sábado, 15 de julio de 2023

El miedo de contrariar a un hijo


Sergio de Dios González       |      La Mente es Maravillosa      |    31/12/2019  

Escrito por Edith Sánchez

 

Son muchos los padres que en la actualidad sienten miedo de contrariar a un hijo. Un temor que no es inocuo, ya que en muchas ocasiones hacen que pierdan parte de su rol como autoridad y referencia de los más pequeños.

 

Crece el número de padres que tienen miedo de contrariar a un hijo. Se trata de un fenómeno al que asistimos con frecuencia, aunque muchas veces se esconda o se le ponga otra etiqueta. Encontramos, cada vez con más frecuencia, a padres inseguros, indecisos y llenos de culpa que no saben cómo disciplinar a hijos.

 

Es posible que la sobreinformación en psicología sea parte de lo que ha engordado al problema. Son tantas las indicaciones recogidas en diferentes medios, y en ocasiones contradictorias o poco precisas, que la crianza se ha vestido con un atuendo más complejo de lo que realmente es -y eso, que en sí, ya es compleja-. De esta manera, en este campo abonado, el miedo a contrariar a un hijo se ha reproducido.

 

Antes era más sencillo, o lo parecía, aunque de la misma forma se cometían errores. En una familia , los roles estaban más definidos. Los padres conservaban la autoridad durante más tiempo, tardaban más en competir con otras fuentes de información y seguridad.

 

 Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”.- Cicerón –

 

La culpabilidad en los padres

 

Si algo caracteriza a muchos padres actuales es el sentimiento de culpa o el temor a generarlo. Perciben que los peligros son grandes y afilados; además, en el poco tiempo que pasan con los pequeños, no quieren ser una fuente de contrariedad para ellos. Son un poco padres-abuelos.4

 

La culpa que experimentan los padres de hoy viene de muchas fuentes. Hay toda una serie de creencias según las cuales todo lo que le suceda al hijo en un futuro es culpa de los padres. Si es tímido, porque lo es. Si es mal estudiante, porque no estudia. Y así sucesivamente con todo.

 

No quieren ser demasiado permisivos, tampoco quieren ser demasiado estrictos. Así, en muchos casos, en la búsqueda de ese equilibrio los límites quedan difuminados. No hay unas referencias claras, porque las dudas son muchas.

 

El miedo de contrariar a un hijo

 

El miedo de contrariar a un hijo está directamente relacionado con la reacción de este. Algunos niños son criados de tal modo que jamás están listos para que les digan “no” o para que la satisfacción de sus deseos sea pospuesta. Nadie les ha enseñado a negociar con la frustración o la búsqueda de alternativas.

 

No es hasta pasada la adolescencia cuando nuestra corteza prefrontal se termina de desarrollar. Dicho de otra manera, hasta alcanzada una edad, los impulsos tiene mucha fuerza frente al autocontrol. Por eso son tan necesarios los límites o las normas, por eso es tan necesaria la educación.

 

Por otro lado, los niños no dejan de ser seres inteligentes que en muchas ocasiones persiguen un objetivo que está prohibido. Por lo tanto, no van a dudar en intentar echar abajo el muro de la norma con diferentes estrategias. De ahí las pataletas o los numeritos. De ahí lo importante de que los padres no se muestren débiles ante estas conductas tan espectaculares.

 

Por otro lado, señalar que es especialmente importante mantener la autoridad cuando son pequeños. Si no lo hacemos entonces, después será mucho más difícil recuperarla. Así, los conflictos serán más profundos y nos costará más que el adolescente siga en determinados temas las pautas que le marquemos.

 

Lo que necesitan los niños

 

Durante los primeros años de vida, los niños necesitan básicamente tres cosas de la crianza: límites, normas y hábitos. Esos tres elementos, a su vez, exigen que haya autoridad paterna. Autoridad no es autoritarismo. Los niños son seres inmaduros que no saben qué es lo mejor para ellos -lo irán descubriendo y también tendremos que ir aumentando el espacio de su autonomía-, ni cuál es la mejor manera de comportarse. Los padres sí deben saberlo.

 

Los padres o tutores son las personas responsables de que el pequeño cuente con estas referencias. También serán los principales modelos cuando se asienten las raíces de su comportamiento, antes de que empiecen a ganar poder los iguales.

Por otro lado, el miedo a contrariar a un hijo crece con la falta de costumbre, cuando por sistema cedemos en las pequeñas peticiones. Así, difícilmente vamos a enseñarles que en ocasiones somos nosotros quienes tenemos que adaptarnos a la realidad o a los demás.

miércoles, 12 de julio de 2023

Qué es la felicidad, según científicos famosos como Sagan, Tesla, Einstein o Hawking


SARAH ROMERO       |     muyinteresante.es     |      16/06/2023

¿Cuál es la definición de felicidad para Marie Curie? ¿Y para Stephen Hawking, Albert Einstein o Nikola Tesla? Repasamos la felicidad según científicos famosos.

Felicidad. Aunque es un concepto complejo y multifacético, la investigación científica ha explorado diferentes aspectos y determinantes de la felicidad. Según la doctora en psicología Sonja Lyubomirsky apunta que la felicidad puede ser definida como "un estado subjetivo de bienestar general y satisfacción con la vida, que implica emociones positivas y una evaluación positiva de las circunstancias y el sentido de la vida".

La felicidad puede ser comprendida mediante tres componentes principales: a) emociones positivas: experiencias de alegría, gratitud, serenidad y entusiasmo; b) satisfacción con la vida: evaluación cognitiva global y subjetiva de la vida en términos de cumplimiento de metas, sentido y propósito y c) bienestar psicológico: que incluye aspectos como autoaceptación, autonomía, relaciones positivas y crecimiento personal.

Hoy profundizamos en este importante vocablo en la vida de los humanos y recordamos qué es la felicidad para científicos famosos a lo largo de la historia.

"Lo que haces marca la diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres marcar". - Jane Goodall, etóloga

"Nada en la vida es de temer, es sólo de entender. Ahora es el momento de entender más para que podamos temer menos". - Marie Curie, química y física

"Para mí solo soy un niño que juega en la playa, mientras que vastos océanos de verdad yacen sin descubrir ante mí". - Isaac Newton, físico, teólogo, matemático e inventor

"La felicidad se encuentra en la contemplación tranquila de la naturaleza y la comprensión profunda de los secretos que esta revela". - Albert Einstein, físico

"Recuerda mirar hacia arriba a las estrellas y no hacia abajo a tus pies. Sé curioso y, por difícil que parezca la vida, siempre hay algo que puedes hacer y tener éxito". - Stephen Hawking, físico, astrofísico y divulgador científico

"El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y eres la persona más fácil de engañar. La felicidad es el placer que obtienes al comprender y crear, no al poseer ". - Richard Feynman, físico teórico

"Para mí, es mucho mejor comprender el Universo tal como es en realidad que persistir en el engaño, por muy satisfactorio y tranquilizador que sea". - Carl Sagan, astrónomo, astrofísico, astrobiólogo y divulgador científico.

"El don del poder mental viene de Dios, Ser Divino, y si concentramos nuestras mentes en esa verdad, nos sintonizamos con este gran poder". - Nikola Tesla, inventor e ingeniero eléctrico y mecánico

"El primer requisito para la felicidad es que el hombre esté dispuesto a encontrar satisfacción en su propio trabajo". - Sigmund Freud, neurólogo, padre del psicoanálisis

"El problema, que a menudo no se descubre hasta una edad avanzada, es que cuando buscas cosas en la vida como amor, significado, motivación, implica que están sentados detrás de un árbol o debajo de una roca. Las personas más exitosas en la vida reconocen que en la vida crean su propio amor, fabrican su propio significado, generan su propia motivación. Para mí, me motivan dos filosofías principales, sé más hoy sobre el mundo de lo que sabía ayer. Y disminuir el sufrimiento de los demás. Te sorprendería lo lejos que te lleva eso". - Neil deGrasse Tyson, astrofísico y divulgador científico

"No se puede aspirar a construir un mundo mejor sin mejorar a los individuos. Con ese fin, cada uno de nosotros debe trabajar para su propia mejora". - Marie Curie, premio Nobel de Física en 1903 y premio Nobel de Química en 1911

"La verdadera felicidad es contemplar los restos fósiles y darse cuenta de que somos parte de una inmensa línea de vida que se extiende a través de millones de años". - Robert T. Bakker, paleontólogo

martes, 11 de julio de 2023

La regla de las 4 R para criar a niños sin castigos, según el psicólogo Rafa Guerrero

 

LUCÍA MOLINA       |   vanitatis.eslconfidencial.com      |     25/05/2023

 

El castigo es uno de los temas que más se han estudiado en los últimos años en la psicología infantil, pues tiene muchos efectos en la mente de los niños.

La educación tradicional muchas veces ha estado caracterizada por basarse en la rigidez, en el respeto impuesto, en el chantaje y en el castigo. Sin embargo, en la actualidad, cada vez es más común ver otro tipo de educación, aquella basada en el respeto y en la comunicación.
 
Precisamente, es este tipo de educación la que permite que los niños desarrollen mejores capacidades de empatía, pues tener una buena relación con los padres es fundamental para que confíen en su entorno y en ellos mismos.
 
De esta forma, el psicólogo Rafa Guerrero, explica que los castigos son sustituidos por las consecuencias. Un tipo de enseñanza, que consigue muy buenos resultados en un medio-largo plazo y que tiene en cuenta el desarrollo y las necesidades del menor. 
 
Las consecuencias que se apliquen pueden ser de tipo natural, es decir, aquellas que se dan sin que los padres o maestros intervengan de ninguna manera, o bien pueden ser lógicas, en donde sí interviene el adulto. Sin embargo, para que una consecuencia sea efectiva, el psicólogo afirma que deben de seguir cuatro requisitos, que te describimos a continuación.
 
Respetuosa
 
La consecuencia debe de respetar al menor y tenerle presente en todo momento. El objetivo de este tipo de reprimenda es que aprenda, no que sienta miedo. Además, mostrar respeto hacia tu hijo es primordial para que estos confíen en ti y se sientan más seguros conforme pasen los años.
 
Razonable
 
Todas las consecuencias que apliques deben de ser sensatas y razonables, evitando la exageración en todos los casos. Si tu hijo no comprende la reprimenda, no aprenderá de ella. Si como padre le dices algo que no tiene sentido, los menores sentirán impotencia y frustración, que llevará a rabietas.
 
Revelada con anterioridad
 
La anticipación es uno de los recursos fundamentales, que los padres pueden usar con sus hijos en su crianza. Explicarles qué es lo que va a ocurrir si no hacen una determinada tarea o función es una herramienta muy útil de aprendizaje, pues ayuda a los niños a anticiparse sobre las consecuencias que pueden tener sus actos.
 
Relacionada
 
Por último, este punto tiene que ver con la segunda R mencionada, la de razonable. La consecuencia debe de tener una relación con el acto que se ha llevado a cabo. Es decir, si no existe una continuidad entre la acción y la consecuencia, es posible que lo que se esté aplicando sea un castigo. 
 
Siguiendo estas cuatro claves podrás ayudar a tu hijo a vivir una vida más plena, no solo consigo mismo, sino también con todo aquello que lo rodea. Los castigos pueden hacer sentir a los niños emociones de defensa como la rabia, el miedo o la tristeza.
 
Si se aplican consecuencias basadas en el respeto y la comunicación, los menores podrán aprender a comprender sus emociones y las de su entorno, logrando tener esa cualidad tan necesaria en la vida, la empatía.

domingo, 9 de julio de 2023

Mark A. Horowitz, investigador en psiquiatría:"Se convenció de que la depresión es fruto de un desequilibrio químico a base de repetirlo durante cuatro décadas"


LOIS BALADO       |       lavozdelasalud-galicia      |      16/06/2023

Tras participar en uno de los estudios más polémicos y compartidos de la revista 'Nature' sobre psicofármacos, el científico reivindica un nuevo enfoque del tratamiento de la patología mental

¿Qué está pasando en un cerebro de una persona con depresión? Esa es la gran pregunta. Todos aquel que no forme parte del mundo académico podría hallar una respuesta recorriendo el camino inverso. ¿Qué efecto provocan en nuestro cerebro los antidepresivosEl citalopram, el escitalopram, la sertralina, la fluoxetina son algunos de los antidepresivos más consumidos y todos ellos pertenecen a la misma familia: son Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRS). El silogismo es fácil. Si estos antidepresivos funcionan 'corrigiendo' los niveles de serotonina (un neurotransmisor), concluimos que la serotonina juega un papel clave en la depresión. Y así se lleva tratando el problema cuarenta años.

Pero en julio del 2022 cayó una bomba en forma de estudio en la Nature. A la revista científica se le presupone un estricto rigor a la hora de revisar las investigaciones que publica, de ahí el revuelo que causó la aparición del paper «The serotonin theory of depression: a systematic umbrella review of the evidence», un trabajo en el que, tras revisar buena parte de los estudios científicos sobre la influencia de la serotonina y los ISRS en la depresión, los investigadores concluían que no existen pruebas suficientes para afirmar con rotundidad que este 'desequilibrio químico' con la serotonina sea el causante de la depresión. El trabajo se ha convertido en uno de los 300 artículos más compartidos de la historia de la ciencia.

Mark A. Horowitz, miembro honorario de investigación clínica en psiquiatría en el University College de Londres y también miembro del equipo de investigación psiquiátrica del National Health Service (NHS) británico, es uno de los firmantes de este estudio. Un trabajo que ha sido ampliamente contestado por muchos colegas de profesión. Tanto a él como a sus compañeros les han llovido las críticas. 

—Su artículo comienza con una afirmación contundente: «Las encuestas sugieren que el 80 % de la población asume como algo establecido que la depresión está causada por un 'desequilibrio químico' en el cerebro». Algo que vosotros ponéis en duda.

—Vamos más allá de la duda. Diría que no hay pruebas que nos indiquen que la depresión está causada por un desequilibrio químico. No hay evidencias científicas sobre esto. 

—La teoría serotoninérgica y el tratamiento con antidepresivos del grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, algunos tan famosos como el citalopram o la fluoxetina, se basan en que esa teoría es cierta. ¿Cómo es posible que a estas alturas salte esta discusión?

—La razón por la que se convenció a la población de que la depresión es producto de un desequilibrio químico se debe a la repetición de esta hipótesis durante cuatro décadas. El resultado es que esto ya ha calado en la sociedad, hemos llevado la idea de este desequilibrio químico a los ambientes más cotidianos, pese a que no existe en absoluto una base científica que lo sustente. 

—Pero es que estos antidepresivos se dan en todo el mundo a millones de pacientes, hay cientos de estudios sobre el tema, cuesta creer que nadie se haya dado cuenta antes.

—Los psiquiatras como yo hemos sido educados y entrenados bajo la idea de que la depresión está causada por un desequilibrio de la serotonina y de otros neurotransmisores. Eso es lo que yo solía decirle a mis pacientes porque fue así como me lo enseñaron. De hecho, llegué a transmitírselo a mis estudiantes. Tanto yo como otros muchos colegas lo hemos visto reflejado en artículos académicos, la mayoría de ellos elaborados entre 1990 y 2010, en los que se incluye muchísima discusión sobre el papel de la serotonina en la depresión, sugiriendo, en un lenguaje mucho más complicado, que la causa era estos bajos niveles de serotonina. No se usa literalmente la frase de “desequilibrio químico”, pero cuando pasas de los libros de texto a los pacientes, sí es el tipo de lenguaje que se utiliza. En el mundillo, era sabido que no existía evidencia suficiente sobre esto en, al menos, los últimos 25 años. Una de las respuestas que recibimos a nuestro artículo fue «es un tema interesante, pero ya lo sabíamos». Y es cierto que esto era así en el mundo de la psiquiatría. Existía esta discusión sobre la falta de pruebas sólidas en los últimos años. Puede no haber sido una sorpresa para ellos, pero, pese a que se estaba hablando en estos círculos, nadie le dijo nada de esto a la gente. 

—¿No cree en absoluto en que la serotonina tenga un papel en la depresión?

—No creo en cosas sobre las que no tengo pruebas. Existen 57 años de investigación en esto, se han gastado decenas de miles de millones de dólares. Análisis genéticos, análisis sanguíneos, estudiar las neuronas, se han diseccionado cerebros en cientos de estudios. Ninguno ha encontrado pruebas sobre esta teoría. Es cierto que es muy difícil probar también lo contrario, pero en este momento, para mí no existe explicación contundente.

—Su estudio es, claramente, controvertido. ¿Qué respuesta han obtenido?

—Ha sido uno de los 3.000 artículos más compartidos en la historia de la ciencia. Ha sido ampliamente compartido. Nature nos permite ver algunas de las mediciones sobre los compartidos que ha tenido un estudio. Estas son las métricas —aquí el investigador comparte la pantalla con La Voz de la Salud— que muestran cuánta atención ha recibido una publicación en Nature. Hay 22.000.000 de estudios publicados sobre ciencia y el nuestro ha alcanzado el top-300. Se trata de uno entre un millón. Está en el top-10 de artículos más compartidos en el último año y top-300 en la historia de la ciencia. Hemos estado en la televisión australiana, en la de Inglaterra y en Estados Unidos. Y sí, el New York Times escribió sobre nuestro estudio, pero lo hizo para cuestionarlo y debatir las conclusiones. Bueno, yo puedo darte mi visión. La depresión es una respuesta normal de los mamíferos ante situaciones de estrés continuadas. Si le pegas a un perro, el perro se irá a una esquina y llorará; si separas a un mono de su grupo, chillará. Los humanos, como los animales, padecemos estrés y puede llegar a superarnos cuando cosas terribles nos suceden en la vida. Si rompes con tu pareja, si pierdes tu empleo, si enfermas, es muy probable que aumente el riesgo de depresión. La depresión es, muchas veces, el coste de que las cosas vayan mal en nuestras vidas. Influye la biología, la personalidad, etcétera. Llevamos treinta años investigando con qué frecuencia una persona cae en depresión. Te lo pregunto a ti: ¿qué proporción de gente padece síntomas clínicos de depresión o ansiedad a lo largo de su vida? ¿Cuánto dirías?

—No lo sé, ¿un 15 %?

—El 86 %. Básicamente, lo opuesto al 15 %. Es una respuesta completamente normal a la vida. Si nunca has estado deprimido o ansioso, formas parte de un grupo muy pequeño de personas. Casi todos pasamos por eso. Pero en los últimos cuarenta años, nuestro concepto de depresión y ansiedad ha sido transformado. Se nos ha dicho que es una enfermedad mental y que por eso teníamos que mirar dentro del cerebro para encontrar un problema químico, cambiar esa química y arreglar el problema. En este relato, si tenemos un problema químico, podemos encontrar una solución química. 

—Es que si rechazamos a la química, ¿qué nos queda?

—Por supuesto que todo gira alrededor de la química. Nuestro cerebro funciona con electricidad y con química. Sentirse feliz, triste, irritable, hambriento... todo son procesos químicos del cerebro. Pero eso no significa que sea la perspectiva correcta con la que acercarse para resolverlos. Por ejemplo, si tú me cuentas que eres infeliz porque has roto con tu pareja y yo te contesto: «Vale, vamos a ir a la raíz del problema, hablemos de la química de tu cerebro», ante semejante estupidez de respuesta probablemente no querrás ser más mi amigo. La respuesta correcta sería preguntarte qué es lo que ha pasado, qué te ha dicho, etcétera. Por supuesto que estar triste porque tu pareja ha roto contigo es un proceso químico-eléctrico, pero es un punto de vista ridículo para tratar de entender las cosas. Lo importante es lo que está pasando en tu mente y en tu vida. Creo que, culturalmente, se nos ha convencido para hablar de química y electricidad y no de mentes y de la vida. Si alguien está mal porque ha perdido su trabajo, tendremos que ayudarle apoyándole o buscándole otro trabajo, no tratando de manipular químicamente sus miedos sobre el futuro. Pero lo cierto es que hemos asumido esto culturalmente por muchas razones, y el peso de la industria es solo una de ellas.

—Entiendo que desechar la química y relacionar la depresión con problemas vitales ha debido de causar gran revuelo. 

—Medios como el New York Times, que publicó un artículo enfrentándose a nosotros, plantearon una falsa dicotomía: si no es el cerebro el que causa la depresión y la ansiedad, significa que estás culpando a la gente de padecer depresión o ansiedad. Algo a lo que se ha llamado la falsa dicotomía del brain-blame (cerebro-culpa, en inglés). Según esto, no asumir que la depresión es una enfermedad mental, significaría que le estás diciendo a la gente que no es suficientemente fuerte. Yo creo que hay una tercera manera de pensar que consiste en asumir que vivimos un momento histórico con circunstancias difíciles al que la gente responde sintiendo ansiedad o depresión. No estoy diciendo que la gente sea débil, porque yo mismo he padecido depresión y he sido medicado con estos fármacos. Simplemente, creo que no es el mejor modo de abordar el problema de la depresión. El New York Times y otros periódicos han sido muy beligerantes porque se han casado con la idea de que la depresión es una enfermedad mental. Que esto va de proteger a la gente y no culparles. Nuestro artículo nos ha costado sufrir una fuerte repulsa, mucha ira por este cuestionamiento sobre la enfermedad mental, porque es incómodo verlo desde esta perspectiva. Se nos ha acusado de culpar a la gente.

—Y usted cree que es una crítica injusta, entiendo.

—Lo que yo creo es que a la gente con cerebros normales que experimentan sensaciones negativas más que comprensibles, se les han dado fármacos sobre los que nos falta mucha información. 

—¿Una depresión no se puede curar con fármacos?

—Hay dos formas de ver los tratamientos farmacológicos psiquiátricos. Uno es el llamado disease intermodal of psiquiatric drugs, pensar en ellos como en cualquier otro tipo de fármacos existentes en la actividad clínica de la medicina. Si sufres una infección bacteriana, te darán un antibiótico; el antibiótico mata a la bacteria y cura la infección. Se ha tratado de llevar esta misma lógica a los fármacos psiquiátricos. Por eso la teoría del desequilibrio químico ha sido tan importante. «Hay un problema químico que el antidepresivo va a solucionar» y muchas veces se usa la coletilla de «como la insulina para la diabetes». Si no tienes suficiente insulina, te la inyectas y mejoras. Hasta en el propio nombre, antidepresivo, suena parecido a antibiótico. La diferencia es que no hay pruebas que demuestren ni que haya un desequilibrio químico ni que los fármacos lo solucionen. La otra forma de observarlos es bajo el llamado drug sympton model. Las drogas psiquiátricas (el entrevistado habla de drugs, que en inglés se usa como sinónimo de fármaco actúan sobre nuestra mente modificando nuestra forma de pensar y nuestras sensaciones. El alcohol es bueno contra la ansiedad social: si estar entre mucha gente te pone nervioso, beber alcohol aumentará tu sensación de calma y estarás más desinhibido. Pero nadie se atrevería a decir que el alcohol está resolviendo el problema subyacente de la ansiedad, simplemente es lo que el alcohol provoca a todo el mundo. Hay un grupo de psiquiatras que defienden que esto es lo que hacen los antidepresivos. No solucionan el problema, sino que cambian nuestra forma de pensar y de sentir, y esto puede suponer una ayuda o no.

—¿Entonces sí pueden ayudar?

—Si le preguntas a alguien cómo un antidepresivo le hace sentir, la respuesta más común, la número uno, será que les hacen sentir entumecidos; menos emocionales. Su rango de emociones se reduce. Tanto las negativas como las positivas; sienten todo de manera menos intensa. Reducir las posibilidades de experimentar pánico o ansiedad suele ser percibido como un alivio. Pero eso no es solucionar el problema. Puede ser un recurso para el corto plazo, pero cuando piensas a largo plazo hay consecuencias. Ese entumecimiento va a afectar a tus relaciones, a la sensación de quién eres. Puede afectar a tu calidad de vida. Un efecto secundario muy común es el entumecimiento sexual. La pregunta es, ¿puede esto ayudar? Tal vez se pueda discutir sobre el corto plazo, pero yo argumentaría que sucede un poco como con en el alcohol para combatir la ansiedad: una solución a corto plazo que va a causar problemas en el largo. 

—Pero es que muchas veces las personas necesitamos solucionar problemas inmediatos. 

—En el corto plazo, también causan muchos problemas. Pensemos en el el alcohol de nuevo: pérdida de concentración, problemas de memoria y, en el largo plazo, daño cerebral. Hay muchísimas pruebas de los daños que pueden provocan los antidepresivos. Si abres una caja de antidepresivos y lees el prospecto, podrás repasar todos los efectos secundarios. Todo lo que se da por cierto en el alcohol y otras drogas lo vas a encontrar en esa lista. Los antidepresivos causan problemas sexuales —en el orgasmo, a la erección y a la eyaculación—. La EMA ya reconoce que estos problemas pueden prolongarse durante años después de dejar el tratamiento y que incluso podrían ser permanentes. Provocan problemas de memoria, de concentración, alteran el sueño, náuseas. En el largo plazo los estudios demuestran que las personas que consumen antidepresivos tienen un mayor riesgo de infarto, enfermedad cardiovascular, muerte temprana, fracturas, cataratas, osteoporosis... porque estos fármacos afectan a todas las partes de nuestro cuerpo. Cuando partimos de la premisa de que estos fármacos solucionan un problema químico, usar antidepresivos nos suena a algo totalmente natural y lógico. El darnos cuenta de que no hay un problema con la serotonina en la depresión, conlleva a que estamos añadiendo artificialmente drogas para incrementar nuestros niveles de serotonina. Un ejemplo. Los antidepresivos actúan de maneras muy similares al MDMA o el éxtasis. Ambos tienen como objetivo la misma proteína, los transportadores de serotonina. El éxtasis, obviamente, de manera más fuerte que los antidepresivos. Pero imagina qué coste tendría para tu salud una pequeña dosis de éxtasis todos los días. Al principio puede mejorar tu estado de ánimo, pero su uso continuado no produce personas felices, sanas y funcionales. 

—Sin embargo, con estos fármacos existe una mejoría en muchos pacientes, ¿qué explicación le dan?

—Por supuesto hay una parte de efecto placebo. Sucede con muchas cosas: depresión, ansiedad o dolor, que parecen resolverse por el poder de la expectativa. Si te digo que esta pastilla te va a ayudar, la gente espera sentirse mejor y, finalmente, se siente mejor. Mira —aquí el entrevistado comparte su pantalla con La Voz de la Salud y muestra una serie de gráficas—, este es un trabajo que realizan todas las compañías farmacéuticas, una gráfica que muestra qué es lo que sucede durante las seis primeras semanas de consumo de un fármaco. La gente que recibe placebo mejora 10 puntos; si se les suministra el fármaco, mejoran 12 puntos. Hay diferencias muy pequeñas. A cualquier persona que le des cualquier pastilla, aunque sea solo de azúcar, mejoran de su problema. Hay tres razones por las que esto sucede. La primera es que, desde el pico mayor de depresión o ansiedad, seis semanas más tarde vas a estar mejor. Esto se aplica para cualquier cosa. Tras el punto máximo de un dolor, por ejemplo de cabeza, voy a estar mejor seis semanas después. Lo segundo es que la gente se recupera de los problemas de manera natural, la gente supera las cosas. Rompes con tu pareja, pierdes el trabajo, pasas un tiempo tirado en tu cama viendo la televisión hasta que quieres volver a salir y hacer planes. Recuperación natural. El tercero es el efecto placebo. Esta pastilla me va a hacer sentir mejor. Sabemos que esto explica, al menos, el 80 % de los efectos de los antidepresivos.Y sabemos que hay una diferencia muy pequeña, reconocida incluso entre los mayores defensores de estos fármacos. Y hay otro aspecto, que es que mucha gente asegura seguir mejorando después de varias semanas, cuando sabemos que la droga ya no está activa. Esto es la historia de absolutamente todas las drogas. Los opioides contra el dolor dejan de funcionar, el diazepam deja de funcionar, también el alcohol. Se desarrolla tolerancia. Así que incluso el más mínimo efecto que se haya podido registrar en las primeras seis semanas, desaparecerá con el tiempo. Por tanto, hay muchas pruebas de que, en el largo plazo, estas medicaciones o no funcionan o la hacen de manera muy tímida.  

viernes, 7 de julio de 2023

Jacobo Torrón, psiquiatra gallego; "En salud mental hemos pasado del mutismo al ruido"

 

ANDREA PÉREZ-BOUZADA        |       www.elespañol.com      |      12/06/2023

 
Este experto considera que el teléfono móvil es "el tóxico del momento", con los menores como los grandes perjudicados de su mal uso: "Es un arma con la que pueden ser acosados, acosar, ver violencia... Si no pueden conducir o beber alcohol antes de los 18, quizás no deberían tener un móvil"

La salud mental ha tomado una posición muy diferente en la sociedad tras la pandemia. Se le ha comenzado a dar una visibilidad que no tenía y se ha empezado a desestigmatizar una parte de la medicina que en ocasiones se ha considerado una especialidad de segunda. No obstante, a pesar de los avances, el psiquiatra vigués Jacobo Torrón Vázquez-Noguerol asegura que aún queda mucho por hacer.

"Indudablemente esta es la parte buena de la pandemia, que se hable de salud mental y que se destinen fondos a investigación, pero los recursos eran tan insuficientes, estábamos tan mal respecto a otros países, incluso en Galicia respecto a otras comunidades, que las inversiones, que son fantásticas, siguen siendo insuficientes. Se sigue viendo que faltan psicólogos, que faltan camas. Estamos mejor, pero todavía falta", cuenta el experto.

Psiquiatra en la Clínica El Pinar, y miembro de la Asociación Gallega de Psiquiatría, Jacobo Torrón cree que promover una psiquiatría científica es también uno de los grandes retos de esta especialidad. "La salud mental se ha visto muchas veces como una pseudociencia, como si los psiquiatras no fuéramos médicos. Se está empezando a ver de otra forma pero aún así hay mucho por hacer, somos una rama de la medicina como es la ginecología, la traumatología o la neurología, y hacen falta más recursos", asegura.

Los jóvenes, en el foco

La crisis sanitaria hizo saltar las alarmas de la importancia de la salud mental en todas las franjas de edad, si bien, el foco mediático se puso fundamentalmente en la población más joven. Aunque el doctor Torrón explica que sí fue uno de los núcleos más afectados, el otro extremo también ha sufrido las consecuencias de este momento excepcional que se ha vivido de forma global.

Precisamente sobre ese foco, el de los jóvenes y menores, y la forma de visibilizar esta rama de la medicina, Torrón Vázquez-Noguerol se muestra contundente: "Hemos pasado del mutismo al ruido". Así, este doctor cree que es necesario comunicar, pero que requiere un especial cuidado el trato de la información, y no sólo por el efecto llamada o efecto Werther que se puedan relacionar con los suicidios o los actos violentos, sino por la manera de hacer visible la salud mental incluso en las series de ficción.

"No solo se habla de salud mental en los medios de comunicación, a mí me preocupan, por ejemplo, las series de televisión que hay de adolescentes con las que se sienten identificacos en unas edades en las que, además, son más vulnerables. Parece que que está todo el rato presente el acoso, el acosador, el que sufre, la víctima, y cómo se tratan de resolver esos problemas con autolesiones, consumo de drogas o incluso el suicidio", destaca el psiquiatra gallego.

"Cuando somos jóvenes nos identificamos con ideales que podemos ver, ya sea un personaje del deporte, un actor en una película o un personaje de una serie, a todos nos ha pasado, pero es que hoy en día ese personaje se corta porque fulanito no le responde a los WhatsApps. Al final, que te identifiques con estos modelos que presenta la ficción es tremendamente patológico", añade.

El teléfono móvil, "un arma" para los menores

Con el tiempo y los avances en materia de salud mental se le han ido poniendo también nombre a algunas conductas, como es el caso de bullying. ¿Se sobredimensiona un problema al categorizarlo? Jacobo Torrón cree que no y que, incluso, puede ser beneficioso. "Siempre ha habido acoso en los colegios, igual que siempre ha habido queme laboral o síndrome de burnout. El nombre no sobredimensiona el problema, lo que sí lo hace es nuestro estilo de vida. Las nuevas tecnologías hacen estos problemas más intensos", apunta el médico vigués.

"No es lo mismo fumar un cigarrillo que fumar una cajetilla. El daño no va a ser el mismo. Y tampoco es igual que te acosen durante la jornada lectiva de seis u ocho horas que si esto acaba y te siguen vacilando por grupos de WhatsApp, por redes sociales... es 24/7, y el daño tampoco es el mismo. Creo que esto sí que es lo que realmente está ocurriendo; es el problema, desde mi punto de vista, de la tecnología mal usada", añade.

Este psiquiatra compara el uso de teléfonos móviles con otras actividades no permitidas para menores de edad, como el consumo de alcohol o la conducción de un vehículo pesado. "No permiten beber alcohol hasta los 18 años porque el cerebro no está formado y tiene efectos perniciosos; tampoco se puede conducir hasta esa edad porque se entiende que el cerebro no está preparado para una adecuada toma de decisiones. Sin embargo, vemos niños de 11 años con teléfonos con los que pueden hacerse fotos desnudos, pueden acceder a porno, ver violencia, acosar o ser acosado", explica este médico que considera que se trata del principal "tóxico del momento actual".

El experto cuenta cómo hay países en los que el uso de las nuevas tecnologías ya se está regularizando, algo que, considera, debería llegar cuanto antes. "En Silicon Valley, donde empezó a introducirse las pantallas en las clases, ya hace años que las han quitado. Y recientemente salió una noticia de que en Suecia han dado marcha atrás también con estas iniciativas, y en las aulas han vuelto a los libros de texto", sostiene.

Cuando preguntar tiene un efecto protector

En los últimos meses han trascendido en medios de comunicación casos terribles de suicidios de jóvenes que, sin duda, generan un gran impacto en la sociedad, ante lo que muchas personas se preguntan: ¿Cómo se detectan las señales de alarma? En este sentido, Torrón Vázquez-Noguerol apunta que, en primer lugar, no hay que hiperresponsabilizar o culpabilizar a los padres. "Parece que tenemos que detectar señales de alarma, pero no siempre las hay. A veces, esto ocurre incluso por un acto impulsivo, algo que no es previsible", explica.

No obstante, en general, señala que "evidentemente tenemos que estar alerta cuando existen cambios comportamentales o conductuales en un niño o un adolescente". "Si es una persona que suele salir a hacer deporte y de repente deja de hacerlo, que suele quedar con amistades y de repente deja de hacerlo, que tiene cambios, por ejemplo, en el sueño o en el apetito, que deja de asearse, de cuidarse, son señales que nos orientan, y nos dicen que a nivel psíquico algo puede estar pasando", cuenta.

Jacobo Torrón hace hincapié en la importancia de perderle el miedo a preguntar. El médico vigués sostiene que muchas veces es difícil para los jóvenes abrirse a un familiar, por lo que pedir ayuda externa puede resultar muy beneficioso. "Es importante estar familiarizado y preguntar, algo que se ha visto que tienen un efecto protector", afirma.

Terapia electroconvulsiva, "tan segura como eficaz"

Si los jóvenes han estado en el centro del interés de la opinión pública en lo que a temas de salud mental se refiere, las terapias electroconvulsivas han ocupado también numerosos titulares en la comunidad gallega tras recibir un paciente este tipo de tratamiento sin el consentimiento de su familia. Algo que, según se ha conocido, fue autorizado por un juez al no estar el paciente en condiciones mentales para decidir.

Sobre el uso de este método, Jacobo Torrón, ratifica que se trata de un tratamiento "tan seguro como eficaz". "La electricidad para tratar problemas mentales se usa desde hace muchísimos años, pero las técnicas se han ido perfeccionando, hasta tal punto que es de primera indicación para embarazadas. Antes no había relajantes musculares, no se hacía bajo anestesia, y evidentemente tenía unas secuelas importantes, pero hoy se hace en un quirófano bajo inducción anestésica, con relajación muscular y es un tratamiento tremendamente efectivo y seguro", sostiene.

Además de este tratamiento, la Clínica El Pinar practica diversas técnicas vanguardistas para tratar algunas patologías, como la depresión resistente o el trastorno obsesivo compulsivo resistente, con estimulación magnética transcraneal. "También somos pioneros en disponer de una unidad de trastorno límite de la personalidad", apunta Jacobo, quien asegura que al contar con estas técnicas y esta unidad "son casos que vemos con mucha frecuencia".

miércoles, 5 de julio de 2023

Qué es la clinofilia o por qué no se quiere salir de la cama: causas, síntomas y tratamiento


ALIMENTE- EL CONFIDENCIAL     |     01/04/2023

 

A mucha gente le encanta estar tumbada en la cama sin nada que hacer. Sin embargo, esto puede derivar en un problema serio si se convierte en algo habitual. Descubre qué es la clinofilia

 

Mucha gente es perezosa por naturaleza y no lleva bien madrugar. Levantarse de la cama supone un verdadero esfuerzo, por lo que los fines de semana aprovechan para descansar y hacerse los remolones más de la cuenta. Es algo normal. Como lo es también el no querer salir de la cama cuando estamos tristes cansados. No necesariamente uno tiene que estar durmiendo. A veces basta con estar tumbado dejando pasar el tiempo porque la apatía o la falta de energía invade nuestro estado de ánimo.

Sin embargo, cuando esta situación no es ocasional y se convierte en una tendencia habitual o crónica, ya sea debido a trastornos psiquiátricos o mentales (como la depresión, la ansiedad, el estrés, la esquizofrenia o la bipolaridad) o un elevado malestar emocional (muerte de un ser querido, problemas de pareja o falta de objetivos vitales y autorrealización), estaríamos hablando de la clinofilia. Esta situación de estar encamado o tumbado no se debe en ningún caso a una enfermedad orgánica o biológica, puesto que el sujeto puede levantarse sin problemas de la cama.

 

No se puede considerar que la clinofilia sea un trastorno, sino más bien una actitud nerviosa o manifestación conductual que sí podría estar anunciando la existencia de un problema mayor, asociado generalmente a un malestar emocional o psicológico que conlleva sufrimiento. Estar tumbado es una forma de protegerse del exterior y evitar relacionarse con el resto, lo que provoca que el problema sea resuelto, porque no se disponen de los recursos o herramientas suficientes o adecuadas para hacer frente a la situación.

 

Síntomas y tratamiento

 

Entre los síntomas está la tendencia a permanecer prácticamente inmóvil y pasivo en la cama, y suele acompañarse de apatía, tristeza, fatiga mental o física, irritabilidad, cambios de humor, la necesidad de estar solo y dificultades para ver el lado bueno de las cosas. Puede incluso aparecer en forma de llanto, o todo lo contrario, es decir, falta de sensibilidad, como un estado de anestesia emocional. También afecta al sueño, generando hipersomnia que viene acompañada de insomnio nocturno y falta de sueño reparador.

 

Todo ello puede rayar en la obsesión y terminar afectando tanto la vida profesional (impuntualidad, absentismo, falta de concentración) como la personal (aislamiento del entorno más cercano), debido a una baja autoestima, lo que deriva también en un fuerte sentimiento de culpa por no estar realizando una vida normal como todo el mundo. 

La clinofilia puede tratarse mediante una terapia psicológica de tipo conductual que trabaje el cambio de creencias y pensamientos, y establecer pautas y estrategias para afrontar la situación por la que se está atravesando. Poco a poco, el paciente irá recuperando la normalidad al incorporar determinadas actividades a su vida diaria y favorecer su empoderamiento, lo que reforzará que adquiera otros puntos de vista para resolver los problemas de forma válida y capaz.