lunes, 5 de octubre de 2020

Hacer varias cosas a la vez no me está dando buenos resultados. ¿Cómo puedo centrar mi atención y mejorar la concentración?

Amit Sood, M.D.     |   Mayo Clinic    |     12/03/2020

No es sorprendente que la multitarea no funcione para ti. En realidad, la multitarea es un mito. En el mejor de los casos, las investigaciones muestran que tu mente solo puede cambiar rápidamente entre tareas. En lugar de tratar de hacer dos cosas a la vez, busca maneras de mantener la concentración en la tarea que estás realizando. A muchas personas les resulta difícil concentrarse, pero es una habilidad que puedes desarrollar. Para mejorar tu concentración:

Reduce las distracciones. Apaga la televisión, deja el teléfono y cierra la sesión de tu cuenta de correo electrónico. ¿No estás convencido de que esto te ayude? Elimina el tiempo de pantalla que no sea esencial durante dos días y comprueba cuánto más puedes hacer.

Planifica períodos de actividad y tiempos de descanso. ¿Eres una persona madrugadora? Entonces, no desperdicies ese tiempo en el correo electrónico. En su lugar, úsalo para abordar proyectos que requieran tu plena concentración. Reserva la tarde para revisar tu bandeja de entrada o ponerte al día con el manejo de archivos.

Sácalo de tu cabeza. Demasiadas notas mentales hacen que tu mente se vuelva desordenada. Todos esos asuntos pendientes pueden desgastar tu energía mental. Escribe lo que tengas en tu mente en un papel o regístralo digitalmente. Piensa en ello como un almacenamiento externo.

Entrena tu cerebro. Cualquier habilidad que valga la pena requiere práctica. Aprender a concentrarse no es diferente. Invierte tiempo en dominar el entrenamiento de la atención, la conciencia plena u otros tipos de meditación. Estas son excelentes maneras de practicar para controlar las distracciones y mejorar el enfoque.

Al mejorar tu concentración, no solo lograrás hacer más, sino que también disfrutarás de una mayor fluidez, cuando estás tan absorto en una actividad que nada más parece importar. La fluidez puede crear una sensación de plenitud, compromiso e incluso satisfacción.

domingo, 4 de octubre de 2020

La depresión acorta la vida

REDACCIÓN    |    La Vanguardia     |     01/10/2020     |     Día europeo de la depresión

Más de 850.000 mayores de 80 años viven solos en España y son susceptibles de desarrollar esta patología que compromete su calidad de vida

Diversos estudios revelan que la felicidad, aunque sea en pequeñas dosis, favorece la longevidad. Por el contrario, la insatisfacción, la tristeza y la depresión tienen justamente el efecto contrario. Los investigadores mantienen que tener relaciones sociales es un factor determinante para vivir más años, mientras que la soledad conduce a la tristeza y de ahí a la decrepitud podría decirse que hay un paso.

Un estudio de la Universidad de Brigham le ha puesto cifra al mayor riesgo de morir que tienen las personas insatisfechas. Concretamente, el centro norteamericano situó en un 50% más el riesgo de muerte de las personas tristes.

El dato tiene un impacto importante si consideramos que la cifra de mayores de 65 años que viven solos en España ronda los 2,4 millones, mientras que los de más de 80 años son 850.000. Y el número no para de crecer.

La felicidad ayuda a llevar una vida más saludable. Del mismo modo que las personas que se relacionan con otras personas se cuidan más y se mantienen más activas. Por el contrario, la soledad, especialmente entre los de más edad, suele conducir al abandono.

Los expertos señalan que el envejecimiento lleva aparejado una serie de situaciones que conducen a la tristeza a muchas personas, aunque no siempre la estación término es la depresión. La jubilación, la ausencia de objetivos, el fallecimiento de familiares y amigos o las enfermedades propias de la edad, son, entre otras razones los factores de riesgo que golpean el estado de ánimo de las personas de más de 65 años.

La falta o limitación de la interacción social es muy evidente en la mayoría de los ancianos que viven solos en España. Esta cifra se ha disparado en los años y compromete el bienestar de los de la tercera edad.

El sector asegurador realizó un estudio en el que se asegura que 1 de cada 6 personas mayores de 65 años tiene síntomas de depresión. Sin embargo, solo 1 de cada 30 acaban por necesitar tratamiento médico especializado y medicación. Se observa que una tendencia entre los ancianos a ocultar sus síntomas y tienen a no quejarse por su situación.

300 millones de personas la padecen en el mundo

La depresión es una enfermedad cada vez más frecuente, pero que en ocasiones no es diagnosticada porque a menudo las personas que no la sufren no la comprenden. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hay en el mundo alrededor de 300 millones de personas que la padecen. En los últimos años se ha avanzado mucho en el conocimiento social de la enfermedad y en su comprensión, pero sigue siendo una gran incomprendida como sucede con otros trastornos mentales. Hoy 1 de octubre se celebra el Día Europeo de la Depresión para tratar de concienciar a la sociedad de la existencia de esta enfermedad. 

La depresión se confunde en ocasiones con los cambios frecuentes de estado de ánimo y con variaciones emocionales de corta duración que suelen presentarse en el día a día. Es un trastorno que inhabilita y que muchas veces se convierte en un grave problema de salud que puede perdurar durante muchos años. Impide a menudo realizar las tareas cotidianas y limita el retorno al trabajo. En su expresión más grave puede provocar el suicidio. Datos de la OMS indican que se suicidan cerca de 800.000 personas cada año y el suicidio es la segunda causa de fallecimiento en el segmento de edad entre 15 y 29 años.

La medicina ha avanzado muchísimo en la lucha contra esta enfermedad y ya existen tratamientos eficaces para reducir su afectación. Sin embargo, más del 50% de enfermos no accede a estos tratamientos, en parte debido a la estigmatización de los trastornos mentales que provoca que muchos pacientes no acudan al médico. La falta de recursos en muchos países y los diagnósticos poco precisos son dos razones más de esta ausencia de tratamiento. La falta de diagnósticos certeros provoca que en ocasiones enfermos carezcan de atención médica y en otros casos suceda lo contrario y enfermos que no tienen depresión sean tratados con antidepresivos.

Las causas de esta enfermedad son muy complejas y reúnen factores sociales, psicológicos y biológicos. Afrontar situaciones vitales complicadas, como la pérdida del empleo o la muerte de un ser querido, aumenta las probabilidades de tener depresión. También se ha comprobado que hay conexión entre la depresión y una mala salud física. Los trastornos cardiovasculares, por ejemplo, pueden provocar depresión.

viernes, 2 de octubre de 2020

Qué no deberías decirle jamás a alguien que padece una depresión

ROCÍO CARMONA   |   la Vanguardia   |   01/10/2020   

Los datos son apabullantes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo, lo que quiere decir que una de cada cinco personas la padece. Tras el confinamiento y la crisis sanitaria y social que está implicando la Covid-19 las cifras se han disparado hasta llegar a un 20% más de enfermos.

Y, a pesar de ello, la depresión sigue siendo poco comprendida y está rodeada de mitos que no favorecen precisamente el bienestar de quienes la viven. Hoy se celebra el Día Europeo de la Depresión, una jornada destinada a ampliar la conciencia y el conocimiento alrededor de un trastorno todavía estigmatizado por una parte de la sociedad.

 “Uno de los mitos es pensar que la depresión es una cosa que te generas tú mismo y un problema que tiene que ver con una debilidad individual”, asegura en este sentido Josep Antoni Ramos Quiroga, jefe del Servicio de Psiquiatría del hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

Primer mito derribado. Si usted o alguien cercano está deprimido, ya es hora de dejar de lado la idea de que lo que le pasa tiene que ver con alguna tara personal de la que avergonzarse o con una vulnerabilidad excesiva.

¿A qué se debe entonces la depresión? “Hoy en día sabemos que es un trastorno con un trasfondo biológico importante”, asegura el doctor Ramos Quiroga. “Hay una carga genética que nos predispone a padecerla en mayor medida. Incluso sabemos que nuestro perfil inmunológico puede ser un factor agravante o de predisposición, al igual que el tipo de bacterias intestinales que poseemos. También hay que sumar a eso todos los factores ambientales que impliquen un gran estrés, una necesidad de adaptación importante. En función de esas bases genéticas, de la microbiota, de nuestro perfil genético, junto con un estrés mantenido, el organismo puede llegar a desarrollar esos síntomas de depresión”.

De estrés sostenido en el tiempo algunas personas podrían impartir un máster, especialmente en los tiempos que nos ha tocado vivir. Pero hay situaciones que resultan un caldo de cultivo ideal para esta enfermedad mental.

 “Los contextos que favorecen la enfermedad son situaciones que implican un alto estrés emocional, como por ejemplo, la muerte de un ser querido muy cercano. Si ya existe esa predisposición en cuanto a carga biológica, como decía antes, una situación de este tipo puede conducir a un duelo complicado que desemboque en una depresión. En el fondo siempre hay un gran estrés de adaptación”, asegura el jefe de Psiquiatría de la Vall d’Hebron.

Síntomas.- Pero a pesar de que es uno de los trastornos mentales más frecuentes, todavía hay quien confunde depresión con tristeza. “La tristeza forma parte de la normalidad, es uno de los sentimientos que tenemos y es tan normal como puede serlo la alegría”, advierte este especialista.

Y continúa: “En cambio, en la depresión estamos hablando de un trastorno, y por tanto es una situación o enfermedad que condiciona la vida de la persona. Quien la vive observa que hay una tristeza muy profunda, que deja de disfrutar de las cosas como lo hacía normalmente, y que ya no tiene esa sensación de placer estando con la familia, los amigos, practicando deporte… Hay una sensación de pesimismo, de que el futuro no existe, una sensación interna de gran fatiga física, problemas de concentración, de insomnio… También es habitual despertarse mucho antes de lo esperable, a las cuatro o cinco de la madrugada, lo que llamamos un despertar precoz; pérdida de apetito, que puede ser importante. Y todo un cortejo de síntomas en los que la persona pierde el interés por las relaciones personales. Por ejemplo, respecto a lo sexual se da una pérdida de deseo. En el fondo, estar deprimido es sentirse apagado por dentro”, concluye.

También es frecuente en cuadros de depresión que las personas sientan ansiedad o una gran inquietud interna. Pero lo que más la define, según los especialistas, es esa idea persistente −los síntomas deben persistir al menos durante dos semanas de forma continua− de falta de alegría, una tristeza profunda y de no disfrutar u obtener placer de las cosas, lo que se conoce también como anhedonia.

¿Cómo saber, pues, si nos estamos deprimiendo o si un familiar está cayendo en una depresión? “Cuando ves que la persona se va aislando, se va cerrando, que no habla, que tiene problemas para dormir, pierde el apetito, llora fácilmente… Ante este tipo de síntomas debemos estar alerta”, recomienda el doctor Ramos Quiroga.

Teniendo en cuenta lo frecuente que resulta, tampoco está de más saber cómo actuar cuando una persona cercana padece una depresión. ¿Qué comportamientos ayudan y cuáles no? “Hay frases que hunden todavía más a las personas, como el famoso: ‘Pero si no te pasa nada’ o la típica: ‘Venga, anímate”, advierte el especialista.

Y lo justifica: “No es que la persona no quiera estar animada, es que no puede. Si alguien se rompe una pierna seguro que no le diremos: ’Sal a pasear, ve a correr, que así se consolidará antes la fractura’. Es que no puede correr, no puede caminar: la pierna está rota”.

El psiquiatra asegura que “lo que tenemos que hacer es acompañar con un mensaje positivo: ’De esto vamos a salir, te vas a recuperar, vas a estar mejor...’ Y siempre preguntar, no obligar: ’¿Puedes salir a dar un paseo?’. Si la persona nos dice que no, debemos respetarlo, hacerle sentir que estamos cerca, que estamos a su lado, que no va a estar solo. Pero no esa presión de: ’Anímate, recupérate, venga, vamos, que esto no es nada’”.

“Se trata de acompañar, entendiendo cómo se puede sentir esa persona con ese apagón de sentimientos positivos que está viviendo”, reitera.

Respecto al entorno más próximo, los expertos aconsejan quitarse de encima la posible sensación de responsabilidad e incluso de culpa que pueden surgir en relación con la enfermedad de un ser querido. Y cuidarse y dedicar tiempo a uno mismo para poder cuidar al otro lo mejor posible.

Mejor prevenir.- En cuanto a su prevención, el doctor Ramos señala que uno de los aspectos más importantes es, sin duda, mejorar la calidad de vida de las personas, puesto que la mejora de los aspectos sociales incide directamente en el nivel de estrés, el gran disparador de las depresiones.

“También hay aspectos de educación emocional que podemos trabajar desde la infancia de manera que nos ayuden a tolerar mejor las frustraciones, a manejar mejor la distancia que existe a veces entre nuestros intereses y lo que podemos conseguir”, señala este psiquiatra.

Otro aspecto importante es el contacto social. Diversos estudios señalan la importancia que tiene para los enfermos sentirse apoyados por su entorno. “Esto no quiere decir que las personas que sufren depresión no tengan el apoyo de sus seres queridos”, aclara, “pero sí que es cierto que si tenemos un contexto social adecuado este nos ayuda”. Sería como tener a mano unas muletas, volviendo al ejemplo de la pierna rota. La fractura no se va a curar, pero sí nos va a resultar algo más llevadera.

También la hará más llevadera el hecho de desestigmatizarla. Y en este sentido, los especialistas insisten en señalar que a pesar de que tenemos mucha más información al respecto, aún se sigue asociando depresión a debilidad mental, y todavía se considera que las personas que la padecen son, de alguna manera, menos capaces, o que no lo intentan lo suficiente.

En este sentido, explican, la ciencia es clara: “La depresión es una enfermedad real. Tenemos muchas evidencias de alteraciones que se producen en áreas como el hipocampo, podemos ver cómo las personas que la padecen presentan un daño en las conexiones neuronales. También tenemos evidencias de alteraciones del sistema inmunológico, e incluso sabemos cómo algunos relacionados con la dieta pueden tener un efecto sobre ella. Se sabe ya que los condicionantes sociales juegan un papel importante, pues son los principales desencadenantes del estrés, que juega en nuestra contra”.

La realidad de la depresión tiene una cara muy dura. Además del gran malestar de las personas que la sufren, cada año se suicidan en España más de 3.500 personas, y más de 60.000 en toda la Unión Europea. Se estima que en el 90% de esos suicidios estaba implicado un trastorno mental activo, y que en más de la mitad de dichos suicidios el trastorno que había detrás era una depresión mayor. Por tanto, la depresión es uno de los factores de riesgo más importante del suicidio a día de hoy.

Los expertos advierten de que la depresión supondrá también la carga de enfermedad más importante, y con un mayor impacto social, en el año 2050. “Todo lo que podamos hacer para detectarla rápidamente y abordar un buen tratamiento será vital”, explica el doctor Ramos.

Afirma que “existen ya excelentes tratamientos para la depresión mayor. Y además, en 2019 se ha producido una gran revolución en este sentido, con nuevos medicamentos que actúan mucho más rápidamente y que nos van a ayudar sin duda a controlarla para que no se complique ni se cronifique”.

Aunque no solo de medicamentos habla este psiquiatra. La dieta, en particular la dieta mediterránea, puede llegar a tener un papel importante en la mejora de los síntomas e incluso en su prevención: “Un tratamiento que se ha visto que es positivo para la prevención de la clínica depresiva, y que incluso puede mejorar la microbiota, es la dieta mediterránea”, afirma.

Y continúa detallando: “Entre aquellos alimentos que se han visto relacionados con esa mejora se encuentran el brócoli, la ingesta de arándanos, los mejillones, las ostras… Todos ellos pueden tener una relación beneficiosa con aquellas sustancias que necesita nuestro cerebro para evitar la depresión. Hoy sabemos que la gente que sigue la dieta mediterránea tiene menos clínica depresiva”, concluye.

jueves, 1 de octubre de 2020

Comportamiento pasivo-agresivo: sus 10 características

JOAQUÍN MATEU-MOLLÁ     |     Psicología y Mente    

La agresividad es un rasgo básico en muchos de los animales que pueblan la tierra. Lo más común es que se trate de un abanico de actos motivados por el temor y/o la ira, pero también pueden estar implicadas otras realidades cuyo fin conecta con la supervivencia misma (como la dominancia sexual, la territorialidad, etc.).

Se trata, por tanto, de un fenómeno que suele proyectarse al exterior y hacerse muy evidente en el momento en que se expresa. Genera en los demás un daño físico objetivo, o tiene una intención disuasoria respecto a las situaciones que se interpretan de forma hostil o peligrosa (gestos, intenciones, amenazas, etc.).

En el ser humano, no obstante, la agresividad puede adoptar formas mucho más sutiles, que no se detectan con la misma celeridad y cuyo fin es provocar un daño menos evidente (pero igualmente severo) que el señalado hasta este momento.

En estos casos hablamos del comportamiento pasivo-agresivo, un fenómeno que hace uso de nuestras destrezas y habilidades cognitivas para velar actos sociales hostiles cuyas consecuencias inciden dolorosamente sobre la vida emocional. En este artículo abordaremos detalladamente esta interesante cuestión.

¿Qué es el comportamiento pasivo-agresivo?.- El comportamiento pasivo-agresivo fue contemplado, algunos años atrás, como parte de un trastorno de personalidad estructurado y con entidad clínica propia. Pese a esto, en las ediciones del DSM posteriores a la tercera, se excluyó para evitar el posible sobrediagnóstico que parecía precipitar. Desde aquel momento, y hasta la actualidad, se ha considerado como un rasgo que acompaña a las psicopatologías de la personalidad del clúster B (sobre todo la narcisista, la límite y la antisocial), pese a que no siempre se presentan juntas.

Se trata de conductas de naturaleza no verbal, aunque en ocasiones pueden adoptar también el peso de palabras explícitas, o preñadas de una ira sórdida y oculta tras la máscara de su frágil ficción.

Así, incluso los silencios pueden expresar un filo agudo, o devenir el arma con la que hurgar en heridas afectivas. El enfado se alza como el estado interno más frecuente, aunque se opta por no revelarlo a los demás, traduciéndose así en una modalidad de abuso psicológico que daña severamente a quienes se encuentran cerca y erosiona la calidad del vínculo.

El comportamiento pasivo-agresivo no aspira a la resolución de los conflictos, sino que tiene como objetivos la expresión ambigua de las emociones y la producción de algún agravio silencioso. No obstante, únicamente se podría considerar realmente patológico en el instante en que se consolidara como la dinámica social más común en las relaciones interpersonales. Veamos, con más detalle, en qué consiste.

Características más importantes del comportamiento pasivo-agresivo - A continuación encontrarás algunas de las características básicas de las personalidades pasivo-agresivas. No todos los individuos que la muestran cumplen su totalidad, sino que se suele presentar un patrón que las combina de un modo particular para cada caso.

1. Resistencia pasiva y ambigüedad - Es común que la actitud pasivo-agresiva curse con lo que se conoce como resistencia pasiva. En este supuesto la persona mostraría un total acuerdo con aquello que le sugieren, e incluso podría aceptar de buena gana tales peticiones de ayuda, pero posteriormente actuaría como si realmente se opusiera a ellas. Puede obviar la correspondiente responsabilidad o proceder de un modo deliberadamente torpe, por lo que el resultado definitivo devendría insuficiente o contraproducente. De tal manera, mostraría su desacuerdo con la solicitud original que se le hizo, pero sin comunicarlo abiertamente.

2. Sentimiento de incomprensión y falta de aprecio - Las personas que muestran con frecuencia un comportamiento pasivo-agresivo suelen hacer afirmaciones constantes sobre que se sienten incomprendidas por los demás, o utilizan todo tipo de chantajes emocionales para obtener el beneficio que buscan. Entre ellos, es habitual que se acuse a los demás de falta de cariño, o que se tracen comparaciones gravosas en las que otros están implicados, como "tratas bien a todos excepto a mí" o "¿por qué ya no me quieres?". Con tal actitud, tóxica e intencional, pretenden manipular el afecto del interlocutor.

3. Hosquedad - La hosquedad es una característica central de las personas pasivo-agresivas. Se erige como una actitud áspera, descortés e insensible que se despliega al percibirse contrariadas durante sus interacciones con los demás. Lo común es que se dispare ante una crítica, y su objetivo es generar una atmósfera incómoda en la que se provoque un "giro de los acontecimientos" que les beneficie o que invierta la carga de las "acusaciones". Esto es, busca que los demás reconozcan haberse excedido al transmitirles su descontento.

4. Desdén hacia la autoridad - Los sujetos pasivo-agresivos tienen enormes dificultades para reconocer la autoridad en las demás personas, debido a que les resulta muy difícil tolerar la imposición de normas distintas a las eligen para sí mismos y para otros. Este rasgo se agrava durante la adolescencia, una etapa evolutiva en la que concurre a menudo una respuesta de oposición (reactancia) ante las jerarquías y el poder, aunque en este caso se mantiene con idéntica intensidad al llegar a la adultez. De tal manera, no distinguen bien entre el respeto a las reglas mediante las que se rige la vida en común y la pleitesía ante la opresión.

5. Envidia - La envidia es también un rasgo frecuente para el supuesto que nos ocupa, e interactúa de un modo muy estrecho con otros de los descritos en esta lista. Pese a que pueden felicitar a los demás por sus logros y mostrarse pletóricos al conocerlos, albergan dentro de sí mismos una emoción negativa como resultado de estos (y en concreto de no poder adueñarse de ellos o considerarlos propios). En ocasiones, llegan a minimizar la relevancia de tales méritos ajenos y a subrayar los fracasos previos, o incluso los riesgos de que en el futuro puedan diluirse o resultar infructuosos.

6. Quejas sobre la mala suerte - La tendencia lastimera/pesimista es común en las personas con actitud pasivo-agresiva. Una actitud caracterizada por la auto-condescendencia y la voluntad de que otros se compadezcan de ellas, para lo que no dudan en proclamar toda desgracia que les ha tocado vivir como la raíz de aquello que se les pueda reprochar. Suelen hacer creer a los demás que sus fracasos han sido causados por factores externos, como los hados o la fortuna, e incluso culpan a terceros de haber boicoteado sus esfuerzos por lograr lo que se les resistió. Así, rara vez reconocen sus errores.

7. Oscilación entre la actitud desafiante y el arrepentimiento - Pese a que la actitud que nos ocupa se suele caracterizar por la expresión de una violencia velada, algunas veces quienes la ostentan se relacionan de forma pendenciera y beligerante (como si disfrutaran navegando en un entorno enturbiado por conflictos).

Frecuentemente se esfuerzan por enzarzar a quienes tienen cerca de ellos en guerras estériles, las cuales avivan sin dudar a través de comentarios nocivos y de la filtración de los secretos que les confían. A medida que el tiempo pasa, suelen ser consideradas como personas a las que "no se les puede contar nada". Mienten y cuando se les posiciona en un escenario del que ya no tienen escapatoria, optan por rogar el perdón y por promover sentimientos de lástima.

8. Autosabotaje del trabajo que no le apetece hacer - Algo muy común, íntimamente asociado con el rasgo pasivo-agresivo, es el sabotaje de todas las actividades que responden a una demanda externa. En estos casos, cuando se exige una cosa que en realidad no se quiere hacer, llega a aparecer una actitud de entorpecimiento que desespera al sujeto demandante. Los olvidos, la lentitud, la colaboración deficiente e incluso la procastinación; son respuestas deliberadas que pretenden motivar una forma de agresión sucinta: estorbos en las responsabilidades de tipo laboral/académico, demoras en proyectos compartidos, etc.

9. Protesta de que las demás personas hacen demandas excesivas y tendencia a la sobreargumentación - Con el fin de liberarse de la responsabilidad, a veces llegan a acusar a otros de que exigen demasiadas tareas, hasta el punto mismo de desbordar sus recursos de afrontamiento. Por ello pueden referir que se sienten "estresados" por las actividades que les han encomendado, pese a que no existe evidencia razonable para esta queja. Cuando se ahonda en los motivos que subyacen a tales negativas, aluden a una retahíla de argumentos deshilvanados, tras los que se oculta la realidad.

10. Obstrucción de los esfuerzos ajenos - Además de no participar en los esfuerzos que se articulan para la consecución de una meta común, las personas pasivo-agresivas pueden ejercer violencia dificultando a los demás que logren el éxito en sus propias tareas.

Nota.- He acortado un poco el artículo, pero si a alguien le interesa leerlo completo, puede buscarlo con los datos que pongo en el encabezamiento. Saludos.


lunes, 28 de septiembre de 2020

La búsqueda de sentido según Viktor Frankl

ELENA MANDEL    |    La Mente es Maravillosa   |   22/04/2020

Muchas veces nos centramos tanto en cambiar nuestras circunstancias que nos olvidamos del enorme poder que tenemos para disfrutar del presente pase lo que pase. Uno de los mayores exponentes de esta idea fue el neurólogo y psiquiatra austríaco Viktor Frankl.

A partir del relato de sus experiencias en un campo de concentración, este autor explica en su libro El hombre en busca de sentido la experiencia que le llevó a crear la logoterapia, una psicoterapia desde la que se propone la voluntad de sentido como motivación primaria del ser humano. Viktor Frankl, prisionero durante mucho tiempo, sintió en su propio ser el significado de una existencia desnuda.

Ahora bien, ¿cómo pudo aceptar que la vida era digna de vivirla? Un hombre que todo lo había perdido, que había visto destruido todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, y que tantas veces estuvo a punto del extermino. Y sin embargo, Frankl consiguió encontrar el sentido a su existencia.

 “Quien tiene un para qué vivir, encontrará casi siempre el cómo”. -Nietzche-

Según este psiquiatra, la búsqueda del sentido de la vida es la esencia de la misma. En la realización de este sentido el hombre aspira a encontrarse con otro ser humano en la forma de un tú y amarlo.

Cuando el sentido de la existencia se ve frustrado, el deseo de poder o de placer ocupa el lugar más importante en la motivación de la conducta. De esta forma, la búsqueda de la felicidad se convierte en un fin en si mismo y por lo tanto surge la frustración.

¿Cómo podemos transformar nuestra existencia?

La felicidad se obtiene como consecuencia de tener una meta, y no por la búsqueda directa de la misma. La puerta a la felicidad se abre hacia afuera, y a quien intenta derribarla se le cierra con llave.

El optimismo es una pieza clave de la concepción de Frankl. En su filosofía, la vida aparece como una oportunidad a la que hay que responder; es necesario buscar la mejor opción para conservarla y por lo tanto mantener la promesa de sobrevivir. En este sentido, una vez definido el para qué, el acento pasa a los cómo.

“Crees tú también que el sentido de la vida no es otro que la pasión, que un día colma nuestro corazón, nuestra alma y nuestro cuerpo, y que después arde para siempre, hasta la muerte, pase lo que pase? ¿Y que si hemos vivido esa pasión, quizás no hayamos vivido en vano?”. -Sandor Marai-

El amor es la meta más alta a la que puede aspirar el ser humano. Esta fe fundamental permite recuperar todos los esfuerzos, decisiones o acciones que alguien haya realizado en su vida. Lo fundamental para Frankl es lo que el hombre responde a las preguntas que le hace la vida, y no lo que la persona le pregunta a esta. La felicidad es el resultado de tener un sentido.

En este compromiso, los valores juegan un papel fundamental. Especialmente importantes son los de de actitud, creación y experiencia, siendo especialmente destacable en este ultimo caso la experiencia amorosa.

Los valores hacen posible un viaje interior de donde surge, por un lado, la fe en el futuro, y por el otro, la búsqueda de recursos de amor y sentido en la propia historia personal de vida.

La relación entre fortaleza interior (valores, fe, amor, sentido) y meta futura, es el eslabón que integra al individuo y le permite reconocerse como un ser único e irrepetible.

“La valoración de uno mismo es el punto de partida en la búsqueda del sentido”. -Viktor Frankl-

¿Qué es la actitud interior?

La actitud interior ante las circunstancias es resultado de una elección personal. Es la libertad para convertirse en la clase de persona que se quiere ser. Estar mas allá de las limitaciones materiales o físicas es una posibilidad humana donde el hombre conoce la experiencia del heroísmo.

Para que las personas desarrollasen la mejor actitud interior posible, Frankl habló de una serie de enseñanzas fundamentales. Las nueve más importantes son las siguientes:

Elige tener esperanza. No siempre podemos cambiar las circunstancias, pero siempre podemos elegir nuestra actitud en cualquier situación que se presente. Cuando ya no podemos cambiar una situación, somos desafiados a cambiarnos a nosotros mismos

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      Conoce tu por qué. Pregúntate: ¿Para qué estoy viviendo? Todos los días deberíamos levantarnos y preguntarnos por qué nos levantamos y por qué estamos aquí. “Quiénes tienen un ‘por qué’ pueden tolerar casi cualquier ‘cómo’.


·        Aprende a llorar. Las lágrimas no son una muestra de debilidad, emanan de un alma que no teme quebrarse. “No hay necesidad de avergonzarse de las lágrimas, porque estas atestiguan que un hombre tuvo el mayor de los corajes, el coraje para sufrir”.


·        No te conformes con ser parte del rebaño. El mundo está al revés. En ocasiones, hacer lo que todos hacen es una locura. “Una reacción anormal ante una situación anormal es normal”.


·        Vive con sentido. Le damos sentido a la vida respondiendo a las preguntas que nos hace. La vida le plantea a cada persona un desafío y la persona solo puede responder con su propia acción. Lo que uno espera de su existencia no importa; lo que importa es lo que esta espera de uno.


·        Llena tu día con actos de bondad. La amabilidad tiene un objetivo, los cientos de pequeños actos altruistas que tenemos la oportunidad de hacer cada día ayudan a llenar nuestra vida de significado.


·        Ve más allá de ti mismo. Encontramos el verdadero sentido cuando trascendemos nuestros propios límites y necesidades. Cuanto más una persona se olvida de ella misma, al darse a una causa o a otra persona, más humana es y más crece.


·        Siente el dolor de los demás. Sufrir es doloroso, por más irrelevante que el problema les parezca al resto. Ten empatía con el dolor de los demás, incluso si no es una tragedia en la perspectiva global de la vida.


·        Podemos cambiar incluso cuando la vida es difícil. Podemos crear una vida significativa y llena de sentido, amor y propósito.

 “Tengo mi propia versión del optimismo. Si no puedo cruzar una puerta, cruzaré otra o haré otra puerta. Algo maravilloso vendrá, no importa lo oscuro que está el presente”.-Rabindranath Tagore-


viernes, 25 de septiembre de 2020

Comprobación de la autoestima: ¿demasiado baja o en el nivel adecuado

Escrito por el personal de Mayo Clinic    14/07/2020

“La autoestima se conforma a partir de tus pensamientos, relaciones y experiencias. Comprende en qué consiste el nivel de autoestima y los beneficios de tener una opinión saludable de uno mismo”.

La autoestima es tu opinión general sobre ti mismo —cómo te sientes acerca de tus habilidades y limitaciones. Cuando tienes una autoestima saludable, te sientes bien contigo mismo y te ves como una persona que merece el respeto de los demás. Cuando tienes la autoestima baja, asumes que tus opiniones e ideas tienen poco valor. Podría preocuparte constantemente no ser lo suficientemente bueno.

A continuación, te explicamos cómo saber si tu autoestima necesita mejorar y por qué es importante desarrollar un sentido saludable de tu propio valor.

Factores que forman e influencian la autoestima

La autoestima comienza a formarse en la niñez temprana. Los factores que pueden influenciar la autoestima son los siguientes:

·        Tus pensamientos y percepciones

·        La forma en la que otras personas reaccionan ante ti

·        Experiencias en el hogar, la escuela y la comunidad

·        Enfermedades, discapacidad o lesiones

·        Edad

·        Función y estatus en la sociedad

·        Mensajes de los medios

Las relaciones con tus seres queridos (padres, hermanos, maestros y otras personas importantes) son importantes para tu autoestima. Muchas creencias que tienes sobre ti hoy son un reflejo de los mensajes que recibiste de estas personas a lo largo del tiempo.

Si tus relaciones son sólidas y recibes comentarios mayormente positivos, es más probable que te veas a ti mismo como una persona valiosa y tengas una autoestima más saludable. Si recibes comentarios mayormente negativos y sueles ser objeto de críticas, bromas o comentarios desvalorizantes, es más probable que tengas una baja autoestima.

Sin embargo, las experiencias y relaciones pasadas no tienen por qué ser tu destino. Es posible que tus pensamientos tengan el impacto más grande en tu autoestima, y estos pensamientos están bajo tu control. Si tiendes a enfocarte en tus debilidades y fallas, esforzarte por cambiar esto puede ayudarte a desarrollar una mirada más equilibrada y precisa de ti mismo.

Nivel de autoestima

La autoestima tiende a variar a lo largo del tiempo, según las circunstancias. Es normal pasar por momentos en los que te sientes mal contigo mismo y otros en los que te sientes bien. Sin embargo, generalmente, la autoestima se mantiene en un nivel que refleja cómo te sientes contigo mismo en general, y aumenta un poco con la edad.

Considera cómo reconocer los extremos de tu autoestima:

·        Baja autoestima. Cuando tienes autoestima baja o negativa, crees que tus opiniones e ideas tienen poco valor. Te enfocas en las debilidades y los errores que percibes, y le das poco crédito a tus habilidades y cosas positivas. Crees que otras personas son más capaces o exitosas.

Podrías tener dificultades para aceptar comentarios positivos. Podrías temer al fracaso, lo que puede impedirte tener éxito en el trabajo o en la escuela.

·        Autoestima saludable. Tener autoestima saludable significa que tienes una mirada equilibrada y precisa de ti mismo. Por ejemplo, tienes una buena opinión de tus habilidades, pero reconoces tus defectos.

Cuando la autoestima es saludable y se basa en la realidad, es difícil tener demasiado de ella. Fanfarronear o sentirse superior a otros no es un signo de demasiada autoestima. Es, más bien, evidencia de inseguridad y baja autoestima.

Beneficios de una autoestima saludable

Cuando te valoras a ti mismo y tienes una buena autoestima, te sientes seguro y valioso. Tienes relaciones generalmente positivas con otras personas y confías en tus capacidades. También estás más abierto a aprender y a recibir comentarios, lo que puede ayudarte a adquirir y dominar nuevas habilidades.

Con una autoestima saludable:

·        Eres una persona asertiva al momento de expresar tus necesidades y opiniones

·        Confías en tu capacidad para tomar decisiones

·        Eres capaz de establecer relaciones seguras y honestas, y tienes menos probabilidades de permanecer en relaciones poco saludables

·        Eres realista en tus expectativas y tienes menos probabilidades de ser extremadamente crítico contigo mismo y con los demás

·        Eres más resiliente y tienes más capacidad para tolerar el estrés y los contratiempos

La autoestima afecta prácticamente todos los aspectos de tu vida. Mantener una visión saludable y realista de ti mismo no significa hacer alarde de tus virtudes. Significa aprender a aceptarte y a respetarte, incluso con tus errores.