miércoles, 4 de febrero de 2026

Fernando Mora, psiquiatra: «Veo a personas a las que les va bien, pero su expectativa es tan alta que acaban sufriendo»

 Laura Miyara      |     lavozdegalicia.com      |      08/01/2026            

    Fernando Mora es jefe de Psiquiatría en el Hospital Universitario Infanta Leonor.

El experto sostiene que si evitamos los problemas en lugar de buscar soluciones, nuestra salud emocional se resiente y aumenta el estrés crónico

Nuestras decisiones no pueden cambiarlo todo, pero tienen una importante influencia en nuestra salud mental. El psiquiatra Fernando Mora, jefe de sección de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor y profesor en la Universidad Complutense de Madrid, propone un enfoque basado en herramientas que ayudan a tomar decisiones beneficiosas para nuestra salud emocional. Su nuevo libro, Haz que tu cerebro tome buenas decisiones (Zenith, 2025), detalla paso a paso cómo conseguirlo.

—En el libro habla de la mala gestión de los problemas, ¿por qué llegan a desbordarnos?

—El desborde tiene que ver con dos cosas, el problema en cuestión y nuestra forma de afrontarlo. Es más fácil que los problemas nos desborden cuando son graves, cuando están con nosotros durante mucho tiempo o cuando se acumulan varios a la vez. Pero, lógicamente, también tiene que ver con nuestras maneras de afrontarlos. Hay personas que tienen un estilo de afrontamiento muy optimista y resolutivo y son capaces de gestionar situaciones aunque sean difíciles. Y por otro lado, hay otras personas que son menos resolutivas y a las que les cuesta más ver las soluciones. Tratan de resolver los problemas sin tener un método. A estas personas es más fácil que los problemas las desborden. Cuando no somos capaces de hacer una buena gestión de los problemas aparece el estrés crónico, que es responsable de que nos desbordemos.

—¿Qué podemos hacer para evitar que nos desborden los problemas?

—Para evitarlo necesitamos aprender a tomar las decisiones de forma consciente y ordenada para resolver nuestros problemas con método y con calma. Cuando hacemos un buen proceso de toma de decisión podemos encontrar mejores soluciones, lo que va a bajar el estrés y evitar que los problemas nos desborden.

—¿Cómo es ese proceso de toma de decisiones?

—Yo planteo un método muy sencillo, basado en seis pasos, que tienen el objetivo de mejorar la forma en la que tomamos decisiones. Sobre todo, aquellas que tienen que ver con afrontar retos de nuestro día a día. Lo primero es identificar bien el problema a resolver. Muchas veces estamos inmersos en nuestro malestar y nos ponemos a intentar solucionarlo sin habernos parado a analizar cuál es el origen. En segundo lugar, tenemos que analizar el impacto que tiene la situación en nosotros, para entender cómo y cuánto nos está afectando. Tercer punto, estudiar bien todas las opciones que tenemos para solucionarlo. Hacer una lista de las posibles soluciones, escribir los pros y las contras de cada una de ellas. Después de todo esto, el cuarto paso es elegir la mejor opción, teniendo presente que a veces no hay una solución perfecta. Pero eso no nos tiene que bloquear. Tenemos que elegir la mejor de todas las que tenemos. En quinto lugar, ponemos en marcha esta solución con un buen plan de acción.

—¿Qué ocurre después de la toma de decisión? ¿Por qué podemos arrepentirnos?

—El arrepentimiento tiene que ver con el afrontamiento. Cuando podemos solucionar un problema adelante, a por ello. Vamos a llevar a cabo este proceso y dejarlo resuelto. Pero cuando no tenemos la posibilidad de resolverlo, el problema va a permanecer, como puede ser el caso de una enfermedad o una ruptura de pareja, si no tenemos la solución en nuestras manos, tenemos que afrontarnos a nosotros mismos, es decir, llegar a ser capaces de convivir con esa situación.

—¿Cómo operan en nuestro cerebro las sustancias neuroquímicas a lo largo del proceso?

—En el equilibrio emocional hay seis sustancias cerebrales implicadas. Tres pertenecen al grupo de los neurotransmisores y otras tres al de las hormonas. Los neurotransmisores son la adrenalina, la serotonina y la dopamina y las tres hormonas son endorfinas, oxitocina y cortisol. Los neurotransmisores son los mensajeros que tienen nuestras neuronas para comunicarse entre ellas y regular el pensamiento, las emociones y las decisiones.

—¿Cómo influyen en la estabilidad emocional?

—La noradrenalina, el neurotransmisor responsable de la vitalidad emocional, es el que hace que nuestra mente esté activa y enfocada en conseguir los objetivos. La serotonina se ocupa de regular el estado de ánimo, del control de las preocupaciones. La dopamina, también muy conocida, es el neurotransmisor responsable de la motivación y de nuestra búsqueda de recompensas. Luego, en cuanto a las hormonas, la más importante es el cortisol, relacionado con el estrés crónico. Cuando hay estrés crónico, se libera cortisol de forma sostenida y este se mantiene elevado durante mucho tiempo, lo que altera el equilibrio emocional. El exceso de cortisol desequilibra la noradrenalina, la serotonina y la dopamina, los tres neurotransmisores. Por eso, en los estados de estrés crónico aparecen el desánimo, la preocupación, la irritabilidad y las dificultades para tomar buenas decisiones.

—¿Qué influencia pueden tener nuestras decisiones en nuestra salud emocional?

—Influyen mucho. Es a través de nuestras decisiones como gestionamos nuestros problemas. Decidimos hacer las cosas de una manera o de otra y, si lo hacemos de forma desadaptativa, evitando los problemas en lugar de buscar soluciones, nuestra salud emocional se resiente y aumenta la sensación de falta de control y el estrés crónico, con lo cual, vamos a estar peor. Sin embargo, cuando tomamos decisiones que nos ayudan a afrontar el problema, a través de la planificación consciente a largo plazo, nos encontramos mejor, reducimos el estrés y mejoramos nuestra salud emocional. Cada decisión que tomamos activa este sistema neuroquímico.

—¿Qué errores solemos cometer a la hora de tomar decisiones?

—El primero es confundir decidir rápido con decidir bien. En esta sociedad de la inmediatez y de la prisa pareciera que hay que resolver todo rápido y casi sin reflexionar. Al final, muchas veces, decidimos desde la impulsividad, que no es amiga de las buenas decisiones. El segundo error es buscar la decisión o solución perfecta. Esto nos paraliza. Mientras esperamos a tener toda la certeza, dejamos de actuar y corremos el riesgo de bloquearnos y no hacer nada. Así que cuando no hay una solución perfecta, elegimos la mejor opción entre las posibles y seguimos avanzando. Y el tercer error es que muchas veces no aprendemos de las decisiones que hemos tomado. Decidimos, ponemos en marcha lo que hemos decidido y damos el proceso por terminado. Pero un proceso de toma de decisiones de calidad incluye la evaluación de los resultados.

—¿Qué herramientas tenemos para afrontar los problemas de manera saludable?

—El afrontamiento es la herramienta, en sí mismo. Es el proceso psicológico que se activa cuando tenemos que resolver una situación difícil. Son todos los pensamientos y las acciones que ponemos en marcha para resolverla. La mayoría de las veces, lo hacemos sin darnos cuenta. Sucede un problema e inmediatamente nos ponemos a afrontarlo. Pero no siempre utilizamos las estrategias que nos llevan a las mejores soluciones. Lo que podemos hacer es aprender a hacer consciente este proceso para detectar las estrategias maladaptativas que nos alejan de las soluciones, como la negación, la autocrítica o la impulsividad. Cuando nos entrenamos para evitar esas estrategias negativas podemos afrontar mejor los problemas.

—En el libro menciona las expectativas como un problema en el contexto actual.

—Totalmente. Cuando hay un desajuste entre lo que esperamos y lo que realmente ocurre, eso nos genera estrés. Vivimos en una sociedad que nos empuja constantemente a buscar metas, a rendir y a compararnos, donde parece que no vale con estar bien. Tenemos que estar mejor. Y eso no es real, yo veo a muchas personas a las que les va bien en la vida, pero se han puesto una expectativa tan alta que acaban sufriendo porque no es posible alcanzarla. El estrés que deriva de esto puede afectar al equilibrio de los neurotransmisores, fundamentalmente, de la serotonina. Así es como activamos la rumiación. Somos muy críticos con nosotros mismos.

—¿Cómo podemos evitar estos problemas?

—Lo que hay que hacer es ajustar expectativas y esto no consiste en renunciar a lo que queremos, sino en alinearlas con la realidad. Pasar del cómo deberían ser las cosas a cómo son y qué puedo hacer con ello. Por tanto, lo que planteo es funcionar desde la flexibilidad mental o cognitiva. Nuestros pensamientos y emociones tienen que evolucionar con las circunstancias. Cuando una persona tiene una mirada flexible y realista, sus expectativas no se desajustan tanto y esto reduce el cortisol.

—¿Qué rol tiene la aceptación para conseguir esta flexibilidad?

—Consiste en identificar, entender y aceptar nuestras emociones para poder gestionarlas y, precisamente, lo que hace la aceptación es neutralizar la estrategia de evitación emocional. Muchas veces, cuando lo pasamos mal, lo que hacemos es negar o reprimir las emociones, pero eso no las hace desaparecer. Al contrario, suelen reaparecer más tarde y de peor forma. La aceptación es una herramienta tan necesaria como útil.

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