viernes, 6 de febrero de 2026

Cómo obligarte a hacer algo cuando la motivación falla: el método en 3 pasos de la psicóloga Heidi Grant

 PABLO CUBÍ DEL AMO      |      sabervivirtv.com      |      15/01/2026

Si tienes una tarea pendiente que te cuesta iniciar, la psicóloga Heidi Grant ha creado una estrategia muy útil para darte el empuje que te falta. La clave está en saber qué es lo que te frena. Nos da tres posibles soluciones

Una de las palabras más enrevesadas en español y a la que somos más aficionados es procrastinar. Significa dejar para más adelante con cualquier excusa una tarea que deberíamos hacer.

Nos pasa mucho, porque todos tenemos tareas pendientes. Sabemos que tarde o temprano nos habremos de enfrentar a ellas, pero nos cuesta. Las vamos dejando pese a saber que eso no soluciona el problema, solo lo retrasa.

Qué propone la psicología

Pues bien, la psicología le ha dado vueltas porque es algo muy extendido y ha estudiado posibles soluciones. Hay varias ideas. La psicóloga Teresa Pascual, por ejemplo, señala que la clave para obligarnos a hacer las cosas es la disciplina.

 

Si nos entrenamos en disciplina, manteniendo conductas, nos habituaremos a la constancia y a hacer cosas incluso en días en que estamos menos de humor o con asuntos que nos gustan menos.


La automotivación es una de las fórmulas que te pueden ayudar. No se trataría de machacarte, sino de construir un plan o un discurso que te ayude. “La capacidad de tener autocontrol y disciplina es un factor de éxito en la vida mayor que la propia inteligencia”, asegura en una conferencia la psicóloga Patricia Ramírez, hablando de la necesidad de educar en la disciplina.

¿Qué mejor impulso que saber que disciplina y autocontrol son claves para el éxito? Si lo piensas, te puede impulsar a levantarte del sofá y acabar con esa procrastinación.

El método de Heidi Grant

Sin embargo, más allá de los consejos genéricos, nos hemos ido al otro lado del Atlántico para prestar atención a un método especialmente útil. Es el que plantea la psicóloga Heidi Grant.

 

Esta especialista en ciencia de la motivación en la Universidad de Columbia plantea que consejos tipo “sigue tu pasión” o “mantente positivo” no funcionan. Lo fundamental es saber qué es lo que te frena a emprender esa tarea. No siempre te frena lo mismo.

 

A veces es miedo, otras la apatía o, en tercer lugar, la incomodidad que te crea, ya sea porque es una tarea aburrida o que requiere mucho esfuerzo.

 

“La buena noticia, y es una muy buena noticia, es que puedes mejorar si usas la estrategia correcta”, apunta la profesora Grant. Por tanto, una vez sabes el motivo, plantea la estrategia concreta para hacerle frente.

Las 3 estrategias para animarte

1. Al miedo plántale un enfoque de prevención.

En psicología se llama enfoque de promoción a esos pensamientos en los que nos proponemos hacer algo por los beneficios que conseguirás (impresionar al jefe, ganar dinero, etc.). Es útil salvo que te frene la ansiedad o el miedo.

 

En ese caso, la profesora Grant propone un enfoque de prevención. Es pensar que solo haciendo la tarea conseguiré mantener lo que ya tengo (evitar que me despidan, por ejemplo). “Cuando te enfocas en evitar la pérdida, se hace evidente que es necesario la acción inmediata”, arguye.

 

2. Si “no te apetece”, ignora tus sentimientos.

Esperar que aparezcan ganas es una trampa. Esta estrategia es imitar a Spock, el popular personaje de la serie Star Trek, que carecía de sentimientos. Robotízate un poco. Empieza, bajando el listón de la obligación. No quieras hacer toda la tarea, plantéate hacer un poco.

 

La neurociencia ha confirmado este aspecto. Las ganas no aparecen hasta diez minutos después de haber empezado la tarea, así que, si empiezas, la inercia te hará que luego te sea más fácil seguir.

 

3. Si te frena la tarea, planifica.

Cuando la tarea es difícil, aburrida o desagradable, la psicóloga Grant recomienda la planificación, la implementación de intenciones. El clásico plan “si pasa X, entonces haré Y”.

 

Te pongo algunos ejemplos: “si enciendo el portátil, lo primero es abrir el documento no el WhatsApp”, “Si no logro avanzar en el escrito, me centraré en buscar información”, “si mi jefe no me pregunta antes de la dos, le informaré yo”.

Nuestra fuerza de voluntad es limitada. “Hacer un plan de ‘si… entonces’ es más que solo decidir qué pasos específicos necesitas dar para completar un proyecto, también se trata de decidir dónde y cuándo darás esos pasos”, concluye esta psicóloga.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Fernando Mora, psiquiatra: «Veo a personas a las que les va bien, pero su expectativa es tan alta que acaban sufriendo»

 Laura Miyara      |     lavozdegalicia.com      |      08/01/2026            

    Fernando Mora es jefe de Psiquiatría en el Hospital Universitario Infanta Leonor.

El experto sostiene que si evitamos los problemas en lugar de buscar soluciones, nuestra salud emocional se resiente y aumenta el estrés crónico

Nuestras decisiones no pueden cambiarlo todo, pero tienen una importante influencia en nuestra salud mental. El psiquiatra Fernando Mora, jefe de sección de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor y profesor en la Universidad Complutense de Madrid, propone un enfoque basado en herramientas que ayudan a tomar decisiones beneficiosas para nuestra salud emocional. Su nuevo libro, Haz que tu cerebro tome buenas decisiones (Zenith, 2025), detalla paso a paso cómo conseguirlo.

—En el libro habla de la mala gestión de los problemas, ¿por qué llegan a desbordarnos?

—El desborde tiene que ver con dos cosas, el problema en cuestión y nuestra forma de afrontarlo. Es más fácil que los problemas nos desborden cuando son graves, cuando están con nosotros durante mucho tiempo o cuando se acumulan varios a la vez. Pero, lógicamente, también tiene que ver con nuestras maneras de afrontarlos. Hay personas que tienen un estilo de afrontamiento muy optimista y resolutivo y son capaces de gestionar situaciones aunque sean difíciles. Y por otro lado, hay otras personas que son menos resolutivas y a las que les cuesta más ver las soluciones. Tratan de resolver los problemas sin tener un método. A estas personas es más fácil que los problemas las desborden. Cuando no somos capaces de hacer una buena gestión de los problemas aparece el estrés crónico, que es responsable de que nos desbordemos.

—¿Qué podemos hacer para evitar que nos desborden los problemas?

—Para evitarlo necesitamos aprender a tomar las decisiones de forma consciente y ordenada para resolver nuestros problemas con método y con calma. Cuando hacemos un buen proceso de toma de decisión podemos encontrar mejores soluciones, lo que va a bajar el estrés y evitar que los problemas nos desborden.

—¿Cómo es ese proceso de toma de decisiones?

—Yo planteo un método muy sencillo, basado en seis pasos, que tienen el objetivo de mejorar la forma en la que tomamos decisiones. Sobre todo, aquellas que tienen que ver con afrontar retos de nuestro día a día. Lo primero es identificar bien el problema a resolver. Muchas veces estamos inmersos en nuestro malestar y nos ponemos a intentar solucionarlo sin habernos parado a analizar cuál es el origen. En segundo lugar, tenemos que analizar el impacto que tiene la situación en nosotros, para entender cómo y cuánto nos está afectando. Tercer punto, estudiar bien todas las opciones que tenemos para solucionarlo. Hacer una lista de las posibles soluciones, escribir los pros y las contras de cada una de ellas. Después de todo esto, el cuarto paso es elegir la mejor opción, teniendo presente que a veces no hay una solución perfecta. Pero eso no nos tiene que bloquear. Tenemos que elegir la mejor de todas las que tenemos. En quinto lugar, ponemos en marcha esta solución con un buen plan de acción.

—¿Qué ocurre después de la toma de decisión? ¿Por qué podemos arrepentirnos?

—El arrepentimiento tiene que ver con el afrontamiento. Cuando podemos solucionar un problema adelante, a por ello. Vamos a llevar a cabo este proceso y dejarlo resuelto. Pero cuando no tenemos la posibilidad de resolverlo, el problema va a permanecer, como puede ser el caso de una enfermedad o una ruptura de pareja, si no tenemos la solución en nuestras manos, tenemos que afrontarnos a nosotros mismos, es decir, llegar a ser capaces de convivir con esa situación.

—¿Cómo operan en nuestro cerebro las sustancias neuroquímicas a lo largo del proceso?

—En el equilibrio emocional hay seis sustancias cerebrales implicadas. Tres pertenecen al grupo de los neurotransmisores y otras tres al de las hormonas. Los neurotransmisores son la adrenalina, la serotonina y la dopamina y las tres hormonas son endorfinas, oxitocina y cortisol. Los neurotransmisores son los mensajeros que tienen nuestras neuronas para comunicarse entre ellas y regular el pensamiento, las emociones y las decisiones.

—¿Cómo influyen en la estabilidad emocional?

—La noradrenalina, el neurotransmisor responsable de la vitalidad emocional, es el que hace que nuestra mente esté activa y enfocada en conseguir los objetivos. La serotonina se ocupa de regular el estado de ánimo, del control de las preocupaciones. La dopamina, también muy conocida, es el neurotransmisor responsable de la motivación y de nuestra búsqueda de recompensas. Luego, en cuanto a las hormonas, la más importante es el cortisol, relacionado con el estrés crónico. Cuando hay estrés crónico, se libera cortisol de forma sostenida y este se mantiene elevado durante mucho tiempo, lo que altera el equilibrio emocional. El exceso de cortisol desequilibra la noradrenalina, la serotonina y la dopamina, los tres neurotransmisores. Por eso, en los estados de estrés crónico aparecen el desánimo, la preocupación, la irritabilidad y las dificultades para tomar buenas decisiones.

—¿Qué influencia pueden tener nuestras decisiones en nuestra salud emocional?

—Influyen mucho. Es a través de nuestras decisiones como gestionamos nuestros problemas. Decidimos hacer las cosas de una manera o de otra y, si lo hacemos de forma desadaptativa, evitando los problemas en lugar de buscar soluciones, nuestra salud emocional se resiente y aumenta la sensación de falta de control y el estrés crónico, con lo cual, vamos a estar peor. Sin embargo, cuando tomamos decisiones que nos ayudan a afrontar el problema, a través de la planificación consciente a largo plazo, nos encontramos mejor, reducimos el estrés y mejoramos nuestra salud emocional. Cada decisión que tomamos activa este sistema neuroquímico.

—¿Qué errores solemos cometer a la hora de tomar decisiones?

—El primero es confundir decidir rápido con decidir bien. En esta sociedad de la inmediatez y de la prisa pareciera que hay que resolver todo rápido y casi sin reflexionar. Al final, muchas veces, decidimos desde la impulsividad, que no es amiga de las buenas decisiones. El segundo error es buscar la decisión o solución perfecta. Esto nos paraliza. Mientras esperamos a tener toda la certeza, dejamos de actuar y corremos el riesgo de bloquearnos y no hacer nada. Así que cuando no hay una solución perfecta, elegimos la mejor opción entre las posibles y seguimos avanzando. Y el tercer error es que muchas veces no aprendemos de las decisiones que hemos tomado. Decidimos, ponemos en marcha lo que hemos decidido y damos el proceso por terminado. Pero un proceso de toma de decisiones de calidad incluye la evaluación de los resultados.

—¿Qué herramientas tenemos para afrontar los problemas de manera saludable?

—El afrontamiento es la herramienta, en sí mismo. Es el proceso psicológico que se activa cuando tenemos que resolver una situación difícil. Son todos los pensamientos y las acciones que ponemos en marcha para resolverla. La mayoría de las veces, lo hacemos sin darnos cuenta. Sucede un problema e inmediatamente nos ponemos a afrontarlo. Pero no siempre utilizamos las estrategias que nos llevan a las mejores soluciones. Lo que podemos hacer es aprender a hacer consciente este proceso para detectar las estrategias maladaptativas que nos alejan de las soluciones, como la negación, la autocrítica o la impulsividad. Cuando nos entrenamos para evitar esas estrategias negativas podemos afrontar mejor los problemas.

—En el libro menciona las expectativas como un problema en el contexto actual.

—Totalmente. Cuando hay un desajuste entre lo que esperamos y lo que realmente ocurre, eso nos genera estrés. Vivimos en una sociedad que nos empuja constantemente a buscar metas, a rendir y a compararnos, donde parece que no vale con estar bien. Tenemos que estar mejor. Y eso no es real, yo veo a muchas personas a las que les va bien en la vida, pero se han puesto una expectativa tan alta que acaban sufriendo porque no es posible alcanzarla. El estrés que deriva de esto puede afectar al equilibrio de los neurotransmisores, fundamentalmente, de la serotonina. Así es como activamos la rumiación. Somos muy críticos con nosotros mismos.

—¿Cómo podemos evitar estos problemas?

—Lo que hay que hacer es ajustar expectativas y esto no consiste en renunciar a lo que queremos, sino en alinearlas con la realidad. Pasar del cómo deberían ser las cosas a cómo son y qué puedo hacer con ello. Por tanto, lo que planteo es funcionar desde la flexibilidad mental o cognitiva. Nuestros pensamientos y emociones tienen que evolucionar con las circunstancias. Cuando una persona tiene una mirada flexible y realista, sus expectativas no se desajustan tanto y esto reduce el cortisol.

—¿Qué rol tiene la aceptación para conseguir esta flexibilidad?

—Consiste en identificar, entender y aceptar nuestras emociones para poder gestionarlas y, precisamente, lo que hace la aceptación es neutralizar la estrategia de evitación emocional. Muchas veces, cuando lo pasamos mal, lo que hacemos es negar o reprimir las emociones, pero eso no las hace desaparecer. Al contrario, suelen reaparecer más tarde y de peor forma. La aceptación es una herramienta tan necesaria como útil.

Una neuróloga desmiente el mito de que las personas con síndrome de Asperger no tienen empatía

EUROPA PRESS   |     Madrid    |     redaccionmedica.com     |     07/01/2026

La neuróloga infantil del Hospital Ruber Internacional Gloria López ha alertado sobre los mitos del síndrome de Asperger, como la falsa idea de que implica ausencia de empatía, y ha destacado la importancia de que estas personas reciban un acompañamiento clínico adecuado y tengan un entorno que respete su manera de percibir y procesar el mundo.

"Las personas con Asperger no carecen de empatía. A veces tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad", ha explicado López.

Otra confusión frecuente es asociarlo exclusivamente a capacidades excepcionales. "No todas las personas con Asperger tienen talentos extraordinarios. Existen tantos perfiles como personas, y los estereotipos distorsionan la realidad", subraya López.

La especialista también indica que no todos los síntomas visibles se explican por el autismo. "La ansiedad y el TDAH son comorbilidades frecuentes, y deben evaluarse de forma independiente. Su abordaje -que combina psicoeducación, ajustes del entorno y, en algunos casos, medicación- es clave para mejorar la calidad de vida", ha agregado.

En España, las estimaciones actuales sugieren que alrededor de 450.000 personas se encuentran dentro del trastorno del espectro autista (TEA), una condición del neurodesarrollo cuya prevalencia se sitúa en torno al 1 por ciento de la población, según los datos disponibles del Centro Español sobre el Trastorno del Espectro del Autismo. Dentro de este espectro amplio y heterogéneo, el perfil tradicionalmente conocido como síndrome de Asperger podría representar entre el 18 y el 27 por ciento de los casos, según diferentes estudios epidemiológicos.

A pesar de su frecuencia, persisten dudas y concepciones erróneas en torno a esta condición, que desde 2013, con la publicación del DSM-5, dejó de considerarse un diagnóstico independiente para integrarse dentro del trastorno del espectro autista.

"El término Asperger se utiliza para describir un perfil frecuente dentro del espectro autista, caracterizado habitualmente por la ausencia de discapacidad intelectual, un desarrollo del lenguaje formalmente conservado, intereses muy intensos y una manera particular de interpretar las normas sociales implícitas. No obstante, se trata de un continuo, con una gran variabilidad entre personas", ha detallado la experta.

UN MODO PARTICULAR DE PROCESAR LA INFORMACIÓN

Según la especialista, el Asperger se caracteriza por un patrón cognitivo singular: "El cerebro prioriza ciertos estímulos y presenta mayor dificultad para integrar de forma automática las convenciones sociales implícitas, pero puede mostrar una extraordinaria capacidad para el detalle, la lógica o la memoria".

Estas diferencias no implican menor gravedad. La doctora recuerda que no se trata de un trastorno leve, ya que muchas personas experimentan sufrimiento significativo derivado de la incomprensión, el aislamiento o la sobrecarga sensorial. "Necesitan un acompañamiento clínico y educativo adecuado y un entorno que respete su manera de percibir y procesar el mundo", ha añadido.

"El objetivo no es cambiar quiénes son, sino acompañarlos para que puedan desarrollar plenamente su potencial en un mundo que a menudo no está preparado para comprender su forma de pensar y relacionarse", concluye la doctora.

lunes, 2 de febrero de 2026

Víctor Küppers, experto en psicología positiva: "Hay dos habilidades para comunicarte mejor: sonreír porque a nadie le cuesta ver una cara rancia; y escuchar porque el otro se siente valorado"

CELIA PÉREZ LEÓN     |     cuerpomente.com     |     08/12/2025

¿Te comunicas bien con los demás? Si crees que te cuesta conectar con las personas que te rodean, tienes que aplicar estos consejos esenciales del experto en crecimiento personal Víctor Küppers.

Fue Confucio quien, ante las circunstancias las oscuras que le tocó vivir, con la corrupción campando a sus anchas, escribió la regla de oro que todo aquel que intenta ser buena persona debe respetar: “Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.

Y es esta misma idea la que rescata Víctor Küppers para presentarnos lo que, desde su perspectiva, son las tres grandes claves de la comunicación. Porque solo aprendiendo a comunicarnos mejor con lo que nos rodean, podemos forjar relaciones auténticas y significativas, que son el verdadero secreto de la felicidad.

Sonríe

Suena simple, pero es efectivo. La primera clave de la comunicación, según Víctor Küppers, es sonreír a los demás. El experto asegura que hay gente que nace con una cara agradable, con tendencia natural a la sonrisa, pero hay quien no. Y quien no lo tiene, debe hacer un esfuerzo. “Nos gusta ver personas agradables, personas que sonrían”, señala. Por el contrario, nadie quiere ver “una cara rancia”.

Lo que el experto comunica tiene raíces en uno de los estudios más recientes de Yota Obayashi, publicado en 2024. Durante la investigación, se observaron conversaciones cara a cara entre 40 personas distintas, y comprobaron cuantitativamente que cuanto más sonreía el oyente, más sonreía la persona que hablaba.

Esta sincronía aumentaba la simpatía entre los participantes y la sensación de disfrute en la interacción. De hecho, como indica el estudio The Effect of Smiling on Person Percepcion, publicado en Journal of Social Psychology, las personas que sonríen nos parecen más agradables, cálidas e incluso inteligentes que quienes no. 

La sonrisa es, por tanto, un elemento clave en la comunicación, como señala Küppers. Y es que una sonrisa transmite emociones, genera confianza, facilita la empatía y nos hace parecer más accesibles. Es por eso por lo que, tanto en el ámbito personal como en el profesional, la sonrisa es un complemento que jamás puede faltarnos al comunicarnos.

Sé honesto

Parece una tarea sencilla, pero no lo es en absoluto. El siguiente pilar de la comunicación de Küppers consiste en ser honestos. Para él es clave porque “al final transmites la persona que eres y la comunicación con los demás, ayuda”.

Y lo cierto es que la honestidad es uno de los cimientos de la confianza. Cuando percibimos que alguien es sincero, nos sentimos seguros a su lado y más dispuestos a abrirnos.

Esa sensación de seguridad, a su vez, favorece relaciones más estables en todos los ámbitos de la vida, ya sea personal, profesional o incluso comercial. La honestidad reduce el miedo a engaños y malentendidos, y aunque es una práctica compleja, siempre merece la pena si hablamos de mejorar la comunicación.

Escucha

Para acabar, Küppers se detiene en la que, para él, es la verdadera clave de la comunicación. O, al menos, la más importante de todas. Y es aprender a escuchar de manera activa.

“A las personas nos encanta que nos escuchen”, asegura el experto. “Porque cuando uno te escucha, te sientes importante, te sube la autoestima, te sientes comprendido, te sientes valorado, y eso es lo que todos queremos”, continua.

Esta escucha activa que propone el experto es una pieza central de la comunicación, según la psicología, porque, para empezar, permite comprender de verdad el mensaje del otro, reduciendo así los malentendidos. Pero, además, como señala Küppers, mejora la conexión con la otra persona y nos ayuda a construir relaciones de confianza.

Esta habilidad implica prestar atención plena, consciente y empática a lo que el otro dice y cómo lo dice. Supone recibir, procesar y responder al mensaje con la intención de comprender, y no solo de contestar.

Y es que la escucha activa no es solo una clave esencial de la comunicación. Es, además, la piedra angular de las relaciones significativas. Los estudios demuestran, según menciona Küppers, que el simple hecho de sabernos escuchados y comprendidos por otros reduce la respuesta emocional. Es decir, que al contar a un amigo la razón de nuestra tristeza, cuando este nos escucha de manera activa, con total comprensión, la pena disminuye.

Así que el consejo de Küppers es simple. Si quieres caerle bien a alguien, escúchale. “Es un esfuerzo enorme”, asegura, “porque implica ser generoso. Implica no pensar en mí, sino pensar en ti”. Pero como suele decirle, es un esfuerzo que siempre vale la pena. 

sábado, 31 de enero de 2026

Los “viajes conscientes”, la nueva tendencia que favorece el bienestar emocional y ayuda a reducir el estrés

 Mirko Racovski      | infobae.com | 03/01/2026

Especialistas consultados por Condé Nast y organismos internacionales destacan la importancia de planificar experiencias responsables que prioricen la salud mental, la empatía y la apertura cultural para lograr un impacto positivo en quienes exploran nuevos destinos

¿Viajar nos transforma en mejores personas o, por el contrario, nos enfrenta a nuestras propias contradicciones? El auge del turismo global, junto con fenómenos como el sobreturismo y la creciente autocrítica sobre el impacto del viajero moderno, ha reavivado un debate central: ¿el acto de viajar contribuye al bienestar colectivo y personal, o perpetúa desigualdades y problemas sociales? Además, cuál es el impacto en la salud mental de estas travesías.

Condé Nast Traveler explora esta cuestión, analizando tanto los beneficios de viajar como los riesgos que implica recorrer el mundo en la actualidad. Asimismo, diversos estudios científicos y sitios de referencia internacional han analizado el impacto de este comportamiento y destacaron el surgimiento de los “viajes conscientes” como una tendencia clave para maximizar los beneficios y reducir los riesgos del turismo actual.

El debate sobre el valor transformador del viaje se ha intensificado en los últimos años. Mientras algunos defienden que viajar amplía horizontes y fomenta la empatía, otros advierten sobre los efectos negativos del turismo masivo y la tendencia a consumir destinos como si fueran productos; y su impacto en el bienestar.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) señalan que los cambios de entorno, el desfase horario, la exposición a situaciones desconocidas y la falta de apoyo habitual pueden desencadenar o agravar síntomas de ansiedad y depresión, especialmente en personas con antecedentes de trastornos mentales. La preparación previa y la conciencia sobre el bienestar emocional son factores recomendados al planificar viajes, en especial cuando son internacionales.

El CDC también subraya que el estrés del viaje puede manifestarse tanto antes como durante la experiencia, desde la planificación hasta la adaptación a nuevas costumbres, y que la falta de sueño o los problemas con la alimentación pueden aumentar la vulnerabilidad a síntomas emocionales. Por este motivo, recomiendan estrategias de autocuidado. Es que la pregunta de que si viajar nos mejora o nos perjudica no tiene una respuesta sencilla.

Los beneficios de viajar: apertura y cuestionamiento

Entre los argumentos a favor de los beneficios de viajar, destacan la apertura mental, el intercambio cultural y la capacidad de cuestionar prejuicios. La Clínica Mayo destaca que la exposición a entornos naturales, una experiencia frecuente durante los viajes, puede reducir el estrés, mejorar el ánimo y favorecer la claridad mental. Incluso actividades sencillas al aire libre aportan beneficios psicológicos, ayudando a la mente a recuperarse del agotamiento cotidiano y promoviendo el bienestar general.

El sociólogo Javier Arenas, consultado por Condé Nast Traveler, sostiene que “los viajes nos pueden convertir en mejores personas cuando interactuamos con empatía: si tenemos ocasión no solo de ver otras realidades, sino de habitarlas, aunque sea brevemente, entenderemos mejor las desigualdades, los privilegios y las luchas cotidianas de esas sociedades”.

Esta visión coincide con la célebre frase de Mark Twain, citada en el reportaje: “Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras, y muchas personas necesitan de ello con urgencia. Una visión amplia, sana y caritativa de los hombres y las cosas no puede adquirirse vegetando toda la vida en un pequeño rincón de la tierra”.

El contacto directo con otras culturas y realidades puede favorecer la economía local y enriquecer la perspectiva del viajero. Sin embargo, Arenas advierte que estos beneficios no son automáticos y dependen de la actitud con la que se viaja.

Desde Cleveland Clinic, afirman que las vacaciones y los viajes permiten desconectarse del estrés cotidiano, lo que contribuye a reducir el riesgo de agotamiento emocional, mejorar la creatividad y fortalecer los vínculos personales. Además, las experiencias fuera del entorno habitual pueden aumentar la satisfacción y la felicidad, generando un impacto positivo en la salud mental.

No obstante, el turismo contemporáneo enfrenta críticas crecientes por su impacto ambiental, social y cultural. El fenómeno del sobreturismo ha transformado destinos como BaliTulum o Hoi An, generando problemas de gentrificación, encarecimiento de la vivienda y pérdida de autenticidad.

Una mirada crítica al turismo y la modernización

Arenas subraya que, en ocasiones, el turismo puede convertirse en una trampa que perpetúa la dependencia. “Un caso particular son los viajes benéficos con el objetivo de ayudar a la gente en un destino que suponemos menos favorecido desde nuestros estándares. Esta intención, que en principio es magnífica y digna de aplauso, en algunas ocasiones se convierte en una trampa: vamos disfrazados de curiosos, pero en realidad vamos pensando que tenemos que ‘enseñarles’ las ventajas de nuestra visión del mundo”, advierte el sociólogo.

El reportaje de Condé Nast Traveler destaca que el consumo irreflexivo de destinos, la búsqueda de comodidades propias y la imposición de expectativas pueden transformar el viaje en una experiencia superficial y perjudicial para las comunidades locales.

“Hay gente que enfoca los viajes como si fuera el consumo de cualquier otro producto. La actitud es de imposición y condescendencia: buscan encontrar las mismas condiciones que en su casa, las mismas tiendas, los mismos servicios, sobre todo cuando se viaja a destinos ‘menos desarrollados’, desde su punto de vista. Que la camarera sonría, que el camarero entienda nuestro idioma, que el entorno esté ‘listo para Instagram’. Es como estar en un decorado o en un parque temático, no es real”, reflexiona Arenas.

Al realizar un viaje, la clave, según las voces consultadas por Condé Nast Traveler y los distintos sitios de referencia internacional, reside en la capacidad de viajar con conciencia, respeto y apertura hacia la diversidad, evitando caer en la trampa del consumo y la imposición cultural.

Solo así, el viaje puede convertirse en una oportunidad genuina de aprendizaje y transformación tanto para el viajero como para las comunidades que lo reciben.