CECILIA CASTRO | infobae.com | 25/01/2026
Se trata de un ciclo que puede
agotar y desconectar del presente. En diálogo con Infobae, profesionales
describen cómo surge y qué recursos existen para afrontarlo
Una noche cualquiera, mientras la ciudad apaga sus
luces y el murmullo cede, miles de personas permanecen despiertas. No es el
insomnio lo que las mantiene alertas, sino ese carrusel de pensamientos que
gira sin fin.
Una
conversación pendiente, una decisión trivial, una posibilidad futura que nunca
se concreta. El sobrepensamiento,
ese hábito silencioso y persistente, va dejando huellas profundas en la vida
cotidiana.
Qué es el sobrepensamiento y por qué se instala en la
vida diaria
De acuerdo con lo que le dijo a Infobae la doctora Alejandra Gómez, psicoanalista y psiquiatra de la
Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), el
sobrepensamiento consiste en quedar atrapado en un circuito de ideas
reiterativas que impiden la acción. No se trata de un proceso reflexivo
orientado a buscar soluciones, sino de una pausa interminable en la antesala de
cada decisión. En palabras de Gómez: “La
persona queda detenida en ese umbral, imaginando distintos escenarios posibles,
sin lograr avanzar”.
El
sobrepensamiento tiene raíces diversas: temor a cometer errores,
inseguridad, miedo a lo desconocido, exigencias perfeccionistas y presión social. Estas causas pueden actuar solas o en combinación, y su
presencia no distingue edad, género ni contexto socioeconómico.
El doctor Alberto Álvarez, vicepresidente del Capítulo de Psicoanálisis,
Subjetividad y Comunidad de APA y APSA, explicó a Infobae que “el origen del sobrepensamiento está profundamente ligado
a la ansiedad”. Álvarez señaló que la mente entra en un ciclo obsesivo, un
mecanismo de defensa ante la incertidumbre o el estrés. “El perfeccionismo y la falta de confianza en uno mismo alimentan esta
tendencia a analizar cada detalle, incluso los más insignificantes”, puntualizó el experto.
Las consecuencias silenciosas: salud emocional y
relaciones
El sobrepensamiento no solo agota la mente. Genera una desconexión con el presente y
favorece la aparición de ansiedad, angustia y síntomas de estrés. La rutina
diaria se ve alterada: las tareas pierden espontaneidad, la creatividad se
resiente y el desgaste mental se vuelve permanente. “La
mente se vuelve rígida y la sensación de agotamiento no desaparece, incluso
después de descansar”, afirmó Gómez.
Álvarez detalla que este patrón mental puede
consolidarse como un modo de vida. “El
sobrepensamiento termina afectando la capacidad de tomar decisiones, los
vínculos afectivos y el desempeño laboral. Las personas pueden experimentar
aislamiento, bloqueos y una creciente dificultad para reconectarse con los
demás”, explicó el especialista.
La Cleveland Clinic coincide en que el
sobrepensamiento impacta tanto a quienes permanecen anclados en recuerdos
dolorosos, como a quienes se preocupan por escenarios futuros poco probables.
La reiteración de pensamientos negativos no conduce a soluciones, sino que incrementa el malestar emocional y la sensación
de estar atrapado en un bucle sin salida.
Estrategias para cortar el ciclo: de la psicoterapia a
las técnicas cotidianas
Frente a este panorama, los especialistas recomendaron
buscar ayuda profesional. Para Gómez, el primer paso es acudir a un espacio psicoterapéutico donde sea
posible identificar el origen inconsciente del sobrepensamiento.
“Comprender para qué se piensa de ese modo es fundamental. El trabajo
terapéutico ayuda a descubrir el sentido oculto del síntoma, debilitando su
influencia en la vida mental”, sostuvo la psiquiatra.
Álvarez sugirió prácticas cotidianas que complementan
la terapia. “Identificar cuándo se está sobrepensando, cuestionar el propósito
de esos pensamientos y buscar alternativas para redirigir la atención resulta
clave”, indicó el especialista. Actividades
como caminar, leer, escribir o escuchar música permiten que la mente encuentre
espacios de placer y descanso.
Fuentes internacionales como el Servicio
Nacional de Salud (NHS) de Reino Unido destacó la utilidad de técnicas
como el método “catch it, check it, change it” (detectar,
revisar y modificar), que ayudan a reconocer pensamientos poco útiles y
reemplazarlos por otros más realistas. La incorporación de ejercicios de relajación,
meditación y respiración también muestra efectos positivos.
La Cleveland Clinic recomendó
establecer “períodos de preocupación” diarios, en los que se
anoten las inquietudes y se analicen cuáles pueden resolverse y
cuáles no. Esta práctica ayuda a limitar el tiempo dedicado a la rumiación y
favorece una actitud más proactiva frente a los desafíos.
La psicología moderna enfatiza
que el sobrepensamiento no es un defecto personal, sino un síntoma de
malestar psíquico. Reconocerlo y pedir ayuda constituye un acto de coraje y
cuidado hacia uno mismo. Cada historia de sobrepensamiento es única, pero la
experiencia de sentirse preso de la propia mente resulta compartida por
millones de personas.
Para quienes conviven con este fenómeno, los expertos resaltan la importancia de buscar acompañamiento profesional cuando el malestar interfiere con el bienestar o la vida cotidiana. La posibilidad de recuperar la conexión con el presente y volver a disfrutar de los pequeños momentos sigue abierta, aun cuando la mente insista en girar sobre sí misma.