viernes, 7 de octubre de 2022

Seis consejos de cosas que hacer y de cuáles no, para dormir bien


LUCÍA PÉREZ COSTILLAS      |    TopDoctors     |     01/02/2022
 
A menudo, aunque estemos cansados nuestras mentes están más activas y nos quedamos acostados en la cama esperando que llegue el sueño pensando. Muchas veces los pensamientos negativos y persistentes pueden llegar a ser abrumadores y nos mantiene despiertos, esta situación es nuestra respuesta al estrés: el instinto de lucha o huida.
 
Escatimar sueño tiene su precio. Por eso es importante que conozcamos nuestro sueño, entrenemos nuestro sueño, cuidemos nuestro sueño y consigamos un sueño reparador y sanador.
 
Os propongo seis consejos de cosas que hacer y de cuáles no.

Una hora antes de acostarte, evita las pantallas, cambia tu teléfono al modo nocturno o use gafas que bloqueen la luz azul
 
¿Qué hacer para dormir bien?
 
1) Reduce el estrés con una lista de preocupaciones: tres horas antes de acostarte escribe una lista de preocupaciones o inquietudes, con un bolígrafo y papel, no con tu teléfono ni con el ordenador.  Al lado de cada uno, escribe si está bajo tu control o no, y si hay algo que puedas hacer al respecto.  En una tercera columna, escribe el siguiente paso que puedes dar al día siguiente o en la próxima semana.  Esto nos puede ayudar porque nuestro cerebro tiene menos probabilidades de rumiar si tenemos un cierre.
 
2) Escribe un diario de agradecimiento: cada noche, cuando te metas en la cama, escribe tres cosas buenas de tu vida (o del día) por las que estés agradecido, grandes o pequeñas. La gratitud ayuda a evocar un estado positivo, y eso es importante porque nos dormimos más fácilmente cuando nos sentimos seguros, cómodos y amados.
 
3) Aprende a estar presente con técnicas de meditación, atención plena y respiración: la preocupación nos coloca en un tiempo futuro donde no podemos predecir o controlar, y la rumiación nos lleva al pasado, que no podemos cambiar.  La atención plena y la meditación son excelentes a modo de rutinas de relajación, ya que se centran en el cuerpo físico y nos ayudan a permanecer presentes.
 
Por ejemplo, la práctica la respiración diafragmática o la relajación muscular progresiva son buenas opciones para relajarnos.
 
¿Qué no hacer para dormir bien?
 
4) No te vayas a la cama demasiado temprano: las personas que tienen problemas para conciliar el sueño tienden a irse más temprano a la cama con el fin de ganar tiempo, pero la evidencia científica nos dice que las personas con insomnio de conciliación tienen una fase de sueño naturalmente retrasada, lo que significa que están genéticamente predispuestas a tener sueño en torno a la medianoche.
 
5) No mires las pantallas cerca de la hora de acostarte: Limita el tiempo de pantalla en la noche. Una hora antes de acostarte, evita las pantallas, cambia tu teléfono al modo nocturno o use gafas que bloqueen la luz azul.  Las pantallas brillantes de tu teléfono y televisor engañan a tu cerebro haciéndole creer que todavía es de día. Son estimulantes y pueden provocarte retrasos a la hora de acostarte, lo que a su vez provoca estrés.  En lugar de pantallas, lee un libro real, a ser posible de papel, hasta que tengas sueño.
 
6) No hagas nada estresante justo antes de acostarte: Evita realizar actividades productivas o estresantes en esa hora crucial antes de acostarte.  Ni trabajar, ni pagar facturas o hacer cuentas, ni discusiones difíciles.
 
El sueño es importante para tener un buen estado de salud. Sabemos que, mientras menos duerme una persona, mayor es la probabilidad de que aumente de peso o sufra obesidad, desarrolle diabetes, hipertensión y otras enfermedades.
 
Además, necesitamos dormir para pensar con claridad, reaccionar con rapidez y crear recuerdos.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Trastornos psicóticos en la infancia: características, tipos y síntomas


MARIO ARRIMADA      |     Psicología y Mente     |     06/07/2022

Veamos cuáles son los trastornos psicóticos en la infancia y cómo afectan a los pequeños. 

Los trastornos psicóticos componen unos trastornos mentales caracterizados principalmente por causar ideas y percepciones inusuales, por lo que la pérdida de contacto con la realidad es bastante llamativa. Entre los principales síntomas cabe destacar las alucinaciones y los delirios y, aunque existen más investigaciones sobre casos desarrollados en la edad adulta, también pueden comenzar en la infancia.

Los trastornos psicóticos en la infancia se incluirían dentro de la clasificación general de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. No obstante, hay una serie de diferencias de este tipo de casos con respecto a los que se desarrollan en la etapa adulta por lo que es conveniente hablar sobre ello y explicar sus características.

En este artículo veremos cuáles son las principales características de los trastornos psicóticos en la infancia, con el fin de poder distinguirlos de aquellos que se desarrollan en la adultez.

Los trastornos psicóticos y sus características

En los primeros casos de esquizofrenia, diagnosticados por Bleuler y Kraepelin, se pudo observar un inicio en la infancia y/o la adolescencia, siendo Mahler, quien unos años después, llegó a realizar una descripción sobre los trastornos psicóticos en la infancia bajo el nombre de “psicosis infantil simbiótica”, caracterizada por ser una fusión somática y psíquica de carácter alucinatorio y omnipotente con la madre, lo que implicaría por tanto una negación de una frontera común entre dos sujetos separados físicamente.

En la actualidad, no existe una categoría específica para los trastornos psicóticos en la infancia dentro de las clasificaciones internacionales, sino que este tipo de casos se incluirían dentro de la clasificación general de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. Sin embargo, hay una serie de diferencias de este tipo de casos con respecto a los que se desarrollan en la etapa adulta, por lo que vamos a hablar sobre ello próximamente.

La sintomatología positiva

Dentro de la sintomatología positiva de los trastornos psicóticos en la infancia cabe destacar los delirios que, aunque suelen ser menos elaborados que en el caso de los adultos, van adquiriendo un mayor grado de sistematización a medida que el niño va creciendo. Los delirios más comunes en la infancia suelen ser de temática persecutoria, aunque también se dan con bastante frecuencia las ideas delirantes somáticas o de hipocondría, las de regencia, las extravagantes y, por último, las de grandeza.

Por otro lado, las alucinaciones también suelen ser bastante frecuentes, aunque también tengan un menor grado de elaboración que las que suelen darse durante la etapa adulta. Dentro de esta categoría, podemos destacar las alucinaciones auditivas y también las visuales (estas últimas aparecen en menor medida que las primeras). Por otro lado, también podemos encontrar alucinaciones no afectivas, alucinaciones relacionadas con órdenes, visuales y acerca de voces que conversan.

Otros de los síntomas positivos más característicos dentro de los trastornos psicóticos en la infancia son la desorganización del habla, cuando el niño muestra un lenguaje ilógico, incomprensible e incoherente; la desorganización del pensamiento, cuando muestra agresividad, inquietud y falta de autocuidado; por último, síntomas catatónicos, que son una serie de alteraciones motoras por defecto o incluso por exceso, o muestra unas posturas corporales poco comunes.

También es frecuente que muestren emociones que no se encuentran en concordancia con la situación o que haya un empobrecimiento emocional, al expresar muy pocas emociones.

La sintomatología negativa

Dentro de los síntomas negativos de los trastornos psicóticos en la infancia conviene destacar la existencia de un lenguaje escaso o pobre para su edad, algunos comportamientos desadaptativos, aislamiento, poca integración social con otros niños por una dificultad a la hora de establecer y/o mantener relaciones, resonancia afectiva y poca expresividad, apatía, abulia o anhedonia, entre otros.

Cuando un niño sufre algún trastorno psicótico es común que esté experimentando un notable deterioro en el funcionamiento que le corresponde en función de su edad o su etapa del desarrollo, ya que se suele desarrollar una grave perturbación de la organización de su personalidad, por lo que se da una obstaculización de la comprensión de la realidad, entre otras consecuencias que requieren atención profesional.

¿Cómo son los trastornos psicóticos en la infancia?

Los trastornos psicóticos en la infancia está compuestos por una serie de síntomas, ya sean positivos o negativos, como los que vimos anteriormente y estando caracterizados fundamentalmente por el hecho de que el niño que padece alguno de ellos experimente una alteración notable en la percepción de la realidad, y también en las emociones y en sus pensamientos.

Por ello, es preciso que se trate cuanto antes y se opte por un tratamiento integrado o multimodal (psicoterapia, psicofarmacología e incluso psicopedagogía) con el fin de establecer un modelo terapéutico a medio y a largo plazo con el fin de alcanzar una estabilización de los síntomas y de las conductas disruptivas, así como también para ayudar al niño a que desarrolle unos niveles de funcionamiento aceptables.

Cabe destacar que, a día de hoy, no se han encontrado unas causas únicas o exactas para el desarrollo de los trastornos psicóticos en la infancia. No obstante, varios expertos advierten de la existencia de una serie de factores a tener en cuenta que, dándose en combinación, pueden favorecer su desarrollo en la infancia: factores genéticos, historia familiar de psicosis, crecer en un ambiente negativo, vivir experiencias negativas, consumo temprano de alcohol y/o drogas, algunos problemas o complicaciones durante el embarazo, algunas anomalías en la estructura y en algunas funciones cerebrales, etc.

A continuación, explicaremos brevemente algunos de los trastornos psicóticos más comunes durante la infancia.

1. Brote psicótico agudo

Uno de los trastornos psicóticos en la infancia sería el brote psicótico agudo, en el que es común que se detecte un lenguaje verborreico y desbordante, habiendo además una comunicación sin sentido aparente e inconexa.

En este tipo de casos, los síntomas más comunes son los delirios y las alucinaciones, estando además caracterizado por presentarse durante un periodo de tiempo más corto que en otro tipo de trastornos psicóticos (1 mes de duración aproximadamente frente a otros trastornos que suelen durar más de 1 mes).

2. Psicosis disarmónica

La psicosis disarmónica podría llegar a desarrollarse a partir de los 4 años de edad y está caracterizada por la muestra de posturas poco comunes y nada armoniosas (p. ej., quedarse el niño quieto en una postura que dé la sensación de que está petrificado). También es común que existan algunos déficits en ciertas áreas del aprendizaje, en el esquema corporal, dificultades a la hora de ubicarse en el tiempo y en el espacio, así como también ciertas dificultades relacionadas con el lenguaje y la lateralidad.

3. Psicosis deficitaria

En este caso de las psicosis de expresión deficitaria, se ha observado que cursan con un déficit cognitivo y también en el aprendizaje. Además, es común que exterioricen una angustia psicótica y que muestren una serie de conductas impulsivas y de características autoagresivas, así como también cierta disociación a nivel psicológico. En este tipo de casos, al llegar a la adolescencia se ha podido observar que es bastante frecuente que lleguen a presentar una serie de episodios de delirio polimorfo, caracterizados por una asociación de ideas delirantes de una naturaleza diversa.

4. Esquizofrenia en la adolescencia

La esquizofrenia en la adolescencia, también conocida como esquizofrenia precoz, es aquella que suele comenzar a desarrollarse antes de los 13 años de edad. En este tipo de casos suelen darse síntomas característicos de la esquizofrenia en la edad adulta como puede ser la sintomatología positiva (p. ej., alucinaciones, delirios, etc.), así como también de la negativa (p. ej., empobrecimiento de los rendimientos y de algunas capacidades del sujeto como pueden ser los síntomas negativos de los trastornos psicóticos que mencionamos anteriormente).

5. Síndrome de psicosis atenuado

El síndrome de psicosis atenuado es un trastorno que se encuentra ubicado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) dentro de la Sección III (Afecciones que necesitan más estudio), por lo que es importante incluirlo aquí.

Este síndrome está compuesto por una serie de síntomas que son característicos también de la esquizofrenia (p. ej., un discurso desorganizados, alucinaciones, delirios, etc.); sin embargo, en el caso del síndrome de psicosis atenuado estos síntomas se dan durante un menor tiempo de duración y tienen unos menores niveles de gravedad. Además, en este tipo de casos las personas que lo sufren suelen tener un mayor grado de introspección y de conciencia del problema, aunque siguen siendo lo suficientemente notables como para causar cierta angustia e incluso incapacidad clínica.

6. Síndrome límite en la infancia o Trastorno múltiple del desarrollo

Otro de los trastornos psicóticos en la infancia que conviene comentar es el síndrome límite, también conocido como trastorno múltiple del desarrollo, caracterizado por una serie de afecciones a diferentes niveles.

En este síndrome suelen darse una serie de dificultades a nivel social, por lo que sus relaciones sociales pueden verse afectadas, dando paso al aislamiento; ciertas dificultades a la hora diferenciar la fantasía de la realidad y también a la hora de organizar los propios pensamientos; problemas para regular la ansiedad, actos de impulsividad o dificultades para concentrarse, entre otros.

Estados mentales de alto riesgo

El nombre de estados mentales de alto riesgo se ha utilizado para referirse a aquellos síndromes que, una vez detectados, señalan un riesgo de evolución hacia los trastornos psicóticos en la infancia, siendo inevitable su aparición en algunos casos aunque sigue siendo importante un tratamiento por parte de un equipo profesional cuanto antes con el fin de facilitar las herramientas tanto a los padres como al niño para que pueda tener una vida plena.

Algunos expertos que han investigado sobre os estados mentales de alto riesgo han establecido 3 subcategorías:

·        En la que existe un historial familiar de psicosis.

·        Historial en el niño de síntomas psicóticos limitados y durante un tiempo breve.

·        Existencia de síntomas psicóticos a unos niveles bastante atenuados.

martes, 4 de octubre de 2022

5 hábitos de las personas con depresión oculta

GEMA SÁNCHEZ CUEVAS        |     La Mente es Maravillosa       |       24/06/2020

Escrito por Edith Sánchez

No todas las personas deprimidas se ven tristes y aisladas. A veces reír demasiado, o ser obsesivamente sociable, por ejemplo, constituye una señal de que hay una depresión oculta. 

La depresión oculta es una condición en la cual una persona no presenta los síntomas típicos de la depresión, sino otros patrones y rasgos que hacen de disfraz. De hecho, el primero en pasar por alto esta situación en quien la padece. De eso se trata precisamente: de mantenerse a distancia del malestar. 

Ese proceso de tratar de encapsular o maquillar los síntomas de la depresión se da de manera inconsciente o preconsciente. No es que la persona deliberadamente quiera aparentar algo que no es o que no siente. El ocultamiento es una forma de defenderse de un sufrimiento que quizás el afectado no se siente con la capacidad de abordar. 

Por supuesto, el hecho de ocultarle a los demás, y a uno mismo, este tipo de problemas, no es una buena estrategia para solucionarlos. Por el contrario, a veces solo se consigue que se vuelvan crónicos. ¿Cómo reconocer que puede haber una depresión oculta? Estas son cinco señales que envían quienes la padecen.

Dime amigo: ¿La vida es triste o soy triste yo?”. – Amado Nervo


1.     Son obsesivamente sociables

A las personas con depresión oculta les cuesta trabajo estar solas. Los demás son una especie de pretexto, porque temen quedarse a solas consigo mismos. Si no tienen gente a su alrededor, afloran más fácilmente los sentimientos agudos de tristeza. 

Esta es la razón por la que suelen ser obsesivamente sociables. Siempre están buscando la forma de organizar reuniones, buscar eventos sociales y cosas por el estilo. Si no lo logran, entonces simplemente llaman por teléfono a sus familiares, amigos, compañeros, etc. No quieren ver a la soledad ni por asomo, porque esta actuaría como un espejo, haciéndoles pensar.


2.    Enfatizan en su bienestar exageradamente


Es muy usual que un comportamiento exagerado revele un intento de compensación para el sentimiento completamente opuesto. Suele suceder, entonces, que las personas con depresión oculta tiendan a sobredimensionar su supuesto estado de bienestar. Si les preguntas cómo están, no te van a decir que bien, sino “estupendamente” o “muy bien”. 

Como anotábamos, esta es una forma inconsciente de compensación. Es casi un intento por auto-convencerse y convencer a los demás acerca del estado de ánimo. Una cortina de humo para alejar la idea del malestar y así mantenerse a distancia de la depresión.


3.    Hablan reiterativamente del pasado 

En la depresión oculta, como en cualquier forma de depresión, el pasado juega un papel protagonista. Por eso es muy usual que haya temas del ayer que siempre salgan a relucir en las conversaciones con personas que manifiestan la depresión de esta manera. Es posible que se refieran a esos asuntos de forma jocosa, incluso, pero lo importante es que aluden a ellos con frecuencia. 

El hecho de no lograr desprenderse del pasado es un indicador de que hay vivencias no resueltas. Ese pasado pudo haber sido positivo o negativo, no importa. Lo relevante es que alguien siga reviviendo eso que ya sucedió a través de la evocación. Implica que hay lazos fuertes con el ayer y que no ha sido posible ubicarse en el presente real. 


4.    Tienen hábitos alimenticios desordenados

Los desórdenes alimenticios siempre son indicadores de algún malestar emocional; en particular, de depresión. Especialmente si los cambios en el apetito no son pasajeros, sino que tienden a volverse permanentes, e incluso se hacen más marcados cada vez. Estos hábitos incluyen comer menos de lo normal, más de lo normal, o hacerlo de una forma anárquica o extraña. 

Es muy usual que una de las formas de expresión de la depresión oculta tenga que ver con el apetito. A veces la persona no deja de comer, o come más, pero sí manifiesta asco por determinados alimentos, o presenta problemas digestivos muy frecuentes. También hay casos en los que lo que se produce es una obsesión por comer algo o hacerlo de cierta forma.


5.     No logran dormir plácidamente 

El sueño es otro de esos factores que hace visible el malestar emocional. Como en el caso de la alimentación, lo que se aprecia en estos casos es que hay alguna suerte de anomalía que puede ser de muchos tipos. Por lo general, se duerme poco, o se duerme demasiado.

En algunas ocasiones aparecen otros comportamientos como noctambulismo, dificultades para dormir en la cama en posición horizontal, sueños intermitentes, etc. Cualquiera de estas formas de descanso, a todas luces inadecuadas, podrían ser un síntoma de depresión oculta. 

Por supuesto, todos estos indicadores deben ser evaluados con cuidado. La depresión es más que un estado de tristeza o de negación encubierta y no tiene nada que ver tampoco con un estado de confusión pasajero. Hablamos de una condición que debe ser evaluada por personal capacitado para ello.

sábado, 1 de octubre de 2022

¿Por qué a veces hablamos con nosotros mismos? Todo sobre los soliloquios

ENRIQUE ZAMORANO        |        elconfidencial.com-ACV      |         23/08/2022 

En ocasiones, tenemos muchas cosas que contarnos. Así de mágico es nuestro cerebro, pudiéndose desdoblar con facilidad. Una psicóloga experta nos habla de esta situación. 

O no me voy a poner triste ahora por eso me pregunto por qué no se quedó a pasar la noche pensé todo el tiempo que era algún extraño que había traído en lugar de andar vagando por la ciudad tropezándose con quién sabe Dios trasnochadores y rateros a su pobre madre no le habría gustado eso si estuviera viva malográndose de por vida quizás de todos modos es una hora bonita tan silencioso me gustaba volver a casa después del baile el aire de la noche...". Este atropellado fragmento de la novela 'Ulysses' de James Joyce es uno de los mejores ejemplos de plasmación del monólogo interior a la literatura. El escritor irlandés era un auténtico mago de las palabras, llevando la rapidez del pensamiento y la velocidad de la imaginación libre a la narración de una forma que pocos autores han conseguido estampar en obras posteriores. 

El ejemplo de Joyce es más que paradigmático, pues si tuvieras que poner voz a toda esa corriente de pensamientos que te vienen a la cabeza en apenas un minuto no sabrías ni por dónde empezar. Pero, de hecho, lo hacemos a diario y de manera involuntaria: el soliloquio es la forma de comunicación más curiosa y extraña de un ser humano. Al fin y al cabo, todos hablamos con nosotros mismos, pero... ¿Por qué? ¿Con cuánta frecuencia? ¿Alguna vez has pensado que estás un poco loco al expresar palabras que solamente van dirigidas a tu yo interior? ¿Has vivido episodios en los que de repente ha emergido esta voz interna y estabas con gente y después te has sentido avergonzado? ¿Hasta qué punto podría ser un problema? ¿Y una virtud? 

"La reflexión interior en voz alta y a solas, se puede producir por varios motivos", asevera Loreto Barrios, psicóloga del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP) y doctora, a El Confidencial. "Uno de ellos es para darnos instrucciones verbales cuando estamos realizando tareas complejas porque ayuda a mantener la concentración en el objetivo. Pero, en general, podemos distinguir entre dos motivaciones principales: aquellas positivas que sirven para afrontar determinadas circunstancias, y las negativas, que son básicamente rumiación o ruido mental". 

En efecto, pensar en voz alta es una excelente forma de memorizar y reflexionar sobre asuntos complejos, como la doctora Barrios admite. De ahí que hablar con uno mismo sea una táctica muy efectiva de cara a estudiar. Y por otro lado, como asegura la experta, el sentido positivo o negativo de esa voz interior determinará nuestro estado de ánimo y, por ende, el ambiente que vayamos a imprimir en las conversaciones con otras personas, no solo con nosotros mismos. Por ello, cuando "una persona tiene un diálogo interno negativo, es frecuente que acabe contagiando su negatividad a los demás, mientras que si es positivo generará un clima agradable". 

La Terapia Gestalt

Por tanto, la calidad de nuestros soliloquios es uno de los apartados que más atiende un psicólogo de cara a tratar algún trastorno de ansiedad o depresión, por desgracia tan comunes en nuestra realidad pospandémica. Para facilitar el acceso al diálogo interno verbalizado del paciente, se suele utilizar la Terapia Gestalt, la cual es muy útil para que la persona acepte e interactúe con esa parte de sí misma que le está lastrando y haciéndole daño. "En realidad, más que un soliloquio, es un monólogo mantenido con un sujeto ausente", explica Barrios. "Este puede ser un síntoma, otra persona o incluso una parte de uno mismo, y que puede convertirse en diálogo si el paciente asume el otro rol".

En dicha terapia, el sujeto se sienta al lado de una silla vacía para hablar consigo mismo. "Es un método para abordar cuestiones no resueltas", prosigue la doctora. "Por ejemplo, para tratar la ansiedad o el estrés, el paciente ve en la silla esa parte de sí mismo que intenta mandarle mensajes para así después poder gestionarlos y actuar en consecuencia. O también en los casos de duelos, que en esta época tratamos mucho, para 'hablar' con el ser querido que ha fallecido y cerrar el duelo enquistado". 

La infancia y sus amigos imaginarios 

Por otro lado, una de las épocas vitales en las que más hablamos con nosotros mismos suele ser la de la infancia. Tal vez como asunción de nuestra propia consciencia y presencia en el mundo, de ahí que muchos niños puedan tender a crear amigos imaginarios. Hay una amplia discusión académica sobre por qué se produce este hecho, la corriente más psicoanalítica argumentará que este soliloquio de la infancia es consecuencia de la separación del niño y la madre, es decir, cuando el sujeto se da cuenta de su individualidad. 

"Hay dos referentes en psicología del desarrollo, el ruso Lev Vygotski y el suizo Jean Piaget, ambos nacidos a finales del siglo XIX, que difieren en su apreciación respecto a lo que denominan 'el habla egocéntrica del niño'", reflexiona Barrios. "Para Vygotski, el habla es de origen social, y solo con el tiempo llega a tener propiedades autodirigidas. Piaget, sin embargo, considera que hay dos tipos de lenguaje, el egocéntrico y el socializado, el cual es posterior a la evolución del niño". ¿Influye de algún modo el hecho de que el niño se sienta particularmente solo para que desarrolle un diálogo consigo mismo más fluido? 

La importancia del afecto y la comunicación 

"Puede ser", admite la psicóloga. "Como dice el doctor Mario Alonso Puig, el ser humano es un ser de encuentro. Cabe pensar que la soledad anima a practicar el diálogo con seres imaginarios, mascotas u objetos. Muchas veces no sabemos precisar bien lo que pensamos hasta que somos capaces de verbalizarlo y pasarlo a una vía consciente. Pero es difícil de saber o de precisar, habría que pensar mucho sobre cómo vivimos cada uno nuestra infancia y si tendíamos a la creación de amigos imaginarios o al soliloquio porque estábamos solos o por mera inercia".

 
Lo que sí que es cierto es que la sociabilidad y las muestras de afecto son imprescindibles para que un humano sobreviva en un entorno, como demostró un curioso estudio realizado hace más de 100 años que menciona Barrios. "Ahora no se podría repetir por razones éticas", advierte. "Se dividió en dos grupos a un conjunto de niños. A uno solo le daban lo necesario para sobrevivir, es decir, comida y lecho. Al otro, lo mismo, pero con la diferencia de que se les hablaba y cuidaba. Al final del experimento, el primer grupo de niños acabó muriendo. El ser humano necesita ser escuchado, sentirse querido, transmitir pensamientos y emociones... si no, se muere".