viernes, 6 de marzo de 2026

Nuevo plan de salud mental: frenar la medicalización del malestar cotidiano

 CELESTE LÓPEZ     |     lavanguardia.com     |    04/04/2025

 El texto apuesta por deprescribir hipnosedantes y antidepresivos y  promover modelos alternativos de hospitalización, como casas especializadas en momentos de crisis

Las comunidades autónomas han dado el visto bueno al Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027, que apuesta por garantizar el uso “adecuado” de fármacos que evite la “medicalización del malestar cotidiano” y que potencia otras alternativas disponibles. Entre las medidas, la deprescripción de antidepresivos e hipnosedantes en virtud de la evidencia científica, al comprobarse que muchos de estos fármacos, prescritos para un momento determinado, acompañan al paciente durante largos años o toda su vida.

Frente a la deprescripción, se apuesta por fomentar la prescripción social, ocupacional, cultural, de ejercicio físico y terapéutico como enfoques complementarios en la atención sanitaria y social. La prescripción social busca mejorar la salud y el bienestar al conectar a las personas con actividades como grupos de apoyo, programas de ejercicio, talleres, o voluntariado, entre otros.  Y la prescripción ocupacional se centra en recomendar actividades significativas y adaptadas a las capacidades y necesidades individuales, promoviendo la autonomía, participación social y la mejora de la calidad de vida.

El texto que hoy han amparado las comunidades del PP ( muy similar al que rechazaron en febrero) cuenta con 39 millones de euros para desplegar ocho líneas de actuación, encaminadas a alcanzar un modelo de atención más humanizado, con más profesionales y un uso más adecuado de psicofármacos.

El plan establece el refuerzo de los recursos humanos: más profesionales y mejores condiciones

Además de la citada deprescripción y uso racional de los medicamentos, el plan establece el refuerzo de los recursos humanos. Esto pasa por aumentar el número de profesionales y mejora de sus condiciones, a través de medidas como la planificación de la oferta en la Formación Sanitaria Especializada o la creación de la especialidad de Psicología Clínica de la Infancia y de la Adolescencia.

También propone elaborar un plan integral para prevenir los ingresos y promover modelos alternativos de hospitalización en episodios de crisis de salud mental. En este punto, se apuesta por potenciar la atención domiciliaria, hospitalización parcial, casas de crisis u otras alternativas que garanticen y protejan la autonomía y derechos de las personas con trastorno mental durante las crisis.

Otro de los objetivos es orientar la atención a los derechos humanos de las personas con problemas de salud mental, la humanización  a la hora de tratarles y la lucha contra el estigma, con alternativas a la contención mecánica o reduciendo las intervenciones involuntarias, mejorando el registro y seguimiento de éstas con un registro estatal.

Otro de los objetivos es orientar la atención a los derechos humanos de las personas con problemas de salud mental

Y se defiende que estas personas puedan planificar de forma anticipada las decisiones sobre su atención sanitaria y se desarrollará en un documento dentro de sus historias clínicas.

Otro de los puntos incluidos es el abordaje de problemas de salud mental en contextos y colectivos de mayor vulnerabilidad. El documento cita residentes en regiones rurales o de difícil accesibilidad, personas mayores, migrantes y desplazados de zonas en guerra o catástrofe, desempleados, víctimas de trata, abuso sexual o violencia de género, colectivo LGTBIQ+, personas en exclusión social o con discapacidad.

El plan, que propone instaurar una vigilancia epidemiológica para lograr datos objetivos, homogéneos y de calidad, presta especial interés en la atención a las personas más vulnerables, sobre todo, a los adolescentes y jóvenes. 

La salud mental y trabajo: atención a los trabajadores expuestos a riesgos psicosociales

También hay un apartado sobre salud mental y trabajo, donde se plantea acciones como crear una guía de identificación y comunicación de la sospecha de trastornos mentales derivados del entorno laboral o la vigilancia de los trabajadores expuestos a riesgos psicosociales.

El pasado febrero la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) se había desvinculado por considerar que suponía una merma de los recursos humanos y un mayor estigma de la salud mental por usar términos como deprescripción. Sin embargo, el resto de sociedades científicas, desde la Asociación Española de Salud Mental (AEN-PSM) a la Sociedad Española de Psicología Clínica-Anpir o la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (Sepypna), pasando por los equipos técnicos de todas las comunidades, mantuvieron su respaldo tal y como estaba.