martes, 16 de agosto de 2022

Ventilación emocional: qué es y cómo aplicarlo para ganar en bienestar


VALENTÍN ELORZA      |     Psicología y Mente     |     11/08/2022

Así es como la ventilación emocional contribuye a nuestra calidad de vida.

Las emociones son la forma en la que los seres humanos damos sentido y forma a nuestros sentimientos, sin ellas actuaríamos como una especie de autómatas. Las emociones son reacciones de nuestro organismo en respuesta a las cosas que vemos o experimentamos.
 
La causa de las emociones suele ser identificable para nosotros mismos y normalmente esta sensación se presenta durante un periodo de tiempo limitado. Al principio la emoción puede manifestarse de forma intensa, pero a medida que continuamos experimentándola, su fuerza disminuye.
 
Algunas personas reprimen sus emociones de forma habitual esperando a que desaparezcan. Pero lejos de ser una buena práctica, contener nuestras emociones de manera sistemática no disminuye su intensidad; más bien, puede ponernos en riesgo, ya que nuestras emociones y la forma en que las expresamos son cruciales para mantener nuestra salud física y mental.
 
Existen diferentes técnicas en el ámbito de la psicología cognitivo conductual que ayudan con la gestión de las emociones. En este artículo concretamente hablamos de la ventilación emocional, una nueva técnica psicoterapéutica que ayuda a expresar nuestros sentimientos y también de cómo aplicarla.
 
¿Qué es la ventilación emocional?
 
La ventilación emocional es una técnica psicoterapéutica que permite dar una vía de salida a las emociones que tratamos de ignorar. A través de la ventilación emocional podemos expresar nuestros estados de ánimo y sentimientos, para evitar enfermar física o mentalmente.
 
El estrés, la ansiedad y otros problemas de salud mental, aparecen cuando no somos capaces de expresar lo que sentimos. El objetivo principal de la ventilación emocional es reducir los efectos nocivos que la represión emocional tiene sobre la salud. Esta técnica psicoterapéutica se sirve de diferentes procesos tanto físicos como mentales para ayudar a la aceptación y la expresión de los sentimientos. También hace uso de las afirmaciones positivas.
 
Si de niños crecimos en un ambiente donde las emociones no se expresaban con frecuencia, o donde mostrarlas se consideraba una debilidad, es muy probable que de adultos optemos por reprimirlas de forma habitual.
 
Además, también desde muy pequeños aprendemos cómo nuestras emociones afectan a nuestro entorno. Vemos que las personas que nos rodean responden de manera diferente cuando estamos felices o enojados, tristes o alegres. Las reacciones de nuestro entorno a nuestras emociones nos hacen clasificarlas como positivas o negativas, y así es como empezamos a ocultar, ya de niños, ciertos sentimientos que consideramos no válidos o defectuosos.
 
Pero a medida que crecemos, debemos entender que no existen las malas emociones. La naturaleza humana implica pasar por distintas emociones y aceptarlas, incluso las que consideramos negativas o están mal vistas según nuestra interpretación del mundo.
 
Disfrutar de una buena ventilación emocional significa aceptar todas nuestras emociones y ser capaz de expresarlas.
 
¿Por qué reprimimos nuestros sentimientos?
 
Todos los seres humanos, sin excepción, pasamos por momentos malos a lo largo de nuestra vida. La pérdida, el fracaso, la frustración forman parte de la experiencia humana, estos momentos se acompañan de dolor, tristeza, ira, entre otros sentimientos considerados negativos. Algunas personas recurren de forma habitual a la represión como estrategia de afrontamiento para superar los momentos difíciles.
 
Estas personas a menudo ocultan y se evaden del dolor que experimentan, ya sea fingiendo que todo está bien o distrayendo sus mentes con otros pensamientos. Hacen lo posible por tratar de evitar las sensaciones desagradables que conllevan las experiencias negativas.
 
Sin embargo, ignorar u ocultar las emociones no las hace desaparecer, estas siguen en el interior. Las emociones que se ocultan o reprimen suelen encontrar la manera de manifestarse, a veces como síntomas físicos o incluso como episodio de ansiedad o depresión.
 
Si reprimimos nuestros sentimientos en nuestro interior, estos acabarán por salir de la peor forma posible. Al ser capaces de expresarlos, somos capaces de liberarnos de ellos. Esto no solo contribuirá a mejorar nuestro estado de ánimo, sino que está demostrado que hablar de los que nos pasa tiene beneficios en la salud general, tanto física como mental, además de mejorar la relación con el resto del mundo.
 
¿Cómo podemos aplicar la Ventilación Emocional?
 
Existen muchas formas distintas de aplicar la ventilación emocional, la idea principal es que las personas sean capaces de expresar sus sentimientos y emociones a cualquier persona de su círculo íntimo que consideren que les puede entender. Esto no quiere decir que tengamos que compartir nuestro dolor con todo el mundo, sino que podemos elegir a alguien con quien tengamos una conexión y que sepamos que nos va a entender para liberarnos.
 
Sin embargo, algunas personas tienen miedo de dejar ir sus emociones porque temen ser juzgadas o porque no tienen un amigo disponible todo el tiempo. Si no hay nadie en nuestro entorno con el que nos sintamos cómodos compartiendo nuestras emociones, la autoexpresión también puede funcionar como ventana emocional.
 
Dedicar tiempo a validar nuestras emociones, entender de dónde vienen y escuchar lo que sentimos con calma y sin juicios puede también permitirnos descargar. En algunos casos, escribir puede resultar útil para liberar emociones, especialmente cuando estamos pasando por momentos difíciles.
 
Un psicólogo o terapeuta especializado puede ayudarnos a procesar nuestros sentimientos y aceptarlos. Este especialista no solo practicará la escucha activa, sino que puede enseñarnos técnicas para realizar una mejor ventilación emocional, ayudándonos a comprender lo que sentimos y también por qué lo sentimos.
 
Como vemos, existen diferentes formas de liberarnos de nuestras emociones. La ventilación emocional puede realizarse oralmente, mediante el diálogo con un amigo o un terapeuta especializado, o de forma escrita, donde también puede intervenir una tercera persona o hacerse de manera individual mediante la autoexpresión, por ejemplo gracias a un diario.
 
Lo importante es que escojamos la opción que escojamos para expresarnos, no hay que olvidar que todas las emociones cumplen con una función específica, y el objetivo de la ventilación es darles espacio para poder liberarnos.
 
Técnicas de ventilación emocional
 
Hay muchas formas de liberar emociones, y algunas son más beneficiosas que otras dependiendo de lo que se necesite. A continuación, veremos algunos ejercicios que pueden ser muy útiles para utilizar la ventilación emocional.
 
1. Identificar las propias emociones
 
La mayoría del tiempo las personas somos capaces de identificar lo que sentimos y las causas concretas de nuestras emociones. Pero frente a algunas situaciones complejas parece que perdemos esta capacidad perceptiva, por ejemplo podemos mostrar ira frente a una pérdida. En estos casos es importante tomarse un tiempo para identificar los verdaderos sentimientos, y explorar la situación para poder afrontarla de forma adecuada y recuperar nuestro bienestar
 
2. Aceptar las emociones

Aceptar y abrazar las emociones es una de las técnicas más efectivas de ventilación emocional. Permitirse sentir diferentes emociones, aunque estas sean negativas, es natural y necesario en la vida. Solo al aceptar que se tiene derecho a sentir cada emoción, es posible conseguir el equilibrio emocional.
 
Las personas que no se permiten sentir suelen ser bastantes autoexigentes consigo mismas. Por eso también es importante bajar el nivel de exigencia con uno mismo y permitirse ser un ser humano con todos sus sentimientos, incluidos los negativos.
 
3. Hablar con los demás
 
Una forma de liberarnos de nuestras emociones es hablando con los demás sobre lo que nos pasa. Pero esto solamente funcionará si nos sentimos escuchados y comprendidos. La escucha activa implica prepararse para escuchar, observar los mensajes no verbales y luego responder adecuadamente. Cuando esto ocurre, demuestra que nuestro interlocutor está prestando atención a lo que le decimos. Esta forma de escuchar demuestra una conexión mutua entre el hablante y el oyente.
 
4. Sacar las emociones
 
La ventilación emocional permite dar salida a las emociones que tratamos de ignorar. Algunas personas presentan más dificultades que otras para abrirse a los demás o mostrar sus emociones. En este caso, se pueden encontrar formas de liberar las emociones que no impliquen a terceras personas, por ejemplo, practicando algún deporte o encontrando una forma de expresión artística.
 
Para gestionar mejor las emociones, también se pueden utilizar distintas técnicas de relajación, como el yoga o la meditación mindfulness. Además, estas prácticas reportan grandes beneficios para la salud física y mental. Otra técnica para liberar emociones es mantener un diario personal. Los diarios ayudan a desahogar las emociones más profundas, permitiéndonos conocernos mejor y ayudándonos a ser más asertivos con nosotros mismos.
 
Por último, cada experiencia y cada emoción pueden ampliar la comprensión de las situaciones y de nosotros mismos. Apreciar lo que sentimos, e incluso la razón por la que nos sentimos así, aunque al principio no sea agradable, puede ayudarnos a comprendernos mejor, e incluso permitirnos superar los momentos difíciles con más facilidad. Expresar lo que nos pasa es necesario para nuestro bienestar emocional.

domingo, 14 de agosto de 2022

Bloquear o borrar personas un comportamiento social útil en algunos casos


VALERIA SABATER        |      La Mente es Maravillosa     |     09/12/2021
 
En los últimos años, el comportamiento de los usuarios de Facebook o Twitter está cambiando. Podríamos decir que, de algún modo, que estamos madurando. En la actualidad ya no se valora tanto el tener muchos amigos. Esa línea tan común de hace un tiempo donde acumulábamos centenares de amigos en las redes sociales se está terminando. Esto se ve sobre todo en personas mayores de 30 años, quienes quieren dar ya a sus redes sociales un uso más serio y profesional.
 
Por tanto, la estrategia de bloquear o borrar personas no es solo adecuada, sino necesaria en muchos casos. Con esta acción se evitan a los clásicos spammers, es decir, usuarios molestos o poco afines a cada uno que incomodan o simplemente, no gustan. Intentamos con ello separar el grano de la paja. Aún más, con esta acción venimos a su vez a reafirmar lo que se conoce como la teoría del número Dunbar.
 
Esta propuesta fue definida por el antropólogo Robin Dunbar en los años 90. Según él, las personas podemos llegar a tener relaciones más o menos significativas con no más de 150 personas. En ellas podemos incluir también a esos usuarios con los que interaccionamos de forma habitual (y enriquecedora) en redes sociales, aún sin conocerlos en persona.
 
Por tanto, en la actualidad somos cada vez más dados a utilizar filtros en estos mundos virtuales para armonizar nuestra vida. Hemos dado un paso adelante, y la mayoría busca ya el mismo equilibrio en la vida real que en las redes sociales.
 
Bloquear y borrar amigos: terminar relaciones significativas con un solo click
 
Sabemos ya que, por término medio, buscamos la reducción de contactos en esos barrios cibernéticos para tener el mismo equilibrio que en la vida real. Algo que en un primer momento nos puede parecer positivo, en realidad no lo es tanto. La razón de ello está en lo siguiente: a menudo, integramos las  mismas acciones que se llevan a cabo en ese mundo virtual que en la vida real.
 
Así, no falta quien tras una desavenencia con un compañero de trabajo, elige bloquear o borrar a esas personas de sus redes sociales. Otros, hacen lo mismo con sus amigos. Aún más, esta dinámica está sucediendo cada vez más a nivel afectivo. Forma parte de ese otro fenómeno conocido como ghosting. Recordemos, se trata de una práctica donde alguien deja a su pareja sin mediar palabra o dar explicación alguna. Así, además del silencio, la otra persona lo que percibirá casi al momento es que ya no aparece en las redes sociales o en los contactos de su (ex) pareja.
 
Hay quien da por sentado que al eliminar a alguien de esos mundos virtuales, desaparecerá también por arte de magia en la vida cotidiana. Piensan quizá, que la otra parte se dará rápidamente por eludida y comprenderá esa acción. Sin embargo, lo que suscitan estas prácticas, como el ghosting, es sufrimiento. Las víctimas quedan suspendidas en un limbo emocional donde resulta muy difícil dar forma a un duelo y a la asunción de ese final.
 
Ahora bien, por desesperantes e inmaduras que nos parezcan estas conductas hay algo importante en lo que reflexionar. No debemos echarle la culpa a la tecnología. Tampoco a los creadores y desarrolladores de esas redes sociales que usamos a diario. Estos escenarios virtuales lo que hacen es reflejar una vez más la dificultad de comunicación tan inherente en el ser humano.
 
Bloquear o borrar personas en un click nos hace la vida más fácil. Es rápido, es inocuo para quien lo ejecuta y lo mejor de todo, evita ver cara a cara a la otra persona para decirle “ya no te quiero”, “no me interesas” o “no te quiero en mi vida por estas razones”. El ser humano y su capacidad para comunicar con efectividad siempre ha tenido grietas. Ahora, con la tecnología estamos creando brechas aún más grandes.
 
Aprendamos a lidiar en persona con nuestros problemas. Porque el botón de borrado de nuestros dispositivos móviles, al fin y al cabo, no soluciona la mayoría de los conflictos de la vida.
 
¿Qué hacer si nuestros seres queridos nos bloquean o nos borran?
 
La periodista y escritora Lucía Martín recomienda:
 
“De entrada, no cuestionarse (salvo que sí hayas metido la pata hasta el fondo y seas consciente de ello, claro). Y creo que sobre todo lo que hay que hacer es recuperar la forma de conocer gente que teníamos antes de las redes: salir a la calle y ligar en otros entornos.”
Cuestionarse a uno mismo, es la reacción más frecuente en las personas que sufren esta forma abrupta de terminar una relación. De esta forma, nos cuestionamos qué hemos hecho mal, qué hemos dicho o por qué ha desparecido. En su lugar, lo primero que debemos pensar es que su actitud dice más de la persona en cuestión que de nosotros mismos.
 
Segundo hay que permitirnos sentir el dolor, la decepción, la vergüenza, o lo que sea que estemos sintiendo en el momento. El tercero paso es hablar con alguien cercano para que nos de apoyo y consuelo. Se ha demostrado que hablar de nuestros sentimientos y pensamientos ayuda a elaborar experiencias dolorosas.
 
Por último, debemos enfocarnos en nuestro autocuidado, tales como: alimentarse bien, dormir lo suficiente y hacer ejercicio son vitales para gestionar el dolor. Otras alternativas son el yoga, la meditación y el mindfulness. Ya que reducen la producción de hormonas de estrés en el cuerpo e incluso pueden reestructurar algunas conexiones neuronales asociadas al dolor.

jueves, 11 de agosto de 2022

María Ibánez y Jesús Jiménez, psicólogos: "Hay que aprender a ser investigador de uno mismo"


ALDARA MARTITEGUI    |     Nius diario     |     02/01/2022

Entrevistamos a los psicólogos María Ibáñez y Jesús Jiménez, autores de ‘Ordena tu mente para ordenar tu vida’


En su libro, nos enseñan a pensar de manera inteligente, dándonos cuenta de los errores que cometemos


Los autores explican por qué los errores del pensamiento son una fuente de sufrimiento para el ser humano

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Los niños deberían aprender desde muy pequeños en el colegio y en casa a pensar bien, a comprender cómo funciona la mente; cómo los pensamientos, muchas veces, nos llevan de acá para allá como si estuviéramos cabalgando un caballo desbocado; a darse cuenta de que los humanos tendemos a creernos casi todo lo que pensamos sin cuestionarnos nuestros propios pensamientos y que, por ello, cometemos innumerables errores cognitivos que afectan de manera directa a nuestro bienestar y a nuestra manera de vivir. Estoy segura de que si me hubieran enseñado a pensar de manera inteligente en el cole, mi vida hubiera sido muy diferente…pero ¿quién me lo iba a enseñar, si hace 35 años se sabía muy poco de esto y lo que se sabía quedaba muy restringido al ámbito de la psicología?

 

“Es que la gente enseña lo que sabe, no puede enseñar lo que no sabe” explica la psicoterapeuta María Ibáñez, coautora -junto al psicólogo Jesús Jiménez- del libro Ordena tu mente para ordenar tu vida (La Esfera de los libros, 2021). “El ser humano está evolucionando, ¿quién te iba a enseñar todo eso si la gente no lo sabía?...si tus padres no lo saben ¿quién te lo iba a enseñar si a ellos no se lo enseñaron?” puntualiza Jesús Jiménez.

 

Tomo nota de este sesgo de negatividad que tengo y, desde este momento, me comprometo a dejar de lamentarme y de culpar al sistema educativo de haberme empujado a acumular contenidos en mi memoria como si fuera un disco duro, en vez de enseñarme a pensar con inteligencia. Si no lo hicieron, probablemente fue… ¡porque no sabían cómo!

 

La clave es que ahora sí sabemos cómo hacerlo. De hecho, María Ibáñez y Jesús Jiménez dan buena cuenta de ello en su último libro. Ahora sí ha llegado el momento; ahora sí estamos preparados para aprender a pensar correctamente: porque hay personas que nos pueden enseñar y porque hay personas con interés por aprender. La pandemia, por ejemplo -explica Jesús Jiménez- ha despertado mucho interés por la introspección, porque hay una necesidad muy grande de entenderse a uno mismo. Esta tendencia “se va a acabar imponiendo, porque la gente lo necesita, la gente necesita dejar de sufrir”, asegura.

 

Pregunta: Vuestro libro, Ordena tu mente para ordenar tu vida

 

María Ibáñez: Fíjate que todo el mundo piensa, pero muy poca gente sabe reflexionar, darse cuenta de los errores del pensamiento…y sobre la inteligencia emocional pues decir que una persona cuando es inteligente, es inteligente en todos los campos, no solo emocionalmente.

 

Jesús Jiménez: En este libro lo hablamos poco, pero en el anterior lo hablábamos más: que lo que llaman inteligencia emocional, es muy racional. O sea, no se explica adecuadamente cómo se afronta una emoción (…) las soluciones para las emociones suelen ser racionales: Haz deporte, cuenta hasta diez, piensa en otra cosa…en realidad, la inteligencia emocional y la racional van juntas, no hay dos…solo hay una y, para ser realmente inteligente emocionalmente, hay que comprender la causa de la emoción, no vale solo con gestionarla, que es lo que se está diciendo mucho ahora.

 
El ser humano tiene que darse cuenta de que lo de fuera es muy importante, pero lo de dentro es vital y, por lo tanto, tiene que parar a observarse (María Ibáñez, psicoterapeuta)
 

P: En el libro habláis mucho de lo necesaria que es la introspección -parar y mirar para adentro- para uno poder darse cuenta de cómo piensa, de sus errores y, desde ese darse cuenta, poder cambiar la manera de pensar. ¿No os parece que la sociedad actual a lo que nos empuja es a hacer todo lo contrario? Me refiero a no dejar nunca de hacer cosas, a ser muy productivos…


María Ibáñez: Es verdad que el sistema empuja a hacer; a hacer siempre hacia fuera, desde uno mismo hacia fuera. Pero el sistema lo componemos cada ser humano, luego no podemos cambiar el sistema si no cambiamos como seres humanos, si no entendemos la importancia de investigarse a uno mismo, de pararse a observar lo que uno piensa, cómo piensa, lo que siente, por qué…tiene que haber curiosidad, tiene que haber que uno se dé cuenta de que la felicidad no viene de fuera (…) el ser humano tiene que darse cuenta de que lo de fuera es muy importante, pero lo de dentro es vital y, por lo tanto, tiene que parar a observarse, a observar qué tipo de pensamientos tiene, cuáles son los correctos, los incorrectos, los que le perjudican, los que no. Eso es muy importante (…) Hay que aprender a ser investigador de uno mismo, tener curiosidad por conocerte, por saber dónde sientes una emoción, de dónde nace un pensamiento, tener curiosidad por indagar, por ahondar en el conocimiento de uno mismo.

 

Jesús Jiménez: En el libro, aclaramos que uno no puede parar de vivir hasta estar bien y luego empezar otra vez, sino que tienes que incorporarlo a tu vida diaria sin mucha exigencia, sin querer hacerlo todo en un día, sino ir incorporando la atención al día a día, para ir dándote cuenta de cosas…es como si tuvieras que hacer un puzle a la vez que trabajas…pues de vez en cuando te acercas, pones una pieza, luego sigues…otro rato te acercas y pones otra pieza (…) En el libro vamos dando pistas para ir incorporando esto a la vida cotidiana, por ejemplo, hacemos mucho hincapié en no caer en la exigencia, sino en ir apoyándote para ir aprendiendo, cada uno desde donde está, a tratar de ir incorporando esto, pero sin exigirte, sino más bien como si fuera un viaje o un paseo…

 

P: ¿Es necesaria siempre la ayuda de un psicoterapeuta para hacer este trabajo de introspección?

 

Jesús Jiménez: Nosotros tratamos de dar herramientas, porque no todo el mundo puede ir a terapia o no todo el mundo tiene acceso, o no todo el mundo tiene un trastorno tan grave como para sentirse en peligro e ir a terapia. Pero sí hay pautas que le pueden ayudar a entender qué es lo que le pasa. Ese es nuestro objetivo con este libro (…) hacemos el libro lo más accesible posible y ponemos casos de la vida cotidiana, reales, pero a pesar de la dificultad, no nos resignamos a que cada persona pueda intentarlo por su cuenta a pesar de que el camino es arduo, es largo. Desde luego que alguien que te pueda ayudar, que entienda bien de eso, pues desde luego que es una ayuda. Pero no queremos banalizarlo: decir que se puede ser feliz en tres días y tampoco transmitir la idea de que es muy difícil o es imposible o que sin ayuda no puedes conseguirlo.

 

María Ibáñez: De lo que se trata es de cambiar la dirección. En la vida, el ser humano, tiene una dirección y es la de conseguir, lograr, la autoexigencia, ser mejor que los demás, conseguir lo que uno se propone, las metas…con los libros que escribimos, lo que intentamos es que la gente cambie de dirección, porque ese rumbo que le ha dado a su vida es una vida de sufrimiento, de competitividad, de lucha contra uno mismo y contra los demás y nosotros proponemos dejar de luchar, empezar a vivir aprendiendo, con afecto hacia uno mismo, sin exigencia. Y eso es como un cambio de rumbo que no es muy difícil y que poco a poco la gente lo puede hacer…y ¿cómo lo puedes hacer?, dándote cuenta de los errores que cometes…

 

Si uno se va dando cuenta de esos errores, el simple hecho de darse cuenta, hace que pierdan fuerza (Jesús Jiménez, psicólogo)
 
P: Y la cantidad de errores de pensamiento que cometemos es una barbaridad, como contáis en el libro…en los casos reales que compartís, vemos que son errores como fáciles de detectar desde fuera en los demás. Pero los nuestros…no es tan sencillo verlos.

 

Jesús Jiménez: Pero fíjate es que están tan extendidos [los errores] que mucha gente nos dices: ¡es que parece que el libro está escrito para mí! Eso es porque se sienten identificados, porque son errores comunes de la mayoría de la gente. Con más o menos gravedad o intensidad, pero son errores muy comunes.

 

María Ibáñez: Por ejemplo, hay mucha gente que tiene mucho miedo a no saber, gente que dice; “yo, en la carrera, nunca hice una pregunta en público porque me daba terror hacer el ridículo”. Son personas a las que les cuesta mucho mostrar que no saben algo. Ese miedo a mostrar que no saben algo, les va a hacer exigirse, disimular…y eso es sufrimiento. Eso no es un defecto, sino es un problema en su propia mente que les lleva a sufrir. Por lo tanto, a esa persona le interesa darse cuenta y decir ¿cómo resuelvo esto?, ¿cuál es la causa? y esta causa ¿de dónde viene? Y por ahí, ir resolviéndolo.

 

P: Uno de los problemas más extendidos es que nos identificamos con lo que pensamos, ¿creemos que somos lo que pensamos?

 

María Ibáñez: Digamos que el pensamiento es un instrumento: uno no es el pensamiento, pero ni siquiera la gente es consciente de su propio pensamiento. Si tú revisas a lo largo de tu día y dices: "¿qué he pensado de 11 a 12?" Igual ni te acuerdas, no sabes, porque el pensamiento no es solo el pensamiento consciente, sino que hay una gran parte del pensamiento que pasa de manera inconsciente y que sigue afectándote, porque el pensamiento produce emociones y además el pensamiento tiene su propia causa, luego está en un proceso de retroalimentación positiva que a la gente le hace sufrir y que no consigue parar ese tipo de pensamiento porque cuando intenta pararlo el pensamiento se activa, no puede parar. Lo que hay que hacer es entender la causa, entonces sí, el pensamiento se detiene. Pero el problema es que la gente no es consciente de su propio pensamiento. Es como si fueran sentados encima de un caballo salvaje, no saben dónde les lleva el pensamiento. A ratos cortos es consciente de lo que piensa, pero hay mucha gente que dice: "me paso el día pensando en qué voy a hacer mañana: esto y lo otro…pero ¡si ya me lo sé! ¿porque lo tengo que pensar?” Pues porque es una huida hacia delante, porque el pensamiento está siendo utilizado para escapar de la parte interna, de las emociones y, lo que hay que hacer, es ser consciente de esa causa. No reprimirla, sino entenderla.

 

Jesús Jiménez: Una de las dificultades más grandes, es identificarse con el pensamiento y no ser consciente de él. Pero todos estos errores en realidad son aprendidos, son aprendidos porque son comunes y se transmiten incluso sin proponérselo. Por ejemplo, cuando eres pequeño y te dicen: “no te enfades”…pues el niño dice “¿y cómo hago?” Pues va aprendiendo y se pregunta “¿cómo hacen los demás? Pues mi padre, cuando se enfada, aprieta los dientes y piensa en otra cosa...pues yo voy a hacer lo mismo”. O sea, se va imitando sin ser conscientes y se van asumiendo los errores comunes y eso se retroalimenta. Pero si uno se va dando cuenta de esos errores, el simple hecho de darse cuenta, hace que pierdan fuerza. Y luego puede ir cambiando eso, porque uno no es eso, sino que uno ha aprendido a reaccionar así.

 

P: ¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos las personas?

 

Jesús Jiménez: La mayoría comete errores de interpretación; los sesgos cognitivos son muy conocidos, lo de criticarse, desear el mal al otro cuando te enfadas, reaccionar con ira, querer resolver las cosas a la fuerza…todos esos son errores muy comunes y que, además, hace unos años se han difundido hasta la saciedad : “persigue tus sueños, lucha, no desfallezcas,” en vez de “entiende qué pasa, mira a ver si eso te va bien o mal”…o sea, esta idea de la fuerza como solución, se ha difundido mucho y la gente lo adopta. Son errores compartidos.

 

María Ibáñez: Es por ejemplo como el metaverso que está ahora tan de moda, eso ya es el colmo de la fantasía: vive mal, que luego ya te metes en tu casa, te pones a fantasear y ya lo solucionas...¡eso es un desastre para la mente! porque la fantasía es un gasto energético y es muy adictiva, es muy perjudicial, gastas la energía en una cosa ficticia en vez de resolver tu vida y ponerla en orden.

 

P: ¿Creéis que cualquier método de introspección es bueno?, ¿o necesitamos filtrar? Porque ahí fuera, en el ‘mercado de felicidad’ vemos que hay ofertas de todo tipo y gente que dice que a ellos les funcionan...

 

Jesús Jiménez: No, nosotros hemos investigado de todo, además de estudiar una carrera, verás que esto no es así (…) en realidad es como si fueran niveles de profundidad. No es que valga todo para todo, es como si alguien dice: "es que a mí, cuando se me estropea el coche le doy una patada y arranca otra vez". Bueno, pero claro eso no es una solución, de momento sí funciona: debe haber una pieza suelta y cuando le das una patada se coloca en su sitio, pero eso no puede ser la solución. Entonces, las diferentes técnicas tocan hasta un punto determinadas cosas…unas con más acierto, otras con menos y otras, en realidad, no sirven para nada. Pero aunque suene un poco fuerte decirlo así, en realidad, solo hay una manera de resolver los problemas, que es comprendiéndolos. Todo lo que te acerca a comprender el problema racional y emocionalmente sí va a servir. Si lo entiendes bien, no necesitas tantas técnicas y tantos abordajes. Es que comprender y resolver van juntos. Cuanto más comprendes en profundidad, más resuelves, porque es así…-llevamos 25 años haciendo terapia y vemos que es así: cuando la gente comprende, cambia. Cuando la gente se convence de algo, no cambia.