síntomas leves de hipomanía que suelen pasar desapercibidos: autoestima inflada o grandiosidad (el predictor más potente), pensamientos acelerados, habla excesiva y aumento de energía.

Según el estudio, publicado en la revista Molecular Psychiatry, la herramienta alcanza una precisión de entre el 72% y el 86% durante los dos primeros años tras la hospitalización, el periodo más útil para orientar y adaptar el seguimiento clínico. Joaquim Raduà subraya la utilidad de este enfoque preventivo: “Nuestra herramienta permite identificar a adolescentes que, aun sin tener un trastorno bipolar, presentan un patrón clínico asociado a una mayor probabilidad de desarrollarlo. Detectar estos casos de forma anticipada puede marcar la diferencia en términos de una mejor prevención, así como de un tratamiento más precoz y, por tanto, más efectivo”.

Nueva vía

El estudio supone un avance en la psiquiatría de la precisión

La calculadora no sustituye el diagnóstico clínico, pero puede ayudar a los profesionales de la salud mental a adaptar el seguimiento y ofrecer mejores intervenciones preventivas: programas de psicoeducación, tratamientos psicológicos específicos o un control más estrecho de la evolución de los síntomas. Gonzalo Salazar de Pablo, coautor del estudio, destaca que “esta herramienta no es un diagnóstico, sino un apoyo para los clínicos. Nos permite estimar quién puede necesitar una vigilancia más estrecha y así mejorar las oportunidades de prevención e intervención temprana”.

Los autores advierten, no obstante, que el modelo debe validarse en muestras más amplias y en contextos clínicos diversos antes de consolidar su uso y confirmar su utilidad en la práctica clínica habitual. Aun así, el estudio representa un paso relevante en la psiquiatría de precisión, que busca adaptar las intervenciones a las características individuales de cada paciente y anticiparse a la aparición de trastornos graves.

María Roca, neurocientífica y psicóloga: “Tenemos que aprender a usar bien nuestro capital cerebral”

clarín     |      lavanguardia.com      |      07/05/2026

Dice que la tecnología puede ser tanto una distracción como un recurso

¿Cuántos teléfonos recuerdas? ¿Cuánto tiempo tardas en conseguir esa película que quieres ver? ¿Y en averiguar la ruta para llegar a un lugar? No hay dudas acerca de que nuestro cerebro destina hoy muchos menos recursos a esas tareas y que su capacidad de atención se ha reducido.

¿Eso implica que perdimos habilidades de las que gozábamos antes de que el móvil se convirtiera en un apéndice de nuestro cuerpo, en una especie de disco duro externo? ¿Es eso indefectiblemente negativo?.

No, tranquiliza María Roca, neurocientífica y psicóloga, investigadora del CONICET y coordinadora de actividades de divulgación comunitaria en la Fundación INECO.

“Las cosas vienen cambiando muy rápidamente, pero las habilidades del cerebro no por eso valen menos, al contrario, son cada vez más importantes”, afirma Roca. La clave, sostiene, está en “poder convertirnos en dueños de nuestro propio capital cerebral”.

¿Qué significa? “Poder ser el dueño de tu propio foco, decidir en qué gastas el tiempo, cómo lo gestionas adecuadamente para no pasar horas scrolleando una pantalla y darte cuenta que al final no hiciste lo que tenías que hacer”, ejemplifica la neurocientífica, que no tiene una visión apocalíptica de los avances tecnológicos. Desde la televisión al móvil o la inteligencia artificial, “todo puede transformarse en un recurso o una distracción”, dice.

Eso es lo que transmite junto a Facundo Manes en Descubriendo el Cerebro 2 (Editorial Planeta), un libro pensado para niños desde 10 años en adelante, que incluye actividades y experimentos que ayudan a entrenar la atención, hacer un buen uso de las nuevas tecnologías y administrar de manera más eficiente el tiempo; que además enseña a conocer las trampas del cerebro y qué podemos hacer para cambiar hábitos y conductas.

Es un libro para niños, que no es solo para niños. De hecho, dice Roca, muchas de esas cuestiones son las que también trabajan en empresas: “Nos acostumbramos a trabajar con 25 pestañas abiertas que nos distraen”. Y son las distracciones externas (pero también las internas), las que nos “roban” capital cerebral. Se estima que cada día perdemos entre 2 y 3 horas de productividad a causa de distracciones.

¿Qué es el capital cerebral?

Antes hablábamos de capital mental y decíamos que era la suma de recursos intelectuales y afectivos que tiene una persona. Tu capital mental es tu capacidad de hablar, de entender, de hacer cuentas, de darte cuenta cómo se siente el otro... tus recursos intelectuales y afectivos. Hoy se habla más de capital cerebral como toda la potencialidad que tiene tu cerebro, que es la combinación de tu salud cerebral y tus habilidades cognitivas.

La salud cerebral es qué tan bien cuidado está el cerebro, es decir, cuando no tiene patologías que van desde  enfermedades cerebrovasculares, degenerativas o inclusive alguna cuestión asociada a la salud mental; pero también qué tan ágil es: si descanso más, me acuerdo mejor; si hago ejercicio también y aprendo más, soy más productiva y manejo mejor el estrés.

Mientras que las habilidades cognitivas o cerebrales de una persona son su capacidad de tomar decisiones, su memoria, su capacidad de resolver problemas, de ser creativo. Todo eso es lo que hoy se considera el capital cerebral, que existe a nivel individual, pero existe a nivel equipos de trabajo y hasta de países.

Por eso, invertir en educación en la primera infancia fortalece no solo el capital cerebral, con más habilidades, sino la salud cerebral de las poblaciones, haciéndolo más resistente a patologías como el Alzheimer.

Lo que no se usa, se pierde

Los que nacimos antes de los móviles conocimos otras formas de relacionarnos con el mundo, de comunicarnos, de buscar información, de pasar el tiempo. Somos testigos y protagonistas del cambio. Y en esa transformación perdimos capacidad de atención, entre otras habilidades.

¿Qué pasa con el cerebro de los niños, de los nativos digitales, que nacieron con todo eso ya dado?

Las habilidades del cerebro y el cerebro se desarrollan en un interjuego de variables genéticas con lo ambiental. Entonces, aquellas cosas a las que fuiste expuesto son aquellas habilidades que vas a desarrollar. ¿Por qué nos acordamos más teléfonos de la infancia o la adolescencia que los actuales? Porque ahora no nos hace falta recordarlos. Las funciones que se desarrollan son las que se usan. El cerebro no viene dado, cerrado como un paquetito, sino que aquello que usas y que entrenas y que practicas es aquello en lo que tu cerebro se va a fortalecer. Entonces, definitivamente, el acceso a las nuevas tecnologías versus el no acceso en nuestra primera infancia hace que todo se una diferente, que las habilidades sean diferentes.

Nosotros podíamos pasar 30, 40 minutos leyendo. Estábamos entrenados en hacer una cosa a la vez por un tiempo largo. A medida que eso no es parte de la primera infancia o de la niñez, esa habilidad se ve más afectada. Pero nos pasa a nosotros también. Hace 20 años, podía concentrarme más en una sola cosa por más tiempo, porque aquello que no usas, no solo no desarrollas, sino que también lo pierdes si no lo usas.

Y no pasa solo con la atención. Hay otra cosa que tiene que ver con la inmediatez. Cuando era niña y quería ver la película del momento, tenía que ir al videoclub y esperar dos semanas. Había más tolerancia a la incertidumbre, a la espera, a lo no inmediato que teníamos muy desarrollado. Ahora todo está disponible todo el tiempo.

Entonces, el contexto siempre impacta en las funciones que se desarrollan y en las funciones que guardas y que sostienes. Las que no usas, no las sostienes y las vas a ir perdiendo poco a poco.

Suena a involución, ¿o hay algo positivo?

Es relativo: tenemos menos memoria para cosas que necesitamos menos que antes. Hoy ya no necesitamos recordar los números de teléfono porque tenemos un almacenamiento mucho más grande en el teléfono. Esto puede verse como una tragedia o como una de las mayores habilidades que tiene nuestro cerebro, que es la neuroplasticidad: si no usamos una función la vamos a perder; pero si usamos otra, la vamos a desarrollar.

Quizás ahora somos peores guardadores que el teléfono, pero somos mejores buscadores de información. Cuando empezó la pandemia, usaba un programa para conectarme online que era Skype. Hoy usamos 25 plataformas con una facilidad impresionante. Es decir, aprendemos, el cerebro se adapta, trabajábamos de una manera, ahora trabajamos de otra. Esto tiene que ver con la capacidad adaptativa que tiene nuestro cerebro.

Bienestar digital

Para la neurocientífica y psicóloga, bloquear el acceso de los niños a móviles y pantallas sería casi como intentar tapar el sol con las manos. “Ya son parte del contexto, no es algo de lo que podamos dejarlos afuera. Lo que tenemos que lograr es que puedan usarlos a su favor y saludablemente: cuándo lo uso y para qué, y cuándo lo dejo para concentrarme en una conversación familiar, en una charla con alguien que me preocupa, o en una actividad en particular”.

Uno de los ejercicios que sugieren en el libro es hacer el experimento de dejar los teléfonos de todos los integrantes de la familia en una caja y analizar cuánto conversan en comparación a los momentos en los que tienen los dispositivos a mano. “Sirve para tomar conciencia de que muchas veces el problema no es el teléfono en sí mismo, ni las nuevas tecnologías, sino su mal uso”.

“Me preocupa cuando se propone dejarlo fuera, porque nadie puede aprender a usar nada bien sin usarlo. Me parece más saludable ver cómo las nuevas tecnologías se complementan con las habilidades humanas y cómo uno es dueño de cuándo sí y cuándo no, cuándo se vuelven un distractor y cuándo potencian”, diferencia Roca.

“Que esta entrevista puede llegar a un montón de personas lo permiten las nuevas tecnologías. Eso es algo positivo. Estar conectado a las dos de la mañana y que eso impacte en mi sueño, es algo negativo. Entonces, más que tecnologías sí o tecnologías no, tenemos que aprender de bienestar digital, para que no impacten en nuestra salud cerebral, sino que más bien potencien nuestras habilidades.”

Aplica a todas las edades...

Sí. A los niños les pasa que son nativos digitales, ya nacieron con esto, entonces limitar su uso puede ser más complicado, porque tampoco conocen tanto los beneficios de una charla cara a cara, por ejemplo. Pero es un problema para todos. Los problemas de sueño son cada vez más frecuentes y se considera que se asocian a esto de estar todo el tiempo conectado.

La desconexión para el cerebro es algo importante. Lo es, incluso, para la productividad. Para un cerebro saludable el descanso es clave.

Por eso el bienestar digital tiene que ser enseñado en los colegios, una vez que ya el teléfono pasa a ser una herramienta; en las organizaciones... y también a los adultos mayores, porque hoy la tecnología les permite estar mucho más en contacto con otras generaciones, pero si no pueden cortar su uso al momento de descansar, distinguir cuando una inteligencia artificial alucina, o cómo elegir una fuente confiable de información, es un problema.

Aprender a cuidar el cerebro

Cuidar al cerebro es mucho más que evitar el deterioro cognitivo. La salud mental es parte de la salud cerebral y de la salud en general, afirma Roca.

“No puede haber salud sin salud mental”, sostiene en base a la definición de la Organización Mundial de la Salud, que entiende la salud como un estado de bienestar físico, psíquico y social: “Es decir, no alcanza con no estar deprimido y no tener un problema de salud físico, sino que además hay que tener vínculos significativos que te sostengan, sentir apoyo social”.

La pandemia, dice, funcionó como un punto de inflexión que visibilizó la importancia del cuidado de la salud mental, precisamente porque se vio afectada masivamente.

La crisis sanitaria puso también en evidencia cuáles son los factores que la ponen en riesgo. Entre ellos, Roca destaca tres que suelen aparecer juntos: la incertidumbre, la sensación de falta de control y el miedo a perder algo valioso. Cuando esas variables se combinan —como ocurrió a gran escala durante la pandemia— aumentan los niveles de ansiedad y depresión.

Del otro lado, también están los factores protectores: ejercicio físico, buena alimentación y descanso. Tres pilares básicos –entro otros- que, sin embargo, se ven fácilmente alterados en contextos de estrés o de sobreexigencia.

“Todos sabemos cómo cuidar nuestro corazón, pero no todos sabemos cómo cuidar nuestro cerebro. Vas a hacer un chequeo médico anual y ¿alguien te pregunta si te sientes solo? –cuestiona Roca- eso tiene un impacto”.

“Tenemos que hacer propia la definición de que no hay salud sin salud mental y enseñar no solo a comer saludablemente, sino a usar bien la atención, a gestionar las emociones y el uso saludable de las tecnologías”, concluyó.

viernes, 19 de junio de 2026

El valor invisible del esfuerzo: cómo la dopamina transforma los desafíos en satisfacción

 BAUTISTA SALAVERRI      |     infobae.com     |     06/05/2026

Superar obstáculos activa mecanismos cerebrales que refuerzan la motivación y el bienestar, según la ciencia. La clave está en el proceso, no solo en la recompensa final

La dopamina es un neurotransmisor esencial en el cerebro, conocido por su papel en la generación de sensaciones placenteras y en la motivación para actuar. Según la Clínica Cleveland, transmite mensajes entre neuronas, funcionando como un sistema de comunicación eléctrica y química que influye en múltiples procesos cerebrales. Su liberación está vinculada a la experiencia de placer, recompensa y motivación, lo que la convierte en un elemento central para entender por qué ciertas conductas resultan atractivas o adictivas.

La especialista Anna Lembke, doctora de la Universidad de Stanford, subraya que cuando es liberada, el cerebro interpreta que una acción o experiencia es valiosa y digna de repetirse, reforzando comportamientos que favorecen la supervivencia. No obstante, la hormona interviene en mucho más que la búsqueda de placer. Según National Geographic, también regula funciones corporales clave como la presión arterial, el sueño, la digestión y la respuesta de lucha o huida, debido a su influencia sobre la dilatación de los vasos sanguíneos, el ritmo circadiano y la motricidad gastrointestinal.

Además, la dopamina tiene un papel crítico en el aprendizaje, la memoria y el control de impulsos. Un estudio de 2025 muestra que este neurotransmisor fortalece la formación de la memoria a largo plazo y marca eventos significativos como dignos de recordar, sobre todo si son emocionalmente intensos o novedosos. Su acción se extiende también a la coordinación motora, pues regula los ganglios basales, y su deficiencia está relacionada con enfermedades como el Parkinson.

No obstante, la comprensión no se limita a su función básica como transmisora de placer y a la motivación, ya que su impacto en el comportamiento va más allá. La ciencia explica cómo las recompensas pueden modificar la intensidad y duración del efecto.

Cómo el esfuerzo favorece la generación de dopamina

Disfrutar de un alimento puede percibirse como un acto sencillo, aunque el valor de esa experiencia varía según el esfuerzo invertido para conseguirlo. Elaborar algo propio, atravesar dificultades en el intento y luego probar el resultado ofrece una satisfacción que supera el aspecto gustativo. Esta diferencia, según la doctora Anna Lembke se explica en gran parte por la forma en que la dopamina responde al esfuerzo necesario para alcanzar una meta.

No todas las fuentes de placer producen el mismo tipo de respuesta dopaminérgica. Cuando una recompensa se obtiene tras un proceso que demanda dedicación, la liberación es más intensa y la sensación de satisfacción suele ser más duradera. National Geographic destaca que las investigaciones apuntan a que, cuanto mayor es el esfuerzo invertido, mayor es el aumento de dopamina experimentado al alcanzar el objetivo. Este fenómeno explica por qué logros obtenidos con dedicación, como completar una maratón o resolver un problema complejo, se viven con mayor profundidad que gratificaciones inmediatas y fáciles.

La relación no solo se limita al plano físico. También los retos cognitivos, como resolver un rompecabezas o aprender una nueva habilidad, pueden desencadenar incrementos significativos en los niveles de este neurotransmisor. Un estudio de 2021 describe que tanto en animales como en humanos, las tareas que exigen perseverancia o superación personal tienden a ser más valoradas, en parte porque la hormona recompensa el proceso de esforzarse, no solo la obtención del premio final.

Este mecanismo tiene una función adaptativa: al asociar el esfuerzo con una mayor liberación, el cerebro fomenta conductas que requieren trabajo sostenido, lo que fue crucial para la supervivencia en contextos donde los recursos eran escasos y solo se accedía a ellos mediante la persistencia. Así, la dopamina no solo motiva a buscar placer, sino que refuerza la perseverancia y la capacidad de afrontar desafíos.

El neurotrasmisor desempeña un papel central en la motivación para afrontar retos complejos, no solo al buscar placeres inmediatos, sino también al impulsar a las personas a embarcarse en tareas que requieren dedicación y perseverancia.

Un fenómeno, denominado “la paradoja del esfuerzo” por el psicólogo Michael Inzlicht, revela cómo las actividades difíciles resultan especialmente gratificantes por el proceso que implican, no solo por el resultado final. La dopamina incrementa su liberación durante la realización de estos desafíos, reforzando la satisfacción derivada de la superación personal y la persistencia.

De acuerdo con una investigación publicada en PubMed Central, la hormona codifica principalmente el valor de la recompensa esperada, activando al organismo para iniciar y sostener acciones orientadas a metas relevantes. Incluso cuando el incentivo externo es bajo, la expectativa de lograr un objetivo complejo se convierte en fuente suficiente de motivación, haciendo que el esfuerzo mismo sea percibido como valioso y satisfactorio.

Cómo estimular la dopamina de forma natural

La posibilidad de potenciar la dopamina sin recurrir a estímulos artificiales o adictivos es una estrategia recomendada por especialistas para mantener un equilibrio saludable en la motivación y el bienestar diario. Según expertos, existen métodos naturales y accesibles que permiten aprovechar los beneficios de este neurotransmisor, evitando la sobresaturación que generan actividades de gratificación inmediata.

El ejercicio físico regular es una de las formas más eficaces de estimularla de manera sostenida. La actividad no solo provoca incrementos en la liberación, sino que además contribuye a elevar sus niveles basales, favoreciendo el estado de ánimo y la motivación a largo plazo. Además, tanto la alimentación como la fijación de metas pequeñas y realistas pueden favorecer la producción. Los alimentos ricos en tirosina, como frutos secos, semillas, lácteos, carne, plátanos y aguacates, aportan los componentes básicos necesarios para su síntesis.

Otro mecanismo natural consiste en la gestión de objetivos diarios. Según la profesora Loretta Graziano Breuning, citada por National Geographic, establecer tareas concretas y dividir los proyectos en pasos pequeños permite obtener liberaciones regulares. El simple hecho de tachar una actividad de una lista puede generar una sensación de logro suficiente para mantener la motivación y evitar la búsqueda compulsiva de gratificaciones rápidas.

La socialización, el aprendizaje de nuevas habilidades y la práctica de pasatiempos que requieren esfuerzo también favorecen la estimulación, a la vez que son positivos para liberar neurotransmisores asociados con el bienestar, como la serotonina, la oxitocina y las endorfinas. En este sentido, actividades como aprender un instrumento, pintar, leer o compartir tiempo con amigos proporcionan una satisfacción que perdura más allá del estímulo inmediato. El equilibrio entre estas prácticas y la moderación en los hábitos digitales permite aprovechar la dopamina como fuente de vitalidad sin caer en la saturación ni en el desgaste motivacional.

Rafael, psicólogo experto en burnout: “No trates de volver de una baja al mismo ritmo que tenías antes”

DANIEL PÉREZ G.     |     as.com     |     07/05/2026

El profesional de la salud mental ha incidido en cómo actuar después de una baja por ansiedad relacionada con cuestiones laborales.

Volver al trabajo después de una baja por ansiedad laboral es un momento harto complicado. El retomar la rutina y reactivar las preocupaciones que le hicieron al empleado tocar fondo es mucho más que una prueba de fuego que, para terminar de forma satisfactoria, necesita de un buen protocolo en el que queden claros los límites y se respeten las demandas del enfermo.

El psicólogo experto en burnout, Rafael Alonso, ha compartido un vídeo donde analiza qué es exactamente lo que debería hacer una persona que se encuentra en esa situación. “Mucha gente comete el mismo error e intenta volver al 100% desde el primer día como si no hubiera pasado nada y eso es justo lo que te puede volver a romper”, anticipa.

Sus consejos para con la situación se resumen en tres puntos, siendo el primero de ellos el de no retomar el ritmo. “Tu cuerpo ya te ha dicho que no era sostenible. Si intentas retomarlo para demostrar que estás bien, lo único que haces es acelerar otra caída. Marca un ritmo más bajo, aunque te incomode”, advierte.

Alonso aconseja al trabajador “dejar sus nuevos límites claros desde el principio”. Que quede claro qué horario va a tener, a qué carga de trabajo se va a enfrentar y cuál va a ser su disponibilidad. “Si antes contestabas a todo y estabas siempre disponible, ahora no puedes hacer lo mismo. Tu entorno no ha cambiado, pero tú necesitas hacerlo diferente”.

El tercero, pero no por ello menos importante, es tener una conversación con tu responsable directo. “Va a ser incómoda, pero es bueno para dejar claro qué necesitas para sostenerte. Prioridades claras, menos carga, más organización o lo que sea. Si no lo hablas, van a asumir que estás igual que antes”, avisa. Sin dar más detalles de los deseados, es importante establecer una ruptura con la persona que eras antes y la que eres ahora. “Tienes más control de lo que parece y, si no, cuando vuelva la presión no cedas, cuando te pidan más no digas un ‘sí’ automático y cuando sientas culpa por bajar el ritmo recuerda las cosas que te nutren fuera del trabajo”, termina.