JOAQUÍN BAHAMONDE |
infobae.com | 18/12/2025
Especialistas en salud mental subrayan la importancia de adaptar las estrategias diagnósticas y terapéuticas. La importancia de reconocer la variedad de síntomas en adultos, según expertos consultados por National Geographic
Durante décadas,
predominó la creencia de que el trastorno por déficit de atención
e hiperactividad (TDAH) era una condición
exclusiva de la infancia. Investigaciones recientes desacreditaron
este mito, al demostrar que los síntomas pueden persistir y
transformarse a lo largo de la vida adulta.
Según datos citados
por National Geographic, millones de adultos conviven actualmente con este
trastorno, enfrentando
desafíos poco visibles o fácilmente confundidos con otros
problemas de salud mental.
La idea de que el TDAH se supera con la madurez quedó obsoleta ante la evidencia científica. En Estados Unidos, se estima que 15,5 millones de adultos presentan TDAH, una cifra que supera ampliamente los 7 millones de niños diagnosticados. Cerca de la mitad de estos adultos recibió el diagnóstico en la adultez, lo que refleja tanto una mayor concienciación como dificultades históricas para identificar el trastorno fuera del ámbito infantil.
Los expertos consultados
por National Geographic señalan que los síntomas varían, pero
el TDAH continúa impactando la vida diaria incluso cuando
algunas manifestaciones logran ser enmascaradas.
Dificultades diagnósticas
y factores de agravamiento
El diagnóstico de TDAH en
adultos plantea retos particulares. Si en la infancia los síntomas
suelen ser evidentes —como la incapacidad para permanecer quietos en clase o la
tendencia a interrumpir—, en la adultez pueden expresarse como impaciencia
ante situaciones cotidianas como esperar en una fila.
Jill RachBeisel, profesora de psicología en la
Universidad de Maryland, afirma que los adultos con TDAH interrumpen
conversaciones o muestran inquietud en contextos sociales y laborales.
Además, la intensidad de los síntomas varía considerablemente,
desde manifestaciones leves hasta formas pronunciadas.
Craig Surman, psiquiatra del Hospital General de
Massachusetts, especifica que la impulsividad y la hiperactividad tienden
a disminuir con la edad, pero los problemas de atención suelen
persistir.
Esta evolución dificulta
el reconocimiento del trastorno en adultos, ya que muchos desarrollaron
estrategias para ocultar sus dificultades, lo que puede atrasar tanto
el diagnóstico como el acceso a un tratamiento adecuado.
El TDAH es un trastorno
del neurodesarrollo relacionado con una base genética, aunque factores
ambientales y tecnológicos también influyen en su aparición o
agravamiento. Para investigadores como John Ratey, de la Facultad
de Medicina de Harvard, resulta legítimo considerar un déficit de atención
adquirido, especialmente en un contexto de sobreexposición tecnológica.
La cultura
digital, definida por la multitarea y la estimulación constante, puede
agravar los síntomas en personas con TDAH y generar dificultades de
atención, incluso en quienes no presentan el trastorno de base. Lidia
Zylowska, psiquiatra de la Universidad de Minnesota, advierte en National
Geographic que la conexión permanente a dispositivos móviles puede
empeorar un TDAH preexistente o inducir distracción en personas sin
antecedentes.
Otros factores,
como los cambios hormonales vinculados a la menstruación o
la menopausia, pueden desencadenar o intensificar síntomas de TDAH en
mujeres adultas. Ratey destaca que este grupo resulta especialmente
infradiagnosticado, ya que a menudo se les prescribe tratamiento para
ansiedad o depresión sin identificar el origen real de sus dificultades.
Además, el TDAH suele
coexistir con otros problemas de salud mental —como insomnio,
trastornos tiroideos o cambios cognitivos atribuidos a la edad—, lo que dificulta
el diagnóstico diferencial y genera subregistro.
Diagnóstico, abordaje y
potencial de las personas con TDAH
El subdiagnóstico
en adultos, especialmente mujeres, se debe en parte a la superposición de
síntomas con otras condiciones y a la tendencia a atribuir los
problemas de atención a factores como el estrés o la falta de sueño.
Zylowska afirma que los
adultos con TDAH rara vez presentan el trastorno en forma aislada, y que
los síntomas se confunden fácilmente con ansiedad, depresión o
apnea del sueño. La estructura familiar durante la infancia puede enmascarar
los síntomas, que solo se hacen evidentes cuando se asumen
responsabilidades de adulto y desaparecen esas redes de apoyo.
El diagnóstico en adultos
implica revisar la historia personal, buscar síntomas presentes desde la
infancia y consultar fuentes como diarios, informes escolares o testimonios
familiares. RachBeisel explica que muchos adultos descubren que las
dificultades estuvieron siempre presentes, aunque no fueran
reconocidas. La falta de detección temprana puede forzar a los
afectados a esforzarse mucho más que sus pares para alcanzar metas
similares, con impacto sobre la autoestima y el bienestar.
A pesar de los desafíos,
el TDAH es una afección tratable. RachBeisel asegura en National
Geographic que existen opciones terapéuticas variadas,
desde medicación hasta intervenciones psicológicas como la terapia
cognitivo-conductual.
Mark Stein, psicólogo del Hospital Infantil de
Seattle, recomienda una evaluación profesional detallada para
determinar el abordaje más adecuado. El tratamiento puede mejorar de
forma significativa la calidad de vida, posibilitando que los adultos con
TDAH desarrollen sus capacidades y enfrenten los retos diarios con mayor
eficacia.
Más allá de las dificultades, el TDAH puede ir asociado a cualidades como la creatividad, el entusiasmo, la curiosidad y la capacidad de concentrarse en proyectos estimulantes. Como concluye National Geographic, identificar y potenciar estas fortalezas, junto con el entorno adecuado, permite que las personas con TDAH alcancen su máximo potencial y contribuyan de manera significativa en distintos ámbitos.
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