sábado, 5 de marzo de 2022
La adicción a videojuegos entra en la lista de enfermedades mentales en vigor de la OMS
jueves, 3 de marzo de 2022
No soy bueno en nada, ¿qué hay detrás de esa idea?
VALERIA SABATER | La Mente es Maravillosa | 07/02/2022
A veces, tras la idea de que uno no es bueno para nada puede estar desde
una educación autoritaria hasta la hiperexigencia. ¿Qué podemos hacer en estos
casos? Analizamos una serie de claves que pueden ayudarnos.
“No soy bueno en nada, no importa lo que me proponga,
al final siempre fracaso en todo”. Este tipo de autopercepción es como una sombra
persistente que habita en el universo psicológico de muchas personas. Es la voz
de la baja autoestima, el susurro que aniquila propósitos de vida, proyectos y
hasta relaciones.
Lo
cierto es que sería glorioso sentirnos siempre bien, estar seguros de nosotros
mismos al 100 % y percibirnos competentes 24 h 7 días. Sin embargo, hay épocas
así, momentos en los que dejamos de confiar en nuestras valías, virtudes y capacidades.
¿La causa? En realidad, hay muchos factores que orquestan en ese debilitamiento de
la autoconfianza, desde experiencias pasadas hasta la hiperexigencia.
Todos
hemos estado en ese territorio en algún momento. En esa esfera en la que nos
sentimos más débiles y el suelo tiembla bajo nuestros pies. No nos atrevemos a
avanzar porque tememos caer, fallar, hacer el ridículo y tomar el camino
equivocado. Sabemos que vivir es asumir errores, pero en ocasiones etiquetamos
un error como la muestra innegable de que no servimos para nada.
“¿Qué podemos hacer en estas situaciones? ¿Cómo demostrarnos que valemos para muchas más cosas de las que creemos? Debes mirar al mundo directamente a los ojos”. – Helen Keller.
No soy bueno en nada: ¿qué hay detrás de este pensamiento?
Sentirse
inútil, poco o nada hábil es una experiencia habitual en el ser humano. Lo es
porque somos
nuestros peores jueces y jurados, porque nos ponemos listones muy altos y nos
han educado para ser perfectos, eficaces y talentosos. Asimismo, si uno
echa una mirada a sus redes sociales lo único que apreciará con frecuencia es
un universo absoluto de perfección.
Por ejemplo, es común que los adolescentes
sientan de manera temprana que no son buenos en nada. Cuando aún están en proceso
de aprendizaje y desarrollo, algunos ya asumen que jamás serán tan
competentes, atractivos y brillantes como esas celebridades que siguen en
Instagram o TikTok. Vivimos en una sociedad en la que quien no sobresale en
algo se autopercibe como un fracasado.
Este
fenómeno se explica sobre todo por la comparación social que facilitan medios
como las redes sociales. Así, trabajos de investigación como los realizados en la
Universidad de California inciden en esto mismo. Medios como Facebook brindan escenarios
accesibles y cercanos para observar y compararnos con infinidad de personas.
Esto puede tener un gran impacto para la
autoestima en algunas personas, en especial los más jóvenes. Hasta el punto de
distorsionar por completo la visión que tienen de sí mismos.
Muchos de nosotros nos focalizamos únicamente en nuestras debilidades, fallos y carencias. ¿La razón? Porque es más fácil descubrir lo que no tenemos al compararnos con los demás, que apreciar las virtudes y potencial que sí tenemos desde siempre.
Cuando sientes que no sobresales… ¿A qué se debe?
La persona que no se percibe competente en
nada refuerza una narrativa mental mediada por la baja autoestima. Eso lo sabemos. Sin embargo,
¿cuál es la raíz de la baja autoestima? Esa es la clave que debemos comprender
y esos los factores que conviene tener en cuenta para comprender esta realidad
psicológica tan común.
·
Ya
hemos hablado de la primera causa: la comparación social. Nos hemos habituado a medir nuestras
valías en función de lo que son, tienen y hacen los demás.
·
Otra
causa es nuestra educación. El autoritarismo, la intolerancia al error o el deseo
de algunos padres de tener niños perfectos y no felices inocula a menudo en
algunas personas la sensación constante de fracaso. De no ser lo bastante
buenos como esperan los demás.
·
A
menudo, situamos la mirada en todos
nuestros errores pasados sin apreciar nada más. Quedamos
encallados en esa esfera fallida. Cada menosprecio del ayer, caída, puerta
cerrada o rechazo puede hacer mella en nosotros. En lugar de procesar estas
vivencias como oportunidades de aprendizaje, quedamos bloqueados por completo y
con la autoestima dañada.
·
Asimismo,
lidiar con algún trastorno psicológico como la depresión o la ansiedad alimenta
los pensamientos negativos. También esa visión crítica y aniquilante sobre uno
mismo.
·
Otro
factor es el social y relacional. Hay
personas que pueden proyectar en nosotros la idea de que no valemos para nada. A
veces, una relación afectiva dañina puede destruir nuestro autoconcepto.
La hiperexigencia o la necesidad de ser perfectos o talentosos es otro factor que puede reforzar la idea equivocada de que uno no sirve para nada.
¿Cómo podemos desactivar la idea de que no tenemos ningún talento?
La
idea de que uno no es bueno en nada resulta aniquilante. Nos subestimamos porque no
toleramos nuestros fallos. También porque habitamos en una sociedad que nos
engaña, que nos hace creer que hay quien nace siendo perfecto y talentoso…
Cuando
en realidad el talento se trabaja, cuando las valías no nos vienen dadas, sino
que se labran mediante el esfuerzo, la autoconfianza y la autoestima. Por
tanto, es
momento de dejar de alimentar ese diálogo
interno degradante.
Valemos
mucho solo por estar aquí, solo por existir. Somos perfectos tal y como somos,
y servimos para más cosas de las que pensamos.
Cómo recuperar la confianza en ti cuando crees que no
eres bueno en nada
·
Evita
la comparación social. Tú eres tú, los demás son los demás.
·
Toma
el control de tus pensamientos y tus autovaloraciones. Sustituye unas ideas por
otras (“creo que no valgo para este trabajo” — “¿qué tal si lo intento a ver
qué pasa?”).
·
Aprende
de tus errores. Un
fallo no es el fin del mundo. Es un paso atrás para tomar mayor
impulso.
·
Replantéate
alguna de tus relaciones. Tal vez haya alguien en tu vida que esté afectando a
tu autoestima.
·
Haz
una lista de todo aquello que se te da bien y de los logros de tu pasado. Esa persona también eres tú.
·
Entrena
tu autocompasión. Eres alguien que merece tu respeto y
aprecio. Es momento de hablarte mejor y de confiar en tus valías.
· Decide cómo quieres sentirte contigo mismo y qué te gustaría lograr. Es hora de trabajar en ello.
Para concluir, si bien es cierto que es adecuado tomar conciencia de aquellas cosas en las que no somos buenos, evitemos llevar esta idea al extremo. Todos tenemos luces y sombras, todos somos falibles y extraordinarios a la vez. Somos mejores de lo que pensamos.
martes, 1 de marzo de 2022
Síntomas del síndrome de las ventanas abiertas: qué es, causas y tratamiento de la enfermedad
Equipo de 20 Minutos | 07/02/2022
El teletrabajo, con sus aspectos positivos y
negativos, se ha consolidado con la pandemia del coronavirus y multitud de
empresas priorizan ahora el trabajo a distancia que el presencial. Esta forma
de trabajar tiene ventajas como el aumento de la confianza entre
los equipos de trabajo, la reducción de costes, una mayor flexibilidad,
autonomía, una mejor conciliación o mejoras en la productividad, entre
otras.
No obstante, la multitarea al trabajar desde casa
puede provocar una falsa sensación de productividad y derivar en
riesgos, como ocurre con el conocido como "síndrome de las ventanas
abiertas", que ha cobrado relevancia en estos últimos
meses por la implantación del teletrabajo.
¿Cuáles son
los signos de alerta?
¿Qué es realmente este síndrome? ¿Cómo ser capaces de
identificarlo? Se trata de un comportamiento que consiste en mantener decenas
de ventanas en nuestro ordenador abiertas e ir saltando de una a otra.
Este hábito provoca que pasemos de una tarea a otra sin centrarnos bien en
ninguna.
En
este sentido, muchas personas creen
que la productividad en el trabajo está relacionada con el número de ventanas
abiertas en su dispositivo, como si esta multitarea fuera realmente positiva.
"La multitarea nos hace ir más lentos e influye de forma negativa en la
calidad y en la productividad", destaca Manel
Fernández Jaria, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de
la UOC.
Sin embargo, es un hábito más extendido de lo que pensamos. "Puede que nuestro ego reciba un impulso de autoestima, pero realmente somos mucho menos productivos", añade el profesor experto en trabajo saludable y psicosociología laboral.
Consejos
para evitar el "síndrome de las ventanas abiertas"
El "síndrome de las ventanas abiertas" genera una sensación de estar siempre ocupados, pero esto "no significa que seamos más productivos ni nos acerca a nuestros objetivos", subraya al respecto. Además, al hacer demasiadas cosas a la vez, podemos pensar que estamos incrementando el rendimiento laboral y puede ser un impulso, pero "realmente somos menos productivos".
Entonces, ¿cómo podemos hacer frente a este comportamiento y evitar que se produzca? La primera gran herramienta es la planificación del día, la semana o el mes. Asimismo, los expertos recomiendan trabajar en bloques, esto es, no mezclar tareas diferentes e ir paso a paso para evitar distracciones.
Otro aspecto
importante, además de definir las tareas diarias, es establecer un
horario para no exceder en tu jornada laboral al trabajar desde casa.
Por último, se recomienda fijar un plazo para la ejecución de estas tareas y
objetivos, para comprobar también cómo evolucionan, y cultivar el trabajo en
red con tu equipo.
domingo, 27 de febrero de 2022
Cómo detectar el agotamiento emocional y consejos para combatirlo
NANI F. CORES | 20 minutos | 07/02/2022
·
Una
persona con agotamiento emocional, a pesar de su cansancio físico acumulado, va
a tener muchos problemas para conciliar el sueño por las noches.
· Expertos recomiendan dedicar tiempo cada día a una actividad que nos ayude a relajar cuerpo y mente.
Son diversas las causas por las que el agotamiento emocional puede instalarse en nuestras vidas y acabar por desbordarnos como se desborda un vaso demasiado lleno de agua. En ocasiones una sobrecarga de trabajo, asumir demasiados conflictos o responsabilidades en el ámbito familiar y privado o ir encadenando situaciones que nos superan provocan este exagerado y poco saludable cansancio mental que también se traduce en una fatiga física intensa.
¿Cuáles son las señales de alarma que pueden indicarnos que estamos viviendo una situación de agotamiento emocional? Los expertos hablan de una serie de síntomas muy frecuentes:
Cansancio físico
La persona agotada mentalmente se siente fatigada con frecuencia y además nota que su cuerpo no le responde como antes. Esa falta de energía va in crescendo según avanza la jornada: se despierta cansada desde por mañana y llega a la noche completamente agotada.
Insomnio
Curiosamente una persona con agotamiento emocional, a pesar de su cansancio físico acumulado, va a tener muchos problemas para conciliar el sueño por las noches. Normalmente no pueden dejar de darle vueltas a los problemas, tareas pendientes, responsabilidades... y eso contribuye a que no pueda dormir lo suficiente. Por supuesto, es el pescado que se muerde la cola: a mayor insomnio, mayor cansancio físico al día siguiente.
Irritabilidad
Las personas que sufren de agotamiento emocional tienen, valga la redundancia, sus emociones a flor de piel. Saltan a la primera ante cualquier cosa que les moleste, no suelen soportar las críticas, lloran ante cualquier gesto de desaprobación, están de mal humor... La pérdida de control sobre uno mismo es notable.
Falta de motivación
Una persona agotada mentalmente es una persona sin ganas, entusiasmo o intereses en la vida. La palabra que mejor le define es apatía. Y si a esto sumamos frecuentes pensamientos negativos o faltos de ilusión dejamos la puerta abierta a una posible depresión.
Fallos de memoria y concentración
La sobredosis de actividades o responsabilidad pueden dar lugar a fallos en la memoria por una saturación. Hay además dificultades para pensar con claridad, confusiones frecuentes y ralentización para sacar las cosas adelante.
Distanciamiento afectivo
Hacia todos y todo. Emociones cada vez más planas,
como si no sintiera nada.
¿Cómo podemos combatir el agotamiento emocional?
Sin duda el descanso es una de las principales armas para luchar contra el agotamiento emocional, sin embargo, los especialistas advierten que tomarse unos días de relax no sirve absolutamente de nada si no se instauran cambios a continuación y tomamos una actitud diferente respecto a nosotros mismos y a la forma en la que vivimos el día a día.
Algunas de las soluciones que podemos llevar a
cabo son:
- Dedicar tiempo cada día a una actividad que nos ayude a relajar cuerpo y mente, a tomar conciencia de nosotros mismos y nuestras emociones. Algunas de las más recomendables son el mindfulness, el yoga, las técnicas de respiración y relajación, los ejercicios de relajación muscular o la meditación.
- Benditas rutinas. Hacer ejercicio de forma regular, una alimentación equilibrada respetando las cinco comidas diarias y una correcta higiene del sueño también son básicas para mejorar el estado del cuerpo y de la mente.
- Desconectar del mundanal ruido. Es fundamental buscar momentos para uno mismo, para distraerse y conectar con lo que que a cada cual le gusta. Quedar con amigos, realizar algún hobbie, viajar, visitar una exposición, cocinar...
- Establecer prioridades. Reconocer que somos humanos y que no podemos exigirnos rendir al máximo todo el tiempo. Hacer una lista de tareas pendientes, establecer las que sean prioritarias, dejar para días y semanas sucesivas las restantes y, sobre todo, no intentar abarcar varias cosas al mismo tiempo.
- Marcar límites y delegar. Si tu forma de vivir hasta el momento te ha llevado al extremo del agotamiento es hora de soltar lastre y abandonar parte de lo que hacíamos o bien delegar tareas y responsabilidades en otras personas del entorno.
- Desahogarse. Es
importante expresar las emociones de una manera terapéutica
para facilitar la empatía de los demás. Amigos, familiares, un terapeuta o
incluso un diario de sentimientos pueden ser de gran ayuda. Con el círculo más
íntimo hay que intentar no caer en la espiral y no dedicar más de 15 o 20
minutos a hablar de los problemas. Deja que ellos compartan también sus
vivencias y trata también acontecimientos positivos.
viernes, 25 de febrero de 2022
Parentificación: qué es, tipos y características de este problema familiar
NAHUM MONTAGUD RUBIO | Psicología y Mente | 17/10/2021
Veamos
qué es la parentificación, una problemática inversión de roles entre padres e
hijos.
Lo normal es que los
niños sean cuidados por sus padres. Entre los roles propios de los padres
encontramos ser el sostén emocional de sus hijos, trabajar, cocinar, hacer las
tareas domésticas, variables en función de cuán mayor sea el hijo.
Es cierto que los niños y
niñas deben aprender ciertas tareas del hogar y ayudar a sus padres, pero esto
debe hacerse dentro de sus posibilidades y en función de lo que es esperable
para su edad.
Sin embargo, hay casos de
niños y padres que invierten por completo sus roles, haciendo que los hijos
hagan de padres de sus propios padres, una dinámica familiar disfuncional que se la conoce como
parentificación. Descubramos de qué se trata con más detalle.
Cuando los niños ejercen
de padres
Lo normal es que los
padres ejerzan de cuidadores y que sus hijos sean cuidados por ellos. Los
padres se encargan de ser el sostén económico, emocional y educativo de su
descendencia, dándoles de comer, llevándolos a la cama, sacándolos a pasear o
abrazándolos cuando lo necesitan.
Si bien los niños y niñas
pueden ayudar un poco a sus padres, responsabilizándose de algunas tareas, lo
normal y sano es que se les dé la oportunidad de vivir la niñez sin demasiadas
responsabilidades o, al menos, no más de las que se espera para su edad.
Sin embargo, pasa que en algunas familias ocurren
situaciones y se dan las circunstancias que hacen que se dé un intercambio de
roles entre padres e hijos. Los hijos se convierten en los
padres de sus propios padres, llevando a cabo muchas o casi todas las tareas
que se esperaría que hicieran sus padres para ellos. Los niños se ven inmersos
en una situación en la que tienen que hacer de lo que no son, adultos, un
fenómeno que les puede ir muy grande y, en consecuencia, marcar su infancia y
dejar rastro cuando lleguen a la adultez.
Estos niños, de repente, se
ven obligados a convertirse en niños muy obedientes, atentos, con un sentido de
responsabilidad muy exigente para sí mismo y para los demás.
Cuando más tienen que comportarse como adultos, mayor es la pérdida de su
inocencia infantil. La niñez les es robada y, con mucha probabilidad, dará
lugar a heridas emocionales que limitarán su desarrollo personal. Estos niños
que actúan como padres son víctimas de lo que los psicólogos y psiquiatras
infantiles llaman parentificación.
¿Qué es la parentificación?
El término “parentificación”
fue acuñado por el psiquiatra húngaro-estadounidense Iván Böszörményi-Nagy, una prominente figura dentro de la terapia familiar.
Este psiquiatra observó que este fenómeno era muy común en las familias
disfuncionales, siendo un proceso inconsciente por el cual los hijos acaban
convirtiéndose en los padres de sus padres, asumiendo un grado de
responsabilidades mayor al que les corresponde para su edad y madurez.
Es definido como un
mecanismo inconsciente porque se ve que está muy alimentado por una práctica
muy común en la actualidad, práctica que de primeras puede parecer la propia de
un buen estilo parental. En
la actualidad, está socialmente aceptado tratar a los niños como si fueran
pequeños adultos, en el sentido de que no se los infravalora
tanto como en épocas anteriores, lo cual hace que los pequeños vean aumentada
su influencia de forma espontánea y, dentro de unos niveles, educativa en tanto
que se les puede otorgar un grado de responsabilidad mayor, un reto que les
sirve para crecer.
Sin embargo, esta
situación que en principio es más adulada que criticada, en caso de
descontrolarse o que haya poca claridad entre cuáles son los roles de los hijos
y cuáles los de los padres puede degenerar en una situación disfuncional, una
absoluta inversión de roles propia de la parentificación. En esta situación, los más pequeños se
encargan de satisfacer las necesidades físicas o emocionales de sus padres, y
cuidar del resto de sus hermanos.
La parentificación puede ser todavía más grave en caso de que los padres
padezcan algún trastorno mental, especialmente trastornos de la personalidad
como el narcisista, el dependiente o el límite, y del estado anímico como la
depresión y los de ansiedad. El trastorno que padece uno o ambos progenitores
le imposibilita de ejercer sus funciones como padre, ya sea porque tiene una
mentalidad infantiloide y de búsqueda de la atención (p. ej., trastorno
narcisista) o porque la sintomatología le consume, dificultándose hacer las más
básicas tareas (p. ej., depresión).
Tipos de parentificación
Si bien existen varias
clasificaciones sobre los tipos de parentificación, una de las más extendidas
es la que recoge las siguientes dos modalidades de este fenómeno:
1. Emocional
La parentificación
emocional se da cuando
los padres esperan que sus hijos les den confortamiento emocional,
es decir, que los tranquilicen cuando estén alterados o que los protejan de las
consecuencias emocionales derivadas de sus actos. De esta manera, convierten a
sus hijos en su sostén emocional, pero haciendo que los más pequeños desempeñen
un rol activo en su bienestar emocional, atendiendo a sus necesidades.
A pesar de ello, los
padres que recurren a la parentificación emocional enmascaran esta situación
tras la negación de la realidad de sus hijos junto con la justificación,
irracional y distorsionada, de que lo hacen por su bien.
2. Física o instrumental
La parentificación física
o instrumental es aquella situación en la que se espera que los niños se hagan cargo de las
necesidades domésticas o económicas, como la preparación de la
comida, el cuidado de otros hermanos o, incluso, trabajar, tareas todas ellas
correspondientes a los padres y nunca a niños y niñas.
De entre los dos tipos de parentificación, se considera que la física o
instrumental es la menos perjudicial, a excepción de la situación que se fuerza
a los niños a trabajar porque sus padres no se ven capaces para ello. Por regla
general es la emocional la más grave para el desarrollo del niño, puesto que le
supone asumir un rol que le puede provocar gran estrés mientras que sus
necesidades emocionales quedan descuidadas, puesto que no puede confiar en el
adulto para que le dé sostén emocional. Las necesidades emocionales de sus
padres toman excesivo protagonismo.
Consecuencias de este
fenómeno
Aunque surja de forma
inconsciente y, en muchos casos, de forma totalmente ingenua, la
parentificación no deja de ser un fenómeno perturbador para la infancia de
cualquier niño. Es
considerada violencia y maltrato psicológico, como mínimo un tipo de
negligencia parental. La parentalización durante la niñez
implica un gran impacto en el desarrollo de la identidad y la personalidad del
individuo, en las relaciones interpersonales y en las relaciones con los
propios hijos durante la edad adulta.
Se ha visto que las personas que en su infancia fueron parentalizadas son
más propensas a desarrollar el síndrome del impostor en la adultez. Esta
condición psicológica se caracteriza por experimentar una profunda inseguridad
personal, aun habiendo conseguido grandes logros y éxitos, atribuyendo lo bueno
que le sucede no a su esfuerzo o saber hacer, sino a meros golpes de suerte,
factores extrínsecos y ajenos a su control.
¿Tiene beneficios la
parentificación?
Como hemos podido ver
llegados hasta aquí, la parentificación deja un profundo efecto en la adultez
de aquel que en su niñez fue víctima. Sus heridas emocionales son profundas,
generándole inseguridades, miedos y la sensación de que nunca tuvo la
oportunidad de ser un niño o niña realmente. Estas consecuencias emocionales no
sólo afectan a los niños parentificados una vez son adultos, sino que también
repercute en sus relaciones íntimas, su pareja e, incluso, en sus propios
hijos.
Sin embargo, hay quienes
sugieren que este fenómeno, que no olvidemos que es considerado maltrato
psicológico y negligencia, podría tener algo de beneficioso en algunos
casos. La inversión de roles
padre-hijo podría resultar gratificante para las necesidades de seguridad del
niño, siempre y cuando él o ella perciba la situación de tener
que encargarse de más responsabilidades como una señal de reconocimiento y
gratitud por parte de sus padres.
Hay quienes han sugerido
que niveles más altos de parentificación emocional conllevan a niveles más
altos de competencia interpersonal en algunos casos. Como los niños aprenden
cosas que de normal se aprenderían más tarde para su edad, desarrollan cierta independencia,
destrezas y capacidades sin tantos obstáculos por en medio, simplemente porque
les ha tocado tener que hacerlo. Esto podría repercutir en su vida adulta de
forma positiva, convirtiéndolos en individuos mejor preparados para la vida y
menos temerosos de tener que desempeñar nuevas responsabilidades.
No obstante, a pesar de
estas supuestas ventajas que podría traer consigo la parentificación, todo apunta que los beneficios son menores que
los inconvenientes. Debemos entender que cada etapa de la vida
tiene sus pautas de desarrollo y características, y en el caso de la
parentificación estas no son respetadas. Los niños son niños, y deben hacer
cosas de niños. Si su infancia no es debidamente respetada pueden acabar
sufriendo alteraciones en el desarrollo físico, emocional, intelectual y
social.
miércoles, 23 de febrero de 2022
¿Por qué puede ser tan difícil superar los sentimientos depresivos?
Dra. MARGARITA COROMINAS ROSO | Topdoctors | 27/10/2021
En las últimas
décadas se ha avanzado mucho en el conocimiento de la neurociencia y de los
procesos psicológicos asociados. Antonio Damasio, neurocientífico y neurólogo
con gran experiencia clínica, ha estudiado y descrito extensamente el efecto de
nuestros estados emocionales, que funcionan como un contexto interno en nuestra
mente.
¿Cómo
afecta nuestro pasado en los estados emocionales presentes?
Los estados emocionales hacen un efecto como si fueran el agua del mar, haciendo emerger recuerdos y patrones de pensamiento que están asociados a momentos en que teníamos el mismo o similar estado de ánimo. Cuando por alguna razón, en el futuro regresamos a ese estado de ánimo, los pensamientos y recuerdos relacionados con cualquier cosa que ocurriese en nuestra mente o en nuestro mundo que nos hizo infelices, regresarán de forma muy automática, lo queramos o no.
Por ejemplo, si durante la infancia o la adolescencia, un momento de nuestra vida en que no contábamos con los mismos recursos vitales de que disponemos de adultos, hemos experimentado sentimientos abrumadores de haber sido abandonados, insultados o maltratados, de que todo lo hacíamos mal y no servíamos para nada.
Ahora sabemos que muchas de las personas que de adultas caen en la depresión han tenido este tipo de experiencias en el pasado. Éste es el motivo por el cual podemos llegar a reaccionar de forma tan negativa ante la infelicidad, porque no es simplemente una experiencia de tristeza, sino que está teñida por sentimientos muy intensos de incompetencia o de ineptitud que se han vuelto a despertar.
¿Y cómo podemos salir de este estado depresivo o ansioso?
No existe una única salida. El tratamiento depende en gran medida de cuáles han sido las experiencias de la persona implicada y de cuáles son los sentimientos que la perturban. Ser conscientes de nosotros mismos, de nuestro propio cuerpo y sus sensaciones, y prestar atención a las cosas tal como son en un momento determinado, sean como sean, y no como queremos que sean, son elementos cruciales del tratamiento. Lo es también una confianza realista en las posibilidades de nuestro cerebro.
Si la neuroplasticidad nos
permite aprender y, posteriormente, hundirnos en sentimientos depresivos, el
mismo mecanismo nos permite recuperarnos y adquirir un sentimiento de sana
positividad, realismo y felicidad.