ALDARA MARTITEGUI | niusdiario.es |
23/01/2022
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Entrevista
al periodista y escritor británico Oliver Burkeman, autor de ‘Cuatro mil
semanas’
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Burkeman
tiene una propuesta muy particular de lo que significa para él la gestión del
tiempo y la productividad
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Considera
que en vez de intentar ser más productivos debemos aceptar la idea de que no
somos infinitos y que no podemos llegar a todo
En estos tiempos llenos mensajes que
nos empujan a ‘hacer, hacer y no dejar de hacer cosas’ en pos de ser lo
más productivos posible con la mínima inversión de tiempo, llega Oliver
Burkeman y nos propone justo lo contrario: soltar, aprender a decir no y
acortar nuestra lista de tareas pendientes.
Como buen ex adicto a la
productividad, Burkeman sabe de lo que habla. Su adicción a la
acción le llevó a probar durante años diferentes técnicas ideadas para
mejorar su productividad y su eficacia, pero jamás encontró́ resultados
positivos en ninguna de ellas. Lo que ocurría era todo lo
contrario: siempre caía en el mismo círculo autodestructivo de
hiperproductividad. Esto fue así, según Burkeman, porque todos estos métodos
tienen una agenda oculta y nos inoculan veladamente la idea de que "si nos
organizamos bien, podremos llegar a todo...Pero, asumiendo que llegues a los
ochenta años, habrás vivido unas cuatro mil semanas”, explica el autor. Lo
mires por donde lo mires, es imposible que te dé tiempo a hacer todo lo
que aparece en tu lista de cosas por hacer. En todo caso, esfuérzate en
aprender a elegir, no en aprender técnicas que te permitan ser más productivo,
nos sugiere Burkeman.
Cuatro mil
semanas, gestión de tiempo para mortales (Planeta 2022) es el título del último
libro de este afamado escritor y periodista británico que ha sido
traducido ya a 26 lenguas y que acaba de publicarse en España.
El libro, más que a la acción, nos
invita a la reflexión. Antes de aprender esas habilidades comunicativas que nos
permitan poner límites; antes de poner en práctica nuevas actitudes que nos
permitan poner fin a nuestra adicción a la acción, debemos interiorizar y hacer
nuestro el siguiente mantra: “Nuestro tiempo en la tierra es limitado, la idea
de que puedes llagar a todo es una quimera”. Si no hay aceptación de nuestra
propia finitud, el método de Burkeman no funciona. “Asumir tu finitud te hará
más libre y más feliz”, recalca.
Pregunta: La mayoría de libros sobre
gestión del tiempo escritos en occidente que leo, hablan de mejorar la
productividad, de conseguir hacer más cosas, ser más eficientes. Es la primera
vez que leo algo -que no sea budista- que me dice: haz menos, suelta, acepta
que no puedes llegar a todo y empezarás a ser más libre y más feliz.
Respuesta: Creo que es un buen
resumen del libro. Supongo que si tuviera que matizar algo diría que quizás no
es tanto hagamos menos -que podría ser la respuesta correcta para mucha gente-
pero es más bien renunciar a esta idea de que vas a a ser capaz de hacer
todo, que es un poco como la agenda oculta, por así decirlo, de todos estos
libros sobre gestión del tiempo, productividad y eficiencia. Realmente se trata
de insistir en que no es cierto que haciendo todo, haciendo más cosas, siendo
más productivos, podremos llegar a ese lugar en el que tenemos un control
perfecto de nuestro tiempo y en el que nunca tendremos que tomar decisiones
difíciles… Ahí es donde está el mensaje erróneo. Yo no creo que eso sea posible
y creo que es mucho más liberador llegar a aceptar que nunca vamos a tener el
control totalmente.
P: La palabra ‘aceptación’ resuena
en todos los capítulos de tu libro. Acepta que no vas a poder hacerlo todo, que
eres finito…¿No crees que es un mensaje contradictorio con el que vende la
industria de la felicidad que nos dice: tú puedes con todo lo que te propongas
y este tipo de cosas?
R: Estoy totalmente de acuerdo
contigo en eso. Creo que lo que diría sobre eso es que es realmente esencial
aceptar la realidad de cómo son las cosas, incluido el hecho de que eres
finito, de que no puedes decir sí a un número ilimitado de obligaciones o
ambiciones. Es realmente esencial aceptar eso para poder ser capaz de llevar a
cabo las cosas más grandes de las que eres capaz, porque de otra
manera, estás perdiendo todo tu tiempo y tu atención en ese esfuerzo fútil
de conquistar el tiempo. Pero si puedes soltar eso, aceptando que eso es
una batalla que no puedes ganar, entonces te puedes centrar en batallas que sí
puedes ganar, en lo posible…y lo posible pueden ser cosas muy impresionantes y
extraordinarias, o puede ser cosas mundanas, pero que son muy significativas.
Creo que es importante no pensar que hay cosas que no son significativas solo
por el hecho de que sean mundanas.
P: Insistes en que debemos tener muy
presente en nuestro día a día la idea de que somos mortales ¿Se puede vivir con
la idea de la muerte presente en nuestra vida y ser feliz al mismo tiempo,
incluso ser más feliz aún que viviendo anestesiado y desconectado de quién uno
es en realidad?
R: No me gustaría que la gente
pensara que este libro -o mis ideas- van sobre pensar constantemente sobre la
muerte en sí misma, porque no creo que nadie pueda hacer eso constantemente, o
yo al menos no podría... Yo ahí hago una distinción. Creo que es diferente
enfrentarte a la idea de la mortalidad, que pensar directamente en la
muerte, porque creo que la muerte es un gran desafío. No creo que yo personalmente
pudiera hacerlo.
P: Por eso, más que de muerte,
hablas de finitud...
R: Hay una manera más de
accesible y sencilla de acercarse a esa idea de la muerte -que es simplemente
valorar las consecuencias de que vamos a morir- que es llamarlo finitud, como
hago en el libro. Y me refiero al hecho de que cualquier momento en que
decidimos hacer algo, estamos decidiendo también no usar ese momento para hacer
otros millones de cosas; al hecho de que vivir una vida con sentido, con
significado, implica pérdidas en ese aspecto. Eso es algo que es difícil hacer,
pero es factible. Y al final, aporta más valor a las cosas que hacemos en el
día a día, porque tú, en vez de caer en ese ciclo destructivo de hacer más y
más cosas, estarás haciendo las cosas que sientes que estás llamado a hacer.
P: En tu libro, también exploras los
motivos por los que tenemos esta adicción a la acción y concluyes que, en gran
medida, es porque hacer cosas nos distrae, nos anestesia del malestar que nos
genera la idea de que somos finitos. ¿Decimos gestión del tiempo cuando en
realidad deberíamos decir gestión emocional?
R: Sí, creo que es una buena
manera de pensar en la gestión emocional. Digo en el libro que una de las cosas
por las que no gestionamos bien nuestro tiempo es realmente porque estamos
evitando gestionarnos emocionalmente, que estamos persiguiendo formas de hacer
cosas que nos permiten no sentir esta idea de ser limitados, de no ser capaces
de tomar decisiones difíciles, de no ser capaces de controlar cómo las cosas
suceden. De manera que creo que sí, que una buena parte de lo que quiero
comunicar en el libro es esta idea de que si puedes ponerte de frente a esas
emociones un poco y tolerar toda la ansiedad que pueda surgir, será más fácil
soltar estas contraproductivas maneras de ser más productivos, que a la larga
no te llevan a ningún lado.
P: ¿Podrías poner un ejemplo
cotidiano de ese afán nuestro por conquistar y controlar el tiempo?
R: Por ejemplo, si tú siempre
estás intentando obsesivamente mantener tu buzón de entrada del correo
electrónico a cero. ¿Cómo crees que te sentirás cuando lo consigas o si
consigues estar en ese punto permanentemente? Supongo que esperas sentirte un
poco como un dios sobre tu tiempo…pero si puedes soltar esa idea un poco,
entonces te puedes enfocar en lo que realmente te importa, en vez de
enfocarte en tratar de evitar emociones desagradables. Pero en este punto,
no quiero dejar de mencionar que hay una fortísima presión social y económica
en las personas [para que sean más productivas]. A veces no es algo tan
sencillo como decidir hacer las cosas de otra manera, sería injusto. Pero lo
que sí puedes hacer, como comienzo, es un pequeño cambio desde tu perspectiva
personal.
P: Para ti, la tecnología no es la
culpable de esta tendencia a la distracción y anestesia que nos caracteriza,
pero sí dices que contribuye en buena parte a ella. ¿Necesitamos aprender a
relacionarnos con la tecnología de una manera más saludable? o ¿crees que
cuando integremos todas las cosas que propones en tu libro surgirá de manera
espontánea una mejor relación con la tecnología?
R: No estoy seguro de saber qué
está antes o después, la verdad, porque las dos cosas están muy conectadas.
Creo que el papel de la tecnología, el papel negativo de la tecnología, es que
ha exacerbado esas tendencias que nos viene de lejos de querer ser capaces de
hacer una cantidad ilimitada de cosas y negar nuestra finitud. Lo que ocurre es
que, a largo plazo, la tecnología parece que te va a permitir hacer todo eso
porque de repente puedes enviar cientos de mensajes al día o calentarte la
comida en dos minutos… entonces en ese momento empiezas a sentir que a lo mejor
podrías enviar un número infinito de mensajes al día y calentar tu comida en
nada de tiempo. De modo que esa es la manera en que usamos la tecnología en
nuestra vida. Creo que, volviendo a tu pregunta, las respuestas válidas son las
dos. Por un lado, si te das cuenta de lo que está ocurriendo [que eres
finito] te será más fácil no caer en esos patrones de impaciencia. Pero,
por otro lado, la manera más adecuada de mantenerte centrado en lo que está
pasando [en la idea de que tu tiempo es limitado] es llevar a cabo algunas
acciones [con respecto a tus dispositivos], como quitar tus redes sociales
de tu teléfono y solo chequearlas en tu ordenador, o tratar de tener unas horas
al día en las que estás protegido de distracciones digitales. De esta manera
estarás más en contacto con estas ideas que propongo en el libro. Así que… creo
que, afortunadamente, sería como crear un círculo virtuoso.
P: En tu libro propones algunas
técnicas para poder integrar en nuestras vidas esa idea de aceptar nuestra
finitud. Es evidente que para aprender a gestionar el tiempo como tú propones
en tu libro ¡necesitamos tiempo! ¿Cuánto tiempo te ha llevado a ti aprender
todo esto?
R: Es un concepto muy
abstracto, sí [silencio largo]. Realmente a mí me llevó mucho tiempo en
términos de entender las ideas que estaba tratando de transmitir y luego en
escribir el libro. Podría decir que en aprender todo eso tardé los mismos
años que fui en la dirección contraria, que viví creyendo que tenía que ser
ultraproductivo hasta que me di cuenta de que de esa manera las cosas no
funcionarían…Pero me gustaría insistir de nuevo en la idea equivocada de que las
cosas que digo en este libro necesitan tiempo para ser implementadas.
Efectivamente, me gustaría que le gente se tomara su tiempo para leer el libro,
pero creo que se trata más bien de un cambio de perspectiva a la que mucha
gente puede llegar de muchas maneras -y espero que mi libro pueda ayudar- pero
lo cierto es que, darte cuenta de esto, puede ser cosa de un instante, es
algo que puedes ver de manera muy rápida e inmediata…puedes darte cuenta en un
momento, como en un clic. Obviamente, hay ideas que nos acompañan toda nuestra
vida y que nunca llegamos a incorporar del todo…Pero realmente el cambio de
perspectiva, creo que puede venir de manera rápida y espontánea.
P: ¿Cómo sería para ti un mundo en
el que todas o casi todas las personas hubieran hecho este clic y vivieran de
esta manera más consciente que propones en tu libro?
R: El mundo sería mucho más
feliz y mucho más completo si la mayoría hiciera ese clic. Estas perspectivas,
por ejemplo, en política, podrían ser realmente poderosas. ¿Qué pasaría si las
personas que toman decisiones sobre el medio ambiente, sobre la economía, sobre
la pandemia, qué pasaría si ellos supieran en todo momento cómo de
limitada es su capacidad de control del mundo y supieran que su capacidad
de hacer cosas es limitada? Creo que sería un cambio muy poderoso.