domingo, 11 de diciembre de 2022

Manía persecutoria: ¿en qué consiste?


YURDEY FERNANDA HERRAN MURILLO     |     La Mente es Maravillosa    |    25/06/2022
 
La manía persecutoria es un síntoma que se da en el contexto de determinadas afectaciones mentales. Quienes la sufren creen ser perseguidos.
 
“Me persiguen los extraterrestres, me quieren secuestrar, no puedo salir de casa porque me atraparán”. Este es el enunciado de una idea persecutoria. Desde fuera suenan muy incoherentes, pero para las personas que la sufren, las situaciones que describen son reales y, por lo tanto, la tensión que experimentan es muy grande.
 
La manía persecutoria afecta a la persona que mantiene ideas similares a la del ejemplo -pueden sonar en principio más realistas, como la de que alguien les persigue o les quiere perjudicar en el trabajo-.

Aquellos con manía persecutoria pueden llegar a sentir este tipo de amenazas, incluso cuando no están realmente en una situación de peligro o no hay pruebas para que su historia parezca real.

Adicionalmente, nombran grupos de alto perfil como: el FBI, la CIA, los extraterrestres, Dios, el diablo, entre otros, como los perseguidores.
 
Manía persecutoria: ¿enfermedad o síntoma?
 
Lo que algunos llaman manía persecutoria, para otros es delirio, como es descrito en el DSM-5 (uno de los libros de diagnóstico más importantes en salud mental). El término “manía” se asocia al estado maniaco que pueden presentar algunos pacientes con diagnóstico de bipolaridad. Entendiendo esto, aclaremos qué es la manía persecutoria.
 
Las personas con manía persecutoria, si bien no presentan deterioro intelectual, tienen una tendencia a asociar ideas de manera poco usual. Esta asociación suele tender a confirmar la idea de que son objeto de un seguimiento o una persecución.
 
Este síntoma generalmente se suele prolongar al menos durante más de un mes. La manía persecutoria es un síntoma caracterizado en el miedo a la persecución o el secuestro. Al ser un síntoma, como tal, podría relacionarse a muchos tipos de trastornos o desórdenes a nivel psicológico. De esta manera, un paciente con esquizofrenia o un trastorno bipolar puede presentar ideas persecutorias.
 
¿Causas de la manía persecutoria?
 
Aunque las causas se desconocen, las estadísticas muestran que puede presentarse de manera más frecuente en personas de mediana edad o en edad avanzada. Algunos especialistas creen que la aparición puede asociarse a rasgos narcisistas junto a altos grados de angustia y frustración.
 
Por otra parte, más que causas, existen diversos factores de riesgo que son una combinación entre los antecedentes familiares o biológicos. Dentro de los ambientales o situacionales, están los siguientes factores:
 
·        Acontecimientos de altos niveles de estrés.
·        Consumo de drogas, por ejemplo, se sabe que los efectos de ciertas drogas recreativas pueden precipitar un episodio de manía persecutoria.
·        Aislamiento social.
·        Trastornos del sueño.
·        Circunstancias biográficas del paciente, por ejemplo: alguien perteneciente a una minoría étnica que sufrió una situación de acoso.
 
¿Cómo identificar los síntomas?

Una persona con manía persecutoria podría poner toda su atención, tiempo e incluso dinero para sentir que es perseguido y que está salvo. En este sentido, las características de comportamiento pueden indicar que alguien presenta manía persecutoria. Te dejamos algunas:

·        Estar preocupado por la lealtad de las personas cercanas: en una pareja romántica se puede dar que sospecha que su pareja tiene amante y le es infiel, lo que puede causar mucho malestar y peleas.
·        En situaciones normales, interpretan significados amenazantes: suelen ser obsesivos con esta idea de estar en peligro y ser atacados, así que pueden pasar horas rumiando conversaciones y pensar que había un significado oculto detrás de una frase común que alguien les ha dicho.
·        Se siente espiado o perseguido: esta es la característica principal, puesto que lo llevan al extremo.
 
En este punto, todas las conductas podrían presentarse en personas sin patologías que pasen por una situación difícil que supere sus recursos emocionales y cognitivos, y esto no les hace tener manía persecutoria. Por tanto, si tienes sospecha que alguien cercano presenta estos síntomas, lo mejor será consultar con tu servicio de salud.
 
Si crees que alguien sufre manía persecutoria, la primera tentación que puedes sentir es la de intentar convencer al otro de que su mente está trabajando en una realidad paralela. Hacerlo puede ser muy complicado -ellos perciben muchos indicios que apoyarían su hipótesis-, y además contraproducente, por eso la primera recomendación que te hacemos es la de que consultes con un profesional. Ya no solo para que la trate, sino para que sea él el que te guíe a la hora de facilitar que la persona afectada acuda a terapia. 

viernes, 9 de diciembre de 2022

Oliver Burkeman, autor de "Cuatro mil semanas": Es muy liberador aceptar que no vas a ser capaz de llegar a todo


ALDARA MARTITEGUI        |       niusdiario.es      |      23/01/2022 

·        Entrevista al periodista y escritor británico Oliver Burkeman, autor de ‘Cuatro mil semanas’

·        Burkeman tiene una propuesta muy particular de lo que significa para él la gestión del tiempo y la productividad


·        Considera que en vez de intentar ser más productivos debemos aceptar la idea de que no somos infinitos y que no podemos llegar a todo

 En estos tiempos llenos mensajes que nos empujan a ‘hacer, hacer y no dejar de hacer cosas’ en pos de ser lo más productivos posible con la mínima inversión de tiempo, llega Oliver Burkeman y nos propone justo lo contrario: soltar, aprender a decir no y acortar nuestra lista de tareas pendientes. 

Como buen ex adicto a la productividad, Burkeman sabe de lo que habla. Su adicción a la acción le llevó a probar durante años diferentes técnicas ideadas para mejorar su productividad y su eficacia, pero jamás encontró́ resultados positivos en ninguna de ellas. Lo que ocurría era todo lo contrario: siempre caía en el mismo círculo autodestructivo de hiperproductividad. Esto fue así, según Burkeman, porque todos estos métodos tienen una agenda oculta y nos inoculan veladamente la idea de que "si nos organizamos bien, podremos llegar a todo...Pero, asumiendo que llegues a los ochenta años, habrás vivido unas cuatro mil semanas”, explica el autor. Lo mires por donde lo mires, es imposible que te dé tiempo a hacer todo lo que aparece en tu lista de cosas por hacer. En todo caso, esfuérzate en aprender a elegir, no en aprender técnicas que te permitan ser más productivo, nos sugiere Burkeman. 

Cuatro mil semanas, gestión de tiempo para mortales (Planeta 2022) es el título del último libro de este afamado escritor y periodista británico que ha sido traducido ya a 26 lenguas y que acaba de publicarse en España.

El libro, más que a la acción, nos invita a la reflexión. Antes de aprender esas habilidades comunicativas que nos permitan poner límites; antes de poner en práctica nuevas actitudes que nos permitan poner fin a nuestra adicción a la acción, debemos interiorizar y hacer nuestro el siguiente mantra: “Nuestro tiempo en la tierra es limitado, la idea de que puedes llagar a todo es una quimera”. Si no hay aceptación de nuestra propia finitud, el método de Burkeman no funciona. “Asumir tu finitud te hará más libre y más feliz”, recalca. 

Pregunta: La mayoría de libros sobre gestión del tiempo escritos en occidente que leo, hablan de mejorar la productividad, de conseguir hacer más cosas, ser más eficientes. Es la primera vez que leo algo -que no sea budista- que me dice: haz menos, suelta, acepta que no puedes llegar a todo y empezarás a ser más libre y más feliz. 

Respuesta: Creo que es un buen resumen del libro. Supongo que si tuviera que matizar algo diría que quizás no es tanto hagamos menos -que podría ser la respuesta correcta para mucha gente- pero es más bien renunciar a esta idea de que vas a a ser capaz de hacer todo, que es un poco como la agenda oculta, por así decirlo, de todos estos libros sobre gestión del tiempo, productividad y eficiencia. Realmente se trata de insistir en que no es cierto que haciendo todo, haciendo más cosas, siendo más productivos, podremos llegar a ese lugar en el que tenemos un control perfecto de nuestro tiempo y en el que nunca tendremos que tomar decisiones difíciles… Ahí es donde está el mensaje erróneo. Yo no creo que eso sea posible y creo que es mucho más liberador llegar a aceptar que nunca vamos a tener el control totalmente. 

P: La palabra ‘aceptación’ resuena en todos los capítulos de tu libro. Acepta que no vas a poder hacerlo todo, que eres finito…¿No crees que es un mensaje contradictorio con el que vende la industria de la felicidad que nos dice: tú puedes con todo lo que te propongas y este tipo de cosas? 

R: Estoy totalmente de acuerdo contigo en eso. Creo que lo que diría sobre eso es que es realmente esencial aceptar la realidad de cómo son las cosas, incluido el hecho de que eres finito, de que no puedes decir sí a un número ilimitado de obligaciones o ambiciones. Es realmente esencial aceptar eso para poder ser capaz de llevar a cabo las cosas más grandes de las que eres capaz, porque de otra manera, estás perdiendo todo tu tiempo y tu atención en ese esfuerzo fútil de conquistar el tiempo. Pero si puedes soltar eso, aceptando que eso es una batalla que no puedes ganar, entonces te puedes centrar en batallas que sí puedes ganar, en lo posible…y lo posible pueden ser cosas muy impresionantes y extraordinarias, o puede ser cosas mundanas, pero que son muy significativas. Creo que es importante no pensar que hay cosas que no son significativas solo por el hecho de que sean mundanas. 

P: Insistes en que debemos tener muy presente en nuestro día a día la idea de que somos mortales ¿Se puede vivir con la idea de la muerte presente en nuestra vida y ser feliz al mismo tiempo, incluso ser más feliz aún que viviendo anestesiado y desconectado de quién uno es en realidad? 

R: No me gustaría que la gente pensara que este libro -o mis ideas- van sobre pensar constantemente sobre la muerte en sí misma, porque no creo que nadie pueda hacer eso constantemente, o yo al menos no podría... Yo ahí hago una distinción. Creo que es diferente enfrentarte a la idea de la mortalidad, que pensar directamente en la muerte, porque creo que la muerte es un gran desafío. No creo que yo personalmente pudiera hacerlo. 

P: Por eso, más que de muerte, hablas de finitud... 

R: Hay una manera más de accesible y sencilla de acercarse a esa idea de la muerte -que es simplemente valorar las consecuencias de que vamos a morir- que es llamarlo finitud, como hago en el libro. Y me refiero al hecho de que cualquier momento en que decidimos hacer algo, estamos decidiendo también no usar ese momento para hacer otros millones de cosas; al hecho de que vivir una vida con sentido, con significado, implica pérdidas en ese aspecto. Eso es algo que es difícil hacer, pero es factible. Y al final, aporta más valor a las cosas que hacemos en el día a día, porque tú, en vez de caer en ese ciclo destructivo de hacer más y más cosas, estarás haciendo las cosas que sientes que estás llamado a hacer. 

P: En tu libro, también exploras los motivos por los que tenemos esta adicción a la acción y concluyes que, en gran medida, es porque hacer cosas nos distrae, nos anestesia del malestar que nos genera la idea de que somos finitos. ¿Decimos gestión del tiempo cuando en realidad deberíamos decir gestión emocional?

R: Sí, creo que es una buena manera de pensar en la gestión emocional. Digo en el libro que una de las cosas por las que no gestionamos bien nuestro tiempo es realmente porque estamos evitando gestionarnos emocionalmente, que estamos persiguiendo formas de hacer cosas que nos permiten no sentir esta idea de ser limitados, de no ser capaces de tomar decisiones difíciles, de no ser capaces de controlar cómo las cosas suceden. De manera que creo que sí, que una buena parte de lo que quiero comunicar en el libro es esta idea de que si puedes ponerte de frente a esas emociones un poco y tolerar toda la ansiedad que pueda surgir, será más fácil soltar estas contraproductivas maneras de ser más productivos, que a la larga no te llevan a ningún lado. 

P: ¿Podrías poner un ejemplo cotidiano de ese afán nuestro por conquistar y controlar el tiempo? 

R: Por ejemplo, si tú siempre estás intentando obsesivamente mantener tu buzón de entrada del correo electrónico a cero. ¿Cómo crees que te sentirás cuando lo consigas o si consigues estar en ese punto permanentemente? Supongo que esperas sentirte un poco como un dios sobre tu tiempo…pero si puedes soltar esa idea un poco, entonces te puedes enfocar en lo que realmente te importa, en vez de enfocarte en tratar de evitar emociones desagradables. Pero en este punto, no quiero dejar de mencionar que hay una fortísima presión social y económica en las personas [para que sean más productivas]. A veces no es algo tan sencillo como decidir hacer las cosas de otra manera, sería injusto. Pero lo que sí puedes hacer, como comienzo, es un pequeño cambio desde tu perspectiva personal. 

P: Para ti, la tecnología no es la culpable de esta tendencia a la distracción y anestesia que nos caracteriza, pero sí dices que contribuye en buena parte a ella. ¿Necesitamos aprender a relacionarnos con la tecnología de una manera más saludable? o ¿crees que cuando integremos todas las cosas que propones en tu libro surgirá de manera espontánea una mejor relación con la tecnología? 

R: No estoy seguro de saber qué está antes o después, la verdad, porque las dos cosas están muy conectadas. Creo que el papel de la tecnología, el papel negativo de la tecnología, es que ha exacerbado esas tendencias que nos viene de lejos de querer ser capaces de hacer una cantidad ilimitada de cosas y negar nuestra finitud. Lo que ocurre es que, a largo plazo, la tecnología parece que te va a permitir hacer todo eso porque de repente puedes enviar cientos de mensajes al día o calentarte la comida en dos minutos… entonces en ese momento empiezas a sentir que a lo mejor podrías enviar un número infinito de mensajes al día y calentar tu comida en nada de tiempo. De modo que esa es la manera en que usamos la tecnología en nuestra vida. Creo que, volviendo a tu pregunta, las respuestas válidas son las dos. Por un lado, si te das cuenta de lo que está ocurriendo [que eres finito] te será más fácil no caer en esos patrones de impaciencia. Pero, por otro lado, la manera más adecuada de mantenerte centrado en lo que está pasando [en la idea de que tu tiempo es limitado] es llevar a cabo algunas acciones [con respecto a tus dispositivos], como quitar tus redes sociales de tu teléfono y solo chequearlas en tu ordenador, o tratar de tener unas horas al día en las que estás protegido de distracciones digitales. De esta manera estarás más en contacto con estas ideas que propongo en el libro. Así que… creo que, afortunadamente, sería como crear un círculo virtuoso. 

P: En tu libro propones algunas técnicas para poder integrar en nuestras vidas esa idea de aceptar nuestra finitud. Es evidente que para aprender a gestionar el tiempo como tú propones en tu libro ¡necesitamos tiempo! ¿Cuánto tiempo te ha llevado a ti aprender todo esto? 

R: Es un concepto muy abstracto, sí [silencio largo]. Realmente a mí me llevó mucho tiempo en términos de entender las ideas que estaba tratando de transmitir y luego en escribir el libro. Podría decir que en aprender todo eso tardé los mismos años que fui en la dirección contraria, que viví creyendo que tenía que ser ultraproductivo hasta que me di cuenta de que de esa manera las cosas no funcionarían…Pero me gustaría insistir de nuevo en la idea equivocada de que las cosas que digo en este libro necesitan tiempo para ser implementadas. Efectivamente, me gustaría que le gente se tomara su tiempo para leer el libro, pero creo que se trata más bien de un cambio de perspectiva a la que mucha gente puede llegar de muchas maneras -y espero que mi libro pueda ayudar- pero lo cierto es que, darte cuenta de esto, puede ser cosa de un instante, es algo que puedes ver de manera muy rápida e inmediata…puedes darte cuenta en un momento, como en un clic. Obviamente, hay ideas que nos acompañan toda nuestra vida y que nunca llegamos a incorporar del todo…Pero realmente el cambio de perspectiva, creo que puede venir de manera rápida y espontánea. 

P: ¿Cómo sería para ti un mundo en el que todas o casi todas las personas hubieran hecho este clic y vivieran de esta manera más consciente que propones en tu libro? 

R: El mundo sería mucho más feliz y mucho más completo si la mayoría hiciera ese clic. Estas perspectivas, por ejemplo, en política, podrían ser realmente poderosas. ¿Qué pasaría si las personas que toman decisiones sobre el medio ambiente, sobre la economía, sobre la pandemia, qué pasaría si ellos supieran en todo momento cómo de limitada es su capacidad de control del mundo y supieran que su capacidad de hacer cosas es limitada? Creo que sería un cambio muy poderoso. 

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Trastorno de síntomas somáticos

 

Trastorno de síntomas somáticos      |      MedlinePlus
    
El trastorno de síntomas somáticos (TSS) se presenta cuando una persona siente una ansiedad extrema exagerada a causa de síntomas físicos. La persona tiene pensamientos, sensaciones y comportamientos tan intensos relacionados con los síntomas que siente que no puede hacer algunas de las actividades de su vida diaria. Ellos pueden creer que los padecimientos médicos cotidianos son mortales. Esta ansiedad puede no mejorar a pesar de los resultados normales del examen y de la reconfirmación del proveedor de atención médica.
 
Una persona con TSS no finge sus síntomas. El dolor y los demás problemas son reales. Pueden ser provocados por un padecimiento de salud. A menudo, no se puede encontrar una causa física. Sin embargo, el problema principal es la reacción extrema y los comportamientos relacionados con los síntomas.
 
Causas
El TSS generalmente comienza antes de los 30 años. Se presenta más frecuentemente en las mujeres que en los hombres. No está claro por qué algunas personas presentan esta afección. Ciertos factores pueden estar involucrados:
·        Tener perspectivas negativas
·        Ser más sensible física y emocionalmente al dolor y otras sensaciones
·        Antecedentes familiares o educación
·        Genética
Las personas que tienen antecedentes de maltrato físico o abuso sexual pueden ser más propensas a padecer este trastorno. Pero no todas las personas con TSS tienen una historia de maltrato.
 
El TSS es similar al trastorno de ansiedad por enfermedad (hipocondría). Este sucede cuando una persona es excesivamente temerosa de enfermarse o presentar un padecimiento grave. La persona está plenamente convencida de que en algún punto se enfermará seriamente. A diferencia del TSS, con el trastorno de ansiedad por enfermedad, hay pocos síntomas físicos reales o no los hay del todo.
 
Síntomas
Los síntomas físicos que se pueden presentar con el TSS pueden incluir:
·        Dolor
·        Fatiga o debilidad
·        Dificultad respiratoria
 
Los síntomas pueden ir de ligeros a severos. Puede ser uno o más síntomas. Estos pueden ser intermitentes o cambiar.  Los síntomas pueden deberse a una afección, pero también es posible que no tengan ninguna causa clara.
El síntoma principal del TSS es la manera en la que una persona se siente y se comporta en respuesta a estas sensaciones físicas. Estas reacciones deben persistir por 6 meses o más. Una persona con este trastorno puede:
·        Sentir ansiedad extrema con respecto a los síntomas
·        Sentir preocupación por que los síntomas ligeros sean una señal de una enfermedad grave
·        Acudir al médico para realizarse múltiples pruebas y procedimientos, pero no creer en los resultados
·        Sentir que el médico no toma sus síntomas con la seriedad suficiente o no ha hecho un buen trabajo para tratar el problema
·        Pasar demasiado tiempo y energía lidiando con inquietudes médicas
·        Tener problemas para funcionar debido a sus pensamientos, sentimientos y comportamientos sobre los síntomas
Pruebas y exámenes
Le realizarán un examen físico completo. Su proveedor puede hacer ciertos exámenes para encontrar causas físicas. Los tipos de exámenes que se hacen dependen de los síntomas que tenga.
Su proveedor puede referirlo con un proveedor de atención psicológica. Este profesional puede llevar a cabo más pruebas.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es controlar sus síntomas y ayudarle a funcionar en la vida.
Tener una relación de apoyo con su proveedor es vital para su tratamiento.
·        Usted debe tener solo un proveedor de atención primaria. Esto le ayudará a evitar que le hagan exámenes y procedimientos innecesarios.
·        Visite a su proveedor regularmente para revisar los síntomas y cómo los está enfrentando.
También es posible que visite a un profesional en salud mental (terapeuta). Es importante que consulte a alguien que tenga experiencia en el tratamiento del TSS. La terapia conductual cognitiva (TCC) es un tipo de psicoterapia que puede ayudar a tratar este trastorno. Trabajar con un terapeuta puede ayudarle a aliviar el dolor y otros síntomas. Durante la terapia, usted aprenderá a:
·        Analizar sus sentimientos y creencias sobre la salud y sus síntomas
·        Encontrar maneras de reducir el estrés y la ansiedad relacionadas con los síntomas
·        Dejar de concentrarse tanto en sus síntomas físicos
·        Reconocer lo que parece empeorar el dolor u otros síntomas
·        Saber cómo manejar el dolor u otros síntomas
·        Mantenerse activo y sociable, incluso si todavía tiene dolor u otros síntomas
·        Desenvolverse mejor en su vida diaria
Su terapeuta también tratará la depresión u otras enfermedades de salud mental que pueda tener. Es posible que tome antidepresivos para ayudar a aliviar la ansiedad y la depresión.
A usted no le deben decir que los síntomas son imaginarios o que todo está en su cabeza. Su proveedor debe colaborar con usted para manejar los síntomas tanto físicos como emocionales.
Posibles complicaciones
De no recibir tratamiento, usted puede tener:
·        Problemas para desenvolverse en la vida
·        Problemas con familiares, amigos y compañeros de trabajo
·        Mala salud
·        Un mayor riesgo de depresión y suicidio
·        Problemas económicos debido al costo de pruebas y visitas excesivas al consultorio 
El TSS es una enfermedad prolongada (crónica). Colaborar con sus proveedores y seguir su plan de tratamiento es importante para controlar este trastorno.
Cuándo contactar a un profesional médico
Debe contactar a su proveedor si usted:
·        Se siente tan preocupado por sus síntomas físicos que no puede desenvolverse.
·        Tiene síntomas de ansiedad o depresión.
Si usted o alguien que conoce está pensando en el suicidio, llame o envíe un mensaje de texto al 988 o chatee en 988lifeline.org. También puede llamar al 1-800-273-8255 (1-800-273-TALK). La Línea de vida para crisis y suicidio 988 proporciona apoyo gratuito y confidencial las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en cualquier momento del día o de la noche.
También puede llamar al 911 o al número local de emergencias o vaya a la sala de emergencias del hospital. NO se demore.
Si conoce a alguien que haya intentado suicidarse, llame al 911 o al número local de emergencias de inmediato. NO deje sola a la persona, incluso después de haber llamado para pedir ayuda.
Prevención
La asesoría puede ayudarle a las personas que son propensas a este trastorno a aprender otras maneras de hacerle frente al estrés. Esto puede ayudar a reducir la intensidad de los síntomas.
Nombres alternativos
Síntomas somáticos y trastornos conexos; Trastorno de somatización; Trastornos somatomorfos; Síndrome de Briquet; Trastorno de ansiedad por enfermedad

lunes, 5 de diciembre de 2022

Después del 10 del 10, más salud mental


FERNANDO MARQUÍNEZ BASCONES     |     TopDoctors     |     22/11/2022
 
Cada año, el décimo día del décimo mes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora el día mundial de la salud mental.
 
Actualmente, con la catástrofe climática sin resolver, la pandemia provocada por el COVID-19 sin acabar, una guerra activa en Ucrania con amenaza nuclear, además de otras crisis globales, parece sensato y oportuno hablar de salud mental.
 
Pero, ¿qué es la salud mental?
 
Podemos empezar diciendo que es más que la mera ausencia de enfermedad. Se trata de un estado en el que somos capaces de adaptarnos y autogestionarnos competentemente, con resiliencia, ante los retos sociales, físicos y emocionales que aparecen en el transcurso de nuestra vida. Por tanto, consideramos la salud de manera positiva y dejamos de priorizar la medicalización y el recurso al tratamiento unilateral e inmediato.
 
La salud mental es esencial para vivir bien
 
Tal y como dice el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), hemos de adoptar y promover un enfoque de “servicio de salud mental y apoyo psicosocial”. Se trata de acostumbrarnos a una consideración multisector y multinivel. Esto se podría traducir como la necesidad de implicar e involucrar al sector sanitario, educativo, protección de la infancia y servicios sociales a nivel estatal, regional y local cada vez que se desarrollen distintas estrategias. Desde luego la política, la buena política, es un elemento clave y determinante. En las sociedades políticamente más sanas, es decir, con más y mejor democracia, sus poblaciones gozan de mejor salud.
 
Un estado de bienestar psicológico
 
La UNICEF define la salud mental como “Un estado de bienestar psicológico en el que la persona desarrolla sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de manera productiva, es capaz de amar y de contribuir a su comunidad”. Cuando el estrés psicosocial aumenta mucho, como ocurre en casos de pobreza, déficit de educación, vivienda inestable, desempleo o falta de acceso a la atención médica de calidad, aparece el distress, con su graduación de síntomas patológicos.
 
Esta angustia puede esquematizarse como una progresión en círculo vicioso, desde la ansiedad-inflamación-depresión-somatización, hasta el cuadro clínico bien establecido, que podemos sufrir cualquiera de nosotros en algún momento dado de nuestra existencia. Por tanto, la estigmatización del trastorno mental es un prejuicio equivocado, derivado de diferentes dogmatismos anticientíficos.
 
“No hay salud sin salud mental”
 
La salud mental es esencial para vivir bien (Eudaimonía) y como reza el certero eslogan recientemente divulgado por el gobierno español, “No hay salud sin salud mental”. La investigación en epidemiología desarrollada en las últimas cuatro décadas, han cambiado profundamente el modo de pensar en medicina y salud pública.
 
La epidemiología es esencialmente una ciencia cuantitativa y ha sabido medir muy bien en qué grado, las opciones libres de la conducta humana, son fuentes determinantes de la salud. Nos dice que conductas, como el fumar, los hábitos alimenticios o sexuales, el consumo de drogas, alcohol, el modo de conducir, la actividad física, las horas ante el televisor, ordenador, o el móvil, condicionan en gran medida nuestra salud.
 
El estilo de vida de cada persona determina su salud mental

El mensaje que las autoridades y los profesionales sanitarios debemos transmitir a la población, es que el estilo de vida es determinante para que nuestra salud dependa, en cierta medida, de cada uno de nosotros. Alimentarnos saludablemente, hacer ejercicio o deporte adecuado y no drogarse con drogas legales o ilegales, es tremendamente saludable sin necesidad de una pastilla (ideal) que solucione nuestro estrés y nos haga felices.
 
Así pues, el estrés bio-psico-social excesivo (distress) nos debilita el control emocional, nos lleva a pensar mal, a sentirnos mal a controlar peor nuestra conducta y es la causa de muchas enfermedades mentales, cardiovasculares, digestivas, neuroendocrinas, entre muchas otras. Por tanto, frente a las graves crisis presentes, siguiendo las recomendaciones de la OMS, invirtamos en nuestra salud mental por nuestra supervivencia y bienestar todo el año, más allá del día 10 del mes 10.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Cómo cambiar las dinámicas negativas con la familia en Navidad


PATRÍCIA RAMÍREZ     |      ABC (El lunes empiezo-Blog)   |     05/12/2021

En casi todas las familias suele haber dinámicas negativas en Navidad que año tras año se repiten. Forman parte de nuestras costumbres y rutinas dañinas. Ocurren en muchas ocasiones sin pensar y sin mala intención. Tienen la particularidad de que surgen de forma automática, solos, como si tuvieran vida propia. Cuando menos te lo esperas estás enzarzado en una discusión absurda sobre temas en los que no se te va la vida pero que terminan dividiendo a la mesa. Al igual que los hábitos personales, tanto los nocivos como los más saludables, también los hábitos sociales nos salen de forma automática. 

Si deseas cambiar esas rutinas y disfrutar de unas Navidades más serenas, aquí te ofrezco una serie de consejos para cambiarlas.

1. Las dichosas ‘imposición’ y ‘presión’

No suelen coincidir las necesidades o preferencias de todos los miembros de la familia en cuanto a cómo vivir la Navidad. A unos les gustaría pasar las Navidades más tranquilos, incluso solos. Otros quieren estar todos juntos. Los que desean juntarse y celebrar, suelen ejercer sobre los demás presiones manipuladoras “pero cómo no vais a venir, con las ganas que tenemos de ver a los niños”, “pero si tu hermana y tu cuñado se van a desplazar desde la otra punta de España”, “venga, no seas egoísta, qué te cuesta”.

Estas imposiciones, manipulaciones y presiones te hacen sentir egoísta y mala persona. Terminas cediendo a lo que no te apetece, acudes de mal humor y te arrepientes. Te prometes que el año que viene te impondrás, pero vuelves a caer en lo mismo. 

Así que para el año que viene o para éste si estás tiempo declina con educación la presión familiar. “Este año no voy a acompañaros. Hemos decidido pasar una Navidad en casa, sin viajes”. No te justifiques, no trates de que te entiendan, no les digas lo mucho que lo sientes (sonaría hipócrita) porque no lo van a hacer, no les interesa entenderte. Les interesa conseguir su propósito de tenerte en casa a costa de tu bienestar. Y utiliza la técnica del disco rayado que consiste en repetir la misma frase, idéntica, con el mismo tono amable y respetuoso, sin argumentar más.

2. Conversaciones y sobremesa que acaban en tensión 

Las sobremesas pueden resultar especialmente delicadas, tensas, incluso violentas. Pueden surgir conversaciones incómodas entre personas poco flexibles, dogmáticas, que versan sobre temas dicotómicos dividen la mesa. Antivacunas, política, religión… También se utiliza la sobremesa para sacar trapos sucios entre padres e hijos, entre hermanos, se cuestiona la educación a los nietos, se critican las notas, las decisiones que se han tomado, etc. Otro añadido en la lista de “cómo terminar mal en una cena de Navidad” es la falta de filtro mental, hablando así desde el sincericidio. Se dan consejos que no se han pedido, se critica y cuestiona a alguien…y se termina hablando a gritos. 

Cambiar esta dinámica puede ser algo complicado, porque no depende solo de ti mismo. Os recomiendo pactar una serie de normas antes de sentaros a cenar, como qué tipo de temas evitar en las conversaciones, o pedir por favor que no se eleve el volumen a la hora de hablar. Podemos también reunirnos individualmente con la persona que saca trapos sucios, alecciona, aconseja, etc., y hacerle saber que es incómodo para ti y que te gustaría que por favor este año lo evitara. 

En el caso en el que la dinámica vuelva a presentarse, puedes levantarte de la mesa excusándote con sinceridad: “me voy a sentar en el sofá. Estos temas de conversación y la dinámica que se genera son incómodos para mí”.  No lo hagas como castigo, ni en tono de enfado, ni reprochando. Solo expresa el motivo por el que abandonas la mesa. Ya verás como algún otro miembro de la familia te secundará. 

3. Los excesos 

En Navidad hay exceso de todo, incluso de amor e hipocresía. Se cocina, come, bebe y regala de más. Es una alegoría al consumismo, a la ostentación y a la falta de moderación. 

El consumismo estresa, comer de más nos genera culpa, el exceso de alcohol provoca imprudencias y hasta mala educación. Tratemos este año de ser más responsables y prudentes con el consumo. Tanto si cocinas tú como si acudes a casa de alguien, haz hincapié en todo lo que sobró el año pasado, en sugerir cocinar algún plato menos o elaborar menor cantidad. Elabora un menú y una lista de la compra responsables. No incites a beber con frases como “venga una copita, si son dos días”. Si vas a consumir alcohol, que sea con responsabilidad y para disfrutarlo. Lo de beber por beber es un despropósito para la salud. Sinceramente, lo de copa y puro en mano queda ya hasta rancio. 

Es un despropósito comprar regalos por comprar. Hasta los niños necesitan menos regalos de Reyes. No saben qué hacer con tanto juguete, dejan de darles valor, abren regalos por abrir, a veces sin curiosidad por lo que el regalo contiene. Poneros de acuerdo a la hora de regalarles, buscad regalos con sentido, que les hagan ilusión. 

Y a pesar de que para algunos adultos el amigo invisible sea estresante, más estresante suele ser comprar regalos para todos. Acaba con la creatividad y economía de cualquier familia y se termina comprando en cadena.

4. Los malos rollos en pareja 

Muchas parejas terminan discutiendo en Navidad por las decisiones que tienen que tomar respecto a dónde pasan las fechas señaladas. Todos se sienten ofendidos, la pareja, los padres, los suegros, hasta los amigos que han planificado un final de año contigo. Tomes la decisión que tomes siempre hay una queja o un mal rollo y alguien que se disgusta. 

Tomar estas decisiones en el último momento genera aún más ansiedad y malestar. Trata de pactar con tu pareja un plan de acción que incluya dos años, un año decide uno y al año siguiente decide el otro. Siempre siendo considerados y empáticos con la otra parte. Decidid esto en octubre, noviembre…. No lo dejéis para los días de antes. Y tened en cuenta circunstancias especiales, como que alguien esté enfermo o una de las familias esté atravesando un momento complicado. 

5. Las quejas 

No se trata de promover la felicidad sí o sí. Pero en las fechas señaladas igual podríamos centrarnos más en lo que suma. Hay personas que no paran de verbalizar que no les gusta la Navidad, que les falta fulanito, que por qué no ha venido tu hermano este año, etc., y en lugar de disfrutar con lo que tienen y con las personas que los acompañan, se recrean en todo lo que les falta. 

Trata de dar valor a lo que tienes o de pedirle a la persona que se queja que disfrute con lo que está viviendo en el presente. No le eches la bronca con frases como “siempre estás quejándote, esto es insufrible”, porque terminaréis enfadados. Solo recuérdale algo así como “mamá, venga que estamos aquí el resto, estamos disfrutando, todos te queremos mucho”. 

Existen muchas otras dinámicas negativas que afectan a nuestro estado de ánimo y serenidad, como el patriarcado, en el que siguen siendo las mujeres las que cocinan, sirven y recogen, la falta de educación generalizada, la falta de ilusión por estas fechas que contamina a quien sí las disfruta o por lo contrario, la obligación de estar alegres cuando a uno no le apetece o mal utilizar el humor para hacer burla de los que están presentes. 

Sean sensibles estos días, y, sobre todo, empáticos. ¡Qué necesidad tenemos de generar mal humor, mala educación y pasarlo mal! Y, sobre todo, respeten. Respetar es dejar que cada cual tome la decisión de vivir la Navidad como le apetezca, con quien le apetezca y dónde le apetezca.