Mirko Racovski | infobae.com | 03/01/2026
Especialistas consultados por Condé Nast y organismos internacionales destacan la importancia de planificar experiencias responsables que prioricen la salud mental, la empatía y la apertura cultural para lograr un impacto positivo en quienes exploran nuevos destinos
¿Viajar nos transforma en mejores personas o, por el contrario, nos enfrenta
a nuestras propias contradicciones? El auge del turismo global, junto con fenómenos como el sobreturismo y la creciente autocrítica sobre el impacto del viajero
moderno, ha reavivado un debate central: ¿el acto de viajar contribuye
al bienestar colectivo y personal, o perpetúa desigualdades y problemas
sociales? Además, cuál es el impacto en la salud mental de estas travesías.
Condé Nast Traveler explora esta cuestión, analizando tanto los beneficios de viajar como los riesgos que implica recorrer
el mundo en la actualidad. Asimismo, diversos estudios científicos
y sitios de referencia internacional han analizado el impacto de este
comportamiento y destacaron el surgimiento de los “viajes conscientes” como una
tendencia clave para maximizar los beneficios y reducir los riesgos del turismo
actual.
El debate sobre el valor transformador del viaje se ha
intensificado en los últimos años. Mientras algunos defienden que viajar amplía horizontes y fomenta la empatía, otros advierten sobre los efectos negativos del turismo masivo y la tendencia a consumir destinos
como si fueran productos; y su impacto en el bienestar.
Los Centros para el Control y la
Prevención de Enfermedades (CDC) señalan que los cambios de entorno, el desfase
horario, la exposición a situaciones desconocidas y la falta de apoyo habitual
pueden desencadenar o agravar síntomas de ansiedad y depresión, especialmente
en personas con antecedentes de trastornos mentales. La preparación previa y la conciencia sobre el bienestar emocional son
factores recomendados al planificar viajes, en especial cuando son
internacionales.
El CDC también subraya que el estrés del viaje puede
manifestarse tanto antes como durante la experiencia, desde la planificación
hasta la adaptación a nuevas costumbres, y que la falta de sueño o los
problemas con la alimentación pueden aumentar la vulnerabilidad a síntomas
emocionales. Por este motivo, recomiendan estrategias de autocuidado. Es que la
pregunta de que si viajar nos mejora o nos perjudica no tiene una respuesta
sencilla.
Los beneficios de viajar: apertura y cuestionamiento
Entre los argumentos a favor de los beneficios de
viajar, destacan la apertura mental,
el intercambio cultural y la capacidad de cuestionar prejuicios. La
Clínica Mayo destaca que la exposición a entornos
naturales, una experiencia frecuente durante los viajes, puede reducir el estrés, mejorar el ánimo y favorecer
la claridad mental. Incluso actividades sencillas al aire libre aportan
beneficios psicológicos, ayudando a la mente a recuperarse del agotamiento
cotidiano y promoviendo el bienestar general.
El
sociólogo Javier Arenas, consultado por Condé Nast Traveler, sostiene que “los viajes nos pueden convertir en mejores
personas cuando interactuamos con empatía: si tenemos ocasión no solo de ver
otras realidades, sino de habitarlas, aunque sea brevemente, entenderemos mejor
las desigualdades, los privilegios y las luchas cotidianas de esas sociedades”.
Esta visión
coincide con la célebre frase de Mark Twain, citada en el reportaje: “Viajar es fatal para
los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras, y muchas personas
necesitan de ello con urgencia. Una visión amplia, sana y caritativa de los
hombres y las cosas no puede adquirirse vegetando toda la vida en un pequeño
rincón de la tierra”.
El
contacto directo con otras culturas y realidades puede favorecer la economía
local y enriquecer la perspectiva del viajero. Sin embargo, Arenas advierte que estos beneficios no son
automáticos y dependen de la actitud con la que se viaja.
Desde Cleveland Clinic, afirman que las vacaciones y los viajes
permiten desconectarse del estrés cotidiano, lo que contribuye a reducir el riesgo de
agotamiento emocional, mejorar la creatividad y fortalecer los vínculos
personales. Además, las experiencias fuera del entorno habitual pueden aumentar la satisfacción y la felicidad, generando un impacto
positivo en la salud mental.
No obstante, el turismo contemporáneo enfrenta críticas crecientes por su impacto ambiental, social y cultural. El fenómeno del sobreturismo ha transformado destinos como Bali, Tulum o Hoi An, generando problemas de gentrificación, encarecimiento de la vivienda y pérdida de autenticidad.
Una mirada crítica al turismo y la modernización
Arenas subraya que, en ocasiones, el turismo puede
convertirse en una trampa que perpetúa la dependencia. “Un caso particular son los viajes benéficos con el
objetivo de ayudar a la gente en un destino que suponemos menos favorecido
desde nuestros estándares. Esta intención, que en principio es magnífica y
digna de aplauso, en algunas ocasiones se convierte en una trampa: vamos
disfrazados de curiosos, pero en realidad vamos pensando que tenemos que
‘enseñarles’ las ventajas de nuestra visión del mundo”, advierte el sociólogo.
El reportaje de Condé Nast Traveler destaca que el consumo irreflexivo de
destinos, la búsqueda de comodidades propias y la imposición de expectativas
pueden transformar el viaje en una experiencia superficial y perjudicial para
las comunidades locales.
“Hay gente que enfoca los viajes como si fuera el
consumo de cualquier otro producto. La actitud es de imposición y
condescendencia: buscan encontrar las mismas condiciones que en su casa, las
mismas tiendas, los mismos servicios, sobre todo cuando se viaja a destinos
‘menos desarrollados’, desde su punto de vista. Que la camarera sonría, que el camarero entienda
nuestro idioma, que el entorno esté ‘listo para Instagram’. Es como estar en un
decorado o en un parque temático, no es real”, reflexiona Arenas.
Al realizar un viaje, la clave,
según las voces consultadas por Condé Nast Traveler y los
distintos sitios de referencia internacional, reside en la capacidad de
viajar con conciencia, respeto y apertura hacia la diversidad, evitando caer en
la trampa del consumo y la imposición cultural.
Solo así, el viaje puede
convertirse en una oportunidad genuina de aprendizaje y transformación tanto
para el viajero como para las comunidades que lo reciben.
No estoy de acuerdo con la frase que se cita de Mark Twain porque pienso que una visión amplia, sana y caritativa de los hombres puede adquirirse con buenos ojos desde cualquier sitio.
ResponderEliminarMe encanta viajar, pero solo lo pude hacer antes de contraer la enfermedad mental a algunos sitios de España e Italia, pero no lo echo en falta porque lo aconsejaría si la salud te lo permite, sinó se aprende mucho viendo reportages y/o películas.