miércoles, 28 de septiembre de 2022

La Fageda, la empresa de yogures de un psiquiatra para enfermos mentales


@Lucía Martín (colaborador de idealista news), @luis manzano    |    09/09/2022
 
Nacieron hace 40 años. El fundador, de nombre Cristóbal Colón y psiquiatra de formación, reunió a 15 discapacitados severos y con ellos arrancó el proyecto empresarial que hoy da trabajo a más de 400 personas y produce casi cien millones de yogures al año.
 
En cuanto el coche coge el camino que llega hasta la finca de Els Casals, dejamos de tener cobertura y no la volveremos a tener hasta que recuperemos la carretera principal: es lo que tiene estar rodeados de árboles, en un entorno natural mágico que todos los que nos cruzamos repiten que es más bello, si cabe, en otoño.

Nos podemos hacer una idea porque el Parque Natural de La Garrotxa es una joya. Una joya que esconde en su interior un proyecto social y empresarial (poner el adjetivo social antes del empresarial no es capricho) digno de admiración. Hay historias que da especial gusto contar, no solo por el objetivo que las puso en marcha en su día, también por el exitazo cosechado tras años de trabajo. Y ésta es una de ellas. Si decimos La Fageda y no eres de Cataluña quizás este nombre no te diga nada. Allí, sin embargo, son ampliamente conocidos, no solo porque tengan uno de los mejores yogures de la Comunidad sino porque han cosechado muchos premios a lo largo de sus 40 años de historia.
 
Una historia que no tuvo unos principios fáciles. Si bien no suelen serlo para nadie que emprende en este caso, menos aún porque contaban con una etiqueta que no suele vender: la de la enfermedad mental. Nos vamos a los años ochenta, en una España en la que, como en otros países, se estaban desmantelando los denominados entonces manicomios, poniendo en la calle a mucha población que se consideraba podía vivir por sus propios medios. Sin embargo, no era así: muchos de esos pacientes se veían ya sin familia o con familias que no querían hacerse cargo de ellos.
 
¿Qué hacer con ellos? Entra en juego ahí un personaje de nombre histórico, Cristóbal Colón, que comparte con el descubridor de América la capacidad de cambiar realidades y de convencer sobre aventuras poco convencionales. Él había trabajado como psicólogo en esos centros psiquiátricos y se había percatado de cuán beneficioso era el trabajo para los internos. ¿Por qué no montar entonces una iniciativa empresarial que les diese una ocupación? “El origen de La Fageda está en Olot, en 1982, cuando Cristóbal le expone el proyecto al alcalde y él le cede una sala de un emblemático convento de la ciudad para empezar la experiencia. Y es así como nace La Fageda, con unas 15 personas que sufrían trastornos mentales severos”, explica Esther Carreras, responsable de comunicación de la firma.
 
El yogur es el vehículo, no el fin
 
Empezaron desarrollando una actividad muy arraigada en la ciudad, la imaginería religiosa. Y poco después surgió la oportunidad de comprar la finca en la que se ubican, de unas 16 hectáreas, y donde ya había vacas. Así es como empiezan a producir leche que en sus inicios vendían a Nestlé y se dedican también a los viveros forestales, de hecho en su día fueron de las empresas más importantes de este sector en España.
 
Y entonces llegó la cuota láctea por parte de la UE: “Lo de los viveros fue cayendo en picado y coincidió con el excedente de leche en Europa del año 91. Es ahí cuando de un problema se hace una oportunidad: Cristóbal dice “Si dejamos de producir leche, vamos a reducir lugares de trabajo, con lo cual nuestra misión que es mejorar la vida de colectivos vulnerables, se va a pique. Vamos a reconvertir la leche en otro producto y ese producto fue el yogur”, explica Carreras. Así nació el que hoy es el yogur natural de fabricante más vendido en Cataluña.
 
Y no nos extraña, está exquisito, pero atentos al mensaje: el yogur no es el objetivo, es solo un vehículo. Su misión, que es algo que repetirán varias veces a lo largo de la entrevista, es otra: “Todas aquellas actividades empresariales que llevamos a término desde la producción de yogures, de postres, de helados, mermeladas, son un medio para generar puestos de trabajo. No son un fin. Son el medio que permite crear puestos de trabajo para todos los colectivos de personas vulnerables que atendemos, personas con discapacidad intelectual y trastorno mental severo y desde el año 2019, personas de otros colectivos en riesgo de exclusión”, añade. Como mujeres maltratadas, inmigrantes… Hoy trabajan más de 400 personas en La Fageda, y alrededor de 180 pertenecen a colectivos vulnerables.
 
Para entrar en su Centro Especial de Empleo hay que presentar un certificado de discapacidad intelectual y estar empadronado en la comarca. 40.000 visitantes al año Mariona Martí es la relaciones públicas de la empresa y se encarga de las visitas, sean escuelas, empresas, familias. Reciben unos 40.000 visitantes al año: “Cada vez ampliamos más los tipos de colectivos que vienen a visitarnos. Antes nos centrábamos mucho con escuelas y luego familias. Sí que es verdad que, sobre todo la parte más académica se está estirando como un chicle. Recibimos también bastantes personas de la empresa para hacer un día lúdico de empresa, venir a conocer el modelo, para inspirarse…”, explica.
 
Las visitas empezaron de forma muy espontánea: “Tenemos la suerte de estar dentro de un parque natural y dentro de una reserva natural. De manera esporádica había gente que estaba andando por la zona y de repente llegaba aquí y siempre había alguien de La Fageda que podía dedicarles tiempo a explicar el proyecto”, cuenta Martí.
 
¿Cómo impacta en el territorio su presencia? “Estamos intentado hacer un estudio de esto pero es difícil, no son datos cuantitativos. Lo que sí que sabemos es que hace ya años que la comarca de la Garrotxa es la única con un 0% de paro en las personas con discapacidad intelectual y trastorno mental grave. Todas las personas que vienen de este colectivo y quieren trabajar están trabajando. Para nosotros esto es un éxito brutal. De hecho, fue uno de los cambios que hicimos hace cuatro años, cuando vimos que no había personas de estos colectivos para trabajar y nosotros, de manera muy natural, cada vez vendíamos más. ¿Qué hicimos? Siempre de la mano de los servicios sociales de la comarca preguntamos quién más necesitaba ayuda”, aclara.
 
Y así fueron llegando los jóvenes con riesgo de exclusión social, las mujeres maltratadas…. Hemos tenido suerte en nuestra visita: una vaca ha parido en el campo y asistimos a los primeros pasos del ternero. Siempre es emocionante esto, nos explica el operario que trae al animalillo a las instalaciones. La Fageda produce casi 100 millones de yogures al año. “Aquí no hay propietarios, no hay socios, no hay accionistas. Todos los beneficios que se obtienen se reinvierten en el proyecto para continuar generando puestos de trabajo para personas de colectivos vulnerables. Por eso insistimos que nuestras actividades empresariales y productivas siempre, siempre son un medio y nunca un fin”, finaliza Carreras.
 
La Fageda acumula premios en su haber: emprendedor del año de la revista Emprendedores, Premio Turn the World Outward Award de The Arbinger Institute, de consultoras como EY… Colón suele decir que su motivación es no volver al manicomio y que ellos son en realidad unos raritos. Bendita rareza.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Inma Nogués, médica de familia: "Recetar un pensamiento le puede cambiar la vida a una persona"


ALDARA MARTITEGUI       |     Madrid/Barcelona      |     niusdiario.es     |      24/07/2022

Entrevista a la doctora Inma Nogués, autora del libro ‘El pasajero interior’, en el que hace una síntesis entre medicina y espiritualidad.

La autora es médica de familia en un centro de salud en Barcelona donde ejerce la medicina desde 
una visión holística de la persona. 
Nogués es presidenta de la asociación Merry Human Life Society que promueve el autoconocimiento, la auto-transformación y la expansión de la consciencia.
 

La doctora Inma Nogués no es una médica de familia cualquiera. Lamentablemente no es lo más habitual que un médico o médica occidental -sea cual sea su especialidad- tenga esta visión holística y esta comprensión tan profunda del ser humano en sus dimensiones física, mental, emocional y espiritual. “Tenemos tanta ignorancia de lo que realmente somos, tenemos tanta ignorancia de nuestra dimensión más trascendente-espiritual, que pensamos que no tiene nada que aportarnos”, me explica Nogués en una conversación por videoconferencia.

 

Por suerte, Nogués -que también es la presidenta de la asociación Merry Human Life Society- es de esas doctoras que, cuando el paciente está abierto a escuchar, se ocupa de recordarle que somos mucho más que un cuerpo físico. Note el lector que escribo ‘recordarle’ con toda la intencionalidad del mundo porque esa sabiduría, ese conocimiento sobre quiénes somos realmente, está en todos nosotros aunque muchos lo hayamos olvidado: “Lo que ocurre es que nos hemos polarizado hacia verlo todo desde un punto de vista muy material y nos hemos olvidado de nuestro origen, de nuestra esencia, de lo que realmente somos…pero es que eso está en nuestro ADN y por eso solo tenemos que recordarlo”, puntualiza Nogués.

 

Definitivamente no es lo más habitual que una médica de familia de un centro de salud cualquiera (¡que podría ser el mío o el de usted!) escriba como lo hace Inma Nogués sobre ciencia, medicina y espiritualidad, y siempre desde un absoluto respeto y gratitud hacia todo lo que la medicina alopática oficial le ha aportado. De hecho, fue la medicina oficial occidental la que le abrió la puerta a la sospecha de que el ser humano es mucho más que una suma de órganos físicos. De hecho, para Nogués, la física cuántica es la rama de la ciencia que puede hacer de puente para que definitivamente podamos comprender -desde un marco científico- esa dimensión espiritual del ser humano. “Ciencia y espiritualidad no son incompatibles, insiste la doctora, sino que se complementan”.

 

He de reconocer que, tras leer su segundo libro, El pasajero Interior (Diana 2021) pensé que ser médica de familia en un centro de salud era una cosa muy pequeña para una mujer tan grande en sabiduría como Inma Nogués…admito que me dejé llevar por mis prejuicios: “¡Pero qué desperdicio!, esta mujer debería estar dando conferencias en vez de pasando consulta”, pensé.

 

Ahora sé que subestimé el poder de una consulta de un médico de familia en un centro de salud cualquiera para impactar en la vida de las personas. Eso es lo que Nogués hace (o intenta hacer) cada día desde hace más de 25 años desde su centro de salud de Barcelona…Me comenta Nogués que lo que ella realmente desea es marcharse de este planeta pensando que ha valido la pena y que ha dejado su pequeña semilla.

 

Pregunta: Por lo que a mí me toca te puedes morir muy tranquila. Debo decir que, en mí, El Pasajero Interior sí ha dejado una semilla. Me parece tan fascinante esa síntesis entre ciencia y espiritualidad que planteas…

 

Respuesta: Es que estamos todavía inmersos en un paradigma que pertenece al siglo XVII y XVIII y aún no hemos dado el paso. Por eso, todo lo que nos aporta la física cuántica nos permite pasar ese paradigma para entrar -desde el sistema newtoniano cartesiano en el que todo se separaba- a esta dimensión más cuántica en la cual la conciencia participa y hay una unidad en todo, hay una gran conexión entre todo. Ya no solo es el análisis, sino que es la síntesis, la integración. Y esto, yo creo que se ha ido desplegando con los años porque es cuestión de evolución. La evolución nos va a ir llevando en esa dirección.


P: ¿Al final será la ciencia, a través de la física cuántica la que va a demostrar que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana?    

 

R: La física cuántica es un puente que nos va a ayudar ahí, sí. Es una herramienta básica para este tránsito que nos va a ayudar como a hacer de puente (…) Ahora vemos que la ciencia del presente explica cosas del pasado que no se entendían y que podían clasificarse como un milagro. La ciencia del futuro nos dará las claves para entender lo que ahora no entendemos, porque la ciencia va siempre evolucionando y por eso esa idea de que lo que yo ahora no comprendo no quiere decir que yo no lo pueda comprender en el futuro. Muchas cosas que antes se consideraban extraordinarias hemos visto que es pura física y pura electricidad, cuestión de campos ordenantes, campos magnéticos, emisiones de energía que están contribuyendo a que, por ejemplo, mi campo energético ordenado, pueda equilibrar a una persona que no lo está. Y esto, en teoría, eran esos milagros que antes se producían, pero que ahora la ciencia te lo permite entender. La ciencia del futuro nos irá explicando más.

 

P: ¿Estamos ya en ese momento de despertar de la conciencia que nos va a llevar a un cambio de paradigma en el que tendremos más en cuenta nuestra dimensión espiritual?

 

R: Para mí, estamos saliendo de un paradigma de fisión, de separación, de análisis, para entrar en un momento de unión, de síntesis, de integración. Para mí, esa integración de nuestra dimensión más superior y de nuestra dimensión más física es uno de los propósitos de nuestra existencia.

 

P: ¿En qué notas que estamos iniciando ese cambio de paradigma?

 

R: Quizás hemos vivido muy de cara hacia fuera y hacia lo material, hacia el exterior y, lo que necesitamos ahora, es reorientar esto e ir más hacia el interior. ¡Pero es que la vida nos está obligando! Fíjate que la pandemia ya nos obligó a estar dentro, para que nos recogiéramos un poco más y tuviéramos tiempo de reflexión. Para algunas personas la pandemia ha sido muy compleja, pero para otras ha sido una enorme oportunidad. Yo pienso que es un momento en el que la vida ya no da más tregua, o sea nos está diciendo: ¡Despierta, reoriéntate!

 

P: Como humanidad, en general estamos aún muy dormidos. ¿A qué crees que se debe esto?

 

R: A que estamos metidos en un engranaje que no nos permite eso de decir: párate, párate y pregúntate hacia dónde vas para entender más la vida. Yo recuerdo que también tenía una visión como muy trascendente de la vida e incluso me decía a mí misma: ¿pero por qué soy tan trascendente? pero no podía evitarlo. Ahora, me vienen pacientes y me dicen: “Es que esta vida no tiene sentido” y yo les digo: No, la vida que estás viviendo no tiene sentido; realmente, la vida que tú estás viviendo, esa, no lo tiene…¡pero es que la vida no es esto!, es mucho más de lo que tú estás viviendo ahora. Estás viviendo un espejismo, algo que tú crees. Por eso, transformar nuestros pensamientos y transformar nuestras emociones y sentimientos es fundamental porque te transforma la vida.

 

P: Como médico de familia tienes la posibilidad de transformar la vida de muchas personas solo con recordarles que somos mucho más que esta dimensión física y material...

 

R: Eso es lo que yo intento en la medida en que me lo permite la vida: hacer que las personas vean la vida desde otro lugar, con sumo respeto y entendiendo que cada ser tiene su momento de evolución, que todo está correcto en cierto modo…pero a veces mi papel es simplemente acompañar a otros a expandir la conciencia, a ver las cosas desde otro lugar porque es que a veces recetar un libro o un pensamiento les puede cambiar la vida (…) A mí, lo que me gusta es decir eso de “convertirnos en enzimas”. Porque cuando el terreno está abonado, preparado, vienen pequeñas enzimas y esa pequeña acción de la enzima genera una gran reacción. Entonces, cuando el paciente está preparado puedes ser esa enzima que le ayude a hacer clic y hacer un gran cambio… pero ¡porque era su momento también! Y si no, pues simplemente acompañas: acompañas y respetas el propio proceso evolutivo.

 

P: ¿Alguna vez algún paciente te ha dicho: doctora no me cuente rollos y deme la receta?

 

R: Me ha pasado, sí… pero te voy a decir una cosa que te va a sorprender: yo los preparo y les digo que no se trata de que hagas lo que yo te digo, solo te lo sugiero. Primero les cuento siempre el ejemplo de un caso que yo tuve, es como que lo preparo, lo voy argumentando, y luego le digo: si tú lo sientes, hazlo y experimenta, y hazlo cuando lo sientas. Lo voy desplegando para que el otro también entienda por qué se lo estoy diciendo. Pero sí…a mí me han llegado a decir: mire doctora, estoy muy cansado, deme una pastilla y no me quiera cambiar la vida. Y yo, ante eso, siento un respeto total.

 

P: Aunque imagino que a veces sentirás ganas de sacudir al paciente: ¿pero no te das cuenta de que estás equivocado?

 

R: Es que nosotros tenemos que informar y no impresionar. Esto lo estoy aprendiendo…a veces, cuando tú crees que tienes tu parte de razón, quieres imponérsela al otro y lo presionas, quieres impresionar y eso genera una presión y eso es como un poco de violencia. Yo creo que lo mejor es informar y que el otro haga su propio camino desde el profundo respeto. Creo que lo más importante es que tú, en el momento que estás con el paciente, sientas lo que la persona necesita y no lo que yo quiero decir. En ese momento no estoy en mí, estoy observando y sintiendo al otro. Ese momento es único y el paciente es único y en ese momento, a lo mejor, de lo que te das cuenta es de que quieres recetarle un libro, o un pensamiento, o un antidepresivo…¡depende! Para mí, todo vale en el sentido de que ayuda a la persona.

P: Como médica, ¿realmente has visto en todos estos años cómo vivir la vida desde esa conexión con nosotros mismos, con nuestra esencia, nos ayuda a vivir una vida más plena?

 

R: Para mí, el trabajar hacia la armonía, hacia la belleza, hacia el amor, hacia la paz, hacia esa elevación de conciencia y de vibración, me parece importantísimo (…) Es que, como humanidad, estamos llamados a desplegar una luz y es lo que nos han venido a enseñar grandes seres como Buddha y maestros elevadísimos que nos han dicho que nosotros tenemos ese potencial en nuestro interior. También, a medida que avanzamos en conocimiento, en amor y sabiduría, pues cosas que consideramos negativas o quizás oscuras, en el fondo son enormes oportunidades de evolución y de cambio. Hay cosas que ‘son’, como decía Epícteto, pero depende de nosotros el cómo las interpretemos porque siempre hay un bien que prevalece detrás de un aparente mal.

 

P: Y ver la vida así, como un regalo y una oportunidad para crecer y evolucionar, tiene enormes repercusiones en nuestro bienestar…

 

R: Es que la vida muchas veces nos ha dado golpes duros que en un momento no entiendes, lo sufres y, al cabo de muchos años, te das cuenta de que aquello que me pasó, que me dolió tanto, ha sido un gran aprendizaje para mí. Yo me quedo ahí: que siempre, pase lo que pase, es para bien. Y entiendo que eso es muy difícil. Cuando estamos viviendo momentos muy duros, pasando enfermedades muy duras, situaciones económicas muy duras, yo entiendo que esto es difícil de integrar y de comprender.

 

P: Esto que haces es fascinante, pero no es lo normal. En las facultades de medicina no se enseñan estas cosas…

 

R: ¿Sabes qué pasa? que también eso ha sido producto de mi propia búsqueda porque a mí, esto, en la universidad no me lo enseñaron, no. Yo estaba fascinada y me encantaba todo lo que me enseñaban en la universidad y me parecía extraordinario, pero intuitivamente yo sentía que tenía que haber algo más, aunque no tenía palabras...tampoco era demasiado consciente. Fue precisamente cuando ya terminaba la carrera cuando la vida me lo pone por delante y yo estuve atenta a observar y decir: “Dios mío, pero aquí puede haber algo mucho más grande de lo que yo me imaginaba” Pero, en mí, ya estaba esa semilla de la búsqueda, primero muy inconsciente. Lo que ocurre es que estamos inmersos en una vorágine cotidiana que no nos permite parar ni pensar…

 

P: Por eso las personas que despiertan, como tú, sienten esa necesidad de compartirlo con el mundo…¿por qué crees que ocurre esto?

 

R: Porque nosotros hemos recibido tanto. O yo, al menos, he recibido tanto, la vida me ha dado tanta oportunidad, que es como que no puedes dejar de querer compartirlo. Es como un impulso interno que no puedes dejar de hacer. Es como cuando tú descubres un tesoro y a las personas que quieres les dices: “Ven, ven, mira, mira que tesoro”. Y, a lo mejor, los demás están en otra película, pero tú les quieres hacer partícipes. Eso ocurre hasta que llega un momento en que dices: “Mejor ser fuente y que el sediento vaya a la fuente, que no ser yo quien vaya a ellos”. Y para mí eso significa hablar de estas cosas solo cuando la gente me lo plantea. Pero, sí, la verdad, es que yo sigo teniendo esa ilusión de seguir compartiendo todo esto porque dices: “ ¡Dios mío, es que la vida es otra cosas, es que la vida es maravillosa!”.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Pensar en el suicidio es algo que sucede en algún momento de la vida a la mayor parte de la población


UXÍA RODRÍGUEZ     La voz de Galicia     |      20/07/2022
 
Celso Arango López, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón
 
¿Por qué cada vez se suicidan más jóvenes? ¿Cómo podemos cuidar nuestra salud mental en el día a día? ¿Cuáles son los trastornos más prevalentes? A todo esto y mucho más responde uno de los expertos más reconocidos en su especialidad

Hablar de salud mental con Celso Arango es un aprendizaje continuo. Acaba de ser elegido Académico de la Real Academia Nacional de Medicina de España representando la especialidad de Psicología Médica, es el director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente. Hasta hace dos meses fue el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), de la que sigue formando parte como miembro del Comité Ejecutivo. Todo esto ligado a su carrera a nivel internacional porque también es miembro del European Brain Council (órgano asesor de la Comisión Europea) y forma parte del Comité Ejecutivo de la World Psychiatric Association. Con Celso Arango analizamos qué nos pasa, por qué estamos más deprimidos o cómo es posible que siga aumentado el número de suicidios en jóvenes.

—Si le pidiera un diagnóstico de la salud mental de la población, a nivel general, cuál sería. 
—Un poco peor que hace dos años. Que la gente no piense que lo que hemos vivido con la salud mental ha sido una epidemia, lo que ha pasado es que unas patologías muy frecuentes y prevalentes que afectan a una de cada cuatro personas en el mundo, se han incrementado, según la Organización Mundial de la Salud, entre un 10 y un 20 por ciento. Pero esto sobre un valor que ya era alto, por lo tanto, ¿cómo está la salud mental en general de la población? Pues un poco peor de lo que ya era hace dos años. 

—Lo cierto es que nunca se ha hablado tanto de salud mental como ahora. 
—Eso es verdad, pero como sucede y ha sucedido con otras cosas. Hay una expresión en inglés «tipping points», que son como puntos sin retorno. Pasó con el sida, con el cáncer… De repente, algo que estaba más estigmatizado o era más tabú, la gente se da cuenta de que es un problema y hay que afrontarlo hablando de ello y no mirando para otro lado. Esta pandemia ha desbordado un vaso que ya estaba lleno, el de la salud mental, pero ha permitido que se visualice. Incluso con personas más conocidas de distintos ámbitos públicos que han comenzado a hablar de ello en primera persona. Que personajes conocidos hablen de sus trastornos mentales es un mensaje muy potente porque, al final, tiene mucho más impacto en la población lo que ves que te puede ocurrir a ti. Si a él o a ella le pasa, también me puede estar pasando a mí.
 
 —¿Cuáles son los trastornos más prevalentes?
—Si hablamos de la pandemia, está claro que no ha afectado por igual a todos los segmentos de la población en base, por ejemplo, a rangos de edad, a nivel socioeconómico o, incluso, a sexo. La pandemia ha afectado más a mujeres que a hombres, a estratos socioeconómicos más bajos y, de forma muy llamativa, a población joven. Fundamentalmente, en niños y adolescentes, lo que más se ha incrementado han sido los trastornos afectivos, sobre todo depresión; trastornos de conducta alimentaria, fundamentalmente anorexia; y conductas autolesivas. En población adulta, sobre todo, los trastornos de ansiedad, cuadros depresivos y los trastornos relacionados con el sueño. En los profesionales sanitarios hay muchos trastornos por estrés postraumático.
 
 —Más del 50 % de los trastornos mentales comienzan en la infancia y en la adolescencia. ¿ A qué señales debemos estar atentos los padres?
—Las señales no han cambiado. Distinguimos dos grandes grupos de trastornos mentales, aquellos que aparecen desde el nacimiento (discapacidad intelectual,trastornos del neurodesarrollo, autismo), aquí lo que es fundamental es el retraso madurativo y la adquisición de los hitos evolutivos como andar, hablar, relacionarse, compartir, mirar a los ojos…. la señal de alarma es que no aparezcan o se retrasen mucho, por eso es fundamental, que en las visitas rutinarias al pediatría se evalúen todos estos signos. Luego están los trastornos que aparecen a lo largo de la vida del niño y del adolescente y aquí lo fundamental es el cambio, deja de ser el mismo. Era un niño que disfrutaba saliendo con los amigos, jugando, tenía sus hobbies y ahora está encerrado en la habitación, no le gusta hacer nada y no quiere ver a nadie; o era una niña que comía bien con la familia, ahora aparta la comida, está muy preocupada por las calorías y no para de perder peso… Dependiendo de cada patología los signos son distintos, pero la clave es ese cambio en el comportamiento que afecta a la vida, no hay que confundirlo con la rebeldía propia de la edad.
En todos los casos el mensaje es claro, todos los trastornos tienen tratamiento y el tratamiento, como sucede en cualquier ámbito médico, va a ser mucho más eficaz cuanto antes se intervenga. No es lo mismo un cáncer de mama cogido a tiempo que cuando ya tiene metástasis, pues tampoco lo es una depresión cuando un niño lleva tres meses así que cuando solo lleva quince días.
 
 —La adolescencia es una edad crítica. ¿Por qué hay cada vez más adolescentes deprimidos?
—La pandemia ha quebrado muchos de los pilares básicos que constituyen la adolescencia. Fue mucho tiempo encerrados, sin salir y sin negociación. El contacto con sus iguales fue solo a través de una pantalla. El pilar fundamental del desarrollo de la personalidad en la adolescencia se quebró y a eso se une la dificultad para proyectarse a uno mismo más allá de un futuro inmediato, lo que hace que gestión de la frustración, del no poder ser adolescente cuando tienes que serlo… Un cúmulo que ha hecho que se desborden las urgencias de todos los hospitales con adolescentes con tentativa de suicidio o suicidios consumados.
 
 —¿Lo que se ha vivido en esa franja de edad hará que estos adolescentes sean adultos distintos a lo que hubieran sido?
—Hay que aprender de la experiencia, de los aciertos y de los errores. Nunca habíamos vivido lo que vivimos, por lo tanto, no sabíamos cuál era el precio que iba a tener que pagar la sociedad desde el punto de vista de la salud mental. Tampoco se sabía que esto iba a tener más incidencia en niños y adolescentes. Hemos visto el precio de cerrar colegios, por ejemplo, esperemos que esto sirva de experiencia. 
Hemos aprendido que la educación que estamos dando a las nuevas generaciones de gratificación inmediata no vale, no se les entrena en la resolución de problemas… Es evidente que tenemos que hacer un aprendizaje socioemocional de gestión de la frustración, desarrollo de la empatía, respeto hacia la diversidad, de detectar cuándo hay que pedir ayuda y cuándo hay que ayudar. Dentro del currículo de alumnos de primaria deberían incluirse todos los aspectos que tienen que ver con la salud mental.

 —¿Qué lleva a un joven a autolesionarse o intentar suicidarse?
—En nuestro país se han triplicado los casos de suicidios consumados en menores de 12 años y el suicidio es la primera causa de muerte en adolescentes. Hay que decir que no se puede banalizar nunca ninguna señal de alarma en relación con el suicido, el 50 % de las personas que se suicidan, previamente se lo han comunicado a alguien. No se puede mirar para otro lado o pensar que ya se le pasará. El suicidio en adolescentes y en niños es más impulsivo que en población adulta. Hay varios factores de riesgo, como el consumo de tóxicos… Hay que tener en cuenta que el pensar en el suicidio es algo que sucede en algún momento de la vida a la mayor parte de la población, pero no se pueden dejar pasar las señales. Hay estudios donde se ve, por ejemplo, que en las familias que cenan juntas hay menos riesgo de acoso escolar y menos casos de suicidio. ¿Por qué? Porque se habla y el niño sabe que hay un espacio de seguridad para comentar las cosas. Por fin acabamos de poner en marcha en nuestro país el teléfono de atención al suicidio (024), que está recibiendo mil llamadas diarias, muchas son de menores de edad. 
 
 —Si vemos que alguien de nuestro alrededor da alguna de esas señales, ¿qué debemos hacer?
 —Hay que hablar con esa persona para infundir la esperanza de que lo que le pasa se puede solucionar y buscar ayuda profesional.
 
 —También hay un repunte de casos de trastornos de la conducta alimentaria. 
—Sí, fundamentalmente los trastornos de anorexia de tipo restrictivo. Ese es el que más ha aumentado en población muy joven.
 
 —Se habla siempre de las listas de espera para cirugías, por ejemplo, pero se habla mucho menos de la espera para que te pueda atender un psicólogo o un psiquiatra. 
 —La situación está muy mal. España es un país que nunca ha priorizado la salud mental, nunca. Esto no lo digo yo, del total del gasto sanitario, España dedica un 5,5 % a aspectos que tienen que ver con salud mental en general. La media europea está en el 7,5 %. La ratio de profesionales es de las más bajas de todos los países de la Unión Europea. Esto no es a raíz de la pandemia, siempre ha estado mal, ahora se habla más, pero los profesionales lo sabemos desde hace décadas. En infanto-juvenil mucho peor, hasta este año no se ha aprobado la especialidad. La psiquiatría está muy poco desarrollada y la psiquiatría infantil mucho menos. Hasta hace nada no teníamos ni siquiera unidades de hospitalización para menores.

—¿Si ahora mismo entrásemos en una Unidad de Hospitalización Infanto-Juvenil, qué nos encontraríamos?
—Adolescentes que en un cincuenta por ciento han ingresado por ideación suicida, veinte por ciento con trastornos de conducta alimentaria, diez por ciento con brotes psicóticos y luego una amalgama con pacientes con un trastorno obsesivo compulsivo grave, con conductas disruptivas importantes, pacientes con trastornos adaptativos importantes…  
 
 —Sabemos que hay que llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio… Que todo eso mejora nuestra salud. ¿Qué debemos hacer, cada uno de nosotros de manera individual, para cuidar nuestra salud mental?
 —Hay muchísimos estudios de cómo el ejercicio evita riesgos de padecer trastornos mentales y de cómo, en las que ya los tienen, produce efectos terapéuticos importantes. 
Después, algo que ayuda muchísimo es la relativización, es uno de los mecanismos de defensa mayores que tenemos. Pensar siempre lo afortunados que somos. Ver todo lo que pasa a nuestro alrededor, ver todos esos problemas que nos provocan ese estrés crónico desde otro punto de vista, salir de nuestro ombligo y mirarnos a nosotros mismos desde fuera, en relación con el mundo. Ese relativizar y parar, conocernos, es de los factores más protectores. El estrés crónico nos mata de muchas formas. Las personas con trastornos mentales graves viven veinte años menos que el resto de la población, se mueren por otro tipo de factores que desvinculamos de la salud mental pero no es así. Cuando vemos casos de parejas mayores que se muere uno y a los pocos meses el otro, no es casualidad, el que murió de segundo dejó de luchar para seguir viviendo. Muchas de las cosas que suceden en la vida tienen un trasfondo psíquico al que no le damos la importancia que tiene realmente.