MARTA RODRIGUEZ PELETEIRO | as.com | 18/03/2026
El especialista
advierte de que el estrés constante se ha normalizado y explica por qué cada
vez más personas sienten que viven en alerta permanente.
El cansancio constante,
la dificultad para desconectar o la sensación de estar siempre acelerado se
han convertido en experiencias habituales para muchas personas. En un contexto
marcado por la incertidumbre, la presión laboral y la autoexigencia, el estrés
parece haberse integrado en la vida cotidiana hasta el punto de que muchos lo
consideran inevitable.
“Muchas personas creen que vivir cansados, tensos o
acelerados es simplemente parte de la vida adulta”, afirma para AS el psicólogo
clínico Juan Lucas Martín. Según explica, esta percepción se ha ido
consolidando con el tiempo, especialmente en sociedades donde la productividad
y la exigencia personal ocupan un lugar central. El problema, advierte, es que
esa normalización puede hacer que se ignoren señales importantes del organismo
durante demasiado tiempo.
El estrés en un estado
permanente
El cuerpo
humano está preparado para responder al estrés de forma puntual, pero no
para mantenerse en ese estado de manera continua. Cuando la presión se prolonga
durante meses o años, el sistema nervioso puede adaptarse a vivir en un nivel
constante de alerta. “Cuando el estrés se vuelve constante, el organismo
aprende a vivir en ese estado”, explica Martín. “El sistema nervioso se
acostumbra a estar en alerta y se pierde la sensación de seguridad interna. Entonces
todo parece una amenaza”. Esta situación puede generar una sensación permanente
de inquietud que muchas personas describen como vivir en “modo supervivencia”.
Dinámicas psicológicas
En su experiencia
clínica, el psicólogo observa que existen ciertos patrones que aparecen con
frecuencia en las personas que viven bajo altos niveles de estrés. Estos
mecanismos suelen desarrollarse de forma gradual y muchas veces pasan
desapercibidos hasta que el agotamiento ya es evidente. “Hay tres
dinámicas que aparecen constantemente”, explica. “La primera es la autoexigencia excesiva:
personas que sienten que nunca es suficiente lo que hacen. La segunda es la
hiperresponsabilidad emocional, personas que cargan con los problemas de
todos. Y la tercera es la sensación permanente de incertidumbre”.
Cuando estas dinámicas se mantienen
durante mucho tiempo, el sistema nervioso permanece activado y el organismo tiene
cada vez más dificultades para recuperar el equilibrio, apunta el psicólogo, especializado en trauma, ansiedad y
transformación emocional, quien llegará a España para presentar “El Sentido: la
ciencia de la compasión”, una experiencia para comprender el estrés y aliviar
la carga emocional. Los encuentros tendrán lugar en Barcelona el próximo 15 de
abril y en Madrid el 21 de abril en Teatros Luchana.
Para el especialista, uno de los grandes retos actuales es aprender a reconocer las señales
tempranas del estrés antes de que el cuerpo llegue al límite. El
cansancio persistente, la dificultad para dormir o la sensación de tensión
constante suelen ser avisos que el organismo envía mucho antes de que aparezcan
problemas más serios. “El problema es que cuando normalizamos el estrés crónico
dejamos de escuchar al cuerpo”, advierte. “Y muchas veces solo empezamos a
prestar atención cuando aparecen síntomas más serios”.