miércoles, 7 de septiembre de 2016

Negaholics: Vivir anclado en la negatividad

PSIQUIATRIA

    MARIAN ROJAS ESTAPÉ –Comprender es aliviar.com | 06/09/2016

 “No, no y no”; “he dicho que no y es que no”;
Todos hemos vivido la experiencia de un funcionario o teleoperador que hace caso omiso a lo que le solicitas dando una negativa injustificada por respuesta. Conocemos gente cercana que es incapaz de estar de acuerdo con nosotros en algo. Tratamos con personas que no aceptan un consejo, una recomendación y no desean cambiar. “No y no”. Los niños aprenden a decir “NO” antes que “SI”. ¿Dónde radica el poder del “no”? ¿El hecho de expresar una negativa a todas horas es síntoma de un trastorno?
Para la Dra. Chérie Carter-Scott, experta en el tema,  “los negaholics son aquellas personas que presentan una adicción a lo negativo. Siempre encuentran un “pero” a todo lo que les rodea. Constantemente y ante cualquier situación manifiestan una negativa visceral, automatizada e irracional, siendo incapaces de ver o percibir lo positivo o incluso lo meramente neutro. Su visión de la realidad está desequilibrada hacia la negación. La queja y el lamento son ingredientes constantes de su discurso.
La acumulación de negativas crea un patrón de conducta que a la larga perjudica gravemente al afectado. Los negadictos son incapaces de salir adelante y conseguir los objetivos trazados. Llegan a boicotear sus propios sueños o deseos por el miedo infundado o el pesimismo existente en sus mentes. Viven en constante angustia y sufrimiento. Todo se origina en uno o múltiples pensamientos negativos que derivan en palabras y conductas destructivas.
Con respecto a su relación con los demás, son incapaces de valorar el triunfo de otros, e intentan “hundirles” con comentarios, expresiones y comportamientos. El trato con estas personas no es fácil ni sencillo y el entorno tiende a querer separarse de ellos.  Acaban convirtiéndose en un obstáculo para los demás, toxificando los ambientes que frecuentan.
Existe toda una gama de personas con el “no” en su día a día. Como decía Henry Ward Beecher: “la diferencia entre perseverancia y obstinación es que una viene de una fuerte voluntad y el otro de un fuerte no”. Por un lado contamos con el “crítico profesional” que te disfraza la realidad de ironía y humor negro ridiculizando lo que le rodea. Por otro lado, la personalidad depresiva donde el patrón de conducta es triste, negativo y a uno le cuesta salir adelante, tener ilusiones o disfrutar de la vida. La depresión, es una enfermedad, un trastorno bioquímico cerebral, emocional y social; precisa de un tratamiento integral debido a que la persona que la padece difícilmente puede salir sin apoyo. Finalmente contamos con el victimista; aquí el que se disfraza de víctima, manipula para ser el centro de atención e intentar generar culpa en el entorno.
¿Se puede cambiar?
No olvidemos que hay personas que tienen un umbral de sufrimiento mayor que otras. Al llegar a un cierto límite, se agrían, se tuercen, se rompen o se deprimen. La clave estar en salir, pedir ayuda lo antes posible y reconocer que ese proceso interno tóxico está perjudicando seriamente la vida. El trauma, el dolor y el sufrimiento pueden ser la vía de entrada para convertir a alguien en un “negaholic”. Como dato curioso, según estudios realizados por la Universidad de Harvard, el 75% de las personas que han sufrido un drama, a los dos años se han recuperado. Al menos, la ciencia nos impulsa a ser optimistas a pesar del drama.
¿Cómo controlar esos pensamientos negativos?
Hay que comenzar por acabar con los pensamientos negativos automatizados. El psiquiatra Dr. Daniel Amen explica en su libro “Cambia tu cerebro, cambia tu vida“, como cada pensamiento negativo tiene un impacto directo sobre el cerebro y el organismo afectando al sistema límbico profundo (centro de la vinculación afectiva y del estado anímico) provocando irritabilidad, inestabilidad en el ánimo, negatividad y depresión.
1- Ser consciente que los pensamientos son reales y existen. Por mucho que no se escuchen o palpen, tienen fuerza y capacidad de alterar.
2- Observar el impacto corporal que tiene cada pensamiento negativo. Es interesante tomar conciencia de cómo influyen en el organismo un pensamiento tóxico o dañino (taquicardias, sudoración, dolor de cabeza, molestias gastrointestinales, contracturas musculares…).
3- Saber y aceptar que esos pensamientos no siempre dicen la verdad. En ocasiones pueden ser correctos pero en muchos otros casos, mienten y nos engañan.
4- Escribir el torbellino de pensamientos en un papel y refutarlos. Por ejemplo, “mi cuñada me odia“. Posteriormente replicar este pensamiento, “hoy tiene un mal día, en general no es tan dura conmigo“. Puede resultar un autoengaño, pero a la larga realizar este simple ejercicio tiene consecuencias saludables para la mente y para el cuerpo.
5- No adivinar el futuro en negativo, no adelantarse a los acontecimientos, “esta semana seguro que mi jefe tiene un mal día y la toma conmigo“. Esta es la puerta de entrada a la ansiedad: vivir angustiado o preocupado por el futuro. No olvidemos que el 90% de las cosas que nos inquietan nunca jamás suceden pero nuestro organismo y nuestra mente los viven y sufren como reales. El cuerpo no distingue realidad de ficción.  Un componente fundamental de la felicidad consiste en enfocarse con ilusión y pasión hacia el futuro.
6- No suponer o leer la mente de los demás, “estoy seguro que piensa esto de mí…”. Por el momento no contamos con poderes mágicos que nos permitan adivinar las opiniones o pensamientos de otros.
7- No traducir cada pensamiento en palabra. No olvidemos que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Dejar una pausa antes de expresar cada opinión, crítica o juicio que cruce la mente.
8- No actuar ni responder si tenemos pensamientos automáticos negativos. Esperar, dar una oportunidad. Esos tiempos de reflexión, breves pero necesarios, ayudan a no crear mal ambiente. Esto conlleva un cambio potente: ser capaces de cambiar el lenguaje, sustituyendo por ejemplo “problema” por “desafío”; “error” por “segunda oportunidad”. Hay que emplear palabras que llamen al optimismo como son “alegría, paz, esperanza, confianza, pasión, ilusión…”.
9- Rodearse de personas vitamina, que son capaces de alegrar el corazón en segundos. Contagiarse de su entusiasmo.
10- Buscar lo positivo de cada situación. Cualquier circunstancia puede verse en clave de problema o en clave de solución
El sufrimiento y el dolor existen para todos. La diferencia radica en la forma de afrontarlo. La actitud previa al sufrimiento, a un momento difícil, a una operación médica, a una entrevista, examen u oposición, determina la respuesta al mismo. Existen múltiples estudios sobre como el dolor y el sufrimiento vividos con alegría, con una sonrisa o una psicología positiva, menguan y amortiguan el dolor.
El tiempo puede no curar todas las heridas pero si las cicatriza. El negaholic reabre la herida, la escarba y no permite que se cure. El optimisma y resiliente permite que se cierren y lucha por buscar un camino nuevo hacia un lugar mejor.
El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas“. William George Ward


viernes, 2 de septiembre de 2016

De media, todos sufrimos dos o tres dramones en la vida. Supérelos.

PSICOLOGÍA

Hacer frente a la adversidad de forma constructiva y salir fortalecido no es sencillo, pero es posible. La palabra clave es 'resiliencia'

EVA CARNERO | eL pAÍS | 14/08/2016
Dado que no vivimos en una urna de cristal (ni falta que hace), tarde o temprano, la vida le pondrá por delante una prueba difícil de superar. Un infortunio que, probablemente, tenga forma de enfermedad o de pérdida y que encajará con mayor o menor habilidad. Para aumentar la garantía de éxito, un consejo, o mejor, tres: sea flexible como el bambú, maleable como la arcilla y adáptese al cambio como un lobo. Solo así, estará en disposición de sobrellevar los peores momentos del devenir de los acontecimientos.

La buena noticia es que a pesar de que estos hechos no son algo que podamos evitar ni controlar, “todas las personas contamos con la capacidad de afrontarlos de forma constructiva”, asegura Santos. A esa fuerza interior se la conoce como resiliencia, añade esta neurocientífica: “Nos permite superar cualquier situación difícil saliendo fortalecido de ella”.

En este asunto, el quid de la cuestión reside en cómo salimos del embate. Porque, aunque lo ideal sería hacerlo con la lección aprendida, no siempre lo conseguimos. “Ante una situación traumática existen dos opciones: hundirse o crecer”, señala Santos, que también preside la Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático (SETEPT). “Hemos comprobado a menudo cómo muchas personas, después de haber experimentado episodios muy difíciles en su vida, cambian su forma de entender el mundo y adoptan una perspectiva más humana, priorizando lo realmente importante frente a nimiedades a las que antes otorgaban un protagonismo infundado”, añade la psiquiatra.

Por su parte, la psicóloga clínica Noelia Mata, especialista en Trastornos de la Personalidad y Neuropsicología, coincide con Santos en señalar que, en ocasiones, el individuo pierde la partida. En este contexto, Mata apunta tres posibles actitudes ante la adversidad: “En primer lugar, hay gente que se apunta al victimismo echándole la culpa de lo ocurrido al mundo, a la vida o a los demás; otros, se enfurecen y se instalan en una actitud agresiva; y, por último, estarían las personas resilientes que son las que aceptan la realidad y se adaptan y enfrentan a ella”. Ahora bien, la superación constructiva de un trauma no significa que debamos pasar necesariamente por situaciones dolorosas para poder experimentar crecimiento personal. Así lo cree Santos: “Aunque muchos de los que han ganado este tipo de batallas afirman ser más felices que antes y consideran que el sufrimiento les ha llevado a ser mejores personas, no hace falta esa experiencia para ser feliz”.

Mata va más allá y, además de compartir la opinión de Santos, cree que, para desarrollar la resiliencia y en última instancia acercarnos a la felicidad, lo ideal es trabajar la capacidad de resistencia y adaptación desde la infancia. Y para respaldar su postura la experta hace referencia al neuropsiquiatra francés Boris Cyrulnik, autor de libros como Los patitos feos. La resiliencia. Una infancia infeliz no determina la vida (Debolsillo), quien defiende la idea de que el mecanismo que protege a las personas frente a las adversidades de la vida se forja en los primeros años de vida gracias a la interacción que establece con su cuidador, especialmente con la madre, que es quien provee al niño de la seguridad afectiva necesaria para crear un apego seguro.

Esa sensación de bienestar emocional a la que es posible llegar tras la superación de un suceso trágico, está al final de un recorrido que tiene su origen en los recursos psicológicos que todos disponemos de forma innata. La doctora Santos defiende con rotundidad que la resiliencia “no es una habilidad externa, sino una actitud que se desarrolla en nuestro interior gracias a la plasticidad neuronal y que se va modificando en función de las experiencias vividas”. Y anima: “Todo individuo puede acrecentar poco a poco su resiliencia”. Eso sí, también advierte que no todos tendrán el mismo éxito, ya que si no se le dedica tiempo y esfuerzo "no se alcanzarán los niveles mínimos de resistencia que garantizan la superación del suceso”.

Aunque esta psiquiatra reconoce que en un tercio de la población se puede encontrar una predisposición genética que determina la capacidad de una persona a ser resiliente, también recalca que la biología es solo parte de la explicación, “y si no se trabaja mediante el entrenamiento consciente o se moldea a través de la experiencia, no pasará de ser una capacidad en potencia”. Por su parte, la psicóloga Mata tampoco cree que el comportamiento resiliente responda en exclusiva a los dictados del ADN. Para esta psicóloga, una persona será más o menos resiliente dependiendo de la combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. “Las variantes genéticas interactúan tanto con las ambientales como con las conductas aprendidas para enfrentarnos de forma positiva a situaciones adversas”, sostiene.

¿Quién podría negarse a tener en sus manos las herramientas necesarias para superar un revés de la vida o alcanzar una meta determinada? Sin embargo, la psiquiatra Santos no duda un instante en recordarnos que el funcionamiento del cerebro no es tan sencillo como nos gustaría. Incluso, es mucho más complejo de lo que imaginamos, ya que se autogestiona y tiene capacidad de responder a cualquier demanda que recibe del exterior. “Intervienen en él muchos neurotransmisores, y además la mayoría de ellos están supeditados a que otros hagan de neuromodulador. Es decir, si uno falla, la cadena se rompe e impide que tomemos las decisiones correctas”, aclara.

Y, ¿cuáles son esos eslabones “neurológicos” que integran la cadena? A grandes rasgos, Santos distingue “tres cerebros” ubicados en tres alturas distintas: “En primer lugar, está el cerebro más primitivo, donde se encuentran los instintos de supervivencia; a continuación, el cerebro medio, que es emocional y, por último, el cerebro superior o racional, el que toma las decisiones”. Cualquier decisión que tomamos es el resultado del modo en que se conectan los tres cerebros y, si todo va bien, "es un proceso que arranca con la reacción instintiva del primero de ellos, la cual da paso a una respuesta influenciada por las emociones del cerebro medio y, por último, llega al superior que es el responsable de tomar una decisión basada en la experiencia y el conocimiento, lo cual es sin duda lo más bonito y, definitivamente, lo más humano”, explica la psiquiatra.

Sin embargo, este recorrido ideal en ocasiones se ve truncado produciendo lo que se denomina cerebro secuestrado. Consiste en que, ante un estímulo muy estresante, "la respuesta se queda atrapada en el cerebro primitivo sin posibilidad de seguir el ascenso y tomar una decisión racional fruto de la intervención del cerebro superior”, aclara Santos. “En cambio, si el estrés es menor se percibe como un reto y resulta motivador”. Por su parte, la psicóloga Mata ubica la respuesta resiliente a medio camino entre lo 100% instintivo y lo totalmente racional: “Un comportamiento resiliente debe implicar una estimación de los riesgos que conlleva la adopción de una decisión o postura determinada”.

Considerar un suceso objetivamente amenazante como un reto personal es una tarea complicada que podría simplificarse si nos preparamos para ello desde la infancia. Uno de los centros donde esto es posible es el IER. Gran parte del trabajo que se desarrolla ahí se hace desde la prevención. Es decir, preparando a las personas para afrontar las dificultades de la vida antes de que sucedan.

En este sentido, y ante cualquier proceso de aprendizaje, la psiquiatra destaca en su libro Levantarse y luchar (Conecta) el valor del esfuerzo. “Cualquier persona que lucha por un objetivo, ya sea un desafío personal o en el caso de un deportista batir una marca o a un rival, debe asumir que lograrlo supondrá sacrificio y sufrimiento. Y eso no es malo”, concluye Rafaela Santos.

Cómo salir fortalecido de la adversidad
Quizás haya heredado las espaldas de su abuelo y que sean tan anchas que pueda echarse sobre ellas los problemas propios y ajenos. Pero si no es así, con voluntad, coraje y determinación también puede conseguir unos hombros fuertes que soporten lo que venga.
La psiquiatra y neurocientífica Rafaela Santos, que participó en el pasado encuentro de salud mental Mens Sana, organizado por El Ser Creativo, señala tres pasos principales que le servirán de guía para superar la adversidad de forma constructiva:

1. Asuma la realidad. Es imprescindible que acepte lo que no puede cambiar. Haciendo referencia al neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl, la doctora nos recuerda que la persona que no acepta la realidad sufre el doble. // 2. Adáptese al cambio. En este punto, intervienen multitud de procesos neuronales cuyo fin último es encontrar nuevas vías de resolución positivas. // 3. Escoja un camino. Por último, la psiquiatra nos anima a preguntarnos hacia dónde queremos crecer, y a que actuemos después en consecuencia.

Para completar la lista, la psicóloga Noelia Mata añade dos más: 4. Busque apoyo a su alrededor. Las personas de nuestro entorno nos ayudan a tener una visión más global de la situación, lo cual revierte en una mejor toma de decisiones. // 5. Lleve hábitos de vida saludable. Practicar ejercicio, seguir una buena higiene del sueño o meditar con regularidad ayudan a afrontar los problemas con más energía.

Nota.- He omitido dos párrafos que me han parecido reiterativos. Si alguna persona quiere consultar el artículo completo los datos están como siempre en la cabecera. Saludos.

Comunicado del COP sobre la Salud Mental Materna


Infocop | 04/05/2016

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Consejo General de la Psicología. C.O.P.

Los trastornos de la salud psicológica están presentes en una de cada cinco mujeres durante el periodo perinatal. Entre dichos trastornos son más frecuentes la depresión, los trastornos de ansiedad, la psicosis posparto y el trastorno por estrés postraumático. A pesar de estas elevadas cifras, apenas existen tanto programas de prevención primaria y secundaria sistemáticos de estos trastornos como profesionales especializados en atención a la salud psicológica perinatal de la madre en el sistema sanitario.

Hay numerosas pruebas de que los problemas de salud psicológica no tratados están asociados a un mayor riesgo de complicaciones obstétricas y pediátricas, pudiendo afectar negativamente tanto a la relación madre-hijo como al desarrollo social y emocional del bebé. Estos problemas pueden tener otros efectos colaterales, dañando de manera prolongada la autoestima de la madre y aumentando el conflicto en la pareja y en las relaciones familiares. En las situaciones más graves, los trastornos psicológicos no tratados pueden desembocar en suicidio o en infanticidio. A este respecto, las cifras son estremecedoras: casi una cuarta parte de las muertes que ocurren entre las seis semanas y un año después del embarazo se deben a problemas psicopatológicos, siendo considerado el suicidio como una de las principales causas de muerte materna en este periodo. Por su parte, los casos de infanticidio, generalmente motivados por un deseo de evitar un mayor sufrimiento al bebé, suelen estar asociados a la presencia de una depresión grave o una psicosis puerperal.

En relación con las posibles líneas de actuación, la identificación de las mujeres embarazadas con factores de riesgo para el desarrollo de trastornos psicológicos y las intervenciones preventivas psicológicas han demostrado ser métodos eficaces para reducir el impacto de estos problemas. Asimismo, y en lo que se refiere al tratamiento de los trastornos psicológicos en el periodo perinatal, las principales guías y recomendaciones, como la Guía del NICE, del SIGN o el Grupo de Trabajo de los Servicios de Prevención de EE.UU., señalan el tratamiento cognitivo-conductual como la primera opción para el abordaje de los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo en mujeres embarazadas y durante el posparto.

Teniendo en cuenta que hoy en día existen opciones de tratamiento eficaces y rentables para poder mitigar estas muertes y este sufrimiento, el Consejo General de la Psicología (COP) considera necesaria que se debe dar una asistencia eficaz que proteja la salud psicológica de la madre, tanto en el pre como en el post-parto, garantizado el acceso a un tratamiento psicológico eficaz para estas mujeres. Todos los servicios dedicados a la atención al embarazo y al post-parto deberían asegurar una atención integral, de tal manera que la atención a la salud física y a la salud mental estén equiparadas, proporcionando a los profesionales sanitarios que los conforman formación específica en la detección de los trastornos mentales y trabajando en equipos multidisciplinares con presencia de especialistas en salud mental. En la medida de lo posible, se debería priorizar la detección temprana de los trastornos psicológicos en el periodo perinatal y ofrecer intervenciones psicológicas eficaces, apoyadas en la evidencia científica, tal y como recomiendan las principales guías de práctica clínica.

En consonancia con la gravedad e importancia del problema, el COP considera completamente necesario que el público sea consciente de su relevancia y urja la puesta en marcha de las medidas necesarias para atajarlo. En este sentido, el COP muestra su completo apoyo a la iniciativa internacional para proclamar el Día Mundial de la Salud Mental Materna el primer miércoles de mayo. Dicha iniciativa ha sido promovida por diversas organizaciones internacionales y, en nuestro país, la Sociedad Marcé Española de Salud Mental Perinatal (MARES).

Las creencias erróneas en torno a la maternidad, la presión externa, el estigma asociado al diagnóstico de un trastorno mental o el miedo a perder la custodia del bebé pueden suponer importantes obstáculos para estas madres a la hora de buscar ayuda, por lo que el primer paso para romper este aislamiento e incomprensión es aumentar la concienciación social sobre este problema. El impacto y las consecuencias de los trastornos psicológicos en la madre, en el bebé, en el entorno familiar y en el sistema sanitario son motivo más que suficiente para incluir la Salud Mental Materna en el calendario de días mundiales.

lunes, 29 de agosto de 2016

Caminar vuelve el cerebro más creativo y le cura las penas.

Mejor con Salud

Puede que el título de este artículo te haya sorprendido. ¿Puede la simple costumbre de caminar hacer que nuestro cerebro se vuelvas más creativo y que, además, nos sintamos más felices? En efecto, así es. Y no lo decimos nosotros, sino la mayoría de médicos y neurólogos.
Uno de estos expertos es, por ejemplo, el neurólogo José Ángel Obeso, director del Centro Integral en Neurociencias de Madrid (España). Su trabajo diario en los hospitales y su contacto con personas que atraviesan procesos de depresión, le han hecho ver lo terapéutico que resulta el recetar “una hora de paseo diario”. Y aún más, caminar, a ser posible, por un entorno natural.

Como ya sabes, la depresión, o incluso pasar períodos muy largos con estrés y ansiedad, hacen que nuestro cerebro presente un déficit en proceso cognitivos básicos, como en el caso de la memoria, la capacidad de comprensión, la creatividad, etc. Si anduviéramos todos los días, todas estas dimensiones mejorarían notablemente.

Ahora ya no tienes escusas. Después de leer este artículo, estamos seguros de que vas a poner en práctica
Este remedio tan eficaz y terapéutico: ¡Caminar!

El “cerebro automatizado” y la infelicidad.
Hay un aspecto realmente interesante que debemos tener presente. Hábitos que, sin que nos demos cuenta,
van haciendo que nuestro cerebro acabe “automatizado” y, por tanto estresado. No olvides estos aspectos:
El mayor enemigo para nuestro cerebro es la rutina. El simple acto de hacer todos los días las
mismas cosas consigue que vayamos cayendo en una especie de depresión y en un inevitable desánimo.
Poco a poco, nuestro cerebro se vuelve un poco más lento. Nuestra atención ya no es la misma porque, en
realidad, no tenemos estímulos nuevos en los que fijarnos. Tenemos algunos fallos de memoria porque pocas cosas nos parecen ya interesantes. Ante una baja motivación, el recuerdo es menor.

La rutina nos baja el ánimo, y el desánimo, en consecuencia, afecta notablemente al cerebro, establecemos menos conexiones neuronales, menos sinapsis…

Día a día, nuestro cerebro actúa ya de modo automatizado. Ya no hay momentos para el disfrute y la
creatividad, y él se rige entonces por pautas establecidas, como funcionaría, por ejemplo, cualquier ordenador al que hubiéramos programado. Es un riesgo muy elevado para nuestra salud emocional y, también, física.

Según el doctor José Ángel Obeso, los cerebros automatizados se dan especialmente en las grandes ciudades. Entre aquellas personas que apenas dedican tiempo a sus propias necesidades emocionales, que viven en grandes urbes rodeadas de contaminación y dosis muy elevadas de estrés.

Caminar, un acto de liberación personal.
“Los caminantes no tienen obligaciones, solo el sencillo placer de liberarse paso a paso en su camino”. Según el doctor José Ángel Obeso, los beneficios no se notan en el primer día, sino cuando llevamos ya una semana y caminar es un hábito más en nuestras vidas. Es entonces cuando empezamos a notar sus terapéuticos resultados:

-Al andar, el cerebro no tiene que preocuparse de nada. Andar es fácil, todo el mundo puede hacerlo y si, además, recibe una dosis extra de oxígeno y del aire puro de la naturaleza, se siente aún mejor. Es en ese momento cuando empieza a estimularse nuestro lóbulo frontal, ese que está relacionado con la creatividad y el estado de ánimo. Si a ello le sumamos la liberación natural de endorfinas, es entonces cuando aparece la magia. El cerebro se siente más eufórico y optimista.

-Ante un mejor estado de ánimo, aparece un aumento de la creatividad. No hay presiones, la hormona del cortisol que se segrega con el estrés desaparece y se rompen esos muros que, habitualmente, nos traen el negativismo. Es el momento en que vemos las cosas de otro modo. Nos notamos más relajadas, más entusiastas, más confiadas.

-Las personas estamos acostumbradas a movernos en espacios pequeños: nuestro hogar, nuestro trabajo, los restaurantes a los que vamos, los supermercados… Son espacios limitados, siempre llenos de gente. Lugares conocidos en los que, habitualmente, se encienden nuestras tensiones. Sin embargo, el simple hecho de empezar a caminar por un espacio natural y abierto se convierte en un maravilloso acto de liberación y expansión.

-Según el doctor José Ángel Obeso, debemos buscar, ante todo, el contacto con la naturaleza. Es como volver al útero materno, a nuestros orígenes. No es ningún acto espiritual sino, más bien, una necesidad orgánica. Si andamos por nuestras ciudades, seguimos respirando muchas de esas partículas contaminadas. Lo ideal es que nuestros pulmones se llenen de oxígeno puro, y también es necesario que nuestros ojos se encuentren con escenarios nuevos, con nuevos estímulos con los que se enriquezca nuestro cerebro.

Desde nuestro espacio te invitamos, una vez más, a que te animes a caminar cada día, al menos, durante media hora. Ve al parque, a la montaña, a la playa. Verás cómo, al cabo de las semanas, has mejorado en salud física y emocional. Andar es mucho mejor que un analgésico o unas vitaminas. ¡No lo dudes!


martes, 23 de agosto de 2016

Nueve alimentos que puedes ingerir bajo la presión del estrés.

Mejorconsalud.comFacebook – 22/08/2016

Al incluir en nuestra dieta estos nutrientes podemos hacer frente al estrés ya que nuestro cuerpo disminuye la producción de cortisol y aumenta la de serotonina, que favorece el bienestar

El estrés es una respuesta del organismo ante diferentes situaciones de presión en la cual incrementan los niveles de adrenalina, una hormona que desencadena una serie de respuestas nerviosas que nos preparan  la huida o la lucha.
Aunque no en todos los casos se desarrolla una respuesta física rápida, el organismo sigue reaccionando hasta presentar ansiedad, aceleración del ritmo cardíaco y tensión en los músculos.
La mayor parte de las veces se produce por situaciones problemáticas, condiciones laborales muy sobrecargadas y la exposición continua a ruidos demasiado incómodos.
Además, puede ser el resultado de la práctica de malos hábitos, la deficiencia nutricional y la acumulación excesiva de toxinas.
Por fortuna, está comprobado que los nutrientes de algunos alimentos reaccionan a favor de la salud mental y contribuyen a disminuir los síntomas asociados con este trastorno.
Si bien su consumo no es el único hábito para aliviarlo, sí es un excelente complemento para mejorar el estado de ánimo y la sensación de bienestar.
¿Te interesa conocerlos?
1. Leche
Los fosfolípidos que contiene la leche actúan de forma positiva sobre el estado de ánimo, la función cognitiva y la respuesta al estrés.
Su consumo diario en cantidades moderadas puede mejorar la respuesta psicológica y endocrina frente al estrés y la capacidad de retención en la memoria.
2. Arándanos
Este delicioso fruto se destaca por su alto contenido de antioxidantes, incluyendo una fuente significativa de vitaminas C y E.
Su jugo natural reduce la producción de cortisol, un tipo de hormona cuyos niveles altos empeoran el estrés.
También contiene potasio, magnesio y manganeso, tres minerales esenciales quealivian la tensión física asociada a este trastorno.
Su ingesta regular apoya el tratamiento de la depresión, el insomnio y la ansiedad.
3. Chocolate oscuro
El consumo diario de una onza y media de chocolate negro reduce los niveles de adrenalina y cortisol mientras incrementa la serotonina.
Siempre y cuanto esté compuesto por más del 60% de cacao, este delicioso alimento combate el estrés oxidativo, la depresión, la fatiga y otros síntomas relacionados con los desequilibrios emocionales.
4. Vino tinto
Una copa de vino tinto al día puede mantener el organismo saludable en muchos aspectos.
Además de proteger la salud cardiovascular gracias a sus antioxidantes, su ingesta activa la circulación sanguínea, controla los desbalances en el sistema nervioso y provoca una sensación de alivio ante los episodios fuertes de ansiedad.
5. Salmón
El salmón y otros pescados ricos en ácidos grasos omega 3 disminuyen la inflamación y aumentan la producción de neurotransmisores como la serotonina.
Tiene poderosos antioxidantes y minerales esenciales que frenan la producción de cortisol y adrenalina para mejorar la respuesta del organismo ante las situaciones de presión y estrés.
6. Aguacate
La palta o aguacate es un fruto muy saludable que, además de ácidos grasos, aporta vitamina E y minerales que protegen las células cerebrales y el sistema nervioso.
Una porción de este alimento al día puede controlar la presión arterial, los niveles altos de cortisol y la ansiedad.
7. Almendras
Las almendras y otros frutos secos contienen vitamina E, vitaminas del complejo B, aceites saludables y minerales esenciales que mejoran el estado de ánimo e incrementan los niveles de energía.
Su significativo aporte de fibra ayuda a controlar la ansiedad y disminuye las dificultades digestivas que se producen junto con el estrés.
8. Avena
Ingerir avena a la hora del desayuno contribuye a tener una jornada más calmada y llena de energías físicas y mentales.
Los carbohidratos complejos levantan el estado de ánimo, ya que favorecen la producción de serotonina en el cerebro.
Dado que este tipo de alimentos se digieren más lento, la liberación de este neurotransmisor se da a paso continuo y lento.
9. Alimentos fermentados
Uno de los secretos para mejorar la salud mental está en el intestino, puesto que una flora bacteriana poco saludable ejerce un impacto negativo en la salud cerebral.
Las bacterias beneficiosas que contienen los alimentos fermentados tienen un efecto directo sobre la química cerebral, transmitiendo señales reguladoras del estado de ánimo y del comportamiento mediante el nervio vago.
Por ejemplo, se encontró que el probiótico Lactobacillus rhamnosus reduce la hormona cortisol que incrementa por el estrés.
Entre este grupo de alimentos cabe destacar:
·        El yogur natural
·        El kéfir
·        El brócoli fermentado
·        Pepinos encurtidos
·        Sopa de miso
Al incorporar estos alimentos en tu plan de alimentación podrás reducir la tendencia al estrés y regularás el estado de ánimo.
¡No dejes de probarlos!