martes, 15 de noviembre de 2022

Raül Andero, neurocientífico: "Los fármacos para salud mental son poco específicos, como acelerar y frenar a la par"


RAÚL LIMÓN          |       El País     |     25/10/2022

El científico obtiene una beca Leonardo para investigar qué cambios se pueden inducir para disminuir los efectos del estrés traumático

Un accidente, la pérdida de un ser querido o cualquier suceso extraordinario grave deja en el cerebro huellas que pueden ser permanentes. El neurocientífico Raül Andero Galí, nacido hace 42 años en Mollet del Vallès (Barcelona) e integrante de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), analiza las secuelas de la exposición aguda a estímulos estresantes de carácter severo (estrés traumático), que pueden alterar el volumen de algunas áreas cerebrales, las hormonas, incluidas las sexuales (testosterona y estradiol), y el comportamiento de algunos genes o proteínas. Entender las consecuencias a largo plazo de un evento tan desgarrador, que puede incluso desembocar en cambios en los procesos de memoria o aprendizaje, es el primer paso para desarrollar tratamientos. Este es el objetivo del laboratorio del investigador (Andero Lab), que ha recibido una beca Leonardo de la Fundación BBVA, dotadas con hasta 40.000 euros por proyecto. El total de ayudas desde la creación del programa, en 2014, ha sido de 20 millones.

Pregunta. ¿Qué genera estrés traumático?

Respuesta. La exposición a situaciones que pueden poner en peligro nuestras vidas o las de nuestros seres queridos: un accidente de coche, por ejemplo, o una guerra. No sería traumático el estrés generado por ir a trabajar o por un atasco, que son situaciones estresantes, pero no traumáticas. El que estudiamos se genera siempre por circunstancias externas, por el ambiente y nuestra interacción con el mismo, por eventos y actos que pueden tener consecuencias muy graves y poner en riesgo nuestras vidas. Puede ser por algo que hagamos mal nosotros (como el consumo de sustancias estupefacientes y conducir) u otra persona.

P. ¿Qué efectos tiene?

R. Son innumerables, sobre todo, en el ámbito de las hormonas. El organismo libera hormonas por la exposición al estrés traumático (la más conocida es el cortisol), pero también hay cambios en las señales neuroquímicas que se intercambian las neuronas. Por ejemplo, se libera de forma inusual el neurotransmisor glutamato y puede cambiar cómo se comunican las neuronas a largo plazo, en meses, en años e incluso de forma permanente. También se producen cambios en el cerebro o en la regulación del ciclo menstrual. Se ha descrito hasta la reducción del número de neuronas en áreas cerebrales. Cada día se descubren nuevos cambios en el cerebro por el estrés traumático.

P. ¿Todo son perjuicios?

R. Cuando hablamos de estrés traumático, por definición, es negativo. Hay que destacar que la mayoría de la gente expuesta a este trauma, al cabo de unos meses, suele ser capaz de retomar su vida normal. Pero hay algunas personas que no pueden nunca. Ahí es donde necesitamos nuevos tratamientos para evitar que, quienes han sido expuestos a acontecimientos traumáticos, cronifiquen esos efectos y puedan retomar su vida normal. No se trata de olvidar el acontecimiento traumático, sino de disminuir el impacto que tiene este en la salud mental.

P. ¿Cómo investiga los daños cerebrales tras un estrés traumático?

R. Trabajamos con modelos animales y también con estudios en personas para intentar entender cómo el estrés traumático cambia las redes neuronales de memoria. Cuando alguien se expone a un accidente de coche, la memoria del suceso queda muy fijada: suele haber pesadillas o nervios al volver a subir a un vehículo. Se produce porque este estrés ha modificado las memorias que tenemos asociadas al coche y al accidente. Lo que queremos investigar es cómo el estrés y la memoria interactúan y cómo hacer que los niveles patológicos de interacción vuelvan a ser normales.

El miedo es necesario para la supervivencia de los mamíferos y no ha cambiado mucho con la evolución de las especies

P. ¿Cómo se traslada el estudio en animales a personas?

R. Nuestro grupo es pionero en España en el estudio de marcadores que se encuentran en modelos animales y también existen en personas. Evidentemente, un animal de laboratorio no es una persona, pero los dos son mamíferos y hay muchos procesos que funcionan igual, como, por ejemplo, las memorias del miedo relacionadas con el estrés. Aprovechamos esta similitud para estudiar generalidades como los genes que actúan de forma similar en el cerebro o las hormonas. El miedo es algo necesario para la supervivencia de los mamíferos y no ha cambiado mucho con la evolución de las especies. Podemos inferirlo a través del estudio de la conducta y hacer pruebas más o menos parecidas en personas, unir los resultados y encontrar muchas similitudes.

P. ¿Pero en las personas no disponen de un registro biomolecular previo al estrés traumático para analizar los cambios?

R. El experimento ideal sería tener muchas variables antes y después de un trauma para comparar qué pasa. Con los modelos animales intentamos solventar esa limitación y, en personas, estudiamos a pacientes que han ido a Emergencias después de un accidente de tráfico, por ejemplo, o una agresión sexual. Si se presentan voluntarios, estudiamos muchas variables. Hace un par de meses hemos descubierto que el momento del ciclo menstrual de las mujeres en el momento del trauma no influye para desarrollar el trastorno de estrés postraumático. Es muy complicado de estudiar y hemos sido uno de los primeros grupos en apuntarlo. Una de nuestras teorías es que da igual que, durante el ciclo menstrual, haya picos de estradiol porque el estrés traumático es tan brutal que es como un tren que pasa por la vía, haya o no un coche sobre ella.

P. ¿El objetivo de la investigación becada es manipular los elementos que se ven afectados por el estrés e interferir en ellos?

R. El objetivo fundamental de esta beca Leonardo es entender los mecanismos moleculares. Nos vamos a focalizar en una enzima que está sintetizada tanto en personas como en animales por el gen Ppm1f, que descubrimos nosotros y que está relacionada con el estrés traumático. Lo que hacemos es manipularla, eliminando este gen en la adultez y viendo si previene las consecuencias del estrés traumático. También vamos a usar MINISCOPES [visualización in vivo de corrientes de calcio con microscopios mimiaturizados] para seguir, en el cerebro de animales de laboratorio, entre 200 y 400 neuronas. Podemos ver en vivo y en directo cómo se están generando memorias. Esto es fascinante porque podemos investigar qué cambios podemos inducir nosotros para disminuir los efectos del trauma y, al entender todo esto, lo podríamos trasladar a personas, ya que estamos trabajando con este gen en ratones, pero también es importante en pacientes con trastorno de estrés postraumático.

En animales de laboratorio, eliminamos la función de genes para que no haya consecuencias del estrés traumático o queden disminuidas. Eso podría ayudar a encontrar tratamientos

P. ¿Manipular un gen para evitar un efecto de un episodio traumático?

R. Lo hacemos en animales de laboratorio, claro. En personas no es ético y no se puede hacer ni se debe hacer. Pero en animales de laboratorio, eliminamos la función de genes para que no haya consecuencias del estrés traumático o queden disminuidas. Eso podría ayudar a encontrar tratamientos, fármacos o terapias que afecten a la expresión de este gen en personas. Según lo vemos nosotros, se trata de identificar cuál es el gen o los receptores importantes y, luego, otros grupos especializados, pueden encontrar dianas terapéuticas. Nosotros les podemos guiar adonde se pueden encontrar terapias adecuadas.

P. ¿Podría haber una pastilla para después de un episodio traumático?

R. La idea general sería combinar psicoterapia y farmacología. Los fármacos que hay ahora en salud mental, para trastornos psiquiátricos no neurológicos, son los ansiolíticos, para tratar la ansiedad, y los antidepresivos. Estos fármacos se focalizan en receptores que están expresados en casi todo el cerebro. A veces funcionan y otras es como conducir un coche apretando a la vez el acelerador y el freno. El fármaco activa un área e inhibe otra, porque los receptores hacen cosas diferentes en distintas zonas. Son poco específicos. Esto no quiere decir que haya que hacer cambios en los tratamientos; hay que seguir haciendo lo que diga el psicólogo o el psiquiatra. Lo que queremos desarrollar son fármacos que, por ejemplo, vayan más dirigidos a las neuronas y a las áreas cerebrales que queremos y no a todo el cerebro, como suele pasar con los fármacos que hay ahora.

P. ¿Podría haber tratamientos específicos para diferentes tipos de estrés traumático?

R. Creo que eso está muy lejos. Aún no tenemos ni un tratamiento efectivo para tratar el estrés traumático. Con encontrar algo que sea más efectivo que lo que tenemos ya, firmaríamos.

Para el estrés cotidiano, siempre recomiendo una dieta muy saludable, ejercicio, meditación y, sobre todo, evitar las drogas

P. ¿Y para el estrés puntual no traumático?

R. También estoy muy interesado en este estrés más cotidiano porque puede tener efectos muy perjudiciales en la salud mental. Siempre recomiendo una dieta muy saludable, ejercicio, meditación y, sobre todo, evitar las drogas.

P. ¿Por qué se interesó por el estrés? ¿Es la enfermedad del mundo actual?

R. Mi interés por el estrés traumático viene de que es el único trastorno psiquiátrico o psicológico que ocurre por un único acontecimiento. La esquizofrenia no se sabe muy bien por qué empieza y hay gente que no sabe cuándo comenzó su depresión. En cambio, en el trastorno de estrés postraumático sabes que hubo un accidente, el día y la fecha. Eso me interesa porque tenemos una oportunidad terapéutica enorme, se pueden hacer tratamientos.

P. ¿Se puede medir el estrés?

R. No hay una manera única ni vale solo medir la hormona del estrés. La más conocida es el cortisol, que nos preparara para la acción. Pero no existe una única hormona del estrés. Se está estudiando dar cortisol para prevenir consecuencias traumáticas, pero no va a ser tan sencillo porque no es el único factor; hay otros genes, neurotransmisores y señales neuroquímicas.

P. ¿Suministrar la hormona del estrés para combatirlo?

R. Sí. Es así de paradójico. Cabría esperar que genere más estrés, pero ya publicamos en 2018 que, en animales, lo que hace es disminuir algunos de los efectos perjudiciales del traumático. Los mecanismos aún se están estudiando.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Javier Urra; "sobreproteger mucho a niños y jóvenes hace que sean como el cristal, duros pero frágiles"


ÁNGEL ESCALERA        |      Málaga      |      www.diariosur.es     |      15/10/2022    

Advierte de que con la sobreprotección "hacemos que los adolescentes, cuando se sienten dañados, se frustren y se quiebren" 

La sobreprotección que las familias ejercen sobre niños y jóvenes hace que estos sean como un cristal: duros, pero frágiles. Así lo dice en esta entrevista el doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud Javier Urra, que ayer pronunció en Málaga la conferencia titulada 'Vacuna contra la patología social', dentro de una jornada organizada por la clínica Recurra Ginso, especializada en salud mental infanto-juvenil, y el Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental. Urra asegura: «Con la sobreprotección hacemos que los jóvenes, cuando se sienten dañados, se frustren y se quiebren, en vez de hacerlos resilientes». Este experto, que es director clínico de Recurra Ginso, considera que se ha acortado mucho el tiempo de la infancia y, sin embargo, se ha dilatado mucho el tiempo de la adolescencia.

–¿Qué radiografía hace de la situación de la salud mental infanto-juvenil en España en la actualidad?

–Antes de la pandemia ya teníamos problemas. Uno de los problemas es una búsqueda ansiosa de la felicidad. El ser humano sabe que va a morir y que la gente que más quiere va a morir. Por tanto, lo de la felicidad es bastante quimera. Puede haber momentos de bienestar, de alegría, de pasión, de enamoramiento, de fracaso, de sufrimiento... Por tanto, no hay que pedirle a la vida más de lo que la vida puede dar.

–¿Se refiere usted a la infancia y a la juventud o es algo que se puede aplicar a todas las edades?

–Estoy hablando de la infancia y de la juventud, pero es algo que se extiende a la sociedad en general. Además, se está sobreprotegiendo mucho a los niños y a los jóvenes. Esa sobreprotección hace que los jóvenes sean como el cristal: duros, pero frágiles. Lo que tendríamos que hacer es que fueran resilientes.

«Es impropio que un niño de 11 años vea en la Red una violación grupal: un niño lo que necesita en su casa es amor y seguridad»

–¿De qué forma afecta a la juventud una protección excesiva?

–Con la sobreprotección hacemos que los jóvenes, cuando se sienten dañados, fracasos o no valorados, se frustren y se quiebren. También estoy notando en algunos jóvenes que si la vida no les da lo que ellos calculan, piensan en separarse de la vida. Esto no es un sufrimiento por un hecho puntual que les lleva a una conducta autolítica o suicida. No, no. Lo tienen un poco pensado. Para ellos, la vida merece hasta un punto. ¿Y cuál es mi diagnóstico? Que falta a veces transmitir esperanza y compromiso. Compromiso con el mundo, con los que nos antecedieron, con la gente con la que convivimos y con los que nos continuarán. Yo creo que hay que hacerse la pregunta: ¿para quién he vivido?

–¿Y cómo ve la situación de la infancia?

–Creo que hemos acortado mucho el tiempo de la infancia y, sin embargo, hemos dilatado mucho el tiempo de la adolescencia. Hoy un niño de 11 años puede estar viendo en la Red una violación grupal. Eso es impropio y le genera al niño una gran confusión que le lleva a tener grandes problemas. Por otro lado, le hemos quitado a los jóvenes la posibilidad de lograr un trabajo bien remunerado, de encontrar un piso, de conformar una pareja, etcétera. España es junto con Japón el país con mayor esperanza de vida y, por contra, el que tiene menos natalidad en el mundo como también le sucede a Italia.

–¿Qué opinión le merecen las redes sociales y su influencia en niños y adolescentes?

–Para mí, a veces, las redes más que sociales son asociales. Le pongo un ejemplo: cuando a un niño de ocho o nueve años TikTok le provee de una cantidad de retos que ponen en riesgo su vida, eso es una red asocial, no social.

–Usted es director clínico de Recurra Ginso. ¿Qué ofrecen en ese centro?

–Tenemos una clínica en Madrid, en la calle Corazón de María, y contamos con un centro terapéutico, situado a 70 kilómetros de Madrid, al que vienen chicos de toda España. En 12 años hemos tratado a más de 1.100 pacientes. Están con nosotros como media 11 meses. Lo primero que les decimos es que no hay teléfono móvil. ¿Y qué pasa? Nada, absolutamente nada. Lo segundo que les hacemos saber es que no hay ordenador. Y tampoco pasa nada. El 40 por ciento de los chicos que nos vienen, de 16 o 17 años, consumían mucho hachís. En el centro, evidentemente, no se consume nada. ¿Y qué pasa? Pues nada. Hay mucho tópico sobre eso, que si son adictos, que si no van a poder estar sin consumir. Pues pueden, claro que sí. Tenemos un acuerdo con el Ministerio de Sanidad y con comunidades autónomas y también somos privados. El caso es no ser elitistas y dar respuesta, hasta donde podamos, a todo el que lo precise.

«La gente está siempre como cabreada. No hay más que coger el coche para verlo: hay como una exigencia absoluta»

–En la conferencia que ha dado en Málaga ha hablado de la patología social. ¿Qué es eso?

–Por patología social me refiero a que hay padres que no pagan a Hacienda o que anteponen la droga a sus hijos. Ese tipo de realidad social genera estrés y ansiedad en los niños. España es el país del mundo que en los dos últimos años ha consumido más ansiolíticos en proporción a su población. La gente está siempre como cabreada. No hay más que coger el coche para verlo. Hay como una exigencia absoluta. Con esa actitud, la sociedad no valora que haya luz o agua en las casas. Se da por hecho que todo tiene que funcionar. Un niño en su casa lo que necesita es vínculo y apego, es decir, amor y seguridad. No hay que olvidar que somos nuestra infancia. También hay que estar en contacto con la naturaleza, porque somos naturaleza.

–¿Qué le parece lo que sucedió el Colegio Mayor Elías Ahuja de Madrid con gritos machistas e insultantes a las alumnas de la residencia Santa Mónica?

–Pensamiento y lenguaje van de la mano. Esos alumnos dijeron que había sido una broma. No, no, eso estaba pensado. ¿Que no es un ejercicio de odio? Bueno, pues posiblemente no, pero cuidado con las palabras, porque las palabras no son neutras. Cuando alguien dice todos, todas, todes, cambia la estructura social.

–¿Qué cosas importantes cree que le faltan a la sociedad en general?

–Yo destaco la importancia del sentido del humor, de la capacidad de reírse de uno mismo. Hay que saber perdonar a los demás y a uno mismo. Esas pequeñas cosas son fundamentales. Como por ejemplo, ir a un hospital a ver a niños enfermos o cuidar a la abuela que tiene alzhéimer y que posiblemente no te entiende, pero sí te reconoce. Una de cada cuatro personas en el mundo sufrirá una enfermedad mental a lo largo de su vida. En el mundo hay 300 millones de personas con una grave depresión, 250 millones con trastorno bipolar, más de 50 millones con ludopatía, más de 20 millones con psicosis... Por tanto, como dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), no hay salud sin salud mental. Un tercio de las bajas laborales en España corresponden a problemas de salud mental.

–¿La sanidad pública y la privada de España están suficientemente dotadas en recursos de salud mental?

–Aunque la sanidad pública y la privada funcionan bien, estamos muy poco dotados. Tenemos seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes frente a los 18 de media que hay en Europa. En España contamos con 11 psiquiatras por cada 100.000 habitantes y en Francia tiene el doble: 22. Tenemos problemas y creo que sabemos cómo abordarlos y afrontarlos, pero debemos tener capacidad para prevenirlos.

viernes, 11 de noviembre de 2022

Esketamina, hongos y ayahuasca: las "drogas" que revolucionan la terapia contra la depresión

 MARCOS DOMÍNGUEZ      |      elespañol,com      |      08/11/2022

La aprobación en España de un derivado de la ketamina es la punta de lanza de fármacos que superan el estigma para ofrecer beneficios psiquiátricos. 

La aparición de la fluoxetina, a finales de los años 80, supuso un revulsivo en el tratamiento de la depresión. Tanto, que su nombre comercial, Prozac, se hizo omnipresente y trascendió de la medicina a la cultura, llegando a 'protagonizar' libros y películas. Pero ya han pasado más de 30 años desde entonces y el tratamiento de la depresión necesitaba de un revulsivo: una de cada tres personas con formas graves del trastorno no mejora con las terapias actuales. 

La aprobación de la esketamina rompe los estigmas de las sustancias con potencial alucinógeno (aunque su uso médico estaba restringido a la anestesia, es consumida -ilegalmente- de forma recreativa) y abren una nueva vía para tratar la peor de las depresiones. 

"Los que nos dedicamos a la depresión resistente estamos que no nos lo creemos", comenta Víctor Pérez Solá, director del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar (Barcelona) y presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, en el marco de la presentación de Spravato, un fármaco para el trastorno depresivo mayor resistente basado en esketamina para pulverización nasal, que acaba de recibir el visto bueno a su financiación por parte de la sanidad pública. 

La primera ventaja del nuevo fármaco, aprobado para aquellas personas que ya se han sometido a dos terapias previas sin lograr beneficio, es que muestra sus efectos en las primeras 24 horas, cuando los antidepresivos clásicos pueden tardar entre 4 y 8 semanas en comenzar a ofrecer beneficio, lo que induce a algunos pacientes a abandonar el tratamiento creyendo que no está dando efecto. 

Esto no es algo superfluo en un trastorno en el que el riesgo de suicidio es 20 veces mayor que en el de la población general. "Es la enfermedad mental más discapacitante en Europa, y en España es la segunda causa de incapacidad laboral persistente", puntualiza Pérez Solá. Una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres sufrirá depresión a lo largo de su vida.

Pulverización nasal 

La segunda ventaja es su aplicación como pulverizador nasal, lo que aumenta su biodisponibilidad, es decir, la cantidad de medicamento absorbida por el cuerpo, lo que permite reducir notablemente la dosis. El paciente acude al hospital, toma el fármaco –primero, dos o tres veces por semana; luego una sola vez y, más tarde, cada 15 días– y permanece relajado algo más de una hora, ya que hay una cierta probabilidad de un incremento notable de la tensión arterial en los siguientes cuatro minutos. 

También hay un riesgo, en algo más del 20% de los pacientes, de que síntomas disociativos, "sensaciones de extrañeza", con las primeras dosis, explica el psiquiatra. Por ello, la administración se realiza en zonas específicas confortables dentro del centro sanitario. Incluso, los pacientes pueden traer su propia música, para evitar sobresaltos que generen un 'mal viaje'. 

Pero la esketamina es solo el primero de estos fármacos que exploran nuevas vías de afrontar un problema, el de la depresión, cuyo crecimiento parece imparable tras la pandemia: un 28% más en todo el mundo en 2020, año en que se registraron 53 millones de trastornos depresivos. 

Recientemente han salido publicados los resultados de otro psicodisléptico, la psilocibina, en la revista New England Journal of Medicine. Se trata del principio activo de los llamados hongos mágicos, de amplia tradición contracultural: en los años 60, psicólogos de universidades tan prestigiosas como la de Harvard llevaron a cabo experimentos con ella hasta que se los llevó por delante la guerra contra las drogas. 

Ahora, "en un entorno mucho más controlado", apunta Pérez Solá, la psilocibina ha mostrado reducir los síntomas de depresión a partir del primer día de administración. A las tres semanas, la puntuación en la escala MADRS de depresión, que va del 0 al 60, cayó una media de 12 puntos en la dosis más alta (25 miligramos) frente al grupo control (que recibió una dosis de 1 mg). 

También está en ensayos clínicos el uso de la dimetiltriptamina o DMT, el principio activo de la ayahuasca. Un pequeño laboratorio farmacéutico canadiense, Biomind Labs, está desarrollando una versión inhalada, al igual que la esketamina, para el tratamiento de la depresión mayor resistente a tratamiento. 

Aunque todavía no hay resultados publicados, la farmacéutica ha anunciado hace unos días datos positivos de la primera parte de su ensayo en fase 2 (hay tres fases de estudios clínicos antes de la aprobación) en 30 voluntarios. "Este ensayo tiene como objetivo pasar por la experiencia psicodélica completa en solo 10 minutos", ha explicado su CEO, Alejandro Antalich. 

Grandes farmacéuticas

No se trata solo de farmacéuticas pequeñas. Janssen es el laboratorio que ha desarrollado Spravato, pero Novartis también está ensayando su propia versión de un agonista de los receptores glutamatérgicos NMDA, a los que se enfoca la ketamina. Se trata de MIJ821, una sustancia que está en fase 2 de ensayos clínicos, con siete centros españoles participando en ella. 

Pérez Solá puntualiza: el potencial adictivo de estas sustancias es nulo, "prácticamente no hay casos descritos [de adicción en los textos científicos]". Por ejemplo, la dosis de esketamina utilizada está unas 20 veces por debajo de la que podría producir efectos. 

Sin embargo, el estigma asociado al uso recreativo de estas sustancias hace que las autoridades caminen con pies de plomo en esta área. Porque si los años 60 ya quedan muy lejos, la epidemia del consumo de opiáceos en EEUU es terriblemente reciente. 

"Estados Unidos está muy preocupada por los opiáceos y por cualquier cosa que suene parecida. De hecho, hay una clase de fármacos antidepresivos estudiándose que, al ser agonistas de los opiáceos, han puesto un freno total". 

Aunque popularmente se pueda meter a todos estos fármacos en un mismo saco, sus mecanismos de acción son diferentes. "La psilocibina es un agonista de 5-HT2; en el caso de la esketamina es un mecanismo muy preciso, los receptores de NMDA", explica el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental. 

Las ventajas que ofrecen sobre las terapias habituales, sobre todo en la rapidez de su efecto, está haciendo que "los laboratorios se están poniendo las pilas y desarrollando un montón de moléculas muy atractivas, muchas de ellas con un mecanismo de acción que arranca de los psicodislépticos". Y enfatiza para mostrar su optimismo: "¡Cómo no nos habíamos lanzado antes!"

Depresiones resistentes: cuando el tratamiento falla

 

GERARDO PRIEGO REMENTERIA      |      TopDoctors      |      04/11/2022 

Llamamos depresiones resistentes, en general, a aquellos procesos o episodios depresivos que no se resuelven totalmente tras ensayar un número razonable de tratamientos. Según la organización, el estudio, o la encuesta concreta, se puede definir un número concreto de tratamientos que hayan "fallado". 

¿Cuándo aparecen este tipo de depresiones? 

Lo más típico es que, en el transcurso de un trastorno depresivo crónico (por ejemplo, el trastorno depresivo recurrente), cada nuevo episodio depresivo sea más difícil de tratar que los anteriores. También es muy típico de los episodios depresivos en el contexto de un Trastorno Afectivo Bipolar, en el que se muestren relativamente resistentes a los tratamientos habituales. 

Puede ser preciso combinar tratamientos farmacológicos con un tratamiento
psicoterapéutico intensivo para corregir una depresión resistente
 

¿Qué síntomas nos pueden ayudar a identificar que estamos ante una depresión resistente? 

Los síntomas serían los mismos que los de una depresión; la resistencia al tratamiento no necesariamente implica una gravedad mayor de los síntomas de la depresión. 

¿Cómo se diagnostica la depresión resistente? 

Cuando un psiquiatra o psicólogo se presenta delante de un paciente con una sospecha de depresión resistente al tratamiento, lo más importante es hacer una reconsideración del diagnóstico, para asegurarse de que se trata realmente de una depresión y el tratamiento administrado sea el adecuado. 

Son muy frecuentes otras enfermedades médicas que producen síntomas parecidos a la depresión, y lo mismo ocurre con otros trastornos psiquiátricos (por ejemplo, trastornos de la personalidad, síndromes postraumáticos más o menos cronificados, síndromes depresivos que son habituales tras un episodio psicótico...). 

Solamente asegurándose de que se trata de un trastorno depresivo "primario" (lo que antiguamente se conocía como "endógeno"), se podrá continuar en la línea de intentar hacer remitir el trastorno depresivo.

¿Qué tratamientos pueden ser adecuados para este tipo de depresión?

Cada paciente es distinto, pero sin ninguna duda existen distintos tipos de depresión. Algunas veces será preciso combinar los tratamientos farmacológicos habituales con un tratamiento psicoterapéutico intensivo, o bien será necesario recurrir a medicaciones que utilizamos más raramente. 

Actualmente, están emergiendo nuevas líneas de investigación (y algún nuevo fármaco comercializado en los últimos meses) con buenos resultados en el tratamiento de las depresiones resistentes al tratamiento. 

Lo realmente importante es contar con el apoyo de un psiquiatra y su equipo experimentado y bien formado en estos trastornos, para poder llegar a buen puerto.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Pedir o reprochar: ¿Cómo expresar mis necesidades?

 VÍCTOR SANTIAGO TORRENTE        |       TopDoctors       |       31/10/2022 

Existen muchas situaciones en las que sentimos que nuestra pareja o nuestros amigos no saben ver o satisfacer una necesidad que tenemos y acabamos molestos. Por ejemplo:

 

-Es la enésima vez que me ves mal y no me dices nada.

-Pero es que no tengo el don de la adivinación, no sé si te pasa algo

-¡Déjalo! Parece que no te importa, eso está claro. 

Con este ejemplo podemos ver la diferencia entre lo que sería un reproche y una petición. Claramente lo que hacemos en este diálogo es un reproche, ya que solo deja claro que alguien está molesto por la actitud o conducta de la otra persona. Pero, ¿hemos reflejado la voluntad de que se repare? ¿Está de forma explícita la necesidad de la persona? 

Muchas veces somos más hostiles o estamos más ansiosos para explicar qué nos está sucediendo y caemos en el reproche en lugar de pedir lo que necesitamos. Las emociones que nos guían nos hablan de un peligro, algo que nos puede dañar, pero también nos hablan de una necesidad que cubrir. Si hablamos desde esa emoción desregulada caeremos en reprochar, y si hablamos desde una emoción más regulada la podemos transformar en asertividad, todo mediante una petición. 

En muchos casos es mejor mantener un diálogo después de haber reflexionado  

¿Qué es reprochar? 

Lógicamente, si tu intención es desahogarte y dejar rienda suelta a tus emociones puedes reprochar sabiendo la diferencia con respecto a expresar tus necesidades, aunque eso puede traeros a las dos partes más agotamiento mental y acabar en una discusión. No estamos exentos de reprochar o ser la diana de un reproche, pero está en nuestra mano poder usar otra fórmula.

Cuando reprochamos dejamos claro que hay un daño realizado o probablemente realizable, damos libertad a nuestro enfado o tristeza y hablamos en un tono que, lejos de ayudarnos, causa rechazo en la otra persona a quien nos dirigimos. Esto se acentúa especialmente cuando sentimos que, a menos que digamos el mensaje en voz alta y/o alterados, pueden arrollarnos o acabar peor parados

¿Cuál es la importancia de los límites? 

Los límites, en cierto modo, pueden considerarse peticiones, pero no siempre. Muchos límites lo son porque no cuentan con el permiso ni la aceptación de las condiciones por parte de la otra persona, simplemente implican un obstáculo por el cual no pueden pasar, quieran acceder a respetarlo o no. En otras palabras, muchos límites lo son porque no hemos pedido que se respeten sino porque no le queda más remedio a la otra persona.

Otros límites sí que pueden ser una petición, como, por ejemplo: “te pido que mañana me acompañes a ver a mi familia, necesito salir de casa” (limitamos un patrón que nos hace sufrir, pedimos una alternativa funcional, en lugar de reprochar que nunca se sale de casa).

¿Qué pasa cuando no sabemos expresar nuestras necesidades?

Cuando hablamos de necesidades pueden ser de distintos tipos: económicas, sociales, de cariño, sentimentales, materiales o de ocio. Sea cuales sea hay una premisa que debe quedar clara: siempre tienes derecho a pedir, ya que es la otra persona la que debe poner el límite si no puede o no quiere satisfacer nuestras necesidades. Tenemos tanto derecho a pedir como derecho a acceder o denegar la petición. No es algo que debiese ser castigado el hecho de pedir. Las firmas para buscar un cambio social son peticiones, no pueden ser castigadas, aunque sí denegadas. 

Y no, no existe una conexión especial que garantice entender siempre las necesidades de la otra persona. Sí que hay persona que tienen más facilidad para detectar las necesidades ajenas (e incluso cubrirlas) pero eso no les hace más exigible el deber de darse cuenta de qué nos sucede y cubrir esas necesidades. Por esa misma razón, tampoco es reprochable no haberlo hecho, ya que no siempre vamos a saber qué sucede, y aun sabiéndolo, no siempre vamos a poder estar a la altura de las expectativas. 

Es comprensible que expresar las necesidades nos haga vulnerables, nos haga conectar con la vergüenza, o con la humillación en algunos casos. Pero si esta es la razón para no pedir, el problema será trabajar estas sensaciones previamente, ya que la estrategia del silencio seguida del reproche (explícito o implícito) no suele funcionar, al menos no a largo plazo. 

Debemos deshacernos de algunas premisas o mitos que circulan socialmente:

  • Los demás deben saber qué me sucede.
  • Al no hacer nada, es una clara prueba de que no le importa mi problema o no le importo yo no lo suficiente.
  • Su falta de actuación es voluntaria. Conoce mi problema y decide no hacer nada o empeorarlo. 

¿Cómo aprender a pedir o expresar nuestras necesidades?

Entonces te preguntarás: ¿cómo debo expresarme entonces? Pues te voy a dar unas sencillas reglas que puedes ir practicando para darte a entender mejor:

1. Selecciona las condiciones para comunicarte: no siempre es la mejor idea decir las cosas en caliente, a veces es mejor salirte de la conversación, proponer una pausa y regularnos hasta poder manejar las ideas mejor. Olvídate de la creencia de que todo debe resolverse en el momento, ya que de lo contrario será peor porque es una huida y las huidas no solucionan nada. Esa creencia explica muchas discusiones, en las que ambas partes van escalando su malestar y sus reproches. Quizá te convenga esperar un rato antes de hablar, una llamada de teléfono, quizá por la noche no sea buena idea, y merezca la pena esperar al día siguiente. 

2. Solo los hechos de este problema: ni interpretaciones ni acontecimientos del pasado relacionados. Asumir las intenciones no es un hecho concreto, pero decir que ha pasado una cosa que nos ha molestado sí es un hecho real. 

3. Explicar nuestros sentimientos: una simple mirada o gesto puede molestarnos, y no pasa nada. Decir que algo nos ha molestado es comunicar cómo nos sentimos, y eso es algo irrefutable. Tener motivos reales para enfadarse no es lo mismo que discutir si los sentimientos son los que son, ya que las emociones, por raro que parezca su origen, son indiscutibles. 

4. No culpar: nos responsabilizamos de cómo nos sentimos siempre, a pesar de cómo nos hayan influido. Si culpamos a los demás por cómo nos sentimos es caer en el reproche y fomenta reabrir la discusión. 

5. Petición pequeña y concreta: pedir “un cambio” no se asemeja a “cuando pase X necesito que hagas Y”. Ejemplo: “debes ser más ordenado” es más genérico que decir “cuando acabes el desayuno guarda en el lavavajillas la taza”. 

6. Resaltar las consecuencias positivas: dejar claros los beneficios mutuos o propios siempre beneficiará. Con el ejemplo anterior: “si me ayudas guardando la taza cuando acabes de desayunar tendremos la cocina más limpia para la hora de comer y me sentiré mucho más tranquilo/a y agradecido/a”. También puedes enfatizar las consecuencias negativas, pero suele dar mejor resultado de la primera forma. 

Expreso mis necesidades pero nada cambia, ¿qué significa? 

Las 6 recomendaciones anteriores no garantizan en absoluto que tus necesidades se cubran, pero sí aumenta mucho la probabilidad de que la otra persona entienda realmente qué necesitas y da más facilidad para que te apoye en lo que necesites. 

La probabilidad de que nos satisfagan aumenta cuando respetamos estas premisas ya que sacamos la culpa y el reproche de la ecuación e introducimos instrucciones claras. Evidentemente nos pueden denegar una petición, pero ya hemos hecho un trabajo en regularnos y en conseguir que la conversación sea civilizada, sin alertar nuestros sistemas. 

¿Cómo aprender a ser más asertivos? 

A veces cuesta mucho conseguir regularnos y ser asertivos para pedir las cosas y salir del reproche. Muchas ocasiones de estas se deben a que conectamos con sensaciones bien arraigadas de hace mucho tiempo, y luchamos contra ellas de la manera en la que lo hicimos en el pasado, aunque no exista una amenaza igual o real en el presente.

Si te sucede esto conviene trabajar a nivel emocional con un 
especialista en Psicología para aprender a distinguir de dónde provienen estas emociones y cómo canalizarlas. La terapia EMDR funciona muy bien para poder aprender a desensibilizar y reprocesar estas emociones, lo cual nos facilita la entrada a desarrollar asertividad.