domingo, 23 de febrero de 2020

10 preguntas sobre la psicoterapia

DRA. SILVIA GONZÁLEZ PARRA   |   topdoctors    |   02/05/2019

 Editado por: ALICIA ARÉVALO

‘Todo es posible quitarle a un hombre, menos una cosa: la última de las libertades humanas, la de elegir su propia actitud bajo cualquier circunstancia dada, la de escoger su propio camino.’ Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austríaco. 
1. ¿Qué es la psicoterapia?
La psicoterapia es un proceso terapéutico, guiado por un profesional, que promueve el cambio psíquico a través de la conducta, los pensamientos o afectos. Su objetivo es aliviar el sufrimiento y favorecer el desarrollo de la persona y de sus vínculos, de forma que se pueda enfrentar a desafíos futuros. Lo guía un profesional que utiliza diferentes procedimientos científicamente probados. 
2. ¿Qué diferencia hay entre psiquiatría y psicología?
La complejidad del ser humano obliga al abordaje biopsicosocial de sus problemas.
Los psicólogos o psiquiatras son profesionales altamente capacitados.
  • La psicología es una disciplina de la ciencia que se ocupa del estudio de los procesos mentales de las personas. Una de sus ramas, la psicología clínica, estudia y ayuda a las personas que tienen problemas a llevar su vida de forma más saludable.
  • La psiquiatría es una rama de la medicina que además de la psicoterapia puede utilizar, si es preciso, otros tratamientos como el farmacológico, mejorando la eficacia y pronóstico en algunos casos. Además se ocupa de realizar un diagnóstico de los síntomas o enfermedades mentales, descartando y tratando otras patologías somáticas que puedan producir síntomas similares. 
3. ¿En qué casos está recomendada la psicoterapia?
Cuando existen problemas psíquicos que impidan a la persona tener un bienestar físico, mental o social. Estos pueden afectar a una o varias áreas como el trabajo, descanso, alimentación, proyectos, salud, diversiones, calidad de vida… Dificultades en las relaciones sociales como la pareja, familia o amistades. Traumas o dificultades para afrontar o superar alguna situación crítica en la vida, en la elaboración de duelos (separaciones, fallecimientos, emigración), estrés o dificultades en el desarrollo personal.
Cuando existe un “dolor emocional”, en forma de miedo, pánico, baja autoestima o desesperanza…
Cuando aparecen síntomas o trastornos como:
  • Alteración del estado de ánimo como depresióndistimia, trastorno adaptativo, trastorno bipolar, inestabilidad emocional.
  • Ansiedad: trastorno de pánico, fobias, agorafobia, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de estrés postraumático, trastorno dismórfico corporal, hipocondría. Miedos y fobias.
  • Dificultades en el autocontrol: emocional, cleptomanía, compras compulsivas, control de la ira o procrastinación.
  • Adiccionesalcoholismoludopatía, trabajo o internet.
4. ¿Hay distintos tipos de terapia en psicoterapia?
Existen varios enfoques terapéuticos basados en perspectivas teóricas que actúan como hoja de ruta para que el psicoterapeuta pueda comprender a sus pacientes y sus problemas, así como crear soluciones.
Entre los principales enfoques psicoterapéuticos contamos con:
  • Psicoterapia conductual: entiende los problemas psicológicos como el resultado de un aprendizaje biográfico. Utiliza el análisis funcional para identificar las condiciones antecedentes así como las consecuencias de las conductas relacionadas con los síntomas.
  • Psicoterapia cognitiva: pone énfasis en el cambio de patrones cognitivos problemáticos como son los pensamientos automáticos negativos y, en último término, las creencias o esquemas disfuncionales que están en la base de estos.
  • Psicoterapia psicodinámica: se dirige a la reestructuración de las representaciones, predominantemente, a través de la percepción de los propios estados y procesos mentales.
  • Familiar o sistémico: pone énfasis en la comunicación y las reglas que gobiernan el sistema familiar que interfieren en la adaptación a los cambios y eventos estresantes.
  • Integración: toma de todas ellas lo que le resulta más útil, aplicando el más adecuado y eficaz a cada persona y problema, adaptándose a sus necesidades. 
5. ¿Cuánto dura un tratamiento?
La duración del tratamiento se ajusta a las necesidades individuales. Depende de muchos factores como las características del caso, la gravedad, el tiempo de evolución y la respuesta al tratamiento.
Hay estudios que demuestran que el 50% de los pacientes en psicoterapia pueden mejorar en ocho sesiones. 
6. ¿Cómo puedo aprovechar al máximo la psicoterapia?
La persona es la protagonista del proceso. Necesitamos su contribución para establecer los objetivos del tratamiento y su actividad entre sesiones (como tareas o ejercicios para aplicar en su vida cotidiana) que tienen gran impacto sobre los resultados del tratamiento 
7. ¿Pueden ser útiles los medicamentos?
Para el tratamiento puede bastar con una psicoterapia pero en ocasiones es preciso añadir la medicación potenciando la eficacia del tratamiento 
8. ¿Cómo sabemos si estamos progresando?
Si conseguimos los objetivos relacionados con el bienestar biopsicosocial propuestos al inicio de la terapia. 
9. ¿Es realmente efectiva la psicoterapia?
La ciencia confirma que la psicoterapia ayuda a las personas a realizar cambios positivos en sus vidas. Los estudios revelan que el 80 % de las personas que la han realizado se encuentran mejor al final del tratamiento 
10. ¿Cómo plantearse la primera cita?
Posiblemente la idea de ponerse en contacto con un terapeuta le cause ansiedad. Eso es muy comprensible y frecuente. Sin embargo, tener el valor de vencer esas preocupaciones y hacer la llamada es el primer paso en el proceso de tomar las riendas de su vida para sentirse mejor. El solo hecho de planificar y realizar la llamada le puede proporcionar alivio y encaminarle por sendas más positivas.
 Vaya con la mente abierta y con honestidad para aprovechar esta oportunidad de conocerse a sí mismo. Al final de unas cuantas sesiones podrá tener una nueva perspectiva de su problema, un plan de acción y una nueva sensación de esperanza.

jueves, 20 de febrero de 2020

Lo que las personas en recuperación necesitan saber sobre el bienestar.

MedlinePlus

 ¿Por qué es importante el bienestar?
 En breve: Para las personas con trastornos de salud del comportamiento, procurar el bienestar puede mejorarles la calidad de vida y una expectativa de vida más larga.

Un estudio de la Asociación Nacional de Directores de Programas Estatales de Salud Mental reveló que las personas con enfermedades mentales graves mueren muchos años antes que las personas sin estos trastornos, con mayor frecuencia a causa de enfermedades cardíacas. También presentan tasas elevadas de diabetes, hipertensión, colesterol y obesidad 1.5 a 2 veces más altas que la población general.

En el caso real de Jane, una mujer en proceso de recuperación, se estaba haciendo un examen médico de rutina cuando la sorprendió la noticia de que su presión arterial estaba peligrosamente alta. Dos de las hermanas de Jane habían muerto a causa de enfermedades cardíacas, así que decidió perder el peso que había aumentado cuando tomaba antidepresivos.  “Al perder 40 libras, [mi presión arterial] bajó enseguida”, comentó. “Estar atenta y actuar me salvó la vida.” Este ejemplo demuestra la importancia de cuidar la salud, tanto física como mental.

 El bienestar es más que la ausencia de enfermedad o estrés; se trata de estar bien en general. Es tener sentido de propósito en la vida, participar de manera activa en un trabajo o una actividad de recreación, y establecer relaciones que le dan alegría. Hay muchas formas de mejorar el bienestar y recuperarse de los trastornos de salud mental y/o de uso de sustancias, y del trauma. Por ejemplo:

• Dejar de fumar es lo más importante que puede hacer para mejorar su salud. Los datos señalan que el riesgo de morir por una enfermedad cardíaca es entre 25 y 40 por ciento mayor en las personas que están en recuperación, y fumar es uno de los principales factores causantes.

• En 2008 y 2009, investigadores australianos descubrieron que pertenecer a un grupo social, como un club de lectura o de voluntarios, ayuda a mejorar la salud física y mental.

La Iniciativa de SAMHSA (Substance Abuse and Mental Health Services Administration) para el Bienestar fomenta la adopción de las ocho dimensiones del bienestar para mejorar la calidad de vida y una expectativa de vida más larga. El significado del bienestar y el énfasis en cada dimensión varían según la persona. Sin embargo, es útil pensar en maneras prácticas de mejorar el bienestar en cada dimensión. Por ejemplo:

EMOCIONAL: Enfrentar la vida con eficacia y crear relaciones satisfactorias  | Tenga conciencia de sus sentimientos y reconózcalos.  |  Exprese sus sentimientos a personas de confianza.

FINANCIERA: Estar satisfecho con las situaciones financieras actuales y futuras.  |  Piense y use su creatividad al presupuestar y gastar.  |  En caso necesario, reúnase con profesionales financieros que ofrezcan asesoramiento gratuito o de bajo costo.

SOCIAL: Promover un sentido de conexión, pertenencia y un sistema de apoyo bien establecido.  |  Conéctese socialmente con por lo menos una persona al día: llame, envíe un mensaje electrónico o haga una visita.  |  Participe en un grupo de apoyo.

ESPIRITUAL: Ampliar el sentido de propósito y significado en la vida.  |  Dedique tiempo a prácticas que fortalezcan su sentido de conexión con sí mismo, con la naturaleza y con los demás.  |  Descubra cuáles son los valores, principios y creencias más importantes para usted.

OCUPACIONAL: Obtener satisfacción y enriquecimiento personales que se derivan de la labor propia.  |  Trabaje profesionalmente o como voluntario en un tema que le apasione o tenga significado para usted.  |  Comuníquese con su supervisor con regularidad y busque apoyo cuando lo necesite.

FÍSICA: Reconocer la necesidad de la actividad física, la dieta, el sueño y la nutrición.  |  En lo posible, use las escaleras en lugar del ascensor; ande a pie o en bicicleta en lugar de conducir.  |  Duerma suficiente: su cuerpo lo necesita para rejuvenecerse y mantenerse bien!

INTELECTUAL: Reconocer las habilidades creativas y encontrar formas de expandir el conocimiento y las habilidades.  |   Investigue un tema que le interese y comparta lo aprendido con otros.  |  Busque actividades creativas que estimulen su mente y su sentido de curiosidad.

AMBIENTAL: Tener buena salud al ocupar entornos agradables y estimulantes que fomentan el bienestar.  |  Aprecie la naturaleza y la belleza que le rodea.  |  Escuche música o busque actividades que tengan un efecto calmante y contribuyan a su bienestar.

martes, 18 de febrero de 2020

Las molestias físicas secundarias a factores emocionales.

DR.PROF. LUIS PINTOR PÉREZ   |   TopDoctors   |   21/01/2020
Editado por: MARGARITA MARQUÈS

Las molestias físicas secundarias a factores psicológicos o psiquiátricos son síntomas y signos de apariencia física que, sin embargo, están originados o condicionados por estados emocionales.

La cefalea tensional es un tipo de molestia física secundaria a factores psicológicos o psiquiátricos. Consiste en un dolor constante en forma de banda por la frente o todo el cráneo y se produce por una contracción de toda la musculatura lisa que recubre nuestro cráneo, conocido como calota.

Debido a la activación de áreas del cerebro que regulan el tono muscular, se produce una hipertonía de esa zona y la gente sufre una cefalea que puede ser fácilmente mitigada con algún relajante.

Si la cefalea tensional es crónica, será necesario iniciar un tratamiento con fármacos antidepresivos que tienen un perfil regulador de la activación emocional, como por ejemplo los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Por el contrario, si la cefalea tensional es aguda y esporádica, puede que una dosis única de una benzodiacepina sea suficiente.

En cualquier caso, la combinación de farmacoterapia y psicoterapia es el tratamiento óptimo para todas estas molestias, sobre todo cuando se hacen subagudas (entre 6 y 24 meses) o crónicas (más de 24 meses).

Molestias del aparato digestivo.- Otro aparato que se ve afectado por este tipo de molestias es el aparato digestivo:
Todas ellas son molestias que se denominan funcionales, en la medida que no suelen asociarse con daños estructurales digestivos y, por lo tanto, todas las pruebas complementarias médicas que se solicitan suelen ser negativas, es decir, normales.

Normalmente, todas estas molestias están relacionadas con la gran conexión que existe entre el sistema nervioso central y el tubo digestivo, dónde existen millones de terminaciones nerviosas, así como muchos receptores de neurotransmisores que también existen en el cerebro. Por este motivo, cuando el sistema nervioso se altera, es muy frecuente que también lo haga el tubo digestivo.
Todas estas alteraciones deben ser diagnosticadas por personas expertas, que sepan descartar otras patologías propias del tubo digestivo (colitis, enfermedad de Crohn, enfermedades infecciosas…) y que, conociendo la presentación clínica de los síntomas psicosomáticos, puedan diagnosticarlas y tratarlas.
El diagnóstico de molestias físicas secundarias.- Se basa en el seguimiento clínico estrecho, para confirmar la fluctuación de los síntomas, la ausencia de alteraciones estructurales en el tubo digestivo y la coexistencia con otros síntomas de otras áreas del organismo también de tipo psicosomático, como por ejemplo:
  • Cefalea tensional
  • Alteraciones cardíacas como taquicardia sinusal con electrocardiograma (ECG) normal
  • Sensación de frío-calor (distermia) propia de la ansiedad
  • Sensación de falta de aire (disnea) con una función respiratoria completamente normal
  • Sensación de mareo o inestabilidad, sin ningún problema neurológico
¿Cuál es el tratamiento más adecuado para estas molestias físicas?.-El tratamiento óptimo de todos estos problemas es psicofarmacológico, siempre controlado por un especialista en Psiquiatría conocedor de la patología psicosomática, complementado por terapia psicológica de tipo cognitivo-conductual.
Esta terapia consiste en plantear al paciente cambios en su conducta o actividad diaria, modificando también las ideas que tiene el paciente y que suelen ser distorsionadas o alejadas de la realidad. Este tipo de tratamiento ayuda a que el paciente muestre unas ideas o estilo cognitivo más ajustado a la realidad sin pensamientos distorsionados por las emociones que experimenta en torno a la situación concreta que le hace sufrir.
Otras molestias físicas secundarias.- Otras manifestaciones somáticas de tipo funcional muy frecuentes son las genitourinarias (prurito o picor, dolor en el coito, ambas en la mujer; impotencia en el hombre). También las neurológicas funcionales, como el temblor, movimientos anormales, exacerbación de tics, parálisis, pérdida de fuerza y sensibilidad, y convulsiones.
Estos trastornos son muy invalidantes y requieren tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico.

sábado, 15 de febrero de 2020

Cuando la ansiedad se convierte en un problema

DR. SERGIO ARQUES EGEA   |   Topdoctors   |   28/01/2020

Editado por: YOEL DOMÍNGUEZ BOAN.

La ansiedad es una patología que suele presentarse de una forma muy heterogénea, razón por la que muy a menudo el paciente consulta a múltiples especialistas, entre los que se incluyen los de atención primaria, Aparato DigestivoNeurologíaCardiología... antes que con un especialista en Salud Mental.

Mientras que los síntomas físicos son los más comúnmente conocidos, y por tanto asociados por la gente a esta enfermedad, existen además síntomas cognitivos, psicológicos y conductuales.

Dentro de los síntomas físicos podemos encontrar:
-Cardiovasculares: taquicardia, palpitaciones, sudoración
-Respiratorios: opresión en el pecho, falta de aire
-Gastrointestinales: molestias digestivas, náuseas, vómitos, “nudo” en el estómago, alteraciones de la   alimentación
-Musculares: tensión y rigidez muscular, cansancio
-Neurológicos: hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad, temblores

En los casos en los que existe un predominio de este tipo de síntomas se habla de “somatizaciones”, siendo muy frecuente el referido peregrinaje por diferentes especialistas y, por tanto, el retraso en alcanzar un diagnóstico y tratamiento adecuado, agravando lógicamente el malestar del paciente.
¿En qué momento pasa a ser la ansiedad un problema?.- La ansiedad no tiene porqué ser siempre un problema, de hecho un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución ante determinadas situaciones; es decir, se trataría de un mecanismo adaptativo natural que nos permite ponernos en alerta y  mantenernos concentrados para afrontar diferentes situaciones de estrés.

En ocasiones, no obstante, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve sobrepasado y funciona de manera inadecuada. En esos casos, la ansiedad es desproporcionada a la situación e incluso, a veces, acontece sin un peligro evidente. La persona se siente angustiada y paralizada, dando lugar a un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico. De este modo, cuando la ansiedad se presenta en momentos inadecuados o es tan intensa y duradera que interfiere con las actividades normales de la persona, podemos considerarla como un trastorno.
¿Qué factores de riesgo existen o cuáles son los desencadenantes del trastorno de ansiedad?.- Existen una serie de factores predisponentes o de riesgo que pueden favorecer que un individuo desarrolle ansiedad si se ve expuesto a determinadas situaciones. Entre ellos se pueden destacar:
- La personalidad. Existen personas que cuentan con un sistema de alerta más sensible y complejo de desactivar una vez disparado, por lo que se encuentran constantemente en un estado de prealerta que condiciona su disposición a la aparición de la ansiedad.
 - El sexo. Por ejemplo, las mujeres tiene más riesgo que los hombres, pudiendo influir aspectos hormonales, expectativas vitales, etc.
- Los antecedentes familiares de ansiedad —carga genética, dinámicas familiares, habilidad afectivas…— o el consumo de tóxicos, como el alcohol, cannabis, cocaína…
- La existencia de comorbilidades médicas y psiquiátricas.
En aquellas personas “vulnerables o predispuestas”, la presencia de hechos, situaciones o circunstancias capaces de activar el sistema de alerta, actuarán como factores desencadenantes, como por ejemplo la pérdida de un ser amado, de una relación importante, de un empleo, ser víctima de un crimen…

 ¿Qué pasa si la ansiedad no se diagnostica a tiempo?.- Según pasa el tiempo y no se realiza un abordaje adecuado de la ansiedad, la persona que lo padece va a experimentar un deterioro significativo en su vida, generándose un intenso malestar y pudiendo agravar o desencadenar otras enfermedades (médicas y/o psíquicas). No hay que olvidar la afectación, al mismo tiempo, de su entorno familiar, laboral y/o social.
¿Cómo se trata la ansiedad?.- En realidad la ansiedad es una patología muy agradecida ya que, a pesar de producir una importante merma de la calidad de vida, con las medidas adecuadas puede dejar de ser fácilmente un problema. La mejor opción terapéutica, en la mayor parte de los casos, es la combinación del tratamiento farmacológico y psicoterapéutico.
Mientras que en el corto plazo el tratamiento con benzodiacepinas resulta muy eficaz para un control rápido de los síntomas físicos de la ansiedad, en ocasiones hay que recurrir a los antidepresivos para regular la sintomatología de tipo cognitiva, psicológica y/o conductual, así como para realizar una función preventiva ante recaídas.

Por otro lado, la psicoterapia va a resultar de gran importancia en el medio-largo plazo para “aprender” a gestionar el estrés y modificar ciertas conductas generadoras de ansiedad. Sin lugar a dudas, la Terapia Cognitivo-Conductual va a ser de gran utilidad en estos casos.


jueves, 13 de febrero de 2020

Salud mental: un tema tabú que precisa de una visión integral.

NICOLÁS LÓPEZ, ALBA CALVO   |   Heraldo   |   30/9/2019

El próximo 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud, que este año lleva como lema 'Conect@ con la vida'.
Los desórdenes mentales y neurológicos afectan a 700 millones de personas en todo el mundo, según los últimos datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A nivel europeo, hay 30 millones de casos y, en lo referente a España, medio millón de personas sufren trastornos mentales, lo que supone un 19,5% de la población, siendo los responsables del 40% de las enfermedades crónicas.

Pese a que las dolencias que afectan a la salud mental constituyen la principal causa de discapacidad en el país, en la actualidad, aún existe mucho desconocimiento sobre este tipo de patologías, que afectan en gran medida a la población joven. La discriminación social, el acoso escolar, el consumo de estupefacientes o los abusos sexuales son las principales causas que han derivado en que el 30% de los jóvenes haya sufrido alguna de estas enfermedades, sintiéndose la gran mayoría reacios a la hora de buscar ayuda profesional. Estos trastornos mentales pueden ocasionar otro tipo de patologías más graves e incluso el suicidio, que es la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años.

Cada año, más de un millón de personas fallecen por esta causa y otras muchas intentan suicidarse. Dadas las altas tasas de defunción y las consecuencias que tienen en las personas cercanas a la víctima, en la sociedad y en todo un país, la prevención del suicidio será el tema central del Día Mundial de la Salud Mental de este año, que se celebrará el próximo 10 de octubre. Bajo el mensaje ‘Conect@ con la vida’, la jornada servirá para realizar una llamada de atención en positivo, todo ello con el fin de concienciar y movilizar a la población sobre esta problemática.

Un contexto en el que también influye notablemente el estilo de vida que predomina actualmente en la sociedad, con la correspondiente presión social y laboral que existe y que hace que los trastornos depresivos y de ansiedad de tipo reactivo sean dos de las afecciones más frecuentes en este sentido.

A este respecto, cabe destacar igualmente los prejuicios que existen con respecto a este tipo de enfermedades en buena parte de la sociedad y que llevan a que los estigmas se perpetúen en los afectados. Una situación que las entidades que trabajan con los enfermos mentales y sus familias tratan de revertir a través de diversas campañas de sensibilización y que conforma, junto a la demanda de que mejore la atención individualizada de los afectados en la sanidad pública, uno de sus principales caballos de batalla.
Un completo abordaje
Las enfermedades mentales suponen la segunda causa de discapacidad en el territorio nacional. Solo en Aragón, se estima que existen más de 7.000 afectados graves. Unas cifras que muestran solo una pequeña parte de todo el entramado social y sanitario que se despliega en el momento en el que se da el diagnóstico. Se trata de unas patologías en las que hay diversos factores que entran en juego. Pues, además de los síntomas y los problemas físicos y emocionales que suponen, los pacientes que las sufren se enfrentan a los estigmas y el desconocimiento que existen aún en la sociedad.

Un tema que conoce muy bien Lola Sobrino, que, como psicóloga de Asapme (Asociación Aragonesa Pro Salud Mental), trabaja con los afectados y sus familias: "Cuando se recibe el diagnóstico, las familias están muy desconcertadas y desorientadas. Por eso, la primera atención se basa en aportar más información, explicarles todo aquello que no entienden sobre la situación psicopatológica, hablar del pronóstico y darles las primeras pautas de conducta para el abordaje del problema familiar que tienen. Eso a nivel individual. Luego, en los abordajes que hacemos en grupo se busca transmitir toda la información que se considera necesaria y permitir que se creen unos foros de intercambio de experiencias que enriquecen mucho a las partes", explica la psicóloga.

Junto a ella, 74 profesionales conforman la plantilla de Asapme, en la que se encuentran psiquiatras, psicólogos en atención de adultos, de infantil y juvenil, terapeutas ocupacionales, monitores y cuidadores. Esta asociación, creada hace 35 años, realiza también campañas de sensibilización sobre todos los ámbitos de la salud mental para tratar de acabar con los prejuicios que existen en torno a este colectivo.
En este sentido, la médico psiquiatra y psicoterapeuta Eva Doménech indica: "El desconocimiento lleva a ideas preconcebidas, erróneas, y se tiende a banalizar sobre las enfermedades mentales". "A veces, la falta de solidaridad y empatía lleva a una ignorancia frívola que mete en el mismo saco conceptos diferentes. Por ejemplo, en la esquizofrenia se padece de un trastorno del contenido del pensamiento y perceptivos y no tiene porqué ser alguien incontrolado o agresivo. Alguien que está triste puede estar elaborando vivencias difíciles sin ser una depresión y una persona con trastorno bipolar puede sufrir fases depresivas y maniformes con características específicas, pero todos podemos cambiar de estado de ánimo sin ser bipolares", apunta la experta.

Desde Asapme, por su parte, señalan que para poder normalizar este tipo de enfermedades es importante que existan los recursos necesarios, tanto sanitarios como sociales, pero que también disminuyan los prejuicios y que se aborden de la misma manera que otras patologías, como la diabetes o los problemas cardíacos, ya que ello contribuye a la recuperación de los afectados. Para conseguir este fin, es esencial utilizar las estrategias de comunicación adecuadas, razón por la cual la entidad forma parte de la Asociación de Directivos de Comunicación. "Cómo se cuentan las cosas es clave para erradicar los prejuicios, porque estos se sustentan en el desconocimiento. Por ejemplo, ha existido siempre un gran debate sobre si se debe hablar o no de un problema tan importante como los suicidios, ya que había un tabú sobre él en los medios para que no se desencadenara un efecto llamada, algo que se ha demostrado que es falso. Los expertos recomiendan tratar el tema, siempre que no se trivialice ni se haga de ello un escándalo porque, según la base científica, redunda en la evitación de nuevos casos", expone la médico y gerente de Asapme, Ana López.
Atención individual
Otra de las demandas que traslada la asociación es la de una mayor atención individual en la sanidad pública. En estas enfermedades hay una gran variabilidad y entran en juego muchos factores clínicos y sociales, por lo que se considera esencial facilitar información al afectado y a su familia, pero también escucharles. "El entorno ofrece una imagen más fiel de qué grado de sufrimiento está viviendo el paciente. A veces, en una entrevista se nos escapa información que puede ser importante a la hora de establecer las pautas, no solo terapéuticas en el ámbito sanitario sino de estilos de vida, como las costumbres y los cuidados de la salud. Es conveniente tener una visión más integral, ya que cuando los factores ambientales se adaptan a las circunstancias de cada persona pueden ser unos facilitadores de su recuperación", explica López.

En cuanto a los más pequeños, y teniendo en cuenta que según datos de la OMS cerca de la mitad de los trastornos mentales se manifiestan antes de los 14 años, Doménech destaca que "la familia y la escuela son buenos referentes para detectar cuándo un niño está sufriendo patológicamente". "Es decir, cuando le afecta a su manera de ser, a su rendimiento escolar y a sus relaciones sociales, sobrepasándole y desbordando a su entorno. Es entonces cuando hay que consultar al especialista", concluye la profesional.


lunes, 10 de febrero de 2020

¡Deja de disculparte por todo!. Pedir perdón en exceso mina la confianza.

ROCÍO CARMONA    |   La Vanguardia   |   09/12/2019

¿Te disculpas demasiado? Pedir perdón es algo que nos enseñan a hacer desde muy pequeños. Una disculpa bien planteada es una herramienta de cohesión social y de reparación de daños excelente. Pero, ¿sabías que usarla en exceso podría llegar a perjudicarte? Aunque a priori no lo parezca, disculparse por todo, incluso por cosas que no lo requieren, puede llegar a convertirse en tu kriptonita, y minar de forma dramática tu autoconfianza.
No hablamos aquí de pedir perdón cuando ofendemos a alguien, llegamos tarde a un encuentro o le tiramos el café a otra persona por accidente, sino de todas aquellas otras veces en las que pedimos disculpas antes de empezar a hablar o de pedir algo, cuando nos disculpamos por ser demasiado sensibles, porque alguien nos pise o tope con nosotros, o cuando le pedimos perdón a nuestro hijo porque solo quedan yogures naturales y no de sus favoritos, los de fresa.
Numerosos estudios señalan que son sobre todo las mujeres las que tienden a sufrir un exceso de “perdonitis”. Así lo ha denunciado la socióloga canadiense Maja Jovanovic en su charla TED titulada How Apologies Kill Our Confidence, en la que cuenta cómo se decidió a estudiar el asunto tras asistir a una conferencia en una universidad en la que una tras otra las ponentes, todas ellas eminentes académicas e investigadoras expertas en su campo, comenzaban invariablemente sus discursos pidiendo disculpas por hablar o intervenir.
Jovanovic cree que esos “perdona” sin sentido que vamos soltando a lo largo del día nos hacen mucho daño, pues nos empequeñecen ante los ojos de los demás, nos hacen parecer más tímidos de lo que somos y, sobre todo, minan nuestra confianza.
Jovanovic afirma que pedir perdón se ha convertido en una forma muy corriente de comunicarse. Algunos ejemplos que esta socióloga recogió mientras investigaba acerca de los efectos del exceso de disculpas rozan lo ridículo, como el de la mujer que le pidió perdón al repartidor de pizza porque este llegó tarde a su casa. Al parecer cuando el repartidor finalmente llegó, su cliente se disculpó por vivir tan lejos e incluso le preguntó si había sido muy problemático para él encontrar el apartamento.
Pero, ¿por qué nos disculpamos tanto? ¿Cuál es la razón por la que pedimos perdón de forma desaforada? Algunos expertos aducen la inseguridad como una de las causas principales de este comportamiento. Otros, el deseo más o menos inconsciente de aparecer como más amigables o menos demandantes. Algunos hablan incluso de que hacerlo es un síntoma de ansiedad.
Un estudio de la Harvard Business School concluyó que las disculpas superfluas en muchos casos generan confianza. En la investigación, un actor se acercaba a diferentes personas desconocidas en una estación en un día lluvioso y les pedía prestado el teléfono móvil. La mitad de las veces el actor encabezaba su petición con un “¡Lo siento mucho por la lluvia!”. La otra mitad de ocasiones el actor iba directamente al grano y preguntaba: “¿Podría prestarme su teléfono móvil?”. Al final del experimento resultó que disculparse por la lluvia realmente marcaba la diferencia: el 47% de las personas abordadas le ofrecieron su teléfono al actor si este pedía primero perdón por la lluvia. Solo el nueve por ciento hizo lo mismo cuando el actor obvió la disculpa superflua y pidió el favor directamente.
Proyectar confianza puede ser importante en ciertos contextos, pero no a costa de tener que pedir perdón casi por existir. Algo que, según los especialistas, acaba por afectar a nuestra autoestima y nos hace perder nuestro poder personal.
¿Cómo podemos deshacernos entonces del exceso de “lo siento” sin parecer desconsiderados? Para Maja Jovanovic, lo primero es prestar atención y tratar de eliminar la disculpa automática de nuestro vocabulario. Al menos durante algún tiempo: “En lugar de decir «Perdona por interrumpirte», ¿por qué no probar con «Tengo una idea» o «Me gustaría añadir esto» o «¿Por qué no probamos aquello?». La idea es ser educado sin tener que hacernos pequeños”.
Esta socióloga canadiense también aconseja estar atentos a nuestras comunicaciones por escrito y recomienda un conector (plug-in) de Google Chrome llamado “Just Not Sorry” que nos alerta cuando incluimos disculpas innecesarias en nuestros textos. Así, por ejemplo, evitaremos el típico automatismo de incluir un “lo siento” cuando no contestamos a un mensaje inmediatamente.
 “No te disculpes”, insiste Jovanovic, “en lugar de eso di: «Estaba trabajando» o «Estaba leyendo» o «Estaba conduciendo». Sea lo que sea, todo está bien, no tienes por qué disculparte”.
Algunos expertos sugieren también que una buena estrategia para evitar este comportamiento es sustituir el “perdón” por el “gracias”. Y así, en lugar de decirle a alguien: «Perdona por el rollo que acabo de soltarte» podemos decirle: «Gracias por escucharme». Y en lugar de pedir perdón cuando entramos en un tranvía abarrotado de pasajeros podemos decir: «Gracias por hacerme sitio».
Por último, dejar de disculparse en exceso también pasa por trabajar nuestra aceptación. No es necesario disculparnos cuando nos manchamos la camisa, cuando nos cuesta aparcar o cuando tenemos un mal día y estamos algo más distraídos de lo normal. Dejar a un lado el perfeccionismo y aceptarnos tal y como somos a cada momento nos ayudará a darnos cuenta de la diferencia entre una disculpa necesaria y genuina y otra innecesaria que nos disminuye como personas y tampoco contribuye a crear vínculos honestos con los demás.