lunes, 30 de marzo de 2026

¿Podemos cambiar nuestra personalidad?: «Es como un acorde y podemos afinarlo»

LAURA MIYARA      |      lavozdegalicia.es      |      20/02/2026

A la eterna pregunta de si las personas podemos cambiar o no, tres psicólogos responden que, dependiendo de la motivación y del esfuerzo necesario, la posibilidad de lograrlo aumenta o disminuye

Nuestra personalidad es prácticamente inseparable de nuestra identidad. Aunque a menudo pensamos en nuestra personalidad como una serie de características y rasgos como, por ejemplo, ser sociable, alegre o ansioso, lo cierto es que es mucho más que eso. Se puede definir más bien como los cimientos sobre los que se construye todo nuestro sistema de conductas. Para que un elemento sea inherente a nuestra personalidad, debe mantenerse a lo largo del tiempo, en diferentes contextos y entornos, lo que no significa, sin embargo, que sea imposible de cambiar. De hecho, muchos individuos consiguen modificar los rasgos de su personalidad que van en detrimento de su bienestar.

Nuestras características más individuales, aquellas que nos hacen ser quienes somos, no comienzan a formarse sino hasta la etapa de la infancia en la que comenzamos a entender que somos alguien separado de nuestros padres. «Cuando nacemos no tenemos personalidad. Lo que tenemos son algunos rasgos a los que se les llama carácter, que pueden ser irregular o regular, comunicativo o poco comunicativo y activo o tranquilo», detalla en este sentido el psicólogo Tomás Navarro, autor del libro La senda Kaizen, en el que aborda cómo transformar ciertos aspectos de nosotros mismos para mejorar nuestra satisfacción vital.

A partir, aproximadamente, de los tres años de edad, «empieza la crisis del temperamento», explica Navarro, y es entonces cuando empezamos a aprender de nuestros padres y otras figuras de referencia para formar nuestra personalidad. Esta se termina de formar más adelante, en la adolescencia, «cuando rechazamos el modelo de los padres y empezamos a buscar otros», un estadio de rebelión que se puede manifestar con mayor o menor intensidad dependiendo del caso. «Si la adolescencia es sana, es normal en esta etapa experimentar, hacerte el corte de pelo de un músico que te gusta o vestir como el hermano mayor de tu amigo, que te mola», describe el experto. Debido a las características del neurodesarrollo propias de un sexo y otro, es frecuente que las chicas maduren su personalidad más pronto.

En la edad adulta, «la personalidad tiene que ver con la manera espontánea en la que percibimos, sentimos, procesamos y reaccionamos ante las cosas que nos van sucediendo. Es una estructura desde donde vivimos y vemos el mundo», explica José Serrano, psicólogo sanitario de Área Humana. Aunque los rasgos se van configurando en gran medida a partir del entorno en el que nos desarrollamos y los aprendizajes de la infancia y la juventud, el consenso científico establece que la personalidad tiene también un componente genético que se suma a estas influencias ambientales e interactúa con ellas para darle forma al individuo que acabaremos siendo.

Como explica el psicólogo Manuel Castro Bouzas, de la sección de Psicoloxía e Saúde del Colexio Oficial de la Psicoloxía de Galicia (COPG), habitualmente, existen dos grandes maneras de definir la personalidad. «A máis utilizada é a través de dimensións da personalidade. Por exemplo, a extroversión ou a introversión, a estabilidade emocional, a apertura, a experiencia. Outra maneira que se utiliza máis na clínica, é traballar con prototipos de personalidade. Un prototipo sería un conxunto de conductas e actitudes que aparecen asociadas de modo relativamente estable».

Uno de los modelos psicológicos más respaldados a nivel científico es el conocido como «Big five», que divide la personalidad en cinco dimensiones: la apertura a experiencias, la responsabilidad, la extroversión, la amabilidad y el neuroticismo. Cada una de estas dimensiones incluye, a su vez, rasgos o características. Tomando como ejemplo el neuroticismo, podemos ubicar dentro de esta dimensión rasgos como la tendencia a la rumiación o la inestabilidad emocional.

Mientras que algunas dimensiones se consideran congénitas, «por exemplo, a estabilidade emocional», apunta el experto del COPG, otras están moduladas más bien por la experiencia. Este último es el caso de elementos como la introversión o la extraversión, características estudiadas especialmente por el psiquiatra Carl Jung y que hacen referencia al interés de un sujeto: si se centra más en objetos externos, la persona es más extrovertida, pero si estos intereses se dedican a los pensamientos y sentimientos propios, estamos ante un individuo introvertido. En ambos casos, se trata de aspectos que pueden ser modulados a través de la experiencia. De todos modos, aclara el experto, «todas as dimensións que son máis aprendidas teñen un sustrato fisiolóxico que, de certo xeito, limita ata que punto se pode chegar a modificar ou non».

Aunque no nacemos con personalidad, «sí con una tendencia mayor o menor a ser activos o sociables», aclara Serrano. En las primeras etapas del desarrollo es cuando estas tendencias entran en tensión con las interacciones que vamos teniendo con nuestro ambiente y así es como se va gestando la manera de funcionar que, con el tiempo, nos acaba resultando natural.

En el extremo más problemático, existen las personalidades disfuncionales o patológicas«As puntuacións extremas nas dimensións de personalidade habitualmente poderían implicar unha maior probabilidade de consecuencias negativas. Se unha persoa ten puntuacións moi altas en inestabilidade emocional, terá unha maior facilidade para ter medo, para sentir inseguridade, para reaccionar de modo esaxerado ante situacións que poden ser estresantes, pero non para tanto», ilustra Castro.

La idea de que la personalidad puede cambiar es más nueva de lo que podríamos pensar. En el campo de la psicología, por lo menos hasta la década de los ochenta, se consideraba que esta era fija, sobre todo a partir de los 30 años. Pero en las tres últimas décadas, ha crecido un cuerpo de evidencia que matiza estas ideas acerca de su rigidez. Diferentes investigaciones han hallado, por ejemplo, que las personas tienden a volverse menos neuróticas, más responsables y más amables a lo largo del tiempo. Estos cambios son el resultado tanto de una maduración biológica del cerebro como de la acumulación de experiencias vitales que transforman a los individuos: tener hijos, cuidar de los padres o adquirir una mayor responsabilidad laboral, por ejemplo.

Con todo, el cambio radical es difícil de conseguir a nivel estructural. «Más bien diría que uno se flexibiliza y se adapta. Normalmente, una de las cosas que sabemos es que a cada uno le gusta su propia personalidad. A no ser que en algún momento determinado esta empiece a darle problemas, es difícil que la quiera modificar», matiza Serrano. Cuando algún suceso vital lleva a un individuo a cuestionarse sus actos o su forma de ser, es posible emprender el cambio. «A veces es el propio cuerpo, la salud física, la que se convierte en un indicador de que hay que hacerlo», señala.

«La personalidad no es una condena. Se puede modular bastante, siempre que la persona sea consciente de que quiere hacer ese cambio», asegura en este sentido Tomás Navarro. Ahora bien, algunos rasgos ya predisponen de antemano a un individuo a hacer esos cambios efectivos. Es el caso de aquellos que son más abiertos a las experiencias, quienes son humildes, curiosos por naturaleza o aquellos a quienes les gusta aprender. «Ahí hay mucho margen de cambio», observa Navarro.

En suma, modificar ciertos aspectos es posible e incluso deseable. En estudios recientes, los expertos han hallado que esa paulatina transformación que se produce a largo plazo se puede llevar a cabo de manera mucho más expeditiva a través de intervenciones específicas diseñadas para aquellos que desean cambiar. Algunas investigaciones hablan de modificaciones significativas en cuestión de semanas o meses.

En estos casos, la psicoterapia es una herramienta útil que, partiendo de un aumento del autoconocimiento por parte de la persona, le permitirá modelar algunos de los aspectos que considere que podrían mejorar su bienestar. «Dar el primer paso de conocerte ayuda a saber cómo es tu estructura, cómo funcionas. Hacer consciente todo esto ayuda a entender por qué eres así y no de otra manera. En el momento en el que lo entiendes, lo puedes cambiar», detalla Serrano.

Tras ese primer paso, la terapia se puede centrar en una exposición progresiva al tipo de conductas que a uno le gustaría tener. Así, si se intenta ser más organizado o más sociable, se hará un esfuerzo consciente por modificar el comportamiento en ese sentido. «Al final, la personalidad es como un acorde con diferentes notas musicales y tenemos cierto margen para afinarlo», señala Navarro.

Podemos pensar en el cambio como el resultado de una ecuación que es la suma de esfuerzo y tiempo. Así, cuando el cambio requiere un esfuerzo considerable y sostenido a lo largo del tiempo, puede verse obstaculizado. «Nosotros podemos mantener el esfuerzo durante cierto tiempo. Si es un esfuerzo pequeño, es más fácil mantenerlo, pero si es muy grande, es difícil», explica Navarro, lo que en la práctica se traduce en que, si la transformación deseada es de grandes proporciones, conviene subdividirla en cambios más pequeños e ir efectuando uno por uno, asumiendo también que podremos toparnos con limitaciones. «Si soy completamente desordenado, quizás no pueda llegar a ser perfectamente ordenado», ilustra el psicólogo, pero sí es posible llegar a modificar este rasgo lo suficiente como para notar una mejora en la calidad de vida.

En el extremo contrario, el cambio puede ocurrir de manera involuntaria, con efectos negativos que muchas veces no son percibidos por la persona hasta que se manifiestan con síntomas de salud mental. En la edad adulta, aunque la personalidad pueda estar relativamente estabilizada, una experiencia traumática puede modificar variables como el nivel de introversión o el neuroticismo. En estos casos también, la psicoterapia ofrece herramientas para superarlo.