lunes, 7 de noviembre de 2022

¿Cansado de dar vueltas a todo? Cómo resetear la mente para una vida serena


PATRICIA RAMÍREZ      |      ABC (El lunes empiezo-Blog)        |      01/08/2021             

¿Eres de las personas a las que sus pensamientos les cuestan un sufrimiento? ¿Te sale caro a nivel emocional darle vueltas a la cabeza? ¿Empiezas a pensar y no puedes parar? ¿Tus preocupaciones y pensamientos te tienen secuestrado? Alguna vez has gritado, ¡necesito paz mental! O… ¡Por favor, que se calle mi mente!. 

Nos pasamos veinticuatro horas al día pensando, no siempre de forma intencionada. La mayoría del tráfico de pensamientos es no consciente. Tus pensamientos entran, salen, se agolpan, hablan sobre preocupaciones, ilusiones, fantasías, cosas reales o irreales. La mente también divaga y se queda colgada.

A pesar de que en el primer mundo tenemos pocas amenazas que pongan en riesgo nuestra vida, la mente de muchas personas sigue interpretando su entorno como un lugar hostil, peligroso, amenazante. Nuestras necesidades básicas están cubiertas, alimentación, cobijo, seguridad, salud, pero la mente sigue creando peligros como el miedo a una enfermedad, el miedo a perder el trabajo, miedo a envejecer, a hablar en público, miedo a perder la pareja, a que les pase algo a nuestros padres o hijos, miedo a decir algo fuera de lugar, a no gustar, a decepcionar, a no llegar a todo, miedo a conducir, a fracasar. 

La mayoría de estos miedos no suelen tener lugar, y si se presentaran, tendríamos recursos personales para afrontarlos. O cuando menos, la capacidad para pedir ayuda. Y racionalmente también sabemos que, si por el motivo que sea, nuestro problema no tuviera solución, como una ruptura de pareja, trabajar en la aceptación es una alternativa al sufrimiento. 

Y a pesar de la racionalidad, sufrimos, sufrimos y sufrimos. Perdemos el sueño, sentimos ansiedad, nos bloqueamos, abandonamos nuestros hábitos saludables porque no estamos de humor, nos mostramos irascibles o perdemos la paciencia. 

Pensar no debería ser equivalente a sufrimiento. Si uno lo desea puede reeducar la mente para que sus pensamientos no se conviertan en una esclavitud. Atento, que vamos a reiniciar el programa. 

Toma conciencia de lo que está pasando

¿Eres consciente de las vueltas que das a la cabeza?, ¿del tiempo que le dedicas?, ¿de la paz que te quita? Reconocer qué nos quita la serenidad es básico para empezar a tomar medidas. Si entendemos que tener miles de pensamientos aturdiéndonos es normal, si aceptamos que sufrir todo el día por lo que no podemos controlar es parte de la vida, seguro que no buscaremos soluciones para vivir más tranquilos.

Obsérvate durante una semana, no hace falta que anotes nada. Sólo toma conciencia de tus pensamientos. ¿Te hacen sufrir? ¿Te secuestran la mente? Es decir, ¿te gustaría estar leyendo, viendo una serie, pero eres incapaz de concentrarte en el placer porque la cabeza te da vueltas y vueltas? ¿A veces piensas que necesitas quietud mental? Y lo más importante, ¿piensas que todo eso que te obsesiona, a lo que das vuelta, no es controlable por tu parte, que no hay nada de lo que tú ahora, en este momento, te puedas ocupar? Si es así, ya has tomado conciencia.

No normalices este runrún. Tienes derecho a tu bienestar emocional. Y este, en gran parte, depende de la quietud mental.

Empieza a meditar

Igual te estás preguntando ahora que qué tiene que ver meditar con dejar de pensar en lo que es inútil. Tiene mucho que ver. Meditar tiene varias ventajas relacionadas con la quietud y serenidad mental.

La meditación entrena y favorece la atención plena, el mindfulness. Cuando meditamos aprendemos a estar a una sola cosa, como puede ser tomar conciencia de nuestra respiración. Uno de los estresores mentales es estar en varias cosas a la vez, con pensamientos que entran y salen, y que dan vueltas, como si nuestra mente fuera una lavadora. Al estar más atentos, y atentos a una sola cosa, podremos concentrarnos en tareas que suman, en lugar de dejarnos secuestrar por nuestros pensamientos. Es decir, cuando estés trabajando, estarás trabajando y no pensando en tu chequeo médico. Cuando estés leyendo, estarás leyendo, y no atormentándote por un comentario de tu jefe que no entiendes bien. 

Cuestión de prioridades

No puedes hablar, escuchar, razonar o atender a todos tus pensamientos. Porque entonces no harías nada más en todo el día. Sería completamente agotador estar todo el día escuchándote. Así que con los pensamientos pasa como con todo en la vida. Es cuestión de prioridades.

Decide cuáles van a ser los criterios para escucharte a ti misma, ¿a quién decides escuchar? Te propongo estas dos directrices:

·        Escuchar y atender esas preocupaciones de las que te puedas ocupar tú.

·        Escuchar y atender lo que puedas hacer ahora.

Para otro momento

Elabora una lista, por escrito, de “preocupaciones para otro momento”. Significa anotar en esa lista aquello que te preocupa pero que por el motivo que sea, no puedes atender, como es buscar piso dentro de unos meses porque el que ahora tienes se te queda pequeño. O en esa lista también están las que no dependen de ti, o porque no es el momento oportuno, o porque se necesita tiempo…

Tener tus preocupaciones escritas te permitirá relajarte con ellas. Tu mente no tendrá que hacer el esfuerzo de recordarlas para que no te angustie olvidarte de ellas. Sabrá que están recogidas en una lista para que cuando sea el momento de atenderlas.

Deja de juntarte con las malas compañías

¿Quiénes son las malas compañías mentales? Esas intrusas que nos hacen sentir mal a través de pensamientos que nos comparan, que nos humillan, que nos limitan, que nos dicen que no podemos, que no somos capaces. Las malas compañías también son ideas sobre asuntos que no dependen en absoluto de nosotros, como el ejemplo de cuándo doblegaremos a este virus. 

A las malas compañías no les vamos a dar ni un espacio en una lista. Sencillamente les vamos a decir, mentalmente o a voz en grito, “ya lo siento, Darling, pero no voy a hablar contigo”. Lo normal es que te entretengas a razonar, justificarte, juzgar, pensado que así las malas compañías dejarán de visitarte. Pero tu experiencia mental te dice que no es así. Así que un simple “anda, calla” o “ahora no es el momento de charlar contigo” bastará para que dejes de enredarte con lo que no toca.

Tira del cable

Esto es lo que hacemos cuando el ordenador se bloquea, ¿verdad? Desenchufamos de la corriente y que sea lo que Dios quiera. Los informáticos dicen que es una barbaridad, pero nos suele funcionar. Tiremos del cable con nuestras rumiaciones. 

Tirar del cable es un ejercicio simbólico para hacer un apago general. Cierra los ojos y visualiza que tiras del cable, que tu mente se reinicia y que eliges en qué focalizarla.

Queridos y queridas, no estamos entrenados para tener una mente serena, no viene de serie. Pero la psicología ahora ofrece herramientas probadas que nos ayudan a tener quietud mental. Y eso es lo que queremos para nuestras vidas, un poquito de paz.

viernes, 4 de noviembre de 2022

¿Cómo ayudar a una persona alcohólica a no recaer?

CLÍNICAS CITA  |  Con la supervisión de “Psicología y Mente”  |  28/12/2021 

Consejos y estrategias usadas para ayudar a las personas adictas al alcohol a no recaer. 

El proceso de mantenimiento de la abstinencia, es decir, de no adicción, es complicado; por este motivo es importante no bajar la guardia y seguir trabajando para no recaer en el consumo.

Durante la realización de la terapia, es fundamental empezar a entrenar y concienciar al paciente de las posibles situaciones de riesgo de recaída que se puede encontrar en el camino, para que así las afronte de manera eficaz. Para este propósito existen programas específicos para prevenir la recaída del consumo de sustancias como el alcohol.

Del mismo modo, también será importante que el entorno cercano del sujeto como la familia y amigos colaboren, que lo refuerce, lo apoye y lo motive para seguir con el proceso y ayudarle a crear un ambiente sano, alejándole de estímulos, lugares, situaciones y personas que le inciten a consumir y de esta manera ser un soporte con quien puedan comunicarse, expresar cómo se sienten sin ser juzgado y les apoyen si necesita pedir ayuda profesional.

En este artículo encontrarás un resumen de las características principales del alcoholismo y algunas técnicas de ayuda y estrategias usadas por profesionales de la salud y por parte de personas del entorno de la persona adicta que se usan para ayudarle a prevenir las recaída en el consumo de alcohol.

Características del alcoholismo

El alcoholismo es uno de los trastornos por consumo de sustancias más comunes, clasificado en la quinta edición del Manual Diagnóstico de la Asociación de Psiquiatras Americanos (DSM 5) como patología capaz de deteriorar gravemente la calidad de vida de la persona. Estadísticamente surge de manera distinta según el sexo de la población, con una proporción del 12,2% en varones versus un 4,9% en mujeres. También hay diferencias según edad, con un 4,6% en sujetos entre 12 y 17 años en contraposición a los sujetos mayores de 18 años con un 8,5%.

Así pues, la edad de inicio del trastorno suele ser entre los 20 y 30 años, en la etapa de la juventud y en la que es frecuente consumir bebida alcohólica en contextos de ocio, presentándose normalmente la primera intoxicación por alcohol antes de los 20 años.

Del mismo modo, esta afectación también influye en la posibilidad de desarrollar otro trastorno comórbido, aumentando al doble la probabilidad de que aparezca otro trastorno psiquiátrico, siendo como el trastorno bipolar, la esquizofrenia, los trastornos depresivos y de ansiedad y el trastorno de personalidad antisocial.

El alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central, afectando y lesionando distintas áreas cerebrales como los cuerpos mamilares, que forma parte del sistema límbico y se relacionan principalmente con la memoria o como el tálamo, órgano de integración emocional y sensorial que envía y recibe información de la corteza cerebral. De este modo, el alcohol es la sustancia psicoactivas que repercute más en la vida personal, social y en la salud de los individuos afectados, aumentando el riego de suicidio y de mortalidad.

Maneras de ayudar a una persona a no recaer en el alcoholismo

Como sucede con otros trastornos adictivos, es probable que se dé una recaída en el consumo. Por este motivo será importante trabajar, preparar y dar herramientas a los pacientes para que puedan afrontar distintas situaciones de riesgo que aumentan la probabilidad de recaída tanto durante el tratamiento como sobre todo finalizada la terapia, cuando ya no recibe tanto apoyo, ya que el proceso de mantenimiento de la abstinencia es igual de complicado que el de desintoxicación.

Del mismo modo el soporte y trabajo que se da para evitar recaídas viene del terapeuta, pero también es fundamental y beneficioso que el entorno del paciente como su familia y amigos estén informados del problema y colaboren en el tratamiento y mantenimiento de la abstinencia.

Entrenamiento en prevención de recaídas desde el ámbito profesional

De este modo será fundamental empezar a trabajar con el paciente durante las sesiones de terapia las posibles situaciones de riesgo de recaídas y posibles consumos que se puedan dar. Por esta razón existe un modelo específico para la prevención de recaídas creado por Marlatt y Gordon; este plantea que hay distintas variables que influyen en la recaída, tanto individuales, fisiológicas, situacionales o socioculturales.

Estos autores apuntan como componente esencial de este entrenamiento explicar al paciente la diferencia que existe entre caída y recaída, ya que genera confusión, pero no son para nada lo mismo. En el primer caso, en la caída, solo se produce un consumo aislado, es decir el paciente ha vuelto a beber en una situación o momento puntual y específico. En cambio, la recaída sí que supone volver a adquirir el hábito de consumo.

De igual forma Marlatt y Gordon distinguen tres factores cognitivos que influyen en el proceso de recaída que son: la autoeficacia, que es la confianza propia para alcanzar tus objetivos, las expectativas de los resultados del consumo y la atribución de causalidad.

Así pues, se plantean programas específicos para la prevención de recaídas apareciendo componentes como la psicoeducación, donde se le enseñe la diferencia entre caída y recaída, al anunciarle que las recaídas son posibles y que no supone el fin del proceso de rehabilitación, no son un fracaso; tener en cuenta y analizar las variables que pueden hacer que recaiga; trabajar habilidades para hacer frente a estas situaciones de riesgo, entrenar para que se mantenga firme en el no consumo y trabajar el afrontamiento y estilo de vida para favorecer la abstinencia.

De este modo, es importante hablar con el sujeto de la posibilidad de recaídas para que así se pueda crear un plan de actuación para prevenirlas. Así mismo se le planteará todos los posibles estímulos y situaciones de riesgo que puede encontrar y tener especialmente en cuenta los que son de aparición más probable; por ejemplo, ciertas personas con las cuales normalmente bebía, lugares como bares y casas de amigos donde era habitual el consumo u objetos y momentos del día o días particulares que relacione con la bebida.

También pueden influir distintos eventos sociales, como por ejemplo la celebración de un cumpleaños o salir de fiesta donde encontrar alcohol es mucho más probable o el estado en el que se encuentre el individuo si está viviendo una situación de estrés. No olvidemos que el trastorno por consumo de alcohol puede presentar otras afecciones o trastornos asociados que pueden dificultar también el mantenimiento.

Así mismo, si el paciente es conocedor de los factores que le pueden llevar a recaer puede optar por evitarlos, es decir dejar de exponerse a ellos, por ejemplo será mejor que durante un tiempo no se relacione con el grupo de amigos con los que siempre consumía o en caso de no poderlo evitar como puede ser una época festiva, intentar estar acompañado y tener el soporte de un amigo que no vincule con el alcohol y refuerce así el no consumo.

Del mismo modo le recomendaremos que se relacione e interactúe con un ambiente sano, es decir que intente buscar nuevos lugares o se relacione con personas que no toman alcohol, ya que el ambiente donde se mueva será determinante para mantener la abstinencia. Puede ser favorable asistir a un grupo de soporte o de ayuda donde pueda interactuar con otros sujetos que estén en su misma situación reforzándose unos a otros y evitando estímulos perjudiciales para el proceso, también hay bares donde no se permite la venta de alcohol, ayudando a mantener el entorno sano.

Apoyo de las personas de su entorno

Como ya venimos explicando, obtener el soporte de la gente que le rodea, sobre todo de las personas más cercanas a la persona que ha desarrollado la adicción, será esencial, ya que estos ayudantes actuarán como apoyo y refuerzo en las situaciones donde se puedan dar dificultades y que quedan más allá del contexto clínico. Podemos entender a estos familiares y amigos como los "andamios" sobre los que se irá asentando el nuevo estilo de vida y conjunto de hábitos saludables cuando haya salido de las sesiones de terapia o del programa de tratamiento por ingreso en un centro de salud.

De esta manera es importante que estas personas mantengan un constante flujo de comunicación con los profesionales de la salud que han tratado o están tratando a la persona, de manera que dispongan de las pautas y consejos que se adapten a las necesidades del adicto y a la vez tengan información de fuetes fiables.

Como ayudantes de la persona que está superando el alcoholismo, ésta encontrará en nosotros un confidente con el que pueda expresar lo que se siente, qué dificultades está teniendo... y sin sentir la presión de los prejuicios y las constantes valoraciones morales. Intentaremos motivarla para que siga con el proceso y reconoceremos sus avances; cada pequeño progreso y día sin consumir es fundamental.

De igual modo, intentaremos ser comprensivos y un buen referente. Tendremos en cuenta las circunstancias de esa persona y procuraremos no efectuar nosotros una conducta que pueda precipitar la recaída como beber en frente de él, y no le forzaremos a hacer cosas por las que no se vea preparado como asistir a una fiesta donde seguro que habrá alcohol. 

jueves, 3 de noviembre de 2022

Este es el tipo de ambición que ayuda a superarse sin pisar a nadie


PATRICIA RAMÍREZ      |     ABC (El lunes empiezo-Blog)     |    31/10/2021                                                                                  

El concepto de ambición tiene amantes y detractores. Ambición, definida por la RAE es “deseo ardiente de conseguir algo, especialmente, riquezas, dignidades o fama”. La primera parte, deseo ardiente de conseguir algo, ya contiene una expresión fuera de lo normal, “ardiente”. Pero la segunda parte referida a la riquezas o fama nos suele chirriar. Si relacionamos el concepto de ambición con cualquiera de los tres elementos, enseguida visualizamos a alguien corrupto, capaz de saltarse los límites legales, éticos y de todo tipo, con tal de conseguir su propósito. “Este tío es un ambicioso y le da igual todo”. Con ello queremos expresar que será capaz de pisar, humillar, guardarse información, traicionar o saltarse las reglas con tal de ganar. Tenemos asociado el concepto de ambición a esos tiburones de empresas que lo quieren todo a toda costa. Pero también a ese deportista incansable que compite lesionado, con dolor y que se deja hasta el último aliento para poder vencer su partido.

Para muchas personas la ambición es una esclavitud, porque las lleva a estar todo el día superándose, corriendo, buscando la perfección. No se dan tregua, lo quieren todo y lo quieren ya. Vivir con esa ambición es una agonía. Incluso fomenta sentimientos desagradables como la envidia. Ambicionas tener el sueldo, el coche, los músculos, la pareja, el estilo de vida hasta la paz de las personas a las que envidias. Y para ello te sometes a duras horas de trabajo, a entrenamientos extenuantes, y lo peor de todo, te saltas tu escala de valores. Dices que en tu escala de valores la familia es lo primero, pero le dedicas diariamente catorce horas al trabajo para no perder oportunidades y seguir en la primera línea de combate. Te saltas otros valores como la cooperación, la generosidadprestar ayuda, porque cuando lo haces acercas a ti a tu rival y lo que tú deseas es tenerlo lejos. 

La ambición negativa es aquella que te impide vivir de forma relajada, ser coherente con tu escala de valores y, sobre todo, dañar a otras personas en pro de tus intereses. 

La sana ambición, entendida como el entrenamiento en valores, disciplina, esfuerzo, método, para alcanzar los sueños que entendemos que nos van a hacer más felices o nos van a facilitar una vida más plena, y siempre y cuando no perjudiquemos a nadie, nos ayuda a tener una vida con más sentido. Es decir, la ambición puede ser una forma de ser que aporta un extra importantísimo. Puede ser una de las diferencias claves entre el éxito y el fracaso. Una persona ambiciosa puede sacar un plus de esfuerzo, de energía, de concentración, de voluntad, de ánimo, de lucha, de ideas, de todo. Un plus que le acerca a sus metas, a sus sueños. Y es que los sueños están muy caros y hay mucha gente queriendo conseguirlos. 

La ambición nos ayuda a mantener el sueño, a aspirar al máximo y luchar al límite. Nadie puede dar su “best” si no tiene un sueño que perseguir. La ambición puede ayudarnos a superarnos ante muchas situaciones. 

Si deseas una inyección de ambición, puedes seguir estos consejos:

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1.   1. La mentalidad depende en gran parte de lo que te dices a ti mismo. Una persona con ambición verbaliza lo que desea conseguir y en términos positivos. Las palabras y lo que te dices condiciona tu entrega.

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2.   2. Visualiza tu sueño, tan real como puedas. Cómo lo pelearás, qué te dirás, cómo te sentirás, lo que necesitas tener y hacer, el momento, tu seguridad, tu fuerza. Visualiza la toma de decisiones, tu actuación, todo. No dejes nada al azar de lo que se pueda controlar.


·        3. No pienses en las consecuencias de un error, en los “Y si…” o en lo que pueda fallar sin más.

 

·        4. No pierdas de vista tu motor. El para qué estás esforzándote es lo que te permite ser ambicioso y sacar fuerzas dónde otras personas tiran la toalla.


·        5. A cada problema que anticipes, busca una solución que te dé control.


·        6. Recuerda que tienes algo que te hace únic0


·        7. Gestiona las derrotas y los errores con curiosidad, no con frustración. ¿Qué tengo que cambiar la próxima vez? Trabaja tu resiliencia. Un golpe no te deja fuera del camino. Solo se analiza y se sacan conclusiones positivas.


·        8. Ten rutinas. Te ayudarán a mantener la concentración y el ánimo. Las rutinas te dan seguridad y te enfocan en tu objetivo.


·        9. Cuida tu lenguaje no verbal. Muéstrate firme y seguro. La imagen que das de ti no solo informa al exterior, también informa a tu mente. Tu cerebro interpreta tu postura y saca conclusiones sobre tu estado de ánimo. Una persona ambiciosa mira a los ojos, saca el pecho y despliega su confianza al resto del entorno.


·        10. Deja la duda en la primera papelera. Dudar de ti va en contra del comportamiento ambicioso. Una cosa es analizar y tener todo lo controlable bajo control, y otra, darle mil vueltas a todo pensando en que algo puede fallar, en que no sabes si lo lograrás. Tus mensajes son poderosos. Si dudas, fallas. 

La conducta ambiciosa no es la única vía para lograr tus sueños. De hecho, yo lo soy bastante poco. Pero sí es cierto que muchísimas personas necesitan ese puntito de adrenalina, de reto, de superación constante para seguir motivadas en el camino de sus sueños. Todas las personas tenemos un sueño por el que luchar, algo grande que conseguir. La ambición puede ser un motor para lograrlo. 

martes, 1 de noviembre de 2022

La razón por la que es imprescindible abrazar a tu hijo adolescente


PALOMA SANTAMARÍA      |      Madrid   |   eldebate.com      |      13/10/2022

Guiar a los adolescentes a través de este intrincado periodo de desarrollo es un auténtico reto para los padres

Tener un hijo adolescente es todo un reto para una familia. Las rabietas de la infancia se quedan en nada en comparación con los conflictos familiares que surgen entre padres e hijos al llegar a los 13 o 14 años. A los cambios físicos se unen los psíquicos y sociales: cuestionan a los adultos, los límites o las reglas en ese camino necesario hacia la edad adulta. Se desarrolla una percepción de quién es uno y se aprende a intimar con personas distintas de los miembros de la familia. 

Guiar a los adolescentes a través de este intrincado periodo de desarrollo es un auténtico reto para los padres. Pero ¿existe una fórmula mágica? 

Un estudio llevado a cabo en EE.UU. concluye que los padres que mantienen una crianza y una participación positiva con sus hijos sentaron las bases para una relación cercana cuando sus adolescentes se convirtieron en adultos. 

Greg Fosco, profesor de desarrollo humano y estudios familiares del Centro de Investigación de Prevención Edna Bennett Pierce en Penn State, e investigador principal, asegura que el estudio es uno de los primeros en examinar cómo los cambios en la participación de los padres, su calidez y la disciplina efectiva durante la adolescencia predicen la calidad de las relaciones entre los padres y sus hijos adultos jóvenes.


El desafío del adolescente 

En el estudio, publicado recientemente en Developmental Psychology, un equipo de investigación encuestó a 1.631 participantes de familias de áreas rurales y semirrurales de Pensilvania e Iowa con hijos con edades comprendidas los entre 11 y los 16 años. Pasado el tiempo, cuando tenían 22 años, repitieron las encuestas.


Los padres mantuvieron una crianza positiva sentaron las bases para una relación cercana cuando sus hijos adolescentes se convirtieron en adultos»Greg Fosco 

Cuando los hijos llegan a la adolescencia, a menudo los padres expresan menos calidez y afecto, pasan menos tiempo con sus hijos adolescentes y se vuelven más duros en su disciplina. De esta forma mantenerse involucrado en la vida del adolescentes y permanecer cerca de ellos mientras buscan una mayor independencia y autonomía es todo un desafío, sin embargo, el profesor de Desarrollo Humano y Estudios Familiares afirma que, a pesar de que la crianza en estos años es difícil y diferente, «nuestra investigación muestra que los padres que pudieron mantener una crianza y una participación positivas sentaron las bases para una relación cercana cuando sus hijos adolescentes se convirtieron en adultos», aseguró Fosco.


La importancia de decir 'Te quiero' 

Aquellos que experimentaron niveles más altos de calidez de los padres en los primeros años de la adolescencia aseguraron sentir más cercanía y calidez con sus madres y padres cuando tenían 20 años. «Este es un gran recordatorio para decir las cosas importantes de la vida, como 'te quiero' o 'me preocupo por ti', o expresiones físicas como un abrazo o una palmada en la espalda», afirma Fosco.

Por su parte, Shichen Fang, del Departamento de Psicología de la Universidad de Concordia, declara: «Los padres deben evitar los castigos excesivos y los gritos a sus hijos adolescentes, y trabajar para mantener la calma y ser constantes en el cumplimiento de las reglas familiares», y añade: «Los adolescentes quieren sentirse respetados y tratados como adultos. Es importante establecer razones claras para las reglas familiares y sus consecuencias». 

Potenciar vínculos 


      Con base en los hallazgos del estudio, los profesores sugieren actividades en familia para potenciar el vínculo padre/madre-hijo/hija:

·       Hacer algo juntos, practicar deportes, montar en bicicleta, hacer ejercicio, caminar, cocinar, asistir a eventos o salir a tomar un postre.
 
·        Trabajar en un proyecto de la casa.
 
·        Hablar sobre lo que está pasando en el colegio.
 
·       Discutir lo que quiere hacer en el futuro.

domingo, 30 de octubre de 2022

Inma Puig, psicóloga en El Celler de Can Roca: "El poner límites es el ansiolítico más poderoso que hay"


LUCÍA CANCELA       |      La Voz de Galicia      |      22/09/2022 


La especialista, que también fue terapeuta del Fútbol Club Barcelona, asegura que no hay que reprimir los celos o la envidia, «sino conocer su porqué» 

Inma Puig tiene el truco cogido a las relaciones dentro de la empresa. Para bien y para mal. Sabe de celos entre compañeros, de empatía, de comportamiento. Tanto del empleado, como de la propia entidad. Se licenció en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona, y desde entonces, ha ido tejiendo su perfil profesional hasta ser contratada por los más grandes de cada ámbito. Fue la terapeuta del Fútbol Club Barcelona entre el 2003 y el 2018, y desde el 2013 dirige el proyecto Gestión de las Emociones en el alabado El Celler de Can Roca, de los hermanos Roca, tres veces Estrella Michelín. 

 

—Tiene una amplia experiencia tanto en clubes deportivos como en grandes multinacionales, y en alguna ocasión ha comentado que no son tan diferentes como parecen. ¿Por qué? Yo encuentro unas cuantas distinciones entre un restaurante y un equipo de fútbol. 

 

—Fíjate que lo parecen, pero no lo son. Llevo 40 años ejerciendo como psicóloga clínica en ámbitos que aparentemente son muy diferentes, como la consulta privada, empresas multinacionales, firmas familiares o el mundo del deporte. El trabajo entre ellos sí cambia, pero el mío no. Yo siempre me dedico a lo mismo, a las personas. 

 

—En su libro La Revolución Emocional habla de la sostenibilidad emocional. Ahora que estamos muy acostumbrados a ver esta palabra en muchas partes, ¿a qué se refiere usted?

 

—Primero hay que distinguir esta terminología que muchas veces confundimos. Una emoción es una respuesta primaria automática ante un estímulo externo. La sentimos en nuestro interior pero la manifestamos a través de nuestro cuerpo, de una forma fisiológica. Tenemos cambios orgánicos, si te dan un susto, gritas; si tienes vergüenza, te pones colorada y si tienes angustia, sudas. Sin embargo, no debemos confundirlo con los sentimientos, que son una respuesta que damos a cada emoción. De hecho, solemos interpretar la emoción teniendo en cuenta las experiencias pasadas. Digamos que es una evaluación consciente de las emociones. Una vez esto queda claro, las emociones sostenibles consisten en tener en cuenta las propias, y las de los demás. Hoy en día, nos preocupa que los recursos que utilizamos tengan un futuro en el que los agotemos. En cambio, a nivel emocional no tenemos en cuenta si al otro le duele algo, ni si le molesta, ni cómo va a quedar después de mantener una relación con nosotros. Eso es lo que implica la sostenibilidad emocional, y es algo a cuidar porque de lo contrario dejaremos un futuro más complicado. 

 

—También está al mando de los fogones en el proyecto Gestión de las emociones, del Celler de Can Roca, ¿cómo se trabaja la gestión de las emociones en un súper restaurante?

 

—En un súper restaurante suceden las mismas cosas que en uno normal y corriente. Hay que tener en cuenta cómo influye tu trabajo en el día a día en tus emociones, y cómo estas afectan a los que están trabajando contigo. En el Celler, mediante distintos grupos de trabajo (recepción, comunicación, cocina, sommeliers o talleres) siempre decimos que cocinamos a baja temperatura los sentimientos y destilamos las emociones. La destilación consiste en extraer lo más importante a la esencia para recuperarlo mejorado, y cocinar a baja temperatura es una forma de cocción en la que se tienen en cuenta las características de cada producto. De hecho, cada uno tiene una temperatura de cocción ideal que permite que no se pierda ninguna de sus propiedades. Esto sucede igual con las personas. Si a una persona la tratamos en función de qué es lo que necesita para sentirse cuidado, qué es lo que mejor le va, también habrá una mayor sostenibilidad emocional.

 

—¿Cómo de importante es que las empresas inviertan en la gestión de las emociones de sus trabajadores?

 

—Importa mucho, e independientemente de que estemos colaborando con la sostenibilidad emocional de las personas que nos rodean, también puede haber una razón más egoísta y económica. Cuando un trabajador se siente cuidado, rinde mucho mejor. Un equipo de personas que sienten que los respetan, pueden crecer y notar que tienen un valor. Por ello, darán lo mejor de sí mismos como simple agradecimiento. En cambio, cuando sienten que no respetan su vida y que no se les tienen en cuenta, se irán protegiendo de forma inconsciente y una forma de hacerlo es no dar todo lo que tienen dentro. 

 

—Entonces, ¿cómo recomienda motivar a los trabajadores?

 

—Hay muchas prácticas y obviamente, depende de las características de la empresa y del trabajo. Pero sobre todo es una cuestión de actitud. El responsable de una empresa tiene que cuidar a sus trabajadores. Esto se vio de una forma muy clara durante la pandemia. Aquellos empleados que se sentían valorados respondieron mucho más en pro de la empresa que aquellos que sentían lo contrario. 

 

—En el día a día, ¿cuál cree que es el error más grande que se comenten con los sentimientos ajenos?

 

—El error más grande es no saber qué es lo que a ti realmente te sucede, a nivel emocional, cuando el otro te cuenta algo que le causa una emoción. Por ejemplo, en el caso de que alguien haya sufrido una pérdida, y esté muy triste y llorando, uno ha de saber que las emociones de la persona que lo está pasando mal conectan con las suyas de cuando tuvo un mal momento. La respuesta más habitual es decirle que salga y que se divierta, quitarle importancia. Pero esta respuesta va más por nosotros que por ellos, porque estamos respondiendo ante algo que nos incomoda. Cuando esto sucede, lo que busca la otra persona es simplemente que la escuchen, no quiere consejos. Y el simple hecho de hacerlo, le hará sentir mejor. 

 

—¿Y sabemos escuchar?

 

—No sabemos. No estamos acostumbrados a escuchar de forma neutral para poder ayudar al otro, y al no hacerlo, no sabemos qué es lo que nos está pidiendo. Todo lo queremos deprisa, cuando el otro está hablando ya pensamos en qué vamos a responder sin que haya terminado. Escuchar es un regalo maravilloso que nos hace alguien que nos cuida. La naturaleza nos ha puesto dos oídos porque escuchar es el doble de importante que hablar. Si quieres atender al otro, hay que escuchar el doble de lo que se habla. Con un oído, atendemos a los que nos dice, y con el otro, a lo que no. 

 

—Otro de los grandes errores que usted atribuye es resistirse a compartir los sentimientos, ¿por qué sigue sucediendo?

 

—Totalmente. Es algo que viene de antes porque a la gran mayoría se nos ha educado en que compartir sentimientos y emociones nos hace más vulnerables, y no es así. La sensibilidad es una fortaleza. Hemos de tener presente que el pasado fue de los fuertes, pero el futuro es de los sensibles.  

 

—Pero entre las generaciones jóvenes está cambiando. Normalizan las conversaciones sobre sentimientos o acerca de ir al psicólogo. 

 

—Sí porque hay más conocimiento. La persona que dice que no quiere ir al psicólogo es por desconocimiento, porque muchas veces no se sabe hasta qué punto puede ayudar el hecho de que alguien externo a tu vida te escuche, alguien en el que puedes confiar y con el que puedes compartir preocupaciones, alegrías o tristezas. 

 

—Ahora se habla mucho de poner límites. ¿Cuándo son útiles?

 

—Siempre, porque solo te pondrá límites el que te quiera o te cuide. No hay nada más peligroso que un niño al que nunca se le han puesto límites, porque va a entrar en caos de un momento a otro. El poner límites es el ansiolítico más poderoso que hay. Por ejemplo, es muy diferente cuando empiezas un trabajo y sabes todo al respecto (tareas, posición, horario o salario), de cuando llegas sin saber lo qué esperar. El que conozca los límites, se centrará más y lo hará mejor. 

 

—Para despedirnos. Hemos hablado de emociones y lo importantes que resultan en el entorno laboral. Sin embargo, pienso en aquellas más negativas como la envidia, los celos o el egoísmo, ¿hay que reprimirlas?

 

—Las hemos de entender, saber el porqué. A veces los confundimos, y por ello obtienen un trato social muy diferente. Con los celos somos más condescendientes. La envidia no se suele tener a una persona, sino a lo que posee esa persona. Y esa persona nos genera resentimiento. Es una relación entre dos individuos y ni siquiera es necesario que se conozcan. En cambio, los celos aparecen entre personas que se conocen, y como mínimo involucran a tres personas. Surgen porque hay alguien que tiene una relación con otra persona, y la aparición de un tercero lo vive como una amenaza que trata de desestabilizar esta unión. ¿El resultado? Se siente mal. Pero cuando esto le pasa a un niño pequeño, todos somos muy condescendientes y decimos: «Ay pobre, mira qué celoso está de su hermano». Eso sí, con los adultos no lo somos tanto.