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domingo, 10 de mayo de 2026

Un nuevo estudio identificó tres perfiles cerebrales en el TDAH: qué implica para el tratamiento de cada paciente

 CONSTANZA ALMIRÓN|      infobae.com     |      08/05/2026

Una investigación internacional revela diferencias neurobiológicas y emocionales entre pacientes con el mismo diagnóstico. Cómo este hallazgo impulsa el avance hacia las terapias más personalizadas

Durante décadas, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) fue definido principalmente por conductas visibles: dificultad para concentrarse, impulsividad e hiperactividad.

Sin embargo, en consultorios, escuelas y hogares, muchos profesionales y familias observaban algo más complejo. Había niños extremadamente distraídos, y también pacientes que reaccionaban con crisis emocionales intensas frente a situaciones cotidianas, con explosiones de enojo, llanto o frustración difíciles de controlar.

Un estudio publicado en JAMA Psychiatry identificó tres perfiles cerebrales diferenciados asociados al TDAH mediante resonancias magnéticas y análisis computacionales avanzados. En paralelo, trabajos desarrollados por Lund University en adultos reforzaron la idea de que el trastorno puede manifestarse de formas muy distintas y requerir tratamientos más personalizados.

El límite del modelo actual de diagnóstico

Hoy, el diagnóstico del TDAH se realiza a partir de criterios establecidos en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), la guía utilizada internacionalmente por psiquiatras y psicólogos para clasificar trastornos mentales.

Uno de los subtipos identificados corresponde al TDAH inatento, vinculado con alteraciones en áreas cerebrales asociadas a la atención

Ese sistema organiza el cuadro según listas de síntomas observables y divide el trastorno en tres presentaciones: predominantemente inatenta, predominantemente hiperactiva/impulsiva o combinada.

El problema, señalan muchos investigadores, es que esas categorías se basan sobre todo en el comportamiento y no en diferencias biológicas del cerebro. En la práctica, dos personas pueden recibir exactamente el mismo diagnóstico y, aun así, presentar dificultades completamente distintas.

Por ejemplo, algunos pacientes tienen problemas principalmente vinculados con la atención sostenida, mientras otros muestran fuertes alteraciones emocionales, baja tolerancia a la frustración o cambios abruptos de humor que afectan la vida cotidiana, los vínculos sociales y el rendimiento escolar o laboral.

Sin embargo, esas diferencias suelen quedar diluidas dentro de una misma clasificación clínica. Los nuevos estudios buscan precisamente cambiar esa lógica: en lugar de partir únicamente de síntomas visibles, intentan identificar patrones biológicos concretos detrás de cada perfil.

Cómo lograron detectar los nuevos biotipos

La investigación principal analizó datos de 1.831 participantes provenientes de 10 centros internacionales. Los investigadores utilizaron resonancias magnéticas cerebrales y herramientas de inteligencia artificial para detectar patrones estructurales en el cerebro.

A diferencia de otros estudios centrados en regiones aisladas, el equipo analizó cómo distintas áreas cerebrales se relacionan entre sí, como si observaran un sistema de rutas interconectadas en lugar de calles separadas.

Para eso emplearon una técnica llamada “redes de similitud morfométrica”, que permite mapear conexiones estructurales entre diferentes regiones cerebrales. Luego aplicaron algoritmos capaces de agrupar perfiles con características compartidas. El análisis permitió identificar tres biotipos claramente diferenciados.

Uno de los perfiles correspondió al subtipo predominantemente inatento, asociado a alteraciones en áreas vinculadas con la atención sostenida. Otro presentó un patrón hiperactivo e impulsivo, relacionado con cambios en circuitos cerebrales involucrados en el control conductual. El hallazgo que más llamó la atención de los investigadores fue un tercer biotipo severo combinado con desregulación emocional.

El perfil más complejo: emociones intensas y mayor afectación cerebral

Este tercer grupo presentó alteraciones mucho más extensas que los otros dos. Los investigadores detectaron 45 áreas cerebrales con desviaciones significativas, frente a las 26 observadas en los demás perfiles. Las diferencias aparecieron especialmente en regiones vinculadas con la regulación emocional, el control de impulsos y la motivación, como la corteza prefrontal medial y el pálido.

En términos simples, estas áreas ayudan a modular reacciones emocionales y a “frenar” respuestas impulsivas. Eso podría explicar por qué algunos pacientes con TDAH experimentan reacciones extremadamente intensas frente a situaciones relativamente pequeñas, algo que muchas familias describen desde hace años.

En ese sentido, Paul Rosen, director de la ADHD Rapid Assessment Clinic del Norton Children’s Medical Group, describió a este grupo en declaraciones a The Washington Post como “volcanes en estado latente”: niños que pueden parecer tranquilos hasta que una situación de estrés, frustración o sobrecarga emocional desencadena crisis intensas y prolongadas.

Lo importante es que la desregulación emocional no ocupa actualmente un lugar central dentro de los criterios diagnósticos tradicionales del TDAH.

Por eso, muchos pacientes terminan recibiendo otros diagnósticos asociados, como ansiedad, trastornos oposicionistas o alteraciones del estado de ánimo, sin que necesariamente se reconozca el componente emocional del propio TDAH.

Para F. Xavier Castellanos, neurocientífico de la Universidad de Nueva York y uno de los referentes históricos en el estudio del trastorno, los nuevos hallazgos podrían modificar ese paradigma en futuras revisiones clínicas.

Diferencias químicas y tratamientos más ajustados

Los investigadores también encontraron variaciones en distintos sistemas neuroquímicos cerebrales, incluidos circuitos relacionados con serotonina, dopamina, acetilcolina y glutamato. Esto resulta especialmente relevante porque muchos tratamientos actuales actúan precisamente sobre algunos de esos mecanismos.

La posibilidad de identificar perfiles biológicos diferenciados podría permitir, en el futuro, diseñar intervenciones más específicas según las necesidades de cada paciente, en lugar de aplicar estrategias generales para todos los casos.

La lógica es similar a la medicina personalizada que ya se utiliza en otras áreas, donde un mismo diagnóstico puede dividirse en subgrupos con respuestas terapéuticas distintas.

Qué ocurre en adultos con TDAH

Otra investigación desarrollada por Lund University amplió la mirada hacia adultos con TDAH. El estudio comparó personas medicadas con psicoestimulantes y pacientes sin tratamiento farmacológico. Los resultados mostraron que las diferencias funcionales parecían relacionarse más con la gravedad de los síntomas que con el uso de medicación en sí.

Los investigadores identificaron alteraciones en memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, coordinación motora, flexibilidad cognitiva y control de impulsos. Según Maurizio Cundari, líder del trabajo, esto refuerza la necesidad de abandonar una visión simplificada del trastorno centrada únicamente en la atención.

Los autores sostienen que el futuro del tratamiento probablemente combine distintas estrategias adaptadas a cada perfil clínico y neurobiológico, incluyendo rehabilitación cognitivaactividad física y abordajes personalizados.

Un cambio de paradigma todavía en construcción

Pese al entusiasmo que generan estos resultados, los especialistas advierten que todavía existen limitaciones importantes.

Las resonancias cerebrales aún no permiten diagnosticar TDAH de manera individual en la práctica clínica cotidiana, y los investigadores señalan que serán necesarios estudios de seguimiento para comprender cómo evolucionan estos subtipos a lo largo del tiempo. Sin embargo, el hallazgo marca un cambio profundo en la forma de estudiar el trastorno.

Por primera vez, múltiples investigaciones empiezan a converger en una idea que durante años fue discutida principalmente desde la experiencia clínica: detrás del mismo diagnóstico podrían existir cerebros distintos, trayectorias diferentes y necesidades terapéuticas específicas.

Para millones de personas con TDAH y sus familias, esa diferencia podría cambiar en el futuro no solo el tratamiento, sino también la manera de comprender el trastorno

viernes, 17 de abril de 2026

El TDAH en adultos empeora la capacidad de regular el tiempo, la motivación y las emociones, según psiquiatra

 Newsroom Infobae     |     infobae.com      |     06/04/2026

 

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) puede generar, más allá de la falta de atención, dificultad "global" para regular el tiempo, la motivación, las emociones y la conducta en los adultos, según el jefe del nuevo Servicio de Psiquiatría de Olympia Quirónsalud, Pedro García-Parajuá.

 

Entre un 15 por ciento y un 25 por ciento de los niños diagnosticados con TDAH mantienen el cuadro completo en la adultez, mientras que hasta un 60 por ciento continúa presentando "síntomas residuales" que afectan significativamente a su vida diaria. Entre ellos, se encuentran la procrastinación constante, la dificultad para iniciar tareas o la sensación persistente de no haber alcanzado el "propio potencial".

 

"Muchos pacientes describen una vida marcada por altibajos: momentos de gran productividad seguidos de bloqueos importantes. Esto no responde a falta de capacidad, sino a problemas en la autorregulación", ha explicado el especialista.

 

También son síntomas frecuentes la baja tolerancia a la frustración, las reacciones emocionales intensas y una inquietud interna constante, además de "una hiperactividad física visible".

 

Según García-Parajuá, el TDAH en adultos se suele manifestar en tres grandes áreas: desorganización, impulsividad e inquietud interna. Estas dificultades se pueden traducir en olvidos frecuentes, problemas para planificar o una sensación de "caos mental".

 

Además, es más probable que estas personas tomen decisiones precipitadas tanto en el trabajo como en la vida personal por las "dificultades en la inhibición conductual y en la gestión del tiempo y las emociones". Esta situación puede derivar en conflictos de pareja, inestabilidad laboral, estrés crónico o sensación de incomprensión.

 

TDAH Y LA RELACIÓN CON LA ANSIEDAD

Asimismo, el psiquiatra ha expuesto que, en muchas ocasiones, la ansiedad se genera como consecuencia de años de desorganización y sobreesfuerzo a raíz de un TDAH no diagnosticado. "En muchos casos, la ansiedad no es el problema principal, sino la reacción a vivir constantemente con la sensación de ir por detrás de las obligaciones", ha afirmado.

En este sentido, identificar "correctamente" el origen del trastorno permite "un abordaje más eficaz", ya que también se puede reducir la ansiedad asociada. En las personas adultas con TDAH es más frecuente encontrar baja autoestima, sentimientos de incompetencia y dificultades en relaciones personales, además de existir una mayor prevalencia de trastornos de ansiedad, depresión o conductas adictivas. Por ello, diferenciar el TDAH de otros trastornos como la ansiedad o la depresión es "clave".

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad tiene un inicio temprano y un curso "persistente" a lo largo de la vida. El tratamiento suele combinar medicación (que mejora la atención y la autorregulación) con la psicoterapia, especialmente terapia cognitivo-conductual (que enseña en cómo manejar el día a día).

"Nunca es tarde para comprender qué está pasando. Para muchos pacientes, el diagnóstico supone un alivio: deja de ser una cuestión de esfuerzo y pasa a entenderse como una condición con base neurobiológica", ha concluido Pedro García-Parajuá.

domingo, 18 de enero de 2026

TDAH en la adultez: nuevos enfoques, desafíos cotidianos y claves para fortalecer el bienestar


JOAQUÍN BAHAMONDE     |      infobae.com     |     18/12/2025


Especialistas en salud mental subrayan la importancia de adaptar las estrategias diagnósticas y terapéuticas. La importancia de reconocer la variedad de síntomas en adultos, según expertos consultados por National Geographic

 

Durante décadas, predominó la creencia de que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) era una condición exclusiva de la infancia. Investigaciones recientes desacreditaron este mito, al demostrar que los síntomas pueden persistir y transformarse a lo largo de la vida adulta.

Según datos citados por National Geographicmillones de adultos conviven actualmente con este trastorno, enfrentando desafíos poco visibles o fácilmente confundidos con otros problemas de salud mental.

La idea de que el TDAH se supera con la madurez quedó obsoleta ante la evidencia científica. En Estados Unidos, se estima que 15,5 millones de adultos presentan TDAH, una cifra que supera ampliamente los 7 millones de niños diagnosticados. Cerca de la mitad de estos adultos recibió el diagnóstico en la adultez, lo que refleja tanto una mayor concienciación como dificultades históricas para identificar el trastorno fuera del ámbito infantil.

Los expertos consultados por National Geographic señalan que los síntomas varían, pero el TDAH continúa impactando la vida diaria incluso cuando algunas manifestaciones logran ser enmascaradas.

Dificultades diagnósticas y factores de agravamiento

El diagnóstico de TDAH en adultos plantea retos particulares. Si en la infancia los síntomas suelen ser evidentes —como la incapacidad para permanecer quietos en clase o la tendencia a interrumpir—, en la adultez pueden expresarse como impaciencia ante situaciones cotidianas como esperar en una fila.

Jill RachBeisel, profesora de psicología en la Universidad de Maryland, afirma que los adultos con TDAH interrumpen conversaciones o muestran inquietud en contextos sociales y laborales. Además, la intensidad de los síntomas varía considerablemente, desde manifestaciones leves hasta formas pronunciadas.

Craig Surman, psiquiatra del Hospital General de Massachusetts, especifica que la impulsividad y la hiperactividad tienden a disminuir con la edad, pero los problemas de atención suelen persistir.

Esta evolución dificulta el reconocimiento del trastorno en adultos, ya que muchos desarrollaron estrategias para ocultar sus dificultades, lo que puede atrasar tanto el diagnóstico como el acceso a un tratamiento adecuado.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo relacionado con una base genética, aunque factores ambientales y tecnológicos también influyen en su aparición o agravamiento. Para investigadores como John Ratey, de la Facultad de Medicina de Harvard, resulta legítimo considerar un déficit de atención adquirido, especialmente en un contexto de sobreexposición tecnológica.

La cultura digital, definida por la multitarea y la estimulación constante, puede agravar los síntomas en personas con TDAH y generar dificultades de atención, incluso en quienes no presentan el trastorno de base. Lidia Zylowska, psiquiatra de la Universidad de Minnesota, advierte en National Geographic que la conexión permanente a dispositivos móviles puede empeorar un TDAH preexistente o inducir distracción en personas sin antecedentes.

Otros factores, como los cambios hormonales vinculados a la menstruación o la menopausia, pueden desencadenar o intensificar síntomas de TDAH en mujeres adultas. Ratey destaca que este grupo resulta especialmente infradiagnosticado, ya que a menudo se les prescribe tratamiento para ansiedad o depresión sin identificar el origen real de sus dificultades.

Además, el TDAH suele coexistir con otros problemas de salud mental —como insomnio, trastornos tiroideos o cambios cognitivos atribuidos a la edad—, lo que dificulta el diagnóstico diferencial y genera subregistro.

Diagnóstico, abordaje y potencial de las personas con TDAH

El subdiagnóstico en adultos, especialmente mujeres, se debe en parte a la superposición de síntomas con otras condiciones y a la tendencia a atribuir los problemas de atención a factores como el estrés o la falta de sueño.

Zylowska afirma que los adultos con TDAH rara vez presentan el trastorno en forma aislada, y que los síntomas se confunden fácilmente con ansiedad, depresión o apnea del sueño. La estructura familiar durante la infancia puede enmascarar los síntomas, que solo se hacen evidentes cuando se asumen responsabilidades de adulto y desaparecen esas redes de apoyo.

El diagnóstico en adultos implica revisar la historia personal, buscar síntomas presentes desde la infancia y consultar fuentes como diarios, informes escolares o testimonios familiares. RachBeisel explica que muchos adultos descubren que las dificultades estuvieron siempre presentes, aunque no fueran reconocidas. La falta de detección temprana puede forzar a los afectados a esforzarse mucho más que sus pares para alcanzar metas similares, con impacto sobre la autoestima y el bienestar.

A pesar de los desafíos, el TDAH es una afección tratable. RachBeisel asegura en National Geographic que existen opciones terapéuticas variadas, desde medicación hasta intervenciones psicológicas como la terapia cognitivo-conductual.

Mark Stein, psicólogo del Hospital Infantil de Seattle, recomienda una evaluación profesional detallada para determinar el abordaje más adecuado. El tratamiento puede mejorar de forma significativa la calidad de vida, posibilitando que los adultos con TDAH desarrollen sus capacidades y enfrenten los retos diarios con mayor eficacia.

Más allá de las dificultades, el TDAH puede ir asociado a cualidades como la creatividadel entusiasmola curiosidad y la capacidad de concentrarse en proyectos estimulantes. Como concluye National Geographic, identificar y potenciar estas fortalezas, junto con el entorno adecuado, permite que las personas con TDAH alcancen su máximo potencial y contribuyan de manera significativa en distintos ámbitos. 

jueves, 31 de julio de 2025

Día Mundial del TDAH: qué significa hoy vivir con un diagnóstico de déficit de atención

Dr. Enrique De Rosa Alabaster       |       infobae.com       |       13/07/2025


El crecimiento de este trastorno abre interrogantes sobre la delgada frontera entre una condición neurobiológica y las múltiples formas de estar en el mundo. Claves para una mirada más amplia


Cada 13 de julio, fecha en la que se celebra la jornada de concientización sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH-ADHD en inglés) el mundo vuelve a hablar de este espectro. Se multiplican campañas, testimonios, cifras, estadísticas y explicaciones del cuadro, que leen padres preocupados, docentes frustrados, o incluso adultos que finalmente “entienden” lo que les pasó toda la vida.


Y, sin duda, hay algo liberador en poder nombrar lo que dolía en la incertidumbre, vivida muchas veces en silencio. Pero también hay algo peligroso si ese nombre se transforma en un muro en vez de una puerta, en un espacio, una zona de confort que permanezca en un lugar con títulos y carteles, pero sin demasiadas soluciones.


En el Día Mundial del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad vale preguntarnos si entendemos lo que nombramos bajo ese nombre o si repetimos etiquetas que reemplazan al pensamiento crítico. ¿Qué pasa cuando un diagnóstico eclipsa a la persona, es decir cuando no entendemos que por detrás de una etiqueta hay alguien único?


Estas estadísticas generan preguntas inevitables: ¿es que estamos frente a una verdadera epidemia del trastorno neurológico? ¿O acaso lo que ha cambiado es el umbral de lo que consideramos aceptable en términos de conducta infantil?


Desde hace décadas, el diagnóstico de TDAH se ha expandido en forma tan veloz como ambigua, los límites por momentos están ligados a lo que el expositor indique.
Ciertamente, existen criterios internacionales como los del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) y el ICD, (Clasificación Internacional de Enfermedades) pero en la práctica de todos los días, y aún más en lugares donde la asistencia no llega de manera adecuada, muchas cosas pueden ser ignoradas o quizás incluidas erróneamente en un paraguas sindrómico muy amplio y con límites imprecisos.


Acerca del diagnóstico


Una cultura del zapping mental

Los estudios epidemiológicos muestran cifras que oscilan entre el 5% y el 10% de niños diagnosticados con TDAH en diferentes países. En algunos entornos urbanos, esa cifra supera el 15%.

Niños inquietos, adolescentes desatentos, o desmotivados, desorientados, o adultos dispersos: todos pueden encuentra un lugar en esa sigla. Pero, ¿qué encierra realmente? ¿Es un trastorno neurológico? ¿Una construcción clínica útil? ¿O un mapa equivocado de territorios diversos que no terminamos de comprender?

¿Qué queremos hacer: diagnosticar, definir, o comprender, ayudar, acompañar? Un diagnóstico debería servir para abrir caminos: explicar, orientar, tratar. Pero cuando un punto de llegada se transforma en lugar de partida, corre el riesgo de convertirse en una definición totalizante.

La modalidad de pensamiento inductivo en algunos casos que ha establecido el criterio subjetivo, y luego buscará confirmarlo se aplica en todos los sentidos, sobre o sub-diagnosticando, pero ambos conceptos van unidos al error diagnóstico que, en definitiva, es no cumplir la función del que asiste a otro en su malestar.

Muchos niños reciben el rótulo de TDAH y desde ese momento dejan de ser “Pedro” o “Luz” para ser “hiperactivos”, “inmaduros”, “rebeldes” etc. Su singularidad se borra bajo una sigla que intenta explicar lo que muchas veces no se observa con profundidad.

Y esto no sucede solo en el ámbito escolar. Personas diagnosticadas en la adultez muchas veces experimentan una mezcla de alivio y encierro: “Ahora entiendo por qué soy así”, dicen.

Pero esa explicación puede volverse una jaula cuando cancela la posibilidad de una mejor vida. A la inversa, en el caso de los adultos, no reconocer que el TDAH también persiste en la adultez —en quienes fueron niños sin diagnóstico— impide acceder a un tratamiento adecuado, cuando en realidad un diagnóstico certero, junto con la medicación y el abordaje correcto, puede transformar sus vidas tras años de deambular con diagnósticos de depresión u otros trastornos.

Vivimos en una cultura que valora la velocidad, la productividad, la atención sostenida en múltiples frentes a la vez. Tiempos de sobreestimulación, de consumo fragmentado de información, de hiperconectividad e hiperproductividad. En ese contexto, no es sorprendente que la atención sostenida se haya convertido en una rareza.

Pero en lugar de preguntarnos si la sociedad en su conjunto está generando condiciones hostiles para el desarrollo atencional, tendemos más diagnosticar al individuo. No es casual que muchos adultos también se autoidentifiquen ahora como “neurodivergentes” o “incomprendidos”, buscando un nombre que dé sentido a su sufrimiento. Pero cuando el diagnóstico se transforma en identidad, ya no orienta: encierra.

La dispersión ya no parece una patología sino una condición de la existencia, las redes sociales, que nos informan sobre el “span” atencional de pocos segundos, el multitasking, han cambiado el panorama y obligan a una relectura de todos los comportamientos, entre ellos, los que tradicionalmente llamamos déficit de atención.

Notas en diversos medios, señalan el tiempo de lectura que habitualmente limitan a unos pocos minutos, y al mismo tiempo acompañan la versión en audio. Ya no se trata de sostener la lectura de "Ulises" de Joyce, y sus supuestas 267.000 palabras o entre 650 y 1000 páginas según la edición, sino llegar a esta altura de esta nota.

Tal vez el problema no esté solo en la biología del sujeto, sino en el entorno que patologiza ciertas formas de estar en el mundo y que, al mismo tiempo, lo evalúa sin tomar en cuenta el contexto que habita.

Tal vez, en lugar de preguntar qué le falta al niño que “no se queda quieto”, deberíamos preguntarnos qué necesita, qué expresa, qué lo interrumpe, que nos dice ese síntoma. Desde ya, quizás se deba repetir, no es que no existan los reales cuadros, sino repreguntarse respecto al mismo, avanzando más allá de un título y una medicación y ver un ser y sus circunstancias.

La frecuente cita de “El hombre y sus circunstancias” es una del filósofo español José Ortega y Gasset, que expresa la idea de que la identidad de una persona está intrínsecamente ligada a su entorno y a las condiciones de su vida. La cita está presente en sus meditaciones sobre una obra de naturaleza profundamente psicológica como es el Quijote y las expresa Ortega en sus “Meditaciones del Quijote” de 1914.

Recordar esa unión entre el ser y su medio, su entorno, es hoy el fundamento de temas tan amplios que van de la medicina antiaging, o infinidad de situaciones como el estrés, la desmotivación, la depresión, etc., todos temas endémicos en nuestra época.

El TDAH existe, no se trata de negarlo. Pero también existe el sobrediagnóstico o la medicalización precoz, la pereza clínica, el uso de etiquetas para simplificar lo complejo. Desde ya, hay millones de personas que se han beneficiado con un diagnóstico y una medicación adecuada, no se trata de dogmas en que se es partidario de una u otra posición, sino quizás pensar en la persona antes que en la clasificación.

Existe algo más profundo y, a veces, al no establecer un contacto empático directo caemos en el riesgo de que esas etiquetas se conviertan en identidades. En la práctica clínica vemos a veces adultos que mencionan como razón de los temas que los traen a la consulta, “es que soy TDAH” en base a un difuso diagnóstico realizado en su infancia. Ese diagnóstico condicionó su vida futura y al evaluar lo que llevó a él descubrimos temas traumáticos como los ligados a conflictos familiares que vivieron en su infancia. Nombrar no es lo mismo que comprender. Y comprender no siempre implica clasificar.

En muchos casos, lo que llamamos “déficit” es una forma distinta de percibir, de responder, de vincularse. Afortunadamente, estamos empezando a replantearnos lo mismo en otras condiciones, antes estigmatizadas. No todo lo diferente es disfuncional. Y no todo lo que desafía las normas escolares o sociales debe ser corregido químicamente, quizás encontrar a cuáles circunstancias esa persona, ese niño, no puede adaptarse de la manera convencional esperada. La supuesta discapacidad ya no es una concepto absoluto sino específico para cada área y tampoco eterno, sino a revisar periódicamente.

Este 13 de julio podría ser, también, un día para revisar algunos conceptos rígidos, un día para pensar distinto. Para escuchar más yencasillar menos. Para preguntarnos si estamos viendo a las personas o simplemente interpretando informes.

Y sobre todo, para recordar que ningún diagnóstico, por útil que sea, puede capturar la totalidad de un ser humano, de esas circunstancias. Porque el ser no está en lo que falta, sino en lo que busca.

Ortega proponía que el Quijote encarna el drama del individuo auténtico frente a una sociedad que ha naturalizado su extravío. Quizás muchos “inadaptados” no son patológicos, sino que están fuera de contexto, y advertía, que “muchos de los que parecen erráticos, no están perdidos, sino que caminan según otra brújula.”

No todo el que se sale del camino común está equivocado. A veces, el que parece “inadaptado” es quien más fiel se mantiene a sí mismo. Quizás muchos niños diagnosticados con TDAH no tengan un déficit, sino un exceso de sensibilidad frente a un mundo que los fuerza a ser otros. Y tal vez el mayor acto de salud no sea adaptarse, sino atreverse a vivir desde ese centro.

Muchos adultos están hoy tratando de entender por qué se sintieron toda la vida como “los diferentes”. Y muchos niños están siendo definidos por un diagnóstico antes de que puedan descubrir quiénes son. Quizás sea hora de acompañarlos no solo con tratamientos o intervenciones, sino con preguntas más profundas y miradas más amplias. Porque entender no es clasificar. Y ayudar no es nombrar: es ver, escuchar, y caminar al lado.

Una propuesta para una mirada más amplia implica:

  • Comprender al niño en su contexto.
  • Escuchar su historia antes de etiquetarla.
  • Diferenciar inquietud de patología, diferencia de trastorno.
  • Sumar voces clínicas, pedagógicas, familiares.
  • Incluir, no excluir.
  • Recomendaciones para padres y docentes:
  • No todo movimiento es hiperactividad.
  • No toda distracción es patología.
  • La atención se entrena, no se impone.
  • La escucha atenta vale más que el juicio rápido.

  • No medicalizar lo que no ha sido comprendido.


miércoles, 1 de enero de 2020

Un videojuego contra el TDAH

JAVIER ÍÑIGUEZ DE ONZOÑO    |   El País   |   Mataró   |   07/08/2019


Una empresa de Mataró desarrolla un mecanismo para fijar la atención y controlar la pantalla con la vista.

La mecánica de Duck, el videojuego desarrollado por la empresa emergente Braingaze, es sencilla. El jugador debe disparar a una serie de objetos móviles (una diana, un huevo dorado…) y esquivar a las aves que aparecen en la pantalla. Su aspecto más novedoso llega gracias a un dispositivo sueco, Tobii Eye X, que permite controlar el disparador con el movimiento de los ojos. Un videojuego que pretende ser una ayuda para los pacientes con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

“Si se entrena el control del movimiento de los ojos, creemos que mejorará el proceso de neurotransmisión”, argumenta Hans Supèr, primer ejecutivo de Braingaze, empresa con sede en el campus tecnológico de Mataró (Maresme).

La revista científica Psychiatrist publicó este año parte de las investigaciones de Supèr respecto al seguimiento ocular como posible tratamiento del TDAH. Braingaze desarrolló un experimento para comprobar si Eye X mejoraba la concentración de los menores: se dividió a 28 niños de entre 8 y 15 años en dos grupos y, durante tres semanas, jugaron a RECOGNeyes, una versión primigenia de Duck. Uno de los grupos utilizó la tecnología de Eye X para controlar la pantalla con los ojos, y el otro empleó un simple ratón de ordenador. Los primeros mejoraron ciertos patrones de atención.

“La hipótesis es que el sensor ocular mejora los movimientos del ojo y, consecuentemente, la atención”, resume Supèr. El TDAH es un trastorno neurobiológico que suele diagnosticarse en niños y adolescentes, pero acompaña al adulto el resto de su vida. “Se caracteriza por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad que interfiere en el ámbito personal y profesional”, explica la doctora Núria Mallorquí, responsable de la unidad de TDAH del Hospital Universitario Dexeus.

La empresa planea alquilar los dispositivos para controlar el disparador con la vista al precio de unos 150 euros. El lanzamiento del software de Duck se prevé para el próximo mes de septiembre.