sábado, 10 de enero de 2015

Salud mental e infancia

ANÁLISIS

JAUME CLUPÉS
| EL PERIÓDICO | 11/11/2014

La crisis no sólo está afectando el acceso de los niños más vulnerables a un nivel de vida adecuado. También su salud mental ha empeorado en los últimos años. Problemas como la ansiedad, el estrés y la desatención se han agravado a raíz de la situación económica que atraviesan muchas familias. Ha surgido además un nuevo perfil de pobreza representado por familias que han perdido su poder adquisitivo, algo que genera frustración y situaciones de conflicto entre padres e hijos.
Estas son algunas de las conclusiones de un estudio elaborado recientemente por la Federación de Entidades de Atención y de Educación en la Infancia y la Adolescencia (FEDAIA) que revela las consecuencias que está teniendo la crisis en la salud mental de los niños más desfavorecidos, que son los que atienden nuestras entidades.
Patologías tempranas
El estudio ha venido a confirmar un problema que detectamos hace años pero que se ha agudizado a partir del 2010: las consecuencias de la precariedad económica de las familias hace que las patologías aparezcan cada vez más temprano en los niños y agrava los problemas de desarrollo y de aprendizaje. La crisis genera estados de angustia, malestar, estrés y depresión en los padres que afectan directamente a niños y adolescentes. La crisis ha afectado también a los profesionales, que tienen cada vez más dificultades para realizar su trabajo y poder atender adecuadamente a los niños y las familias.
Nuestro diagnóstico es coincidente con el de organismos como el Observatorio de Salut Mental de Catalunya, que en su reciente informe sobre el impacto de la crisis económica en la salud mental de la población pone de relieve cómo los problemas derivados de la crisis se han traducido en un incremento de la demanda de visitas de aproximadamente el 45%. Entre los principales trastornos detectados por este estudio, se encuentra la pérdida de control de la propia vida, en el 19% de los casos, la aparición de pensamientos suicidas, en el 15%, y el deterioro de los vínculos familiares, en el 12%.
Este fenómeno de aumento de las necesidades cohabita con una red de atención que está saturada y que es incapaz de hacer frente a las necesidades. No hay recursos para atender a los nuevos pacientes, y los que acceden no reciben la atención, ya sea terapéutica o psiquiátrica, con la frecuencia que necesitarían. Es un pez que se muerde la cola: hay más patologías pero menos acceso a la atención, lo que agrava a su vez enfermedades que podrían detectarse y tratarse a tiempo. La atención precoz, por lo tanto, se resiente también. Esta situación es reflejo de la ausencia de una auténtica política global destinada a atender a la infancia que se encuentra en riesgo de exclusión social y a prevenir situaciones que se derivan de ella, como los problemas de salud mental.
Se invierte poco en infancia y cuando se hace es sin una planificación adecuada. Los recursos destinados a políticas sociales para infancia y familia son absolutamente insuficientes, menos de la mitad que la media europea porque la infancia no ha sido la prioridad de las políticas públicas ni en tiempos de crisis ni de prosperidad. Esto se hace más evidente en momentos como este en que los recursos escasean.

Es indispensable adoptar medidas inmediatas y urgentes para evitar que los niños paguen las consecuencias de la crisis económica. Actuar antes de que las situaciones se agraven evita efectos no deseados en el desarrollo de los niños que muchas veces resultan irreversibles y se mantienen toda la vida. Necesitamos políticas transversales que permitan avanzar y una coordinación efectiva entre la red de servicios que atienden a la infancia, las administraciones y las entidades. Invertir en infancia es la mejor garantía de conseguir una sociedad equitativa, cohesionada y competitiva. No lo olvidemos.


miércoles, 7 de enero de 2015

Nena, ésto es de lo más normal.


MANERAS DE VIVIR

Una de cada seis personas en el mundo sufrirá un trastorno de ansiedad durante al menos un año en el transcurso de su vida.

ROSA MONTERO| El País | 28/09/2014

Este libro es una joya. Y eso que, al principio, resulta un poco árido, un poco espeso. Pero les recomiendo perseverar, porque enseguida se pone estupendo. Me refiero a  Ansiedad, miedo, esperanza y la búsqueda de la paz interior (Seix Barral) de Scott Stossel, un periodista norteamericano cuarentón que vive asediado por las crisis de ansiedad, que pueden atacarle en cualquier momento y dejarle tembloroso, taquicárdico e incapaz de hablar. Además padece miedo a los espacios cerrados (claustrofobia), a la altura (acrofobia), al desmayo (astenofobia), a quedar atrapado lejos de casa (al parecer es una variante de la agorafobia o miedo a los espacios abiertos), a los gérmenes (bacilofobia), a hablar en público (un tipo de fobia social), a volar (aerofobia), a vomitar (emetofobia), a vomitar en un avión, cosa que, para él, debe de ser como una manía al cuadrado (aeronausifobia) y, por último, hasta le tiene miedo al queso (turofobia), una obsesión rarísima que ya me parece la repanocha.

Como comprenderán, yo, que soy una ansiosa de manual, y que he sufrido tres grandes crisis de angustia clínica en mi vida, a los 17 años, a los 21 y a los 30, me he abalanzado sobre este ensayo como cerdita sobre charca de lodo. Y debo decir que el pobre Scott es tan catastrófico que, de entrada, su ejemplo puede animar muchísimo a los ansiosos más medianos. Que, por cierto, son (o somos) legión. Según los últimos estudios citados en este libro, se calcula que una de cada seis personas en el mundo sufrirá un trastorno de ansiedad durante al menos un año en el transcurso de su vida.

Y sufrir un trastorno de ansiedad no es estar un poco nervioso ni sentirse preocupado por algún problema de tu vida. Una crisis clínica cursa con síntomas aparatosos y es inhabilitante mientras dura. Recuerdo mi primer ataque de angustia a los 17 años: estaba viendo la televisión una noche, tras la cena, en el comedor vacío de la casa de mis padres, cuando de repente el mundo se alejó de mí, como si estuviera contemplando la realidad a través de un telescopio; es decir, el comedor estaba todavía ahí, pero lejísimos (luego supe que esto se denomina efecto túnel y que es bastante habitual); inmediatamente me entró un ataque de terror absoluto, con el agravante de que ni siquiera sabía a qué le tenía miedo. Me castañeteaban los dientes, me temblaban las piernas, me entrechocaban las rodillas. Como lo que me sucedía era incomprensible, deduje que me había vuelto loca y eso aumentó el pánico. Además, era incapaz de explicar lo que me pasaba. No podía hablar, no podía comunicarme. Porque la esencia de todo trastorno mental es la soledad, una soledad tan colosal que resulta inimaginable si no la conoces, si no has estado ahí. Una soledad de astronauta vagando perdido en el espacio intergaláctico.

En la España de fines de los sesenta y en mi clase social, la gente no iba al psiquiatra; de modo que me pasé la crisis a pelo, sin un solo ansiolítico. Estaba a punto de entrar en la universidad y decidí hacer Psicología para intentar entender lo que me pasaba. De hecho, tengo la teoría de que la mayor parte de los psiquiatras y psicólogos se dedican a eso porque, de jóvenes, temieron estar locos. Lo cual, por otra parte, no es malo en sí mismo: al contrario, puede proporcionar un mayor entendimiento y una cercanía con los pacientes. En cualquier caso, estudié un par de años de Psicología y ahí aprendí que las crisis de angustia, aunque espectaculares, son como la gripe de los trastornos mentales; básicas, muy comunes y, pese al sufrimiento que producen, muy leves. Conocer todo esto me hizo ir perdiendo el miedo al miedo; ya sabía que de las crisis se regresaba, que no me iba a quedar ahí atrapada, que eran algo transitorio. El irme aceptando como era y, sospecho, el empezar a publicar mis textos en torno a los treinta años (porque escribir te cose, te une al mundo), hizo que las crisis se acabaran. Hace tres décadas que no sufro ninguna. Pueden volver. No me apetecen, pero no las temo. Y hasta les estoy agradecida por haberme enseñado el espacio exterior mental, ese lugar inhóspito y aterrador de la dolencia psíquica. Cosa que me ha hecho conocer mejor al ser humano. Cuento todo esto, como Scott cuenta sus tremendas, agobiantes y a menudo desternillantes experiencias, porque sé que al otro lado de estas páginas hay mucha gente devorada por el ogro de la angustia. Personas que se sienten perdidas, que se creen morir, que piensan que se les ha ido la cabeza para siempre. Y que son incapaces de hablar de ello. A mí, a los 17 años, me hubiera servido de mucho que alguien me dijera: nena, esto es de lo más normal; respira tranquila y espera a que se pase. Así que aprovecho el estupendo libro de Stossel para decirlo ahora.


martes, 23 de diciembre de 2014

BON NADAL A TOTHOM !





Siguem humils com els pastors que foren els primers  en veure i creure en Déu fet Home, i postrant-se, l'adoraren. 

MOLT BON NADAL A TOTHOM !

lunes, 22 de diciembre de 2014

"Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales"

ENTREVISTA | ALLEN FRANCES
Catedrático emérito de la Universidad de Duke, dirigió la considerada 'biblia' de los psiquiatras
MILAGROS PÉREZ OLIVA | El País | 28/09/2014

Allen Frances (Nueva York, 1942) dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales. Este manual, considerado la biblia de los psiquiatras, es revisado periódicamente para adaptarlo a los avances del conocimiento científico. El doctor Frances dirigió el equipo que redactó el DSM IV, a la que siguió una quinta revisión que amplió considerablemente el número de entidades patológicas. En su libro ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel, 2014) hace autocrítica y cuestiona que el considerado como principal referente académico de la psiquiatría colabore en la creciente medicalización de la vida.
Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?
Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.
P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales? / R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.
P. Con la colaboración de la industria farmacéutica... / R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios.
P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia? / R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.
P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo? / R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos.
P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos? / R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.
P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales? / R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.
P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio? / R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad.
P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias? / R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas.
P. No va a ser fácil… / R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE UU el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos.
P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente. / R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico
P. ¿En qué sentido? / R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.
P. Y también tendrán que cambiar hábitos. / R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

ONG, sin ellos no sería posible

El papel de estas entidades se dibuja fundamental para el desarrollo psicosocial de los discapacitados. Y no solo por la coyuntura. Celebramos diez años de éxitos

PATRICIA PEYRÓ | El País | 09/12/2014
                  
Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), se estima que en el mundo existen actualmente más de 1.000 millones de personas que viven con alguna discapacidad. Esto significa que hasta el 15% de la población está limitada, siendo la prevalencia aún mayor en los países en vías de desarrollo. En el año 1992, la Asamblea General de la ONU decretaba el día 3 de diciembre como el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, después de 10 años conocidos como el Decenio de las Naciones Unidas para los impedidos. El fin de esta década ha sido contemplar y aplicar medidas que proporcionaran un marco de protección basado en la igualdad de oportunidades y en la integración social de estas personas. En 2014, se ha buscado un “desarrollo sostenible” en la intervención psicosocial de los discapacitados, y se otorga una función especialmente relevante al avance de las tecnologías de la información y a su impacto en la vida de estas personas, muchas de ellas sin acceso a estos recursos. Dentro de este desarrollo sostenible, será fundamental el papel de las organizaciones sin ánimo de lucro, especializadas en proporcionar una atención integral a las necesidades especiales de los discapacitados, que buscan eliminar barreras y normalizar las vidas de estas minorías que sufren un alto riesgo de exclusión social.
¿Quién ayuda a los discapacitados?
Los recursos públicos no son suficientes para atender la demanda de las personas afectadas por alguna limitación como pueda ser la mental, que precisa de conocimientos técnicos y de una intervención completa y en todas las áreas: psicosocial, clínica, asistencial, familiar y laboral. Las ONG cumplen una labor fundamental en la vida de las personas con discapacidad y surgen como respuesta de las familias afectadas, que buscan soluciones a medida de la complejidad de su situación, que excede al individuo afectado y se convierte en una realidad familiar y social con la que hay que convivir.
Un ejemplo de estas entidades es AMAFE, Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Personas con Esquizofrenia, cuyo objetivo fundamental es “incidir positivamente en la vida de los afectados por este trastorno”, según explica Ana Cabrera Cifuentes, directora del equipo técnico. Los objetivos de esta asociación van en la dirección de favorecer la calidad de vida y la inserción de los discapacitados en la sociedad, buscando y generando los recursos necesarios para ofrecer, además de soluciones, esperanza para sus familiares, que se sienten amparados al percibir comprensión dentro de todo el espectro de variables que afectan a su situación. Entre otros servicios, asesoran sobre los recursos públicos disponibles, sobre trámites legales y burocráticos y ayudan en la inserción laboral. Proporcionan, asimismo, apoyo a las familias y ayuda a domicilio, además de en su centro de día, que tiene capacidad para 120 personas.
Según Ana Cabrera, ayudar a este colectivo pasa por intervenir en distintos aspectos como la prevención, el tratamiento y la reinserción. Pero eso no basta: “Hay que procurar ayudas efectivas, proporcionar información fiel a la realidad que sirva para orientar y generar esperanza a las familias, así como facilitar lazos sociales y relaciones de colaboración entre entidades que abunden en una asistencia efectiva”.
Recursos y financiación
Además de las cuotas de los socios y de tasas simbólicas por servicios ofrecidos, como el de asistencia psicológica, el coste y financiación de los proyectos de AMAFE se nutre de la aportación de entidades tanto públicas como privadas que colaboran con subvenciones que hacen posible la sostenibilidad de la organización. “A pesar de estas ayudas, AMAFE sufraga como mínimo el 50% del coste global de estos proyectos”, explica su directora.
Esto quiere decir que la colaboración ciudadana, ya sea por lo particular o vía empresa, es una fuente más de apoyo para continuar gestionando los recursos de ayuda a los afectados por esta enfermedad mental, la esquizofrenia: “De cada 100 euros que recibimos, 80 euros son para la atención asistencial, terapéutica y rehabilitadora, cinco euros se destinan a la investigación, y los últimos 15 euros al mantenimiento de la sociedad, que tiene a doce personas en plantilla, entre los que se encuentran psicólogos y terapeutas ocupacionales”.
¿Cómo es el perfil del trabajador con discapacidad?
Uno de los aspectos más importantes que afectan a la integración de los discapacitados pasa por su inserción en el mercado laboral, no solo como forma de normalizar sus relaciones sociales y su percepción de adecuación al entorno, sino como un modo de sostener una autonomía económica con la que minimizar las dependencias y el gasto público destinado a los recursos asistenciales derivados de su minusvalía.
Con motivo del Día Internacional de la Discapacidad, la empresa Capgemini, junto con la Fundación Adecco, han elaborado el informe de El Perfil del Trabajador con Discapacidad 2014. En él concluyen que en el 2014 las contrataciones a personas con discapacidad han alcanzado su máximo histórico, hecho que contrasta con la baja participación de estos colectivos en el empleo, manifestado en que un 63% de las personas que tienen edad laboral no tiene trabajo ni lo busca.
Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, altamente comprometido con la causa de la discapacidad, explica cómo estas personas “por encima de todo, buscan un trabajo que les proporcione estabilidad y autonomía y su productividad se eleva a cotas muy altas”.
Por su parte, Paulo Morgado, consejero delegado de Capgemini, refiere sus comentarios a la falta de conciencia social y a la necesidad de que las empresas adquieran un compromiso con la causa, con el fin de favorecer su integración en el mercado laboral: “Muchas personas con discapacidad siguen infrarrepresentadas en las diferentes esferas sociales debido a persistentes clichés sociales y culturales que debemos superar. Solo con el compromiso de las empresas y su cambio de mentalidad lo conseguiremos”.
Entre otras conclusiones, el informe arroja datos sobre la importancia que los discapacitados otorgan a la relación con sus compañeros y al clima laboral positivo, otorgando menor valor a los aspectos salariales y a las posibilidades de promoción.
Los resultados de este perfil del trabajador con discapacidad surgen a partir de la investigación propia de Adecco con Capgemini, cotejada con las estadísticas del SEPE, datos proporcionados por el INE, y una encuesta realizada a 300 personas discapacitadas que han conseguido un empleo en el año 2014.

Diez cosas que sólo las personas con depresión pueden entender verdaderamente

ActiveBeat | El País-Buena vida | 30/09/2014

La depresión es una enfermedad compleja que afecta mucho más que su salud mental y emocional; puede afectar todos los demás aspectos de su vida, de forma física, social y profesional. La depresión puede impactar a cualquier persona y, aunque puede ser fácil darse cuenta de que alguien está deprimido, muchas personas lo esconden bien. De forma sencilla, aunque la enfermedad sea todo menos eso, realmente es agotadora, altera totalmente la vida y a veces puede ser mortal.
Para aquellas personas con depresión, comenzar cada día puede ser un desafío y puede ser muy difícil aceptar la ayuda de seres queridos y profesionales de la salud. Esta lista de diez cosas que sólo las personas con depresión pueden entender bien puede ayudarle a apoyar de una mejor manera a personas con la enfermedad. Y si usted padece depresión, esperemos que pueda darse cuenta de que no está solo.
1. Las tareas normales toman más tiempo

Todos tenemos rutinas y responsabilidades – trabajo, familia, tareas y compromisos, entre otras cosas. Y hacerse cargo de ello puede ser extremadamente difícil si tiene depresión. Todo parece exigir más energía y requerir más tiempo para ser completado. Las tareas mundanas y simples se vuelven difíciles y abrumadoras, lo cual añade un plus de estrés y ansiedad al tardar más tiempo en terminarse. Resulta difícil concentrarse en lo que se tiene que hacer y la incapacidad para completar éstas tareas lo hace sentir anormal. Muchas personas que están deprimidas a menudo llegan hasta el punto de dejar o de evitar completamente algunas tareas y responsabilidades diarias.
2. Las palabras positivas a menudo no ayudan
Que le digan continuamente que mire el lado positivo de las cosas o escuchar la típica frase “vea la copa medio llena”, no sólo no puede hacer nada por ayudar a alguien deprimido, sino que puede empeorar las cosas. Muchas personas que están deprimidas ya sienten que no son diferentes y al ser impulsados por palabras positivas pueden sentirse frustrados y molestos. Si la depresión fuera tan fácil de superar como mirar todo positivamente, no sería una enfermedad tan debilitante. Eso no quiere decir que los amigos y familiares deban ser negativos; pero evitar esas típicas frases trilladas y, en lugar de eso, simplemente estar ahí para apoyar puede ser de más ayuda.
3. La depresión es devastadora
Cuando sufre de depresión, se ve afectado en cada aspecto de su vida. Los días, semanas, meses e incluso años pueden irse junto con los sentimientos perturbadores, lo cual puede afectar negativamente su salud en general, las relaciones con familiares y amigos y su ámbito profesional. Para algunos, los síntomas de la depresión pueden consumirlos completamente – cada pensamiento, elección y sensación parece amplificarse. Se pueden experimentar muchas cosas a la vez, como frustración, tristeza, incapacidad de concentrarse, ansiedad, insomnio, auto desprecio y desafortunadamente, a medida en que la depresión se arraiga cada vez más en la mente y el cuerpo, la perturbación puede ser más intensa.
4. La depresión puede ser dolorosa a nivel físico
Mientas que su estado mental y emocional es obviamente impactado cuando tiene depresión, el dolor físico puede ser extremo. Para algunas personas, es lo que más afecta la vida en comparación con los otros síntomas tienen que afrontar. Dolor de espalda, calambres estomacales, dolores de cabeza, dolor en articulaciones y extremidades y malestar general en todo el cuerpo son síntomas extremadamente comunes de la depresión. Según la Clínica Mayo, las personas con depresión podrían no experimentar los síntomas físicos, lo cual hace que se vuelva muy difícil de diagnosticar. Además, el dolor y la depresión a menudo van de la mano – las lesiones y discapacidades pueden provocar depresión, pero también puede generar dolor, lo cual se convierte en un círculo vicioso.
5. No se puede superar de manera simple
De vez en cuando, las personas recurren a métodos más duros si no notan ningún tipo de progreso en el proceso de ayudarlo ni apoyarlo. Cuando aquellos que lo rodean no tienen depresión y como resultado, nunca podrán entender realmente por lo que está pasando, pueden frustrarse porque de verdad quieren ayudarlo. Mientras que tener un sistema de apoyo ayuda a muchas personas con depresión, presionar demasiado y decirles a los pacientes que deben despertar o superarlo puede aumentar la frustración y la ansiedad. Si fuera tan fácil como poder de repente dejar que todo fluya y avanzar, la depresión no sería una enfermedad compleja y difícil de tratar.
6. Es difícil obtener energía
Ya que la depresión afecta física, mental y emocionalmente, puede ser extremadamente agotadora en cuanto a los niveles de energía. Es mucho más que tener un lunes aburrido o estar agotado debido a un día o un fin de semana ajetreado. Cada día es un desafío y si está teniendo más días malos que buenos, obviamente esto va a tener repercusión en todo su cuerpo y va a sufrir un gran desgaste. Como resultado, muchas personas con depresión duermen mucho y se sienten cansados todo el día. Además, sus niveles de energía tienen un impacto directo sobre su estado anímico; entre menos energía tenga, peor se sentirá y dicho ciclo puede ser difícil de romper.
7. La depresión no es sinónimo de tristeza
Los sentimientos y pensamientos causados por la depresión a veces pueden ser relacionados con tristeza, pero estar deprimido es una cosa muy distinta. De hecho, puede tener depresión pero no sentir tristeza en absoluto. Algunas personas se sienten deprimidas durante momentos difíciles en sus vidas, como la pérdida de un ser querido, problemas familiares y la pérdida de un trabajo. Es importante reconocer la diferencia entre tristeza y depresión: la última es una patología mental. La falta de comprensión de que la depresión es más que un sentimiento minimiza la enfermedad y crea expectativas poco realistas para aquellos que tratan de superarla o que están tratando de ayudar.
8. El paciente disfruta de las cosas de manera diferente – o no las disfruta
Las cosas que solía disfrutar – escuchar música, ir a la playa o al cine, pasar tiempo con sus seres queridos y tener pasatiempos – pueden parecer poco atractivas cuando tiene depresión. Lo que solía dibujar una sonrisa en su rostro y darle alegría a su vida puede ser una experiencia desagradable y puede no tener ningún interés en hacer lo que antes le generaba placer . La depresión afecta su vida en general, y las cosas sencillas que le hacían feliz pueden ahora hasta serle indiferentes. Y si reconoce que esas cosas son desagradables, puede causarle aun más ansiedad a medida en que intenta comprender y hacerle frente a su nueva realidad.
9. La depresión es diferente para cada individuo
Según la Organización Mundial de la Salud, 350 millones de personas en el mundo sufren de depresión. Parte de los motivos por los cuales la depresión puede ser difícil de tratar es debido al efecto que tiene sobre la gente – no hay ningún procedimiento simple, ni un medicamento o tratamiento específico que funcione para todas las personas como en el caso de muchas otras enfermedades. A veces, la gente necesita medicación o terapia o una combinación de ambas y otros cambios en el estilo de vida para ayudarles a superar la depresión. Ya que todos la experimentan de forma distinta, lo mejor que un sistema de apoyo puede hacer es mantener la empatía durante el proceso de tratar la enfermedad.
10. Hablar es difícil y molesto
Una reacción común a la depresión es esconderla y fingir que no existe. Pero nadie puede lograr esto con éxito para siempre y, eventualmente, se producirá la comunicación con un confidente o un profesional de la salud – no es fácil. Existe todavía mucho estigma alrededor de la depresión y una vasta falta de comprensión sobre la complejidad de la enfermedad. Esto hace que su lucha e impacto sean incluso más difíciles de expresar. No obstante, muchas personas que logran abrirse y hablarlo, sea con un amigo o un profesional, se sienten apoyados y comprendidos.
Nota.- El núm. 4 en mi caso casi no me afecta, el 7 cuando es de larga duración si que aporta muchísima tristeza, lloros, y el 9 es obvio. Los demás los suscribo totalmente, pero esperanzada porque “no estamos solos”. M. Carme Samaranch.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

El impacto sigiloso de la cocaína sobre el corazón

INVESTIGACIÓN | Cardiología
·        Un estudio español demuestra lesiones cardiovasculares en adictos asintomáticos


CRISTINA G. LUCIO | Madrid | El Mundo | 06/11/2014

No siempre muestra signos de alerta, pero la cocaína afecta seriamente al corazón de quienes la consumen. Acaba de demostrarlo un equipo de investigadores españoles que, mediante técnicas de diagnóstico por imagen, ha puesto de manifiesto importantes daños cardiovasculares en individuos asintómaticos.
Según sus datos, un 71% de los adictos estudiados, que no presentaban sin signos de enfermedad en su corazón, tenían "algún tipo de patología cardiaca", tal y como explica Alicia Maceira, coordinadora del trabajo publicado en Journal of Cardiovascular Magnetic Resonance y responsable de la Unidad de Imagen Cardiaca del Centro Médico ERESA de Valencia.

Hasta ahora, aclara la investigadora, el impacto de la cocaína sobre el corazón se había estudiado principalmente en autopsias de pacientes cocainómanos fallecidos a causa de una muerte súbita. Pero este estudio demuestra que las lesiones ya existen en individuos sin síntomas y que la probabilidad de que estas aparezcan aumenta a medida que lo hace la duración del consumo.

Para llevar a cabo el estudio, este equipo, en el que también han participado científicos del Departamento de Cardiología del Hospital Arnau de Vilanova, la Unidad de Conductas Adictivas del área Valencia-La Fe, el Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Valencia y la Unidad de cardiorresonancia del Hospital Royal Brompton de Londes (Reino Unido), reclutó a un grupo de 94 pacientes (84 de ellos varones y cuya edad media era de 36 años) que habían ingresado en una clínica de rehabilitación de adicciones (la media de consumo de cocaína era de 14 años).

Entre otras pruebas, se sometió a los individuos a unacardiorresonancia magnética 3T, una técnica que permite 'visualizar' el funcionamiento del sistema cardiovascular. Tras comparar las imágenes con las de personas sanas, los investigadores comprobaron que en el 71% de los adictos había daños en el corazón.

"Lo más frecuente eran las disfunciones sistólicas del ventrículo izquierdo", señala Maceiras, que también cita la presencia de dilataciones del ventrículo izquierdo en un porcentaje considerable de las personas analizadas y la constatación de que el 30% de la muestra presentaba "focos de realce tardío de gadolinio en el miocardio", un marcador que se asocia con distintos problemas, como la fibrosis.

"Muchas de las lesiones, como la disfunción sistólica, eran leves", reconoce Maceiras, pero "hay que tener en cuenta que los pacientes estaban asintomáticos" y que el estudio analizó los efectos crónicos del abuso, y no los provocados en la fase aguda.
En este sentido, la especialista subraya que la citada disfunción en el ventrículo derecho se asoció directamente con el número de años de consumo regular de la sustancia, lo que podría tener importantes implicaciones clínicas. De hecho, todas las lesiones son compatibles, aunque en un estadio precoz, con daños graves, como los infartos o las muertes súbitas que otras investigaciones han ligado al consumo de cocaína.
Aunque los investigadores midieron el impacto que un abuso doble de cocaína y sustancias como el alcohol (se excluyeron del análisis a los consumidores de drogas de síntesis) ejercía sobre el corazón, los investigadores no encontraron un mayor efecto perjudicial, un dato que contrasta con el de otras investigaciones sobre el tema.
En una segunda fase, subraya Maceiras, los investigadores intentarán evaluar hasta qué punto los daños son reversibles al dejar de consumir la cocaína, qué mecanismos provocan el desarrollo de las lesiones y si se puede diseñar un parámetro que ayude a los especialistas a detectar a los individuos de riesgo para derivarlos al cardiólogo.

"Hoy en día, los médicos no suelen pensar en las cardiopatías ante una adicción de este tipo y nuestro estudio demuestra que no hay que esperar a que haya síntomas para actuar", señala.