lunes, 22 de junio de 2026

Nueva herramienta para predecir el riesgo de trastorno bipolar en adolescentes hospitalizados

AITANA PALOMAR-Barcelona- Periodismo Blanquerna  | lavanguardia.com | 14/04/2026

Un modelo predictivo basado en datos clínicos podría ayudar a anticipar la aparición de este trastorno en jóvenes con mayor riesgo

Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una herramienta capaz de calcular la probabilidad de que adolescentes con problemas de salud mental acaben desarrollando un trastorno bipolar en los años posteriores a su hospitalización. El estudio, coliderado por Joaquim Raduà (IDIBAPS), junto con Gonzalo Salazar de Pablo (King’s College London), Daniel Guinart (Hospital del Mar) y Christoph Correll (Charité Universitätsmedizin, Berlín), plantea una nueva vía para avanzar en la detección de esta enfermedad, que a menudo tarda años en ser diagnosticada.

Profesionales del Hospital Clínic Barcelona señalan que el trastorno bipolar es una enfermedad mental grave que se caracteriza por cambios extremos en el estado de ánimo, en los que se alternan episodios depresivos y fases de hipomanía o manía. Su complejidad clínica dificulta la identificación temprana y, en consecuencia, retrasa el inicio del tratamiento.

Datos recientes

El riesgo de desarrollar trastorno bipolar aumenta progresivamente con el tiempo

Para avanzar en su detección, el equipo internacional de investigadores realizó un seguimiento de 105 adolescentes ingresados por trastornos afectivos, de ansiedad o de conducta, pero sin diagnóstico previo de bipolaridad o psicosis. Durante un periodo de hasta cinco años, el estudio analizó la evolución de estos pacientes y concluyó que el riesgo de desarrollar trastorno bipolar crece de forma progresiva: un 5% durante el primer año, un 22% durante los dos primeros años, un 29% durante los tres primeros años y un 36% durante los cuatro primeros años.

Con estos datos, los investigadores aplicaron modelos estadísticos avanzados para identificar qué variables clínicas permiten anticipar la aparición del trastorno bipolar. El resultado es una calculadora de riesgo que tiene en cuenta, sobre todo, síntomas leves de hipomanía que suelen pasar desapercibidos: autoestima inflada o grandiosidad (el predictor más potente), pensamientos acelerados, habla excesiva y aumento de energía.

Según el estudio, publicado en la revista Molecular Psychiatry, la herramienta alcanza una precisión de entre el 72% y el 86% durante los dos primeros años tras la hospitalización, el periodo más útil para orientar y adaptar el seguimiento clínico. Joaquim Raduà subraya la utilidad de este enfoque preventivo: “Nuestra herramienta permite identificar a adolescentes que, aun sin tener un trastorno bipolar, presentan un patrón clínico asociado a una mayor probabilidad de desarrollarlo. Detectar estos casos de forma anticipada puede marcar la diferencia en términos de una mejor prevención, así como de un tratamiento más precoz y, por tanto, más efectivo”.

Nueva vía

El estudio supone un avance en la psiquiatría de la precisión

La calculadora no sustituye el diagnóstico clínico, pero puede ayudar a los profesionales de la salud mental a adaptar el seguimiento y ofrecer mejores intervenciones preventivas: programas de psicoeducación, tratamientos psicológicos específicos o un control más estrecho de la evolución de los síntomas. Gonzalo Salazar de Pablo, coautor del estudio, destaca que “esta herramienta no es un diagnóstico, sino un apoyo para los clínicos. Nos permite estimar quién puede necesitar una vigilancia más estrecha y así mejorar las oportunidades de prevención e intervención temprana”.

Los autores advierten, no obstante, que el modelo debe validarse en muestras más amplias y en contextos clínicos diversos antes de consolidar su uso y confirmar su utilidad en la práctica clínica habitual. Aun así, el estudio representa un paso relevante en la psiquiatría de precisión, que busca adaptar las intervenciones a las características individuales de cada paciente y anticiparse a la aparición de trastornos graves.

María Roca, neurocientífica y psicóloga: “Tenemos que aprender a usar bien nuestro capital cerebral”

clarín     |      lavanguardia.com      |      07/05/2026

Dice que la tecnología puede ser tanto una distracción como un recurso

¿Cuántos teléfonos recuerdas? ¿Cuánto tiempo tardas en conseguir esa película que quieres ver? ¿Y en averiguar la ruta para llegar a un lugar? No hay dudas acerca de que nuestro cerebro destina hoy muchos menos recursos a esas tareas y que su capacidad de atención se ha reducido.

¿Eso implica que perdimos habilidades de las que gozábamos antes de que el móvil se convirtiera en un apéndice de nuestro cuerpo, en una especie de disco duro externo? ¿Es eso indefectiblemente negativo?.

No, tranquiliza María Roca, neurocientífica y psicóloga, investigadora del CONICET y coordinadora de actividades de divulgación comunitaria en la Fundación INECO.

“Las cosas vienen cambiando muy rápidamente, pero las habilidades del cerebro no por eso valen menos, al contrario, son cada vez más importantes”, afirma Roca. La clave, sostiene, está en “poder convertirnos en dueños de nuestro propio capital cerebral”.

¿Qué significa? “Poder ser el dueño de tu propio foco, decidir en qué gastas el tiempo, cómo lo gestionas adecuadamente para no pasar horas scrolleando una pantalla y darte cuenta que al final no hiciste lo que tenías que hacer”, ejemplifica la neurocientífica, que no tiene una visión apocalíptica de los avances tecnológicos. Desde la televisión al móvil o la inteligencia artificial, “todo puede transformarse en un recurso o una distracción”, dice.

Eso es lo que transmite junto a Facundo Manes en Descubriendo el Cerebro 2 (Editorial Planeta), un libro pensado para niños desde 10 años en adelante, que incluye actividades y experimentos que ayudan a entrenar la atención, hacer un buen uso de las nuevas tecnologías y administrar de manera más eficiente el tiempo; que además enseña a conocer las trampas del cerebro y qué podemos hacer para cambiar hábitos y conductas.

Es un libro para niños, que no es solo para niños. De hecho, dice Roca, muchas de esas cuestiones son las que también trabajan en empresas: “Nos acostumbramos a trabajar con 25 pestañas abiertas que nos distraen”. Y son las distracciones externas (pero también las internas), las que nos “roban” capital cerebral. Se estima que cada día perdemos entre 2 y 3 horas de productividad a causa de distracciones.

¿Qué es el capital cerebral?

Antes hablábamos de capital mental y decíamos que era la suma de recursos intelectuales y afectivos que tiene una persona. Tu capital mental es tu capacidad de hablar, de entender, de hacer cuentas, de darte cuenta cómo se siente el otro... tus recursos intelectuales y afectivos. Hoy se habla más de capital cerebral como toda la potencialidad que tiene tu cerebro, que es la combinación de tu salud cerebral y tus habilidades cognitivas.

La salud cerebral es qué tan bien cuidado está el cerebro, es decir, cuando no tiene patologías que van desde  enfermedades cerebrovasculares, degenerativas o inclusive alguna cuestión asociada a la salud mental; pero también qué tan ágil es: si descanso más, me acuerdo mejor; si hago ejercicio también y aprendo más, soy más productiva y manejo mejor el estrés.

Mientras que las habilidades cognitivas o cerebrales de una persona son su capacidad de tomar decisiones, su memoria, su capacidad de resolver problemas, de ser creativo. Todo eso es lo que hoy se considera el capital cerebral, que existe a nivel individual, pero existe a nivel equipos de trabajo y hasta de países.

Por eso, invertir en educación en la primera infancia fortalece no solo el capital cerebral, con más habilidades, sino la salud cerebral de las poblaciones, haciéndolo más resistente a patologías como el Alzheimer.

Lo que no se usa, se pierde

Los que nacimos antes de los móviles conocimos otras formas de relacionarnos con el mundo, de comunicarnos, de buscar información, de pasar el tiempo. Somos testigos y protagonistas del cambio. Y en esa transformación perdimos capacidad de atención, entre otras habilidades.

¿Qué pasa con el cerebro de los niños, de los nativos digitales, que nacieron con todo eso ya dado?

Las habilidades del cerebro y el cerebro se desarrollan en un interjuego de variables genéticas con lo ambiental. Entonces, aquellas cosas a las que fuiste expuesto son aquellas habilidades que vas a desarrollar. ¿Por qué nos acordamos más teléfonos de la infancia o la adolescencia que los actuales? Porque ahora no nos hace falta recordarlos. Las funciones que se desarrollan son las que se usan. El cerebro no viene dado, cerrado como un paquetito, sino que aquello que usas y que entrenas y que practicas es aquello en lo que tu cerebro se va a fortalecer. Entonces, definitivamente, el acceso a las nuevas tecnologías versus el no acceso en nuestra primera infancia hace que todo se una diferente, que las habilidades sean diferentes.

Nosotros podíamos pasar 30, 40 minutos leyendo. Estábamos entrenados en hacer una cosa a la vez por un tiempo largo. A medida que eso no es parte de la primera infancia o de la niñez, esa habilidad se ve más afectada. Pero nos pasa a nosotros también. Hace 20 años, podía concentrarme más en una sola cosa por más tiempo, porque aquello que no usas, no solo no desarrollas, sino que también lo pierdes si no lo usas.

Y no pasa solo con la atención. Hay otra cosa que tiene que ver con la inmediatez. Cuando era niña y quería ver la película del momento, tenía que ir al videoclub y esperar dos semanas. Había más tolerancia a la incertidumbre, a la espera, a lo no inmediato que teníamos muy desarrollado. Ahora todo está disponible todo el tiempo.

Entonces, el contexto siempre impacta en las funciones que se desarrollan y en las funciones que guardas y que sostienes. Las que no usas, no las sostienes y las vas a ir perdiendo poco a poco.

Suena a involución, ¿o hay algo positivo?

Es relativo: tenemos menos memoria para cosas que necesitamos menos que antes. Hoy ya no necesitamos recordar los números de teléfono porque tenemos un almacenamiento mucho más grande en el teléfono. Esto puede verse como una tragedia o como una de las mayores habilidades que tiene nuestro cerebro, que es la neuroplasticidad: si no usamos una función la vamos a perder; pero si usamos otra, la vamos a desarrollar.

Quizás ahora somos peores guardadores que el teléfono, pero somos mejores buscadores de información. Cuando empezó la pandemia, usaba un programa para conectarme online que era Skype. Hoy usamos 25 plataformas con una facilidad impresionante. Es decir, aprendemos, el cerebro se adapta, trabajábamos de una manera, ahora trabajamos de otra. Esto tiene que ver con la capacidad adaptativa que tiene nuestro cerebro.

Bienestar digital

Para la neurocientífica y psicóloga, bloquear el acceso de los niños a móviles y pantallas sería casi como intentar tapar el sol con las manos. “Ya son parte del contexto, no es algo de lo que podamos dejarlos afuera. Lo que tenemos que lograr es que puedan usarlos a su favor y saludablemente: cuándo lo uso y para qué, y cuándo lo dejo para concentrarme en una conversación familiar, en una charla con alguien que me preocupa, o en una actividad en particular”.

Uno de los ejercicios que sugieren en el libro es hacer el experimento de dejar los teléfonos de todos los integrantes de la familia en una caja y analizar cuánto conversan en comparación a los momentos en los que tienen los dispositivos a mano. “Sirve para tomar conciencia de que muchas veces el problema no es el teléfono en sí mismo, ni las nuevas tecnologías, sino su mal uso”.

“Me preocupa cuando se propone dejarlo fuera, porque nadie puede aprender a usar nada bien sin usarlo. Me parece más saludable ver cómo las nuevas tecnologías se complementan con las habilidades humanas y cómo uno es dueño de cuándo sí y cuándo no, cuándo se vuelven un distractor y cuándo potencian”, diferencia Roca.

“Que esta entrevista puede llegar a un montón de personas lo permiten las nuevas tecnologías. Eso es algo positivo. Estar conectado a las dos de la mañana y que eso impacte en mi sueño, es algo negativo. Entonces, más que tecnologías sí o tecnologías no, tenemos que aprender de bienestar digital, para que no impacten en nuestra salud cerebral, sino que más bien potencien nuestras habilidades.”

Aplica a todas las edades...

Sí. A los niños les pasa que son nativos digitales, ya nacieron con esto, entonces limitar su uso puede ser más complicado, porque tampoco conocen tanto los beneficios de una charla cara a cara, por ejemplo. Pero es un problema para todos. Los problemas de sueño son cada vez más frecuentes y se considera que se asocian a esto de estar todo el tiempo conectado.

La desconexión para el cerebro es algo importante. Lo es, incluso, para la productividad. Para un cerebro saludable el descanso es clave.

Por eso el bienestar digital tiene que ser enseñado en los colegios, una vez que ya el teléfono pasa a ser una herramienta; en las organizaciones... y también a los adultos mayores, porque hoy la tecnología les permite estar mucho más en contacto con otras generaciones, pero si no pueden cortar su uso al momento de descansar, distinguir cuando una inteligencia artificial alucina, o cómo elegir una fuente confiable de información, es un problema.

Aprender a cuidar el cerebro

Cuidar al cerebro es mucho más que evitar el deterioro cognitivo. La salud mental es parte de la salud cerebral y de la salud en general, afirma Roca.

“No puede haber salud sin salud mental”, sostiene en base a la definición de la Organización Mundial de la Salud, que entiende la salud como un estado de bienestar físico, psíquico y social: “Es decir, no alcanza con no estar deprimido y no tener un problema de salud físico, sino que además hay que tener vínculos significativos que te sostengan, sentir apoyo social”.

La pandemia, dice, funcionó como un punto de inflexión que visibilizó la importancia del cuidado de la salud mental, precisamente porque se vio afectada masivamente.

La crisis sanitaria puso también en evidencia cuáles son los factores que la ponen en riesgo. Entre ellos, Roca destaca tres que suelen aparecer juntos: la incertidumbre, la sensación de falta de control y el miedo a perder algo valioso. Cuando esas variables se combinan —como ocurrió a gran escala durante la pandemia— aumentan los niveles de ansiedad y depresión.

Del otro lado, también están los factores protectores: ejercicio físico, buena alimentación y descanso. Tres pilares básicos –entro otros- que, sin embargo, se ven fácilmente alterados en contextos de estrés o de sobreexigencia.

“Todos sabemos cómo cuidar nuestro corazón, pero no todos sabemos cómo cuidar nuestro cerebro. Vas a hacer un chequeo médico anual y ¿alguien te pregunta si te sientes solo? –cuestiona Roca- eso tiene un impacto”.

“Tenemos que hacer propia la definición de que no hay salud sin salud mental y enseñar no solo a comer saludablemente, sino a usar bien la atención, a gestionar las emociones y el uso saludable de las tecnologías”, concluyó.

viernes, 19 de junio de 2026

El valor invisible del esfuerzo: cómo la dopamina transforma los desafíos en satisfacción

 BAUTISTA SALAVERRI      |     infobae.com     |     06/05/2026

Superar obstáculos activa mecanismos cerebrales que refuerzan la motivación y el bienestar, según la ciencia. La clave está en el proceso, no solo en la recompensa final

La dopamina es un neurotransmisor esencial en el cerebro, conocido por su papel en la generación de sensaciones placenteras y en la motivación para actuar. Según la Clínica Cleveland, transmite mensajes entre neuronas, funcionando como un sistema de comunicación eléctrica y química que influye en múltiples procesos cerebrales. Su liberación está vinculada a la experiencia de placer, recompensa y motivación, lo que la convierte en un elemento central para entender por qué ciertas conductas resultan atractivas o adictivas.

La especialista Anna Lembke, doctora de la Universidad de Stanford, subraya que cuando es liberada, el cerebro interpreta que una acción o experiencia es valiosa y digna de repetirse, reforzando comportamientos que favorecen la supervivencia. No obstante, la hormona interviene en mucho más que la búsqueda de placer. Según National Geographic, también regula funciones corporales clave como la presión arterial, el sueño, la digestión y la respuesta de lucha o huida, debido a su influencia sobre la dilatación de los vasos sanguíneos, el ritmo circadiano y la motricidad gastrointestinal.

Además, la dopamina tiene un papel crítico en el aprendizaje, la memoria y el control de impulsos. Un estudio de 2025 muestra que este neurotransmisor fortalece la formación de la memoria a largo plazo y marca eventos significativos como dignos de recordar, sobre todo si son emocionalmente intensos o novedosos. Su acción se extiende también a la coordinación motora, pues regula los ganglios basales, y su deficiencia está relacionada con enfermedades como el Parkinson.

No obstante, la comprensión no se limita a su función básica como transmisora de placer y a la motivación, ya que su impacto en el comportamiento va más allá. La ciencia explica cómo las recompensas pueden modificar la intensidad y duración del efecto.

Cómo el esfuerzo favorece la generación de dopamina

Disfrutar de un alimento puede percibirse como un acto sencillo, aunque el valor de esa experiencia varía según el esfuerzo invertido para conseguirlo. Elaborar algo propio, atravesar dificultades en el intento y luego probar el resultado ofrece una satisfacción que supera el aspecto gustativo. Esta diferencia, según la doctora Anna Lembke se explica en gran parte por la forma en que la dopamina responde al esfuerzo necesario para alcanzar una meta.

No todas las fuentes de placer producen el mismo tipo de respuesta dopaminérgica. Cuando una recompensa se obtiene tras un proceso que demanda dedicación, la liberación es más intensa y la sensación de satisfacción suele ser más duradera. National Geographic destaca que las investigaciones apuntan a que, cuanto mayor es el esfuerzo invertido, mayor es el aumento de dopamina experimentado al alcanzar el objetivo. Este fenómeno explica por qué logros obtenidos con dedicación, como completar una maratón o resolver un problema complejo, se viven con mayor profundidad que gratificaciones inmediatas y fáciles.

La relación no solo se limita al plano físico. También los retos cognitivos, como resolver un rompecabezas o aprender una nueva habilidad, pueden desencadenar incrementos significativos en los niveles de este neurotransmisor. Un estudio de 2021 describe que tanto en animales como en humanos, las tareas que exigen perseverancia o superación personal tienden a ser más valoradas, en parte porque la hormona recompensa el proceso de esforzarse, no solo la obtención del premio final.

Este mecanismo tiene una función adaptativa: al asociar el esfuerzo con una mayor liberación, el cerebro fomenta conductas que requieren trabajo sostenido, lo que fue crucial para la supervivencia en contextos donde los recursos eran escasos y solo se accedía a ellos mediante la persistencia. Así, la dopamina no solo motiva a buscar placer, sino que refuerza la perseverancia y la capacidad de afrontar desafíos.

El neurotrasmisor desempeña un papel central en la motivación para afrontar retos complejos, no solo al buscar placeres inmediatos, sino también al impulsar a las personas a embarcarse en tareas que requieren dedicación y perseverancia.

Un fenómeno, denominado “la paradoja del esfuerzo” por el psicólogo Michael Inzlicht, revela cómo las actividades difíciles resultan especialmente gratificantes por el proceso que implican, no solo por el resultado final. La dopamina incrementa su liberación durante la realización de estos desafíos, reforzando la satisfacción derivada de la superación personal y la persistencia.

De acuerdo con una investigación publicada en PubMed Central, la hormona codifica principalmente el valor de la recompensa esperada, activando al organismo para iniciar y sostener acciones orientadas a metas relevantes. Incluso cuando el incentivo externo es bajo, la expectativa de lograr un objetivo complejo se convierte en fuente suficiente de motivación, haciendo que el esfuerzo mismo sea percibido como valioso y satisfactorio.

Cómo estimular la dopamina de forma natural

La posibilidad de potenciar la dopamina sin recurrir a estímulos artificiales o adictivos es una estrategia recomendada por especialistas para mantener un equilibrio saludable en la motivación y el bienestar diario. Según expertos, existen métodos naturales y accesibles que permiten aprovechar los beneficios de este neurotransmisor, evitando la sobresaturación que generan actividades de gratificación inmediata.

El ejercicio físico regular es una de las formas más eficaces de estimularla de manera sostenida. La actividad no solo provoca incrementos en la liberación, sino que además contribuye a elevar sus niveles basales, favoreciendo el estado de ánimo y la motivación a largo plazo. Además, tanto la alimentación como la fijación de metas pequeñas y realistas pueden favorecer la producción. Los alimentos ricos en tirosina, como frutos secos, semillas, lácteos, carne, plátanos y aguacates, aportan los componentes básicos necesarios para su síntesis.

Otro mecanismo natural consiste en la gestión de objetivos diarios. Según la profesora Loretta Graziano Breuning, citada por National Geographic, establecer tareas concretas y dividir los proyectos en pasos pequeños permite obtener liberaciones regulares. El simple hecho de tachar una actividad de una lista puede generar una sensación de logro suficiente para mantener la motivación y evitar la búsqueda compulsiva de gratificaciones rápidas.

La socialización, el aprendizaje de nuevas habilidades y la práctica de pasatiempos que requieren esfuerzo también favorecen la estimulación, a la vez que son positivos para liberar neurotransmisores asociados con el bienestar, como la serotonina, la oxitocina y las endorfinas. En este sentido, actividades como aprender un instrumento, pintar, leer o compartir tiempo con amigos proporcionan una satisfacción que perdura más allá del estímulo inmediato. El equilibrio entre estas prácticas y la moderación en los hábitos digitales permite aprovechar la dopamina como fuente de vitalidad sin caer en la saturación ni en el desgaste motivacional.

Rafael, psicólogo experto en burnout: “No trates de volver de una baja al mismo ritmo que tenías antes”

DANIEL PÉREZ G.     |     as.com     |     07/05/2026

El profesional de la salud mental ha incidido en cómo actuar después de una baja por ansiedad relacionada con cuestiones laborales.

Volver al trabajo después de una baja por ansiedad laboral es un momento harto complicado. El retomar la rutina y reactivar las preocupaciones que le hicieron al empleado tocar fondo es mucho más que una prueba de fuego que, para terminar de forma satisfactoria, necesita de un buen protocolo en el que queden claros los límites y se respeten las demandas del enfermo.

El psicólogo experto en burnout, Rafael Alonso, ha compartido un vídeo donde analiza qué es exactamente lo que debería hacer una persona que se encuentra en esa situación. “Mucha gente comete el mismo error e intenta volver al 100% desde el primer día como si no hubiera pasado nada y eso es justo lo que te puede volver a romper”, anticipa.

Sus consejos para con la situación se resumen en tres puntos, siendo el primero de ellos el de no retomar el ritmo. “Tu cuerpo ya te ha dicho que no era sostenible. Si intentas retomarlo para demostrar que estás bien, lo único que haces es acelerar otra caída. Marca un ritmo más bajo, aunque te incomode”, advierte.

Alonso aconseja al trabajador “dejar sus nuevos límites claros desde el principio”. Que quede claro qué horario va a tener, a qué carga de trabajo se va a enfrentar y cuál va a ser su disponibilidad. “Si antes contestabas a todo y estabas siempre disponible, ahora no puedes hacer lo mismo. Tu entorno no ha cambiado, pero tú necesitas hacerlo diferente”.

El tercero, pero no por ello menos importante, es tener una conversación con tu responsable directo. “Va a ser incómoda, pero es bueno para dejar claro qué necesitas para sostenerte. Prioridades claras, menos carga, más organización o lo que sea. Si no lo hablas, van a asumir que estás igual que antes”, avisa. Sin dar más detalles de los deseados, es importante establecer una ruptura con la persona que eras antes y la que eres ahora. “Tienes más control de lo que parece y, si no, cuando vuelva la presión no cedas, cuando te pidan más no digas un ‘sí’ automático y cuando sientas culpa por bajar el ritmo recuerda las cosas que te nutren fuera del trabajo”, termina.

lunes, 15 de junio de 2026

Ejercicio aeróbico: el hábito que puede reducir la depresión y la ansiedad tanto como la terapia o los medicamentos

 MARTINA CORTÉS MOSCHETTI     |     infobae.com      |      09/05/2026

Un metaestudio con más de 70.000 personas reveló mejoras sostenidas en el bienestar mental gracias a actividades simples y adaptables a cualquier etapa de la vida

Un metaestudio internacional publicado en el British Journal of Sports Medicine desafía la visión tradicional de los tratamientos para la salud mental: el ejercicio físico aeróbico podría ser tan eficaz como la medicación o la psicoterapia para tratar la depresión y la ansiedad.

Este análisis, citado por entidades como la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud (OMS), incluyó datos de más de 70.000 personas de entre 10 y 90 años, convirtiéndose en una de las revisiones más amplias y rigurosas sobre el vínculo entre ejercicio y salud mental.

La investigación examinó el impacto de actividades aeróbicas como correr, nadar o bailar en la reducción de los síntomas de depresión y ansiedad, tanto en personas con diagnóstico formal como en quienes no presentan trastornos identificados.

Los resultados muestran que el ejercicio aeróbico reduce de manera significativa los síntomas en todos los grupos de edad, con una eficacia comparable a la psicoterapia o los tratamientos farmacológicos, según el British Journal of Sports Medicine y la evaluación clínica de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA). Este hallazgo plantea nuevas oportunidades para la prevención y el manejo de los trastornos mentales desde la atención primaria.

El metaestudio recopiló décadas de ensayos controlados aleatorizados publicados hasta julio de 2025. Los autores, especialistas en medicina deportiva y psiquiatría, compararon programas de ejercicio físico frente a tratamientos convencionales, placebos u otras actividades, excluyendo a quienes presentaban enfermedades crónicas físicas diferentes.

El objetivo fue determinar cómo influyen variables como la duración, la frecuencia, la intensidad, el formato (individual o grupal) y la supervisión en la evolución de los síntomas de ansiedad y depresión.

El ejercicio aeróbico, la intervención más eficaz según la evidencia médica

El ejercicio aeróbico emergió como la intervención más efectiva para mitigar los síntomas de depresión y ansiedad, superando a modalidades como el entrenamiento de resistencia, cuerpo-mente (yoga, tai chi) y los programas mixtos.

Según el British Journal of Sports Medicine y la OMS, este efecto positivo fue similar al obtenido con tratamientos farmacológicos o intervenciones psicológicas y se mantuvo estable en todos los grupos de edad y sexo. Los autores subrayaron que “el impacto comparable al de tratamientos farmacológicos o intervenciones psicológicas, apareció de forma transversal en la muestra analizada”.

El metaestudio detectó, además, mejorías especialmente notorias en adultos jóvenes y mujeres en periodo posparto, quienes mostraron una reducción superior de la ansiedad respecto a la media general. Los datos indican que los programas breves (hasta ocho semanas) y de baja intensidad fueron especialmente eficaces en estos subgrupos.

El análisis identificó que los programas supervisados o en grupo mostraron mayor efectividad para personas con depresión, lo que sugiere que el componente social puede potenciar los beneficios del ejercicio.

En el caso de la ansiedad, todos los formatos evaluados resultaron eficaces, aunque los de menor duración y baja o moderada intensidad mostraron una tendencia favorable.

Asimismo, no se hallaron diferencias relevantes en los resultados globales por edad o sexo, salvo en los subgrupos mencionados.

Una limitación relevante señalada por los autores es la ausencia de una “dosis óptima” de ejercicio, consecuencia de la variabilidad en la definición de intensidad y duración entre los estudios incluidos. Además, la evidencia es menos sólida para ciertos subgrupos, como niños pequeños y personas mayores evaluadas a largo plazo.

Principales limitaciones y recomendaciones clínicas

El equipo investigador advierte que las diferencias metodológicas entre los estudios dificultan establecer una cantidad de ejercicio válida para todos los perfiles. La evidencia sobre los beneficios también es parcial en algunos subgrupos y en periodos prolongados.

No obstante, los autores respaldados por el British Journal of Sports Medicine, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y la OMS sostienen que el ejercicio físico representa una alternativa costo-efectiva y sin efectos secundarios relevantes frente a los tratamientos convencionales, con beneficios adicionales para la salud física y el bienestar general del paciente.

El estudio sostiene el rol del ejercicio como una opción accesible, práctica y segura para abordar la depresión y la ansiedad, especialmente en contextos donde los tratamientos tradicionales presentan barreras de acceso o aceptación social.

El trabajo, avalado por fuentes médicas y de psicología internacionalmente reconocidas, redefine el lugar del ejercicio físico en la estrategia terapéutica para la salud mental, abriendo nuevas líneas de intervención multidisciplinaria.

José Luis Marín, psiquiatra: “La depresión no está en tu cerebro, la depresión está en tu vida”

 CHRISTIAN JIMÉNEZ     |     lavanguardia.com     |     05/05/2026

El experto defiende una mirada menos centrada en la etiqueta diagnóstica y más atenta a la biografía, los vínculos y el origen del sufrimiento

El malestar contemporáneo se ha convertido en diagnóstico casi automático, hasta el punto de que cabe preguntarse si realmente se está nombrando el sufrimiento o reduciéndolo. Con frecuencia, lo que antes se entendía como dolor vital, pérdida o desajuste con la propia historia, se etiqueta hoy como depresión o ansiedad. Pero ¿y si parte del problema no estuviera en el cerebro, sino en la forma en que se interpreta la vida?

“Lo que hoy llamamos ansiedad suele empezar mucho antes de los síntomas”, señala el psiquiatra José Luis Marín, invitado en el pódcast Vidas Contadas, donde cuestiona algunas de las ideas más asentadas sobre la salud mental. Con una trayectoria de más de cuatro décadas, plantea una tesis tan provocadora como debatida: que buena parte de lo que hoy se diagnostica como depresión no reside en el cerebro, sino en la biografía de cada persona, en aquello que ha ocurrido y no siempre ha podido ser escuchado a lo largo de la vida.

A partir de su experiencia, el psiquiatra advierte del peligro de etiquetar el sufrimiento con un diagnóstico psiquiátrico: “Lo hemos estado haciendo durante los últimos años. Entender o creer que el sufrimiento humano es un problema médico, y que puede resolverse como tal, se traduce en etiquetas diagnósticas”, empieza diciendo.

En ese proceso, el malestar acaba a menudo convertido en un nombre clínico: “Tú estás sufriendo absolutamente y tenemos que encuadrarlo en algún sitio. No estoy seguro de que se tenga que hacer, pero se hace. Los diagnósticos psiquiátricos no son una manera adecuada de referirse al sufrimiento. No es bueno ni para quienes sufren ni para los profesionales”, añade.

Dentro de su consulta, Marín señala que muchas personas llegan con una comprensión clara de su propio malestar: “Si escucháramos a los pacientes, podríamos llegar a un diagnóstico y a un tratamiento. Ellos lo saben todo y te lo cuentan”, apunta. En ese sentido, el relato del paciente no es un añadido secundario, sino la clave para entender el origen y la lógica del sufrimiento que se expresa en forma de síntomas.

La vida como origen

El experto considera la psicoterapia como un fenómeno apoyado biológicamente con un mecanismo llamado neuroplasticidad: “Eso se puede hacer perfectamente y es un aprendizaje. Los psicoterapeutas básicamente facilitamos que la persona vea su historia y que la serotonina alterada no es la causa de su sufrimiento. Siempre digo que la depresión no está en tu cerebro, la depresión está en tu vida”, destaca. 

Desde esta perspectiva, primero es necesario comprender la propia biografía. Al hacerlo, la persona suele reconocer patrones que se han ido consolidando con el tiempo. Algunas reacciones, como respuestas intensas o incluso síntomas físicos, pudieron tener sentido en la infancia, pero hoy persisten como bucles automáticos que ya no resultan útiles. Solo desde esa comprensión es posible empezar a modificar respuestas automáticas y abrir la posibilidad de nuevas formas de reaccionar menos marcadas por la desconfianza o la alerta permanente.

Patrones que persisten

Una de las preocupaciones que atraviesan muchos padres es la idea de satisfacer por completo las necesidades de los hijos. Marín recuerda que se trata de una tarea imposible: “Los padres van a decepcionar, no hay manera de llenar el depósito al cien por cien”, señala.

También cuestiona la tendencia a querer ocupar el lugar de los amigos en la crianza: “Los padres no tienen que ser amigos de sus hijos. Ser amigo de un hijo supone una pérdida de rol. Lo que necesita es un padre, una figura sólida y estable. Y eso implica asumir una responsabilidad que a veces es dolorosa: saber decir que no”, explica. En su opinión, la claridad del rol paterno no solo ordena la relación, sino que aporta la seguridad emocional que sostiene el desarrollo de los hijos.

Poner límites, concluye, es una de las tareas fundamentales de la paternidad, junto con la capacidad de reconocer el error y sostener la propia incertidumbre: “Uno necesita seguridad para saber que se equivoca y que puede equivocarse”. En esa tensión entre la firmeza y la vulnerabilidad se construye, para Marín, no sólo el ejercicio de ser padre sino la base emocional sobre la que se organiza buena parte de la vida adulta.

domingo, 14 de junio de 2026

Soledad en tiempos de hiperconectividad: cuatro claves para abordarla y fortalecer el bienestar

Por *INECO      |      infobae.com      |      08/05/2026

En exclusiva para Infobae, especialistas de Ineco brindan claves para identificar señales de desconexión emocional y proponen recursos prácticos


En un contexto donde la tecnología nos permite estar en contacto las 24 horas del día, muchas personas refieren sentirse más solas y desconectadas que antes.

Para comenzar a entender este fenómeno es necesario distinguir entre dos términos que a menudo se confunden: soledad aislamiento social. Mientras que el aislamiento se refiere a la falta objetiva de vínculos o interacciones sociales, la soledad es una experiencia subjetiva: no se trata simplemente de estar solo, sino del malestar que aparece cuando percibimos una brecha entre las conexiones que deseamos y las que efectivamente tenemos.

La diferencia es crucial porque explica por qué individuos con muchas personas a su alrededor pueden sentirse muy solos. La respuesta emocional a la soledad es complicada y cuando persiste, puede convertirse en un ciclo vicioso y afectar gravemente la salud mental, incluyendo respuestas como ansiedad, depresión y un impacto significativo en la autoestima.

La soledad crónica, según múltiples estudios, no solo nos puede afectar desde una perspectiva emocional, sino que también puede estar relacionada a una tendencia en cascada de mala salud general.

Lo que comienza como una experiencia subjetiva puede convertirse en una combinación más amplia de enfermedades físicas y psicológicas si no se aborda a tiempo, incluyendo una mayor susceptibilidad a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e incluso deterioro cognitivo, entre otras. Por lo tanto, si se considera la soledad como un problema de salud real y relevante, reconocer que existe es un primer paso fundamental para poder intervenir.

“A pesar de esto, es importante aclarar que no toda la soledad es problemática: sentirse solo ocasionalmente es una experiencia humana compartida. El desafío surge cuando este sentimiento se manifiesta muy frecuentemente e incluso comienza a influir en cómo pensamos, sentimos o nos comunicamos con otras personas en general. En este caso, algunos patrones específicos de pensamiento y acción, como anticipar el rechazo, evitar compromisos o no estar realmente presentes para los demás, pueden perpetuar y también profundizar esta desconexión”, señala la licenciada María Consuelo Véliz (MN 78833), miembro del Departamento de Psicoterapia de INECO.

Recomendaciones para el abordaje efectivo

A continuación, la licenciada Véliz brinda algunas sugerencias:

Recomendación 1

Identificar pensamientos desadaptativos que sostienen la soledad, como “nadie me entiende”.

Muchas personas que se sienten solas presentan pensamientos automáticos como “a nadie le importo” o “voy a ser una molestia”. Aunque detectar estos pensamientos pueda ser un desafío, cumplen un rol importante en cómo nos conectamos con los demás. Identificar estos patrones de pensamientos desadaptativos y ver cómo impactan en nuestro comportamiento puede ser un buen primer paso para empezar a cambiar.

Recomendación 2

Cuestionar y reformular estos pensamientos

Por ejemplo, si aparece el pensamiento “voy a hacer el ridículo”, preguntarse qué evidencia tenemos realmente. ¿Hay formas alternativas de ver esta situación? ¿Cuál es la evidencia que tenemos de que realmente va a suceder esto? Al reemplazar esos pensamientos por pensamientos más equilibrados, nos sentimos menos ansiosos y más capaces de relacionarnos con los demás.

Recomendación 3

Activarse conductualmente, aunque no haya ganas. Por ejemplo desarrollar una actividad social.

La soledad frecuentemente resulta en evitación: no responder un mensaje, cancelar planes, no iniciar contacto. La activación conductual sugiere lo contrario, planear pequeños pasos concretos como aceptar una invitación, escribirle a alguien o involucrarse en una actividad social. La motivación rara vez se ve antes de la acción, a menudo aparece después.

Recomendación 4

Desarrollar habilidades sociales y emocionales, como conversar.

El desafío a veces no es solo lo que pensamos, sino cómo actuamos frente a los demás. Si hacemos uso de estrategias para la adquisición de nuevas habilidades sociales y su entrenamiento, como iniciar conversaciones, mantenerlas, escuchar activamente y expresar opiniones de manera asertiva, podemos empezar a sentirnos más conectados.

Si la sensación de soledad se vuelve persistente o genera malestar significativo, es importante consultar con un profesional o equipo de salud mental que pueda brindar un acompañamiento adecuado.

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*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales.  A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.