martes, 10 de noviembre de 2020

Ayuno de dopamina: la moda de dejar el alcohol, el sexo y las redes sociales para "reiniciar" el cerebro

KRINTIN SULENG       |     El País     |     05/01/2020

Pretender mejorar el funcionamiento del órgano maestro reduciendo placeres potencialmente 'adictivos'. ¿Sirve para algo?

Silicon Valley es conocido por su papel de polo mundial de desarrollo tecnológico y los millones de dólares que generan sus gigantes digitales. Pero el paraíso geek por excelencia también es el lugar donde se fraguan tendencias de salud de lo más extravagantes, generalmente ligadas al aumento de la productividad personal. Los ejecutivos de San Francisco han puesto de moda la dieta del ayuno intermitente, la de beber agua cruda de la lluvia y depósitos sin tratar, la de consumir microdosis de LSD para rendir mejor en el trabajo... y ahora llega la de alejarnos de todo aquello que produce placer– desde la alimentación, el alcohol y el sexo hasta las redes sociales y las nuevas tecnologías. La práctica se conoce como ayuno de dopamina, un término acuñado por el psicólogo e inversor tecnológico Cameron Sepah al que se le atribuyen las bondades de "reiniciar" y mejorar la eficiencia del cerebro. O sea, como una manera de librarnos de los "vicios" que nos impiden alcanzar nuestras mentas y potenciar la productividad. ¿Vale la pena intentarlo?

Contra la hormona del deseo y la motivación

La dopamina es un neurotransmisor básico del sistema nervioso central y no es dañina, recuerda la neurocientífica Raquel Marín, profesora de Fisiología de la Universidad de La Laguna, en Tenerife. El cerebro la necesita para múltiples tareas, relacionadas con la memoria, la motivación, la recompensa, el aprendizaje, la atención y los estados de alerta. "También está implicada en funciones motoras, se estimula cuando nos enamoramos e incluso actúa en la producción de prolactina, la hormona de la secreción de leche en la mama", apunta Marín.

El hecho de que se libere dopamina en el cerebro cuando sentimos algún tipo de satisfacción o bienestar por actividades como leer un libro, salir con los amigos, viajar o practicar sexo, hizo que durante mucho tiempo se creyera que esta molécula era la responsable del sentimiento del placer. Ahora se le conoce como el neurotransmisor del deseo y la motivación. "Al liberar dopamina sentimos unas enormes ganas de buscar el placer, cuando lo encontramos nos lo hacen sentir las endorfinas o encefalinas. El deseo hace buscar el placer, y el placer también hace aumentar las ganas de buscar el deseo", explica Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La dopamina también está unida a la sorpresa, por lo que cuanto más inesperado resulta un acontecimiento, más dopamina se libera. "Es como cuando alguien está tranquilamente sentado en una cafetería y de repente se le aparece un amigo al que no ve hace muchos años", sostiene Morgado, autor del libro Deseo y placer, la ciencia de las motivaciones (Ariel). Entonces, ¿qué tiene de malo? ¿Para qué iba alguien a desear bloquear su producción?

Los vínculos con la adicción y la depresión

La gracia de la propuesta es que el ayuno de dopamina se basa en la renuncia a los comportamientos pocos saludables que impliquen abusar del placer. Puede entenderse como una especie de estrategia para huir de situaciones que distraen la atención de otras más productivas, o como una "terapia de desintoxicación" de lo que nos aleja de lo verdaderamente importante. Sin embargo, "el organismo la regula para que no sea escasa ni excesiva. Es difícil concebir una posible regulación a la baja por controlar voluntariamente aspectos relacionados con la producción de dopamina", explica Marín.

Para Morgado sí existe la manera, aunque es poco atractiva: "Si uno se encierra en casa, no recibe llamadas y no ve la televisión, impide que su cerebro libere dopamina de forma natural. No sabemos en qué circunstancias debe aplicarse el ayuno ni cómo debería ser, pero se dirige a la vida cotidiana y nos llama a todos abusones de la vida, como una homilía de domingo", recalca. El neurocientífico es partidario de la idea del ayuno, pero como vía de investigación en sustancias inhibidoras para casos de adicción, cuando la sobrecarga de los sistemas de recompensa deteriora el cerebro. "No es un tratamiento terapéutico para cualquier persona, reducirla solo es bueno en casos de exceso exacerbado de algo dañino para el organismo y que impide hacer una vida normal", subraya el catedrático.

Y es que la dopamina está ligada a las adicciones, cuando el cerebro solicita la recompensa de forma insistente. En estos casos, juega una mala pasada. "Produce la sensación permanente de desazón y desasosiego en ausencia del premio, así como de cubrir esa necesidad para subsistir aunque seamos conscientes de que una práctica nos perjudica", aclara Marín, que pone el ejemplo del café de las once de la mañana. "Ningún estudio científico demuestra que sea fundamental para sobrevivir, sin embargo, muchas personas sienten que no pueden funcionar sin él", dice la neurocientífica.

El director de la sección de Neurociencia cognitiva del Centro de Evolución y Comportamiento Humano de la Universidad Complutense de Madrid, Manuel Martín-Loeches, advierte de que "no hay forma de restablecer algo que está en continuo cambio desde antes de nacer, como es el cerebro. Si restringimos la dopamina con el ayuno ocurriría algo parecido a los efectos a la larga de una adicción: la falta de satisfacción, que suele llevar a una depresión".

Paradójicamente, solo el hecho de plantearse semejante opción también aumenta el nivel de esta molécula. "Reducir las horas de conexión a redes sociales, eliminar el consumo de fármacos o cambiar la alimentación con pautas más saludables es algo altamente aconsejable para una mejor salud cerebral, una mayor capacidad de concentración, una mejor sensación de recompensa frente a umbrales más bajos de estímulos y una mejor sensación de autoestima. Pero, en sí misma, la decisión de hacer este pseudoayuno de dopamina también estimula la producción de dopamina", recalca Marín, autora del libro Pon en forma tu cerebro (Roca Editorial).

Cambiar la cerveza de la tarde por media hora de gimnasio

Los expertos están de acuerdo en que, desde el punto de vista neurocientífico, el ayuno de dopamina es algo inimaginable. "Son demasiados los parámetros fisiológicos y psíquicos que regulan su producción", afirma tajante la neurocientífica. Sin embargo, que no se pueda controlar el nivel del neurotransmisor en multitud de funciones no impide realizar acciones conscientes para controlar las prácticas que estimulan su síntesis. "Si se consiguiera disminuir la producción de dopamina en las zonas concretas del cerebro implicadas en las adicciones, es probable que pudiéramos sentirnos más capaces de controlar hábitos dañinos. En algunas investigaciones en animales ya se ha conseguido reducir el antojo por el dulce", recuerda Marín.

La científica propone crear ambientes con menos estímulos para la dopamina, como cambiar la rutina de la cerveza diaria de las siete de la tarde por media hora de gimnasia o apagar los dispositivos electrónicos cuando estamos almorzando. "Los cambios de contexto que implican eliminar el consumo de estupefacientes benefician al cerebro en el medio plazo, por la misma razón por la que nos sentimos físicamente mejor al dejar de consumir dulces a diario", insiste.

Sin embargo, la idea de rendir mejor en el trabajo gracias al ayuno de dopamina está cuestionada por la relación positiva que existe entre la molécula, los estados de ánimo positivos y la creatividad. "Pueden no ser convenientes para ciertas tareas, como la contabilidad, ya que se cometen más errores. Pero para la mayor parte de las funciones laborales y personales, la dopamina sería muy recomendable", apunta Martín-Loeches. Y en contextos más románticos también, recuerda Marín: "No todo es perjudicial en la sobreproducción de dopamina. La necesitamos también para enamorarnos. Sin esta maravillosa molécula es muy probable que no pudiéramos nunca sucumbir al amor", concluye. ¿Y quién quiere renunciar a esas mieles? 

sábado, 7 de noviembre de 2020

Quin és l'impacte de la salut mental a la salut física?

 Observatori Discapacitat Física

Els problemes de salut mental no esdevenen de forma aïllada. S’ha calculat que el 46% de les persones amb un trastorn mental tenen un problema físic de llarga durada. (Naylor et al., 2012). Un estudi recull que, de mitjana, les persones amb una malaltia mental greu tenen una esperança de vida 20 anys inferior respecte a la població general, sovint la causa de la mort és degut a una malaltia física evitable.

Les persones afectades per un problema de salut mental tenen més probabilitats de patir altres patologies com la diabetis, cardiopaties i càncer de còlon i de mama, per exemple.

Per això, a l’hora de referir-se a la salut mental o a la salut física, aquestes no haurien de tractar-se de manera separada perquè existeixen moltes associacions entre salut mental i malalties cròniques que tenen un impacte significatiu en les persones.

L’Organització Mundial de la Salut (OMS) defineix un bon estat de Salut com “un estat amb un benestar físic, mental i social complet, i no solament com l’absència de malalties”. A més, l’OMS aposta per la integració de l’atenció de la salut física amb la mental perquè “no hi ha salut sense salut mental”. En el Dia de la Salut Mental, 10 d’octubre, identifiquem alguns efectes de la salut mental a la salut física, i viceversa.

La depressió i l’ansietat augmenten el risc de patir cardiopaties

La depressió és una de les grans problemàtiques de salut al món. L’OMS preveu que el 2020, la depressió serà la principal causa de discapacitat de la població a escala mundial. A més, hi ha diversos estudis que relacionen l’ansietat i la depressió amb l’augment del risc de mort per malaltia cardiovascular i per càncer.

Els efectes secundaris de la medicació

La medicació pot provocar impactes adversos a la salut física de les persones amb malalties físiques o mentals, per exemple, pot provocar un augment ràpid de pes que pot repercutir a la salut. A vegades, els pacients no reben la suficient informació sobre la medicació que prenen i els efectes que poden provocar.

Diagnòstic i seguiment

Sovint, les molèsties físiques d’una persona amb un trastorn mental es veuen com una manifestació més de la seva malaltia, en comptes de tractar-se com una condició o molèstia separada de la malaltia. Això pot provocar un retard en el tractament de les molèsties físiques d’aquestes persones. A més, si no es realitzen revisions de la salut física d’aquests pacients, per exemple a l’atenció primària, per a identificat possibles molèsties d’aquest tipus, el tractament trigarà encara més a arribar.

Factors de l’estil de vida

Hi ha molts factors que afecten les persones amb una malaltia física o mental a l’hora de menjar de manera saludable o fer exercici. Alguns d’aquests factors són l’exclusió social o l’estigma, molt present al voltant de les malalties mentals, o la falta de tenir una rutina. Per això, és important que aquest col·lectiu compti amb el suport necessari per mantenir un estil de vida de qualitat i saludable.

Fonts:

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs220/es/

https://www.rethink.org/media/511826/20_Years_Too_Soon_FINAL.pdf

https://www.rethink.org/about-us/health-professionals/physical-health-why-it-matters

viernes, 6 de noviembre de 2020

Tipos de fobia: explorando los trastornos del miedo

NAHUM MONTAGUT RUBIO    |     Psicología y Mente

Todo el mundo ha sentido miedo más de una vez, y es normal. Es una emoción que ha garantizado la supervivencia no solo de la especie humana, sino de todos los animales con cerebro.

El saber identificar una situación que puede implicar peligro para el individuo es algo necesario para poder alejarse de ella y, así, evitar sus nocivas consecuencias. Sin embargo, a veces puede darse el caso de que la respuesta dada ante un estímulo visto como amenazante sea exagerada, y es aquí cuando se habla de fobia 

Fobia y miedo: ¿no son lo mismo?.- Antes de entrar con más detalle sobre las principales diferencias entre los conceptos de miedo y fobia, se hace necesario describir ambos términos brevemente.

En primer lugar, se entiende por miedo a la emoción que se manifiesta ante una situación que puede ser amenazante para el individuo. Normalmente, en la mayoría de los casos en los que aparece, lo hace de forma casi innata, sin necesidad de que haya habido un aprendizaje previo de la situación amenazante. Otras, en cambio, mediante la experiencia, se aprende qué situaciones deben ser temidas, dado que pueden poner en riesgo la integridad de la persona. 

El miedo, al igual que todas las emociones que conforman el amplio espectro emocional humano, tiene una muy importante función adaptativa, siendo su finalidad garantizar la supervivencia del individuo.

Las fobias, en cambio, son consideradas patrones de conducta no ajustados. Implican un grado de temor muy alto, demasiado en relación con el estímulo al que se teme. Lo que cause esta fobia puede ser cualquier cosa y normalmente es adquirida, ya sea mediante un trauma o mediante aprendizaje vicario.

Son muchos los psicólogos quienes consideran, desde la perspectiva del psicoanálisis, que el origen de las fobias se da durante la infancia, especialmente durante la etapa fálica (de 2 a 5 años). En esta etapa, el niño desarrolla una fuerte angustia frente a la vivencia de un suceso desagradable, haciendo que aplique un muy fuerte mecanismo de autodefensa que, eventualmente, será el trastorno fóbico.

Diferencias entre la fobia y el miedo normal.- A continuación veremos las diferencias fundamentales entre la fobia y el miedo, además de cuáles son los factores que pueden estar detrás de ellos, su importancia a nivel psicopatológico y las respuestas asociadas.

1. Grado de control

El miedo no es una emoción que facilite pensar racionalmente, sin embargo, no deja de ser un mecanismo de supervivencia, con lo cual, permite actuar rápido y decidir qué hacer para asegurarse que se evita el estímulo dañino.

Dentro de los casos en los que no hay psicopatología, las emociones son responsabilidad nuestra, es decir, se pueden aprender a controlar. El miedo no es una excepción.

Es posible tener un cierto grado de control sobre esta emoción, sin dejar de ser consciente de que se está ante algo que puede ser perjudicial, pero teniendo en cuenta que cuanto más claramente se piense más eficiente se será a la hora de hacerle frente.

En cambio, las fobias, como psicopatológicas que son, implican una enorme dificultad para controlar tanto su intensidad emocional como la capacidad de pensar fríamente de la persona.

Tanto si se está delante del estímulo temido como si solamente se estaba pensando en él, la persona pierde por completo el control sobre su pensamiento, viendo como ideas auténticamente terroríficas invaden su mente.

2. Signos fisiológicos

Es normal que ante un susto se muestren algunos signos fisiológicos, como pueden ser taquicardia, sudoración o incluso temblores. Sin embargo, los signos que muestran las personas con fobia a algún estímulo concreto son muy intensos.

La reacción fisiológica en estos casos puede llegar a ser desbordante, siendo muy comunes los problemas gastrointestinales como náuseas y sequedad de boca, además de sudoración excesiva, dolor en el pecho, mareos e, incluso, dolor de cabeza.

Cabe destacar que los signos que causa el miedo se dan ante la situación temida, mientras que en el caso de la fobia, con tan solo pensar en el estímulo fóbico o hablar sobre él favorece que se dé toda la sintomatología aquí descrita.

3. Intensidad de la respuesta

Cuando se está frente a una amenaza real, lo normal es prepararse para la huida o evitar que el factor que puede resultarnos perjudicial vaya a más.

Por ejemplo, si nos persigue un perro por la calle, situación claramente temida, la opción más lógica y proporcional a la amenaza es o bien escapar o bien atacar al animal antes de que nos lo haga a nosotros.

En cambio, en el caso de la fobia, la respuesta ante el estímulo es totalmente desproporcionada, independientemente de si realmente se está ante algo que pueda dañar la integridad física y psíquica de la persona o, por el contrario, algo inofensivo.

La persona puede gritar, llorar, perder por completo su racionalidad, atacar a las personas de su alrededor… las conductas que realiza la persona con una fobia pueden ser de todo tipo y casi ninguna de ellas se puede considerar adaptativa.

4. Intromisión en la vida diaria

Todo el mundo tiene miedo de algo, pero normalmente esta emoción no implica un grado de afectación grave en la rutina, dado que en la mayoría de los casos las situaciones temidas no son comunes.

Por ejemplo, todo el mundo tiene miedo a ser comido por un tiburón, pero, realmente, ¿cuántas posibilidades hay de que nos crucemos con un escualo nadando en la playa?.

En caso de que haya la posibilidad de encontrarse dentro de una situación peligrosa, la mayoría de los seres humanos toman las precauciones necesarias para evitar tal situación, y la vida sigue su curso normal.

En el caso de la fobia, el miedo a encontrarse ante la situación temida es tal que la persona puede iniciar una serie de cambios integrales en toda su rutina, haciendo que se vea perjudicado su bienestar, solo para evitar encontrarse ante el estímulo fóbico.

Por ejemplo, una persona con aracnofobia puede evitar pasar por un parque al ir hacia el trabajo, pese a ser el camino más corto, o disfrutar de excursiones con sus amigos por el simple hecho de temer encontrarse con una sola araña.

Así, la persona va desarrollando un amplio repertorio de estrategias que le otorgan una cierta sensación de seguridad, pero a costa de su nivel de vida y su desarrollo como persona.

5. Diferencias individuales

Normalmente, todo el mundo tiene miedo a prácticamente los mismos estímulos. Por poner unos pocos ejemplos, sería el estar delante de un león, ir de noche por un barrio marginal, estar delante de personas con apariencia violenta…

No son pocas las situaciones en las que la inmensa mayoría de la población humana no le gustaría encontrarse. En cambio, en el caso de las fobias específicas hay un mayor grado de diferencias individuales. Hay fobias para todo: cucarachas, serpientes, sexo, vidrio…

Son en este tipo de trastornos de la ansiedad en donde se puede ver con mayor claridad cómo hay estímulos que son prácticamente inofensivos para la mayoría pero un pequeño grupo de la población les tiene un pavor para nada adaptativo ni proporcionado.

6. Recuerdo de la situación temida

Normalmente, cuando se recuerda una situación o estímulo que genera miedo adaptativo, la persona es capaz de recordar el recuerdo de forma intacta, sin distorsiones ni exageraciones, aunque implique un cierto grado de emocionalidad, como ansiedad.

En el caso de la fobia, no obstante, dado que la persona siente una elevada activación fisiológica y psicológica, prefiere evitar evocar el recuerdo. Bloquea la parte de la memoria en donde se encuentre la situación temida.

7. Psicopatología

Por último, pero no menos importante, se debe aclarar la diferencia fundamental entre el miedo normal y las fobias.

El miedo, como ya hemos ido indicando a lo largo de este artículo, implica un patrón de respuesta que se encontraría dentro de lo normal, y tiene una función adaptativa: garantizar la supervivencia de la persona frente una amenaza. 

En cambio, las fobias son consideradas trastornos dentro del grupo de los trastornos de la ansiedad. Las fobias suelen darse ante situaciones que son poco reales o que realmente implican un grado de amenaza insignificante y, por tanto, no son adaptativas.

Como trastornos que son implican una serie de síntomas a nivel psicológico que el miedo normal no manifiesta, siendo el principal el pensamiento distorsionado respecto al estímulo fóbico, además de no hacerle frente ni pensar de forma racional su grado de peligrosidad real


martes, 3 de noviembre de 2020

Que la infancia y la adolescencia no se vuelvan invisibles.

                                                                    

Patricia Elmeaudy    |     Infobae     |     17/05/2020

 

Esta pandemia, con cuarentena indefinida incluida, tiene mucho dicho y escrito sobre los adultos y más aún sobre los adultos mayores. Los riesgos, la letalidad del Covid-19 para ellos, e incluso un enorme debate sobre si corresponde ser coercitivo con las medidas de aislamiento, o si se debe apostar en todo caso a la conducta asertiva. Todo ello para cuidarlos de la enfermedad por coronavirus Covid-19, pero sin descuidar su salud mental y respetando sus derechos.

 

Entre tanta preocupación “adulta por los adultos” recordé que desde tiempos remotos la infancia y la adolescencia fueron invisibles para la sociedad. Es más: durante la mayor parte de la historia del mundo no fueron tenidos en cuenta, o aún peor fueron sometidos y/o abusados por la sociedad de la época. Es hora entonces de priorizarlos o al menos proponernos tenerlos en cuenta.

 

Como dice Joan Manuel Serrat en uno de sus maravillosos poemas, “uno solo es lo que es y anda siempre con lo puesto”. Quizás por eso que yo no puedo dejar de pensar como pediatra...

 

Todos tenemos miedo, estamos más o menos asustados, o al menos inquietos con esta realidad tan incierta.

Qué difícil debe ser para los más pequeños no poder correr, saltar, tirarse del tobogán, caminar “sin ton ni son” y ensuciarse en el parque, el arenero o la plaza del barrio. Porque esa es su manera de conocerse y conocer el mundo, el que van construyendo junto a los adultos. Ni que hablar los que empezaban su etapa de socialización, de juego compartido, de pequeña rutina y normas de convivencia con sus pares.

 

¡Y qué decir de los adolescentes! Esa etapa tan compleja de la vida en la que necesitamos tanto de nuestros amigos, de ese otro espejo que nos va construyendo y modelando más allá de nuestros padres. Justamente esa enorme necesidad de ser un otro distinto de mi mamá y mi papá. Tan difícil y tan necesario para su independencia, autonomía y desarrollo de una vida adulta saludable. Entender en esta etapa de rebeldía y “ebullición” que tengo que quedarme en casa con mis padres 24/7 es pedirles un acto de solidaridad y responsabilidad social gigantesco.

 

A esta altura pensarán: ¿y qué otra posibilidad hay? ¡Los estamos y nos estamos cuidando! Es verdad, pero se me ocurre que tal vez agradecerles por su compromiso para que todos estemos bien, mostrarles nuestra preocupación porque están “adentro”.

 

Incentivar, a la inversa de lo que recomendamos siempre, el contacto con pares a través de las redes sociales, los juegos grupales online, y las charlas con amigos por Zoom o similar.

 

La mayoría de los chicos tienen un celular, de ellos o de los papás que se lo podemos prestar para que estén comunicados, por esta vez sin quejarnos.

 

Y con los más chiquitos una enorme cuota de paciencia y tolerancia a los almohadones por el suelo, a alguna pared con crayón (aunque si tiene su cuarto es mejor que lo haga allí...) y a que corran alrededor de la mesa “todo el día”. Es su aporte a que nos quedemos en casa. En fin, todo esto pensando en que no nos olvidemos de ellos, que haya mucho hablado y escrito sobre cuánto nos preocupa lo que les pasa con esta pandemia, con tanta incertidumbre y tanto miedo rondando...

 

Y un capítulo aparte para aquellos niños que además cursan una enfermedad que no es COVID-19 y les corren las generales de la ley en todo lo dicho; para ellos y sus familias, el mayor respeto y solidaridad. Me atrevo a decir desde todos los que somos profesionales de la salud.

 

Para que la infancia y la adolescencia al menos en esta oportunidad no se vuelvan invisibles.

 

La autora es médica pediatra del Hospital Garrahan (Argentina)

 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Cómo se disfraza la forma más sutil de chantaje emocional, y qué hay que hacer para desnudarla.


LUIS SALINAS MATEO   |   El País   |   16/08/2020  

Las víctimas solo ven seducción, y no son conscientes del peligro hasta que ya han cedido el control de su voluntad. Pero tiene remedio.

Lo único ficticio de esta historia sobre el chantaje emocional de Lorenzo es el nombre. Todo lo demás es cierto, y resume cómo actúan los chantajistas de su tipo. En su caso, su pareja se llamaba Begoña. A los 15 años comenzó una relación con Lorenzo que se alargó durante una década y ha dejado huella: “Me hacía sentir pequeñita y actuaba de un modo siempre beneficioso para él, pero haciéndome creer que era yo la que salía beneficiada”. Afortunadamente, Lorenzo comparte psicología y técnicas con otros como él y esta historia es la de cómo se detectan y anulan sus malas artes.

El control de Lorenzo sobre Begoña estaba basado en dos cosas que no se rechazan a las primeras de cambio: promesas y buenas palabras. Por ejemplo, si ella organizaba un viaje con sus amigas, él se descolgaba poco después con planes para ambos que casualmente les ocuparían las mismas fechas. Cuando Begoña se disgustaba, llegaba la compensación en forma de zalamería: “Me decía que es que no quería perderme, que me adoraba y no quería que me fuera de su lado…”. Siempre decía que estaría a su lado para siempre, que era el amor de su vida e, incluso, que daría la vida por ella. Y ella lo dejaba todo por él. Una y otra vez.

Por si eso no era suficiente, los regalos hacían su parte. “Muchas veces desaparecía fines de semana enteros y luego me hacía un regalo. Empecé a sospechar que me era infiel y, tras cada una de las discusiones que manteníamos sobre eso, también me regalaba cosas”, recuerda Begoña. “Empecé a saber cuál era un regalo porque sí y cuál era un regalo de arrepentimiento”, añade. No eran humildes detalles ni dádivas discretas; después de la primera vez en la que detectó que su pareja podía estar engañándola, trató de compensarle con un espléndido viaje a París. “Nunca reconocía que lo que me regalaba era por la discusión que habíamos tenido ni para pedirme perdón, simplemente aparecía con un regalo. Muchas de esas veces me mandaba flores al trabajo, y creo que ahora odio las rosas rojas porque me recuerdan a aquello.

Parece una conducta exagerada, pero es habitual en la variante de chantajista de las emociones que se conoce como ‘seductor’, que, según los expertos, es el que más cuesta detectar. Existen otros tipos, con técnicas más previsibles. Por ejemplo, los castigadores tratan de doblegar a la víctima a través de enfados y castigos. Los autocastigadores, por su parte, son aquellos que amenazan con infligirse a sí mismos un daño si no obtienen el bien deseado —aquí entrarían aquellos que han pronunciado a veces con ligereza la expresión “si me dejas, me mato”—, y también están los silenciosos, que utilizan el silencio para lograr que su víctima se sienta verdaderamente incómoda.

Cómo detectar a un manipulador y desarmar sus intrigas

Alrededor del 3% de la población puede catalogarse como tal, y son capaces de estar muy cerca sin que se note su presencia.

El sistema operativo del chantajista seductor es complejo, y pasa por acceder al inconsciente de sus víctimas y prometerles que satisfarán sus deseos más íntimos, anhelos del calibre del amor eterno. “A través del chantaje van a intentar conseguir sus objetivos, esa forma de adularte busca que te sientas muy querido y cuidado. Los regalos siempre son un caramelito, es difícil ponerse a la defensiva cuando se recibe un regalo, pero ellos nunca los entregan gratis, siempre van a querer algo a cambio: que les correspondas, que no les abandones, controlarte…”, dice la psicóloga clínica Lara Ferreiro, de El Prado Psicólogos. Y advierte de que hay que prestar mucha atención a estas actitudes, pues a veces son el comienzo de una relación de maltrato psicológico.

Ante la duda, hay que evaluar las promesas para determinar si son vacías, y cerciorarse muy bien de que la adulación no se convierte en un trato nocivo. “Al principio de la relación él decía que me apoyaba en mis cosas, pero cuando acabé la carrera y conseguí un buen puesto en una editorial, en el que tenía que viajar muy a menudo, acabó por soltarme frases tan terribles como que yo era una ‘snob’ de aeropuerto y gimnasio”, recuerda Begoña. Este cambio de las palabras dulces a la ira tiene su explicación. Ferreiro subraya que los chantajistas emocionales seductores despliegan sus encantos y sus estratagemas hasta que advierten que su víctima ha caído en la trampa: “Cuando ya sienten que estás enamorada y hay un vínculo fuerte esas promesas pueden evaporarse, tú piensas que la persona es así, pero luego eso desaparece. Son lobos con piel de cordero”.

La sutileza y el hecho de que se esconda bajo elementos aparentemente positivos, como son los regalos y las promesas, ciertamente convierte a este tipo de chantaje emocional en un arma de manipulación muy refinada (no es la única), pero hay una serie de señales que pueden ayudar a que las alarmas salten a tiempo. Por ejemplo, sentir culpa frecuentemente y hacer cosas que no queremos con el fin de que disminuya este sentimiento. “Para que no salgas por tu cuenta te pueden decir ‘me encuentro mal, pero no te preocupes, tú vete con tus amigos, que ya me quedo yo aquí solo…”, apunta la psicóloga.

Otra de sus tácticas es la del aislamiento progresivo mediante la crítica al entorno, algo que conoce bien Begoña: “Siempre intentaba ponerme en contra de los amigos que me advertían de su forma de ser. No quería que tuviera a mi alrededor gente que pudiera trastocar sus planes. Decía de ellos que eran unos metomentodo, unos cotillas…”. Por último, del mismo modo que los chantajistas silenciosos, es frecuente que empleen lo que los expertos llaman un silencio congelado o castigo de silencio, con el que castigan a su víctima cuando esta les anuncia una decisión que puede entorpecer sus planes. Pero hay que hablar para romper la dinámica, y con mucha claridad.

Si te proponen hacer tu trabajo, sube la guardia

Las relaciones de pareja son un campo abonado para este chantaje emocional, pero que no te hayas topado con ellos en este contexto no significa que estés a salvo. Pueden actuar en otros universos, como en el de hijos de padres separados. Los progenitores, tras una separación o el divorcio, con frecuencia entran en liza y quieren granjearse el afecto de sus hijos y que estos les apoyen más a ellos que a su expareja. “Es habitual, y yo lo veo en consulta, que un padre, por ejemplo, compre el silencio de sus hijos con regalos para que estos no le digan a su madre que ha empezado una relación con una persona nueva”, revela Ferreiro.

Las oficinas (y tiendas, talleres, fábricas…) también son testigos de cómo urden sus planes estos expertos del chantaje. En este caso, el regalo envenenado viene en forma de ayuda con la carga laboral, pero lo más aconsejable es que lo rechacemos si no estamos dispuestos a otorgar la contraprestación que pensamos que pedirá después. Si no entramos en el juego, es relativamente sencillo ponerle límites a este tipo de chantaje y las técnicas para mantener a raya a un chantajista emocional son siempre las mismas, independientemente de que sea nuestra pareja, nuestro amigo, compañero o familiar.

En el momento de poner los límites y rechazar el regalo, es importante no olvidar nuestros objetivos a pesar de la verborrea incesante que el chantajista puede llegar a desplegar. Para eso es recomendable emplear el llamado ‘banco de niebla’, por el cual le comunicamos que entendemos cómo se siente, pero que no vamos a permitir las actitudes que venimos viendo en él, o también la técnica del ‘disco rayado’, por la que repetiremos siempre el mismo discurso ante el chantajista. “Podemos decirle que está muy bien que nos compren un bolso, pero que no por ello vamos a hacer determinada cosa o a perdonarles una falta. Se trata de descubrirles de un modo elegante”, concluye la terapeuta.