JUDIT GONZÁLEZ PERNÍAS | lavanguardia.com | 05/01/2026
Hablamos con la psicóloga para que nos
cuente cómo influye el exceso de estímulos en la concentración y la paciencia
de los niños
Pasada la llegada de Papá Noel y a nada para que lleguen los Reyes, en muchos hogares ya se acumulan los juguetes. Pero, ¿realmente cuántos son necesarios para los niños y su desarrollo? ¿Les hacen más felices o el exceso puede tener efectos inesperados?
Para
resolver estas dudas hablamos desde La Vanguardia con la psicóloga Violeta
Acedo (@violetaacedo.psicologia).
La experta nos explica cómo los regalos influyen en la paciencia, la
concentración y la relación de los niños con lo que reciben, y qué tipo de
obsequios fomentan la creatividad y las emociones positivas.
¿Cómo afecta recibir demasiados regalos a la paciencia
y la tolerancia a la frustración de los niños?
Cuando un niño recibe demasiados regalos, de manera
habitual, el cerebro se acostumbra a la gratificación inmediata. Esto dificulta
el aprendizaje de la espera, del deseo y de la tolerancia a esa frustración.
Cuando algo no es “ahora”, “ya”. Estos son habilidades emocionales clave
que un niño debe adquirir en su desarrollo evolutivo. Los padres creen que
más juguetes harán felices a los niños, pero eso puede afectar a su
concentración y paciencia.
Si todo llega rápido y en abundancia, el niño tiene
menos oportunidades de experimentar esos procesos naturales como anticipar o
gestionar el no. A largo plazo, esto puede traducirse en una menor paciencia y
mayor irritabilidad cuando las cosas no ocurren al ritmo que han aprendido, que
es inmediatamente o en un periodo muy corto de tiempo.
¿Qué impacto puede tener el exceso de juguetes en la
atención y la concentración?
En un entorno con demasiados estímulos, suele
generarse el efecto contrario al esperado. En lugar de fomentar el juego se
dificulta la concentración, porque cuando hay muchos juguetes disponibles, el
niño cambia continuamente de uno a otro sin profundizar en ninguno. Es una
estimulación constante. Desde la psicología del desarrollo, sabemos que menos
estímulos favorecen un juego más sostenido, creativo y simbólico que es lo que
necesitan los niños. El exceso puede llevar a una atención más dividida y
dispersa con ello una menor capacidad para mantener el interés en una sola
actividad.
Esto parece que no tiene mucha importancia en el
momento presente, pero a largo plazo cuando el niño se convierte en adolescente
o en adulto, genera una baja tolerancia a la frustración y necesita que todo
sea de inmediato y como él o ella quieren. Porque no han aprendido a esperar.
Esto también puede estar bajo la influencia de cuando a un niño se le dan
regalos y juegos para que no “moleste”. Creemos que si el niño está inmerso en
una pantalla, por ejemplo, y entretenido, los adultos tienen más tiempo para
hacer otras actividades, pero esto no beneficia en absoluto a esos niños.
¿Puede influir en la gratitud y la relación con los
objetos recibir muchos regalos?
Sí. Cuando los regalos son muy frecuentes y/o en
cantidad tienden a perder el valor emocional, el objeto deja de ser algo
especial y se convierte en algo esperable e incluso impuesto en muchas
ocasiones.
Esto no significa que el niño sea desagradecido, sino
que no ha tenido espacio para construir el valor del objeto, que es la gratitud
que se desarrolla cuando hay escasez, relativamente hablando, significado ante
ese objeto y un vínculo emocional con lo recibido. Lo que viene siendo la
ilusión por un regalo. Deja de tenerse cuando continuamente hay muchos regalos
o en exceso.
¿Qué efectos puede tener a largo plazo asociar
felicidad con objetos?
Si un niño aprende que la felicidad viene
principalmente de recibir cosas, es decir, de algo material y externo, puede
desarrollar una relación más superficial con el bienestar, porque busca fuera
lo que debería construir también desde dentro. Aquí ya hablamos de la propia
identidad, donde se forja la personalidad y el carácter del niño que va a tener
mucho que ver con estas primeras experiencias en su infancia.
A largo plazo, esto puede influir, como he dicho
anteriormente en la época de la adolescencia y la adultez en: mayor dificultad
para disfrutar de lo que ya se tiene, tendencia a aburrirse con facilidad,
asociar un malestar y necesidad al consumo, irritabilidad cuando no tengo lo
que…
¿Qué tipo de regalos fomentan habilidades, creatividad
o emociones positivas?
Los regalos más beneficiosos suelen ser esos que
favorecen el juego abierto (no tienen una única forma de utilizarse), estimula
la creatividad y la imaginación, se adaptan a la edad y momento evolutivo del
niño (de ahí que hagamos caso a los consejos de “EDAD PARA 5+” que viene en los
juguetes), invitan a la interacción con otros niños, es decir, juego
compartido.
Un ejemplo de todo esto puede ser libros, juegos
simbólicos, construcciones, material creativo como dibujo, arcilla, pintura,
experiencias compartidas o tiempo de calidad con los otros, simplemente jugando
en un parque.
¿Cómo se puede equilibrar la cantidad y calidad para
que los regalos sean significativos?
Un buen criterio es que como adulto nos preguntemos
“¿este regalo aporta algo al desarrollo, disfrute o vínculo del niño?”. No se
trata de prohibir regalos, sino de reducir la saturación y aumentar el
significado. Por ejemplo, pocos regalos bien elegidos y presentados con calma.
Esto suele ser mucho más valioso que muchos regalos recibidos de golpe.
¿Existen estrategias concretas para que los niños
disfruten de regalos sin excesos?
Algunas estrategias prácticas para que los niños
disfruten más y se evite la sobreestimulación incluyen entregar los regalos de
forma escalonada, en lugar de todos a la vez, guardar algunos para otros
eventos y rotar los juguetes disponibles, por ejemplo, entre amigos o primos.
También es recomendable acompañar el momento del regalo con presencia y juego
colaborativo, en lugar de entregarlo y dejar que el niño juegue únicamente de
manera independiente. Todo esto ayuda a prolongar el disfrute y a que la
experiencia sea más significativa.
¿Qué consejo práctico daría a los padres?
El consejo principal es dar ejemplo. Los niños
aprenden más de lo que ven y escuchan que de lo que se les dice a ellos
directamente. No se trata de demonizar los regalos, ni de generar culpa en las
familias, sino de acompañar a los niños desde la moderación, el ritmo y la
relevancia afectiva de lo que reciben.
Por ejemplo: poner palabras al cuidado de los objetos,
agradecer juntos lo que se recibe, evitar usar regalos como regulación
emocional constante o validar emociones sin resolverlas siempre con cosas materiales.
Porque valorar no se enseña desde la escasez rígida, sino desde el equilibrio
entre límites, presencia y conexión emocional.