Nos podemos hacer una idea porque el Parque Natural de La Garrotxa es una joya. Una joya que esconde en su interior un proyecto social y empresarial (poner el adjetivo social antes del empresarial no es capricho) digno de admiración. Hay historias que da especial gusto contar, no solo por el objetivo que las puso en marcha en su día, también por el exitazo cosechado tras años de trabajo. Y ésta es una de ellas. Si decimos La Fageda y no eres de Cataluña quizás este nombre no te diga nada. Allí, sin embargo, son ampliamente conocidos, no solo porque tengan uno de los mejores yogures de la Comunidad sino porque han cosechado muchos premios a lo largo de sus 40 años de historia.
miércoles, 28 de septiembre de 2022
La Fageda, la empresa de yogures de un psiquiatra para enfermos mentales
Nos podemos hacer una idea porque el Parque Natural de La Garrotxa es una joya. Una joya que esconde en su interior un proyecto social y empresarial (poner el adjetivo social antes del empresarial no es capricho) digno de admiración. Hay historias que da especial gusto contar, no solo por el objetivo que las puso en marcha en su día, también por el exitazo cosechado tras años de trabajo. Y ésta es una de ellas. Si decimos La Fageda y no eres de Cataluña quizás este nombre no te diga nada. Allí, sin embargo, son ampliamente conocidos, no solo porque tengan uno de los mejores yogures de la Comunidad sino porque han cosechado muchos premios a lo largo de sus 40 años de historia.
lunes, 26 de septiembre de 2022
Inma Nogués, médica de familia: "Recetar un pensamiento le puede cambiar la vida a una persona"
ALDARA MARTITEGUI | Madrid/Barcelona | niusdiario.es | 24/07/2022
Entrevista a la doctora Inma Nogués, autora del libro ‘El pasajero interior’, en el que hace una síntesis entre medicina y espiritualidad.
La doctora Inma Nogués no es una médica de
familia cualquiera. Lamentablemente no es lo más habitual que un médico o
médica occidental -sea cual sea su especialidad- tenga esta visión holística y
esta comprensión tan profunda del ser humano en sus dimensiones física, mental,
emocional y espiritual. “Tenemos tanta ignorancia de lo que realmente somos, tenemos
tanta ignorancia de nuestra dimensión más trascendente-espiritual, que pensamos
que no tiene nada que aportarnos”, me explica Nogués en una conversación por
videoconferencia.
Por suerte, Nogués -que
también es la presidenta de la asociación Merry Human
Life Society- es de esas doctoras que, cuando el paciente está abierto a
escuchar, se ocupa de recordarle que somos mucho más que un cuerpo físico. Note el lector que
escribo ‘recordarle’ con toda la intencionalidad del mundo porque esa
sabiduría, ese conocimiento sobre quiénes somos realmente, está en todos
nosotros aunque muchos lo hayamos olvidado: “Lo que ocurre es que nos hemos
polarizado hacia verlo todo desde un punto de vista muy material y nos hemos
olvidado de nuestro origen, de nuestra esencia, de lo que realmente somos…pero
es que eso está en nuestro ADN y por eso solo tenemos que recordarlo”,
puntualiza Nogués.
Definitivamente no es lo
más habitual que una médica de familia de un centro de salud cualquiera (¡que
podría ser el mío o el de usted!) escriba como lo hace Inma Nogués sobre ciencia,
medicina y espiritualidad, y siempre desde un absoluto respeto y gratitud hacia
todo lo que la medicina alopática oficial le ha aportado. De hecho, fue la
medicina oficial occidental la que le abrió la puerta a la sospecha de
que el ser humano es mucho más que una suma de órganos físicos. De hecho, para Nogués,
la física cuántica es la rama de la ciencia que puede
hacer de puente para que definitivamente podamos comprender
-desde un marco científico- esa dimensión espiritual del ser humano. “Ciencia y
espiritualidad no son incompatibles, insiste la doctora, sino que se
complementan”.
He de reconocer que, tras
leer su segundo libro, El pasajero Interior (Diana 2021) pensé que
ser médica de familia en un centro de salud era una cosa muy
pequeña para una mujer tan grande en sabiduría como Inma Nogués…admito
que me dejé llevar por mis prejuicios: “¡Pero qué desperdicio!, esta mujer
debería estar dando conferencias en vez de pasando consulta”, pensé.
Ahora sé que subestimé el poder de
una consulta de un médico de familia en un centro de salud cualquiera para
impactar en la vida de las personas. Eso es lo que Nogués hace (o intenta hacer)
cada día desde hace más de 25 años desde su centro de salud de Barcelona…Me
comenta Nogués que lo que ella realmente desea es marcharse de este planeta
pensando que ha valido la pena y que ha dejado su pequeña semilla.
Pregunta: Por lo
que a mí me toca te puedes morir muy tranquila. Debo decir que, en mí, El
Pasajero Interior sí ha dejado una semilla. Me parece tan fascinante
esa síntesis entre ciencia y espiritualidad que planteas…
Respuesta: Es que estamos todavía inmersos en un paradigma que pertenece al siglo XVII y XVIII y aún no hemos dado el paso. Por eso, todo lo que nos aporta la física cuántica nos permite pasar ese paradigma para entrar -desde el sistema newtoniano cartesiano en el que todo se separaba- a esta dimensión más cuántica en la cual la conciencia participa y hay una unidad en todo, hay una gran conexión entre todo. Ya no solo es el análisis, sino que es la síntesis, la integración. Y esto, yo creo que se ha ido desplegando con los años porque es cuestión de evolución. La evolución nos va a ir llevando en esa dirección.
P: ¿Al final será
la ciencia, a través de la física cuántica la que va a demostrar que somos
seres espirituales viviendo una experiencia humana?
R: La física cuántica es un
puente que nos va a ayudar ahí, sí. Es una herramienta básica para este
tránsito que nos va a ayudar como a hacer de puente (…) Ahora vemos que la
ciencia del presente explica cosas del pasado que no se entendían y que podían
clasificarse como un milagro. La ciencia del futuro nos dará las
claves para entender lo que ahora no entendemos, porque la ciencia va siempre
evolucionando y por eso esa idea de que lo que yo ahora no comprendo no
quiere decir que yo no lo pueda comprender en el futuro. Muchas cosas que antes
se consideraban extraordinarias hemos visto que es pura física y pura
electricidad, cuestión de campos ordenantes, campos magnéticos, emisiones de
energía que están contribuyendo a que, por ejemplo, mi campo energético
ordenado, pueda equilibrar a una persona que no lo está. Y esto, en teoría,
eran esos milagros que antes se producían, pero que ahora la ciencia te lo
permite entender. La ciencia del futuro nos irá explicando más.
P: ¿Estamos ya en
ese momento de despertar de la conciencia que nos va a llevar a un cambio de
paradigma en el que tendremos más en cuenta nuestra dimensión espiritual?
R: Para mí, estamos saliendo
de un paradigma de fisión, de separación, de análisis, para entrar en un
momento de unión, de síntesis, de integración. Para mí, esa integración de
nuestra dimensión más superior y de nuestra dimensión más física es uno de los
propósitos de nuestra existencia.
P: ¿En qué notas
que estamos iniciando ese cambio de paradigma?
R: Quizás hemos vivido muy
de cara hacia fuera y hacia lo material, hacia el exterior y, lo que
necesitamos ahora, es reorientar esto e ir más hacia el interior. ¡Pero es que
la vida nos está obligando! Fíjate que la pandemia
ya nos obligó a estar dentro, para que nos recogiéramos un poco más y
tuviéramos tiempo de reflexión. Para algunas personas la pandemia ha
sido muy compleja, pero para otras ha sido una enorme oportunidad. Yo
pienso que es un momento en el que la vida ya no da más tregua, o sea nos está
diciendo: ¡Despierta, reoriéntate!
P: Como humanidad,
en general estamos aún muy dormidos. ¿A qué crees que se debe esto?
R: A que estamos metidos en
un engranaje que no nos permite eso de decir: párate, párate y pregúntate hacia
dónde vas para entender más la vida. Yo recuerdo que también tenía una
visión como muy trascendente de la vida e incluso me decía a mí misma: ¿pero
por qué soy tan trascendente? pero no podía evitarlo. Ahora, me vienen
pacientes y me dicen: “Es que esta vida no tiene sentido” y yo les digo: No, la
vida que estás viviendo no tiene sentido; realmente, la vida que tú estás
viviendo, esa, no lo tiene…¡pero es que la vida no es esto!, es mucho más
de lo que tú estás viviendo ahora. Estás viviendo un espejismo, algo que tú
crees. Por eso, transformar nuestros pensamientos y transformar nuestras emociones y
sentimientos es fundamental porque te transforma la vida.
P: Como médico de
familia tienes la posibilidad de transformar la vida de muchas personas solo
con recordarles que somos mucho más que esta dimensión física y material...
R: Eso es lo que yo intento
en la medida en que me lo permite la vida: hacer que las personas vean la
vida desde otro lugar, con sumo respeto y entendiendo que cada ser tiene
su momento de evolución, que todo está correcto en cierto
modo…pero a veces mi papel es simplemente acompañar a otros a expandir la
conciencia, a ver las cosas desde otro lugar porque es que a veces
recetar un libro o un pensamiento les puede cambiar la vida (…) A mí, lo que me gusta
es decir eso de “convertirnos en enzimas”. Porque cuando el terreno está
abonado, preparado, vienen pequeñas enzimas y esa pequeña acción de la enzima
genera una gran reacción. Entonces, cuando el paciente está preparado puedes
ser esa enzima que le ayude a hacer clic y hacer un gran cambio… pero ¡porque
era su momento también! Y si no, pues simplemente acompañas: acompañas y
respetas el propio proceso evolutivo.
P: ¿Alguna vez
algún paciente te ha dicho: doctora no me cuente rollos y deme la receta?
R: Me ha pasado, sí… pero te
voy a decir una cosa que te va a sorprender: yo los preparo y les digo que no
se trata de que hagas lo que yo te digo, solo te lo sugiero. Primero les cuento
siempre el ejemplo de un caso que yo tuve, es como que lo preparo, lo voy
argumentando, y luego le digo: si tú lo sientes, hazlo y experimenta, y hazlo
cuando lo sientas. Lo voy desplegando para que el otro también entienda por qué
se lo estoy diciendo. Pero sí…a mí me han llegado a decir: mire doctora, estoy
muy cansado, deme una pastilla y no me quiera cambiar la vida. Y yo, ante eso,
siento un respeto total.
P: Aunque imagino
que a veces sentirás ganas de sacudir al paciente: ¿pero no te das cuenta de
que estás equivocado?
P: Como médica,
¿realmente has visto en todos estos años cómo vivir la vida desde
esa conexión con nosotros mismos, con nuestra esencia, nos ayuda a vivir
una vida más plena?
R: Para mí, el trabajar
hacia la armonía, hacia la belleza, hacia el amor, hacia la paz, hacia esa
elevación de conciencia y de vibración, me parece importantísimo (…) Es que,
como humanidad, estamos llamados a desplegar una luz y es lo que nos han venido
a enseñar grandes seres como Buddha y maestros elevadísimos que nos han dicho
que nosotros tenemos ese potencial en nuestro interior. También, a medida que
avanzamos en conocimiento, en amor y sabiduría, pues cosas que consideramos
negativas o quizás oscuras, en el fondo son enormes oportunidades de evolución
y de cambio. Hay cosas que ‘son’, como decía Epícteto, pero depende de nosotros el
cómo las interpretemos porque siempre hay un bien que prevalece detrás de un
aparente mal.
P: Y ver la vida
así, como un regalo y una oportunidad para crecer y evolucionar, tiene enormes
repercusiones en nuestro bienestar…
R: Es que la vida muchas
veces nos ha dado golpes duros que en un momento no entiendes, lo sufres y, al cabo
de muchos años, te das cuenta de que aquello que me pasó, que me dolió tanto, ha
sido un gran aprendizaje para mí. Yo me quedo ahí: que siempre,
pase lo que pase, es para bien. Y entiendo que eso es muy difícil. Cuando
estamos viviendo momentos muy duros, pasando enfermedades muy duras,
situaciones económicas muy duras, yo entiendo que esto es difícil de integrar y
de comprender.
P: Esto que haces
es fascinante, pero no es lo normal. En las facultades de medicina no se
enseñan estas cosas…
R: ¿Sabes qué pasa?
que también eso ha sido producto de mi propia búsqueda porque a mí, esto, en la
universidad no me lo enseñaron, no. Yo estaba fascinada y me encantaba todo lo
que me enseñaban en la universidad y me parecía extraordinario, pero
intuitivamente yo sentía que tenía que haber algo más, aunque no tenía
palabras...tampoco era demasiado consciente. Fue precisamente cuando ya
terminaba la carrera cuando la vida me lo pone por delante y yo estuve atenta a
observar y decir: “Dios mío, pero aquí puede haber algo mucho más grande de lo
que yo me imaginaba” Pero, en mí, ya estaba esa semilla de la búsqueda, primero
muy inconsciente. Lo que ocurre es que estamos inmersos en una vorágine cotidiana que
no nos permite parar ni pensar…
P: Por eso las
personas que despiertan, como tú, sienten esa necesidad de compartirlo con el
mundo…¿por qué crees que ocurre esto?
R: Porque nosotros
hemos recibido tanto. O yo, al menos, he recibido tanto, la vida me ha dado
tanta oportunidad, que es como que no puedes dejar de querer compartirlo. Es como un impulso
interno que no puedes dejar de hacer. Es como cuando tú descubres un tesoro y a
las personas que quieres les dices: “Ven, ven, mira, mira que tesoro”. Y, a lo
mejor, los demás están en otra película, pero tú les quieres hacer partícipes.
Eso ocurre hasta que llega un momento en que dices: “Mejor ser fuente y que el
sediento vaya a la fuente, que no ser yo quien vaya a ellos”. Y para mí eso
significa hablar de estas cosas solo cuando la gente me lo plantea. Pero, sí,
la verdad, es que yo sigo teniendo esa ilusión de seguir compartiendo todo
esto porque dices: “ ¡Dios mío, es que la vida es otra cosas, es que la
vida es maravillosa!”.
sábado, 24 de septiembre de 2022
Pensar en el suicidio es algo que sucede en algún momento de la vida a la mayor parte de la población
Hablar de salud mental con Celso Arango es un aprendizaje continuo. Acaba de ser elegido Académico de la Real Academia Nacional de Medicina de España representando la especialidad de Psicología Médica, es el director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente. Hasta hace dos meses fue el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), de la que sigue formando parte como miembro del Comité Ejecutivo. Todo esto ligado a su carrera a nivel internacional porque también es miembro del European Brain Council (órgano asesor de la Comisión Europea) y forma parte del Comité Ejecutivo de la World Psychiatric Association. Con Celso Arango analizamos qué nos pasa, por qué estamos más deprimidos o cómo es posible que siga aumentado el número de suicidios en jóvenes.
—Si le pidiera un diagnóstico de la salud mental de la población, a nivel general, cuál sería.
—Un poco peor que hace dos años. Que la gente no piense que lo que hemos vivido con la salud mental ha sido una epidemia, lo que ha pasado es que unas patologías muy frecuentes y prevalentes que afectan a una de cada cuatro personas en el mundo, se han incrementado, según la Organización Mundial de la Salud, entre un 10 y un 20 por ciento. Pero esto sobre un valor que ya era alto, por lo tanto, ¿cómo está la salud mental en general de la población? Pues un poco peor de lo que ya era hace dos años.
—Lo cierto es que nunca se ha hablado tanto de salud mental como ahora.
—Eso es verdad, pero como sucede y ha sucedido con otras cosas. Hay una expresión en inglés «tipping points», que son como puntos sin retorno. Pasó con el sida, con el cáncer… De repente, algo que estaba más estigmatizado o era más tabú, la gente se da cuenta de que es un problema y hay que afrontarlo hablando de ello y no mirando para otro lado. Esta pandemia ha desbordado un vaso que ya estaba lleno, el de la salud mental, pero ha permitido que se visualice. Incluso con personas más conocidas de distintos ámbitos públicos que han comenzado a hablar de ello en primera persona. Que personajes conocidos hablen de sus trastornos mentales es un mensaje muy potente porque, al final, tiene mucho más impacto en la población lo que ves que te puede ocurrir a ti. Si a él o a ella le pasa, también me puede estar pasando a mí.
—Si hablamos de la pandemia, está claro que no ha afectado por igual a todos los segmentos de la población en base, por ejemplo, a rangos de edad, a nivel socioeconómico o, incluso, a sexo. La pandemia ha afectado más a mujeres que a hombres, a estratos socioeconómicos más bajos y, de forma muy llamativa, a población joven. Fundamentalmente, en niños y adolescentes, lo que más se ha incrementado han sido los trastornos afectivos, sobre todo depresión; trastornos de conducta alimentaria, fundamentalmente anorexia; y conductas autolesivas. En población adulta, sobre todo, los trastornos de ansiedad, cuadros depresivos y los trastornos relacionados con el sueño. En los profesionales sanitarios hay muchos trastornos por estrés postraumático.
—Las señales no han cambiado. Distinguimos dos grandes grupos de trastornos mentales, aquellos que aparecen desde el nacimiento (discapacidad intelectual,trastornos del neurodesarrollo, autismo), aquí lo que es fundamental es el retraso madurativo y la adquisición de los hitos evolutivos como andar, hablar, relacionarse, compartir, mirar a los ojos…. la señal de alarma es que no aparezcan o se retrasen mucho, por eso es fundamental, que en las visitas rutinarias al pediatría se evalúen todos estos signos. Luego están los trastornos que aparecen a lo largo de la vida del niño y del adolescente y aquí lo fundamental es el cambio, deja de ser el mismo. Era un niño que disfrutaba saliendo con los amigos, jugando, tenía sus hobbies y ahora está encerrado en la habitación, no le gusta hacer nada y no quiere ver a nadie; o era una niña que comía bien con la familia, ahora aparta la comida, está muy preocupada por las calorías y no para de perder peso… Dependiendo de cada patología los signos son distintos, pero la clave es ese cambio en el comportamiento que afecta a la vida, no hay que confundirlo con la rebeldía propia de la edad.
En todos los casos el mensaje es claro, todos los trastornos tienen tratamiento y el tratamiento, como sucede en cualquier ámbito médico, va a ser mucho más eficaz cuanto antes se intervenga. No es lo mismo un cáncer de mama cogido a tiempo que cuando ya tiene metástasis, pues tampoco lo es una depresión cuando un niño lleva tres meses así que cuando solo lleva quince días.
—La pandemia ha quebrado muchos de los pilares básicos que constituyen la adolescencia. Fue mucho tiempo encerrados, sin salir y sin negociación. El contacto con sus iguales fue solo a través de una pantalla. El pilar fundamental del desarrollo de la personalidad en la adolescencia se quebró y a eso se une la dificultad para proyectarse a uno mismo más allá de un futuro inmediato, lo que hace que gestión de la frustración, del no poder ser adolescente cuando tienes que serlo… Un cúmulo que ha hecho que se desborden las urgencias de todos los hospitales con adolescentes con tentativa de suicidio o suicidios consumados.
—Hay que aprender de la experiencia, de los aciertos y de los errores. Nunca habíamos vivido lo que vivimos, por lo tanto, no sabíamos cuál era el precio que iba a tener que pagar la sociedad desde el punto de vista de la salud mental. Tampoco se sabía que esto iba a tener más incidencia en niños y adolescentes. Hemos visto el precio de cerrar colegios, por ejemplo, esperemos que esto sirva de experiencia.
Hemos aprendido que la educación que estamos dando a las nuevas generaciones de gratificación inmediata no vale, no se les entrena en la resolución de problemas… Es evidente que tenemos que hacer un aprendizaje socioemocional de gestión de la frustración, desarrollo de la empatía, respeto hacia la diversidad, de detectar cuándo hay que pedir ayuda y cuándo hay que ayudar. Dentro del currículo de alumnos de primaria deberían incluirse todos los aspectos que tienen que ver con la salud mental.
—¿Qué lleva a un joven a autolesionarse o intentar suicidarse?
—En nuestro país se han triplicado los casos de suicidios consumados en menores de 12 años y el suicidio es la primera causa de muerte en adolescentes. Hay que decir que no se puede banalizar nunca ninguna señal de alarma en relación con el suicido, el 50 % de las personas que se suicidan, previamente se lo han comunicado a alguien. No se puede mirar para otro lado o pensar que ya se le pasará. El suicidio en adolescentes y en niños es más impulsivo que en población adulta. Hay varios factores de riesgo, como el consumo de tóxicos… Hay que tener en cuenta que el pensar en el suicidio es algo que sucede en algún momento de la vida a la mayor parte de la población, pero no se pueden dejar pasar las señales. Hay estudios donde se ve, por ejemplo, que en las familias que cenan juntas hay menos riesgo de acoso escolar y menos casos de suicidio. ¿Por qué? Porque se habla y el niño sabe que hay un espacio de seguridad para comentar las cosas. Por fin acabamos de poner en marcha en nuestro país el teléfono de atención al suicidio (024), que está recibiendo mil llamadas diarias, muchas son de menores de edad.
—Hay que hablar con esa persona para infundir la esperanza de que lo que le pasa se puede solucionar y buscar ayuda profesional.
—También hay un repunte de casos de trastornos de la conducta alimentaria.
—Sí, fundamentalmente los trastornos de anorexia de tipo restrictivo. Ese es el que más ha aumentado en población muy joven.
—Se habla siempre de las listas de espera para cirugías, por ejemplo, pero se habla mucho menos de la espera para que te pueda atender un psicólogo o un psiquiatra.
—La situación está muy mal. España es un país que nunca ha priorizado la salud mental, nunca. Esto no lo digo yo, del total del gasto sanitario, España dedica un 5,5 % a aspectos que tienen que ver con salud mental en general. La media europea está en el 7,5 %. La ratio de profesionales es de las más bajas de todos los países de la Unión Europea. Esto no es a raíz de la pandemia, siempre ha estado mal, ahora se habla más, pero los profesionales lo sabemos desde hace décadas. En infanto-juvenil mucho peor, hasta este año no se ha aprobado la especialidad. La psiquiatría está muy poco desarrollada y la psiquiatría infantil mucho menos. Hasta hace nada no teníamos ni siquiera unidades de hospitalización para menores.
—¿Si ahora mismo entrásemos en una Unidad de Hospitalización Infanto-Juvenil, qué nos encontraríamos?
—Adolescentes que en un cincuenta por ciento han ingresado por ideación suicida, veinte por ciento con trastornos de conducta alimentaria, diez por ciento con brotes psicóticos y luego una amalgama con pacientes con un trastorno obsesivo compulsivo grave, con conductas disruptivas importantes, pacientes con trastornos adaptativos importantes…
—Hay muchísimos estudios de cómo el ejercicio evita riesgos de padecer trastornos mentales y de cómo, en las que ya los tienen, produce efectos terapéuticos importantes.
Después, algo que ayuda muchísimo es la relativización, es uno de los mecanismos de defensa mayores que tenemos. Pensar siempre lo afortunados que somos. Ver todo lo que pasa a nuestro alrededor, ver todos esos problemas que nos provocan ese estrés crónico desde otro punto de vista, salir de nuestro ombligo y mirarnos a nosotros mismos desde fuera, en relación con el mundo. Ese relativizar y parar, conocernos, es de los factores más protectores. El estrés crónico nos mata de muchas formas. Las personas con trastornos mentales graves viven veinte años menos que el resto de la población, se mueren por otro tipo de factores que desvinculamos de la salud mental pero no es así. Cuando vemos casos de parejas mayores que se muere uno y a los pocos meses el otro, no es casualidad, el que murió de segundo dejó de luchar para seguir viviendo. Muchas de las cosas que suceden en la vida tienen un trasfondo psíquico al que no le damos la importancia que tiene realmente.