domingo, 7 de enero de 2024

6 beneficios de pensar despacio

 

JOSÉ PADILLA       |      La Mente es Maravillosa      |      07/06/2022        

¿Por qué nos ayuda pensar despacio? ¿En qué contextos nos beneficia realizar un procesamiento más sosegado de la relación? En este artículo vamos a contestar a estas y otras interesantes preguntas.

La mente humana tiende a tomar atajos para decidir de manera rápida, ahorrar gastos energéticos y aumentar las posibilidades de supervivencia. Imagina no ser capaz de esquivar de manera veloz un objeto contundente que se acerca a ti. Los reflejos, como mecanismos de acción rápidos, son necesarios para sobrevivir.

En el acelerado modo de vida actual, cada vez más nos sentimos presionados a tomar decisiones instantáneas, rápidas y eficientes que nos permitan cumplir con las exigencias que se nos hace. La primacía de este modo de actuar relega a un segundo plano el pensamiento lento.

Pensar rápido y pensar despacio son dos modos de tomar decisiones a los que podemos sacarles partido en función del contexto. No hay uno más importante que otro, ambos son necesarios; sin embargo, en la actualidad parece tener más peso la rapidez y menos importancia la lentitud. ¿En qué sistemas se basan estos dos modos de procesar la información? ¿Qué beneficio tiene pensar despacio?

Pensar despacio requiere mayor esfuerzo y energía, pero tiene sus beneficios.

Sistema 1 y sistema 2

El pensamiento rápido se sustenta en lo que se ha denominado sistema 1, el cual permite tomar decisiones veloces, automáticas, con poco o ningún esfuerzo o control voluntario (Kahneman, 2012). Este sistema es ahorrativo, pues requiere de poca energía, pero no todo es perfecto. Esta ruta de procesamiento es muy propensa a incurrir en sesgos y errores sistémicos que terminan afectando las decisiones que tomamos.

Así pues, el sistema 1 es eficiente y nos permite responder de manera rápida con poca información disponible. Algunas actividades automáticas atribuidas a este sistema son las siguientes:

·        Nos orienta hacia la fuente de un sonido repentino.

·        Nos hace poner cara de asco cuando vemos algo desagradable.

·        Permite conducir o hacer actividades en piloto automático.

·        Entiende frases sencillas.

·        Ayuda a reconocer objetos de forma rápida.

 

Por su parte, pensar despacio está determinado por el sistema 2, el cual promueve una toma de decisiones lenta, esforzada y controlada. Centra la atención sobre las actividades mentales que así lo requieren como los cálculos complejos y se asocia con la experiencia de actuar, elegir y concentrarse (Kahneman, 2012).

Este sistema de procesamiento no puede operar sin una atención enfocada y voluntaria. Requiere de mayor esfuerzo y de inversión de energía, por lo que se torna agotador para la persona usarlo constantemente durante largos periodos de tiempo. Algunos ejemplos son:

·        Estar atento al cambio de luz del semáforo.

·        Buscar un libro en la biblioteca.

·        Comparar dos productos para saber cuál es el mejor.

·        Comprobar la validez de un argumento.

·        Observar un comportamiento en una situación social.

·        Escuchar la voz de una persona en medio del ruido.

Para que cada acción, representada en los ejemplos anteriores, se realice de manera correcta es necesario controlar la atención y enfocarla en el estímulo objetivo. Es decir, requieren de una intervención consciente y voluntaria por parte del sujeto.

Los beneficios de pensar despacio

A continuación, revisaremos algunos de los beneficios más importantes de pensar despacio.

1. Permite reflexionar, considerar alternativas y consecuencias

Pensar despacio y procesar la información de manera lenta y detallada nos ayuda a reflexionar mejor sobre las circunstancias en la que nos encontramos, los problemas que se nos presentan en ella y las soluciones que podemos emplear para resolverlos. La lentitud del pensamiento permite vincular mejor las opciones con sus respectivas consecuencias.

La comparación, la predicción y la visualización de los efectos primarios o secundarios de una decisión se logran a través de pensar de manera pausada y crítica. A este último modo solo se puede llegar transitando por los caminos de la lentitud.

El pensamiento crítico está directamente asociado con un modo de pensar desacelerado en el que se da el análisis minucioso de las ideas.

2. Maneja la lógica, las matemáticas y la estadística

Aunque el pensamiento rápido del sistema 1 puede realizar cálculos matemáticos básicos, como 2+2=4, presenta serias dificultades para realizar cálculos más complejos que requieren de un razonamiento más profundo. Si se requiere analizar y resolver un problema matemático utilizando diferentes fómulas, el pensamiento rápido se quedaría muy corto; en cambio, el pensamiento despacio abordaría la tarea con mayor probabilidad de éxito.

De igual forma, para resolver problemas estadísticos de manera eficaz y efectiva se necesita pensar despacio. El sistema 1, el del pensamiento rápido, no es un buen profesional de la estadística. Él puede ofrecer soluciones automáticas y rápidas, pero no asegura que la respuesta sea la acertada.

 

3. Puede corregir errores

La corrección de errores requiere de un proceso atencional sostenido que sea capaz de hallar dónde está el problema para luego, en compañía de otros procesos mentales superiores, ajustar el error cometido. Este tipo de verificaciones y de cambios requiere de la intervención del pensamiento despacio, el cual brinda la posibilidad de analizar detallada, minuciosa y analíticamente el error.

La solución de errores requiere de un trabajo metacognitivo, el cual solo puede lograrse apelando a la lentitud del pensamiento. La metacognición como estrategia permite planear, monitorear, controlar y evaluar los resultados obtenidos durante la realización de una tarea.

Así mismo, permite conocer el proceso cognitivo que lleva a cabo la persona, la tarea que realiza y las estrategias que usa durante todo el proceso.

4. Ayuda a realizar elecciones deliberadas

Pensar despacio permite tomar decisiones conscientes. Los procesos automáticos y rápidos debilitan las elecciones deliberadas, pues no hay tiempo para detenerse y analizar de manera intencional las alternativas antes de escoger una.

Cuando se toma una decisión en la libertad del pensamiento, esta tiende a ser más razonable, pues contempla la pertinencia y las consecuencias de las diferentes opciones que se tienen para optar por aquella que más se ajusta a la situación. Toda elección deliberada al ser consciente, controlada y voluntaria exige como mediación la capacidad de pensar despacio.

La lentitud del pensamiento ayuda a reflexionar mejor sobre lo que se hará y a tomar el control sobre las acciones.

5. Facilita el seguimiento de reglas

El pensamiento lento, al ser secuencial, facilita el seguimiento de las reglas. Al pensar con rapidez se omite el paso a paso de las reglas, pues lo que se busca es la eficiencia, más no la efectividad. Así, se salta de una etapa a otra con la finalidad de lograr resultados inmediatos.

 

Cuando se piensa despacio, de modo intencional, deliberado y voluntario, la mente puede seguir mejor las reglas, ya que es capaz de comprenderlas al reflexionar sobre ellas y al buscar el sentido que tienen. Además, permite saber de qué modo se pueden aplicar y qué se espera de ellas al ser implementadas.

 

6. Controla el pensamiento y la conducta

Para regular los pensamientos y las acciones es necesario pensar despacio. Este tipo de pensamiento facilita la observación de lo que se hace y de los procesos cognitivos implicados. Al mirar, analizar y reflexionar sobre pensamientos y conductas propias es posible iniciar planes de acción que ayuden a gestionar mejor estos procesos.

Todo control cognitivo requiere de una intervención voluntaria, deliberada y consciente que permita ajustar, regular y evaluar los cambios y las implicaciones que puedan tener, tanto para el funcionamiento mental como para el desarrollo de las relaciones de la persona.

Para terminar, pensar rápido y pensar despacio son procesos igualmente útiles y beneficiosos. No hay que entender a la una como el villano de la otra, o intentar aplacar una en favor de la otra. Más bien, de lo que se trata es de saber elegir uno u otro camino en función de las circunstancias.

 

viernes, 5 de enero de 2024

Diana Jiménez, experta en disciplina con adolescentes: "Es difícil saber donde está la frontera entre demasiado duro o blando"

Ana M. Longo       |      uppers.es      |      12/06/2023

·        Jiménez, psicóloga y educadora certificada en todas las áreas de la Disciplina Positiva, explica que lo ideal es un equilibrio entre la firmeza y la amabilidad

·        Según la experta, todos necesitamos sentirnos dentro de unos límites y los hijos, desde pequeños, necesitan normas para tener orden y estructura

 

Poner límites a los hijos resulta una ardua tarea. Si a eso sumamos que se encuentren en la adolescencia, más todavía. Pretender que los hijos, que están en un momento de descubrimiento y necesidad de actuar por su cuenta, se abran a la hora de comunicar y se sientan cómodos, puede suponer con frecuencia, sentir inseguridad por cómo proceder y a la vez, no lograr discernir el punto medio entre el ser demasiado blandos o permisivos o, todo lo contrario, duros o autoritarios. 

 

No debe impedirse la autonomía de los hijos, sino dejar lugar a la equivocación y posterior resolución. La también docente, fundadora de Infancia en Positivo y autora de 'Infancia en positivo. “Guía definitiva para padres y madres en la educación de sus hijos” (Ediciones Toromítico) y Adolescentes. “ Aprende a descifrar su código”, afirma que es importante inculcar a los hijos valores y normas dialogar con ellos para que los jóvenes no se conviertan en chicos déspotas o con poca capacidad de actuación por sí mismos.

 

¿Hay que ser más permisivo o más autoritarios con los hijos adolescentes? ¿Puede haber un equilibrio? 

Dar a elegir a los padres entre ser permisivo o autoritario es como decirle a una persona que elija entre inhalar o exhalar; no se puede. Lo ideal es coger aire y, también, soltarlo. Lo mismo con la autoridad y la permisividad. Si somos autoritarios y caemos en el autoritarismo, estaremos provocando que los niños quieran rebelarse en algún momento o quizá convertiremos a los niños en demasiado dependientes de la autoridad, sin poca capacidad para tomar decisiones. Por el contrario, si somos demasiado permisivos, estaremos criando niños déspotas que pensarán que tienen derecho a todo y que no están sujetos ni a normas, ni a límites porque son merecedores de todo lo que reciben. Con lo cual, ni permisividad ni autoritarismo son extremos adecuados para educar. Lo ideal es un equilibrio entre la firmeza y la amabilidad.

 

Más influencia y menos control 

¿Es bueno dejar que los adolescentes tomen decisiones y cometan errores?

 

No sólo es bueno, sino que es muy necesario si queremos que acaben siendo adultos responsables. Entonces, tienen que empezar a entrenar en la adolescencia. Además, en esa época se producen varios procesos, entre ellos el proceso de acción e individualización, es decir, necesitan formarse como personas que serán adultos y necesitan separarse de sus figuras de referencia. El sentir que son diferentes y únicos los llevará a tomar determinaciones que, en la mayoría de los casos, van en contra de las consideraciones de los adultos. Pero, el joven se sentirá mejor y más realizado fallando con una decisión que él mismo tomó que acertando con una que sus progenitores le han impuesto. Por lo tanto, hemos de permanecer a su lado para influirles, sabiendo que, en ocasiones, han de seleccionar por sí mismos y aceptar las consecuencias. Sin embargo, esto no significa dejarlos solos cuando estas últimas pudiesen resultar irreparables o que atenten contra su salud física, emocional o psíquica. 

 

¿Por qué poner límites en los adolescentes es tan importante? ¿Cómo se hace?

 

Poner límites a un niño es como poner paredes a una casa o poner reposabrazos a un sofá. Todos necesitamos sentirnos contenidos. Los límites y las normas dan a los niños estructura y desde que son pequeños necesitan ese orden, necesitan saber qué ocurre antes y qué sucederá después para poder predecir los cambios y empezar a hacer inferencias. Es una manera de desarrollar las funciones ejecutivas. Los límites que ponemos como padres ha de hacerse de un modo en el que se encaje con los hijos porque muchas veces se hace desde la imposición y entonces, y sobre todo en la etapa adolescente, los hijos se muestran disconformes.

 

Para poner límites a los hijos, los padres deben crear una buena relación con ellos desterrando el control, porque en la adolescencia no se les debe controlar. Además, han de cambiar el mando o la dominación por la influencia y esta se consigue pasando al asiento del copiloto. Es como si fueras la torre de control del aeropuerto que guía al avión, pero sin salir corriendo detrás de él. 

 

Ponerse en el lugar de los hijos 

¿Hasta qué punto ser flexibles?

 

No sólo pueden ser flexibles, sino que deben serlo. No existe otra manera. Cuando los niños son pequeños y venimos de un estilo educativo muy rígido, en la adolescencia comprobaremos que eso ya no sirve. De pequeños pueden funcionar ciertas amenazas o chantajes como 'si no te acabas el bocadillo, nos vamos para casa '. No obstante, llegados a la adolescencia si los padres dicen a los hijos que no aprobar un examen puede suponerles quedarse sin móvil un tiempo, probablemente les dé igual. Por este motivo, es preciso ser flexibles y trasmitirles el conveniente modo de ser y comportarse en la vida. Hoy en día se valora mucho la capacidad de resiliencia y cómo uno se recupera de situaciones adversas. 

 

¿Cómo tener una relación saludable con un hijo sin convertirse en su amigo? 

 

Recordando que el papel de los padres no es fácil que nada tiene que ver con el rol de amigo. Si uno ocupa el lugar que no le corresponde, el hijo quedará desprovisto de una figura esencial de referencia. Los hijos necesitan proveerse de la función paterna y de la materna, necesitan tener a alguien en quien fijarse y llegados a la adolescencia alguien con quien probarse y con el que verificar todo lo aprendido. No hay que olvidar, que la relación saludable con un hijo adolescente parte de una correcta conexión y empatía. Los amigos aportarán a los jóvenes el sentimiento de pertenencia, de igualdad y seguridad. Padres, no olvidéis lo que todos hemos necesitado y demandado cuando nos encontrábamos en esas edades. 

jueves, 4 de enero de 2024

El impacto del aprendizaje social y emocional en el comportamiento de acoso de los estudiantes

 

Autor/autores: Yushi You, Siyi Zhang, Wanying Zhang...(et.al)  | Psiquiatria.com  | 19/09/2023

El aprendizaje social y emocional (SEL) se ha implementado gradualmente en las escuelas chinas y se considera una forma eficaz de mejorar el rendimiento de los estudiantes.

Esta investigación tuvo como objetivo estudiar la influencia del SEL en el comportamiento de acoso de los estudiantes y el papel que desempeñan la competencia social y emocional (SEC) y la relación con los pares en el SEL y el acoso de los estudiantes.

Los participantes fueron 2. 049 estudiantes de escuelas primarias y secundarias de Beijing, China. Se utilizó SEM para examinar el papel mediador de la SEC y la relación entre pares.

El estudio encontró que SEL puede predecir significativamente el comportamiento de acoso de los estudiantes. Además, la SEC y la relación entre pares median secuencialmente la relación entre el SEL y el comportamiento de acoso de los estudiantes.

martes, 2 de enero de 2024

Es la hora de reconstruir los pilares de nuestra salud mental: "El ritmo de vida que tenemos es un caldo de cultivo para las enfermedades mentales" ( II )


LA VOZ DE LA SALUD  ( Redacción)    La Voz de Galicia   |   12/12/2022

(Continua del artículo anterior)

Pilar 3. El descanso: la almohada como cicatrizante de la mente

Que dormir bien es un pilar de la salud mental es un hecho, a estas alturas, indiscutido. La falta de sueño está muy relacionada con problemas anímicos. Así lo explica el neurólogo Juan José Poza, de la Sociedad Española de Sueño: «La privación de sueño provoca irritabilidad, cuadros de ansiedad y trastornos de ánimo, hasta una depresión importante. También es verdad que los trastornos de ansiedad influyen sobre el sueño y alteran su calidad. Es un círculo vicioso».

¿Cuál es el mecanismo del sueño que preserva nuestra salud mental?

«En el sueño el cerebro limpia toda la basura metabólica que se ha ido acumulando a lo largo del día. Acumulamos radicales libres y diferentes sustancias que se tienen que eliminar del tejido», detalla Diego Redolar Ripoll, profesor de psicobiología y neurociencia. Esta acumulación hace que los circuitos neuronales no funcionen correctamente, provocando trastornos de la concentración, alterando la memoria y generando irritabilidad, ansiedad, y trastornos de ánimo.

Pero eso no es todo. La evidencia apunta a que los sueños tienen gran importancia en este proceso restaurativo. «Los sueños, sobre todo si tienen un contenido emocional, preparan las regiones de nuestro cerebro que están implicadas en el procesamiento de esa información emocional para que luego en la edad adulta nuestro cerebro no sea tan reactivo», apunta  Redolar. «Esto nos protege, por ejemplo, de los trastornos de ansiedad», añade.

¿Cómo lograr un buen descanso?

Lo fundamental es mantener una buena higiene del sueño y dormir el tiempo suficiente. «En general, la población adulta necesita entre 7 y 8 horas de sueño al día. Los adolescentes necesitan entre 9 y 10 horas, y los niños también», señala Juan José Poza.

Además de la recomendación universal de mantener rutinas regulares de sueño, exponernos al sol durante el día para regular el ritmo circadiano, e intentar que la habitación no sea demasiado cálida, Poza aconseja evitar seguir en la cama durante la mañana. «Pasarnos la mañana dormitando disminuye la presión de sueño la noche siguiente y lo que estamos haciendo es cronificar el trastorno», explica. 

Pilar 4. Alimentación: bombas de vitamina para prevenir la depresión

Una dieta pobre en calidad está relacionada con una peor salud mental. Cada vez es más cierto que somos lo que comemos. Un metaanálisis publicado en la revista Clinical Nutrition concluía: «Una alimentación alta en fruta, verdura, granos integrales y pescado podría reducir el riesgo de depresión, lo que indica que la intervención dietética tiene el potencial para considerarse una estrategia de prevención primaria». Si bien sigue siendo necesario profundizar en esta cuestión, no cabe duda de que lo que sucede en el interior, se refleja en el exterior. Mucho tiene que ver con la nutrición. Son varios los estudios que han analizado los ácidos grasos omega 3 EPA y DHA, y que observaron que los pacientes de depresión presentaban menores niveles de estos. Además, el perjuicio en la salud mental también se asocia con déficits de zinc, vitamina B3, B6, C, biotina y ácido fólico. 

Según explica Miguel Ángel Martínez González, jefe de grupo del CIBEROBN, médico, epidemiólogo y catedrático de la Universidad de Navarra, la enfermedad cardiovascular y la depresión comparten mecanismos fisiopatológicos: «Vimos que las ecuaciones que existen ahora mismo en medicina para predecir aquellos que van a tener un infarto, funcionan también con quienes van a tener una depresión. Es más, incluso a veces, mejor». La clave reside en los conocidos factores de riesgo cardiovasculares. La obesidad abdominal, la hipertensión o la resistencia a la insulina aumentan el riesgo de que se produzcan trastornos «a nivel metabólico que puedan conducir a la depresión». 

Este campo de investigación es relativamente reciente, y se aborda desde dos aproximaciones. «Una se basa en cómo ayuda el uso de micronutrientes —como los ácidos grasos omega 3 y las vitaminas del grupo B— junto al tratamiento de la depresión para mejorar los síntomas. Y otra estudia el efecto de la dieta en la prevención de la patología mental, específicamente, en la depresión», cuenta la catedrática en medicina preventiva Almudena Sánchez, que es una de las principales investigadoras en materia de alimentación y salud mental. Seguir patrones de dieta antiinflamatoria, como las bases de la mediterránea, «se ha asociado de forma consistente con una reducción del riesgo de desarrollar una depresión a largo plazo», apunta. De igual forma, a la inversa. Un alto consumo de ultraprocesados, como la comida rápida, supone un aumento del riesgo.

Microbiota y cerebro, una autopista de doble sentido en la salud mental 

La microbiota intestinal tiene mucho que decir. Tal es la sospecha de que influye en la salud mental que se la ha llegado a calificar como el segundo cerebro. De hecho, existe una relación bidireccional entre cerebro y flora intestinal: «Por un lado, el estado de la microbiota intestinal (y también la oral) condiciona en parte nuestro estado de ánimo. En los trastornos ansioso-depresivos sabemos que hay un desequilibrio de la microbiota, lo que se llama disbiosis, que puede generar inflamación a nivel cerebral. Esto no ayuda a tener un buen estado de ánimo», precisa la doctora Sari Arponen. La especialista también destaca que en los casos de trastornos psicóticos o bipolar existe una disbiosis. Como parte de esta correlación, los efectos se producen a la inversa: «Tener ansiedad o depresión, o estar expuesto a muchos estresores psicosociales crónicos, también trastorna a la microbiota», explica. 

Precisamente, los microorganismos intestinales son capaces de fabricar neurotransmisores, «aunque muchos de ellos no atraviesan la barrera hematoencefálica», detalla Arponen. Es decir, que no llegan al cerebro. Sin embargo, sí pueden modular «la función del sistema nervioso autónomo (simpático y parasimpático), sobre todo, a nivel del nervio vago», explica. Una estructura que funciona a modo de autopista con dos direcciones, siendo «la vía de comunicación por excelencia entre el intestino y el cerebro».  

La comida basura se relaciona también con una peor gestión de las emociones. «Hay varios artículos científicos que relacionan una dieta de mala calidad en la infancia con el número de rabietas, de problemas sociales, de cómo los niños exteriorizan su emoción o cómo se comunican con el otro. Al compararlos con los que tenían un mejor patrón alimentario, se vio que los primeros presentaban peores conductas sociales», expone Nazareth Castellanos. Lo mismo ocurre con la dieta durante el embarazo. Lo que la madre coma influirá en el desarrollo del cerebro del bebé que se está gestando, «lo que después se manifestará en una peor o mejor gestión de la emoción», precisa la neurocientífica. 

Para cuidar la microbiota «no hay que hacer nada raro». En primer lugar, se recomienda huir de los ultraprocesados y apostar por alimentos de temporada y proximidad, «con mucha verdura, setas, frutos secos y fruta como base de la alimentación». Los alimentos fermentados son saludables, «pero no terapéuticos en sí». Es por ello que si la persona precisa un probiótico específico, lo debe recetar un profesional de la salud. «El pescado y otros productos del mar como fuente de proteína animal preferente permiten asegurar un buen aporte de ácidos grasos omega 3, importante para el cerebro y la microbiota», detalla la doctora Arponen. De igual forma, los horarios de las comidas juegan un rol en su regulación: «No se debe cenar muy tarde para asegurar un reposo digestivo nocturno de al menos 12 o 13 horas», señala. 

Pilar 5. Relaciones sociales

«Cuando se intenta identificar qué factores son críticos para tener un buen desarrollo cerebral, uno de ellos es tener un buen círculo social», apunta Diego Redolar Ripoll, profesor de psicobiología y neurociencia. «Si nosotros tenemos ese apoyo social, los niveles de cortisol se minimizan. Y el cortisol afecta a nuestra salud a largo plazo en nuestro cerebro, pero también a nuestro sistema endocrino, inmunológico. Todos los estudios han visto esa relación tan marcada entre tener relaciones sociales, un círculo de apoyo, con la reducción del estrés, fundamentalmente explicado vía cortisol», añade.

«El rol de la vida social es fundamental. Lo hemos podido comprobar de primera mano en la pandemia: cuando hemos parado de relacionarnos con nuestros seres queridos, hemos empezado a desarrollar ánimos depresivos, a dormir mal. El ser humano está hecho para relacionarse con humanos, no vale para estar solo. En el momento que te ves solo, pierdes el sentido de la vida; entonces, es fundamental que esa vida social se desarrolle. Cuando aumentan los contactos con amigos y familiares, la salud mental mejora», señala Moleón.

Esto es algo que todos sabemos por nuestra experiencia vital: la amistad es sanadora. «Es básico tener un buen confidente, una persona con la que tú puedas desahogarte, tener una catarsis, liberar tus sentimientos y emociones y sentirte comprendido. Eso es fundamental y muchas veces no lo tenemos, sobre todo las personas más tímidas», observa Moleón. Pero, al mismo tiempo, cuidar la esfera social incluye también prestarle atención a nuestra sexualidad: potenciar el placer en pareja es muy beneficioso a nivel del cerebro. «Esa liberación de oxitocina y dopamina que se produce en las relaciones es fundamental y muchas veces no se habla de eso», apunta el psiquiatra.

Pilar 6. La terapia, por qué y cuándo: del chamanismo a la consulta

Todos los veranos, en la ciudad de Mánchester (Reino Unido), se celebran una serie de reuniones entre nombres propios de la política y grandes científicos del país en las que se recopilan y exponen las grandes conclusiones científicas del año. De esa reunión, de los estudios más testados, surgen nuevas políticas públicas. Algunas de ellas se aplican de forma eficaz en las islas. «Allí, por ejemplo, en la atención primaria hay un médico y un psicólogo. Desde el primer momento se discrimina perfectamente si en el origen de la patología del paciente hay una influencia directa de un agotamiento emocional o no. Hay países que están haciendo las cosas de otra forma; que recurren a la ciencia seria y no a un grupo de expertos para resolver retos políticos que se necesitan en sociedades de constante cambio». La que habla es Raquel Rodríguez-Carvajal, doctora en psicología y profesora en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

No es que en España no se haya avanzado. Cada vez son más personas las que acuden al psicólogo, un incremento que se nota mucho entre la población joven. Los jóvenes suelen ser un buen termómetro para medir cambios de tendencia en las sociedades. ¿Pero de qué nos vale la terapia?, ¿cómo saber si la necesito?, ¿en qué mejora nuestra salud mental?

La profesora de la Autónoma apunta a que las personas siempre hemos necesitado hablar. «Hemos llegado hasta la terapia, pero por la simple razón de que las cosas evolucionan. Antiguamente, la persona que te podía dar un apoyo o una visión distinta era aquella que tenía más capacidad de contactar con las demás. A mayor número de personas con las que seas capaz de hablar y de profundizar, más amplia será tu visión de las cosas. Dependiendo de las sociedades, podía ser un cura, un chamán o un hechicero. Estas personas tenían capacidad de conocer profundamente a muchas personas y eran capaces de proveer ayuda en términos psicológicos —espiritualidad aparte—. Era una misión parecida a la del psicólogo».

Fue el descubrimiento de las neurociencias, del funcionamiento del cerebro humano a la hora de resolver conflictos, lo que profesionalizó al psicólogo. «El progreso y la tecnología nos han llevado a un cambio bastante grande en la forma de relacionarnos y la forma de ver el mundo, pero también nos han dado la herramienta y el conocimiento para entenderlo».

No todo el mundo necesita terapia, pero «todo el mundo necesitaría tener la oportunidad de aprender esto», reclama la doctora en psicología, que anima a incorporar estas estrategias ya en las aulas de los colegios. «Nos empeñamos en recrearnos o rodearnos de una cierta ilusión de control y de seguridad que constantemente se quiebra y hace que nos frustremos. Cuando esas pequeñas crisis del día a día se nos van acumulando, aparece un desgaste emocional; ese desgaste emocional que también se va acumulando nos lleva a algún clásico proceso de enfermedad relacionada con los afectos, con las emociones, que es lo que más vemos ahora en la clínica», explica.

Pero, ¿cómo sé si necesito ir a terapia? Xacobe Abel Fernández ofrece una técnica sencilla de recordar y que puede ser útil pese a su simpleza: «Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Si no paramos de tropezar constantemente con la misma piedra, es el momento de ir a terapia». «La terapia, al menos, es un lugar donde cada persona puede repensar su relación con el mundo. No sé si es una solución global, pero como mínimo es un lugar para la reflexión. Se establecen relaciones intensas, pero es importante que a la persona que tienes enfrente no le debas nada, que puedas decir las cosas que sientes sin sentirte preocupado porque la otra persona se vaya a sobrecargar con tus emociones o si pensará mal de ti, porque no te va a juzgar». Hablamos de los lugares seguros que toda persona necesita para confrontar sus traumas.