Infobae.com | 24/01/2026
Una investigación realizada en Alemania analizó datos de más de 170.000 adultos y encontró una relación significativa entre quienes fuman y problemas de salud emocional
Por detrás de la rutina que acompaña a millones al encender el primer
cigarrillo del día, se esconden historias de impacto silencioso. Más allá del
humo y la costumbre, recientes investigaciones en Alemania han detectado que ese
acto cotidiano puede dejar una huella profunda en la salud mental.
Un extenso estudio reveló que el vínculo entre el tabaco y la depresión es más estrecho de lo que
se pensaba y que abandonar el cigarrillo puede marcar una diferencia
significativa en la vida emocional de quienes alguna vez fumaron.
Un grupo de científicos del Central Institute of Mental Health
(CIMH) en Mannheim analizó datos de 173.890
adultos de entre 19 y 72 años. La investigación, enmarcada en la German
National Cohort (NAKO), confirmó que las personas que fuman o han
fumado alguna vez presentan una mayor prevalencia de depresión a lo largo de su
vida.
El estudio, publicado en la revista BMC Public Health, es el primero en documentar esta
asociación en la base de datos de la NAKO, la mayor cohorte poblacional
de Alemania. “Aunque la relación entre fumar y depresión ya era
conocida, los mecanismos detrás de este vínculo siguen sin estar claros”,
explicó Maja Völker, doctoranda del Departamento de Epidemiología
Genética en Psiquiatría del CIMH. Los participantes respondieron entrevistas y
cuestionarios sobre diagnósticos médicos de depresión, síntomas actuales,
condiciones de vida y hábitos de consumo.
La cantidad importa: efecto dosis-respuesta
El análisis identificó tres grupos principales: 81.775 nunca
fumadores, 58.004 exfumadores y 34.111 fumadores
activos. Tanto los fumadores actuales como los que dejaron de fumar
informaron la edad de inicio y el promedio de cigarrillos diarios. Los
resultados revelaron que a mayor consumo diario, más intensos son los
síntomas depresivos. “Por cada cigarrillo adicional, la severidad de los
síntomas aumenta en promedio 0,05 puntos”, señaló Carolin Marie
Callies, investigadora de la Universidad de Mannheim.
El efecto fue
especialmente notorio en personas de 40 a 59 años, donde la
diferencia entre fumadores y no fumadores respecto a la depresión se acentuó. “Estas
diferencias en los grupos de edad media sugieren que, además de los factores
sociales, el tiempo de exposición tiene un peso importante en la interacción
entre consumo de tabaco y salud mental”, añadió Callies.
Dejar de fumar, un cambio
con beneficios para la mente
Uno de los aspectos
destacados por los investigadores es el impacto positivo que tiene el abandono
del tabaco. Según los datos, “cuanto más tiempo ha pasado desde el
último cigarrillo, menor es la probabilidad de experimentar un nuevo episodio
depresivo”, subrayó Dr. Fabian Streit, del Hector
Institute for Artificial Intelligence in Psychiatry en el CIMH. La
investigación estimó que cada año sin fumar retrasa la aparición de la primera
depresión en 0,24 años y aleja el último episodio depresivo en 0,17 años
adicionales.
El estudio no consideró el uso de otros productos de
tabaco como cigarros o pipas, y su diseño transversal y retrospectivo impide
establecer una relación causal directa. Los autores remarcaron la necesidad de
investigaciones longitudinales e incorporación de datos genéticos para
esclarecer los mecanismos que unen tabaquismo y depresión.
El tabaco sigue siendo la principal
causa prevenible de mortalidad prematura, con más de ocho millones de
muertes anuales en el mundo, según la Organización Mundial de
la Salud (OMS). Ante estos datos, los responsables del estudio insisten en
la importancia de fortalecer las políticas preventivas y los programas para
dejar de fumar. “Nuestros hallazgos subrayan lo relevante que es evitar que
las personas comiencen a fumar y motivarlas a dejarlo para mejorar su salud
mental”, resumió Streit.
La German National Cohort (NAKO), respaldada
por 26 organizaciones y financiada con fondos públicos, continúa investigando
para identificar factores de riesgo y estrategias de prevención de enfermedades
comunes, como cáncer, diabetes y problemas cardiovasculares.
El trabajo representa un avance en la comprensión del
vínculo entre tabaco y depresión, y señala la
importancia de considerar la salud mental en las estrategias de control del
tabaquismo.