ALEXANDRA BENITO | vanitatis.elconfidencial.com | 08/04/2026
El experto reveló las
claves que tenemos dentro de nosotros mismos para gestionar la soledad.
Especialmente aquella que duele y hace daño al individuo
A pesar
de vivir en la era de la hiperconexión, los problemas
de salud mental vinculados a la soledad no paran de aumentar.
Así, según datos recogidos por 'Science Media Centre España', solo en nuestro
país, hasta un 20% de la población reconoce
sufrir soledad no deseada y casi la mitad afirma haberla
experimentado alguna vez.
Por ello, se ha convertido en un gran reto a nivel de
bienestar emocional. Una materia a la que prestar atención, al igual que ha
ocurrido con las recomendaciones de los expertos para entender a los adolescentes o
las investigaciones de la Universidad de Tokio sobre la importancia de la socialización en los mayores.
Aunque
sí debemos tener un dato clave, como destaca el psiquiatra Javier García
Campayo. El experto, a través de un artículo en su página web, pone en el foco
los dos tipos de soledad que podemos sentir: la soledad que duele y la
que cura. "La soledad es una presencia constante en la vida
humana", explica García Campayo en su blog.
"No se trata de una
anomalía, sino de una condición inherente a la existencia", añade. Sin
embargo, el matiz es clave: no es lo mismo estar solo que sentirse solo.
Por ello, explica cómo debemos distinguir entre la soledad negativa y la
positiva. La negativa o no deseada es aquella que es impuesta, asociada a
desconexión emocional. Mientras, la positiva, o elegida, es la buscada, vinculada
al descanso mental, la creatividad y el autoconocimiento.
Centrándonos en
la más dañina, aquella que duele y
está vinculada al aislamiento emocional, García Campayo destaca en su
artículo el poder de crear una "figura de apego interior". "Cómo
crear una figura de apego interior", se pregunta el psiquiatra,
introduciendo un poderoso concepto para el día a día: necesitamos
aprender a sostenernos por dentro.
La figura para luchar contra la soledad
Así, en
su reflexión profesional, plantea que, igual que los niños desarrollan vínculos
de apego con figuras externas, los adultos pueden, y deben, construir una figura interna que proporcione
seguridad, consuelo y estabilidad emocional. Se trata de tener
una figura de apego dentro de nosotros, una combinación de autocompasión,
regulación emocional y presencia consciente.
Una
ayuda para la salud mental que puede aprenderse mediante prácticas como
aprender a observar pensamientos
sin identificarse con ellos, desarrollar un diálogo interno más
amable, generar sensaciones internas de seguridad o aceptar la impermanencia de
las emociones. Es decir, ser para
uno mismo el lugar seguro que en otras ocasiones se ha buscado
fuera.
Por
ello, no se trata de eliminar la
soledad, sino de transformarla, como destaca Javier García Campayo en
su artículo. La clave, como coinciden los expertos, está en el equilibrio: ni aislamiento crónico ni hiperestimulación
social constante.