miércoles, 19 de julio de 2023

8 cosas que aprendí escribiendo sobre salud mental que me están haciendo la vida más fácil


ANA MORALES        |       www.vogue.es         |       10/10/2022

La necesidad de esta conversación en los medios de comunicación durante los últimos años me ha reportado muchos beneficios a nivel personal

La conversación sobre la salud mental es justa y necesaria. En 2022 no se duda de ello y cada vez se habla de este tema con más naturalidad, trascendiendo el debate también a la esfera política. Pero cuidar la salud mental al mismo nivel que la física es una necesidad que todavía hoy tenemos que seguir asimilando, interiorizando y naturalizando. Como periodista que lleva varios años escribiendo sobre ello –es uno de los temas sobre los que más me reconforta hablar– he intentado, aunque no siempre lo he conseguido, llevar a la práctica varias de esas maravillosas recomendaciones que los expertos me han dado en todas y cada una de las entrevistas que he hecho sobre psicología y salud mental. Son muchas, y difíciles de reducir a unas pocas líneas, pero he intentado hacer el ejercicio de resumir todas aquellas que se han grabado en mi mente y que de alguna manera me están ayudando a hacerme la vida más fácil.

 

#1.El autocuidado no es ser egoísta

 

Por qué cuidarse a una misma debería ser una prioridad en nuestra vida fue uno de los primeros artículos que escribí sobre salud mental y, sin duda, uno de los titulares que más he intentado repetirme a mí misma cuando me he sentido mal por dedicar un rato a mi cuidado físico y mental. Y lo suelo hacer recordando la explicación que me dio la psicóloga Sara Noheda: “Yo podré ayudar en la medida de cómo me encuentre. Si no estoy bien, no tengo nada para dar. Todo empieza en mí. No es un planteamiento egoísta sino realista”, decía. Además, el pensar que cuidarnos a nosotras mismas no es una prioridad suele desencadenar en otro pensamiento negativo: creer que los demás tienen que hacerlo por nosotras y entrar en una inercia de queja negativa que no beneficia a nadie.

 

#2.Preocuparse por todo no es más responsable

 

Hasta hace poco pensaba que malgastar mi energía con hipótesis que pueden pasar ante ciertas situaciones era necesario. Que preocuparme antes de que las cosas ocurriesen era una manera de adelantarme y estar preparada si algo malo pasaba. Pero cuando caigo en ese overthinking peligroso, pienso en esta frase de la psicóloga Ana Gutiérrez Laso: “Preocuparse no significa estar haciendo lo correcto. La ‘pre-ocupación' define el estado interno anterior a 'ocuparte' eficazmente de algo, y no se trata de perder energía en los previos, sino de ponerte manos a la obra cuanto antes. Preocuparte no significa que estés haciendo lo adecuado para afrontar una situación y, cuando la preocupación es excesiva, te lleva al bloqueo en vez de a una respuesta eficaz”.

 

#3.La positividad se puede trabajar

 

Hace tiempo que no quiero quedarme en la mentalidad conformista de creer que la positividad es un estado de ánimo que se une de forma inexcusable con la personalidad y con la que se nace o no se nace. Es un argumento fácil que varios expertos me han desmontado en muchas entrevistas. “Se puede aprender a ser a ser positivo, pero hay que esforzarse y ser constante para conseguirlo. El cambio es costoso porque nuestra mente está acostumbrada a pensar y mirar de una determinada manera totalmente diferente a lo que se desea”, me contaba Blanca Tejero Claver, investigadora del grupo de ciberpsicología de UNIR. Teniendo en cuenta que siendo positiva seré capaz de encontrar mejores soluciones, merece la pena hacer ese esfuerzo.

 

#4.No puedo llegar a todo

 

Los mensajes de empoderamiento que nos hacen creer que podemos llegar absolutamente a todo pueden generar esa llamada positiva tóxica que nos crea efectos negativos cuando no conseguimos lo que queremos. Pero la realidad es que el fracaso forma parte de la vida, que como me dijo en cierta ocasión el psicólogo José Elías “los fracasos son peldaños de éxito” y que no se puede llegar a todo. “Siempre hay algo que hacer, nuestras vidas cada vez son más complejas, aprender a detectar lo que no tiene que pasar de hoy y lo que puede dosificarse durante la semana ayuda mucho”, añade la psicóloga Ibana Hijosa Sola.

 

#5.La autoestima es un trabajo de equipo


Hace tiempo oí hablar a la actriz Cayetana Guillén Cuervo de la necesidad de crear "una telaraña femenina de solidaridad entre mujeres”, algo que considero aún más necesario después de saber que hay varios estudios que demuestran que ya desde la infancia las niñas tiene menor autoconfianza. En 2017 en la revista Science se concluyó que las niñas de seis años son menos propensas que los niños a creer que miembros de su género son ‘inteligentes’ y ‘brillantes’. Por eso, me gusta practicar el refuerzo positivo con las personas que me rodean, decirles los aspectos buenos que destacan de ellas y hablarles con cariño. Me hace sentir bien y eso también ayuda a mi salud mental (y a la ajena).

 

#6.Intentar hablarme como a mi mejor amiga

 

“Cuando una mujer se convierte en su mejor amiga, la vida es más fácil”. Esta frase es de Diane Von Furstenberg y encierra una gran verdad que deberíamos intentar poner en práctica siempre. ¿Cuántas veces nos hablamos a nosotras mismas de una manera exigente y dura que nunca emplearíamos con cualquier otra persona? No diré que fuese fácil –sigo siendo excesivamente dura conmigo misma cuando cometo errores–, pero intento recordar esta frase y la explicación que me dio el psicólogo Jesús Matos: "Aprender a modificar la manera en la que nos tratamos a nosotros mismos tiene la capacidad de modificar nuestro estado de ánimo".

 

#7.Hablar de salud mental en público

 

En los últimos años son muchos los personajes públicos que han hablado sobre su estado de ánimo, normalizando una conversación que durante mucho tiempo se consideraba casi un tabú. Hablar de la salud mental ante los demás como hablamos de otros aspectos de nuestra salud es muy beneficioso y, tal como explicó la psicóloga Ana Gómez de Escauriza, “compartir nuestros sentimientos y emociones nos ayudará a gestionarlos y regularlos mejor”.

 

#8.Pensar menos para tener más energía

 

En la era del overthinking y de la incertidumbre me ha ayudado mucho intentar hacer procesos de higienización mental y minimalismo psicológico. No es sencillo parar esos pensamientos circulantes que te llevan a un bucle peligroso, pero cuando veo que asoman intento pensar en esta recomendación de Pilar Guerra. “Es imposible ser feliz cuando nos convertimos en adivinadores de pensamiento. El gasto de energía es extremo: no hay peor ejercicio que hacer los 100 metros lisos dando vueltas en el primer metro cuadrado”, afirma rotunda.

¡Quiérete mucho!

lunes, 17 de julio de 2023

Por qué la salud mental es un derecho

MARINA PINILLA      |      Ethic      |      26/01/2023

Aunque todos los ciudadanos tenemos derecho a la salud mental, la atención psicológica sigue siendo en realidad un privilegio reservado para unos pocos. Cambiar este paradigma no es una cuestión exclusivamente social o moral, sino también económica.

El 10 de diciembre de 1948, los entonces cincuenta y ocho Estados miembros de la Asamblea General de la ONU se reunieron para consensuar y proclamar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Del total de 30 artículos, son varios los que hacen referencia a la salud, aunque ninguno haga mención a su esfera psicológica.

 

No era un documento obligatorio o legalmente vinculante, pero sí sentó un precedente para que veinte años más tarde se convirtiese en un texto de rango constitucional en nuestro país. La Constitución Española recogía su validez y ampliaba a 169 el número de artículos con el objetivo de garantizar la justicia, la libertad, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos españoles. Lamentablemente, se ignoró un requisito indispensable para alcanzar ese objetivo: la salud mental.

 

«Se reconoce el derecho a la protección de la salud», puede leerse en el artículo 43 de la Constitución Española, la cual deja claro que «compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios». A pesar de dichas palabras, no fue hasta 1993 cuando se introdujo oficialmente la figura del psicólogo en el Sistema Nacional de Salud. En aquel año, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó un total de 52 plazas como Psicólogo Interno Residente (PIR), según los datos del Ministerio de Sanidad. En 2022, en cambio, el número de plazas ascendió a 231. ¿Son suficientes? Ni mucho menos. 

 

La salud mental en el siglo XXI

 

Han cambiado muchas cosas durante las primeras décadas del siglo XXI, pero puede que la desestigmatización de los problemas de salud mental sea una de las más importantes: se habla de depresión, suicidio y ansiedad generalizada con una normalidad apabullante y necesaria. Un gran avance que no se debe a las medidas preventivas prometidas por la Constitución, sino al esfuerzo de todas las personas anónimas que lograron derribar el tabú.

 

En España, hay un psicólogo clínico por cada 16.667 habitantes

 

Hoy, el mensaje es tan claro como conciso: pide ayuda psicológica si la necesitas. El problema es dónde encontrarla. En España, hay un psicólogo clínico por cada 16.667 habitantes. Algunas de estas personas tienen la suerte de contar bien con un seguro de salud en su empresa que cubre la terapia psicológica o bien con un salario que les permite afrontar ese gasto. Otras, las más jóvenes y escolarizadas, pueden recibir atención psicológica privada gratuita gracias al seguro escolar. Sin embargo, muchas dependen única y exclusivamente de la Seguridad Social, y al recurrir a ella se encuentran con una cruda realidad: largas listas de espera y medicalización del sufrimiento.

 

«Pasaron dos meses hasta que tuve la primera consulta», relata María José, madrileña de 58 años que acudió a su médico de cabecera en busca de una cita con un psicólogo clínico por una depresión con ideaciones suicidas. La primera línea de tratamiento fueron los psicofármacos. «Recuerdo muy mal aquellos meses. Estaba muy confundida. Necesitaba hablar con alguien y que me ayudasen a salir del hoyo, no unas pastillas para acomodarme en él», reflexiona. 

 

Enrique, salmantino anónimo de 35 años, vivió una experiencia similar. Tras quedarse sin trabajo durante la pandemia, pidió a su médico una derivación al psicólogo de la Seguridad Social. Este se negó. «Me dijo que yo no necesitaba un psicólogo, que ya si eso me recetaba él algo. Que lo que tenía que hacer era trabajar. Claro que necesitaba trabajar, pero en aquel momento tenía unas crisis de pánico que no me dejaban dormir por la ansiedad. Era algo diario. No lo soportaba más», se lamenta. No obtuvo la cita pese a su insistencia, pero sí una receta de Alprazolam y Sertralina, una benzodiacepina y un antidepresivo respectivamente. 

 

No son casos aislados: son la evidencia de que, a día de hoy, la salud mental sigue siendo un derecho por conquistar; cambiar este paradigma no es una cuestión exclusivamente social o moral, sino también económica.

 

Muchas personas dependen únicamente de la Seguridad Social, que cuenta con largas listas de espera y una fuerte medicalización del sufrimiento

 

En el contexto de la salud, nos encontramos con tres tipos de costes. En primer lugar, los directos, que son aquellos relacionados directamente con la tecnología sanitaria evaluada y abarcan el personal, la hospitalización, las pruebas diagnósticas, las intervenciones, los medicamentos, el transporte al hospital, la infraestructura o los servicios informales, entre otros aspectos. También existen los costes indirectos, que hacen referencia a los cambios en la capacidad productiva de la persona que padece un problema de salud, siendo el caso más extremo la mortalidad, pero también la incapacidad laboral o las prestaciones por dicho motivo. Finalmente, los costes intangibles son aquellos que se relacionan con el sufrimiento del paciente y que prácticamente nunca se tienen en cuenta.

 

Según un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Médicas Hospital del Mar, en el año 2014 los trastornos mentales supusieron un gasto de 46.000 millones de euros anuales para España, coste que supera por creces al gasto público en sanidad. De esta cifra, el 47% del gasto se asociaba a costes indirectos, el 41% a costes directos y el 12% a costes no sanitarios o intangibles.

 

Cabría pensar que el aumento de plazas PIR que ha tenido lugar durante la última década y la visibilización de la salud mental ha mejorado la atención psicológica reduciendo el consecuente gasto público, pero no es así. Tal y como revela una investigación realizada por Fremap, mutua colaboradora con la Seguridad Social, las bajas laborales relativas a la salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021, aumentando también la duración media de estas a casi cien días.

 

Las causas más frecuentes de dichas bajas son los trastornos de ansiedad y depresión, y en ambos casos nos encontramos con una recomendación común en las guías de práctica clínica: el tratamiento de elección debe ser la psicoterapia, cuatro veces más eficaz que los psicofármacos a la hora de tratar ambas problemáticas. Esta eficacia se evidencia en una reducción de los síntomas más acusada y en una recuperación sostenida en el tiempo, tal y como sostienen múltiples estudios. A través de un ensayo realizado con un total de 1.200 pacientes pertenecientes a 28 Centros de Atención Primaria de 10 comunidades autónomas, se encontró también que la mitad de los españoles con ansiedad y depresión acuden a su centro de salud con una hiperfrecuentación, lo que conlleva 19 veces más consultas que las personas sin problemas emocionales. En consecuencia, el médico de familia sufre tal exceso de demanda que a menudo no puede dedicar más de cinco minutos a dichas consultas, prescribiendo en exceso psicofármacos que, aunque reducen de forma pasajera los síntomas de ansiedad o depresión, mantienen el origen del problema.

 

Las bajas por salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021

 

¿Se puede convertir la salud mental en un derecho constitucional? Sí, pero para ello es necesario cambiar el paradigma biologicista. La salud mental se nutre de lo psicológico, pero también de lo social y lo económico, algo que pudimos comprobar en primera persona durante el confinamiento por el coronavirus. 

 

La falta de apoyo social, la medicalización del malestar, la precariedad económica y la incertidumbre respecto al futuro laboral son caldo de cultivo para la aparición de trastornos de ansiedad y trastornos depresivos crónicos e incapacitantes. En este clima, cabe preguntarse de qué sirve una plaza PIR más o menos si todas las personas con que mantenías relaciones han tenido que emigrar y tu familia vive en una ciudad casi marginal a la que a duras penas llega el AVE; si tu médico de familia no considera relevante tu problemática y te receta, tras mediar un par de frases contigo, Orfidal a dosis bajas hasta la siguiente revisión; si tu casero quiere convertir el piso en un apartamento turístico y todos los alquileres que te puedes permitir están a hora y media de tu lugar de trabajo o si tu jefe se niega a darte de alta en la Seguridad Social y, a mayores, te exige horas extras no remuneradas. 

 

Se necesita construir la casa desde los cimientos. Si bien los psicólogos clínicos vertebran el Sistema Nacional de Salud y parte de la sociedad, también lo hacen el resto de condiciones materiales que recurrentemente se pasan por alto. De no protegerlas, la salud mental jamás será un derecho de todos, sino un privilegio de unos pocos. 

sábado, 15 de julio de 2023

El miedo de contrariar a un hijo


Sergio de Dios González       |      La Mente es Maravillosa      |    31/12/2019  

Escrito por Edith Sánchez

 

Son muchos los padres que en la actualidad sienten miedo de contrariar a un hijo. Un temor que no es inocuo, ya que en muchas ocasiones hacen que pierdan parte de su rol como autoridad y referencia de los más pequeños.

 

Crece el número de padres que tienen miedo de contrariar a un hijo. Se trata de un fenómeno al que asistimos con frecuencia, aunque muchas veces se esconda o se le ponga otra etiqueta. Encontramos, cada vez con más frecuencia, a padres inseguros, indecisos y llenos de culpa que no saben cómo disciplinar a hijos.

 

Es posible que la sobreinformación en psicología sea parte de lo que ha engordado al problema. Son tantas las indicaciones recogidas en diferentes medios, y en ocasiones contradictorias o poco precisas, que la crianza se ha vestido con un atuendo más complejo de lo que realmente es -y eso, que en sí, ya es compleja-. De esta manera, en este campo abonado, el miedo a contrariar a un hijo se ha reproducido.

 

Antes era más sencillo, o lo parecía, aunque de la misma forma se cometían errores. En una familia , los roles estaban más definidos. Los padres conservaban la autoridad durante más tiempo, tardaban más en competir con otras fuentes de información y seguridad.

 

 Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”.- Cicerón –

 

La culpabilidad en los padres

 

Si algo caracteriza a muchos padres actuales es el sentimiento de culpa o el temor a generarlo. Perciben que los peligros son grandes y afilados; además, en el poco tiempo que pasan con los pequeños, no quieren ser una fuente de contrariedad para ellos. Son un poco padres-abuelos.4

 

La culpa que experimentan los padres de hoy viene de muchas fuentes. Hay toda una serie de creencias según las cuales todo lo que le suceda al hijo en un futuro es culpa de los padres. Si es tímido, porque lo es. Si es mal estudiante, porque no estudia. Y así sucesivamente con todo.

 

No quieren ser demasiado permisivos, tampoco quieren ser demasiado estrictos. Así, en muchos casos, en la búsqueda de ese equilibrio los límites quedan difuminados. No hay unas referencias claras, porque las dudas son muchas.

 

El miedo de contrariar a un hijo

 

El miedo de contrariar a un hijo está directamente relacionado con la reacción de este. Algunos niños son criados de tal modo que jamás están listos para que les digan “no” o para que la satisfacción de sus deseos sea pospuesta. Nadie les ha enseñado a negociar con la frustración o la búsqueda de alternativas.

 

No es hasta pasada la adolescencia cuando nuestra corteza prefrontal se termina de desarrollar. Dicho de otra manera, hasta alcanzada una edad, los impulsos tiene mucha fuerza frente al autocontrol. Por eso son tan necesarios los límites o las normas, por eso es tan necesaria la educación.

 

Por otro lado, los niños no dejan de ser seres inteligentes que en muchas ocasiones persiguen un objetivo que está prohibido. Por lo tanto, no van a dudar en intentar echar abajo el muro de la norma con diferentes estrategias. De ahí las pataletas o los numeritos. De ahí lo importante de que los padres no se muestren débiles ante estas conductas tan espectaculares.

 

Por otro lado, señalar que es especialmente importante mantener la autoridad cuando son pequeños. Si no lo hacemos entonces, después será mucho más difícil recuperarla. Así, los conflictos serán más profundos y nos costará más que el adolescente siga en determinados temas las pautas que le marquemos.

 

Lo que necesitan los niños

 

Durante los primeros años de vida, los niños necesitan básicamente tres cosas de la crianza: límites, normas y hábitos. Esos tres elementos, a su vez, exigen que haya autoridad paterna. Autoridad no es autoritarismo. Los niños son seres inmaduros que no saben qué es lo mejor para ellos -lo irán descubriendo y también tendremos que ir aumentando el espacio de su autonomía-, ni cuál es la mejor manera de comportarse. Los padres sí deben saberlo.

 

Los padres o tutores son las personas responsables de que el pequeño cuente con estas referencias. También serán los principales modelos cuando se asienten las raíces de su comportamiento, antes de que empiecen a ganar poder los iguales.

Por otro lado, el miedo a contrariar a un hijo crece con la falta de costumbre, cuando por sistema cedemos en las pequeñas peticiones. Así, difícilmente vamos a enseñarles que en ocasiones somos nosotros quienes tenemos que adaptarnos a la realidad o a los demás.

miércoles, 12 de julio de 2023

Qué es la felicidad, según científicos famosos como Sagan, Tesla, Einstein o Hawking


SARAH ROMERO       |     muyinteresante.es     |      16/06/2023

¿Cuál es la definición de felicidad para Marie Curie? ¿Y para Stephen Hawking, Albert Einstein o Nikola Tesla? Repasamos la felicidad según científicos famosos.

Felicidad. Aunque es un concepto complejo y multifacético, la investigación científica ha explorado diferentes aspectos y determinantes de la felicidad. Según la doctora en psicología Sonja Lyubomirsky apunta que la felicidad puede ser definida como "un estado subjetivo de bienestar general y satisfacción con la vida, que implica emociones positivas y una evaluación positiva de las circunstancias y el sentido de la vida".

La felicidad puede ser comprendida mediante tres componentes principales: a) emociones positivas: experiencias de alegría, gratitud, serenidad y entusiasmo; b) satisfacción con la vida: evaluación cognitiva global y subjetiva de la vida en términos de cumplimiento de metas, sentido y propósito y c) bienestar psicológico: que incluye aspectos como autoaceptación, autonomía, relaciones positivas y crecimiento personal.

Hoy profundizamos en este importante vocablo en la vida de los humanos y recordamos qué es la felicidad para científicos famosos a lo largo de la historia.

"Lo que haces marca la diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres marcar". - Jane Goodall, etóloga

"Nada en la vida es de temer, es sólo de entender. Ahora es el momento de entender más para que podamos temer menos". - Marie Curie, química y física

"Para mí solo soy un niño que juega en la playa, mientras que vastos océanos de verdad yacen sin descubrir ante mí". - Isaac Newton, físico, teólogo, matemático e inventor

"La felicidad se encuentra en la contemplación tranquila de la naturaleza y la comprensión profunda de los secretos que esta revela". - Albert Einstein, físico

"Recuerda mirar hacia arriba a las estrellas y no hacia abajo a tus pies. Sé curioso y, por difícil que parezca la vida, siempre hay algo que puedes hacer y tener éxito". - Stephen Hawking, físico, astrofísico y divulgador científico

"El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y eres la persona más fácil de engañar. La felicidad es el placer que obtienes al comprender y crear, no al poseer ". - Richard Feynman, físico teórico

"Para mí, es mucho mejor comprender el Universo tal como es en realidad que persistir en el engaño, por muy satisfactorio y tranquilizador que sea". - Carl Sagan, astrónomo, astrofísico, astrobiólogo y divulgador científico.

"El don del poder mental viene de Dios, Ser Divino, y si concentramos nuestras mentes en esa verdad, nos sintonizamos con este gran poder". - Nikola Tesla, inventor e ingeniero eléctrico y mecánico

"El primer requisito para la felicidad es que el hombre esté dispuesto a encontrar satisfacción en su propio trabajo". - Sigmund Freud, neurólogo, padre del psicoanálisis

"El problema, que a menudo no se descubre hasta una edad avanzada, es que cuando buscas cosas en la vida como amor, significado, motivación, implica que están sentados detrás de un árbol o debajo de una roca. Las personas más exitosas en la vida reconocen que en la vida crean su propio amor, fabrican su propio significado, generan su propia motivación. Para mí, me motivan dos filosofías principales, sé más hoy sobre el mundo de lo que sabía ayer. Y disminuir el sufrimiento de los demás. Te sorprendería lo lejos que te lleva eso". - Neil deGrasse Tyson, astrofísico y divulgador científico

"No se puede aspirar a construir un mundo mejor sin mejorar a los individuos. Con ese fin, cada uno de nosotros debe trabajar para su propia mejora". - Marie Curie, premio Nobel de Física en 1903 y premio Nobel de Química en 1911

"La verdadera felicidad es contemplar los restos fósiles y darse cuenta de que somos parte de una inmensa línea de vida que se extiende a través de millones de años". - Robert T. Bakker, paleontólogo

martes, 11 de julio de 2023

La regla de las 4 R para criar a niños sin castigos, según el psicólogo Rafa Guerrero

 

LUCÍA MOLINA       |   vanitatis.eslconfidencial.com      |     25/05/2023

 

El castigo es uno de los temas que más se han estudiado en los últimos años en la psicología infantil, pues tiene muchos efectos en la mente de los niños.

La educación tradicional muchas veces ha estado caracterizada por basarse en la rigidez, en el respeto impuesto, en el chantaje y en el castigo. Sin embargo, en la actualidad, cada vez es más común ver otro tipo de educación, aquella basada en el respeto y en la comunicación.
 
Precisamente, es este tipo de educación la que permite que los niños desarrollen mejores capacidades de empatía, pues tener una buena relación con los padres es fundamental para que confíen en su entorno y en ellos mismos.
 
De esta forma, el psicólogo Rafa Guerrero, explica que los castigos son sustituidos por las consecuencias. Un tipo de enseñanza, que consigue muy buenos resultados en un medio-largo plazo y que tiene en cuenta el desarrollo y las necesidades del menor. 
 
Las consecuencias que se apliquen pueden ser de tipo natural, es decir, aquellas que se dan sin que los padres o maestros intervengan de ninguna manera, o bien pueden ser lógicas, en donde sí interviene el adulto. Sin embargo, para que una consecuencia sea efectiva, el psicólogo afirma que deben de seguir cuatro requisitos, que te describimos a continuación.
 
Respetuosa
 
La consecuencia debe de respetar al menor y tenerle presente en todo momento. El objetivo de este tipo de reprimenda es que aprenda, no que sienta miedo. Además, mostrar respeto hacia tu hijo es primordial para que estos confíen en ti y se sientan más seguros conforme pasen los años.
 
Razonable
 
Todas las consecuencias que apliques deben de ser sensatas y razonables, evitando la exageración en todos los casos. Si tu hijo no comprende la reprimenda, no aprenderá de ella. Si como padre le dices algo que no tiene sentido, los menores sentirán impotencia y frustración, que llevará a rabietas.
 
Revelada con anterioridad
 
La anticipación es uno de los recursos fundamentales, que los padres pueden usar con sus hijos en su crianza. Explicarles qué es lo que va a ocurrir si no hacen una determinada tarea o función es una herramienta muy útil de aprendizaje, pues ayuda a los niños a anticiparse sobre las consecuencias que pueden tener sus actos.
 
Relacionada
 
Por último, este punto tiene que ver con la segunda R mencionada, la de razonable. La consecuencia debe de tener una relación con el acto que se ha llevado a cabo. Es decir, si no existe una continuidad entre la acción y la consecuencia, es posible que lo que se esté aplicando sea un castigo. 
 
Siguiendo estas cuatro claves podrás ayudar a tu hijo a vivir una vida más plena, no solo consigo mismo, sino también con todo aquello que lo rodea. Los castigos pueden hacer sentir a los niños emociones de defensa como la rabia, el miedo o la tristeza.
 
Si se aplican consecuencias basadas en el respeto y la comunicación, los menores podrán aprender a comprender sus emociones y las de su entorno, logrando tener esa cualidad tan necesaria en la vida, la empatía.