lunes, 7 de diciembre de 2020

Beneficios de salir con los amigos para nuestra salud emocional


Elena Martínez Blasco    |   Mente sana   |   20/07/2020

( Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 20/12/2018

Además de ayudarnos a desconectar de los problemas, salir con los amigos nos permite ser más empáticos y nos proporciona a su vez un gran apoyo psicológico

Aprende a mostrar a tus amigos tus sentimientos, tus proyectos o anhelos. Así podrás disfrutar del aporte de felicidad, del apoyo emocional y de los incontables años de buenos momentos a su lado. El ser humano, por naturaleza, es un ser social. Necesita, como tal, desenvolverse en con los demás. Con el propio instinto de supervivencia nos aliamos o relacionamos con quienes son más afines a nosotros.


Por lo tanto, de nuestra propia necesidad de socialización, protección y de darnos a los demás sale una de las cualidades más bonitas del humano: los vínculos de amistad con los demás. Si quieres conocer más, sigue leyendo este artículo…

Un apoyo emocional

En la amistad entre dos o más personas no hay límites, ni reglas escritas sobre cómo deben ser las cosas. No obstante, es muy recomendable buscar tiempo para estar con los amigos como una prioridad. Salir con ellos nos nutre el alma, nos confiere soporte anímico, nos regala vitalidad. Además, aporta distensión en nuestra vida y nos sirve para abrir la mente y enfrentar mejor nuestro camino personal.

 

Por esto, ambas partes deben regar el árbol de la amistad, para que con los años crezca firme este bastón. Lo más probable es que necesitemos apoyarnos en él muchas veces. En este sentido, las tecnologías han ayudado a la comunicación entre las personas ya que, en ocasiones, los avatares de la vida nos hacen vivir a gran distancia. No obstante, tenemos que buscar tiempo para tomarnos ese café o llamarnos para contarnos qué tal nos ha ido el día. No hace falta un motivo, no es necesario que sea lógico. Solo hazlo, acércate a tu amigo.

Una vida más activa

Compartid vuestros gustos en común. Cualquier actividad que os aliente a salir de casa para estar juntos os sumará múltiples beneficios. No obstante, no debemos olvidar que jamás tenemos que dejar de lado a nuestra familia. Además, debemos cumplir nuestras obligaciones en el rol que tengamos dentro del hogar.

·        Hay muchas actividades comunes para salir con los amigos: cine, teatro, deportes, viajes, gastronomía, etc. El simple hecho de salir de tu zona de confort en el día a día puede reducir tu nivel de estrés laboral, despejar tu mente y hacerte, en definitiva, mejor persona.

·        Existen una gran cantidad de actividades para grupos en las que podréis relajaros y pasar momentos inolvidables.

·        Lo importante es reunirse, crear nuevas historias, anécdotas y sentir que mutuamente cuidamos y nos dejamos cuidar por estas personas tan necesarias que llamamos amigos.

Desarrollar la empatía

Tanto la alegría como el dolor que puede experimentar un buen amigo, en muchos casos, se vive como algo propio. Los problemas de los amigos solemos hacerlos nuestros, como si esas buenas o malas situaciones nos pasaran a nosotros mismos. Por lo tanto, salir con los amigos nos humaniza, nos hace más sensibles a lo que otros puedan estar sufriendo y, por consiguiente, más empáticos y abnegados.

Te recomendamos leer: 3 tipos de amistad según Aristóteles

Aprender a llegar a acuerdos

El hecho de salir en un grupo de amigos nos obliga a tomar pequeñas o grandes decisiones en común. Desde algo sencillo, como elegir una película, hasta planear un largo viaje; no siempre vamos a estar de acuerdo o va a ser de nuestro gusto personal lo que otros decidan.

 

·        Es muy beneficioso aprender a alcanzar acuerdos, a respetar ideas, incluso, contrarias a la nuestra.

·        Compartir experiencias en grupo nos fuerza a ser más flexibles y condescendientes con las opiniones ajenas.

Los amigos, nuestra segunda familia

Es muy común que los cónyuges e hijos de ambos amigos salgan juntos. Suele ser habitual ver en cafeterías con zonas para niños, cómo los hijos de varios amigos juegan juntos y empiezan a crear su propia amistad. Como si de una segunda generación de amistad se tratase, los lazos que se generan con los amigos benefician también a nuestras familias. De este modo, también los hace partícipes a ellos.

Conclusión

En conclusión, salir con los amigos sirve para sentir el pulso de nuestra propia vida, para asegurarnos una rutina activa y original, para ser más comunicativos, para saber escuchar a otros y ponernos en su lugar y para lograr una estabilidad emocional. Con ellos lograremos tener personas incondicionales a nuestro lado que nos ofrecerán lo mejor de sí mismos.

 

Los amigos te ayudan a sobrellevar el dolor 

Los buenos amigos deben ser cuidados como se merecen, pero también es necesario permitirles que nos ayuden cuando más lo necesitemos.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Neuropsiquiatra: la gente ha perdido la confianza y eso aumenta el estrés


BEGOña fernández – REDACCIÓN   |  Madrid   |   La vanguardia  | 22/11/2020 

(EFE).- La presidenta de la Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático y neuropsiquiatra, Rafaela Santos, advierte de que la segunda ola de la pandemia está provocando más problemas psicológicos que la primera y eso se debe a que "la gente ha perdido la confianza, y esa desesperanza genera estrés y depresión".

En una entrevista con Efe, Santos, que también preside el Instituto Español de Resiliencia (IER), se muestra preocupada por "lo que pueda venir" que, en su opinión, "será peor" si no se ponen recursos destinados a la prevención del estrés, y pide a los políticos que encuentren un equilibrio entre la "prudencia y el miedo" porque "los mensajes negativos hacen mucho daño".

Esta experta en salud mental explica que cuando se pone fecha al final de un confinamiento, el cerebro "ve la luz al final del túnel" pero cuando se plantea un nuevo cierre, "el mensaje de miedo provoca estrés" por lo que entiende que esas "pildoritas" que manejan los políticos tienen que ser "coherentes" para no provocar más incertidumbre.

Para esta neuropisquiatra, los más vulnerables al estrés (que en España con la pandemia afecta ya a una de cada tres personas) son las personas que han roto su estructura económica, que han perdido su trabajo y carecen de recursos básicos para sobrevivir.

"Si el nivel económico baja mucho, y eso es una realidad, influirá en el estrés, en la ansiedad y en la depresión", avisa.

También preocupa el nivel de estrés de los sanitarios sometidos a una gran presión desde el inicio de la pandemia.

Por edades, la población mayor, que físicamente es la más vulnerable, no lo es mentalmente ya que tiene "una ventana de la tolerancia a las adversidades" más amplia que los jóvenes.

Por eso, son los jóvenes con edades entre los 24 y 34 años los más frágiles ante una situación de estrés ya que su nivel de tolerancia a las adversidades es muy bajo.

También los niños son vulnerables (uno de cada cuatro padece estrés) pero aquí la responsabilidad recae más en padres, profesores y tutores, ya que los menores son un "espejo" de sus actitudes, precisa.

Santos se refiere al "agotamiento pandémico" del que habla la Organización Mundial de la Salud y que no es más que "la incertidumbre de no saber adónde vamos".

También alerta de que podría darse una "oleada de suicidios, que es un añadido de la ansiedad". Y en este sentido, advierte de que las cifras de suicidios se han disparado y superan ya la mortandad por accidentes de tráfico.

Santos considera que para salir de la pandemia hay que contar con sanitarios y con empresarios, y se pregunta "por qué no ha habido un verdadero comité de expertos".

A juicio de Santos, se han sacado "muchas directivas y protocolos contradictorios" y los médicos han tenido que ir experimentando.

Para esta experta en salud mental, las directivas para frenar la Covid deberían tener en cuenta también a médicos, especialistas en salud y empresarios, "no pueden ser sólo directivas políticas".

No obstante y pese a un escenario incierto, esta neurosiquiatra se muestra optimista y mantiene su confianza en la "resiliencia, es decir, en saber gestionar a lo que nos enfrentamos" y para ello plantea programas en empresas, colegios, profesorado y a nivel individual para poder adquirir esa capacidad.

Santos relata que hace 20 años en Münich se comenzó a medir en ratones de laboratorio el nivel de estrés y su capacidad de resiliencia.

Cuenta que un ratón lanzado a un bidón de agua repentinamente llegaba a dar hasta 50 vueltas buscando la salida hasta quedar abatido.

A otro ratón se le hizo lo mismo pero en el último momento se le ofreció una ramita para trepar y salir. Tres días más tarde, ese mismo roedor fue sometido a la misma prueba pero su cerebro ya no se estresó igual porque esperaba la ramita para trepar que no llegó hasta que dio, no 50 sino 500 vueltas.

Es decir, según explica la neuropsiquiatra, "su cerebro se hizo fuerte y multiplicó por diez su capacidad de resistencia". "De eso hace 20 años pero esa es la prevención y la resiliencia que se puede aplicar a la salud mental".

Santos considera que la resiliencia es un potencial "que todos tenemos dentro pero que hay que entrenar" y asegura que "un euro destinado a prevención es igual a cien euros en tratamiento y mil en rehabilitación". EFE

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jueves, 3 de diciembre de 2020

Tratamiento de la hipocondría

LAURA RUIZ MITJANA    |   La Mente es Maravillosa   |   13/09/2020

¿Qué tratamientos de la hipocondría han demostrado ser los más eficaces? ¿Cuáles son sus técnicas y elementos fundamentales? Averígualo a través de este artículo.

La hipocondría, conocida como trastorno de ansiedad por enfermedad (según el DSM-5), implica preocupación y miedo a tener o la convicción de padecer una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas. Dicha preocupación persiste a pesar de las exploraciones médicas realizadas y dura como mínimo 6 meses -un requisito necesario para el diagnóstico-. Se calcula que entre un 1-5 % de la población padece hipocondría, según datos del DSM-5. 

Los tratamientos de la hipocondría desde una perspectiva psicoterapéutica (es decir, tratamientos psicológicos), se centran en trabajar sobre las sensaciones corporales que experimenta el paciente, su interpretación errónea y la vivencia de los mismos. 

Los autores más conocidos en el ámbito del tratamiento de la hipocondría son: Barsky y cols, quienes se centraron en un componente llamado “amplificadores somáticos” (cuando la persona se queda fijada en una sensación y la amplifica) y Warwick y Salkovskis, muy centrados en la perspectiva cognitiva del trastorno. 

En este artículo, enumeraremos los tratamientos psicológicos de la hipocondría más eficaces según la Guía de tratamientos psicológicos eficaces de M. Pérez (2010), uno de los manuales de referencia en salud mental. Los hemos clasificado según su orientación de trabajo/tipología. 

Como veremos, la mayoría de los tratamientos de la hipocondría, desde una perspectiva psicológica, se centran en trabajar sobre las creencias y los pensamientos disfuncionales del paciente asociados a su estado de salud/enfermedad. Por otro lado, la mayoría de ellos comparten los siguientes dos elementos como parte de la terapia: técnicas para reducir la ansiedad y reatribución de los síntomas (como ejercicio/técnica). 

“Tu cuerpo escucha todo lo que dice tu mente”. – Anónimo –

Tratamientos de la hipocondría cognitivo-conductuales.

Los tratamientos cognitivo-conductuales para la hipocondría son los más utilizados para este trastorno psicológico. Según la Guía de tratamientos psicológicos eficaces de M. Pérez (2010), estos presentan una eficacia tipo 2, lo que significa que son “probablemente eficaces” para tratar dicha problemática. Seguidamente, vamos a conocer los tratamientos más importantes que encontramos dentro de la esfera cognitivo-conductual: 

Tratamiento de Warwick y Salkovski.

Warwick y Salkovskis (1989, 1990) proponen uno de los tratamientos de la hipocondría más utilizados desde la perspectiva cognitivo-conductual.

Su principal propósito es enseñar al paciente a formular su problema de acuerdo al modelo teórico que sustenta dicho tratamiento; por otro lado, el paciente deberá identificar sus creencias erróneas y pensamientos automáticos sobre la enfermedad y la salud. Los elementos centrales de tratamiento cognitivo-conductual de Warwick y Salkovskis son los siguientes:

·        Obtención del compromiso del paciente.

·        Autoobservación de los episodios de ansiedad por la salud.

·        Reatribución de los síntomas.

·        Cambio de las conductas desadaptativas mediante procedimientos conductuales (por ejemplo: prevención de respuesta).

·        Modificación de las creencias disfuncionales sobre la salud/enfermedad. 

Tratamiento de Martínez y Botella (1997)

Otro de los tratamientos de la hipocondría más validados hasta el momento es el propuesto por Martínez y Botella (1997) desde una perspectiva también cognitivo-conductual.

Estos autores desarrollaron un protocolo de tratamiento estructurado en 10 sesiones, de periodicidad semanal y una hora de duración. El programa de tratamiento que proponen se desarrolla en tres fases bien diferenciadas:

·        En la fase uno, se realiza la formulación del modelo y se obtiene el compromiso del paciente (sesiones 1 y 2).

·        En la segunda fase del tratamiento se emplean las estrategias de intervención (sesiones 3-8).

·        Finalmente, en la fase tres se trabaja la prevención de recaídas (sesiones 9 y 10). 

Tratamientos de la hipocondría centrados en los déficits cognitivo-perceptivos

En primer lugar, mencionar que este tipo de tratamientos de la hipocondría, como su propio nombre indica, están centrados en los déficits cognitivo-perceptivos que la persona manifiesta durante el trastorno y que en gran medida son los causantes de los síntomas del mismo (según algunas teorías). Dentro de este grupo de tratamientos destaca el propuesto por Barsky y Cols. (1988). 

Se trata de un tratamiento grupal breve (6-8 pacientes), centrado en el aquí y el ahora y de tipología directiva. Su objetivo es potenciar la posible comprensión dinámica de los orígenes del síndrome. De esta forma, se trabajan los siguientes elementos o factores:

·        Atención y relajación.

·        Pensamientos y reatribución.

·        El contexto situacional.

·        El papel del estado de ánimo. 

Tratamientos de la hipocondría conductuales

Como tratamiento conductual de la hipocondría validado encontramos el de Avia (1993). A través de este tratamiento, se le ofrece al paciente (y a sus familiares) información precisa sobre su problema y sobre el tratamiento a seguir (psicoeducación). Además, el tratamiento incluye otra serie de elementos y técnicas:

·        Programación de tareas y prohibiciones.

·        Exposición en vivo a las sensaciones corporales.

·        Entrenamiento en técnicas de manejo de la ansiedad.

·        Inundación imaginada e in vivo ante la posibilidad de grave enfermedad o muerte.

·        Mejora de la autoestima.

·        Entrenamiento en técnicas de aserción.

·        Abordaje de áreas conflictivas de la vida del paciente. 

Programas centrados en las actitudes

Finalmente, tenemos los programas centrados en las actitudes. En este grupo de tratamientos de la hipocondría encontramos el programa de House (1989), en el que se trabajan una serie de objetivos. Dichos objetivos se trabajan de forma conjunta con el paciente y estos se centran en las creencias disfuncionales del mismo y en sus sensaciones y experiencias corporales. Consisten en:

·        Identificación de errores atribucionales.

·        Confrontación con esos errores.

·        Reatribución de la experiencia corporal percibida. 

Otros tratamientos de la hipocondría

Hemos enumerado los tratamientos de la hipocondría más efectivos hasta la fecha. Sin embargo, no son los únicos: también se emplea la terapia psicodinámica para combatir dicho trastorno (según M. Pérez, consiste en un tratamiento en fase experimental, con eficacia tipo 3) y la farmacoterapia (sucede lo mismo que con el anterior). En la parte de farmacoterapia, suelen utilizarse psicofármacos como los ansiolíticos, por ejemplo. 

Finalmente, encontramos también otro tratamiento, no enumerado anteriormente: el tratamiento de la fobia a la enfermedad de Kellner y Marks. A través de su método, los autores proponen un tratamiento para tratar la hipocondría de la misma forma en la que se trataría un trastorno fóbico múltiple. 

La hipocondría: una posible explicación

Como hemos visto, existen muchas opciones de tratamiento a la hora de afrontar un trastorno de ansiedad por enfermedad, más conocido como hipocondría. Dicha problemática afecta a un 1-5 % de la población, lo que supone una cifra a tener en cuenta. Además, esta cifra aumenta en la población ambulatoria, situándose en un 2-7 %. Por otro lado, la prevalencia es igual en hombres y en mujeres. 

Pero, ¿por qué los tratamientos de la hipocondría inciden tanto en la reatribución de los síntomas y en los pensamientos disfuncionales asociados a las sensaciones físicas? Esto tiene mucho que ver con el origen del trastorno; así, en cuanto a su etiología, si bien es cierto que existen varias teorías que explican su origen, una de las más conocidas es el modelo cognitivo del desarrollo de la hipocondría de Warwick y Salkovskis (1990), autores ya mencionados.

Según dicho modelo, la hipocondría se iniciaría con una experiencia previa de enfermedad propia, familiar o error médico; a raíz de vivir dicha situación, la persona empezaría a formar una serie de supuestos mentales disfuncionales. 

Seguidamente, al ocurrir un incidente crítico (por ejemplo: un síntoma que sugiera “X” enfermedad), automáticamente se activarían los supuestos disfuncionales anteriores. Una vez activados dichos supuestos, y siempre según el modelo, aparecerían en la mente de la persona pensamientos e imágenes automáticas negativas que originarían dicha ansiedad por la salud (y por ende, por enfermar).

“Busca paz en tu mente y obtendrás salud en tu cuerpo”. – Anónimo - 

martes, 1 de diciembre de 2020

La relación entre las emociones y los sentimientos


MARCELO R. CEBERIO     |    La Mente es Maravillosa   |   29/07/2020

Emociones y sentimientos parecen ir siempre de la mano, ¿pero realmente es así? ¿Qué matices solemos dejar por fuera al pensar en ellos?

La relación entre emociones y sentimientos ha sido estudiada en muchas ocasiones y por ello hoy en día se ha podido realizar todo tipo de contrastes de ideas. Lo más interesante es que esta relación siempre termina con una coma, no con punto final, pues aún queda mucho por descubrir.

Tanto emociones como sentimientos se sistematizan en el tiempo y le otorgan una identidad emocional a cada persona. Cuando un problema persiste en la vida de una persona, además de la automatización de procesos de pensamiento, el mundo emocional emergente constituye un patrón que se sistematiza y tiende a formar parte de un estilo de personalidad.

Ese tono emocional que caracteriza a la persona, se sistematiza en relaciones y formas de interacción. También se imprime en el rostro y los gestos estereotipados y posee un correlato neuroquímico.

Esas actitudes emocionales producen funciones en los sistemas. Así, a alguien que es chistoso y dicharachero, el día que aparece serio y reflexivo, su entorno lo cuestionará suponiendo que algo le está sucediendo. De igual modo, alguien que siempre se presenta malhumorado, el día que esboza una sonrisa, causa asombro en su entorno.

Todo esto quiere decir que el tinte emocional que presentamos a los demás genera funciones en nuestros sistemas de interacción. 

El sentimiento es una demostración de conciencia

Antonio Damasio señala que un sentimiento es la percepción de un determinado estado del cuerpo junto con la percepción de un determinado modo de pensar.

También afirma que para tener sentimientos se requiere de un sistema nervioso que sea capaz de cartografiar –es decir, realizar un mapeo– de los estados corporales en patrones neurales y transformarlos en representaciones mentales. En concreto: las representaciones mentales requieren de conciencia.

El cerebro humano es el que genera los mismos estados corporales que luego son evocados frente a los diversos objetos. También construye el estado corporal emocional concreto para generar el sentimiento correspondiente.

Si bien la relación entre sentimiento y conciencia no es directa ni sencilla, parece difícil sentir sin tener conciencia de ello.

Cuando sentimos, nos percibimos como YO

Sentimos porque existen patrones de actividad en regiones del cerebro que sienten el cuerpo, regiones que por ello, por sentir el cuerpo, permiten que nos sintamos y comencemos a percibirnos como YO. Sin cuerpo, no habría YO, tampoco conciencia, ni emociones ni sentimientos. 

Richard Lazarus, sugiere subordinar los sentimientos en el marco de las emociones, puesto que entiende que estas son más abarcativas. Por ende, define el sentimiento como el componente subjetivo o cognitivo de las emociones, es decir la experiencia subjetiva de estas.

Según Lazarus, cuando tomamos conciencia de las sensaciones (o alteraciones) del cuerpo al recibir ese estímulo, la emoción se convierte en sentimiento. Es decir, en el momento que notamos que el organismo sufre una alteración –y somos conscientes de ello– ponemos nombre a lo que estamos sintiendo (la emoción) con una etiqueta o sello específico.

Aún así, los sentimientos pueden persistir en ausencia de estímulos externos cuando son generados por nosotros mismos.

El tiempo, un factor clave de distinción

Una de las diferencias más marcadas entre emociones y sentimientos radica en el tiempo. Como decíamos al inicio, las emociones son abruptas; irrumpen, muchas de ellas, intempestivamente, como la ira, la sorpresa o el miedo. Son automáticas y aunque en algunos casos se pueden regular, no siempre tenemos conciencia de ellas cuando se detonan.

Mientras que los sentimientos se desarrollan en la interacción y resultan de mayor persistencia que las emociones, ya que se producen como resultado del vínculo y el vínculo no es una simple interacción sino que conlleva una relación no fortuita. 

Las emociones son primitivas porque básicamente no involucran procesos cognitivos. Es decir, uno no piensa en emocionarse, sino que lo hace directa y súbitamente. En cambio, los sentimientos sí se asocian a elementos de pensamiento y se instauran a través de tiempo.

Damasio señala que, evolutivamente, las emociones son más primitivas que los sentimientos puesto que los mecanismos cerebrales que fundamentan las reacciones emocionales se formaron antes que los que sostienen a los sentimientos. 

Las emociones básicas cumplen una función en los sistemas: aseguran la supervivencia y colaboran con el organismo en pos de su defensa en el intento de asegurar la vida. En síntesis, son reguladoras de la función vital y facilitan las relaciones sociales y la estabilidad.

Describe dos emociones básicas como la alegría y la tristeza que rigen la autorregulación vital. Ciertos mapas configurados de una determinada manera son la base del estado mental que denominamos alegría, diversión, placer, motivación, entre otros, son la base por antagonismo para el estado mental que denominamos tristeza o pena, angustia, o dolor.

El mandato biológico de sobrevivir

Los mapas asociados a la alegría o la felicidad implican bienestar y son más relevantes para la supervivencia porque son sucedáneos de otras emociones. Además, significan estados de equilibrio para el organismo. Estos estados de alegría son motivadores, y permiten el desarrollo social y una mayor capacidad para actuar. Por ello, alguien que sintió miedo y superó una situación difícil, se siente feliz.

En cambio, los mapas relacionados con la tristeza corresponden a desequilibrios funcionales del organismo y pueden resultar invalidantes. En el caso del dolor, los síntomas de enfermedad indican un desequilibrio de las funciones vitales que, de no resolverse, es de mal pronóstico: la situación puede evolucionar hacia la enfermedad y la muerte.

Los sentimientos pueden ser sensores mentales del interior del organismo, expresiones mentales de equilibrio o desequilibrio interno, como indica Antonio Damasio.

Implícitamente, el mandato biológico consiste en sobrevivir y hacer de la experiencia de supervivencia una situación placentera en lugar de la dolorosa. La condición de regulación de la vida se expresa en forma de afectos (alegría-tristeza) y la felicidad como bien consiste en librarse de las emociones negativas. Con este objetivo de sobrevivir, a lo largo de la evolución se desarrolló un mecanismo que permite reaccionar y decidir de inmediato para actuar rápidamente.

En esas situaciones no hay tiempo suficiente para planear o pensar conscientemente y luego decidir. Exigen una reacción “automática-lista”. El tiempo que el pensamiento racional requiere para analizar las posibilidades de actuación, en muchos casos disminuye la probabilidad de supervivencia, puesto que reduce la posibilidad de decidir y actuar rápidamente.

Siempre hay excepciones

Frente a una situación inesperada de peligro inminente es la amígdala cerebral la que reacciona. Esto es porque es nuestra alarma personal. Ante el peligro, dialoga con la memoria (el hipocampo) al rescate de información y la analiza con el prefrontal (que es el centro del análisis racional y lógico), entre otras funciones. Este proceso se produce para protegernos y hasta nos puede salvar la vida.

Pero Joseph LeDoux descubre un circuito que consiste en un atajo de la amígdala en estas situaciones que obvia el diálogo con los otros interlocutores y gana segundos y milisegundos en la reacción, y eso en situaciones extremas es importante.

Es la viejecita que está en el banco y cuando entran ladrones, ella le golpea con su cartera al arma de uno de ellos y así la policía entra en acción y los reduce rápidamente, evitando así el robo. Luego, la heroína no entiende que sucedió y confusa dice: ¡¡¿Qué paso, qué paso?!! En este tipo de proceso, no hay consciencia.

LeDoux describe el circuito rápido amigdalino a partir de la situación peligrosa y habla de disparadores emocionales, que posibilitan la detección y reacción apropiadas.

Por su parte, Ekman dice que existe un banco de datos de alerta emocional que se acciona por medio de una red neuronal en los grupos humanos en todas las culturas. El cuerpo manifiesta de manera diferente cada una de las emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco) por medio de indicadores musculares específicos y distintos para cada tipo de emoción básica.

Disparadores y alertas emocionales

Como comentábamos anteriormente, la relación entre emociones, conciencia y sentimientos no es sencilla. Sin embargo, gracias a las distintas investigaciones hemos podido realizar contrastes de ideas muy interesantes. Ahora bien, hay que tener claro siempre dos cosas:

·        El cerebro monitorea continuamente los cambios en el cuerpo.

·        El cuerpo siente la emoción al mismo tiempo que la experimenta.

En conclusión, los seres humanos poseemos un complejo repertorio de mecanismos de regulación para la supervivencia, que pueden clasificarse como automáticos o no automáticos. Los primeros incluyen a las emociones y los sentimientos que originan, y son el fundamento de un repertorio de conductas orientadas a la supervivencia: éticas, compasivas, colaborativas, etc.

Dentro de los mecanismos no automáticos tendría que ser posible incluir a ciertas instituciones humanas cuyas normas y afirmaciones deberían ser extensiones de los modos de regulación vital y de las estrategias de autorregulación y autopreservación: escuelas, instituciones científicas, lugares de trabajo, de esparcimiento, familias, etc.

El problema es que, con frecuencia, los dispositivos no automáticos parecen entrar en conflicto con los automáticos. Así, vivimos en instituciones sociales regidas por mecanismos de competencia, lucha, agresión, poder, miedo, no cooperación, negación del otro, etc., que van en contra de nuestra base emocional para la supervivencia: cooperación, asociación y amor… ¡Vaya paradoja!