jueves, 16 de julio de 2020

Coronavirus.- Los jóvenes son los principales afectados por el confinamiento, según un estudio psicológico

20 MINUTOS EP     |   11/05/2020

Las personas más vulnerables al confinamiento y a la situación generada por la pandemia del COVID-19 son los jóvenes, según los primeros resultados de la investigación internacional que lleva a cabo el Laboratorio de Emociones de la Universidad de Málaga (UMA) con el Grupo de Investigación Cognición, Emoción y Salud de la Universidad Complutense de Madrid, junto a varios centros más para conocer el impacto psicológico que la crisis sanitaria produce en la población.

Dichos resultados, obtenidos a partir de una encuesta, precisan que los jóvenes se sienten especialmente "castigados" por diferentes motivos: porque la pandemia rompe o amenaza sus proyectos vitales -Selectividad, exámenes, comenzar una carrera o buscar un empleo, por ejemplo- y porque su estilo de vida es más activo y se ve más alterado por el confinamiento.
El estudio también habla de una especial afectación de las mujeres, situación ésta que, según los expertos, coincide con los análisis psicológicos llevados a cabo tras otras situaciones traumáticas, en las que las féminas presentaron más ansiedad y episodios de depresión, han explicado desde la UMA a través de un comunicado.
Así lo manifiesta el catedrático de Psicología de la UMA Pablo Fernández Berrocal, director del Laboratorio de Emociones, para quien ahora, cuando iniciamos la desescalada gradual, "es fundamental poner en marcha estrategias de prevención psicológica para evitar que los síntomas negativos terminen convirtiéndose en psicopatológicos", en especial ante una posible recaída o rebrote del virus.
"El desconfinamiento debe ir ligado a la prevención. En la historia, se confinaba a la población ante las epidemias. Eso ya pasaba en el siglo XVI. Ahora, con los medios que disponemos en la actualidad, debemos ir más allá y prevenir consecuencias negativas para el bienestar de las personas", ha comentado el especialista, al tiempo que ha señalado que algunas medidas positivas en este sentido serían la disponibilidad de psicólogos tanto en Atención Primaria -que es donde primero acudirán los más vulnerables- y en los centros escolares.
El estudio que codirige la UMA y la Complutense -con el doctor Antonio Cano Vindel al frente- cuenta con la colaboración de grupos de investigación de varias universidades españolas: Zaragoza, Valencia, Granada, Islas Baleares y Autónoma de Barcelona, así como de la Universidad Siglo 21 de Argentina y la Universidad PUCMM de República Dominicana.
OBJETIVO DEL ESTUDIO
El objetivo del estudio no era otro que conocer las estrategias de pensamiento y de regulación emocional que pueden ayudar a prevenir la aparición de trastornos emocionales tras el impacto del confinamiento por la epidemia del COVID-19.
Para ello se distribuyó una encuesta cuya muestra es de 1.750 participantes de todo el Estado español. La media de edad ha sido de 40 años; un 37 por ciento casados y un 35 por ciento solteros, la gran mayoría con educación avanzada -40 por ciento estudios universitarios y 40 por ciento de post-grado-. Un 47,8 por ciento trabaja en jornada completa y un 23,2 por ciento está en paro.
RESULTADOS
Los resultados que se han extraído, además de los referidos a la vulnerabilidad de los más jóvenes y las mujeres, indican que un 15,3 por ciento de los encuestados presentaron un diagnóstico de Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), mientras que un 20,8 por ciento tuvieron síntomas de ansiedad de carácter moderado y severo y un 40,4 por ciento, síntomas leves.
Por otro lado, un 12,2 por ciento obtuvo un diagnóstico de Trastorno Depresivo Mayor y un 22,8 por ciento sufrió síntomas depresivos de carácter moderado y severo -en este caso, un 36,2 por ciento fueron síntomas leves-.
Asimismo, un 17,2 por ciento presentó un diagnóstico de Trastorno de Pánico y un 25,7 por ciento tuvo ataques de pánico. Todos estos trastornos afectaron en mayor medida a mujeres que a hombres y también fueron más vulnerables otros grupos como los solteros y las personas con situación socioeconómica baja o en desempleo. Por el contrario, algunos factores de protección fueron estar casados, un nivel educativo alto o estar jubilados.
De igual modo, Fernández Berrocal también ha destacado que otro factor clave resultaron ser las estrategias de regulación emocional, ya que quien utiliza estrategias desadaptativas -como la rumiación o la catastrofización- presentaba más síntomas y más trastornos, mientras que quien utiliza estrategias adaptativas como la reinterpretación y la focalización positiva tuvo menos síntomas y trastornos, lo cual sugiere que se puedan realizar estrategias preventivas en el entrenamiento del manejo de estas estrategias.
Estos resultados subrayan la necesidad de incentivar la investigación psicológica sobre lo que nos esta ocurriendo emocionalmente durante este confinamiento para poder desarrollar estrategias eficaces de prevención de la salud y el bienestar personal de la población, sobre todo en los grupos identificados como más vulnerables.
Los investigadores han enviado el estudio para su publicación en una revista científica y tienen previsto realizar un seguimiento de las personas que han dejado sus datos para ver en qué medida evolucionan.

sábado, 11 de julio de 2020

Ansiedad, fatiga mental y culpa: La realidad de las madres que teletrabajan

S.F.    |   ABC   |   Madrid   |   20/05/2020

Ansiedad, fatiga mental, culpa e insomnio son las consecuencias que sufren las madres que teletrabajan durante el confinamiento, que padecen «mayor impacto psicológico» que los hombres y soportan aún más el peso de las tareas del hogar y del cuidado de los niños con la sensación perpetua de «no hacer nada al 100 %».

Sonia Reverter, doctora en Filosofía de la Universitat Jaume I de Castellón y miembro del Grupo de Investigación de Estudios Feministas y de Género, ha explicado a EFE que «la división sexual del trabajo en el confinamiento es más dura» en estos momentos.

Para Reverter, «dentro de casa hay poca conciencia de participación por parte de los hombres -que generalmente realizan dos terceras partes de las labores del hogar- y ahora, ya trabajen en casa o fuera, estos patrones de dedicación se han hecho más duros».

El teletrabajo para las mujeres «no es la solución sin un cambio cultural grande» y en estos momentos, desde que se decretó el estado de alarma, «solo hemos ido hacia atrás» en materia de conciliación y reparto de las tareas.

Las madres se sienten incomprendidas, ven un abismo entre las expectativas que se «venden» del teletrabajo y la realidad. «Es un reto»; «la carga mental es insoportable»; «solo lo entendemos las que lo estamos pasando»; «querer estar a todo y tener la sensación de no llegar a nada»; «sentir que no das calidad ni en lo doméstico ni en lo laboral», todo con la sensación de culpa siempre detrás.

Por su parte, la terapeuta de gestión emocional Gracia Vinagre indica que el confinamiento se está alargando y «es la madre la que sigue teniendo la carga y la preocupación de que los hijos puedan seguir el hilo de las clases», y para ello «intenta hacer malabares» y tiene siempre su atención dividida.

Incluso aunque el padre trabaje en casa, señala la psicóloga, «ella está más alerta de lo que pasa a nivel familiar» y adapta su trabajo a los horarios de sueño de los niños y al del trabajo del padre.

Pese a todos los esfuerzos, añade Vinagre, «tiene un sentimiento de culpa por no cumplir los objetivos laborables que la hacen trabajar más horas y dormir menos», lo que está generando cuadros de ansiedad y problemas de sueño ya que «incluso sus ciclos biológicos se ven modificados».

A estas circunstancias se suma el agravante de que no hay posibilidad de contar con ayuda externa, ya que aquellas que tenían un pilar en los abuelos u otros familiares ahora no pueden contar con ellos, y tampoco con los servicios de ayuda en la limpieza de la casa, en un momento en el que a causa de la COVID-19 las exigencias higiénico-sanitarias se han incrementado.

«El exceso de responsabilidad que se les inculca a las mujeres tradicionalmente hace que el bienestar de su familia esté constantemente en la balanza y eso supone mucho estrés», añade la terapeuta, que nos lleva de nuevo «a esos cuadros de trastornos emocionales agudizados estos días».

Un estudio de la UNED sobre el estado de ánimo durante el confinamiento en España revela que uno de cada tres consultados está pasando por cuadros de ansiedad, depresión o problemas del sueño, y de estos, el 70 % corresponde a mujeres.

Vinagre ha indicado que a esta carga mental se suma el hecho de no saber hasta cuándo se permitirá el teletrabajo o qué se podrá hacer con los hijos en verano. Gracia Vinagre aboga por «bajar los niveles de autoexigencia» en este contexto, ya que «no podemos sentirnos mal porque vean la tablet o coman chocolate», porque «todos tenemos que adaptarnos a esta situación», de la que, apostilla, «saldremos y todo mejorará».


miércoles, 8 de julio de 2020

¿Efectos en la Salud Mental de pacientes COVID-19?

 TOP DOCTORS   |    09/06/2020

El brote por Coronavirus ha colapsado los sistemas de salud en el mundo. Los efectos han sido muy graves y uno de los más perjudicados a corto y largo plazo es la Salud Mental

La Salud Mental es un rubro que demanda mucha atención ante la pandemia que se vive actualmente. Sus consecuencias han perjudicado a todo el mundo en distintos niveles y una de las preocupaciones es la Salud Mental de los pacientes con COVID-19.

El aislamiento ha afectado a muchas personas, aumentando los casos de Depresión, Ansiedad y Estrés por diversas causas como la incertidumbre al futuro, preocupaciones económicas y miedo al contagio.

Por ello, la Academia de Ciencias Médicas del Reino Unido ha realizado un análisis de la situación actual desde la perspectiva de los efectos psicológicos, sociales y neurocientíficos. Aunque dichos estudios han sido realizados a nivel nacional, se pueden encontrar muchas constantes en otros países.

El análisis destaca la importancia de atender la Salud Mental y la necesidad de abordarla mediante investigaciones de alto nivel, formando redes internacionales a nivel científico.

Los especialistas, contemplan que: “Además, el Coronavirus podría infectar al Cerebro o desencadenar respuestas inmunes que tienen efectos adversos adicionales sobre la función cerebral y la Salud Mental en pacientes con COVID-19”.  Por otro lado, los efectos en la Salud Mental han sido muy fuertes durante la pandemia y es posible que las secuelas a nivel psicológico y social, tanto de forma directa como indirecta, permanezcan a largo plazo en las distintas poblaciones del mundo. Aún se desconocen muchas cosas sobre este virus, pero los expertos continúan trabajando en investigaciones que ayuden a esclarecer y manejar esta enfermedad a la que se enfrenta el mundo entero.

Como se sabe, la mayoría de los países se encuentran en confinamiento, por lo que es fundamental hacer uso de la tecnología para algunas actividades o necesidades sin salir de casa. Unos de los usos principales son hacer compras en línea de comida y medicamentos, así como la implementación de la Telemedicina para evitar asistir a una clínica.

e-Consultation permite hacer un diagnóstico y seguir un tratamiento con un Médico sin exponerse a salir de casa. 


lunes, 6 de julio de 2020

El limbo legal de la enfermedad mental en España

MACARENA BAENA   |   Madrid   |   La Vanguardia   |    12/10/2019

En España se administran tratamientos enmascarados en la comida a personas con enfermedades mentales, se les inyectan fármacos de larga duración sin informarles, e incluso con su reticencia, y no se solicita al juzgado la autorización necesaria para obligarlos a someterse a un tratamiento involuntario.
Lo denuncia el Comité de Bioética, un órgano colegiado adscrito al Ministerio de Sanidad que añade que "en lo que se refiere a los tratamientos ambulatorios involuntarios (TAI), el ordenamiento jurídico español presenta una laguna" y que la escasez de recursos puede incrementar esta práctica por parte de los profesionales dedicados a pacientes con discapacidad psicosocial.
Esta semana, el 10 de octubre, se ha conmemorado el día Mundial de la Salud Mental, una realidad para la que España no cuenta con una estrategia pese a ser un grave problema de salud pública -con más de 3.600 muertes al año- ni tiene una legislación adaptada a las recomendaciones de los expertos sobre la manera de tratar y administrar los tratamientos a estas personas.
No obstante, según el Comité de Bioética, las prácticas en contra de la voluntad del paciente son cada vez menos frecuentes por la mayor concienciación de la sociedad y de los profesionales sanitarios sobre la importancia del respeto a los derechos de los pacientes.
"Hacer algo en contra de la voluntad del paciente acaba siendo perjudicial porque, por muy buena intención que tengas, le estás infligiendo un daño", ha aseverado a Efe Vicente Bellver, miembro del Comité.
Bellver es, además, el ponente del informe encargado por el Gobierno al Comité para definir su postura sobre el borrador que el Consejo de Europa está elaborando respecto a ingresos y tratamientos involuntarios de las personas con enfermedad mental.
Un informe solicitado por el Ejecutivo ante la falta de consenso europeo sobre citado documento del Comité de Bioética del Consejo de Europa, que ha contado con la oposición de numerosos comités de expertos e incluso de órganos del propio Consejo de Europa como la Asamblea Parlamentaria o el Comisionado para los Derechos Humanos.
Según estos organismos, el texto del Comité de Bioética europeo "no solo no garantiza los derechos humanos sino que permite que se violen y se puedan seguir violando", ha considerado Bellver, quien opina que el citado informe no garantiza el derecho de las personas con enfermedad mental a no ser tratadas contra su voluntad.
En España, la Ley Básica de Autonomía del Paciente reconoce que toda actuación en el ámbito sanitario requiere del previo consentimiento del paciente y que todo enfermo tiene derecho a negarse al tratamiento. Un principio que no siempre se aplica.
El TAI es una medida que requiere autorización judicial y se adopta cuando la persona afectada por un problema de salud mental abandona el tratamiento y se teme que pueda tener efectos graves para su salud y/o la vida de otros.
No obstante, su aplicación, explica el Comité, no está exenta de polémica, con defensores que lo ven como la solución para que el afectado tome su medicación y mejore, y opositores que lo tildan de vulneración de los derechos fundamentales y que creen que conlleva un aumento de la coerción y el estigma del paciente psiquiátrico.
Entre los defensores se encuentran la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Enfermos Mentales (FEAFES), la Sociedad Española de Psiquiatría y la Sociedad Española de Psiquiatría Legal y entre los detractores está la Asociación Española de Neuropsiquiatría.
La falta de consenso entre expertos, organismos internacionales y afectados ha impedido que España cuente con una legislación específica en esta materia.
Advierte el Comité de Bioética de España de que en los últimos años varios juzgados de algunas ciudades españolas -en concreto Bellver se ha referido a Valencia- están autorizando TAI con el fin de que el paciente cumpla su tratamiento y evitar los extremos del ingreso hospitalario o la incapacidad civil.
Y considera que, si bien puede ser una alternativa beneficiosa para algunos pacientes, la comunidad científica alerta de que se requieren más estudios y de que muchas de estas personas podrían responder a programas de seguimiento intensivo sin necesidad de una intervención judicial.
El TAI no es un tratamiento, sino la forma en que se administra, y la pregunta que se hace el Comité es si da respuesta al estigma y a las dificultades que tienen las personas con problemas de salud mental para incorporarse al mercado laboral y acceder a los recursos sociosanitarios.
Según el Comité, la valoración del TAI debe hacerse teniendo en cuenta a todos los implicados en el tratamiento de los afectados: familiares, cuidadores y personas de confianza, "que son el primer apoyo para los enfermos".
En su informe también hace referencia a los internamientos involuntarios a los que en ocasiones se somete a estos pacientes en España.
Una práctica a la que se opone de manera tajante e insta al Ejecutivo a "derogar cualquier norma que autorice la adopción de medidas involuntarias en una persona por razón de su discapacidad psicosocial".
Asevera que esta medida es contraria a la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las personas con Discapacidad -aprobado en 2006- porque consagra una discriminación, priva indebidamente de la libertad personal, atenta contra su integridad física y moral y puede causar maltrato.
Por ello, le pide al Ejecutivo que impulse una reforma legislativa que derogue las normas que permiten esos internamientos, y que estos queden circunscritos a un régimen general, al margen de que el individuo tenga o no una discapacidad. Y que se dote a esa ley de rango orgánico.
En la decisión sobre el internamiento y el tratamiento involuntario, "la discapacidad no puede ser un criterio a atender" y "no puede justificar en ningún caso por sí solo una privación de libertad".
En concreto, el Comité pide derogar o modificar el artículo 763 de la Ley de Enjuiciamiento Civil en el que se hace mención al trastorno psíquico como criterio para determinar el internamiento y que las decisiones se adopten según la Ley Básica de Autonomía del Paciente, que establece como regla general la exigencia del consentimiento del paciente para cualquier actuación en el ámbito de la salud.
Además, solicita que en la elaboración de todas las medidas participe el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi) y los colectivos afectados. Y que no dependan de las mayorías políticas del momento.
En 2011 el Comité de Derechos de las personas con Discapacidad ya mostró su preocupación por el abuso que en España se hacía de las medidas urgentes de internamiento y por los malos tratos sufridos por las personas con discapacidad psicosocial en los centros en los que son internados.
Los supuestos beneficios de los ingresos y tratamientos involuntarios son argumentos del pasado, dice el Comité, que alude a la evidencia creciente de que el uso de medidas coercitivas causa más daño psicosocial, exclusión y aislamiento del que la persona ya sufre por su trastorno mental.
Por el contrario, está demostrado el beneficio real de muchas otras prácticas sustentadas sobre el consentimiento de la persona.
Y añade que, de acuerdo con los principios éticos universalmente establecidos y con el reconocimiento de los derechos de los usuarios, "es preciso que la asistencia se dé con humanidad y con compasión, términos ya en desuso, pero que en el fondo nos invitan a humanizar el trato".
El Comité de Bioética fue creado en 2007 por la Ley de Investigación Biomédica. Es un órgano de carácter consultivo encargado de estudiar temas de gran controversia como puede ser la gestación subrogada o la eutanasia. EFE



domingo, 5 de julio de 2020

¿Problemas con el alcohol?. 29 variantes genéticas podrían explicar por qué.

EFE | ABC | 25/05/2020

Un análisis del genoma de más de 435.000 personas ha identificado 29 variantes genéticas que podrían estar relacionadas con una ingesta de alcohol problemática, según un estudio publicado este lunes en la revista Nature Neuroscience.

El trabajo está liderado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale (Estados Unidos) y los nuevos datos publicados triplican el número de variantes conocidas hasta ahora asociadas a un mayor riesgo de este consumo problemático.

«Los nuevos datos triplican el número de variantes de riesgo genético conocidas vinculadas con el consumo problemático de alcohol», apunta Joel Gelernter, autor principal del estudio.

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores analizaron datos genéticos de individuos de ascendencia europea de cuatro biobancos y buscaron variantes genéticas compartidas entre aquellas personas con perfiles problemáticos con la ingesta de alcohol, incluyendo trastornos por consumo y por consecuencias médicas.

Estos trastornos contribuyen, en gran medida, a una amplia variedad de problemas médicos en todo el mundo, advierten los investigadores en una nota de prensa de la Universidad de Yale.

El análisis encontró 19 factores de riesgo genéticos independientes previamente desconocidos para la ingesta problemática del alcohol, y confirmó otros 10 factores previamente identificados.

El meta-análisis de los datos de los biobancos también incluyó información sobre los factores de riesgo genético de varios trastornos psiquiátricos, lo que permitió a los científicos examinar las asociaciones genéticas compartidas entre el consumo problemático de bebidas alcohólicas y trastornos como la depresión y la ansiedad.

Los investigadores también constataron la importancia de la herencia genética de esas variantes en la función biológica.

Este trabajo ofrece una forma de entender las relaciones causales de los rasgos problemáticos del consumo de alcohol, como los estados psiquiátricos, la conducta de riesgo y el rendimiento cognitivo, dijo Hang Zhou, investigador en psiquiatría y otro de los autores.
Además, según Gelernter, con estos resultados se está en mejor posición para evaluar el riesgo a nivel individual del uso problemático del alcohol.

sábado, 4 de julio de 2020

"Es el momento de saber qué queremos en la vida"

IMA SANCHÍS   |   La Contra de la Vanguardia   |   23/03/2020

Antonio Bulbena, director del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del hospital del Mar.

Tengo 66 años. Soy barcelonés. Casado, dos hijos. Soy catedrático de psiquiatría en la UAB, un médico de pueblo que se ha disfrazado de psiquiatra. He podido disfrutar mucho con mis cuatro ‘profesiones’: médico, investigador, académico y gestor.

Valores en alza
Fundó y dirigió el Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del hospital del Mar donde ahora dirige la unidad de tratamiento de los trastornos de ansiedad, a lo que le ha dedicado años de investigación, Ansiedad (Tibidabo). Está preocupado por el alto riesgo al que están expuestos los profesionales de la salud: “Ya tengo a dos compañeros en la UCI, y en China el 10% tenían síntomas depresivos”. Está convencido de que tras la pandemia nada volverá a ser como antes: “Esta especie de año nuevo que esta primavera nos ha traído supone un cambio completo de paradigma de nuestras vidas. Aprenderemos a pasar con menos y nos identificaremos más con lo natural y con nosotros mismos. Los objetos bajarán de valor y cotizarán al alza la persona y sus valores”.

A.B. - El miedo es una reacción sana y necesaria que nos pone en alerta ante un peligro.
I. S.-Pregunta- ¿Y si dura semanas?
Respuesta.- Cuando la alarma es inespecífica en el espacio y el tiempo como ocurre con este virus, el cuerpo usa una gran cantidad de energía física y mental para afrontar una amenaza que no puede atajar, y se traduce en más tensión, más ansiedad y más susceptibilidad.
P.- Eso agota.   |   R.- Las quejas y broncas en familia y entre vecinos están aumentando considerablemente, y es un efecto del miedo, debemos ser conscientes.
P.- Pero el miedo nos acecha.   |   R.- El cerebro se ve atraído y fija con mucha más fuerza lo negativo que lo positivo. La desgracia de las Torres Gemelas nos demostró que a mayor exposición informativa más estrés, más ansiedad, más violencia, más alcoholismo. Hay que estar informados pero no atrapados.
P.- Multas por salir de casa, amenaza de cárcel... ¿empeora esto las cosas?   |   R.- Sirve para que cumplamos pero psicológicamente no nos ayuda, porque debemos ser nosotros los que nos gobernemos, comprender qué hay que quedarse en casa y comprometernos.
P.- ¿Necesitamos más tiempo de reflexión individual?   |   R.- Sin duda. El miedo a la infección, la incertidumbre, la frustración y la información tan saturada de amenazas, despiertan nuestro cerebro primitivo que una y otra vez nos sostiene en alarma continuada. Hay que romper ese círculo.
P.- ¿Cuál es la lección del pasado?   |   R.- Las epidemias que ha sufrido la humanidad nos muestran lo que el miedo puede desencadenar. Atribuciones acusatorias a otros como ocurrió con el Holocausto o la fiebre española; acopios desaforados y egoísmos insospechados.
P.- El miedo soporta mal la incertidumbre.   |   R.- Sí, y eso nos puede llevar a una búsqueda insaciable de culpables y de conspiraciones. Debemos aceptar que la incertidumbre es inherente a nuestra condición humana.
P.- Cierto.   |   R.- Y tampoco hay que olvidar la certera observación de Victor Frankl: el miedo provoca lo que uno teme.
P.- ¿Cómo impedirlo?   |   R.- Comunicándose con calidad y no con cantidad; reflexionando sobre nuestros hábitos, automatismos, dimensiones que obviamos, sensaciones que añoramos y deseos que aplazamos. Descubramos la riqueza humana de las personas: gestos, miradas, actitudes de los que tenemos cerca.
P.- Valorar lo bueno.   |   R.- Y alimentar el humor que nos permite distanciarnos del problema, pero no de forma permanente ni frivolizando.
P.- ¿Cuáles son las consecuencias del confinamiento?   |   R.- Durante la fiebre equina en Austria en el 2008, hubo que confinar a 2.700 personas durante varias semanas, un 34% sufrió importantes síntomas psicológicos de ansiedad y depresión.
P.- ¿Cómo nos afecta el confinamiento?   |   R.- El espacio se reduce, para muchos drásticamente; el tiempo pierde referencias y horarios y la convivencia o la soledad se extreman. Aunque hay pocos estudios, todos coinciden en que a partir del décimo día de confinamiento comienza el periodo crítico.
P.- ¿Y?   |   R.- Cuando el cerebro más primitivo toma el mando pasamos a los extremos: o frenesí hiperactivo o bloqueo exhausto. Ese circuito se vuelve circular: más hiperactividad, más agotamiento y más ineficiencia, que a su vez vuelve a activar el frenesí. Necesitamos momentos de silencio.
P.- ¿Qué debemos tener en cuenta?   |   R.- Estar atentos a que nuestros mecanismos de adaptación restringidos no empiecen a tropezar con intolerancias, incomodidades, frustración o bloqueo.
P.- ¿Cómo podemos crecer como sociedad?   |   R.- Habilitando una comunicación más serena. Es curioso pero nuestro cerebro más primitivo, el de la supervivencia, manda mucho; el otro, el que piensa, el que nos lleva al goce de vivir, de compartir y a la calma, sólo propone.
P.- ¿Se impondrá la empatía?   |   R.- Si no te pones en el lugar del otro la relación es vertical y el sálvese quien pueda tiene cabida, es el egoísmo del miedo. El miedo reduce la empatía . Darse cuenta del otro es fundamental.
P.- Creemos que cuando controlemos el virus todo volverá a ser como antes.   |   R.- Es una fantasía, vamos a ser mucho más pobres, tendremos que renunciar a muchas cosas; pero también va a ser una oportunidad.
P.- Para el planeta, seguro.   |   R.- Y a nosotros esta crisis nos otorga la oportunidad de cambiar el tener por el ser. Habrá escasez y villanía, pero después vendrá un periodo de reconstrucción en el que ya sabremos que somos naturaleza y que un virus no distingue entre clases sociales, países, ni razas. Tendremos la oportunidad de revalorizar la relación directa con los demás, con el entorno y con uno mismo. Debemos aprovechar este tiempo para estar con nosotros mismos y aclararnos qué queremos de la vida. Hemos de declarar la paz a esta guerra, dándole la mano y mirándola profundamente de frente.


Un estudio revela que el estrés se redujo durante el confinamiento en niños de 8 a 10 años y solo un 9% echa de menos el colegio

BEATRIZ LUCAS    |   Madrid  |   El País   |   22/06/2020

El informe de la Facultad de Psicología de la Complutense revela que también aumentó la apatía e impulsividad. “Debe hacernos reflexionar sobre las dinámicas escolares”, dice su autora.

Alba no quiere volver a cole. “Es que estoy mejor en casa con mamá, aquí se aprende muy bien”, explica esta niña de seis años. Para Aurora, lo bueno del confinamiento ha sido disponer de su tiempo para “dibujar y jugar” todo lo que ha querido con su hermano, sin los rigores de las extraescolares, las prisas o “sin tener que aburrirse en el recreo largo”. Candela, de nueve años, también tiene alma de homeschooler, los niños que son educados en casa al margen del sistema: “Yo prefiero seguir así, ojalá en septiembre volvamos solo dos días”, le confesó esta semana a su madre Mariló Panadero, que aún se está reponiendo del susto. “Lo bueno es que te organizas como quieres, puedes leer y dibujar hasta hartarte sin que suene el timbre o sin tener que andar corriendo todo el día, y además veo más a mis padres, eso es lo bueno”, concluye Pedro, de ocho años.  

Sus historias ilustran la investigación Seis semanas de confinamiento: Efectos psicológicos en una muestra de niños de infantil y primaria realizada por las psicólogas especializadas en desarrollo infantil Marta Giménez-Dasí, de la Universidad Complutense, y Laura Quintanilla, de la UNED. Ésta confirma que las dinámicas escolares pueden resultar tan ansiógenas para los niños y niñas, que los niveles de estrés y ansiedad se han mantenido inalterados o incluso se han llegado a reducir durante el confinamiento en los 167 estudiantes investigados, que tenían de 3 a 10 años. Se trata de una muestra de conveniencia realizada en dos colegios públicos de la zona noroeste de Madrid, en un entorno socioeconómico medio acomodado, un factor crucial a tener en cuenta para interpretar los resultados, pues se les presupone unas comodidades materiales y unas atenciones con las que no todos los niños han contado durante las semanas de encierro. 

En todo caso, tampoco ha resultado precisamente un camino de rosas para los menores de la muestra el hecho de atravesar una larga situación de emergencia que, según numerosos especialistas, puede acarrear consecuencias negativas en su comportamiento y sus hábitos. Los padres describen en el trabajo de Giménez-Dasí y Quintanilla mayores niveles de hiperactividad y menor disposición al estudio de sus hijos. Sin embargo, las expertas destacan de su trabajo, en el que se tomaron indicadores de la salud mental de los niños en febrero y se volvieron a medir tras seis semanas de confinamiento, una generalizada actitud positiva de los niños sin graves consecuencias psicológicas. 

Mientras que en los pequeños de tres a seis años apenas hay efectos, en los niños a partir de ocho la especialista considera que “el descenso en el estrés es significativo”.  “Nos sorprendió que las familias que señalan cambios positivos aluden a mejoras en el estado de ánimo y relatan que el niño está feliz o más tranquilo, y describen como ventaja la mayor disponibilidad de tiempo libre para jugar, y valoran el tiempo en familia”, explica la psicóloga Marta Giménez-Dasí. E interpreta que, a medida que crecen, los niños y niñas pueden aumentar sus niveles de estrés por las mayores demandas del contexto. 

“Debemos reflexionar sobre la vida que llevan los niños y las niñas. Analizar si su ritmo de vida constituye un elemento de estrés y, especialmente, la presión hacia el rendimiento académico o las actividades extraescolares”, explica Giménez-Dasí. Además, en sus conclusiones propone que se promueva una escolarización que favorezca el bienestar y disminuya el estrés. “Los niños de forma rutinaria acusan ese ritmo de vida ajetreado que les imponemos los adultos y, cuando han parado de forma radical, ha mejorado su salud y su situación, en contextos socioeconómicos medios. Y es importante tener en cuenta de cara al curso que viene que al menos en primaria no pueden seguir el ritmo que los profesores les han impuesto. La educación debe contribuir al bienestar de la infancia, y en algunos casos no está siendo así”, apunta. 

La socióloga de la infancia Lourdes Gaitán, también investigadora en la Universidad Complutense, cree que en esta crisis se está fallando al tomar las decisiones sin tener en cuenta a los niños, niñas y adolescentes. “Estos resultados se entienden si se pone la mirada desde el punto de vista de la infancia. La escuela es un sitio donde los niños socializan entre sí, y echan de menos a sus amigos, pero la escuela es también un espacio de tensión, de imposición de autoridad y es el único gran remanente de las instituciones cerradas del siglo XIX, nada más alejado de lo que un niño puede desear. Desde su punto de vista, la escuela, como institución, es una estructura de opresión para los niños”, asegura esta socióloga que ha realizado varias encuestas a estudiantes durante el confinamiento. En su opinión, este proceso es una oportunidad para volver a otra escuela. “Tenemos que apostar por la complicidad con los estudiantes en el diseño de la vuelta a las aulas. Que les pregunten, que se cuente con ellos, que sepan si prefieren llevar mascarilla todo el día o estar aislados con su grupo... Ellos son parte de la solución pero deben involucrarlos en el proceso. Se está haciendo todo para los niños pero sin los niños”, concluye la socióloga.

El psiquiatra Juan Diego Martínez Manjarrés, uno de los promotores del Fórum de Infancias de Madrid y coordinador de Psiquiatría Infanto Juvenil en el hospital La Mancha Centro, cree que es “aventurado concluir que la responsabilidad de la presión educativa está en los colegios o centros educativos” porque las presiones sobre la infancia “están en las raíces culturales de la sociedad actual y sus presiones para alcanzar el yo social ideal”. 

En su consulta él está notando nuevas dinámicas tras el confinamiento. Le sorprenden la cantidad de nuevos casos no patológicos que están llegando tras la cuarentena. “Es como si los padres al pasar tanto tiempo observando a sus hijos identificaran problemas de salud mental cuando en realidad son problemas educativos. Pero es más cómodo pensar que se trata de una enfermedad que se puede curar con una pastilla que asumir y abordar tu responsabilidad como educador y padre”, explica. También cree que el confinamiento ha tenido algunos efectos positivos en niños “sobre todo en los que padecían estrés o patologías más leves relacionadas con la ansiedad del logro o la construcción de la identidad”. 

El psiquiatra ve comprensible que durante el confinamiento se reduzca el estrés. “La ausencia de los padres en la vida cotidiana es uno de los mayores provocadores de la angustia en los niños y de la ansiedad en la infancia y lo que más ayuda a los hijos a tener un desarrollo emocional más adecuado es que estén sus padres cerca. Aunque estén desatendidos porque los padres están teletrabajando, siempre pueden recibir un abrazo y la certeza de que sus padres están ahí si pasa algo”, explica el doctor Martínez Manjarrés. Aunque resalta que los resultados de la muestra no pueden generalizarse para todos los niños: “Tiene un gran valor que los datos midan el antes y en el después. Aunque el sesgo socioeconómico es importante, ya que no es lo mismo pasar el confinamiento en un chalet o casa con jardín, que hacerlo en un piso pequeño, interior, con muchos hermanos y la angustia de que tus padres están sin trabajo”, apunta. 

Como contrapunto explica que por su consulta han pasado adolescentes a los que la educación online les ha beneficiado: “Algunos estarían felices de seguir haciendo clases virtuales porque les da más disposición de su día, pueden ir a su ritmo y son más flexibles en los tiempos y espacios, y muchos valoran que les permite pararse a pensar. Eso nos tendría que hacer reflexionar a nosotros, los adultos”, concluye. Sin embargo, en el informe del equipo de la Universidad Complutense, la dimensión que peor parada sale de esto estudio es la académica, ya que el 85% de los niños expresaban dificultades para realizar adecuadamente las tareas escolares así como una demanda excesiva por parte de los profesores. 

El estudio refleja también cómo perciben las familias que sus hijos han vivido esta cuarentena. La variable que más ha empeorado, según describen los padres, es la motivación al estudio. También ha subido mucho la impulsividad, las familias perciben más hiperactivos e impulsivos a sus hijas e hijos .

Además, perciben que la mayoría de los niños han empeorado su estado psicológico tanto en infantil (55%) como en primaria (64%). No obstante este resultado es mayor en el ciclo de primaria. En infantil es mayor el porcentaje de niños que no experimentan cambios . Aunque el psiquiatra Martínez Manjarrés, advierte de que estos cuestionarios deben hacernos pensar, pero no debemos olvidar que muestran la opinión de los padres, que pueden estar proyectando sus propias emociones. 

Pedro, de 8 años, cree que sus padres están muy estresados, y aunque valora las ventajas del confinamiento, como explicaba al principio, él también necesita su espacio. “Esto tiene cosas buenas y malas, pero ahora ya tengo ganas de recuperar mi vida de antes, tener mi sitio, si es que se puede...”, concluye.