sábado, 23 de mayo de 2026

La OMS actualiza sus datos sobre salud mental

INFOCOP (Consejo general de la Psicología de España)      |      26/03/2026

Una de cada seis personas en Europa vive con un trastorno de salud mental. El suicidio es un problema de salud pública: más de 120.000 personas se suicidan cada año en la Región europea, situándose ya como la principal causa de muerte entre los 15 y 29 años. Una de cada tres personas con un trastorno de salud mental no recibe el tratamiento que necesita. Y uno de cada tres profesionales de la salud presenta síntomas compatibles con un trastorno depresivo mayor.

 

Estas cifras, de enorme impacto sanitario y social, forman parte de la última actualización publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su página web, dentro de sus datos y hojas informativas sobre distintas temáticas de salud, donde recoge los principales datos sobre salud mental más actuales, que dibujan un panorama preocupante en la Región Europea y subrayan la necesidad de reforzar las políticas públicas, los sistemas asistenciales y la lucha contra el estigma.

 

Una carga elevada y persistente.

Según estima la OMS, una de cada seis personas —aproximadamente 140 millones— en la Región Europea vive con un trastorno de salud mental, con un impacto que puede variar de leve a grave en su vida cotidiana. A esta elevada prevalencia se suma la tragedia del suicidio: más de 120.000 personas mueren cada año por esta causa en la Región Europea, lo que equivale a más de 300 muertes diarias. De forma especialmente alarmante, el suicidio constituye la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.

 

Pese a la magnitud del problema, el acceso a la atención dista mucho de ser universal. Hasta una de cada tres personas con un trastorno de salud mental no recibe el tratamiento que necesita. La brecha asistencial es aún más grave en determinados cuadros: una de cada cuatro personas con psicosis no recibe ningún tipo de tratamiento ni atención formal.

 

La OMS recuerda que la salud mental no se limita a la ausencia de trastornos mentales. Se trata de un estado de bienestar mental que permite a las personas afrontar el estrés de la vida, desarrollar sus capacidades, aprender y trabajar eficazmente y contribuir a su comunidad. Cualquier persona puede experimentar problemas de salud mental en cualquier momento de su vida, y su aparición no responde a una única causa, sino a la compleja interacción de factores individuales, sociales y ambientales.

 

Por ello, proteger la salud mental exige algo más que tratar síntomas: requiere un enfoque integral, en el que distintos sectores gubernamentales —más allá del sanitario— colaboren para promover el bienestar, fortalecer la resiliencia, prevenir la exposición a circunstancias adversas y garantizar el acceso equitativo a la atención.

 
Adolescencia, género y soledad: señales de alerta.

La actualización de la OMS pone el foco también en la infancia y la adolescencia, etapas clave para la prevención y la intervención temprana en salud mental. Más de uno de cada diez adolescentes (11%) informa de signos de comportamiento problemático en redes sociales, lo que evidencia el impacto creciente del entorno digital.

Asimismo, el Índice de Bienestar OMS-5 revela diferencias significativas en función del género: las chicas de 15 años obtienen puntuaciones notablemente más bajas que los chicos, una brecha que, según la OMS, debe influir en el diseño de intervenciones específicas y sensibles al género. En la misma línea, el 28% de las chicas declara sentirse sola, frente al 13% de los chicos.

 

Con respecto a la soledad, cabe señalar que no afecta únicamente a la juventud. Una de cada cuatro personas mayores de 60 años afirma sentirse sola, lo que subraya la importancia de abordar la salud mental también en la población adulta mayor, integrando estrategias comunitarias que reduzcan el aislamiento social y fortalezcan los vínculos.

 

En relación con la salud mental digital de los y las adolescentes, la OMS advierte que el mundo digital actual —desde redes sociales hasta plataformas basadas en inteligencia artificial— puede beneficiar o perjudicar la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Puede facilitar la conexión, la inspiración y el aprendizaje, pero también exponer a riesgos como el ciberacoso, ideales corporales irreales, contenidos autolesivos, marketing perjudicial o recopilación invasiva de datos. Los sistemas algorítmicos pueden agravar estos problemas cuando no existe transparencia ni consentimiento informado.

 

Para afrontar estos desafíos, la OMS/Europa ha publicado un informe de políticas destinado a ayudar a los países a formular respuestas basadas en la evidencia frente a los determinantes digitales de la salud mental juvenil.

 

Profesionales sanitarios bajo presión.

Uno de los datos más preocupantes recogidos, es el relativo a la salud mental de quienes atienden a la salud. Según la primera encuesta de la OMS sobre salud mental en médicos y enfermeras de la Unión Europea, Islandia y Noruega, uno de cada tres profesionales presenta síntomas compatibles con un trastorno depresivo mayor.

 

Uno de cada diez experimenta pensamientos suicidas pasivos.

 

Además, uno de cada tres declara haber sufrido acoso o amenazas violentas en el trabajo, y uno de cada diez refiere violencia física o acoso sexual. Estos datos reflejan el enorme desgaste emocional y psicológico que afecta a la fuerza laboral sanitaria, con potenciales repercusiones tanto en el bienestar individual como en la calidad asistencial y en la sostenibilidad de los sistemas de salud.

 

Sistemas de salud mental: avances desiguales.

Pese a tratarse de una de las regiones con más recursos, la Región Europea de la OMS continúa enfrentando importantes desafíos en la organización y provisión de servicios de salud mental.

 

Si bien casi todos los países cuentan con una política o estrategia específica, el grado de implementación es desigual. Una encuesta realizada en 2024 a 29 países muestra que solo 11 disponen de mecanismos sólidos de coordinación y cooperación para aplicar dichas políticas, con una aceptación robusta por parte de los actores del sector.

 

A ello se suma una escasez crítica de profesionales. El Atlas de Salud Mental 2024 indica que la Región dispone de 9,9 psiquiatras, 28,4 enfermeras de salud mental y 9,3 psicólogos/as por cada 100.000 habitantes. Estas cifras evidencian limitaciones estructurales que pueden contribuir a la brecha de tratamiento observada.

 

La colaboración intersectorial es señalada como un factor clave: el 38% de los países considera que el trabajo conjunto entre gobiernos, servicios de salud, organizaciones comunitarias y otros socios constituye una gran fortaleza. Sin embargo, la participación significativa de personas con experiencia vivida en la formulación de políticas y servicios sigue siendo limitada en muchos contextos.

 

Estigma y discriminación: barreras persistentes.

La OMS insiste en que el estigma y la discriminación en torno a los problemas de salud mental persisten en todos los países y afectan profundamente a la vida de las personas. Estas actitudes pueden disuadir de buscar ayuda, dificultar la continuidad del tratamiento y generar problemas en el ámbito laboral y relacional. Además, las personas con trastornos mentales presentan una esperanza de vida notablemente menor.

 

Reducir el estigma no solo es una cuestión ética y de derechos humanos; también tiene beneficios sociales y económicos, y puede salvar vidas. El conjunto de herramientas Mosaic de la OMS/Europa propone tres estrategias basadas en la evidencia para acabar con el estigma y la discriminación en salud mental: el liderazgo o coliderazgo de personas con experiencia vivida en la toma de decisiones; el fomento del contacto social a través de conversaciones abiertas y respetuosas; y la creación de alianzas inclusivas entre comunidades, servicios y sectores.

 

Servicios orientados a la recuperación y apoyo en crisis.

La Organización Mundial de la Salud promueve modelos de atención orientados a la recuperación, en los que las personas con experiencia vivida desempeñan un papel activo. Estas pueden apoyar a otras personas en su proceso de recuperación, ayudarles a navegar por el sistema de salud mental y asesorar a organizaciones y responsables políticos. La Iniciativa QualityRights y la hoja de ruta para integrar la experiencia vivida constituyen instrumentos clave en esta transformación.

 

En contextos de crisis —conflictos armados, guerras, desastres naturales o provocados por el ser humano—, la OMS proporciona apoyo técnico y operativo para implementar servicios de salud mental y apoyo psicológico y social. Esto incluye el envío de personal experto a zonas afectadas, la coordinación con socios humanitarios y el fortalecimiento de sistemas nacionales y locales, así como la garantía de acceso a medicamentos psicotrópicos y servicios de asesoramiento para personas refugiadas y desplazadas.

 

Infancia y juventud: estándares de calidad.

Muchos niños, niñas y jóvenes que requieren apoyo de salud mental no acceden a la atención necesaria. Para abordar esta situación, la OMS/Europa ha desarrollado Normas de calidad para los servicios de salud mental infantil y juvenil, que definen qué constituye una atención eficaz, segura, centrada en la persona, oportuna, equitativa, integrada y eficiente, priorizando las aportaciones de jóvenes y de personas cuidadoras.

Un compromiso político renovado.

La OMS trabaja en la Región Europea apoyando el desarrollo de políticas, servicios, investigación, directrices, herramientas, actividades de desarrollo de capacidades y alianzas estratégicas. En colaboración con socios como la Comisión Europea, el Gobierno de Grecia y UNICEF, impulsa iniciativas para promover la buena salud mental y prevenir los problemas de salud mental, fortalecer los servicios comunitarios, mejorar la calidad asistencial infantil y juvenil y aprovechar la innovación digital.

 

En junio de 2025, 31 países se comprometieron a integrar la salud mental en todas sus políticas, en un contexto en el que el 17% de la población de la Región vive con un trastorno mental.

 

De forma general, los datos actualizados por la OMS dibujan una realidad que combina alta prevalencia, brechas asistenciales, desigualdades de género y edad, impacto del entorno digital, desgaste de los profesionales y persistencia del estigma. Al mismo tiempo, apuntan a vías de acción claras: reforzar los sistemas, integrar la salud mental en todas las políticas, promover servicios orientados a la recuperación y escuchar de forma activa a las personas con experiencia vivida. La magnitud del desafío exige respuestas proporcionales, sostenidas y basadas en la evidencia.





Fuente:
WHO (2026, 8 january). Mental health. Key Facts, Fact sheets. World Health Organization. 

Silvia Herreros de Tejada, especialista en el síndrome de Peter Pan: “Hemos perdido el respeto y la admiración hacia lo que significa ser adulto, con todo lo que ello conlleva

 ANTONIO ORTÍ      |     lavanguardia.com      |      20/03/2026

La escritora y guionista analiza en el ensayo ‘Juvencolía’ cómo ha cambiado la transición a la madurez en el siglo XXI y qué papel juegan las redes sociales: “Somos ‘adultescentes’ perdidos al borde del precipicio adulto”

La “juvencolía” (del latín iuventus y el griego melancholía) es la tristeza suave que aparece al intuir que ya no se es la persona que la juventud prometía, según explica la inventora de la palabra y autora del libro del mismo nombre. Se trata de Silvia Herreros de Tejada, especialista en la obra del dramaturgo escocés J.M.Barrie y, por extensión, en Peter Pan, Wendy Darling, Campanilla, el Capitán Garfio y el País de Nunca Jamás donde los Niños Perdidos no crecen.

“Oye, ¿y tú cuántos años me echas?”, pregunta alguien. “Estás estupenda. Nadie diría la edad que tienes”, comenta poco después de escuchar la cifra. “¡Ay, muchas gracias!”, responde la interpelada. En Juvencolía (Debate) Herreros de Tejada recrea su historia personal, la de California (donde Ponce de León buscó en 1513 la fuente de la eterna juventud) y lo que ha descubierto sobre Peter Pan tras estudiarlo durante 25 años, dedicarle su tesis doctoral, escribir novelas como La mano izquierda de Peter Pan (Espasa) y realizar estancias de investigación en las universidades de Yale y UCLA.

Por el libro también desfilan el Homo instagramer, que muestra la vida que desea y no la que en realidad tiene, The Smiths, Arcade Fire y Pulp, la joie de vivre, resplandores crepusculares (afterglow), leyendas indígenas, buscadores de oro, raves en Ibiza, viajes a la India y señoras que van a clase de Pilates y exclaman: “¡Imagínate!”.

Según la autora de este libro inmortal que mezcla sueños y realidades sin renunciar a reírse de casi todo, en el siglo XXI cada vez hay más personas que no quieren hacerse mayores por no encajar en el modelo tradicional de madurez. Y es que, como dijo Christopher Hamilton, el filósofo británico: “La adolescencia es una etapa que, en cierto sentido, anticipa la mediana edad. O, mejor dicho: todos en la mediana edad pasamos por ella”…

Como autora del ensayo Todos crecen menos Peter (Lengua de Trapo) y experta en la obra de J.M.Barrie, ¿cómo aconsejaría sobrevivir al hechizo de la juventud eterna?

Mi camino ha consistido en leer a Peter Pan muchas veces, desde ángulos distintos y a edades diferentes y pensar: ¡cómo ha cambiado este libro!, aunque quien en realidad cambia es el lector, claro. También me he dado cuenta de que antes me interesaba muchísimo Peter Pan, Wendy y los Niños Perdidos y la franja supuestamente luminosa de Nunca Jamás, pero que poco a poco me ha ido interesando cada vez más el Capitán Garfio, un personaje que lamenta haber crecido, razón por la que persigue a Peter Pan, por representar la sombra de su juventud perdida. 

¿Cómo aconsejaría sobrevivir al hechizo de la eterna juventud?

Asumiendo que desde la mitología griega casi hemos deseado más ser jóvenes para siempre que inmortales. Pero debemos aceptar, aunque ahora sintamos que somos jóvenes durante mucho más tiempo que lo fueron nuestros padres y madres, que la juventud es efímera, por lo que es muy fácil sentirse como una sombra de lo que fuimos alguna vez. La juventud, ahora mismo, es una ficción, aunque las redes sociales, las cremas anti-age y el estilo de vida que llevamos nos puedan hacer creer que podemos sobrevivir al hechizo. Pero no, nadie puede, es imposible.

¿Cuánto dura la juventud, exactamente, en el siglo XXI?

Según un médico que se llama Ángel Durántez, la juventud en el siglo XXI dura hasta que el cuerpo está libre de enfermedad. Normalmente, la gente se suele considerar “joven” hasta los 45 o 50 años, momento en que suele asolar la crisis de la mediana edad, aunque hace unos cuantos años esto mismo ocurría con 35 o 40 años.

Las generaciones anteriores querían “hacerse mayores” cuanto antes pero hoy ocurre lo contrario y proliferan como setas los “cincuentañeros” y las “cuarentañeras”. ¿Qué hemos ganado y perdido con este cambio?

Hemos ganado que ahora podemos agarrarnos al poder simbólico de la juventud durante mucho más tiempo, porque nos han vendido que ser joven equivale a ser auténtico, deseable, rebelde y, entre comillas, a molar. Esto tiene que ver con el escaparate de las redes sociales. Hace unos cuantos años, en cambio, nos vendían que lo que molaba era ser independiente, ser adulto, ser responsable, tener una familia… Esto provoca un choque muy extraño porque de repente estamos rodeados de lo que Frank Furebi, un sociólogo inglés, llamaba “adultescentes perdidos al borde del precipicio adulto”. Es estar como estar en un limbo, es ser adulta, pero tampoco del todo. Respecto a lo que nos hemos dejado por el camino, creo que hemos perdido el respeto y la admiración hacia lo que significa ser adulto, con todo lo que ello conlleva.

¿Por qué la época que vivimos es tan proclive al vértigo adolescente que nos asalta siendo ya adultos?

La mediana edad ha sido un territorio gris del que no se ha empezado a hablar hasta finales del siglo XX. En mi caso, nunca hablé de la mediana edad con mis padres, de la misma forma que mi madre nunca me mencionó la menopausia, como si no existiera. El problema es que luego te haces adulta y a veces te sientes como si volvieras a ser una adolescente y no supieras muy bien lo que te pasa. En la adolescencia una se pregunta quién soy y quién voy a ser, mientras en la vida adulta te preguntas ¿quién estoy siendo? Es como si hubiera un espejo en el que empezáramos a mirarnos demasiado, ya que estamos en la era del narcisismo, como si todavía fuéramos muy jóvenes y nuestras promesas del pasado estuvieran todavía ahí, como una posibilidad.

¿Por qué la época que vivimos es tan proclive al vértigo adolescente que nos asalta siendo ya adultos?

La mediana edad ha sido un territorio gris del que no se ha empezado a hablar hasta finales del siglo XX. En mi caso, nunca hablé de la mediana edad con mis padres, de la misma forma que mi madre nunca me mencionó la menopausia, como si no existiera. El problema es que luego te haces adulta y a veces te sientes como si volvieras a ser una adolescente y no supieras muy bien lo que te pasa. En la adolescencia una se pregunta quién soy y quién voy a ser, mientras en la vida adulta te preguntas ¿quién estoy siendo? Es como si hubiera un espejo en el que empezáramos a mirarnos demasiado, ya que estamos en la era del narcisismo, como si todavía fuéramos muy jóvenes y nuestras promesas del pasado estuvieran todavía ahí, como una posibilidad.

La crisis de la mediana edad era hasta el siglo XX un extravío típicamente masculino. Pero…¿sigue siéndolo en el XXI?

¡En absoluto! Ahora es un extravío tanto masculino como femenino. Uno de los mimbres de mi libro es explicar precisamente esto. La lucha por la igualdad ha hecho que la crisis de la mediana edad ya no sea solamente patrimonio de hombres blancos con posibles, sino que se ha extendido a mujeres que ya no solo tienen que estar todo el día luchando con los niños y ocupándose de que el marido esté bien, sino que también tienen sus propias crisis existenciales y dudan sobre si ésta es realmente la vida que querían o si ya nadie las volverá a mirar nunca más con deseo. Ahora mismo, tanto hombres como mujeres luchamos por encontrar nuestra verdadera identidad en la mediana edad o Midorexia, como llamo a esta etapa en el libro.

Cuenta que al llegar a la mediana edad es normal no saber bien qué nos pasa: sostenemos un hogar, triunfamos relativamente en el trabajo, cuidamos a los hijos, hacemos la declaración de la renta y vamos de veraneo. “Pero otras veces, demasiadas, te descubres ¬¬–escribe en Juvencolía– como en una revolución adolescente: te enamoras de un extraño en un paso de peatones, te hundes con los atroces cambios de tu cuerpo, te ofuscas solo porque necesitas expresar tu pasión desaforada ante el mundo y piensas ´¿esta es mi vida?´ con excesiva frecuencia porque es obvio que debería ser mucho más emocionante de lo que es” . ¿Qué aconseja hacer cuando conviven varias edades dentro de un mismo cuerpo?

Recomiendo reconciliarse con ello. Cualquiera puede sentirse en algún momento de la “adultescencia” como una niña vulnerable. A mi me sucedió durante mi enfermedad, lo que me llevó a volver a jugar al abecedario con mi madre como cuando era pequeña. Por una parte me decía: “¡tengo que afrontar la enfermedad como una mujer adulta, con fuerza!”. Sin embargo, muchos días me sentía como una niña asustada. Pero también me ocurre que algún día salgo de noche y me lo paso mejor que nadie, como si estuviera en un mundo paralelo donde vuelvo a tener 27 años. Creo que tenemos varias edades en un mismo cuerpo con las que podemos convivir, siempre y cuando cumplamos con nuestras responsabilidades. Una puede mirarse en el espejo y a veces ser una niña, a veces una joven, a veces una mujer y después una anciana.

La edad, además de ser un número, es un guión que encarnamos consciente o inconscientemente, como si formáramos parte de una función de teatro. ¿Se tiene una edad o se sostiene una historia?

Se sostiene una historia.

El mundo está habitado, escribe, por dos especies humanas: los Homo sapiens, o personas reales, y los Homo fictus, o personajes de ficción. ¿Cuál es la principal diferencia entre ambos respecto al paso del tiempo?

El Homo fictus es un personaje de ficción que puebla las páginas de la literatura y, por lo tanto, es inmortal. Lo maravilloso del Homo fictus y la razón por la que nos gusta tanto, es que nos devela la vida secreta, cosa que las personas reales, los Homo sapiens, no acostumbran a hacer. En el libro también intento manifestar mi vida secreta como personaje. El Homo fictus es la vida que una querría tener.

En Juvencolía no solamente hay pasiones ardientes, sino también salas de hospital, menopausias inducidas y miedos. Por su experiencia, ¿dónde diría que se encuentra la fuente de la eterna juventud que describió Ponce de León en 1513?

Bueno, la fuente se encuentra en el parque de la doctora Luella Day, en California. Pero, metafóricamente, la fuente de la eterna juventud está en la posibilidad de seguir cambiando sin dejar de ser una misma, con esa esencia auténtica que teníamos de jóvenes. Envejecer y tener un cuerpo enfermo es también una forma de autenticidad, de belleza y de dignidad tan poderosa como la que solemos atribuir a la juventud. Tenemos que cambiar de relato para poder prolongar la fuente de la eterna juventud hasta el final de nuestros días.

¿Qué fue lo primero en lo que pensó cuando le diagnosticaron cáncer?

Pues pensé: “¡es imposible, soy demasiado joven!” Por entonces tenía 48 años. También pensé que había fracasado. La sociedad en la que vivimos nos pide ser fuertes y atractivos todo el rato. Y, como vivimos tan hiperacelerados, tener que detenerse de repente por estar enferma me hizo sentir que había fracasado. Fue ahí donde sentí haber perdido el brillo de mi juventud. Ser joven implica sentirse muy especial pero cuando enfermas como los demás piensas que igual no eras tan única como pensabas. Eso ue lo que a mÍ me hizo hacerme mayor. El cáncer ya lo he superado, pero el hacerme mayor quizá no del todo…

California, el lugar donde nació, se ha convertido en el gran laboratorio para acercarse a la inmortalidad. ¿Qué opinión tiene sobre la nueva espiritualidad de boutique y ciencia aplicada en la que se ha convertido el negocio de la juventud eterna?

Aunque los seres humanos hemos evolucionado, seguimos con las mismas ansias que tenían los héroes de las tragedias griegas para intentar luchar contra el destino y acaparar los poderes de los dioses, aunque todavía nos sea imposible. Pero como somos cada vez más vanidosos y ansiamos el poder, como le ocurría también a la reina de Blancanieves, lo seguimos intentando, aunque sepamos que es una batalla imposible de ganar.


sábado, 16 de mayo de 2026

Quejarse de la situación económica: ¿ayuda o deprime?

 MARGA DURÁ     |     lavanguardia.com     |     28/04/2026

La psicología distingue dos tipos de queja: la instrumental (para reparar la causa) o la ventilación emocional, que a menudo se “hereda” del entorno familiar o se adquiere porque en su día fue útil para recibir atención

“Este mes se me ha estropeado la lavadora y ya no puedo más de gastos”. “Después de pagar los recibos a principios de mes, me quedo sin un euro, así no se puede vivir”. “¿Cómo voy a ahorrar si ya me cuesta hacerme cargo del alquiler? No sé qué voy a hacer”. “Ayer fui al supermercado y los precios han vuelto a subir”. Este es el mantra que recitan en España no solo las clases desfavorecidas, sino también una clase media asediada por la inflación.

El voraz precio de la vivienda, las constantes subidas en la cesta de la compra y en los suministros o esos imprevistos que ya no se pueden cubrir con ahorros, asfixian a una parte de la población que se lamenta en voz baja… o alta. ¿Airear los cotidianos desastres económicos libera tensión o la incrementa? ¿Lamentarse de las dificultades es una válvula de escape o un pasaje en primera clase hacia el pesimismo?

Víctimas de estrés financiero

En España, son muchos los que se desvelan por cuestiones económicas: el 60% de la población, según un estudio de Unobravo, sufre al menos una vez a la semana estrés financiero. Los principales detonantes son los gastos inesperados (29,6%) o no contar con suficientes ahorros (25,2%).

“Es un problema bastante habitual hoy en día, porque una situación económica inestable genera mucha ansiedad, ya que el dinero no solo cubre las necesidades básicas, sino que también está muy relacionado con la seguridad, la tranquilidad y la sensación de estabilidad”, apunta el psicólogo Javier Barreiro.

Esa vivencia de vulnerabilidad tiene sus consecuencias, tal y como enumera Julia Vidal, psicóloga y directora clínica de Área Humana Psicología: “Genera un estado displacentero y de gran inseguridad que puede repercutir en el cuidado personal —no acudir a un fisioterapeuta o a un dentista, por ejemplo—, en las relaciones —evitar encuentros sociales para no gastar—, y en el bienestar emocional en general”.

Según la encuesta de Unobravo, el 65,2% de los encuestados ha rehuido compromisos sociales por culpa, como apunta Vidal, de la ansiedad financiera. Visto el panorama, no es extraño que algunos aprovechen para airear sus penas con sus íntimos.

¿Por qué nos quejamos?

Desde la psicología se distinguen dos tipos de queja: la instrumental (se utiliza con la intención de reparar la causa) o la de ventilación emocional. Esta última, según Vidal, “es una forma de expresión para ser oído o entendido. Expresa el problema que se tiene con todas las emociones que ha provocado en esa persona. Por ejemplo, una mujer podría decir: ‘No puedo comprar nada, todo es carísimo, así yo no voy a poder vivir’, demostrando incomodidad y fastidio. Otra podría simplemente comunicar sin quejarse: ‘Estoy preocupada por no llegar a final de mes’. Son dos estilos comunicativos”.

La preferencia por la queja como ventilación emocional se aprende del entorno familiar o se adquiere cuando en su momento fue útil para recibir atención y, a partir de ahí, se instaló como un modus operandi casi inconsciente.

La queja, no le quitemos mérito, puede procurar un desahogo puntual muy conveniente. “Expresar y compartir es positivo, favorece que alguien te proporcione una visión distinta, que otros puedan sincerarse y contarte sus vivencias, y pueden aparecer ideas para ajustarse a una situación difícil”, apunta Vidal.

La clave está en la mesura. No es lo mismo compartir el disgusto por tener que pagar una multa que consideramos injusta que, cada vez que conversamos con un amigo, sacar a colación nuestras penurias financieras. En estos casos, según Vidal, “La persona favorece un malestar emocional que repercute en más quejas, genera malestar en quien la escucha y puede provocar rechazo. El individuo aprende a focalizar su atención en lo que va mal y no en los otros aspectos buenos que tiene en su vida”.

Es entonces cuando la queja desemboca en un bucle de pensamientos negativos del que es muy difícil salir y que es demasiado fácil de alimentar, con el riesgo de acabar con la victimización.

Empatía versus co-rumiación

Cuando alguien nos explica un problema íntimo, sabemos que esa persona confía en nosotros. La empatía es inmediata. Sin embargo, según la psicóloga Amanda Rose, de la Universidad de Wisconsin, la dinámica de quedar para compartir las penas puede tener una contrapartida negativa: la co-rumiación.

​En psicología, se entiende por rumiación a esos pensamientos repetitivos y negativos que solo se enfocan en el malestar, en sus causas y consecuencias, sin buscar una solución. Al quedar con amigos para hablar de las desgracias personales de cada cual, caeríamos en la co-rumiación.

​Además, estas situaciones nos sumergen en la dinámica del “yo también”, ya que cuando alguien explica un hecho frustrante, la audiencia se solidarizará relatando otros similares. Por respeto, nadie manifestará lo feliz que se siente en ese momento de su vida. Así se multiplicará esa co-rumiación que confirmará las sospechas de que todo va a peor, porque no somos los únicos a los que les suceden calamidades. De esta forma, nos convencemos de que todos somos víctimas de un sistema inamovible y, por lo tanto, no hay nada que podamos hacer.

 

De la necesidad a la dismorfia del dinero

La crisis del 2008 supuso una pérdida del poder adquisitivo que, con sus picos y sus valles, se ha arrastrado hasta nuestros días. Las incesantes noticias dibujan un panorama político y económico hostil que aumenta la inestabilidad personal. Y también lo hace la dismorfia del dinero: una visión poco realista de nuestros recursos que provoca un miedo infundado.

“El problema de fondo es que vemos en redes sociales a gente que realmente no tiene tanto dinero como aparenta tener, y eso genera frustración, ansiedad y problemas a nivel psicológico. Si tú estás viendo a una persona con un deportivo y una mansión, es muy probable que sientas que le van mejor las cosas que a ti”, comenta Borja Rubí, asesor financiero y autor del pódcast ‘Inversión para humanos’.

Desde las influencers hablando de sus “louivi” (por los bolsos Louis Vuitton) hasta los criptobros alardeando de Lambo (Lamborghini), todos parecen haber jugado sus cartas mejor que quien ejerce de funambulista para llegar a final de mes. Esa dolce vita regalada enfatiza aún más los agujeros de la propia. Y la sensación de una pobreza que no es tal.

La suma de estos factores puede generar una inquietud innecesaria por el dinero. “Yo he tenido en varias ocasiones personas que decían que no tenían dinero y su familia me ha confirmado que no solo sí tenían, sino que gozaban de una buenísima economía”, explica Vidal.

Plan de convivencia con la precariedad

La situación económica de algunas personas no mejorará, por lo que tendrán que convivir con ella. Vidal recomienda cinco pasos para mantener a raya la ansiedad financiera (y que no pasan por la queja):

“Confirmar que es cierto. No por pensar o creer algo lo es. Aunque parezca extraño, lo que propongo a mis pacientes es que valoren si es o no una realidad. Hay personas, como decía antes, preocupadas sin razón”, asegura la psicóloga.

Compartir con los más allegados lo que sucede, mediante una queja instrumental libra de la presión de, por ejemplo, tener que inventar excusas para no ir a cenar.

Hablar de lo ocurrido de forma constructiva: pedir ayuda a las personas adecuadas, las que realmente tienen un conocimiento que nos puede ser útil para salir del trance. La técnica de la “lluvia de ideas” puede funcionar.

Fijar objetivos concretos: “reducir en un 10 % un gasto mensual concreto” o “conseguir un cliente nuevo”. Son más controlables y menos abrumadores que mirar el conjunto de la situación.

Ponerse en el peor escenario posible, entender qué sucedería y cómo se podría resolver. No tiene por qué suceder, pero saber que incluso así contaríamos con una salida permite recuperar la sensación de control.

¿Y qué hacemos con la queja de ventilación emocional a la que tanto nos habíamos aficionado? ¿Podemos emplearla? ¿Debemos desterrarla? “No hay una respuesta definitiva, ya que hablar de lo que te preocupa puede ser positivo si te ayuda a desahogarte o a sentirte acompañado, pero el problema, sobre todo, aparece cuando la queja se vuelve constante, ya que refuerza una visión negativa de la propia situación, lo que puede aumentar la sensación de impotencia y esto dificulta el paso para buscar algún tipo de solución útil a esa situación”, aclara Barreiro.