MARTINA CORTÉS MOSCHETTI | infobae.com | 09/03/2026
Especialistas en neurociencia y psicología detallan cuáles son las acciones habituales que restan energía al cerebro, al tiempo que ofrecen recomendaciones efectivas para preservar la vitalidad intelectual
Sentir agotamiento mental persistente, incluso en días sin
grandes exigencias, es una experiencia cada vez más común. Según Health, diversos hábitos cotidianos están disminuyendo la energía
mental más de lo que la mayoría sospecha, afectando el bienestar y la productividad.
Especialistas como la Dra. Sanam Hafeez, neuropsicóloga y directora de Comprehend the Mind, y la Dra. Madison White, psicóloga clínica y fundadora de MSW Psychological
Associates, advierten que comportamientos extendidos como la
multitarea, la postergación, el desorden, la rumiación mental y la sobrecarga
de decisiones contribuyen a una fatiga mental que no desaparece solo con
descanso.
Estas advertencias encuentran respaldo en
investigaciones científicas y publicaciones especializadas, como Psychology Today, donde se describen los mecanismos
cerebrales que explican el desgaste causado por la administración de múltiples
tareas y la toma constante de decisiones.
¿Por qué el cansancio mental puede persistir incluso en
jornadas tranquilas?
La Dra. Sanam Hafeez explicó a Health que la fatiga
mental asociada a los hábitos cotidianos suele prolongarse,
mientras que el estrés puntual cede tras un periodo de descanso.
La especialista advirtió que, aun en ausencia de
grandes presiones, el cansancio mental continúa si no se modifican los
comportamientos diarios. Reconocer estos patrones es, para Hafeez, el primer
paso para introducir alternativas saludables.
1.Cambiar de tarea de forma constante
Alternar
entre actividades de manera continua obliga al cerebro a realizar un esfuerzo
adicional, lo que dificulta el enfoque y aumenta la probabilidad de cometer
errores. Hafeez afirmó que la multitarea, lejos de ahorrar tiempo, fomenta
descuidos y eleva el estrés.
Como
alternativa, la experta recomendó priorizar tareas de manera secuencial y
realizar pausas periódicas. “Al
desacelerar y ser más conscientes, el estrés disminuye y la sensación de
control crece”, sostuvo la neuropsicóloga.
2. Retrasar
responsabilidades
Posponer tareas mantiene la mente en estado de alerta y
genera ansiedad, según Hafeez. “Entre
más se retrasa una tarea, mayor parece su tamaño y crecen la preocupación y la
dificultad para enfocarse en otros asuntos”, detalló la especialista.
Ensayos
clínicos citados por Psychology Today han
demostrado que la postergación incrementa la fatiga mental y dificulta la
gestión emocional. Para contrarrestarla, Hafeez recomienda dividir obligaciones
en pasos pequeños, establecer horarios fijos y utilizar recordatorios, sin
exigir resultados perfectos desde el inicio.
3.Buscar aprobación
externa
El
hábito de complacer siempre a otros puede erosionar la autoestima y generar
resentimientos, según Hafeez. Este comportamiento
termina por vincular el propio valor a la opinión ajena y posterga las necesidades
personales.
La
experta sugiere establecer límites graduales y reflexionar sobre las
motivaciones detrás de la ayuda, para asegurarse de que las acciones respondan
a un deseo genuino y no al temor al rechazo.
4. El desorden cotidiano
La Dra. Madison
White indicó que el desorden doméstico o laboral puede empezar de
forma mínima, pero tiende a acumularse hasta convertirse en una fuente
importante de ansiedad. Evitar el orden alimenta
la vergüenza y perpetúa el problema. White propone comenzar con pequeños cambios
y asociar el avance en el orden con recompensas inmediatas, como un descanso o
un episodio de una serie.
5. Pensamientos repetitivos
La
rumiación, definida como el ciclo de pensamientos
negativos repetitivos, representa un obstáculo para el bienestar. White explicó que muchas personas creen que repasar un
problema una y otra vez les permitirá resolverlo, aunque solo añade ansiedad.
Detectar
señales como repasar una situación repetidamente o imaginar el peor desenlace
permite intervenir con mayor eficacia. La psicóloga aconseja identificar estos
pensamientos o decirlos en voz alta para tomar distancia. “No se trata de impedir la rumiación, sino de distinguir entre hechos y
pensamientos”, aclaró.
6. Decidir sobre lo trivial
Elegir cuestiones cotidianas, como
la ropa o el menú, puede resultar más extenuante de lo esperado. White
explicó que dedicar mucho tiempo a resolver aspectos triviales aumenta el
cansancio y puede desencadenar indecisión o perfeccionismo.
Para reducir este desgaste, la psicóloga recomienda delegar tareas cuando sea posible y fijar
plazos breves para tomar decisiones, priorizando el avance sobre la
búsqueda de la opción ideal.
Lo que
dice la ciencia
Investigaciones recientes sobre
la “fricción neural” y el “attention residue”, desarrolladas en universidades
como Cambridge y Stanford, describen cómo el cerebro se ve afectado por el
cambio constante de contexto y el exceso de decisiones, aumentando la fatiga
cognitiva.
Publicaciones como Psychology Today y estudios publicados en Journal of Health Psychology señalan que simplificar rutinas, limitar la multitarea y reducir la cantidad de decisiones diarias contribuyen a preservar la energía mental.
La Dra. White sugiere
llevar un registro de hábitos y emociones durante varios días para identificar
qué actividades revitalizan y cuáles agotan. Para comportamientos especialmente
perjudiciales, propone suspenderlos durante dos semanas y observar los cambios,
reforzando la autoevaluación periódica. De esta manera, la observación
consciente y el ajuste de rutinas permiten notar mejoras en la energía mental
en pocos días, lo que facilita la adopción de prácticas más saludables.