DANTE MARTIGNONI | infobae.com | 27/01/2026
La doctora Joanna
Fong-Isariyawongse detalló a The Conversation de qué manera la exposición a
estímulos novedosos, el sueño y el movimiento corporal inciden en el
funcionamiento intelectual durante la adultez y permiten sostener la capacidad
de adaptación del sistema nervioso frente a la rutina diaria
El cerebro humano responde a los desafíos de manera similar a los
músculos. La fuerza física aumenta al ejercitar los músculos con intensidad
progresiva, combinada con descanso, alimentación y recuperación; de igual modo,
la capacidad
cognitiva se desarrolla al enfrentar
nuevas tareas que exigen atención, concentración y creatividad.
La repetición de actividades conocidas mantiene el
cerebro activo, pero solo la novedad estimula la
formación de nuevas conexiones y la reorganización de redes neuronales,
según explicó una experta en neurociencia a The Conversation.
Décadas de investigación demuestran que la plasticidad cerebral no es exclusiva de la infancia. Los cerebros
adultos mantienen la capacidad de adaptarse y fortalecerse a lo largo de toda
la vida siempre que se les exija más allá de la rutina diaria.
El
pensamiento claro, la toma de decisiones y la creatividad dependen de este
desafío constante, un proceso que puede manifestarse como una ligera
incomodidad mental, comparable al ardor que experimentan los músculos durante
un entrenamiento intenso.
Entrenamiento cognitivo y novedad
El cerebro opera por zonas, y cada área puede
fortalecerse a través de estímulos específicos. La rutina, aunque cómoda, no propicia crecimiento cerebral.
Caminar
repetidamente por el mismo recorrido puede resultar agradable, pero la mente
deja de prestar atención y se desconecta de la experiencia, enfocándose en
pensamientos automáticos o pendientes. Este
fenómeno evidencia la necesidad de variar los estímulos y afrontar
desafíos que obliguen a la mente a adaptarse.
Estudios con animales demostraron
que la exposición a entornos
enriquecidos, con juguetes, ejercicio físico y estímulos sociales, produce
cerebros más grandes y complejos.
Investigaciones
en humanos indican que aprender un
idioma, tocar un instrumento o bailar incrementa de manera medible
tanto el volumen cerebral como la conectividad entre regiones.
Según explicó a The Conversation Joanna Fong-Isariyawongse, profesora de neurología en la Universidad de Pittsburgh: “La repetición mantiene el cerebro en funcionamiento, pero la novedad lo impulsa a adaptarse, obligándolo a prestar atención, aprender y resolver.
Fatiga neuronal y límites cognitivos
El esfuerzo constante sin pausas produce fatiga
neuronal, un estado en el que disminuye la concentración,
aumentan los errores y se altera la claridad mental.
Durante
periodos prolongados de trabajo cognitivo, las redes responsables de la
atención y la toma de decisiones se enlentecen, mientras que
las regiones asociadas a recompensas inmediatas asumen el control. Así se
explica la tendencia a buscar dulces, comida reconfortante o distracciones
cuando el cerebro está exhausto.
La comparación con el
entrenamiento físico resulta clara: la Dra. Fong-Isariyawongsedel explicó que
del mismo modo que los músculos no soportan esfuerzos prolongados sin
interrupciones, los circuitos neuronales necesitan períodos de descanso
para recuperar su funcionamiento.
La sobreexigencia repetida
sobre las mismas redes cognitivas favorece la acumulación de señales químicas,
ralentiza la comunicación interna y frena los procesos de aprendizaje.
En este
contexto, las pausas planificadas facilitan la recuperación
de las vías cerebrales más exigidas y mejoran su eficiencia operativa,
lo que contribuye a un aprendizaje más eficaz.
Sueño y recuperación
El sueño resulta
esencial para la restauración cerebral. Durante la noche, el cerebro elimina
desechos mediante el sistema glinfático, repone el glucógeno necesario para la
actividad neuronal y consolida recuerdos durante la fase REM.
La
experta señaló a The Conversation que el sueño profundo activa la hormona del
crecimiento, lo que favorece la reparación tisular y fortalece la actividad
de las células inmunitarias. La falta crónica de sueño reduce la atención,
afecta la toma de decisiones y altera hormonas relacionadas con el apetito y el
metabolismo, lo que favorece antojos y hábitos alimentarios poco saludables.
Ejercicio físico y neuroprotección
El entrenamiento físico aporta beneficios tanto al
cuerpo como al cerebro. La actividad
física incrementa los niveles de BDNF (factor neurotrófico derivado
del cerebro), una proteína que promueve
la formación de nuevas conexiones neuronales, mejora el flujo sanguíneo,
reduce la inflamación y ayuda a conservar la adaptabilidad cognitiva durante
toda la vida.
Hábitos constantes y crecimiento mental
La evidencia científica indica que la remodelación cerebral constituye un
proceso continuo. Cada desafío novedoso, cada pausa y cada noche de sueño
adecuada envían señales al cerebro de que el crecimiento permanece vigente.
Actividades variadas y
consistentes, sumadas a pausas y ejercicio, permiten entrenar la mente de
manera eficaz sin recurrir a programas complejos ni cambios radicales en
el estilo de vida.
Fong-Isariyawongse destacó
a The Conversation: “Si quieres un cerebro más agudo, creativo y
resiliente, no necesitas esperar un fármaco revolucionario ni el momento
perfecto. Puedes empezar ahora, con decisiones que le indiquen a tu cerebro que
el crecimiento sigue siendo el plan”.
La
exposición a nuevas experiencias, la gestión del descanso y el movimiento
físico constituyen los pilares de un cerebro adaptable y en constante
fortalecimiento.
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