lunes, 17 de octubre de 2022

Es la hora de reconstruir los pilares de nuestra salud mental: "El ritmo de vida que tenemos es un caldo de cultivo para las enfermedades mentales"


REDACCIÓN      |      La Voz de Galicia      |      12/10/2022


Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, radiografiamos, de la mano de expertos en psicología, psiquiatría, nutrición y neurociencia, el futuro de la salud mental en un mundo cambiante

Jared Diamond, biólogo, geógrafo y profesor de la Universidad de California, argumentó científicamente en su artículo 'El peor error en la historia de la humanidad' que el descubrimiento de la agricultura había arruinado a nuestra especie. El ganador del premio Pulitzer en 1998 aportó estudios sobre sociedades primitivas del Kalahari o nómadas de Tanzania que concluyeron que estas tribus, pese a sus necesidades cazadoras, disfrutaban de un mejor descanso y gozaban de más tiempo libre que las sociedades occidentales —agrícolas e industriales—. «Fue la agricultura la que nos permitió construir el Partenón o a Bach componer la Misa en Si menor», reconoce el autor; pero, tal vez, con la primera cosecha empezamos a destrozar nuestra salud mental.

Fuese así o no, en el siglo XX rematamos a nuestra psique. Se demolieron todos los cimientos sin saber muy bien qué factura estaba por cobrarse. Dinamita a nuestro descanso, convirtiendo el trabajo en una forma de vida y no en un sustento; dinamita a nuestra actividad física, abrazando el sedentarismo que facilitó el progreso informático; dinamita a la alimentación, abriendo las puertas de nuestras neveras a los ultraprocesados. Todo esto mientras la salida hacia la terapia psicológica estaba tapiada con una enorme señal de estigma. Así fueron los ochenta, los noventa y la entrada del celebrado nuevo siglo. La última carga la colocamos en las vigas que aún quedaban en pie en el XXI. Dinamita a nuestra forma de relacionarnos con la aparición —sin manual de instrucciones— de las redes sociales, que nos convirtieron en sujetos públicos y, en ocasiones, en maniquíes. Los muros que aún quedaban en pie, la pandemia los convirtió en escombro.

Lo bueno es que el viento ha cambiado de dirección. Entre el derrumbe, la salud mental se ha reivindicado. El sufrimiento se convirtió en titulares; los testimonios, en conciencia. Toca empezar de cero. Intervenir, más como una rehabilitación que como una reconstrucción, porque el mundo del 2022 ha venido para quedarse y la rueda seguirá girando, por eso, los cimientos deben volver a ser sólidos. «Como sociedad, tenemos ahora nuevos retos. Los avances han llegado y no se puede volver atrás. Tirarse al monte con una navaja no creo que sea una solución», razona Xacobe Abel Fernández, psicólogo clínico y presidente de la sección de Psicoloxía e Saúde del Colexio Oficial de Psicólogos de Galicia. La pregunta es cómo hacerlo y qué mejor día para planteárselo que hoy, el Día Mundial de la Salud Mental. 


Encontrar un equilibrio en un mundo cambiante

«Buscar la estabilidad en el cambio. Ese es el gran reto social en la salud mental», quien marca el objetivo en la diana es Raquel Rodríguez-Carvajal, doctora en psicología y profesora en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Hay problemas de partida y la profesora empieza por la propia naturaleza de los seres humanos, vulnerables como ningún otro mamífero desde su nacimiento. Explica que todo iba relativamente bien cuando los niveles de certidumbre eran altos. «El mundo que teníamos cuando se instauraron las sociedades del bienestar era un mundo previsible. Si tu padre trabajaba en una factoría, probablemente tú accedieses a esa factoría; padre zapatero, hijo zapatero. Había unos nichos de desarrollo muy claros, una sensación de control del entorno», desgrana.

Eso hizo que las personas, durante mucho tiempo, pudiesen construir una sensación de control sobre la acumulación de capital, de personas, de materiales que nos daban de seguridad. El problema es que las reglas del juego han cambiado en medio de la partida y ese equilibrio, esa falsa sensación de control, se desplomó. El progreso y la globalización cambiaron el mundo. «La globalización y la conectividad nos han llevado a una toma de conciencia muy grande de la variabilidad de las cosas, de la impermanencia. Y el covid nos ha puesto todavía más en nuestro sitio», dice Rodríguez-Carvajal que añade: «La estabilidad ya no la podemos buscar de una manera estática, sino dinámica, logrando estar estables en los procesos de cambio constante en los que estamos». Esta es la revolución y el gran reto de la salud mental del siglo XXI.

La buena noticia es que estos cambios ya están empezando a darse. Si hoy se diagnostican más trastornos mentales que en décadas pasadas, esto es, en parte, porque se ha tomado una mayor conciencia sobre la importancia de tratarlos. «Hace 20 o 30 años, la salud mental estaba en un segundo plano, no se hablaba tanto. Había trastornos que seguramente no se diagnosticaban porque no se conocía su semiología, sus síntomas. Hoy, cuando tienes un problema, acudes al médico», observa el psiquiatra Álvaro Moleón.

Sin embargo, aún queda mucho por recorrer. «El ritmo de vida que tenemos, ese poco tiempo que tenemos para disfrutar con los nuestros, para dedicarle al deporte y a descansar, todo eso es un caldo de cultivo para las enfermedades mentales. Por eso, cada vez se están consumiendo más sustancias tóxicas. Cocaína, cannabis, alcohol. Todo eso hace que aumente el desarrollo de la enfermedad mental. Y aparte, la situación que en los últimos años hemos vivido entre la pandemia, la guerra de Ucrania, la incertidumbre de la inflación económica... Todas esas circunstancias externas tienen una influencia en la aparición de trastornos psíquicos», describe Moleón.

Como vemos, el panorama es complejo, pero hay indicios alentadores. Lo que está en juego es nada menos que el paradigma de salud mental. Y, aunque mucho de ello involucra decisiones a niveles políticos, hay cosas que podemos hacer desde nuestra individualidad para transformarlo. Empieza por prestarles atención a los seis pilares de una mente sana.


Pilar 1.- Hábitos de pensamiento
Pilar 2.- El ejercicio: la vida sedentaria que daña las neuronas
Pilar 3.- El descanso: la almohada como cicatrizante de la mente
Pilar 4.- Alimentación: bombas de vitaminas para prevenir la depresión
Pilar 5.- Relaciones sociales
Pilar 6.- La terapia, por qué y cuándo: del chamanismo a la consulta

NOTA.- Todos estos pilares están ampliamente explicados en este artículo, pero para no hacerlo muy largo, si os interesa, lo podéis encontrar en los datos de cabecera; “título, periódico y fecha de publicación.”

 

domingo, 16 de octubre de 2022

Dismorfofobia: la obsesión por la belleza y la imagen corporal


DRA. MARIA SOLEDAD HUMBERT ESCARIO          |          TopDoctors

La dismorfofobia o “trastorno dismórfico corporal” es una patología que va más allá de la obsesión por la belleza y la imagen corporal. Esta preocupación excesiva está a la orden del día en una sociedad que da más importancia de la que debería a la juventud, la estética y la salud, poniendo estos tres factores al mismo nivel. 

¿A quién afecta el “trastorno dismórfico corporal”?

Esta obsesión es más frecuente en aquellas personas que son más influenciables por los demás. Dichas influencias son difundidas por los medios de comunicación y por la presión del grupo social, sobre todo, en los jóvenes. Además, esta tendencia se ha igualado entre ambos sexos: lo que hace unos años era más común en chicas, ha alcanzado el mismo papel en los varones.  

Cómo afecta la dismorfofobia a la vida cotidiana 

El “trastorno dismórfico corporal”, antes conocido como dismorfofobia, es más que el interés por la belleza. Se trata de un cuadro clínico incapacitante que, quien lo padece, siente una intensa preocupación por los “defectos” de su físico, prácticamente insignificantes para el resto. 

Esta obsesión ocupa entre tres y ocho horas al día y es muy complicado resistirse y controlarla para quien la padece. Además, estas personas desarrollan comportamientos y actos mentales como la constante comprobación de sí mismos de forma repetida y excesiva

Quien sufre dismorfofobia presenta un malestar constante que mina su autoestima, dificultando todas las áreas de su vida. 

Dismorfofobia muscular o vigorexia 

Un tipo de “trastorno dismórfico corporal” es la dismorfofobia muscular o vigorexia, en la que el individuo tiene una visión de sí mismo distorsionada, percibiéndose débil y enclenque. Esto lo lleva a modificar su alimentación a límites extremos con el fin de conseguir más masa muscular, a realizar ejercicio físico excesivo y descuidar otros ámbitos de su vida.  

Causas y síntomas de la dismorfofobia 

Esta enfermedad está relacionada con el entorno, además de factores genéticos y fisiológicos. Por ejemplo, elevadas tasas de abandono y abusos en la infancia y prevalencia en la familia de primer grado de trastorno obsesivo-compulsivo y alteraciones en la serotonina. 

El síntoma principal es la alteración del pensamiento hasta el delirio e incluso la percepción trastornada de sí mismo: el individuo está totalmente seguro de la presencia de un defecto físico que para los demás es inapreciable o inexistente. Estas personas se miran constantemente al espejo y preguntan reiteradas veces a sus allegados sobre sus “defectos”. 

De hecho, desde 2013 se considera parte del trastorno obsesivo-compulsivo dadas las características del pensamiento y los rituales llevados a cabo. También se asocia con frecuencia al trastorno depresivo mayor. 

Los elementos psicológicos y ambientales que pueden influir en el origen de este trastorno son:

 

  • Baja autoestima. Esto puede ser el origen o una consecuencia del trastorno.
  • Familia y entorno. Si el individuo ha crecido en un ambiente en el cual el físico ha tomado el protagonismo, o si se ha sentido rechazado alguna vez por alguna de sus características corporales.
  • El “cuerpo de moda”. Si el cuerpo del individuo tiene poco parecido con el supuesto cuerpo ideal para su entorno, se puede sentir rechazado.
  • Sociedad superficial. El culto a la imagen y la apariencia son dos aspectos muy importantes, incluso asociados a la felicidad, en la sociedad actual. A raíz de esto, han nacido las empresas del adelgazamiento, de ponerse en forma, de lo “bio”, etc.  

Diagnóstico de la dismorfofobia 

La “clave” para saber si esta obsesión por el físico es patológica es que perjudique a las demás áreas de la vida de la persona: resultados académicos, trabajo, relaciones familiares y sociales… Casi todos los afectados por esta enfermedad mental presentan un funcionamiento psicosocial alterado debido a las preocupaciones “irreales” por su apariencia, pudiendo llegar a evitar la relación con los demás. 

Tratamiento de la dismorfofobia

  • Para los casos más graves que presenten un pensamiento obsesivo, síndromes depresivos o fobias, se administra un tratamiento psicofarmacológico.
  • Para que la persona afectada “vuelva a la realidad”, se trabaja la autoestima y se motiva al paciente a enfrentar las relaciones sociales dejando a un lado la autovaloración física, se lleva a cabo una psicoterapia de orientación cognitivo-conductual  

¿Habría que tomar medidas sociales ante este trastorno?

Los especialistas en Psiquiatría establecen que la clave para reducir la prevalencia de este trastorno es aprender a dejar a un lado la superficialidad de la sociedad actual. Para ello, lo ideal sería una educación basada en el respeto de las diferencias individuales y apreciando los valores del ser humano más allá de la apariencia. 

El papel de los cirujanos plásticos ante el Trastorno dismórfico corporal 

Cuando un paciente con trastorno dismórfico corporal acude al especialista en Cirugía plástica, estética y reparadora, frecuentemente ocurre que el cirujano se percata de que el defecto que el individuo señala es “imaginario” y tiende a disuadir la intervención, ya que la cirugía no suele mejorar la autoimagen del paciente.

viernes, 14 de octubre de 2022

¿Qué le respondo a mi hijo si dice que de mayor quiere ser "influencer"?


ENRIQUE ZAMORANO      |      El Confidencial      |      27/09/2022 

Esta profesión ha entrado dentro de las preferidas por los niños y adolescentes españoles. Consultamos con dos expertos para saber orientarles en este particular destino laboral. 

Ellos, futbolistas; ellas, profesoras. Estas son las profesiones que más desean ser de mayores los niños y niñas de nuestro país. Según los últimos datos de una encuesta de Adecco de 2021, vendrían seguidas, respectivamente, de policía y médica en segundo lugar, de profesor y peluquera en tercer puesto, y de médico y veterinaria en cuarto. Y en quinta posición se cuela entre los chicos una que hasta hace pocos años no figuraba dentro de estos 'rankings': 'youtuber'. Una ocupación que dice mucho de nuestra era, pues hasta hace unos años era impensable que hubiera una especie de 'televisión global' vía internet que desterrara la atención de millones de personas en el mundo (sobre todo de niños y adolescentes). Una 'televisión global' en la que, además, pudieras fabricar tus propios contenidos desde la comodidad de tu habitación y comunicar a potenciales multitudes todos los contenidos que te interesaran.

Hace apenas unas décadas, el clásico enemigo de los padres para que sus hijos hicieran los deberes todas las tardes era la que se conocía como 'caja tonta'. Pero ahora que el uso del 'smartphone' está tan extendido entre los más jóvenes, se podría decir que visualizar contenidos a través de una pantalla ya no es una actividad de ocio, sino que forma parte intrínseca de su vida cotidiana. Incluso ver vídeos en YouTube se ha convertido en parte del proceso formativo, tanto educativo como de la personalidad, ya que más allá de buscar entretenimiento, los niños y adolescentes también resuelven dudas, consultan opiniones y conocen personalidades distintas a unos pocos clics de distancia. De ahí que muchos expertos en educación se atrevan a promulgar que el papel del padre, la madre o el maestro sea una figura de 'acompañamiento' más que de transmisores de información, como en el pasado. 

Pero no nos vayamos del tema. YouTube por sí mismo no concentra todo el interés ni es el entorno digital único de explotación por parte del 'influencer'. También están Twitch, Instagram, Snapchat o TikTok. Esta última red social, por cierto, fue declarada altamente adictiva por psiquiatras y agencias de salud, reconociendo que son muchos los jóvenes que acuden a consulta con un serio problema de adicción. Por tanto, la producción y consumo de contenidos dentro de estos entornos no nos pueden parecer inocentes, y conviene analizar seriamente a qué se deben, qué podemos esperar, qué decir y cómo reaccionar ante las pretensiones de un niño o de un adolescente de convertirse en una estrella de estas plataformas. 

La respuesta más recurrente y apropiada es bastante lógica y oportuna: "¿Por qué?". En esto coinciden Ricardo Fandiño, psicólogo y presidente de Aseia (Asociación para a Saúde emocional na Infancia e a Adolescencia) y David Cortejoso, psicólogo especialista en tecnologías digitales y miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla y León (COPCYL). Ambos trabajan con niños y adolescentes, conociendo su realidad y problemas de primera mano. Y, evidentemente, ninguno de los dos reconoce que la pregunta del '¿qué quieres ser de mayor?' se deba quedar en lo anecdótico, sino que hay que profundizar en los intereses y deseos del niño, en este caso de una profesión tan nueva como es la de 'influencer', gestor de redes sociales o 'youtuber'.

Mejor que sea su plan B

"Para ser 'influencer', no hay una hoja de ruta elaborada", explica Fandiño. "¿Sabe un adolescente cuál es el proceso para llegar a serlo y cuáles son las pérdidas asociadas al mismo?". En este sentido, como producto espectacular, el público de estos contenidos desconoce completamente cómo es verdaderamente la persona que está viendo al otro lado de la pantalla y si lo que dice, tanto a nivel verbal como gestual o estético, se corresponde con su personalidad. "Querer ser 'influencer' puede llevar fácilmente a la confusión entre el sujeto y su representación, entre actor y personaje". En pocas palabras, sabemos mucho de quién está delante de una cámara, pero poco de quién es detrás o al margen de ella. 

Cortejoso afirma, por su parte, que lo mejor es inculcar al niño que puede perseguir esta motivación siempre y cuando quede en un segundo plano, relegada a su ocio o tiempo libre. "Lo que los padres deben tener claro es que tiene que haber un plan A, es decir, una formación y un trabajo, ya que las redes sociales e internet son como una montaña rusa, un día tienes éxito y al siguiente un montón de comentarios negativos y todas tus visitas y popularidad se vienen abajo", argumenta. Aquí entrarían las lógicas de la economía de la atención, las cuales pueden llegar a ser muy lesivas para la salud mental de un individuo, sobre todo si está en el proceso de maduración de su personalidad: tanto como hay seguidores y un 'feedback' positivo, también existe su reverso, el 'hater', como apunta también Fandiño. 

En este sentido, cabe pensar en la figura de un 'influencer' como la del empresario de uno mismo. Y esto, ¿puede traducirse en que ahora los niños están más concienciados o saben más al respecto sobre la manera en que pueden monetizar su propia vida y personalidad? "Mi experiencia es que, por lo general, no tienen una visión más amplia que anteriores generaciones de economía empresarial, de ser autónomo, de lo que hay que pagar...", admite Cortejoso. "Como es evidente, al manejar más información que los niños de antes, pues sí, están más formados y preparados respecto a eso, pero no la gran mayoría. Hasta que no empiezan a meterse un poco en el asunto, no tienen una visión general de lo que significa ganarse la vida en internet".  

Fandiño va más allá y repara en el tema de la exposición. "Debemos tener en cuenta que vivimos en una sociedad en la que el sujeto y su identidad se han convertido progresivamente en un producto de consumo", añade. "En cierto modo, en las redes sociales todos somos creadores de contenido que consumen otras personas y por lo que esperamos recibir una gratificación en forma de aceptación. Esto es particularmente relevante en la adolescencia, cuando la necesidad de sentirse aceptado e incluido entre iguales es fundamental. Por ello, la recompensa del 'like' resulta particularmente adictiva, sobre todo para aquellas personas con menos recursos 'yoicos' y más vulnerables emocionalmente". 

Palabras como 'exposición', 'reconocimiento' o 'privacidad' nos suenan a todos, pero en realidad es algo de lo que jóvenes y adultos tienen poca consciencia a la hora de gestionar, producir o consumir los contenidos de estas plataformas. Así lo cree Cortejoso, quien afirma que "no se cuida la privacidad ni la identidad digital, tampoco se tiene un conocimiento de cómo funciona internet y sobre sus servicios", añadiendo que "no se le da el valor suficiente". Por ello, el psicólogo pide que exista una formación oficial y reglada en colegios e institutos para familias y menores.

La 'adolescentización' de la sociedad 

Una de las particularidades de los 'influencers', sobre todo de YouTube, es que muchos de sus contenidos parece que van dirigidos expresamente a niños o personas en la edad de la pubertad. Esto se intuye al ver los elementos y la iconografía que rodean a sus vídeos, desde los clásicos muñecos de Funkopop hasta los juegos de luces y 'look' de las personalidades que aparecen en los vídeos. Muchos de ellos, obviamente, ya no están en la adolescencia, sin embargo, actúan como tal. Por otro lado, parece que, a raíz del uso de las tecnologías, la entrada en la pubertad se da antes, en franjas más cortas de edad. Así, tenemos, por un lado, a niños que quieren ser jóvenes cuanto antes y a jóvenes que infantilizan su discurso visual, verbal y temático para gustar a los adolescentes. 

Esta es la tesis principal del último trabajo de investigación de Fandiño, escrito junto con la psicóloga Vanessa Rodríguez Pousada, 'Ser adolescente: ¿transición o destino?' (2021). "Hablamos de adolescencias prepuberales, es decir, de una 'adolescentización' de la infancia, un proceso en el que niños y niñas adoptan actitudes, comportamientos, funcionamientos relacionales propios de la adolescencia, de manera prematura y sin haber adquirido las habilidades psicosociales necesarias, siendo en ese sentido muy vulnerables emocionalmente". Y, a su vez, los jóvenes y mayores nunca quieren envejecer. "La adolescencia ya no es cosa únicamente de los adolescentes, es un modo de relacionarse, pensar, de estar en el mundo". 

Exponerse tan pronto a contenidos de todo tipo produce que muchas veces haya experiencias negativas en el estado mental de los adolescentes. De esto precisamente se encarga Cortejoso, quien atiende a muchos chicos y chicas sobre temas que van desde el 'cyberbullying' hasta de adicciones a los videojuegos o al teléfono móvil, pasando por carencias sociales mínimas. "Todavía hay chicos que no salen de la habitación tras la pandemia", remarca.

 "Prácticamente, han dejado de tener vida social. Sobre todo aquellos que eran tímidos, quienes han encontrado una forma muy buena de poder socializar gracias a internet. También atendemos temas de depresiones o de estrés en chicos que tienen la presión constante de tener que estar todo el día creando material para intentar ganar visualizaciones o seguidores, por no hablar de los efectos secundarios de exhibirse tanto".

miércoles, 12 de octubre de 2022

La "depresión atípica" representa el 30% del total de las depresiones

 

DRA. MARÍA SOLEDAD HUMBERT ESCARIO       |    Topdoctors    |   05/07/202 

Cuando hablamos de depresión no nos referimos a una sola entidad nosológica. La depresión es una condición médica en la que predomina una alteración del estado de ánimo, acompañado de manifestaciones físicas particulares, así como alteraciones del pensamiento, del ciclo sueño-vigilia y de la cognición.

Hace años, cuando estaba cursando la residencia de la especialidad, se nombraba con frecuencia el término “depresión atípica”, denominación que en la actualidad no se contempla (al menos en la clasificación del DSM-5) salvo como un especificador para los trastornos depresivos en general. La depresión atípica tiene un significado histórico. Fue descrita por los autores británicos West y Daly en 1959 como un diagnóstico separado debido a que en los ensayos farmacológicos realizados entonces un grupo de pacientes mostraba una mejor y clara respuesta a los antidepresivos inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) frente a los antidepresivos de tipo tricíclico. Estos dos grupos de fármacos constituyeron el arsenal terapéutico frente a las depresiones hasta finales de los ochenta, en que aparecieron los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

¿Por qué se denominó depresión ‘atípica’?

A este tipo de depresión se denominó así, “atípica” en contraposición a la presentación de cuadros depresivos de tipo endogenomórfico. Hay que señalar que la depresión endógena era la norma en ese momento cuando raramente se diagnosticaban depresiones en pacientes ambulatorios y casi nunca en adolescentes o adultos jóvenes. Sin embargo, la prevalencia de lo que se llamaría “depresión atípica” es elevada y representa casi un 30% del total de las depresiones.

¿A qué cuadro clínico responde esta patología? 

El mismo término sirve para describir a tres cuadros clínicos diferentes:

  • Cuadros en los que predomina la ansiedad y aspectos fóbicos u otros síntomas del espectro ansioso, que van acompañados de depresión o de fenómenos que implican una depresión subyacente, como las variaciones diurnas del humor.
  • Cuadros depresivos con cambios funcionales invertidos respecto a los típicamente endógenos, como el empeoramiento por las tardes, el insomnio de conciliación y sin embargo con hipersomnia diurna, la hiperfagia en lugar de la pérdida de apetito, que puede llegar hasta una conducta bulímica.  
  • Depresiones sin las características subyacentes en los cuadros endógenos o melancólicos. 

¿Qué síntomas son clave para su diagnóstico?

El matiz definitorio de una depresión atípica es la reactividad del ánimo, esto es, la capacidad de responder con alegría o al menos con una mejoría del humor cuando se presentan acontecimientos positivos (por ejemplo, la visita de un ser querido o recibir una alabanza, una gratificación, en definitiva, una buena noticia), cosa que no ocurre en las depresiones melancólicas, que mantienen una anhedonia persistente frente al entorno y frente a los acontecimientos incluso los más felices.

En adolescentes o personas muy jóvenes es bastante común el hecho de una mejoría del ánimo durante el tiempo que pasan con sus amigos, a pesar de hallarse en un estado francamente depresivo. Esta peculiaridad sorprende a las familias y puede retrasar el diagnóstico al interpretarlo como un signo más de la arbitrariedad adolescente.  

Pero además de esta reactividad del humor, existen otros síntomas importantes:


  • Así, en las depresiones atípicas, el estado de ánimo puede volverse eutímico (o sea normal, sin tristeza) incluso durante períodos prolongados si las circunstancias externas se mantienen favorables.
  • En lugar de encontrarnos con una disminución del apetito y el peso, lo habitual es que en la depresión atípica hallemos un aumento de la ingesta de alimentos que puede acompañarse por un claro aumento de peso. 
  • Hallaremos hipersomnia que puede incluir un periodo período prolongado de sueño nocturno y diurno que totalizarían al menos 10 horas diarias, o por lo menos dos horas más del tiempo de sueño habitual del sujeto cuando no está bajo depresión. 
  • Otro síntoma singular es conocido como la parálisis plúmbea definida como una sensación de pesadez o de lastre, generalmente en las extremidades (brazos y piernas). Esta molesta sensación está presente -al menos- una hora al día y en la mayoría de casos durante un tiempo más prolongado. 
  • Por último, merece comentario el síntoma conocido como “sensibilidad al rechazo” percibido en las relaciones interpersonales. Este rasgo es de inicio temprano y en las depresiones atípicas persistirá durante la edad adulta. Dicha sensibilidad al rechazo está presente tanto cuando la persona está en franca depresión como cuando no lo está… aunque en el primero de los supuestos dicho síntoma se exacerba hasta llegar a niveles patológicos. Por tanto, aquí vemos un rasgo de personalidad que enlaza con un síndrome clínico en un continuum desde la necesidad de ser admitido, el miedo al rechazo, la alerta frente a dicha posibilidad, la sensibilidad frente a la respuesta de los otros y en cierto grado la variable de susceptibilidad/suspicacia. 

La reactividad del humor es clave en los principales síntomas que aparecen en la 'depresión atípica'

¿Este tipo de depresión puede convivir con otros diagnósticos o trastornos?

A pesar de no poseer una entidad nosológica propia, la depresión atípica es la forma más común de síndrome depresivo que se observa en las consultas ambulatorias de psiquiatría. Su prevalencia es alrededor de cuatro veces más común en mujeres. La investigación ha respaldado la edad temprana de aparición de los síntomas en pacientes con depresión atípica, siendo más probable que el inicio de los síntomas sea antes de los veinte años.

Para acabar de “complicar” este cuadro, en la depresión atípica se describe una alta comorbilidad con otros diagnósticos psiquiátricos. Estos son los resultados de algunos estudios:

  • Mayor deterioro funcional y episodios de inestabilidad afectiva, disforia crónica y “depresión doble” (esto quiere decir que en algún momento se puede sufrir de una depresión atípica y superpuesta a ésta una depresión mayor melancólica).
  • Trastorno de pánico/agorafobia en más del 53% de los pacientes.
  • Trastorno obsesivo compulsivo en el 10% de los pacientes con depresión atípica.
  • Trastorno de ansiedad generalizada en el 10% de los pacientes con este tipo de depresión.
  • Bulimia nerviosa en alrededor del 11% de los pacientes.
  • Fobia social, casi en el 8% de los pacientes. 

Es decir, observamos una altísima comorbilidad con cuadros de ansiedad en cualquiera de sus formas, TOC y trastornos de alimentación. 

Una alta prevalencia, un inicio temprano y una mayor persistencia 

Como he mencionado previamente, la respuesta a la farmacoterapia era claramente a favor de los IMAOs no selectivos (cuyo uso hoy en día está prácticamente extinguido, ya que en todo el planeta se mantiene la prescripción para unas 70.000 personas). Sin embargo, afortunadamente con la introducción de los antidepresivos ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) se observó una buena respuesta terapéutica para este tipo de depresiones, siendo mejor dicha resolución cuanto antes se traten. 

En el habla coloquial, el término atípico suele estar asociado con algo raro. Pero la depresión atípica, aunque única en su presentación, ciertamente no es ni infrecuente ni rara en los trastornos depresivos. Tanto la literatura como la práctica clínica apoyan la evidencia de que la “depresión atípica” es una forma de depresión de alta prevalencia, inicio temprano y tendencia a tener mayor persistencia en el tiempo. 

Un aspecto de gran interés clínico es el que los pacientes que experimentan depresión atípica de inicio temprano, con curso crónico, patrón de sensibilidad al rechazo de larga duración y una percepción fatiga omnipresente, fácilmente pueden cargar con un diagnóstico primario de trastorno de personalidad. Esto nos llevaría a una especie de “nihilismo terapéutico” que añadido a la preferencia de “no tomar medicación” puede hacer que una herramienta terapéutica muy útil (tratamiento psicofarmacológico) sea desdeñado tanto por el clínico como por el paciente ante la creencia de que el sujeto “siempre he sido así”.

lunes, 10 de octubre de 2022

El alto coste psicológico de colgar toda tu vida en redes (especialmente si eres joven)


EL CONFIDENCIAL – ACV    |     8/10/2022 

Muchas personas anhelan la vida de la que presumen 'influencers', 'youtubers' y demás estrellas de Internet. Hoy vemos algunos de los principales riesgos del uso y abuso de las tecnologías 

En una era en la que tanta gente comparte su vida a través de redes sociales, conviene reflexionar sobre los prejuicios causados por una acusada sobreexposición de la misma en estas plataformas. Muchos, seguramente, empezaron a publicar aspectos de su vida sin llegar a saber muy bien por qué. De un día para otro, el 'feedback' de los demás comienza a llegar cargado de "Me gustas" y comentarios positivos. Pero, como Internet es tremendamente voluble, en cualquier momento esa retroalimentación buena puede convertirse en una campaña de desprestigio fruto de un error sin mala intención o de una opinión que se te va de las manos.

Está claro que dedicar mucho tiempo a usar las redes sociales acaba contribuyendo a que los síntomas de depresión o ansiedad se agraven entre la población. Sobre todo entre los más jóvenes; hace poco, diversos expertos de psicología advirtieron del gran número de adolescentes que acudían a sus consultas enganchados al Tik Tok, llegando a compararlo con un trastorno de adicción a ciertas drogas. En cambio, usar demasiado el móvil o de una forma compulsiva no está contemplado en ningún diagnóstico de salud mental como adicción.

En espera de una notificación constante 

Una de las personas que más saben a nivel internacional de lo que él llama "epidemia digital" es Larry Rosen, profesor emérito de psicología en la State University de California. "Incluso cuando no estás frente a la pantalla, esta está en tu cabeza", asegura en un reciente artículo de la revista 'Wired'. Evidentemente, como avisa, no es la cantidad de notificaciones que te llegan al día, que ya son bastantes, sino las que crees que te van a llegar. No en vano seguro que alguien se siente reconocido cuando está tan acostumbrado a la vibración del móvil que la confunde con una sensación física. De pronto, notas que te vibra el bolso donde guardas el móvil, lo abres y no hay nada. 

Otro factor importante a reseñar es que en Internet todo el mundo puede ser alguien que realmente no es, lo cual puede llegar a producir una desrealización con su propia identidad. Sobretodo aquellos que construyen su 'yo' cibernético en torno a los demás. Al principio, parece que recae sobre el individuo la potestad de elegir de qué quiere hablar, pero más adelante, el algoritmo manda: si quieres que tus visitas sigan creciendo, más te vale hablar de este tema o subir contenido sobre determinada marca de ropa... 

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es la facilidad con la que la gente opina y juzga en redes sociales. Parece que lo que muestras te define, lo cual es muy injusto, tanto si es bueno como si es malo. No hemos nacido para estar constantemente buscando una validación externa. Antes de la irrupción de la Web 2.0, la gente tenía una lista de amigos y conocidos muy ajustada, pero ahora cualquier desconocido puede saber quién eres, qué haces, qué te gusta y a qué te dedicas.