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jueves, 12 de febrero de 2026

El cerebro se fortalece igual que un músculo: cómo la neuroplasticidad impulsa la salud cognitiva

 DANTE MARTIGNONI     |     infobae.com     |     27/01/2026

La doctora Joanna Fong-Isariyawongse detalló a The Conversation de qué manera la exposición a estímulos novedosos, el sueño y el movimiento corporal inciden en el funcionamiento intelectual durante la adultez y permiten sostener la capacidad de adaptación del sistema nervioso frente a la rutina diaria

El cerebro humano responde a los desafíos de manera similar a los músculos. La fuerza física aumenta al ejercitar los músculos con intensidad progresiva, combinada con descanso, alimentación y recuperación; de igual modo, la capacidad cognitiva se desarrolla al enfrentar nuevas tareas que exigen atención, concentración y creatividad.

La repetición de actividades conocidas mantiene el cerebro activo, pero solo la novedad estimula la formación de nuevas conexiones y la reorganización de redes neuronales, según explicó una experta en neurociencia a The Conversation.

Décadas de investigación demuestran que la plasticidad cerebral no es exclusiva de la infancia. Los cerebros adultos mantienen la capacidad de adaptarse y fortalecerse a lo largo de toda la vida siempre que se les exija más allá de la rutina diaria.

El pensamiento claro, la toma de decisiones y la creatividad dependen de este desafío constante, un proceso que puede manifestarse como una ligera incomodidad mental, comparable al ardor que experimentan los músculos durante un entrenamiento intenso.

Entrenamiento cognitivo y novedad

El cerebro opera por zonas, y cada área puede fortalecerse a través de estímulos específicos. La rutina, aunque cómoda, no propicia crecimiento cerebral.

Caminar repetidamente por el mismo recorrido puede resultar agradable, pero la mente deja de prestar atención y se desconecta de la experiencia, enfocándose en pensamientos automáticos o pendientes. Este fenómeno evidencia la necesidad de variar los estímulos y afrontar desafíos que obliguen a la mente a adaptarse.

Estudios con animales demostraron que la exposición a entornos enriquecidos, con juguetes, ejercicio físico y estímulos sociales, produce cerebros más grandes y complejos.

Investigaciones en humanos indican que aprender un idioma, tocar un instrumento o bailar incrementa de manera medible tanto el volumen cerebral como la conectividad entre regiones.

Según explicó a The Conversation Joanna Fong-Isariyawongse, profesora de neurología en la Universidad de Pittsburgh: “La repetición mantiene el cerebro en funcionamiento, pero la novedad lo impulsa a adaptarse, obligándolo a prestar atención, aprender y resolver.

Fatiga neuronal y límites cognitivos

El esfuerzo constante sin pausas produce fatiga neuronal, un estado en el que disminuye la concentración, aumentan los errores y se altera la claridad mental.

Durante periodos prolongados de trabajo cognitivo, las redes responsables de la atención y la toma de decisiones se enlentecen, mientras que las regiones asociadas a recompensas inmediatas asumen el control. Así se explica la tendencia a buscar dulces, comida reconfortante o distracciones cuando el cerebro está exhausto.

La comparación con el entrenamiento físico resulta clara: la Dra. Fong-Isariyawongsedel explicó que del mismo modo que los músculos no soportan esfuerzos prolongados sin interrupciones, los circuitos neuronales necesitan períodos de descanso para recuperar su funcionamiento.

La sobreexigencia repetida sobre las mismas redes cognitivas favorece la acumulación de señales químicas, ralentiza la comunicación interna y frena los procesos de aprendizaje.

En este contexto, las pausas planificadas facilitan la recuperación de las vías cerebrales más exigidas y mejoran su eficiencia operativa, lo que contribuye a un aprendizaje más eficaz.

Sueño y recuperación

El sueño resulta esencial para la restauración cerebral. Durante la noche, el cerebro elimina desechos mediante el sistema glinfático, repone el glucógeno necesario para la actividad neuronal y consolida recuerdos durante la fase REM.

La experta señaló a The Conversation que el sueño profundo activa la hormona del crecimiento, lo que favorece la reparación tisular y fortalece la actividad de las células inmunitarias. La falta crónica de sueño reduce la atención, afecta la toma de decisiones y altera hormonas relacionadas con el apetito y el metabolismo, lo que favorece antojos y hábitos alimentarios poco saludables.

Ejercicio físico y neuroprotección

El entrenamiento físico aporta beneficios tanto al cuerpo como al cerebro. La actividad física incrementa los niveles de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína que promueve la formación de nuevas conexiones neuronales, mejora el flujo sanguíneo, reduce la inflamación y ayuda a conservar la adaptabilidad cognitiva durante toda la vida.

Hábitos constantes y crecimiento mental

La evidencia científica indica que la remodelación cerebral constituye un proceso continuo. Cada desafío novedoso, cada pausa y cada noche de sueño adecuada envían señales al cerebro de que el crecimiento permanece vigente.

Actividades variadas y consistentes, sumadas a pausas y ejercicio, permiten entrenar la mente de manera eficaz sin recurrir a programas complejos ni cambios radicales en el estilo de vida.

Fong-Isariyawongse destacó a The Conversation: “Si quieres un cerebro más agudo, creativo y resiliente, no necesitas esperar un fármaco revolucionario ni el momento perfecto. Puedes empezar ahora, con decisiones que le indiquen a tu cerebro que el crecimiento sigue siendo el plan”.

La exposición a nuevas experiencias, la gestión del descanso y el movimiento físico constituyen los pilares de un cerebro adaptable y en constante fortalecimiento.

lunes, 6 de octubre de 2025

Marian Rojas, psiquiatra, sobre la capacidad de cambio en las personas: "Hoy en día conocemos la neuroplasticidad"

ANDREA MUÑOZ     |     larazon.es      |      21/08/2025


La psiquiatra destaca la importancia de la actitud, la voz interior y la forma en que nos hablamos para potenciar la salud mental

El optimismo no es ingenuidad, sino una manera de entrenar la mente para detectar oportunidades y afrontar los retos con más recursos. Así lo explica la psiquiatra Marian Rojas Estapé, quien recuerda que la neuroplasticidad cerebral es una capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse que permite a cualquier persona reeducar sus pensamientos y transformar su actitud. A través de ejemplos prácticos, Rojas subraya cómo la forma en la que nos hablamos a nosotros mismos repercute en la salud física, emocional y en la manera en que nos relacionamos con los demás.

La neuroplasticidad: el cerebro puede cambiar

La idea central del mensaje de Rojas se apoya en un principio clave de la neurociencia, la neuroplasticidad. Retomando la célebre frase del Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”, la psiquiatra insiste en que la mente no es estática, sino moldeable.

Cambiar la forma de pensar requiere intención y práctica, pero es posible reprogramar hábitos mentales para favorecer el bienestar y disminuir la autocrítica constante.

El papel del optimismo en la vida diaria

Según Rojas, el optimismo se puede educar y potenciar. No garantiza el éxito, pero ayuda a reconocer las oportunidades y a afrontar mejor las dificultades. En contraste, el pesimismo actúa como una voz interior que limita y genera un círculo de frustración.

El optimismo, explica, consiste en mantener esperanza, confianza y fe en las circunstancias, incluso en contextos adversos.

La voz interior: un reflejo de la infancia y las experiencias

Uno de los puntos clave del discurso de Rojas es la importancia de escuchar la voz interior. Esa narrativa interna puede tener raíces en la infancia, en mensajes recibidos de los padres o en experiencias dolorosas recientes.

Cuando esa voz es excesivamente crítica, el cuerpo lo refleja y somatiza el malestar. Por eso, aprender a reconocerla y transformarla es esencial para la salud mental y física.

De la autocrítica a la autocompasión

Rojas invita a sustituir los pensamientos negativos por otros más amables y realistas. No se trata de negar los errores, sino de reconocer que, en cada decisión, actuamos con los recursos disponibles en ese momento.

La autocompasión “Hice lo mejor que pude con las circunstancias que tenía” permite avanzar sin quedar atrapados en la culpa, el victimismo o el rencor, que la psiquiatra define como “venenos para el organismo”.

Reeducar la mirada para proteger la salud

El mensaje final de Rojas es claro, hay que entrenar la mente en el pensamiento positivo y proteger tanto la salud psicológica como la física.

Cada día aparecen dificultades, pero también pequeños momentos de disfrute que, si se saben valorar, ayudan a mantener el equilibrio emocional. La clave está en reeducar la mirada, aprender a gestionar lo negativo y reforzar lo positivo.