S. LÓPEZ | elconfidencial.com | 15/05/2026
Bona salut mental
jueves, 2 de julio de 2026
José Luis Marín, psiquiatra: "El ruido hace mucho daño a la salud en general: el ruido ambiental y también el ruido personal que nos rodea"
El especialista recomienda dedicar entre quince y veinte minutos diarios
al silencio para reducir el ruido ambiental y personal
El ruido puede afectar de
forma directa al bienestar psicológico y a la salud en
general. Así lo advierte el psiquiatra José Luis Marín, que
recomienda dedicar cada día entre quince y veinte minutos al silencio para
reducir estímulos, escucharse y recuperar equilibrio mental.
En un contexto marcado por la sobreinformación,
las pantallas y la falta de atención, José Luis Marín defiende
la necesidad de crear un espacio diario sin exigencias externas. No plantea una
técnica compleja, sino un momento de calma, sin dispositivos ni interrupciones,
en el que la persona pueda estar a solas y observar qué piensa, qué siente y
qué necesita.
Según explica el psiquiatra, ese paréntesis
favorece el contacto con la llamada red neuronal por defecto, un
sistema cerebral que se activa cuando no estamos concentrados en tareas
externas. Esta red está relacionada con la reflexión, la memoria
autobiográfica y la construcción de la identidad, por lo
que permite ordenar la experiencia interna y darle sentido.
La clave de su planteamiento está
en la coherencia psicológica. Para Marín, el bienestar aparece
cuando se alinean tres dimensiones fundamentales: lo que una persona
necesita, lo que siente y lo que piensa. Cuando estas esferas entran en
conflicto, pueden surgir tensión interna, ansiedad o
sensación de desconexión; cuando se armonizan, aumenta la estabilidad
emocional.
Uno de los aspectos que el
especialista subraya con más fuerza es el impacto del ruido en la salud
mental. No se refiere solo al ruido ambiental, como el tráfico
o las pantallas encendidas de forma constante, sino también al ruido
personal: ese flujo de demandas, expectativas y mensajes internos sobre lo
que deberíamos hacer o cómo deberíamos comportarnos.
En esta misma línea, el médico y
divulgador Mario Alonso Puig también destaca herramientas para
reducir el ruido mental, como el ejercicio físico,
hablar con alguien de confianza, escribir las preocupaciones o practicar
estados contemplativos vinculados al mindfulness. En conjunto, la
propuesta apunta a una idea sencilla: parar unos minutos al día no es un lujo,
sino un hábito necesario para vivir con más claridad y equilibrio.
miércoles, 1 de julio de 2026
Paolo Crepet, psiquiatra: “Si se ha vuelto tan difícil decir lo que pensamos, estamos mal”
JUANJO VILLALBA | menshealth.com | 06/05/2026
El experto alerta sobre una sociedad
que pierde la capacidad crítica mientras se refugia en la comodidad digital
Hay muchas personas que sienten que cada vez cuesta más decir lo que uno
piensa. Eso preocupa bastante a Paolo Crepet, psiquiatra y
sociólogo italiano, que vuelve a poner el foco en una transformación profunda.
Su nuevo libro, ‘Il reato di pensare’ (El delito de pensar), recoge esa
inquietud. “Si se ha vuelto tan difícil decir lo que se piensa, estamos
mal”, advierte.
El problema, según Crepet, no es solo el uso de dispositivos, sino el tipo
de relación que establecemos con ellos. Las redes sociales y la
tecnología digital, explica, no solo median la comunicación, también moldean la
forma de pensar. En ese proceso, se instala una homogeneización cultural
que reduce el espacio para la duda, la discrepancia o la creatividad. “La
cuestión es si hemos tomado un camino en el que incluso nuestro cerebro puede
verse afectado”, resume.
Una generación que pierde matices
El ejemplo que propone es desconcertante. En Noruega, uno de
los países pioneros en introducir tabletas en la educación infantil, los
resultados han encendido todas las alarmas. Según Crepet, jóvenes de
entre 25 y 30 años tienen dificultades para seguir los subtítulos en una
película, lo que afecta a su comprensión de la trama. Se trata de un
síntoma de algo más profundo: una pérdida progresiva de habilidades cognitivas
básicas.
El dato provoca una pregunta. ¿Qué ocurre cuando la tecnología,
pensada para facilitar el acceso al conocimiento, termina debilitando la
capacidad de procesarlo? La respuesta no es sencilla, aunque Crepet insiste en
que el problema no se resuelve eliminando dispositivos de forma puntual.
Prohibir no basta
En el cantón suizo del Ticino, las
autoridades han decidido prohibir el uso de teléfonos móviles en las escuelas
obligatorias. La medida busca recuperar la atención en el aula y limitar
distracciones. Aun así, Crepet considera que el debate va mucho más allá. “Si quito
algo, tengo que dar otra cosa a cambio”, plantea.
El reto, en su opinión, consiste en reconstruir una idea distinta
de creatividad, de relaciones y de gestión emocional. No basta con restringir
el acceso a pantallas. Hace falta proponer experiencias que devuelvan densidad
a la vida cotidiana, que inviten a pensar, a imaginar y a vincularse con otros
de forma menos mediada.
La responsabilidad no recae solo en los jóvenes ni en las familias, también en el conjunto de la comunidad. Crepet apunta a una tendencia compartida hacia la comodidad, una especie de refugio colectivo en la “zona de confort” que limita la curiosidad y el esfuerzo. Su propuesta final es la siguiente: “Sugiero elegir una vida hecha de cosas reales”
lunes, 29 de junio de 2026
Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del cerebro en acción”: un estudio relaciona hacer reír a los niños con una reducción del estrés
HELENA ORTEGA | lavanguardia.com | 27/05/2026
La investigadora Jacqueline Harding,
especialista de la Universidad de Middlesex, sostiene que hacer reír a los
niños puede ayudar a calmar su sistema nervioso y fortalecer los vínculos
emocionales
Jugar, bromear y reír en familia no solo mejora el ambiente en casa. La ciencia empieza a demostrar que esos entrañables momentos van más allá: pueden influir directamente en el desarrollo emocional, el aprendizaje y la capacidad de los niños para afrontar situaciones difíciles.
El cerebro necesita reír
La risa infantil suele verse como algo espontáneo o incluso anecdótico, pero cada vez más investigaciones apuntan a que tiene un papel mucho más profundo. Según recoge Europa Press, la investigadora Jacqueline Harding, directora de Tomorrow’s Child y especialista de la Universidad de Middlesex (Reino Unido), sostiene que hacer reír a los niños puede ayudar a calmar su sistema nervioso, fortalecer los vínculos emocionales y mejorar su resiliencia frente al estrés.
En su libro El cerebro que ama reír: Una guía visual del humor y la conexión
humana en la primera infancia, Harding explica que la risa activa
distintas regiones cerebrales relacionadas con las emociones, el movimiento y
el pensamiento. Además, disminuye hormonas vinculadas al estrés, como el cortisol
y la adrenalina, y favorece la liberación de sustancias relacionadas con el
bienestar, entre ellas la dopamina, la serotonina y las endorfinas.
La autora insiste en que el humor no es
algo superficial. Al contrario: considera que la risa forma parte de un
mecanismo biológico complejo que ayuda al cerebro infantil a aprender, conectar
y desarrollarse. “Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del
cerebro en acción”, señala. Asimismo, el estudio destaca que el humor
obliga al cerebro a resolver tensiones y contradicciones, algo que estimula la
creatividad, la memoria y la neuroplasticidad. En otras palabras, reír no solo
relaja: también entrena la mente.
Reír juntos fortalece el vínculo
Harding explica que compartir momentos de juego y humor entre padres e hijos puede aumentar los niveles de oxitocina, conocida como la hormona del apego, y mejorar la sincronización emocional entre ambos. Ese vínculo no solo beneficia a los menores: también ayuda a reducir el agotamiento y el estrés de los propios adultos.
La investigadora aclara que no se trata de
estar contando chistes constantemente, sino de fomentar espacios de juego
espontáneo, contacto visual y atención compartida. Según su análisis, esas
experiencias quedan grabadas en el cerebro infantil y ayudan a construir
herramientas emocionales para el futuro.
Además, el
estrés prolongado durante la infancia puede afectar al aprendizaje, al sistema
inmunitario y a la salud mental a largo plazo. Por eso, introducir dinámicas
positivas y momentos de conexión emocional podría actuar como una especie de
“amortiguador” frente a la tensión cotidiana.
La idea de utilizar la risa como
herramienta para reducir el estrés también es compartida por otros expertos. En
una entrevista con La Vanguardia, el coach y escritor Pancho Campo defendía que reír es una de las formas más eficaces
de liberar endorfinas y mejorar el bienestar emocional.
Campo, autor
del método SMILE, sostiene que el humor puede convertirse en una herramienta
útil para combatir la ansiedad y gestionar mejor la presión del día a día.
Según explica, el estrés crónico provoca una liberación sostenida de cortisol
que acaba afectando tanto a la salud mental como física. Frente a ello, la risa
actuaría como un mecanismo natural de regulación emocional.
El experto también subraya que muchas veces vivimos
demasiado pendientes del futuro, algo que alimenta la ansiedad y el miedo. En
ese contexto, actividades sencillas como compartir momentos agradables, jugar o
simplemente reír pueden ayudar a reconectar con el presente y reducir la
sobrecarga mental.
Más humor también en las aulas
Harding va un paso más allá y plantea que el humor debería tener más espacio dentro de la educación infantil. La experta considera que un entorno alegre y emocionalmente seguro favorece el aprendizaje y mejora la retención de conocimientos. Aunque la risa no elimina todos los problemas, sí puede convertirse en una herramienta poderosa para afrontarlos de una manera más saludable.
Aroa Granados, psicóloga: “El error es pensar que existe una única solución para la ansiedad”
MARTA SIERRA | infobae.com | 05/05/2026
La experta señala que debe desconfiarse de los discursos que prometen “curar” la ansiedad con una técnica estándar
La ansiedad se ha convertido en una realidad para mucha gente.
Cada vez más personas reconocen convivir con ella, ya sea de forma puntual o
persistente, en un contexto donde el ritmo de vida, la incertidumbre y la sobreexposición parecen
intensificarla.
En paralelo, han proliferado discursos que prometen
soluciones rápidas: métodos infalibles, rutinas milagrosas o técnicas capaces de “eliminar” la ansiedad en pocos pasos. Estas propuestas, ampliamente difundidas,
suelen simplificar un proceso complejo y generan expectativas difíciles de
cumplir.
Sin embargo, la experiencia clínica y la evidencia
psicológica apuntan en otra dirección: la ansiedad no funciona como un interruptor que pueda
apagarse. Desconfiar de las soluciones que se presentan como definitivas no es
un acto de pesimismo, sino de realismo.
En este contexto, la psicóloga Aroa Granados (@aroagranadospsicologia en TikTok) plantea una
reflexión que cuestiona directamente esa búsqueda constante de respuestas
inmediatas. Así, responde a una pregunta que le hacen en uno de sus vídeos: “¿Y
cuál es la solución a la ansiedad? Antes de darte la solución, te voy a decir
el error que estás cometiendo por el cual no estás viendo la solución. El error
es pensar que existe una solución única para la ansiedad, la fórmula mágica que
va a hacer que desaparezca”.
El miedo y la ansiedad
Su planteamiento de Granados rompe con la expectativa
habitual: no hay una receta universal válida para todos. “La solución que
quieres es que la ansiedad desaparezca, pero la ansiedad es una emoción secundaria
que deriva del miedo”.
Así, no se trata de erradicarla, sino de comprender
su origen.
Granados
insiste en el papel funcional del miedo como base de este proceso emocional.
“El miedo es una emoción biológica que, si no estuviera, estaríamos todos
muertos. Por lo que, aunque te parezca mentira, tu ansiedad es necesaria”. La
ansiedad no es únicamente un problema, también cumple una función adaptativa.
Lejos de proponer la
resignación, la experta plantea un enfoque activo. “Pero entonces, ¿no puedo
hacer nada? Pues claro que lo puedes hacer”. A partir de ahí, sugiere un ejercicio
práctico que invita a la introspección. “Vas a agarrar un cuaderno y
un boli y cada vez que tengas ansiedad, te vas a preguntar qué miedo hay
debajo, porque, si se ha activado la ansiedad, es porque algo te da miedo”.
El objetivo no es quedarse en
la identificación superficial, sino profundizar en el origen de ese malestar.
“Cuando ya sepas qué es todo lo que te da miedo, vas a empezar a pensar qué
necesitas trabajar en ti, ya sean herramientas o capacidades, para que esos
miedos no den tanto miedo y deje de condicionar tu vida”. El foco, por tanto,
se desplaza desde la eliminación del síntoma hacia el desarrollo
personal.
En este
sentido, la psicóloga lanza una advertencia
clara contra la estandarización de las
soluciones. “Por favor, deja de buscar la solución única estándar, porque
eso solo te está despistando de buscar donde tienes que buscar”. Así, “cada
persona tiene sus propios miedos y tiene sus propias carencias”, de ahí que los
enfoques generalistas tengan un alcance limitado.
“Por eso desconfía de que te digan que te vas a curar
con una solución estándar que vale a todo el mundo, ya que la solución
estándar, como las herramientas o la medicación, te van a ayudar a bajar
revoluciones temporalmente, pero no te van a sanar desde
la raíz”.
lunes, 22 de junio de 2026
Nueva herramienta para predecir el riesgo de trastorno bipolar en adolescentes hospitalizados
AITANA PALOMAR-Barcelona- Periodismo Blanquerna | lavanguardia.com | 14/04/2026
Un modelo predictivo basado en datos clínicos
podría ayudar a anticipar la aparición de este trastorno en jóvenes con mayor
riesgo
Un
equipo internacional de investigadores ha desarrollado una herramienta capaz de calcular la probabilidad de que
adolescentes con problemas de salud mental acaben desarrollando un trastorno bipolar en los años posteriores a su hospitalización. El
estudio, coliderado por Joaquim Raduà (IDIBAPS), junto con Gonzalo Salazar de
Pablo (King’s College London), Daniel Guinart (Hospital del Mar) y Christoph
Correll (Charité Universitätsmedizin, Berlín), plantea una nueva vía para avanzar en la detección de esta
enfermedad, que a menudo tarda años en ser diagnosticada.
Profesionales
del Hospital
Clínic Barcelona señalan que el trastorno bipolar es una enfermedad mental grave que
se caracteriza por cambios extremos en el estado de ánimo,
en los que se alternan episodios depresivos y fases de hipomanía o manía. Su
complejidad clínica dificulta la identificación temprana y, en consecuencia,
retrasa el inicio del tratamiento.
Datos recientes
El riesgo de desarrollar trastorno bipolar aumenta progresivamente con el
tiempo
Para
avanzar en su detección, el equipo internacional de investigadores
realizó un seguimiento de 105 adolescentes ingresados por
trastornos afectivos, de ansiedad o de conducta, pero sin diagnóstico previo de
bipolaridad o psicosis. Durante un periodo de hasta cinco años, el estudio
analizó la evolución de estos pacientes y concluyó que el riesgo de desarrollar
trastorno bipolar crece de forma progresiva: un
5% durante el primer año, un 22% durante los dos primeros años, un 29% durante
los tres primeros años y un 36% durante los cuatro primeros años.
Con
estos datos, los investigadores aplicaron modelos estadísticos avanzados para
identificar qué variables clínicas permiten anticipar la aparición del
trastorno bipolar. El resultado es una calculadora de riesgo que
tiene en cuenta, sobre todo, síntomas leves de hipomanía que suelen pasar
desapercibidos: autoestima inflada o grandiosidad (el
predictor más potente), pensamientos acelerados, habla excesiva y aumento de
energía.
Según
el estudio, publicado en la revista Molecular Psychiatry, la herramienta
alcanza una precisión de entre el 72% y el 86% durante los
dos primeros años tras la hospitalización, el periodo más útil
para orientar y adaptar el seguimiento clínico. Joaquim Raduà subraya la
utilidad de este enfoque preventivo: “Nuestra
herramienta permite identificar a adolescentes que, aun sin tener un trastorno
bipolar, presentan un patrón clínico asociado a una mayor probabilidad de
desarrollarlo. Detectar estos casos de forma anticipada puede marcar la diferencia en términos de una mejor
prevención, así como de un tratamiento más precoz y, por tanto, más efectivo”.
Nueva vía
El estudio supone un avance en la psiquiatría de la precisión
La
calculadora no sustituye el diagnóstico clínico, pero puede ayudar a los
profesionales de la salud mental a adaptar el seguimiento y ofrecer mejores intervenciones preventivas: programas de
psicoeducación, tratamientos psicológicos específicos o un control más estrecho
de la evolución de los síntomas. Gonzalo Salazar de Pablo, coautor del estudio,
destaca que “esta herramienta no es un diagnóstico, sino un apoyo para los
clínicos. Nos permite estimar quién puede necesitar una vigilancia más estrecha
y así mejorar las oportunidades de prevención e intervención temprana”.
Los
autores advierten, no obstante, que el modelo debe validarse en muestras más
amplias y en contextos clínicos diversos antes de consolidar su uso y confirmar
su utilidad en la práctica clínica habitual. Aun así, el estudio representa un paso relevante en la psiquiatría de precisión,
que busca adaptar las intervenciones a las características individuales de cada
paciente y anticiparse a la aparición de trastornos graves.
María Roca, neurocientífica y psicóloga: “Tenemos que aprender a usar bien nuestro capital cerebral”
clarín | lavanguardia.com | 07/05/2026
Dice que la tecnología puede ser tanto una distracción como un recurso
¿Cuántos teléfonos recuerdas? ¿Cuánto tiempo tardas en conseguir esa
película que quieres ver? ¿Y en averiguar la ruta para llegar a un lugar? No
hay dudas acerca de que nuestro cerebro destina hoy muchos menos recursos a
esas tareas y que su capacidad de atención se ha reducido.
¿Eso implica que perdimos habilidades de las que gozábamos antes de que el
móvil se convirtiera en un apéndice de nuestro cuerpo, en una especie de disco
duro externo? ¿Es eso indefectiblemente negativo?.
No,
tranquiliza María Roca, neurocientífica y psicóloga, investigadora del CONICET
y coordinadora de actividades de divulgación comunitaria en la Fundación INECO.
“Las cosas vienen cambiando muy rápidamente, pero las habilidades del
cerebro no por eso valen menos, al contrario, son cada vez más importantes”,
afirma Roca. La clave, sostiene, está en “poder convertirnos en dueños de
nuestro propio capital cerebral”.
¿Qué significa? “Poder ser el dueño de tu propio foco, decidir en qué
gastas el tiempo, cómo lo gestionas adecuadamente para no pasar horas
scrolleando una pantalla y darte cuenta que al final no hiciste lo que tenías
que hacer”, ejemplifica la neurocientífica, que no tiene una visión
apocalíptica de los avances tecnológicos. Desde la televisión al móvil o la
inteligencia artificial, “todo puede transformarse en un recurso o una
distracción”, dice.
Eso es lo que transmite junto a Facundo Manes en Descubriendo el Cerebro 2 (Editorial Planeta), un
libro pensado para niños desde 10 años en adelante, que incluye actividades y
experimentos que ayudan a entrenar la atención, hacer un buen uso de las nuevas
tecnologías y administrar de manera más eficiente el tiempo; que además enseña
a conocer las trampas del cerebro y qué podemos hacer para cambiar hábitos y
conductas.
Es un libro para niños, que no es solo para niños. De hecho, dice Roca,
muchas de esas cuestiones son las que también trabajan en empresas: “Nos
acostumbramos a trabajar con 25 pestañas abiertas que nos distraen”. Y son las
distracciones externas (pero también las internas), las que nos “roban” capital
cerebral. Se estima que cada día perdemos entre 2 y 3 horas de productividad a
causa de distracciones.
¿Qué es el capital cerebral?
Antes hablábamos de capital mental y decíamos que era la suma de recursos
intelectuales y afectivos que tiene una persona. Tu capital mental es tu
capacidad de hablar, de entender, de hacer cuentas, de darte cuenta cómo se
siente el otro... tus recursos intelectuales y afectivos. Hoy se habla más
de capital cerebral como toda la potencialidad que tiene tu cerebro, que es la
combinación de tu salud cerebral y tus habilidades cognitivas.
La salud cerebral es qué tan bien cuidado está el cerebro, es decir, cuando
no tiene patologías que van desde
enfermedades cerebrovasculares, degenerativas o inclusive alguna
cuestión asociada a la salud mental; pero también qué tan ágil es: si descanso
más, me acuerdo mejor; si hago ejercicio también y aprendo más, soy más
productiva y manejo mejor el estrés.
Mientras que las habilidades cognitivas o cerebrales de una
persona son su capacidad de tomar decisiones, su memoria, su capacidad de
resolver problemas, de ser creativo. Todo eso es lo que hoy se considera el
capital cerebral, que existe a nivel individual, pero existe a nivel equipos de
trabajo y hasta de países.
Por eso, invertir en educación en la primera infancia
fortalece no solo el capital cerebral, con más habilidades, sino la salud
cerebral de las poblaciones, haciéndolo más resistente a patologías como el
Alzheimer.
Lo que no se usa, se pierde
Los que nacimos antes de los móviles conocimos otras formas
de relacionarnos con el mundo, de comunicarnos, de buscar información, de pasar
el tiempo. Somos testigos y protagonistas del cambio. Y en esa transformación
perdimos capacidad de atención, entre otras habilidades.
¿Qué pasa con el cerebro de los niños, de los nativos digitales,
que nacieron con todo eso ya dado?
Las habilidades del cerebro y el cerebro se desarrollan en
un interjuego de variables genéticas con lo ambiental. Entonces, aquellas cosas
a las que fuiste expuesto son aquellas habilidades que vas a desarrollar. ¿Por
qué nos acordamos más teléfonos de la infancia o la adolescencia que los
actuales? Porque ahora no nos hace falta recordarlos. Las funciones que se
desarrollan son las que se usan. El cerebro no viene dado, cerrado como un
paquetito, sino que aquello que usas y que entrenas y que practicas es aquello
en lo que tu cerebro se va a fortalecer. Entonces, definitivamente, el acceso a
las nuevas tecnologías versus el no acceso en nuestra primera infancia hace que
todo se una diferente, que las habilidades sean diferentes.
Nosotros podíamos pasar 30, 40 minutos leyendo. Estábamos
entrenados en hacer una cosa a la vez por un tiempo largo. A medida que eso no
es parte de la primera infancia o de la niñez, esa habilidad se ve más
afectada. Pero nos pasa a nosotros también. Hace 20 años, podía concentrarme
más en una sola cosa por más tiempo, porque aquello que no usas, no solo no
desarrollas, sino que también lo pierdes si no lo usas.
Y no pasa solo con la atención. Hay otra cosa que tiene que
ver con la inmediatez. Cuando era niña y quería ver la película del momento,
tenía que ir al videoclub y esperar dos semanas. Había más tolerancia a la
incertidumbre, a la espera, a lo no inmediato que teníamos muy desarrollado.
Ahora todo está disponible todo el tiempo.
Entonces, el contexto siempre impacta en las funciones que
se desarrollan y en las funciones que guardas y que sostienes. Las que no usas,
no las sostienes y las vas a ir perdiendo poco a poco.
Suena a involución, ¿o hay algo positivo?
Es relativo: tenemos menos memoria para cosas que
necesitamos menos que antes. Hoy ya no necesitamos recordar los números de
teléfono porque tenemos un almacenamiento mucho más grande en el teléfono. Esto
puede verse como una tragedia o como una de las mayores habilidades que tiene
nuestro cerebro, que es la neuroplasticidad: si no usamos una función la vamos
a perder; pero si usamos otra, la vamos a desarrollar.
Quizás ahora somos peores guardadores que el teléfono, pero
somos mejores buscadores de información. Cuando empezó la pandemia, usaba un
programa para conectarme online que era Skype. Hoy usamos 25 plataformas con
una facilidad impresionante. Es decir, aprendemos, el cerebro se adapta,
trabajábamos de una manera, ahora trabajamos de otra. Esto tiene que ver con la
capacidad adaptativa que tiene nuestro cerebro.
Bienestar digital
Para la neurocientífica y psicóloga, bloquear el acceso de
los niños a móviles y pantallas sería casi como intentar tapar el sol con las
manos. “Ya son parte del contexto, no es algo de lo que podamos dejarlos
afuera. Lo que tenemos que lograr es que puedan usarlos a su favor y
saludablemente: cuándo lo uso y para qué, y cuándo lo dejo para concentrarme en
una conversación familiar, en una charla con alguien que me preocupa, o en una
actividad en particular”.
Uno de los ejercicios que sugieren en el libro es hacer el
experimento de dejar los teléfonos de todos los integrantes de la familia en
una caja y analizar cuánto conversan en comparación a los momentos en los que
tienen los dispositivos a mano. “Sirve para tomar conciencia de que muchas
veces el problema no es el teléfono en sí mismo, ni las nuevas tecnologías,
sino su mal uso”.
“Me preocupa cuando se propone dejarlo fuera, porque nadie
puede aprender a usar nada bien sin usarlo. Me parece más saludable ver cómo
las nuevas tecnologías se complementan con las habilidades humanas y cómo uno
es dueño de cuándo sí y cuándo no, cuándo se vuelven un distractor y cuándo
potencian”, diferencia Roca.
“Que esta entrevista puede llegar a un montón de personas
lo permiten las nuevas tecnologías. Eso es algo positivo. Estar conectado a las
dos de la mañana y que eso impacte en mi sueño, es algo negativo. Entonces, más
que tecnologías sí o tecnologías no, tenemos que aprender de bienestar digital,
para que no impacten en nuestra salud cerebral, sino que más bien potencien
nuestras habilidades.”
Aplica a todas las edades...
Sí. A los niños les pasa que son nativos digitales, ya
nacieron con esto, entonces limitar su uso puede ser más complicado, porque
tampoco conocen tanto los beneficios de una charla cara a cara, por ejemplo.
Pero es un problema para todos. Los problemas de sueño son cada vez más
frecuentes y se considera que se asocian a esto de estar todo el tiempo
conectado.
La desconexión para el cerebro es algo importante. Lo es,
incluso, para la productividad. Para un cerebro saludable el descanso es clave.
Por eso el bienestar digital tiene que ser enseñado en los
colegios, una vez que ya el teléfono pasa a ser una herramienta; en las
organizaciones... y también a los adultos mayores, porque hoy la tecnología les
permite estar mucho más en contacto con otras generaciones, pero si no pueden
cortar su uso al momento de descansar, distinguir cuando una inteligencia
artificial alucina, o cómo elegir una fuente confiable de información, es un
problema.
Aprender a cuidar el cerebro
Cuidar al cerebro es mucho más que evitar el deterioro
cognitivo. La salud mental es parte de la salud cerebral y de la salud en
general, afirma Roca.
“No puede haber salud sin salud mental”, sostiene en base a
la definición de la Organización Mundial de la Salud, que entiende la salud
como un estado de bienestar físico, psíquico y social: “Es decir, no alcanza
con no estar deprimido y no tener un problema de salud físico, sino que además
hay que tener vínculos significativos que te sostengan, sentir apoyo social”.
La pandemia, dice, funcionó como un punto de inflexión que
visibilizó la importancia del cuidado de la salud mental, precisamente porque
se vio afectada masivamente.
La crisis sanitaria puso también en evidencia cuáles son
los factores que la ponen en riesgo. Entre ellos, Roca destaca tres que suelen
aparecer juntos: la incertidumbre, la sensación de falta de control y el miedo
a perder algo valioso. Cuando esas variables se combinan —como ocurrió a gran
escala durante la pandemia— aumentan los niveles de ansiedad y depresión.
Del otro lado, también están los factores protectores: ejercicio físico,
buena alimentación y descanso. Tres pilares básicos –entro otros- que, sin
embargo, se ven fácilmente alterados en contextos de estrés o de
sobreexigencia.
“Todos sabemos cómo cuidar nuestro corazón, pero no todos sabemos cómo
cuidar nuestro cerebro. Vas a hacer un chequeo médico anual y ¿alguien te
pregunta si te sientes solo? –cuestiona Roca- eso tiene un impacto”.
“Tenemos que hacer propia la definición de que no hay salud sin salud
mental y enseñar no solo a comer saludablemente, sino a usar bien la atención,
a gestionar las emociones y el uso saludable de las tecnologías”, concluyó.
viernes, 19 de junio de 2026
El valor invisible del esfuerzo: cómo la dopamina transforma los desafíos en satisfacción
BAUTISTA SALAVERRI | infobae.com | 06/05/2026
Superar obstáculos activa mecanismos cerebrales que
refuerzan la motivación y el bienestar, según la ciencia. La clave está en el
proceso, no solo en la recompensa final
La dopamina es un neurotransmisor esencial en el cerebro, conocido
por su papel en la generación de sensaciones placenteras y en la motivación para
actuar. Según la Clínica Cleveland, transmite mensajes entre neuronas, funcionando como un
sistema de comunicación eléctrica y química que influye en múltiples procesos
cerebrales. Su liberación está vinculada a la experiencia de
placer, recompensa y motivación, lo que la convierte en un elemento central para
entender por qué ciertas conductas resultan atractivas o adictivas.
La especialista Anna Lembke, doctora de la Universidad de Stanford, subraya que cuando es liberada, el cerebro interpreta que una acción o experiencia es valiosa y
digna de repetirse, reforzando comportamientos que favorecen la supervivencia.
No obstante, la hormona interviene en mucho más que la
búsqueda de placer. Según National Geographic, también regula funciones corporales clave como la presión
arterial, el sueño, la digestión y la respuesta de lucha o huida, debido a su
influencia sobre la dilatación de los vasos sanguíneos, el ritmo circadiano y
la motricidad gastrointestinal.
Además, la dopamina tiene un papel crítico en el
aprendizaje, la memoria y el control de impulsos. Un estudio de 2025 muestra que este neurotransmisor fortalece la formación de la memoria a largo plazo y marca eventos significativos como dignos de recordar,
sobre todo si son emocionalmente intensos o novedosos. Su acción se extiende
también a la coordinación motora, pues regula los ganglios basales, y su
deficiencia está relacionada con enfermedades como el Parkinson.
No obstante, la comprensión no se limita a su función
básica como transmisora de placer y a la motivación, ya que su impacto en el
comportamiento va más allá. La ciencia explica cómo las recompensas pueden
modificar la intensidad y duración del efecto.
Cómo el esfuerzo favorece la generación de dopamina
Disfrutar de un alimento puede percibirse como un acto
sencillo, aunque el valor de esa experiencia varía según el esfuerzo invertido
para conseguirlo. Elaborar algo propio, atravesar dificultades en el intento y
luego probar el resultado ofrece una satisfacción que supera el aspecto
gustativo. Esta diferencia, según la doctora Anna
Lembke se explica en gran parte por la forma en que la dopamina
responde al esfuerzo necesario para alcanzar una meta.
No todas
las fuentes de placer producen el mismo tipo de respuesta dopaminérgica. Cuando
una recompensa se obtiene tras un proceso que demanda dedicación, la liberación
es más intensa y la sensación de satisfacción suele ser más duradera. National Geographic destaca que las investigaciones apuntan a
que, cuanto mayor es el esfuerzo invertido, mayor es el aumento de
dopamina experimentado al alcanzar el objetivo. Este fenómeno explica por qué logros obtenidos
con dedicación, como completar una maratón o resolver un problema complejo, se
viven con mayor profundidad que gratificaciones inmediatas y fáciles.
La
relación no solo se limita al plano físico. También los retos cognitivos, como
resolver un rompecabezas o aprender una nueva habilidad, pueden desencadenar
incrementos significativos en los niveles de este neurotransmisor. Un estudio de 2021 describe que
tanto en animales como en humanos, las tareas que exigen perseverancia o
superación personal tienden a ser más valoradas, en parte porque la hormona
recompensa el proceso de esforzarse, no solo la obtención del premio final.
Este mecanismo tiene una función adaptativa: al asociar
el esfuerzo con una mayor liberación, el cerebro fomenta conductas que
requieren trabajo sostenido, lo que fue crucial para la supervivencia en
contextos donde los recursos eran escasos y solo se accedía a ellos mediante la
persistencia. Así, la dopamina no solo
motiva a buscar placer, sino que refuerza la perseverancia y la capacidad de
afrontar desafíos.
El neurotrasmisor desempeña
un papel central en la motivación para afrontar retos complejos, no
solo al buscar placeres inmediatos, sino también al impulsar a las personas a
embarcarse en tareas que requieren dedicación y perseverancia.
Un fenómeno, denominado “la
paradoja del esfuerzo” por el psicólogo Michael Inzlicht, revela cómo
las actividades difíciles resultan especialmente gratificantes por el proceso
que implican, no solo por el resultado final. La dopamina incrementa su
liberación durante la realización de estos desafíos, reforzando la
satisfacción derivada de la superación personal y la persistencia.
De
acuerdo con una investigación publicada en PubMed Central, la hormona codifica principalmente el
valor de la recompensa esperada, activando al organismo para iniciar y sostener
acciones orientadas a metas relevantes. Incluso cuando el incentivo externo es
bajo, la expectativa de lograr un objetivo complejo se convierte en fuente
suficiente de motivación, haciendo que el esfuerzo mismo sea percibido como
valioso y satisfactorio.
Cómo estimular la dopamina de forma natural
La posibilidad de potenciar la dopamina sin recurrir a estímulos
artificiales o adictivos es una estrategia recomendada por especialistas para
mantener un equilibrio saludable en la motivación y el bienestar diario. Según
expertos, existen métodos naturales y accesibles que permiten aprovechar los
beneficios de este neurotransmisor, evitando la sobresaturación que generan
actividades de gratificación inmediata.
El ejercicio físico regular es una de las formas más eficaces de
estimularla de manera sostenida. La actividad no solo provoca incrementos en la
liberación, sino que además contribuye a elevar sus
niveles basales, favoreciendo el estado de ánimo y la motivación a largo
plazo. Además, tanto la alimentación como la fijación de metas pequeñas y
realistas pueden favorecer la producción. Los alimentos ricos en tirosina, como
frutos secos, semillas, lácteos, carne, plátanos y aguacates, aportan los
componentes básicos necesarios para su síntesis.
Otro
mecanismo natural consiste en la gestión de objetivos diarios. Según la profesora Loretta Graziano Breuning, citada por National Geographic, establecer tareas concretas y dividir los
proyectos en pasos pequeños permite obtener liberaciones regulares. El simple
hecho de tachar una actividad de una lista puede generar una sensación de logro
suficiente para mantener la motivación y evitar la búsqueda compulsiva de
gratificaciones rápidas.
La socialización, el aprendizaje de nuevas habilidades y la práctica de
pasatiempos que requieren esfuerzo también favorecen la
estimulación, a la vez que son positivos para liberar neurotransmisores
asociados con el bienestar, como la serotonina, la oxitocina y las endorfinas.
En este sentido, actividades como aprender un instrumento, pintar, leer o
compartir tiempo con amigos proporcionan una satisfacción que perdura más allá
del estímulo inmediato. El equilibrio entre estas prácticas y la moderación en
los hábitos digitales permite aprovechar la dopamina como fuente de
vitalidad sin caer en la saturación ni en el desgaste motivacional.