lunes, 15 de mayo de 2023

El exceso de antidepresivos en España, según la experta Esther Samper:"Se usan como parches porque no hay profesionales"


JORGE GARCÍA     |     20minutos      |     10/05/2022

 

Según los datos que proporciona el propio ministerio de Sanidad, en España se recetaron en 2021 54 millones de cajas de ansiolíticos y 45, 1 millones de antidepresivos. Son cifras, teniendo siempre en cuenta que se producen en un contexto en el que uno de cada cinco españoles presenta síntomas compatibles con un cuadro depresivo (según estimaciones del Consejo General de Psicología en España), con implicaciones muy preocupantes.

 

La pandemia no ha hecho más que empeorar la situación: para hacernos una idea, en 2019 se consumieron en España 83,07 dosis de psicofármacos al día por cada 1.000 habitantes; en 2020 fueron 86,28 y en 2021 92,79. Esto representa un aumento del 7,5% en tan sólo un año (de nuevo, según los datos del ministerio de Sanidad).

 

De hecho, hace tiempo que incluso en las esferas políticas se discute que desde el sistema sanitario público español se está fallando en dar una respuesta adecuada a los problemas de salud mental. Y según algunas voces, como explica a 20minutos la doctora en Ingeniería Tisular Cardiovascular Esther Samper, autora del libro El lado oculto de la farmaciaesta ingente cantidad de recetas sería sintomática de estos problemas sistémicos.

 

"Se recetan a personas para las que no están indicados"

 

"Es un tema muy complejo", arranca Samper, "pero sí que es cierto que se recetan antidepresivos a personas para las que no están originalmente indicados. Por lo general, las guías clínicas desaconsejan la prescripción de antidepresivos a personas con depresión leve y, en según que casos, moderada".

 

"Para estos pacientes lo que se aconseja principalmente es psicoterapia porque las probabilidades de que los antidepresivos sean eficaces son muy bajas, y están acompañados de efectos adversos en algunos casos", añade.

 

En buena parte, la causa del problema está en la falta de recursos en materia de salud mental del sistema sanitario público. "Lo que vemos en la realidad", dice Samper, "es que la mayor parte de la población con depresión va al médico de familia, este les ve muy poco tiempo, y lo que se hace por sistema es recetar antidepresivos aunque la depresión sea leve y se puede intentar remitir al paciente al psicólogo o al psiquiatra, pero como el número de profesionales en España es muy bajo, hay una espera que puede llevar muchísimo tiempo". Así se explica que "la mayoría de antidepresivos en España los recetan médicos de familia".

 

Cabe señalar que en ciertos casos sí es adecuado que sea el médico de familia el que recete psicofármacos a un paciente. "Sí que podrían hacer una buena valoración de determinados casos de depresión", coincide Samper, "y sobre todo remitir los casos más graves a psiquiatras. Pero la atención debería ser principalmente por psicólogos clínicos, y eso en nuestro país no ocurre".

 

"También hay que tener en cuenta que con el tiempo que tienen actualmente los médicos de familia, es casi imposible realizar un buen diagnóstico y tratamiento de la depresión. Hay una sobrecarga asistencial brutal y simplemente los tiempos que hay ahora en los centros de salud no permiten atender la depresión correctamente en la absoluta mayoría de los casos", añade la experta.

 

"Deberían usarse para aliviar síntomas a corto plazo"

 

Las consecuencias de este modelo son devastadoras para los propios pacientes. "Se enfrentan a efectos adversos que pueden aparecer en ciertas personas, y puede ser que no obtengan ningún beneficio de estos fármacos", dice Samper.

 

Esto puede resultar especialmente grave si pensamos que "puede pasar que estas personas piensen que ya han recibido el tratamiento que necesitaban y no busquen recurrir a psicoterapia o a una atención más especializada".

Y es que estos fármacos sí pueden constituir una parte importante de ciertos tratamientos, pero no deberían sustituir a la totalidad del mismo. "Idealmente", opina la doctora, "deberían aliviar los síntomas de la depresión, sobre todo a corto plazo".

 

"Porque otra cuestión es que tenemos muy pocos estudios sobre los antidepresivos a largo plazo, y hay personas que los consumen durante años. No tenemos ensayos clínicos que respalden este uso, y de hecho está muy discutido actualmente si tiene sentido pautar antidepresivos a largo plazo", apostilla.

 

Con los ansiolíticos se da una situación similar, o incluso aún más sangrante si tenemos en cuenta que se trata de medicamentos con un alto potencial de abuso. "El de los ansiolíticos es otro caso también muy llamativo", desarrolla Samper, "porque en teoría no se deberían recetar más allá de dos o tres semanas y lo que vemos es que hay personas que consumen estos medicamentos durante meses o incluso durante años. Esto lleva a dependencia o incluso a adicción".

 

"A menudo, el problema tiene un componente social"

 

"Son muchas las razones por las que esto sucede. Vemos estos medicamentos (tanto los ansiolíticos como los antidepresivos) como más seguros de lo que son en realidad. Y se están usando como parches", afirma la experta.

 

"Porque no solo deberíamos proporcionar psicoterapia, sino que tendríamos que ir también al origen de este problema, porque a menudo hay una importante causa social", prosigue. "Por ejemplo, sabemos que quienes se enfrentan a un alto riesgo de desahucio tienen una peor salud mental, como es totalmente lógico", añade.

 

"Muchas veces, la causa de los problemas mentales tiene un claro componente socioeconómico. Lo que pasa es que desde la medicina no se puede hacer nada ahí; pero donde sí se podría hacer, que es con la psicoterapia, como el número de profesionales es tan bajo se acaba medicando porque es lo más fácil", añade, "aunque no sea realmente en tratamiento más recomendado en la mayoría de los casos".

 

Por eso, Samper cree que incrementar los recursos destinados a la atención de la salud mental en el sistema público es solo una parte de la solución. "Por otra parte, tendrían que percibirse los problemas de salud mental como cuestiones que van más allá de la biología e incidir en los causantes sociales. He puesto el ejemplo de los desahucios, pero muchas veces el trabajo también puede ser causa de depresión o ansiedad".

 

"Las publicaciones científicas han estado bastante sesgadas"

 

Con todo, no conviene dejar de ver que hay una industria que es la gran beneficiada de que los psicofármacos se prescriban de modo tan liberal. Y estos agentes han fomentado activamente que se llegue a esta situación, en opinión de Samper.

 

"Como menciono en el libro", comienza, "las publicaciones científicas sobre los antidepresivos han estado durante décadas bastante sesgadas. No se publicaban estudios clínicos con resultados negativos (en los que se viera que los antidepresivos no tenían un resultado más beneficioso que el placebo) o se ocultaban ciertos resultados, con lo que se ha sobreestimado la utilidad de estos medicamentos", cuenta.

 

"Con el paso de los años se han ido conociendo más datos sobre estos estudios clínicos (gracias también a la legislación actual, que obliga a que se publiquen todos los datos de estos ensayos) y lo que hemos visto es que en muchos casos estos medicamentos no eran tan beneficiosos como parecía inicialmente", continúa.

 

"También, hemos conocido inversiones multimillonarias en marketing sobre estos fármacos, que han hecho que tanto la población general como los médicos los percibieran como muy efectivos para el tratamiento de la depresión", detalla.

 

"Todavía desconocemos su eficacia real. No tenemos estudios a largo plazo, con lo que ahí tenemos un gran agujero de conocimientos y esto distorsiona la percepción sobre ellos", finaliza.

 

"Quien tenga mayor estatus socioeconómico tiene ventaja"

Frente a este panorama, no son demasiadas las opciones que, individualmente, tiene un paciente con una patología mental. "Los pacientes que se lo puedan permitir, pueden ir a un psicólogo o un psiquiatra privado. No tendrán que esperar mucho y tendrán una atención mucho mejor que quien no pueda pagarse la sanidad privada y tenga que esperar meses para que recibir atención mental especializada".

 

"Aquí, como en otros ámbitos de la salud, quienes tengan un mayor estatus socioeconómico tienen ventaja a la hora de tratar su problema de salud mental", concluye Samper con crudeza.

sábado, 13 de mayo de 2023

Pespecticidio, una técnica muy utilizada por los manipuladores


LAURA RUIZ MITJANA        |     La Mente es Maravillosa     |      06/04/2022     

El perspecticidio es una técnica de manipulación en la que una persona somete a otra a su total dominio. Es muy típico en las sectas. Conoce más sobre ella ¡aquí! 


La manipulación es el resultado de diferentes estrategias que buscan condicionar el comportamiento del otro sin que este sea consciente de lo que está ocurriendo. Está muy relacionado precisamente con ver al otro como un objeto que podemos manipular. En este caso, hablaremos de una de las técnicas de comunicación más extremas, es el llamado perspecticidio.

 

¿En qué consiste exactamente esta técnica de manipulación mental? Hablamos sobre cómo funciona y sobre cómo detectar que nos están manipulando.

 

¿Qué es el perspecticidio?

 

La palabra perspecticidio es un neologismo, aunque se usa desde hace tiempo para hacer referencia al lavado de cerebro al que sometían a los prisioneros de la guerra. Además, también se ha utilizado este término para explicar los mecanismos psicológicos que hacen que las personas acaben “atrapadas” en sectas.

 

Consecuencias del perspecticidio son las pérdidas de perspectiva, llegando a cultivar incluso el pensamiento de que no tenemos derecho, porque no somos válidos, a tener nuestras propias opiniones. Así, a través de este fenómeno, podemos llegar a perder la propia perspectiva y a olvidar qué es lo que creemos por nosotros mismos.

 

De esta forma, acabamos adoptando las ideas, metas u objetivos de la persona que nos está intentando dominar. A raíz de todo ello renunciamos a nuestros deseos y necesidades e incluso acabamos perdiendo la propia identidad o el propio sentido del “yo”. Como veremos, el perspecticidio es una técnica muy utilizada por los manipuladores.

 

¿Cómo funciona el perspecticidio?

 

El fenómeno del perspecticidio conlleva una relación abusiva, de control, dominio y manipulación por parte de una persona hacia otra (o hacia un grupo de ellas). Con el paso del tiempo, la persona que sufre el perspecticidio, es decir, la “víctima”, acaba cambiando su forma de pensar y actuar, influenciada y hasta dominada por la persona que actúa sobre ella.

Así, el manipulador o manipuladora (el que comete el perspecticidio), acaba definiendo el mundo de la persona a la que somete. Determina y decide cómo esta debe pensar y actuar y por supuesto la relación que se configura entre ambos.

Como vemos, no se trata de una influencia mutua o bidireccional en la relación, en la que las dos partes ejercen su dominio o su “rol”; en este caso, hablamos de una relación unidireccional de sometimiento, control y dominio. Es decir, de una de las partes (manipulador) a otra (víctima o persona sometida).

 

Restringe el mundo de la víctima

 

El manipulador, de forma progresiva, acaba “lavando el cerebro” de su víctima, hasta que esta pierde por completo su identidad y acaba actuando como el primero desea. La persona sometida pierde hasta su capacidad para decidir, ya que el manipulador va restringiendo poco a poco su mundo.

Así, la víctima es recluida poco a poco en un entorno cada vez más reducido, y se va aislando hacia el mundo del otro. ¿Qué consecuencias tiene esto? Que la persona no puede recibir el apoyo, la ayuda o el feedback de lo que está ocurriendo por parte de las personas de su entorno (porque está cada vez más aislada).

 

En definitiva: sus seres queridos no pueden alertarla del peligro que corre. El manipulador lo que hace es imponer su propia visión del mundo y sus ideas, y esto es lo que acaba resultando significativo en el mundo de la víctima.

Estrategias del perspecticidio

 

El perspecticidio puede darse tanto en relaciones de pareja como en relaciones de amistad, familia y como no, en las sectas. Algunas de las estrategias o acciones empleadas por la persona que ejecuta el perspecticidio son las siguientes:

 

·        Controla obsesivamente a la víctima.

·        Es quien fija los términos y las “normas” de la relación.

·        “Decide” cómo la víctima debe invertir su tiempo (y con quién).

·        Cambia el autoconcepto de la víctima y hasta su manera de ser.

 

¿Estoy sufriendo perspecticidio?

 

¿Tienes dudas sobre si realmente estás sufriendo o no un proceso de perspecticidio? Te dejamos algunas señales de alarma que podrían estar indicando que estás siendo sometido a este fenómeno por parte de un manipulador:

 

·        Te sientes cada vez más inseguro en tus decisiones.

·        Sientes que estás perdiendo los puntos de referencia.

·        Ya no te reconoces a ti mismo.

·        Te sientes incapaz de conseguir cosas por tu propia cuenta.

·        Te aplicas etiquetas negativas a ti mismo.

·        Empiezas a dudar de tus propias opiniones y capacidades.

Para poder decir que sufrimos perspecticidio, todos estos “síntomas” o señales de alerta los sientes a raíz de la manipulación, dominio o control por parte de otra persona. Es decir, nacen como resultado de estas interacciones con el otro, no es que te sientas así “porque sí”.

Si sufres algunos de estos síntomas y tienes a alguien cerca que crees que te está manipulando, pide ayuda y aléjate cuanto antes de esta relación. No es fácil salir de las “garras” de un manipulador, pero identificar estas señales y tomar consciencia de lo que está ocurriendo es el primer paso para ello.

miércoles, 10 de mayo de 2023

La importancia del lenguaje en la terapia

 

Borja Alonso      |     instituto claritas.com       |       09/02/2022
    
La importancia del lenguaje en la terapia ¿por qué se usa una palabra y no otra?
 
La comunicación es el elemento fundamental en la interacción entre seres humanos y la base principal de la terapia. Está compuesta por el lenguaje no verbal (como la postura, los gestos, o el tono de la voz entre otros) y el lenguaje verbal (el contenido expresado mediante palabras). Gracias a ambos, podemos conocer el contenido de la mente del otro (ya sean memorias, sueños, razonamientos, etc.), además de apreciar el cómo vive o siente esta información atendiendo a su cuerpo.
 
La comunicación es una herramienta que usamos constantemente en nuestras vidas al ser animales sociales, pero ¿por qué en terapia en concreto existe una mayor importancia en la precisión del lenguaje?
 
A menor resolución, más difícil identificar la imagen
 
De la misma forma que para poder reconocer qué objeto aparece en una foto de muy baja resolución, en la terapia es complicado entender qué sucede con muy poco contenido, o un contenido difuso. Por ejemplo, no es lo mismo saber que un paciente tiene problemas con el alcohol, que saber que este paciente bebe cuando se siente solo porque en su infancia tuvo unos padres negligentes. Aumentar la precisión del lenguaje ayuda a aumentar la resolución de la escena mental que tiene el terapeuta del paciente. Gracias a esto, pueden aparecer detalles previamente ignorados pero cruciales en la intervención: porque son elementos a trabajar, porque conectan experiencias aparentemente irrelevantes pero que forman parte de un patrón, o porque ayudan a desestimar información irrelevante para el objetivo terapéutico.
 
¿Es lo mismo un pincel de detalle que una brocha?
 
Las palabras son una de las herramientas fundamentales para producir un cambio terapéutico. Debido a esto, el no utilizar el lenguaje preciso tanto por el paciente como por el terapeuta se asemeja a intentar pintar un cuadro a brocha gorda. Es decir, las palabras han de encapsular exactamente el contenido al que se refieren, como si de un bisturí se tratase, dado que buscamos cambiar un aspecto específico, y a la vez escoger exactamente la pieza que encaja. No es lo mismo decir: ‘Me siento triste’, que expresar ‘Me siento abandonado’, o no es lo mismo decir ‘Me hiciste daño’ que expresar ‘Me traicionaste’.  En estos ejemplos, con muy pocas palabras ya es apreciable un contenido más específico. Descarta implícitamente posibles hipótesis (siguiendo la primera frase, no sabemos de qué habla la tristeza y podríamos equivocarnos hipotetizando) y nos ayuda a diferenciar la complejidad de la escena (en el segundo ejemplo, ya no habla de un daño inespecífico, si no de la pérdida de confianza y el daño asociado al ser vulnerable ante el otro).
 
Poner palabras a aquello que no lo tiene nos ayuda a crear sentido
 
Un aspecto fundamental de los seres humanos son las emociones. Estas podrían definirse como información sin lenguaje. Es decir, entendemos qué sentimos, para qué y por qué. Las emociones pueden ser uno de los motivos por lo que uno puede acudir a terapia, dado que también son la brújula que nos indica que algo en nosotros no está bien. Es interesante el darse cuenta de que nuestro cuerpo sabe algo, a lo que no puede poner palabras. En estos casos, nuestro papel en terapia es entender qué es lo que está pasando en nuestro cuerpo, y crear significado a partir de la identificación de las emociones.
 
Culturalmente tendemos a identificar fácilmente las cinco emociones principales: enfado, asco, tristeza, miedo o felicidad. Sin embargo, al igual que con los colores, en nosotros puede estar presente un sentimiento de envidia, vacío, rabia, inferioridad, etc. El ser capaces de identificar de forma precisa qué palabra encaja con lo que sentimos en el cuerpo enriquece nuestro conocimiento de lo que sucede. Si nos damos cuenta de que en vez de sentir un enfado más general sentimos rencor, intuimos que trata de una experiencia previa que habla de un daño sufrido, o unas expectativas no cubiertas.
 
Las palabras son una herramienta básica del comienzo terapéutico. Somos conscientes de la importancia de una correcta comunicación, y de cómo puede ayudar en tu proceso terapéutico. Si alguna idea de la que hemos presentado resuena en ti o te invita a querer comenzar un proceso terapéutico, ahora es el momento.
 

martes, 9 de mayo de 2023

La importancia de la salud mental, que se ha visto incrementada con problemas por la pandemia, entre los jóvenes


SAMUEL SANCHEZ, YASMIN PIÑA Y SIMRANPREET KAUR – La vanguardia |   16/02/2022

 

La salud mental se refiere al bienestar cognitivo, conductual y emocional. Se trata de cómo piensan, sienten y se comportan las personas. Según la Generalitat valenciana, “en toda Europa, una de cada diez personas presenta algún tipo de trastorno mental. En España, excluyendo los trastornos causados por el uso indebido de sustancias, se puede afirmar que, al menos, el 9% de la población padece un trastorno mental en la actualidad, y que algo más del 15% lo padecerá a lo largo de su vida.”

 

Normalmente, cuando alguien dice “tengo que ir al psicólogo o al psiquiatra” tendemos a pensar que es porque está loco. Esto se debe a que no nos han inculcado que a veces recibir una ayuda profesional nos puede ayudar a tener otra perspectiva de nuestro pensamiento, ayudándonos a reflexionar y a afrontar nuestros problemas con más madurez y sabiduría.

 

Según la psiquiatra experta en infancia y adolescencia, Laura Revert, los trastornos que afectan a niños y jóvenes van desde la ansiedad, la depresión y hasta los trastornos de la conducta alimentaria y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Transtornos mentales más comunes entre adolescentes: 

Trastornos de ansiedad: Estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad.

Trastornos depresivos: Enfermedad que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas. 

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad: Trastorno de la conducta caracterizado por una actividad constante, comportamientos cambiantes y dificultad de atención, que se observa en personas con cuadros de ansiedad y niños.


Cabe recordar que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) también son enfermedades mentales muy graves en los niños y adolescentes. Laura Revert nos dice que “los detonantes para que los adolescentes padezcan un TCA suelen ser la baja autoestima o la gente que inicia una dieta sin supervisión médica y se le va de las manos o los comentarios que pueden oír en el instituto o en su propia vivienda”. 

 

Muchas veces, sobre todo los pacientes jóvenes, sienten que la atención psiquiátrica se ciñe demasiado a la medicación y echan en falta un acompañamiento psicológico terapéutico. Es el caso de una compañera nuestra, que ha sido paciente atendida en psiquiatría hace un tiempo, y que nos dice: Cuando yo iba al psiquiatra, siempre salía con algo más de medicación recetada. Llegué incluso a la cifra de 13 pastillas diarias, lo cual me dejaba completamente anestesiada. Para mí, hubiese estado mejor que me aconsejaran, o me dieran terapia en vez de mandarme pastillas cada dos por tres“.

 

Un servicio público

 

Este es un claro ejemplo de que se tiene que mejorar la atención de los trastornos mentales, a veces las pastillas no lo solucionan todo; en algunos casos es más eficaz hablar con algún profesional. Pero solo un 30% de los psicólogos clínicos que ejercen en España (unos 9.000) trabajan en la sanidad pública. Son cifras de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR).

 

El problema surge del nivel de saturación que el sistema público de salud sufre en este sentido. Los profesionales de la salud mental, tanto psiquiatras como psicólogos, que ejercen su profesión en la sanidad pública no pueden asumir la inmensa cantidad de pacientes que acuden a la consulta. En este sentido, la doctora Revert manifiesta que se necesitan más recursos para atender correctamente a los pacientes. Aunque las autoridades sanitarias últimamente han puesto en marcha algunos planes de actuación interesantes en esta materia, es algo que tendría que haberse realizado anteriormente y con más recursos. En la Comunidad Valenciana, hay una espera de tres o cuatro meses para que un niño o adolescente reciba una primera visita con un psiquiatra experto, independientemente de la gravedad del caso. Se necesitan más recursos humanos, más psiquiatras y psicólogos en el sistema sanitario público.

Es habitual que la población más joven sienta temor a acudir a la consulta de psiquiatría o del psicólogo, este miedo también es común entre los adultos, pero hay que ser consciente de que, a veces, vivir no es nada fácil, más allá de las enfermedades mentales. La vida es compleja y, en ocasiones, necesitamos buscar ayuda para afrontar situaciones complicadas. Lo más importante para cuidarnos a nivel de salud mental es tener unos buenos hábitos de vida, cuidando la alimentación y el sueño, sin consumir tóxicos; tener una vida social sana, una vida familiar apacible. En definitiva, ser felices.

lunes, 8 de mayo de 2023

Síndrome de Wendy: ¿Prestas más atención a las necesidades de los demás que a las tuyas?

Patrícia Ramírez      |    ABC (El lunes empiezo – Blog)     |    03/07/2022

¿Te acuerdas de Wendy? Esa niña servicial que salía en la película de Peter Pan, pendiente de todos, tratando hacer todo lo posible por complacer a los demás y evitar conflictos. A la mujer se le ha otorgado culturalmente el papel de cuidadora. Son las hijas más que los hijos, las que están pendientes de sus mayores cuando estos requieren cuidados y atención. Los acompañan a las visitas médicas, pasan más tiempo con ellos haciéndoles compañía o se dedican más a su cuidado cuando hay una relación de dependencia. 

El síndrome de Wendy se caracteriza por la necesidad de cuidar a nuestros mayores, pero también a la pareja, a los hijos, a los hermanos, a los amigos. Es como si la capacidad de ser madre y proteger a tus crías se generalizara a cualquier vínculo de personas a las que queremos. Y asumimos que cuidar a los demás nos da valor. Nos sentimos valiosas cuidando, protegiendo y facilitándoles la vida a otras personas. Incluso cuando facilitarles la vida a otras personas incomode la nuestra. 

El síndrome de Wendy también lo pueden experimentar hombres, pero se presenta más en mujeres. La persona que lo sufre desea a toda costa rodearse de un ambiente armonioso, libre de conflictos, incluso pagando el precio de ser servil si con ello evita el malestar a otra persona. 

Este síndrome, además de la excesiva complacencia hacia los demás, puede acompañarse de culpa. Porque es imposible tener tiempo para complacer a tanta gente como gustaría. La mujer con síndrome de Wendy tiene la sensación de que no llega a todo, de que no se está ocupando como le gustaría de sus responsabilidades, a pesar de que estas no son una obligación sino más bien una herencia cultural.

¿Cómo reconocer que estás sufriendo este síndrome? Te invito a que reflexiones en las siguientes preguntas: 

·        ¿Prestas más atención a las necesidades de los demás que a las tuyas?

·        ¿Evitas tener conflictos con las personas que amas por miedo a perderlas?

·        ¿Pides perdón después de tener alguna discusión aun no teniendo tú ninguna culpa?

·        ¿Tienes la sensación de que aquello que otorga sentido a tu vida es sentirte valiosa para los demás, cuidarles, atenderles y que se sientan bien a tu lado?

·        ¿Miedo a que llegue el nido vacío?

Muchas veces terminamos relacionando nuestra valía, y con ello nuestra autoestima, con roles que desempeñamos en nuestra vida, en lugar de hacerlo con nuestra persona. Un deportista de alto rendimiento puede sentirse vacío el día que deja de competir y se retira. Y una madre puede sentirse vacía el día que sus hijos se van de casa y siente que su vida ha perdido sentido. 

¿Cómo prevenir el síndrome de Wendy? 

Delega y reparte el cuidado de personas dependientes que tengas a tu cargo, como tus padres si están mayores o tus hijos. Por no molestar a tu hermano, a tus hijos, a tu pareja, terminas asumiéndolo todo tú. Lo que empieza siendo una pequeña carga terminado pasándote factura en forma de depresión.

No asumas lo que no te corresponde. Muchas veces seguimos cuidando de nuestros hijos cuando son adultos. Impidiendo a su vez que desarrollen una madurez y responsabilidad emocional necesarias para sus vidas. Permite que tomen decisiones, que se equivoquen, que se responsabilicen. Se red para cuando caigan, pero deja que caigan.

No te dejes tú por atender a los demás. Ser cuidadora es maravilloso. Ser servicial también. Pero debes prestar atención a tu autocuidado. Necesitas tiempo para ti, para tus cosas, para atenderte y cuidarte. Eres responsable de tu bienestar emocional y de tu salud física y psicológica. No te equivoques, tu fortaleza no lo aguanta todo.

Las personas tenemos muchos roles distintos, no dejes de desempeñar ninguno de ellos: madre, pareja, persona, trabajadora, amiga. Si desarrollas estas otras facetas de tu vida, si en algún momento alguna pata cojea, tienes las otras con las que sujetarte. No pongas todos los huevos en la misma cesta.

Dedica tiempo a alimentar tu autoestima. No eres valiosa solo porque cuides y atiendas a los demás. Lo eres por un montón de otros motivos que puede que no estés viendo porque no les prestas atención.

Querida Wendy, la vida no tiene ticket regalo. No puedes ir a devolverla y recuperar los años perdidos. Por eso es tan importante que, atendiendo a tu escala de valores, te cuides, te atiendes y te compagines en todas las facetas de tu vida.