sábado, 24 de octubre de 2020

"Sin autoestima no se puede sacar partido a la vida" - Luis Rojas Marcos

ANTONIO LOZANO   |   La Vanguardia   |   21/10/2020

El psiquiatra andaluz, profesor en Nueva York, defiende el optimismo como elemento clave para una existencia saludable

El optimismo se presta a muchos malentendidos y auto sabotajes, asegura el doctor Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943), quien fuera Jefe de los Servicios de Salud Mental del municipio de Nueva York y director del sistema de sanidad y de hospitales públicos de la misma ciudad. Por citar unos pocos: nadie es monolíticamente optimista o pesimista; contamos con un amplio margen de maniobra a la hora de potenciar una visión optimista de cuanto nos rodea; cometemos un gran error abandonándonos a pensamientos del tipo “que sea lo que Dios quiera”; en ningún caso deberíamos confundir optimismo con ingenuidad. Convendremos que el marco de angustia e incertidumbre generalizados provocado por la pandemia revisten su reciente ensayo divulgativo Salud y optimismo. Lo que la ciencia sabe de los beneficios del pensamiento positivo (Grijalbo) de una pátina de manual de supervivencia.

A sus 78 años, el hoy profesor de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York y director ejecutivo de Médicos Afiliados de Nueva York -una organización sin ánimo de lucro compuesta de cuatro mil médicos y profesionales de la salud- sabe muy bien de lo que escribe cuando aborda la naturaleza y las propiedades del optimismo, tanto por su relumbrante hoja de servicios -basta citar su papel en la atención a las víctimas y familiares del 11S como miembro de Consejo de Emergencias- como por sus propias heridas emocionales -entre ellas la pérdida de un hijo y haber sufrido dos depresiones. Rojas Marcos atendió por Zoom a Magazine Lifestyle desde su apartamento de Manhattan mostrando una afabilidad y un sentido del humor que refuerzan los argumentos expuestos en su libro.

PREGUNTA.- La primera pregunta es obligada. ¿Cómo está llevando la crisis actual del coronavirus tanto a título personal como laboral?   |   RESPUESTA.- Personalmente tengo suerte porque no me ha afectado, me he protegido bien y no ha interferido en mi capacidad de disfrutar de la vida. A nivel profesional es otro cantar, pues en tanto que coordinador de un amplio equipo médico en diversos hospitales públicos, incluyendo los de algunas cárceles, de Nueva York, he estado en contacto diario con enfermos. La incomunicación con los familiares y lo mucho que se está extendiendo la enfermedad complican mucho el panorama. El sector sanitario se enfrenta a una situación muy compleja.

P.- En el actual contexto de pandemia global, ¿estamos más necesitados que nunca de optimismo, en sentido literal, pues quizá el miedo y el malestar no han estado jamás tan extendidos como en estos momentos?   |   R.- Sin duda, las Guerras Mundiales, por ejemplo, estaban acotadas y en ellas el enemigo era visible. El coronavirus atenta contra nuestro sentido de futuro, la mitad de nuestras conversaciones versan sobre lo que vamos a hacer mañana, las próximas vacaciones, el año próximo… Al resquebrajarse este pilar de nuestra existencia y expandirse la incertidumbre -sólo hemos de pensar en los millones de personas desempleadas-, se disparan la angustia y la vulnerabilidad, con el riesgo de derivar en depresión.

P.- ¿Qué es el optimismo?   |   R.- "Hemos de explicar un poco lo que es el optimismo. Los escritores y filósofos del siglo pasado tenían una visión muy negativa del mismo, lo asociaban a la ignorancia y la ingenuidad. En la década de los 90 del siglo pasado empieza a estudiarse de un modo más científico, coincidiendo en el tiempo con la medicina de la calidad de vida. Ya no se trata sólo de curar enfermedades sino de mejorar y alargar la vida. En farmacología la primera medicina que va en esta dirección es la píldora anticonceptiva. También comienzan a analizarse los beneficios del ejercicio físico. En este contexto, el optimismo se pone bajo la lupa y se descubre ligado al concepto de esperanza -pensar que lo que deseamos va a ocurrir- y al descubrimiento del centro de control dentro de uno mismo -poder decirnos: 'yo soy capaz de hacer algo para salir de aquí y por protegerme', en vez de fiarlo todo a la suerte. Otro rasgo del optimismo está vinculado a la forma de explicarnos las cosas. Dado que el cerebro humano no funciona sin explicaciones, todos con el tiempo desarrollamos nuestro estilo explicativo, de modo que las personas más optimistas se caracterizan por no culparse ante los fallos y por pensar que el daño se va a arreglar. Y otro ingrediente del optimismo es la memoria biográfica positiva, es decir, centrarse en los buenos recuerdos a la hora de enfrentarnos a una adversidad".

P.- Comenta en su libro que “catalogar a las personas de optimistas o pesimistas no hace justicia a la complejidad de la perspectiva humana”. ¿Por qué fomentamos pues una visión tan reduccionista de nosotros mismos?  |  R.- Salvo las víctimas de depresión, todos somos un poco optimistas. Tendemos a simplificar en exceso, “este es listo y este es tonto”, “este es guapo y este es feo”… lo que sólo nos conduce a emitir juicios rápidos, a cerrar la puerta a la complejidad que implica cualquier reflexión en profundidad. Esta forma binaria de pensamiento, que se nos inocula desde la infancia, está en la base de grandes problemas como el racismo o la discriminación social.

P.- También sostiene que “la gran mayoría de los hombres y mujeres de cualquier edad, estrato social o lugar de procedencia, encaja dentro del amplio grupo de optimistas”. ¿Puede que tengamos la impresión contraria ya que, por motivos dramáticos, estamos rodeado de ficciones protagonizadas por seres atormentados y hundidos?   |   R.- A las ficciones que comentas se suma el sesgo de las noticias periodísticas. Yo ya me he acostumbrado a decir “vamos a ver las malas noticias”. Aquí tiendo a sintonizar el canal público de televisión, el PBS, porque me parece el más equilibrado entre tragedias y alegrías. Sin embargo, en general, el 99,9% de noticias son negativas. Los responsables de las cadenas lo justifican aduciendo que esto es lo que hace que la gente se conecte. Si de los seis millones de neoyorquinos, dos individuos no vuelven a casa por la noche, esto es noticia. Ahora bien, por lo general basta con preguntarle al que cree que el mundo es un desastre total cómo le va a él la vida para obtener una respuesta positiva.

P.- Asimismo pone el acento en la influencia del ambiente y de las circunstancias en las que nos desarrollamos en la composición de nuestro temperamento, en oposición a los que lo achacan todo a la genética. R.- Los genes juegan sin duda un papel determinante, para bien y para mal. Lo vemos en una unidad de recién nacidos, donde algunos bebés ya berrean desde el minuto uno y otros duermen plácidamente. Por ponerme como ejemplo: ¡me han diagnosticado una diabetes pese a cuidar mucho la alimentación y hacer mucho ejercicio físico! Ya… pero es que algún pariente me lo ha transmitido. Dicho esto, también desarrollamos nuestra personalidad, nuestra forma de ver la vida, nuestras creencias… el medio en el que crecemos va a tener un impacto tremendo sobre nuestros genes. Puedes tener unos genes estupendos pero, si has crecido en un ambiente terrible, seguramente te enfrentarás a muchas adversidades. En definitiva, es una mezcla entre lo que traes de serie y tus experiencias -y aquí los primeros 15/20 años son fundamentales- y, ojo, también lo que decidas aprender, esto es, el tiempo, le energía y la motivación para cambiar rasgos negativos de tu personalidad.

P.- Insiste a lo largo del libro en la necesidad de fortificar los aspectos favorables de nuestra naturaleza y de recurrir al estilo optimista de explicar las cosas. ¿Por dónde empezar? | R.-Lo primero es identificar el problema y hacerse la pregunta -por ejemplo, ¿cómo puedo ver la vida de otra forma?, o, ¿cómo mejorar las relaciones con mi entorno?-, luego hay que dar el paso de concretizar -por ejemplo, explorar aquello que te traiga satisfacción y diversión ante un cuadro de infelicidad permanente. Aquí no hay magia que valga, uno ha de reflexionar, organizarse y aceptar que en muchos caso vamos a necesitar de la ayuda de terceros. Es un proceso que requiere conciencia y trabajo.

P.- “Una visión favorable del pasado nos predispone a abordar con confianza los retos que se cruzan en nuestro camino”, escribe. No ser muy duros con nuestro yo de antaño y saber perdonar a quienes nos hicieron daño es fundamental para encarar lo que nos viene  |  R.-Hay que esforzarse por no estancarse y pasar página. Es normal sentirse víctima durante un tiempo si hemos sufrido daño y agravios pero enrocarnos en una identidad de víctima es muy pernicioso. Agarrarse a un pasado doloroso te roba la flexibilidad y la esperanza. Las asociaciones de víctimas son muy útiles al principio pues son lugares que te ofrecen apoyo y solidaridad pero tienen caducidad, deben ser pasajeras.

P.- “De todas las opiniones que nos formamos a lo largo de la vida, la más relevante es la que nos formamos de nosotros mismos”, comenta. ¿Cuál es la vía más eficaz para corregir una baja autoestima?  |  R.- Sin una autoestima moderada o positiva no se puede sacar partido a la vida. El primer paso es valorar qué aspectos de nosotros mismos, ya pertenezcan a nuestro físico o a nuestra forma de ser, nos causan molestar o nos acarrean problemas. Hay que estar muy atentos al salto que se produce entre no gustarnos y rechazarnos con virulencia (“no valgo para nada”), lo que puede alertarnos de la gestación de una depresión. Una vez detectado el mal hay que apuntarlo, comprenderlo y, si es necesario, buscar ayuda.

P.- Destaca la relevancia de la extroversión, de compartir nuestras emociones y sentimientos, de desahogarnos, de poner orden en nuestros pensamientos… por medio de la conversación. ¿Diría que esta necesidad humana tan básica está más amenazada que nunca por el aislamiento y la desconexión que provocan las pantallas?  |  R.- El ser humano está hecho para hablar -ojo, también para hablar en alto, para nosotros mismos, pese a su mala fama es muy útil a la hora de ver cómo nos vemos y tratamos- y compartir. Hoy tenemos un problema en la comunicación física, cara a cara, pero no hay que perder de vista que la tecnología también nos ayuda a comunicarnos, en estos tiempos de pandemia ha sido un salvavidas, imagínate no haber contado con móviles ni ordenadores. La tecnología por sí sola no es el problema, lo es qué uso hacemos de ella.

P.- Establece una distinción entre la valoración del optimismo como negativa entre Europa y como positiva en Estados Unidos. ¿A qué lo achaca principalmente?  |  R.- La culpa de su estigmatización europea la achaco a los filósofos y los líderes religiosos del siglo XVII, XVIII y XIX, los sabios de quienes emanaba la educación del pueblo, proclives a vernos nacidos con pecado o perversión incorporados. En Estados Unidos, por el contrario, el optimismo está glorificado, pobre de ti si en una entrevista de trabajo no te defines como tal. Aquí cunde la idea de que a más optimista y feliz, más posibilidades de ser reconocido y compensado en la otra vida. Es una exigencia muy nociva porque el infeliz automáticamente se ve como un fracasado y lleva, en general, a la negación de los problemas y a marcarse unos objetivos inalcanzables. Al mismo tiempo, la cultura de la queja en España, con el consiguiente efecto de ir minando el optimismo, no me parece menos perjudicial.

P.- Quizá por efecto contagio de Estados Unidos, ¿no existe asimismo en Europa una obsesión creciente con el bienestar y la felicidad, quizá impulsada en parte por la industria de la autoayuda? Es como si a las personas no se nos permitiera o se nos castigara por no estar bien y animosa y radiante las veinticuatro horas del día.  |   R.- Hay contagio, indudablemente. Para empezar no deberíamos recurrir al término felicidad, muy contaminado, sino al de satisfacción. Pensar en términos de la primera es poner el listón muy alto y referirse a algo que resulta bastante inalcanzable. Al principio yo definía mis libros como de autoayuda pero hoy reviste unas connotaciones denigrantes, algo superficial y que carece de base científica, limitado a lanzar consejos del tipo “quiérete a ti mismo”, de modo que ahora huyo de la etiqueta como de la peste. En Estados Unidos sigue teniendo una pátina positiva porque la idea de autoayuda surgió en el seno de los grupos de alcohólicos anónimos, quienes decidieron reunirse con regularidad para ayudarse unos a otros sin el auxilio del terapeuta oficial, los cuales se demostraron muy útiles.

P.-Se detecta cada vez más resistencia a recurrir al lenguaje bélico al abordar enfermedades, el ejemplo más extendido es el cáncer, contra el cual siempre se anima a luchar y batallar. ¿No encierra algo perverso depositar tanta responsabilidad en los esfuerzos de los pacientes?   |   R.- El lenguaje al que recurrimos puede convertirse en una carga adicional para los pacientes, quienes no sólo han de hacer frente a tratamientos dolorosos y a la angustia y al miedo sino que se ven exigidos a sacar unas fuerzas y una actitud de las que no disponen. Estamos delante de un gran error. Ahora bien, si el médico percibe que el paciente está perdiendo la esperanza y la ilusión, sí que debe, evidentemente, intentar ayudarle y fomentar un cambio, Pero el camino no es decirle “luche, luche, luche” sino hablar del problema, ponerse en contacto con los familiares, recurrir a una medicación…

P.- ¿No debería el sistema educativo enseñarnos con mucha más determinación a cuidar de nuestra salud mental y física?   |   R.- Sería esencial. Yo empezaría por enseñar a los niños, a partir de los cinco o seis años de edad, a hablar consigo mismos y además a tratarse con cariño en el proceso. La calidad de vida arranca aquí, esto va a contribuir a que se sienta mejor y a que su corazón funcione mejor. De modo que, desde primaria, tendría que haber una asignatura de salud física y una de salud mental que animara a expresar las emociones y sentimientos de los alumnos. Recordemos que la definición oficial de salud que da la Organización Mundial de la Salud comprende “el estado completo de bienestar físico, psicológico y social”.

P.- En un momento del libro confiesa haber sufrido una depresión. ¿Qué lecciones extrajo de una experiencia tan difícil?  |  R.- La tristeza es más gestionable si sé qué me la provoca y se complica cuando no detectamos la fuente. La pérdida de energías, ganas e ilusión es la evidencia más clara de que nos encaminamos hacia una depresión. Yo he tenido la suerte de conocer los síntomas para buscar ayuda y ponerles remedio a la mayor celeridad posible, es decir, la detección temprana es clave. De nuevo, sin tener conciencia de enfermedad o problema no podemos hacer nada porque no hay motivación y reacción.

P.- Es conocida su afición a los maratones. ¿Qué le ha aportado a su vida el ejercicio físico en general, y una prueba tan exigente como el maratón en particular?  |  R.- Llegué muy tarde al ejercicio físico, ya en la cuarentena, y lo hice por recomendación de un amigo ante la situación de elevado estrés laboral que atravesaba y que me llevaba a sufrir de hipertensión. Me compré una cinta para correr en el dormitorio y enseguida noté cómo mejoraba mi presión arterial y mi estado de ánimo por lo que quedé enganchado. Ya en el año 92 me plantearon el reto de participar en un maratón y, como los desafíos siempre me han estimulado mucho en la vida, me animé. Desde entonces he participado en todas las ediciones, salvo esta última que se canceló por el coronavirus, aunque ahora me cueste cinco horas y media completarlo. La constancia nunca me ha faltado. Puede sonar exagerado pero quizá sin el ejercicio físico no estaría hoy vivo.

jueves, 22 de octubre de 2020

Fortalezas y debilidades de una persona

 MARIANO OPERE    |     P & A Group   |   23/06/2020

¿Cómo podemos evolucionar si no sabemos qué aspectos necesitamos mejorar? Distinguir la fortaleza de la debilidad y determinar cuáles son las nuestras es el primer paso para desarrollarnos en cualquier ámbito, también en el liderazgo. ¿Sabrías identificar tus puntos destacados y tus principales carencias?

 Descubre qué es la fortaleza y debilidad personal, qué características se integran en términos generales en cada grupo y cómo puedes analizar tus virtudes y defectos para poder trabajar en ellas.

Concepto de fortaleza personal.-  Cuando hablamos de fortaleza personal nos estamos refiriendo a “aquel conjunto de habilidades, características o aspectos de tipo psicológico o actitudinal en las cuales sobresalgamos y que supongan algún tipo de virtud o ventaja adaptativa”, según la definición aportada por Óscar Castillero en el artículo Fortalezas personales.

Por su parte, Christopher Peterson y Martin Seligman definen la virtud o fortaleza como “aquellas capacidades que pueden adquirirse a través de la voluntad, las cuales representan rasgos positivos de la personalidad”. Es esa característica que te hace sobresalir del resto para bien.

Ejemplos de fortaleza.-  En este sentido, estos autores han elaborado un Manual de virtudes y fortalezas del carácter, en el que relacionan científicamente los rasgos psicológicos positivos de las personas, divididos en seis grandes grupos:

Sabiduría y conocimiento: Creatividad.   |   Curiosidad.   |   Apertura mental.   |   Amor por aprender.  |   Perspectiva y sabiduría.

Coraje : Valentía.   |   Persistencia.   |   Integridad.   |   Vitalidad.

Humanidad : Amor.   |   Amabilidad.   |   Inteligencia social.

Justicia : Participación ciudadana o responsabilidad social, lealtad y trabajo en equipo.   |   Justicia.   |   Liderazgo.

Templanza: Perdón y piedad.   |   Humildad y honestidad.   |   Prudencia.   |   Autocontrol.

Trascendencia: Excelencia.   |   Gratitud.   |   Esperanza.   |   Humor y jovialidad.   |   Espiritualidad y sentido de propósito.

Definición de debilidad.-  En el lado opuesto, las debilidades personales pueden definirse como “los hábitos, pensamientos y conductas negativas que impiden realizar labores con eficiencia, alcanzar metas y lograr aquello que se desea”, según el blog de desarrollo personal Corrent.

Si bien no contamos con un manual como el de fortalezas, el pesimismo, la soberbia, la timidez, la pereza, la impulsividad, la indisciplina, la baja autoestima, la procrastinación, la impaciencia, etc. son algunas de las debilidades más frecuentes.

La relatividad de las virtudes y carencias.- Ahora bien, aunque en términos generales podemos hablar de grupos diferenciados de fortalezas y debilidades personales, lo cierto es que estas actitudes positivas o negativas no son inamovibles y van a depender de varios factores:

  • El entorno. Las fortalezas y debilidades personales varían en función del con quien se comparen. Así, puede que salgamos de una empresa donde éramos los más creativos para acceder a otra donde nuestra capacidad de innovación no supere la media.
  • Las circunstancias. En función de cada momento, las fortalezas y debilidades personales pueden suplantarse o provocar unos efectos mínimos. Por ejemplo, el humor es considerado una habilidad, pero según en qué momentos lo empleemos puede convertirse en un hándicap.
Cómo conocer las fortalezas y debilidades de una persona.- En cualquier caso, es necesario ser conscientes de cuáles son nuestras fortalezas y debilidades personales pues es el único camino que tenemos para reforzar las primeras y minimizar las segundas y obtener una evolución positiva como profesionales.

No debemos olvidar que, según las investigaciones llevadas a cabo por Zenger&Folkman, los ejecutivos que presentan un único hándicap por debajo del percentil 10, son calificados con una puntuación media de 18 en cuanto a su efectividad como líderes. En cambio, ser altamente competente en solo una fortaleza clave del liderazgo catapulta al interesado al percentil 72 de los líderes mundiales. Al percentil 84, si se disponen de dos puntos fuertes, y al 90, en caso de contar con tres fortalezas.

Para llevar a cabo esta evaluación interna, contamos con diferentes herramientas que nos permiten hacer inventario de nuestros atributos positivos y negativos.

Analisis DAFO personal.- Aunque fue creado para evaluar el potencial y límites de una organización, este sistema también puede ser aplicado para descubrir los elementos de fortaleza y debilidad de las personas y establecer un plan de acción para mejorar como profesionales. Se trata de determinar cuatro aspectos, divididos en dos grupos:

  • Variables internas:
  • Fortalezas: aquellos rasgos que nos hacen destacar, nuestros puntos fuertes. 
  • Debilidades: las características que nos impiden lograr nuestras metas.
  • Variables externas:
  • Oportunidades: los desafíos que podemos conseguir gracias a nuestras fortalezas.
  • Amenazas: los riesgos que podemos sufrir dadas nuestras debilidades.

La ventana de Johari.- Desarrollado por Joseph Luft y Harry Ingham, este sistema nos permite conocer tanto la fortaleza y debilidad de la que somos conscientes, como aquellas otras características que nos pasan inadvertidas, gracias a la retroalimentación de otras personas. En este sentido, la ventana de Johari está compuesta por cuatro áreas:

  • Pública: donde recopilaremos los elementos de fortaleza y debilidad que conocemos y que son compartidos por el resto de participantes en la herramienta.
  • Ciega: recoge los rasgos que los demás nos atribuyen pero que nosotros no habíamos percibido.
  • Privada: al contrario que en el área ciega, en este punto relacionaremos las características positivas y negativas que asumimos sobre nosotros mismos pero que tratamos de esconder a los demás.
  • Desconocida: engloba aquellos miedos y fobias que ni nosotros ni los demás conocemos sobre nuestra persona y que podremos descubrir a partir del análisis de los anteriores cuadrantes.

 Tests de fortalezas y debilidades personales.- Otra forma para desvelar nuestros puntos fuertes y débiles es acudir a los tests preelaborados por instituciones y organismos especializados en la materia, como el cuestionario VIA de la Universidad de Pensilvania, elaborado por Seligman y Peterson a partir de su listado de tipos de fortaleza.


Cómo afrontar la ansiedad y el estrés que nos produce la pandemia

ANTONIO ORTÍ   |   La Vanguardia   19/10/2020

 Psicólogos y expertos ofrecen consejos para evitar que los períodos de restricciones o el temor a ser contagiado por el virus causen estrés y preocupaciones excesivas que puedan paralizar o aumentar el sufrimiento.

 La incertidumbre provocada por la pandemia está alumbrando, dicen los expertos, un monstruo con varias cabezas (la salud, el trabajo, los hijos …) que anticipa amenazas reales o imaginarias. ¿Y si pierdo el trabajo?, ¿Y si la covid-19 afecta mi capacidad pulmonar? ¿Y si…? Una situación que motiva que proliferen iniciativas cada vez más efervescentes para mantener la calma. El último grito son los llamados consultores espirituales que comienzan a proliferar en EE.UU. y que mezclan el lenguaje de lo sagrado con el lenguaje de la consultoría de gestión para ofrecer a los teletrabajadores la posibilidad de compartir sus preocupaciones y obtener soporte espiritual.

 

También se están popularizando calcomanías con la llamada plegaria de la serenidad: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia”. Según parece, su autor, el teólogo Reinhold Niebuhr, escribió el texto en 1943 para combatir la ansiedad que provocaba la II Guerra Mundial.

 

Un momento convulso

Pero si los consejeros espirituales norteamericanos forman parte de la parafernalia que ha traído la covid-19, es posible que la frase de Niebuhr encierre una enseñanza provechosa. “Estamos en el momento de más ansiedad generalizada de la historia moderna”, aprecia Francesc Miralles, escritor y periodista especializado en psicología, toda vez que autor de libros como Todo saldrá bien (Cúpula).

 

En opinión de este experto, el deseo insatisfecho de estabilidad y la dificultad de prever futuro está llevando a lo que los budistas denominan “mente de mono”, esto es, a saltar de pensamiento en pensamiento en función de lo que sucede en el exterior y a caer en la terribilitis, el término que usa el psicólogo Rafael Santandreu para nombrar la tendencia a pensar que todo irá a peor. “En cambio, hay culturas que saben que lo bueno y lo malo que sucede es temporal, por lo que perciben el presente como ver pasar nubes sobre un lienzo blanco”, ejemplifica.

 

Diferencias entre campo y ciudad

Miralles se ha referido en ocasiones al “zen del asfalto” para dar a entender que es en las ciudades donde más falta hace la tranquilidad. “Lo que podría llamarse el zen del asfalto es una invitación a buscar la paz y la lucidez, en medio de una metrópoli ruidosa”, indica. “Las culturas urbanas son más histéricas, porque son culturas de la inmediatez, donde todo es más cuadriculado. En cambio, las culturas tradicionales contemplan el cambio como parte fundamental de la vida, en tanto están acostumbradas a fluir con el clima y a perder las cosechas por causas meteorológicas, a diferencia de las urbanas, que son más artificiales y, por lo tanto, tienen un deseo permanente de control y de que todo suceda de una determinada manera”, apostilla. Visto así, una posible moraleja es que, pese a la dificultad de la empresa, hay que intentar vivir con la máxima serenidad la pandemia.

 

Miralles pone como ejemplo al escritor Gaspar Hernández, autor de libros como El oficio de vivir bien (Aguilar) o El silencio, obra con la que ganó el Premio Josep Pla en 2009. “Cuando entrevisté a Gaspar Hernández, me dijo que la pandemia le sorprendió durante el lanzamiento de su nuevo libro, cuando ya tenía un montón de charlas programadas, presentaciones y entrevistas, y que todo se le vino abajo de repente, lo que le sumió en un estado de ansiedad que le llevó a pensar que el libro fracasaría”, relata. “Gaspar me dijo entonces algo interesante: hay que abolir el futuro cuando no lo puedes controlar. Es decir, prohibirse a uno mismo el tiempo futuro y ocuparse solamente del día en curso”, explica.

 

Posiblemente, alcanzar la serenidad en tiempos de coronavirus se está convirtiendo en una de las piedras filosofales del momento presente, como demuestra la gran producción editorial centrada en conseguir la ataraxia, la palabra que utilizaban los antiguos griegos para tener autodominio sobre los acontecimientos externos, fueran cuales fuesen.

 

Otro tanto piensa Patricia Ramírez, “una psicóloga de la vida cotidiana” –según se define– autora de libros como Cuenta contigo (Conecta) y, anteriormente, de Educar con serenidad (Grijalbo) o Entrénate para la vida (Espasa), entre otras obras. “Sobre cómo alcanzar la serenidad y combatir la ansiedad, hay libros maravillosos como La trampa de la felicidad (Planeta), de Russ Harris, o Sal de tu mente, entra en tu vida (Desclée De Brouwer), de Steven C. Hayes”, aconseja esta psicóloga.

 

También a Ramírez el coronavirus le cogió con el pie cambiado. Al respecto, no deja de ser curioso observar cómo están predicando con el ejemplo los propios psicólogos a la hora de poner en práctica durante el coronavirus los consejos que posteriormente ofrecen a sus clientes en la consulta. Porque…¿hay algo bueno en no tener la vida bajo control?

 

“Yo, por ejemplo, me he reinventado”, contesta Ramírez. “Antes de la pandemia tenía montada mi actividad de puertas afuera, porque había dejado de ver a pacientes y me dedicaba a dar conferencias en empresas, a mis intervenciones en radio y televisión y a la obra de teatro que había montado con Silvia Congost: Diez maneras de cargarte tu relación de pareja. Pero se anuló todo…”, prosigue. “Así que decidí reinventarme y montar una plataforma para impartir talleres virtuales que ha funcionado muy bien, porque ahora llego a Latinoamérica. Asimismo, como no podía abarcar tantos pacientes, he montado una consulta virtual con ocho compañeras. A mí, la falta de control sobre cosas que tenía muy controladas, me ha dado una perspectiva de trabajo distinta”, admite.

 

No obstante, si se trata de aconsejar sobre cómo sortear la ansiedad anticipatoria que está provocando el coronavirus por no saber qué ocurrirá mañana, los expertos proponen no perder de vista estas estrategias:

Contra el desorden exterior... el orden interior.- Cuando reina el desorden exterior, tener un orden interior puede atenuar el desasosiego, recuerda Ramírez. “Se trata de fomentar un orden personal basado en rutinas que den seguridad. Que el hogar no sea un caos, porque cuando hay confusión y desorden en el exterior, es necesario un orden interior”, reflexiona.

Mejor no pensar en lo que puede pasar... porque es probable que no pase.- “Durante mi vida, he sufrido muchas desgracias que nunca llegaron a suceder”, señaló en su día el escritor norteamericano Mark Twain, autor de libros inolvidables como El príncipe y el mendigo, Las aventuras de Tom Sawyer. Esta frase de Mark Twain es muy celebrada por los expertos en psicología por prevenir del peligro de anticipar el futuro.

 Si insiste en pensar que le pasará algo... puede que al final le acabe sucediendo.- Hay que mirar de frente a la intranquilidad y cortarle las alas. En opinión de Ramírez, si una persona piensa que acabará contagiándose de coronavirus, es más probable que suceda. “El consejo es poner distancia con las cavilaciones negativas, a ser posible con sentido del humor”.

Concéntrese en lo que puede controlar... y olvídese de lo que no esté en sus manos.- “Por ejemplo, si tu hijo va al colegio y en su clase hay un positivo, lo  controlable es llevarlo al hospital a que le hagan la PCR”

Ponerse en lo peor podría servir... pero es mejor dejar vivir el presente.- Pensar ocasionalmente en lo peor puede ayudar a amortiguar los miedos. El consejo de Ramírez es no imaginarse ni lo peor ni lo mejor, sino fluir por el presente.

La mente no puede cargar con todo... el cuerpo también debe ayudar.- Las grandes victorias siempre son psicológicas pero no hay que poner todos los huevos en el cesto de la mente. No centrarlo todo en la cabeza sino también ocupare del cuerpo; alimentación saludable, hacer ejercicio físico y tener un sueño reparador.

Mejor que luchar contra las emociones... es dejar que fluyan.- Hay que evitar luchar contra aquello que nos irrita. Es decir “al enfadarnos por la situación que vivimos nos enfadamos al mismo tiempo por estar enfadados, lo que propicia un segundo nivel de malestar. Según Miralles hay que dejar fluir la emoción, para no entrar en un bucle negativo.

Observe sus pensamientos con distancia… porque puede que no sean “la realidad”.- Según indica Miralles, un profesor de yoga de los Angeles, Arthur Jeon, sostiene que “el sufrimiento no lo generan las personas que nos rodean ni el lugar en el que nos encontramos, sino la lectura que hacemos de lo que sucede”

 Es mejor adaptarse a una situación adversa... que enfrentarse a ella y “romperse”.- Ser resiliente. El término está de moda desde hace tiempo, se trata de adaptarse lo mejor posible a una situación complicada.

La serenidad no se halla en ninguna parte... pero se encuentra en la búsqueda.- Inspirarse en culturas más serenas, como la asiática por ejemplo, que enseña que la mayor o menor gravedad de un acontecimiento reside en la manera de filtrarlo a través de la mente. Tanto puede encontrarse “renunciando al control del entorno seguro, como cuando uno baila hacia atrás un tango argentino”.

Nota.- Al transcribir las estrategias lo he abreviado porque el artículo ya es largo. Si alguien lo quiere leer entero lo encontrará en la información que pongo en el encabezamiento. 

martes, 20 de octubre de 2020

El 80% de los adolescentes del mundo no hace el ejercicio mínimo recomendado.

PATRICIA  PEIRÓ     |     Madrid     |     El País     |     22/11/2019

La OMS publica los resultados del mayor estudio sobre ejercicio en jóvenes. Dibuja una generación con sobrepeso atada a una pantalla y en las chicas los datos son todavía peores.

Los expertos llevan ya tiempo advirtiendo de que los jóvenes no hacen todo el ejercicio físico que deberían. Ahora tenemos la confirmación: el 80% de los adolescentes de entre 11 y 17 años de todo el mundo no realizan la actividad diaria mínima para estar saludables. Y los especialistas no hablan solo de hacer deporte, sino de acciones tan básicas como caminar hasta el colegio o jugar a la pelota con los amigos en el parque. Los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de una hora diaria de movimiento. Estos datos adquieren ahora una nueva relevancia, si tenemos en cuenta la epidemia de obesidad que ha alcanzado a prácticamente todos los países del mundo.

Cuatro científicas de este organismo acaban de publicar el mayor estudio hasta la fecha, tanto por el tiempo que abarca como por la población que examina, sobre actividad física en esta franja de edad. El grupo de investigadoras encabezadas por Regina Guthold ha analizado la evolución de 2001 a 2016 de 1,6 millones de jóvenes que van al colegio en casi 300 encuestas nacionales en 145 países y territorios. De ella se extraen tres conclusiones principales: se ha avanzado entre poco y nada en los últimos 15 años, las chicas hacen menos ejercicio y es una lacra común a países pobres y ricos. El equipo ha publicado sus conclusiones este viernes en The Lancet.

El país que presenta mejor resultado es Bangladés (66%) y el peor, Corea del Sur (94,2%). En el caso de Bangladés e India (73%), las investigadoras achacan los buenos resultados a la profunda implantación de deportes nacionales como el críquet, que los chavales practican cada día en el barrio, y a que a ellas se les exige que ayuden en las tareas de la casa cuando vuelven del colegio. Limpiar el hogar es una actividad física. En Corea del Sur, el 97,2% de las chicas no hace suficiente ejercicio.

Aunque haya una gran brecha entre el primero y el último, el resto de países se encuentran en un rango muy similar. En España un 76,6% de los jóvenes es sedentario. "Estos hábitos van a hacer que los niños tengan peor salud respiratoria, cardiovascular, peor calidad en los huesos y menos probabilidades de mantenerse en un peso recomendable", asegura Guthold por teléfono desde la sede de la OMS en Ginebra.

En el caso de Bangladés e India, las investigadoras achacan los buenos resultados en el caso de las chicas a que se les exige que ayuden en casa cuando vuelven del colegio. Limpiar el hogar es una actividad física.

La brecha de género es muy llamativa en muchos países, pero en Estados Unidos e Irlanda alcanza su cota máxima, el 15%. En el primer país "la educación física en las escuelas es potente, hay una cobertura deportiva enorme de los medios y una presencia muy fuerte de clubes y equipos deportivos en los que pueden inscribirse, especialmente los que tradicionalmente han estado dominados por los hombres". En el total mundial, un 78% de los varones jóvenes es sedentario, frente a un 85% en el caso de las chicas. En España, esta brecha es de 14 puntos: el 69,8 de los varones no hace el ejercicio mínimo, frente al 83,8% de las adolescentes.

¿Qué falla para que no hagan ejercicio? "En el futuro hay que pensar campañas dirigidas especialmente a que las chicas practiquen deporte. Tenemos que entender qué les motiva. También es necesario crear las condiciones. Facilitar que haya, por ejemplo, vestuarios separados. Además de educar a la comunidad: en algunas sociedades sigue existiendo el mito de que no es seguro hacer ejercicio durante la menstruación". El estudio señala intervenciones exitosas, como la campaña británica This Girl Can, destinada a fomentar el deporte femenino.

Los expertos apuntan a la vida delante de una pantalla como el principal de los problemas. "La revolución digital ha transformado los patrones de movimiento de la gente y el modo en que trabaja, se divierte, aprende y viaja",  sentencia en un artículo. también en The Lancet,  Mark S. Tremblayexperto en vida saludable y obesidad del Instituto de investigación del hospital de Otawa (Canadá). "Las personas duermen menos, pasan más tiempo en una silla, conducen más y hacen menos ejercicio", explica.

Pero sería absurdo achacar el 100% de la culpa a los móviles y las tabletas, dado que hace 15 años algunos resultados no eran mucho mejores. "Es una mezcla de factores. Los padres ahora tienen menos tiempo y no hay nadie que salga con los niños al parque. Hay menos espacios seguros en las ciudades para que los menores puedan estar por su cuenta. Y a esto se suma que comemos peor. Si queremos cambiar la tendencia tenemos que darnos cuenta de que el problema va mucho más allá de cambiar la merienda", indica Nerea Martín-Calvo, pediatra y profesora de medicina preventiva y salud pública en la Universidad de Navarra. Así opina también Guthol, la autora principal del estudio: "No podemos culpar al adolescente, o abordarlo solo desde un punto de vista de salud, sino fijarnos en el sistema, en la educación y en la planificación urbana.

Martín Calvo dirige el Proyecto Sendo, que busca analizar el efecto de la dieta y los estilos de vida sobre la salud del niño. "Los efectos de estas cifras ya están aquí. Estamos viendo una epidemia de obesidad que no se ha visto nunca. Es la pescadilla que se muerde la cola, si el niño come mal y gana peso, no querrá salir a hacer deporte, se vuelve más torpe y gana aun más peso. Pero todo esto se lo estamos enseñando desde pequeño. Si para conseguir que estén tranquilos en la mesa les sacamos la tableta, es lo que demandarán cuando crezcan", asegura. 

Si para conseguir que estén tranquilos en la mesa les sacamos la tablet, es lo que demandarán cuando crezcan

El tema de la falta de ejercicio de los adolescentes no es nuevo, como muestra este macroestudio, pero sí hay un motivo por el que ahora adquiere una nueva dimensión. "Hace 20 años no existían tantos ultraprocesados al alcance de todo el mundo, no habíamos identificado la actividad física como algo vital, pero ahora lo es", apunta Ricardo Pérez Cuevas, doctor en salud publica y especialista del Banco Interamericano de Desarrollo. Según el último informe anual de Unicef, centrado precisamente en la malnutrición, 40 millones de menores de cinco años tienen más kilos de los saludables. "Y un niño con sobrepeso será un adolescente con sobrepeso", puntualiza el experto.

En América Latina solo un país baja del 80% de sedentarismo: Antigua y Barbuda (79,2%). "En la región se dan todas las tendencias a nivel mundial: falta de infraestructuras para realizar deporte en las escuelas, carencia de profesores de educación física, un entorno escolar lleno de ultraprocesados, cada vez caminamos menos y conducimos más, y hay altos índices de criminalidad que hacen que no haya muchos espacios seguros para que los chicos estén en la calle", resume.

También apunta a las pantallas como el gran enemigo: "Los niños y adolescentes pasan una media de tres horas delante de la tele, en la que por cierto anuncian bebidas azucaradas y productos ultraprocesados. A eso hay que sumar el tiempo que pasan delante del ordenador haciendo los deberes". Si vamos más allá, Cuevas descubre un asunto que solo ahora está comenzando a abordarse: "La adolescencia ha sido una etapa bastante olvidada desde el punto de vista de la salud".

LOS MÁS SEDENTARIOS, LOS QUE MENOS.

Los países donde los adolescentes hacen menos ejercicio: 1.- Corea del Sur   |   2. – Filipinas  |   3.- Camboya  |   4.- Sudán  |   5.- Australia.

Los países donde los adolescentes hacen más ejercicio: 1.- Bangladesh  |   2.- Eslovaquia  |   3.- Irlanda  |   4.- Estados Unidos  |   5.- Bulgaria.