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sábado, 18 de noviembre de 2023

El psicólogo Antonio Rios explica a los padres cómo tratar a un adolescente: "No se puede entrar en un cuerpo a cuerpo"


Elisa Albacete      |      Madrid      |  niusdiario.es    |    17/06/2023

Esta etapa de transición a la juventud dura aproximadamente cinco años y va asociada a cambios emocionales y físicos 

El adolescente solo responde con monosílabos, no acepta más que tres preguntas y no responde de manera inmediata 

Aunque parezca imposible existen tres tipos de charlas que se puede mantener con los chicos y chicas en esta etapa

De pronto, cuando menos lo esperas, en casa hay un adolescente. Una persona que o no habla o responde con monosílabos, que se encierra en su cuarto, que huye de besos y abrazos, que mira con desprecio a su familia y que se rebela contra todo lo establecido. La buena noticia es que es un proceso normal del desarrollo, la mala que suele durar de media unos 5 años. 

El doctor Antonio Ríos los conoce bien. Como psicoterapeuta especialista en terapia familiar y de adolescentes, lleva años aconsejando a padres y madres sobre cómo asimilar esta etapa tan difícil. Un periodo complicado de la vida humana en el que se producen muchos cambios y que suele pillar por sorpresa hasta al propio interesado. 

Pregunta: Se suele decir que la adolescencia es una etapa de transformación.

Respuesta: Es que se transforman, aunque es verdad que con diferente intensidad dependiendo de la personalidad de cada chico, de cada chica. Pero en cualquier caso hay un cambio muy importante. Dejan de ser niños y pasan a ser otra cosa que ni ellos saben qué es. Es un proceso hacia la juventud. Una transición de querer saber quién son, ir descubriéndose. Lo que sufren es una crisis de la identidad. Dejo de ser niño o niña y de ver a mis padres y todo lo que me rodea con ojos de niño o niña para verlo todo de otra manera diferente. Mi cuerpo cambia físicamente, emocionalmente , sexualmente, intelectualmente, mis motivaciones cambian. Lo que de niño me interesaba ya no. Cambia todo.

P. Una etapa de tanto cambio que lleva a que ni ellos mismos se entiendan.

R. Eso es, cambian de valores, cambian de todo. Lo ven todo de otra manera porque han cambiado ellos. Han aparecido hormonas, se enamoran, se desenamoran. Tienen ganas de experimentar sexualmente, de hacer lo que hacen los mayores. Y eso le provoca una serie de emociones que le hace estar todo el día fluctuando. Pasan de la más absoluta euforia a la más absoluta depresión (no una depresión clínica). Cambia también de amigas, de amigos. Muchos padres me dicen: "Pero ¿si eran amigas desde infantil? ¿Cómo es posible?". Pues porque en la adolescencia aparece el fenómeno de la elección del amigo. La amistad en la adolescencia surge por elección. En la infancia está condicionada porque coinciden en clase, en las extraescolares, porque los padres son amigos. En la adolescencia no, ahora ellos eligen a sus amigos. Y no puedes intervenir porque se volverá en tu contra.

P. Esta etapa de adolescencia ¿avisa o llega de repente?

R. Generalmente llega de pronto. Yo siempre digo que es después de un verano. Está acabando quinto o sexto y cuando llega primero de la ESO ya han cambiado. Te miran de otra manera, te desafían de otra manera. Han pasado solo unos meses pero ya no es la misma persona. Pero puede ser de repente. Una vez un padre me decía: "¿Un verano? ¡Pero si fue en una noche ! Se acostó y al despertarse era otro". Y eso es así. A veces los cambios son más bruscos, en unas semanas o días se levantan y son adolescentes. Pasan de mirarte como niño, a mirarte con asco, como suelo decir yo en tono de broma. Te mira como diciendo: ¿Y por qué te tengo que hacer caso a ti?. Puede pasar que te diga "que asco de comida". Y resulta que era su plato favorito hace unos días. Todo lo que les gustaba antes, ya no.

Hay que entender que es un ciclo evolutivo que va a llegar inevitablemente 

P: Una etapa que no solo pilla por sorpresa a ellos, también a los padres.

R. Muchos padres no se preparan, creen que no va a llegar. No se imagina que ese niño o niña de siete años que te mira con admiración y te quiere, en cinco años se transforma. Se vuelve otro. 

P. ¿Dice que son otra persona distinta?

R. Lo que ellos tienen claro es lo que ya no soy. Ya no soy un niño o una niña. Ya no quiero que me mires como me has mirado, ni que me trates como me has tratado, ni que me hables, ni que me digas, ni que nada. Todo lo que durante diez doce años has vivido con ellos ya no vale. Empieza a ser todo nuevo para todos, para ellos y para los padres. 

P. El modo de acercarnos a ellos pasa por entender el proceso.

R. Eso es. Entender que vamos a entrar en una etapa de transición a la juventud. Que es una época que empieza y termina. Los progenitores tienen que aprender a llevar esto de la mejor manera, para salir de esta época y transitar sin vivirlo muy “lesionados”. Prepararse para ello entender que es un ciclo evolutivo que va a llegar inevitablemente, que es normal que cambie, y que cuando ellos cambian van a ver la vida de otra manera.

Te van a cuestionar todo lo que tú le digas. 

P. ¿Y cómo nos podemos preparar para llevar mejor ese momento?

R. Pues normalizando. Pensando que la niñez se termina y que va a llegar una etapa lógica, normal, saludable que hay que pasar inevitablemente. Una etapa en la que tu hijo, tu hija, se va haciendo mayor. Eso es “que yo quiero decidir”. Te va a cuestionar todo lo que tú le digas. ¿Cómo te preparas? Sabiendo que vas a tener que contar con su opinión y sabiendo que vas a tener que negociar mucho. 

P. ¿Qué quiere decir con negociar?

R. No se negocia con los niños pequeños. Lo que se hace es proponer alternativas, ellos eligen entre lo que tu propones para fomentar la independencia. Pero con los adolescentes es distinto. Con ellos se negocia. A partir de los 12-13 años hasta los 18, son cinco años de negociación. Un adolescente pasan por una crisis de la afirmación del yo, de la personalidad. Es cuando la personalidad eclosiona, te dicen "yo soy mayor". "No soy un niño". Y esto lo quiere afirmar. Es la afirmación del yo. Cuando yo quiero, como yo quiero, con quien quiero, a la hora que a mi me apetezca. Yo, yo, yo. Y eso hace que desafíe todas las normas, limites, criterios pautas. todo lo que en 12 años hemos hablado en casa y aceptaba sin ningún problema. Obligaciones, tareas domésticas... 

P. Y ¿cómo podemos manejar eso?

R. Pues hay que preparar algunas estrategias y hay que aprender a negociar. Ellos no saben negociar, pero nosotros sí. En su caso son del todo o nada, pero hay que conseguir un punto intermedio. Pero sin darles órdenes. No tenemos que decir: "Recoge tu cama o saca el perro. Porque te dirán sí, sí. Y luego harán lo que les dé la gana. Lo que sugiero es que se les diga algo con margen de tiempo: "Antes de irte ordena la habitación". "Antes de que te de la paga haces los deberes".  ¿Y cuándo lo van a hacer? Dos minutos antes de que se acabe el plazo.  

P. Los padres tienen que armarse de paciencia.

R. Sí, mucha paciencia, mucha negociación. Sabiendo que es un proceso lógico que hay que pasar. Que aunque te lo digan, no te odian. Que te siguen queriendo. Pero te conviertes en el enemigo en casa porque me impides hacer lo que yo quiero. 

P. Y ¿hay que dejarles hacer lo que quieran?

R. No y por eso llega el conflicto. Ellos quieren hacer lo que les da la gana porque se sienten mayores y no “tienen” por qué obedecer tus órdenes. Y tú tienes que establecer en casa una serie de pautas, de límites, de obligaciones. Hay que llegar a acuerdos. Negociar mucho y escuchar mucho. Y flexibilizar. Hay padres que son muy rígidos. Y eso tampoco es bueno. No olvidemos que los padres, madres somos los enemigos. Ellos van a defender todo lo que a nosotros no nos gusta, es una manera de afianzar su personalidad. El adolescente se afirma en las áreas donde a los padres les pone más nerviosos. Para fastidiar. Tenemos que saberlo y dejarles. Todo volverá a su sitio. No discutir, no darle importancia, que vean que no hay desafío. Eso les desinfla. 

P. Claro que antes de poder negociar tenemos que conseguir que hablen.

R. En la adolescencia tenemos que prepararnos a los monosílabos. Son cinco años de monosílabos. Tenemos que ser conscientes de que no responden. Y no te enfades, porque como les digas algo te dirán: "Ya está bien, ¿no?" Deja de interrogar". No hay que hacer interrogatorios. Un adolescente solo admite tres preguntas. Ni una más. A la cuarta se va. Y tampoco te responden de manera inmediata. Eso lo tenemos que tener claro y aceptarlo. Por último debemos aprender a interpretar sus respuestas, porque no siempre implican lo que creemos. No es fácil, pero con paciencia y calma lo iremos consiguiendo. 

P. Entonces, ¿para entender a un adolescente hay que aprender a comunicarse con ellos?

R. Hay tres formas de comunicarte con un hijo-hija adolescente. Una es la comunicación afectiva. Es cuando ellos vienen a hablar contigo. Eso es una compulsión, es en este momento, en este lugar y en esta hora. Y suele ser a la hora más inoportuna y en el lugar más inapropiado o cuando tú estás en peores condiciones. Mientras estás preparando la cena, tienes prisa y entran en la cocina a hablarte. Y es cuando yo digo: "Estás cortando la lechuga y tienes que seguir cortando lechuga, añade tomate, corta cebolla, sigue sin mirarle y ocupándote de la ensalada porque ese momento es mágico".

"Mientras hablan es un momento mágico. Ellos han decidido venir a hablar contigo y tú los escuchas. En ese momento no hay que discutirle ni cortar la conversación. En cuanto les comentes algo de lo que dicen, dirán: “Ya estás tú siempre igual. No me comprendes. Se van y dejan de hablar”. Si hay algo que ha dicho que no te parece bien, te lo tienes que guardar y al día siguiente, sin ninguna preparación ni nada, les dices en el pasillo: "Oye, ayer cuando me contabas en la cocina hubo algo que me he quedado pensando. No sé. No me parece bien creo que mejor…" y se lo sueltas. Pero ya se lo dices en otro momento. Y no has cortado la charla anterior. Mientras ellos te cuentan tú tienes que seguir la conversación sin dejar de hacer lo que estás haciendo. Sin mirarles. Es lo que llamamos comunicación afectiva, porque ellos necesitan que tú los escuches. Su mente les dice espero que me escuchen y no me interrumpan o me digan si está bien o mal. Es lo que necesitan. 

P. Y las correcciones, al día siguiente.

R. Efectivamente, lo que necesitemos matizar al día siguiente. Porque luego está la comunicación efectiva. Cuando queremos hablar con ellos. No se les puede avisar. No les decimos esta noche hablamos, porque esa noche tendrán mil planes. Tienes que pillarlos de pronto. Aquí lo que sugiero son mensajes muy breves y concisos, porque como te enrolles, desconectan. Mensajes concretos: "Tenemos que hablar de las vacaciones". Sin avisar. 

P. Eso para corregir o contarles algo importante.

R. Es una conversación que ellos no decide, que hemos decidido nosotros y por eso se ponen en plan pasivo. Dejan claro que ellos no han buscado la conversación con un lenguaje no verbal, ponen caras, suspiran. No hay que hacer caso. Pero sí ser muy breves y concisos. 

P. Y luego hay un tercer tipo de conversación, más lúdica.

R. Sí, la que llamamos conversación superficial, que es la que más tenemos que usar con un adolescente y todo lo que podamos. Hablar de temas que no les impliquen. Una charla que no hace referencia ni a la familia ni a ellos. ¿De qué se habla? Pues de deportes, de música, de moda, de cotilleos. Tuve un padre en consulta que se hizo fan de los Mojinos Escozíos porque a su hijo le gustaban y se ponían a hablar de las letras de las canciones. Esa es una buena comunicación. 

P. Buscar algo que conecte con ellos.

R. Cualquier tema moda, fútbol, cómic. Ellos luego dirán: "Yo hablo mucho con mi padre/madre". Aunque estamos hablando de temas superficiales, ¡para ellos es una conversación!. 

P. En cualquier caso lo que tenemos que evitar con los adolescentes es discutir.

R. No se puede entrar en un cuerpo a cuerpo. Entras en una escalada donde ellos no paran. Es el adulto el que tiene que frenar. Es una espiral que no tiene fin. Aunque depende de su personalidad. En un extremo están los rebeldes, impulsivos que hablan antes de pensar, que se quejan de todo. Y en el otro extremo está esa personalidad sutil que te dice a todo que sí y luego hace lo que le da la gana. 

P. ¿Se puede educar de pequeños para evitar los conflictos en la adolescencia?

R. Si tienes un hijo con una personalidad muy fuerte hay que marcar muy bien la autoridad antes de que llegue esa etapa. Desde pequeños tiene que quedar claro que en casa hay normas, que esto no se negocia. Esto es para que cuando llegue a los 15 años sepa que la autoridad la tienes tú. Si un niño ha sido educado con permisividad absoluta se convierte en un tirano en la adolescencia. Porque no olvidemos nunca que los adolescentes por su propia naturaleza son interesados, egoístas, egocéntricos y ensimismados. Es un término evolutivo. No son términos morales, es evolutivo. Son así. 

P. Pero es una etapa que pasa.

R. Claro, se termina. Igual que un día se levantan y te miran con asco, de pronto, en torno a los 18 años o así, se sientan a tu lado y te empiezan a hablar y les llaman para salir y dicen: "No salgo que prefiero estar en casa con mi familia" O te dicen: "¡Qué buena la comida!". Y ya está. Ya se ha acabado. Lo bueno de la adolescencia es que se termina. 

P. Eso es lo positivo, aunque tenemos que tener en cuenta sus consejos para transitar esos cinco años.

R. Tengamos en cuenta que es una etapa natural en la que hay que negociar. Pero no esperes que lo negociado lo cumplan cien por cien. Hay que dejar márgenes. Si en la negociación llegas a un acuerdo, ten en cuenta que el acuerdo lo cumplirán en parte. Por eso hay que pasar esta etapa con calma. Y pensar que esto es normal, tienen que hacerse mayores y esto pasará. Lo bueno de la adolescencia es que pasa.


miércoles, 5 de abril de 2023

Luis G. Rojas, psiquiatra especializado en adolescentes: "Si tu hijo te lo cuenta todo, tiene un problema grave"


ANA M. LONGO       |       uppers.es      |      18/11/2022

 

Luis Gutiérrez Rojas, licenciado en Medicina y Cirugía, especializado en Psiquiatría, aclara que la adolescencia ha de verse como una etapa buena y no hay que exagerar

"Es crucial educar a nuestros hijos en valores, es decir, que meterse con otro, vilipendiarlo, tratarlo con agresividad o con desprecio es algo que está mal"

"Tener una visión negativa, temerosa e intranquila acerca de la adolescencia, desde luego que transmite miedo e inseguridad a los hijos y les perjudica"

 

Frecuentemente se añade a los progenitores miedo e incerteza frente a la llegada de la adolescencia de sus hijos.  El, también, docente y conferenciante, autor de ‘La belleza de vivir’ (Editorial Ciudadela) subraya que no es acertado atosigar a los hijos en esa etapa o no conseguirán que el hijo se anime a compartir algunas de las situaciones que le acontezcan. Ya Proust, novelista francés, hacía un guiño positivo a esa etapa: "La adolescencia es la única época en la que he aprendido algo".

 

 ¿Qué cree usted que es eso que tanto temen los padres cuando se acerca la época de la adolescencia de sus hijos? ¿Teniendo esas ideas y prejuicios trasmiten inseguridad o miedo a sus hijos? ¿Eso puede perjudicarles?

 

 Recuerdo el lema de una campaña que dice: “Nuestra adolescencia os pondrá a prueba”. Está claro que hay muchos mensajes que como padres nos asustan y nos generan ese miedo. Existe la profecía que es la autocumplida, esto es, cuando pienso que una cosa va a pasar, sea buena o mala, es más probable que suceda. Si yo pienso que mi hijo adolescente va a suspender, va a ser un ladrón o le va a ir muy mal o, todo lo contrario, es más probable que ocurra.

 

Creo que tener una visión negativa, temerosa e intranquila acerca de la adolescencia, desde luego que transmite miedo e inseguridad a los hijos y les perjudica. Hemos de estar precavidos durante esa época y ayudarles a mejorar sus circunstancias.

 

Educación en valores

 

Nuestro país encabeza en cifras la lista europea respecto al bullying, según el primer informe mundial sobre el tema realizado por la ONG 'Bullying sin fronteras'. Es algo que aterroriza a los padres. ¿Qué diría usted que se nos está pasando por alto no solo en la escuela, también en los hogares?

 

Ciertamente da miedo porque nadie quiere que su hijo lo pase mal, que se angustie o sea maltratado o machacado por quienes le rodean. Nuestro hijo puede estar sufriendo y nosotros no ser conscientes de ello.

Es crucial educar a nuestros hijos en valores, es decir, que meterse con otro, vilipendiarlo, tratarlo con agresividad o con desprecio es algo que está mal. Cuando identifiquemos estas conductas que ya pueden observarse entre hermanos. hay que explicarles que no deben hacerlo.

 

Hay que hacer pedagogía desde la cuna, desde los medios de comunicación, cuando vemos una película, con una canción y explicarles. También es recomendable tener un buen contacto con el colegio, hablar con los profesores y que nos informen de cómo ven a nuestro hijo y cómo se relaciona con los demás. Y estar atentos a si el adolescente se encuentra más triste, aislado, apático o ha bajado su rendimiento escolar.

 

Respecto a los embarazos no deseados: ¿cree usted que habría que garantizar una educación sexual integrada en las aulas?

 

Este es un tema muy espinoso porque vivimos en una sociedad que a veces está muy hipersexualizada donde existe un hiperestímulo a los adolescentes sobre el tema sexual en el momento en que ellos están descubriendo esa faceta de su vida. Da la impresión de que la educación se basa en la mera genitalidad, en explicar en qué consiste el acto sexual y los métodos anticonceptivos que hay. Esto es una mala educación porque ya lanza un mensaje en el que tener relaciones siempre y cuando no haya enfermedad o embarazo no pasa nada, pero sí pasa.

 

Hay personas que llegan a tener una relación patológica con la sexualidad porque se han sentido utilizadas, porque se han sentido acosadas o porque han tenido que ceder a ideas de un grupo para que no las considerasen reprimidas o estrechas.

Claramente habría que difundir más educación sexual desde casa unido con la escuela y vincular el sentido y significado de la sexualidad con la afectividad, es decir, el compromiso y amor entre dos personas que consienten.

 

En la adolescencia, el joven parece recibir instrucciones por todos lados: padres, familiares, los profesores, los amigos. ¿Puede sentirse agobiado para ser quién es? ¿Qué necesitaría para sentirse más libre?

 

La adolescencia es la época del descubrimiento del propio yo. El joven se da cuenta que ya no es un niño y ya no es alguien al que le dicen lo que debe hacer.

 

Esta etapa de cierta rebeldía, de negarse... resulta bastante creativa y hace que el adolescente elija su propio camino.

 

Los padres han de ayudarlos y acompañarlos. Las libertades hay que ponerlas poco a poco en función de sus capacidades, de su inteligencia, su coraje, sus valores... Si queremos que el adolescente confíe en sí mismo, hemos de generar nosotros confianza en él y no interrogarle ni cuestionarle cada segundo y por todo.

¿Cómo se le pueden poner límites a los hijos sin que sientan que se les censura o se coartan sus derechos y necesidades? ¿Cómo no resultar un enemigo para ellos?

Se les puede preguntar qué les apetece hacer el fin de semana, en vacaciones... y compartir con ellos y aprovechar para sacar un tema de conversación y un límite. Cuando el adolescente está encerrado en sí no es bueno entrar e invadirle. Por ejemplo: 'No sería bueno que llegases tan tarde porque podemos hacer deporte o algo que te apetezca'. Lo idóneo es no estar pendiente de cómo coartar su conducta.

 

Desdramatizar la adolescencia

¿Qué es imprescindible en la infancia de los hijos para que llegada la adolescencia se expresen desde su libertad y consulten cualquier tema a los padres?

 

No conozco a ningún adolescente del planeta que haya hecho eso, así que digo que ningún padre aspire a ello. Si tu hijo te cuenta todo, tiene un problema grave y es que confía poco en sí mismo. El hijo normalmente consulta algunas cosas y, a veces, porque le pillamos. Lo normal es que nuestro hijo vuelva a contárnoslo todo pasada la fase adolescente. El truco para pasar por ahí es haber querido al hijo mucho desde pequeño, diciéndole lo bien que baila, lo bien que lee o dibuja y diciéndoles que de los fallos también pueden rescatar aciertos. Eso servirá para que se ame a sí mismo y sepa quién.

 

 ¿Cuál diría usted que es un error generalizado por parte de los padres llegada esta etapa y que suele tratar en consulta?

 

 El error es dramatizar o exagerar la adolescencia y decir que a nosotros no nos pasó y que respetábamos más a nuestros padres, es falso. También fuimos adolescentes e hicimos cosas que no estaban bien. Resulta un desacierto no ser conscientes de la existencia de esa fase tan necesaria para que el hijo madure.

 

¿Puede afirmarse que es posible un camino por la adolescencia de los hijos sin angustia?

 

Lo más importante es darse cuenta de que la angustia no sirve para nada. Habría que hablar con otros padres que han pasado por ello y nos dirán que lo pasaron mal pero que todo pasa y que no hay que darle mayor importancia. Seguramente nos dirán que los hijos se ven más fortalecidos y tienen mayor autoestima.

 

No añadamos tragedia a lo que el hijo hace porque eso lo que va a conseguir es que se comporte de una forma todavía más agresiva. Parte de la adolescencia se convierte en una provocación y las provocaciones cumplen sus objetivos cuando consiguen que el otro 'entre al trapo'.

 

Apoyémonos en nuestra pareja o persona que nos acompañe, en los abuelos y hablemos mucho. Nos daremos cuenta de que las cosas pasan de una forma más sencilla de lo que podríamos prever.

lunes, 16 de mayo de 2022

David Bueno, experto en neuroeducación: "A los adolescentes debemos exigirles cosas de adolescente"


Aldara Martitegui    |  Madrid/Barcelona   | niusdiario.es   |     17/04/2022


·        Entrevista al experto en neuroeducación David Bueno sobre su último libro ‘El cerebro del adolescente’

·        En su libro, Bueno nos ofrece una guía para poder entender y acompañar mejor a los adolescentes en esa etapa de la vida

·        En la entrevista, Bueno reflexiona sobre los estigmas en torno a la adolescencia de nuestra sociedad actual: no son menos inteligentes que los de antes

 

Existe un gran estigma en nuestra sociedad en torno a la adolescencia; conductas irreverentes, de riesgo o malas contestaciones que, según el neurocientífico y divulgador David Bueno, tienen que ver con el funcionamiento de su cerebro: estos chicos y chicas no tienen nada personal contra sus progenitores ni contra los adultos en general, lo que les ocurre es que tienen un nivel de estrés muy elevado y no saben cómo gestionarlo.

 

David Bueno está convencido de que comprender el funcionamiento del cerebro de los adolescentes podría ayudar a generar dinámicas más saludables en la relación padres-hijos. Esa es al menos la intención de su último libro, El cerebro del adolescente (Grijalbo 2022) en el que este doctor en Biología y experto en neuroeducación nos descubre qué ocurre en el cerebro de los adolescentes y nos guía para poder acompañarlos en esta época tan importante de la vida.

 

La finalidad del libro es que, como adultos, podamos abordar las situaciones difíciles, que suelen emerger cuando hay un adolescente por medio, siempre desde la confianza y desde el apoyo emocional y jamás poniendo una barrera entre nosotros y ellos porque “seguro, se nos va a girar en contra, tanto a nosotros como a nuestros hijos e hijas” asegura Bueno.

 

Pregunta: En tu libro dejas claro que la neurociencia, todo lo que la neurociencia aporta sobre el funcionamiento del cerebro y sobre su desarrollo puede contribuir a generar dinámicas de interacción entre adultos y adolescentes más armónicas ¿Crees que esto podría contribuir a acabar con el estigma que existe en torno a la adolescencia?

 

Respuesta: Mi idea cuando hago estos trabajos es favorecer precisamente esas interacciones más armónicas, en este caso entre adolescentes y adultos. Primero, que los adultos entendamos que nosotros también fuimos adolescentes, que hicimos las mismas tonterías que hacen nuestros hijos adolescentes, aunque en un contexto diferente: en un contexto social, histórico, cultural y tecnológico diferentes, lo que significa que van a manifestarlas de una forma diferente a la que la manifestamos nosotros. Pero el estilo es el mismo; tienen las mismas dudas que teníamos nosotros, aplicadas a situaciones diferentes porque el contexto es diferente. Pero la duda está sembrada en el cerebro de un adolescente de forma permanente y entender esto, creo que lo que permite a los padres es no hacer barreras con sus hijos. Entender que, si hoy me ha contestado mal, no es porque me odie…incluso a lo mejor ella misma o él mismo se cree que me está odiando: pero no es que te odie, es que tiene la amígdala híper-reactiva y no puede evitar contestarte de esta manera. Así que, mejor que yo no conteste enseguida porque, en este momento, estoy en un nivel de estrés muy alto y todavía agravaré más la situación…

 

P: ¿Qué deberíamos hacer en ese momento para no agravar más la situación?

 

R: Mejor hago ver que no he oído nada. No es tolerarlo, pero hago ver como si no lo hubiera oído y, después, cuando esté tranquilo o tranquila ya le sacaré el tema. Pero después, cuando toque, no ahora, no en caliente, porque en caliente tenemos las de perder todos, ellos y nosotros.

 

P: ¿También la neurociencia les puede ayudar a ellos?

 

R: La neurociencia sirve también para que los adolescentes se entiendan mejor a sí mismos…claro, por ejemplo, el sentimiento de soledad en la adolescencia puede llegar a ser intensísimo: pensar que eso solo te pasa a ti…pero saber que eso les pasa a todos los adolescentes de una forma u otra, aunque sea el dicho de ‘mal de muchos, consuelo de tontos’, pero consuela; consuela ese no estoy solo, ese les está pasando a todos…

 

P: ¿Por qué crees que la adolescencia es una etapa tan complicada y por qué tantos padres se enfrentan a ella desde el prejuicio?


R: Porque es una etapa que genera muchos choques entre adultos e hijos e hijas adolescentes y por eso tenemos esta predisposición. Lo hemos visto en nuestro entorno, lo vivimos en nosotros mismos cuando éramos adolescentes y ya lo tenemos antes incluso de que llegue esa etapa…A ver, tenemos un problema con ellos y es que por un lado los tratamos como si todavía fuesen niñas y niños, y ya no lo son, pero les exigimos respuestas de adultos, y tampoco lo son. Les tratamos como lo que no son y les exigimos lo que no son, y así, no nos pueden satisfacer nunca, no, no pueden, porque ni son niños ni son adultos. Entonces debemos exigirles cosas de adolescente. Es decir, ¿que tomen decisiones? ¡por supuesto!, ¿que tomen una decisión que les va a afectar los próximos 4 o 5 años de su vida diciéndoles que eso va a ser fundamental, como cuando tienen que elegir estudios?, pues no…porque el cerebro adolescente no puede percibir lo que significan 5 años de su vida. ¡No puede! Tiene que tomar la decisión, claro que tienen que tomarla; pero debemos relativizarla diciéndoles que cualquier decisión es reconducible.

 

P: Otra de las cosas negativas que se oyen últimamente sobre los adolescentes de ahora es que son menos inteligentes que nosotros….¿Qué piensas de esto?, ¿crees que la tecnología tiene algo que ver con esta pérdida de inteligencia, como dicen autores como Michel Desmurget en su libro La fábrica de cretinos digitales?

 

R: Creo que es todo parte del estigma y que contribuye a mantener, no te digo a aumentar, pero contribuye a mantener el estigma…Pero es que no es cierto: no son menos inteligentes que los adultos, simplemente aplican su inteligencia de forma diferente. Se publicó un trabajo hace unos pocos años que decía que haciendo los test de coeficiente de inteligencia clásicos entre los años 40 y 70 del siglo pasado -o los años 80, no recuerdo exactamente las fechas- el coeficiente de inteligencia había ido aumentando unos 5 puntos cada década en el promedio de la población. Y lo que sugerían los autores es que esto era debido a una mejor alimentación -que nutrimos mejor las neuronas- y a una mejora en el sistema educativo. Bien: lo suscribo. En un trabajo que se publicó hace 5 años, analizaron desde el año 80 hasta el 2015 y su conclusión fue que el cociente de inteligencia había disminuido 7 puntos cada década y lo atribuían a la comida basura -que es menos nutritiva- y a lo que ellos llamaban una degeneración o degradación del sistema educativo. Claro, es en esto en lo que se apoya un libro como ese [La fábrica de cretinos digitales] pero cuando tú analizas el trabajo, resulta que los test de inteligencia que habían pasado a los alumnos, a los chicos y chicas, era el mismo que se pasó en los años 80 y es el mismo que se pasaba dos décadas antes…entonces claro, tú te preguntas y dices: si el sistema educativo ha cambiado, si ahora trabajamos más por competencias que por memoria pura y dura, si ahora tenemos muy claro que la inteligencia no es solo lógica y matemática o lingüística, sino que hay muchas más facetas (…) como la faceta de gestión emocional… si tú pasas el mismo test ahora que hace 40 años, cuando el sistema educativo ha cambiado, ¿qué estás valorando? No estás valorando que sean menos inteligentes, estás valorando que el test no se ajusta a la realidad….

 

P: Entonces, los jóvenes de ahora no son menos inteligentes que los de antes…

 

R: Por ejemplo, se ha visto a nivel neuronal que la generación digital, los nativos digitales, tienen menos conexiones en el hipocampo, zona que gestiona la memoria, que los que somos inmigrantes digitales. Claro, porque han externalizado parte de la memoria en la tecnología digital, cosa que nosotros, como no existía, no hicimos. Pero en cambio, ellos tienen más conexiones en la zona que permite integrar más informaciones entrantes, porque la tecnología digital permite gestionar, tener a tu alcance muchas más informaciones simultáneamente…claro, el cerebro se ha adaptado al entorno, esa es su función: la función del cerebro es adaptarte al entorno donde tú vives. En un entorno cien por cien memorístico, pues hará más conexiones en una zona, si es un entorno donde lo importante es la gestión de la información, tendrá más conexiones en otra…pero eso no significa que sean ni mejores ni peores, porque el contexto es diferente.

 

P: La adolescencia, que los chicos y chicas sean de esa manera tan irreverente, contestatarios, que tengan esas conductas de riesgo…¿crees que puede tener que ver con nuestra supervivencia y desarrollo como especie? Por ejemplo, los adolescentes son los que se atreven a hacer cosas aparentemente imposibles…si como especie no tuviéramos ese arrojo, ¿tal vez no habríamos llegado hasta donde hemos llegado?

 

R: Sí, si…es que es al adolescente al que se le ocurre salir de la sabana africana para irse a otro sitio cruzando montes que jamás había cruzado nadie, o simplemente el que se atreve a subirse al primer avión (…) precisamente, la adolescencia nos capacita para esto. A mí me gusta mucho decir que la adolescencia es lo que nos hace humanos. No es que antes nos seamos humanos: somos humanos desde el nacimiento y desde antes, pero sí como humanos, como una especie creativa, una especie innovadora, capaz de asumir riesgos a veces sin necesidad de asumirlos, por el simple placer de experimentar…Eso, como especie biológica, somos la única que lo poseemos, y es lo que hace de nosotros una especie única. El resto no: el lenguaje, los chimpancés también tienen un lenguaje, menos elaborado que el nuestro y menos complejo que el nuestro, pero el lenguaje no nos hace únicos. ¿Las emociones? Todos los mamíferos tienen un sistema emocional. Las emociones no nos hacen únicos. ¿La reflexividad? hay experimentos que demuestran que delfines y algunos primates tienen pequeños procesos de reflexibilidad. No nos hace únicos. ¿Qué nos hace únicos? Que tenemos una adolescencia que nos permite continuar siendo creativos, teniendo motivaciones, siendo exploradores e innovadores después de la edad adulta, es decir: que jamás olvidamos del todo nuestra adolescencia.

 

P: Todo esto que cuentas en tu libro sobre el cerebro del adolescente es un ejemplo más de cómo la neurociencia está empezando a impactar en nuestra vida en general, no solo en el terreno de la educación. ¿Cuánto de camino nos queda por recorrer?

 

R: Creo que uno de los campos con más futuro en este momento es el de la neuro, neurociencia en general, porque hasta hace poco no podíamos profundizar en el estudio del cerebro de forma directa y no invasiva. Abrir un cráneo y poner electrodos, ya hace mucho tiempo que se hace, pero no se puede hacer según en quien, por supuesto. Conocer cómo funciona, cómo crece, cómo cambia nuestro cerebro con la edad y con los aprendizajes, es una forma de incluso tomar más consciencia de quiénes somos…esas preguntas típicas de la adolescencia, ¿quién soy, de dónde vengo y a dónde voy?…pues un poco, como individuos, para entender nuestras propias reacciones, ¿porque soy más impulsivo de lo que debería ser o demasiado poco?...yo creo que es un campo con muchísimo futuro…

 

P: ¿La neurociencia está demostrando empíricamente en un nivel fisiológico cosas que ya había demostrado la psicología por ejemplo?

 

R: Si, esto algo que de hecho me encanta, que la neurociencia está demostrando por otra vía diferentes lo que ya hace no décadas, sino siglos y milenios, cosas que ya se conocían. Pero lo que aporta es una explicación más mecanística. Y yo creo que eso es importante, primero porque nos permite consolidar lo que ya hacíamos ver a lo mejor cosas de las que se dudaba, por lo tanto, discriminar entre qué es real y qué no es real. Y después también tiene mucho impacto porque la ciencia no es opinable. Lo que es opinable es que aplicación hacemos de la ciencia. Pero si la ciencia te dice que la amígdala genera las emociones y no es el corazón, pues es la amígdala, no es el corazón, no puedes opinar sobre eso. Otra cosa es qué emociones son más satisfactorias para una persona y eso sí que lo podemos opinar. Pero solo cosas de este tipo.

 

P: En el terreno de la educación, ¿también ocurre esto?, ¿qué la neurociencia está demostrando cosas que ya se sabían?

 

R: Sí. Por ejemplo, una de las cosas que se han visto en el campo de la neuroeducación, que es donde me muevo yo, es que las actividades que promueven más plasticidad y flexibilidad neuronal durante la infancia son la música, el arte y la psicomotricidad, el deporte; son las que potencian más plasticidad y flexibilidad…¡pero es que eso ya lo decía Aristóteles! El plan de estudios de Aristóteles era que hasta los 8-9 años, solo se hacía música, arte y ejercicios físico. Y las letras, la ciencia, la lógica y la matemática, empezaba después…eso no significa que no podamos hacer mates antes, claro que podemos hacer mates antes, pero el bloque central debería ser este otro.