CHRISTIAN JIMÉNEZ | lavanguardia.com | 26/03/2026
Pequeños hábitos de escritura diarios que ayudan a clarificar la mente, comprender lo que se siente y fortalecer la capacidad de enfrentar dificultades
El acto de escribir es un gesto simple, al alcance de cualquiera, pero con un efecto sorprendente. Permite detenerse en el momento, mirar lo que ocurre por dentro y por fuera, y darle sentido a la propia experiencia.
“Cuando necesites poner orden, aclarar, comprender,
simplemente escribe”, recomienda Mireia Cabero, profesora de los Estudios de
Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. “Como la escritura requiere de
un ordenamiento y de una formulación que es muy diferente a los del
pensamiento, aumenta tu conciencia interior y, por tanto, estás más capacitado
para poner solución”, reflexionaba en una conversación con La Vanguardia.
Escribir a
mano puede convertirse en un acto de resiliencia cuando se hace con propósito:
“Permite nombrar tu dolor y crear distancia con respecto a él. Es una acción
capaz de cambiar tu estado mental de agobio y desesperación a una claridad
arraigada”, afirma Emily Rónay Johnston, profesora asistente de docencia en
estudios de escritura de la Universidad de California, Merced, a través de un
artículo publicado en The Conversation.
Lo que
empieza como un acto ordinario puede convertirse en una herramienta poderosa de
autoconocimiento y reflexión. Cada línea construida acaba siendo un puente
entre lo que se piensa y lo que se vive, un recordatorio de que incluso los
gestos más cotidianos pueden tener un efecto profundo.
Gracias a
su puesto de trabajo, Johnston puede investigar cómo las personas utilizan
la escritura como un modo de navegar el trauma. “He sido testigo de cómo miles
de estudiantes recurren a la palabra escrita para procesar emociones y
encontrar un sentido de pertenencia”, afirma.
Los conocimientos de la psicología y neurociencia pueden ayudar a
explicar cómo la escritura es capaz de fomentar la resiliencia. En 1980, el
psicólogo James Pennebaker desarrolló
la técnica terapéutica de la escritura expresiva para ayudar a los pacientes a
procesar el trauma y los desafíos psicológicos. Gracias a ello, los pacientes
eran capaces de crear distancia mental respecto a la experiencia y aliviar lo
que sentían.
Durante la práctica de la escritura expresiva, el
profesor de Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Adrián
Montesano, sumándose al testimonio de Cabero, resalta que la persona debe
ser capaz “de volcar emociones y pensamientos profundos”, a diferencia de cuando
se realiza una escritura más anodina y superficial. En este sentido, sostiene
que el ser humano tiene “un impulso narrativo”, es decir, es un contador de
historias.
“Traducir
emociones y pensamientos en palabras sobre el papel implica activar áreas del
cerebro asociadas con la memoria y la toma de decisiones” – Adrián Montesano / Profesor
de Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya
La
acción a través de la escritura
Estudios en neuroimagen han demostrado que poner los sentimientos en palabras ayuda a regular las emociones. En la era digital también funciona valerse de emojis para lograr beneficios, como activar la corteza prefrontal, una parte del cerebro que apoya el establecimiento de objetivos y la resolución de problemas. Tareas de escritura cotidianas como hacer una lista también estimulan partes del cerebro implicadas en el razonamiento y la toma de decisiones, ayudando a recuperar el enfoque. Algunos estudiantes utilizan la escritura como herramienta para asimilar conocimientos. Poner las ideas por escrito ayuda a consolidar la memoria: es el proceso mediante el cual el cerebro transforma los recuerdos recientes en aprendizajes duraderos.
Con el fin de
favorecer la resiliencia de las personas a través de la
escritura, Johnston termina ofreciendo una serie de consejos fáciles de
seguir, pero con un impacto considerable. Entre ellos se encuentra escribir en
un diario para aliviar las rumiaciones, hacer una pequeña lista antes de reaccionar
airadamente o escribir para pedir opinión y tener en cuenta perspectivas
alternativas. Escribir permite dar forma a la propia experiencia,
detenerse un momento y mirar con claridad lo que sucede por dentro. No se trata
solo de registrar hechos, sino de entrenar la mente para adaptarse,
reorganizarse y crecer.