martes, 2 de febrero de 2021

Cómo evitar la insatisfacción de tu hijo perfeccionista

ROCÍO NAVARRO MACÍAS (para la Vanguardia) Clarín.com   |   30/09/2020 

Un nivel de autoexigencia muy alto y no permitirse fallar supone un problema para el desarrollo y el bienestar de los chicos. Cómo identificarlo y qué hacer. 

Borrar y volver a escribir decenas de veces una letra, o repetir un selfie durante horas son ejemplos de cómo el perfeccionismo interfiere en el desempeño de muchos niños. Este rasgo de la personalidad, lejos de ser un incentivo para mejorar, se relaciona con el sufrimiento y la frustración, ya que el pequeño perfeccionista nunca queda satisfecho con su ejecución.

Sacar un ocho y recibir la noticia desde el enojo es otro típico caso de que algo falla. Aunque en el entorno académico se pueden reconocer más fácilmente estos perfiles, el perfeccionismo se manifiesta en todos los terrenos de la realidad. Los padres que afrontan estas situaciones pueden encontrarse con hijos que pasan noches en vela terminando proyectos, o con enojos recurrentes al intentar alcanzar un imposible.

Cómo darte cuenta si tu hijo es un perfeccionista

Hacer las cosas lo mejor posible es la filosofía que deben seguir padres e hijos para reconducir el perfeccionismo hacia una versión más saludable y realista del esfuerzo. 

Los errores nos ayudan a aprender, aunque los perfeccionistas no los perciben de esta forma. Más bien lo entienden como una autoconfirmación de que no son lo suficientemente buenos en algo. Es entonces donde comienzan a complicarse la existencia. “Estos niños la pasan mal porque consideran que no han hecho las cosas suficientemente bien. Objetivamente hay un buen resultado, pero se frustran. No existe una correlación entre el rendimiento y sus sentimientos”, explica la psicóloga Silvia Álava. 

Esta cualidad afecta, entre otras variables, a la seguridad, la autoestima y provoca sensaciones desagradables en quienes la padecen. Sin embargo, la especialista en psicología educativa advierte que no hay que confundir este tipo de reacciones con las derivadas de una baja tolerancia al esfuerzo.

“Lo que ocurre en el último escenario –el de la baja tolerancia al esfuerzo– es que los niños se enfrentan a una tarea difícil y, como no sale con la facilidad que esperan, se frustran, gritan, chillan… El perfeccionismo es diferente, ya que no consideran que hayan hecho las cosas suficientemente bien”, continúa la experta.

De alguna manera, el perfeccionismo incapacita, al requerir más recursos de los necesarios para realizar una acción. “Por ejemplo, los niños perfeccionistas ponen mucha atención al pintar, borrando muchas veces. Necesitan más tiempo para realizar cualquier tarea, algo que a otro niño sin tal nivel de exigencia le costaría la mitad”, indica Abel Domínguez, psicólogo infantil.

En los más pequeños puede identificarse a través de determinados rasgos de rigidez: “Las cosas tienen que hacerse como ellos quieren y se frustran mucho si se hacen de otra forma”, suma Domínguez. Es algo que va en contra de la flexibilidad y la espontaneidad.

¿Por qué mi hijo es perfeccionista?

Tanto la genética como los factores ambientales influyen en la gestación de un perfeccionista. “Es un concepto muy aprendido. A través de fórmulas como ‘no está suficientemente bien’ o ‘sí, muy bien, pero…’ se fomenta este rasgo”, advierte Álava. Por eso, es muy importante analizar el modelo de comportamiento que los padres transmiten. “Los niños aprenden copiando a sus adultos de referencia, que suelen ser su padre y su madre, por eso hay que tener mucho cuidado con lo que proyectan”, añade.

Como recomienda la psicóloga: “Es fundamental pararse y observar el propio comportamiento. Por ejemplo, si un adulto entra en la habitación de los chicos y dice: “Esto está hecho un desastre”, pero solo hay un juguete en el suelo, se puede generar ese sentimiento de forma desintencionada”, comenta la psicóloga.

Domínguez también relaciona este rasgo con modelos de aprendizaje muy rígidos. Se trata de los casos en los que se enseña una sola forma válida de hacer las cosas. “Esto va a hacer que se sientan inseguros”, añade el profesional. Para evitar esta falta de flexibilidad, Domínguez recomienda preguntar a los niños cómo quieren o prefieren hacer las cosas, ya que existen muchas propuestas válidas. 

¿Cuándo la perfección es un problema?

Los profesionales coinciden en que el perfeccionismo es un problema serio cuando aparece un desgaste emocional y social en los niños. “Sobre todo, en el colegio, en el tiempo que dedican a las tareas, en su interacción social…”, subraya Domínguez.

Este tipo de niños tienen un nivel de autoexigencia muy alto y no se dan permiso para fallar en el proceso de aprendizaje. Esto les impide disfrutar de las experiencias. Un aspecto que puede afectarles para fluir en el juego creativo o aplicar la creatividad al dibujo. 

A nivel social también puede interferir. “En muchos casos, intentan imponer su forma de pensar, ya que suelen tener un ideal sobre cómo se deben hacer las cosas”, comparte Domínguez. 

Llevado al extremo, el perfeccionismo puede derivar en problemas serios. “Si no ofrecemos recursos para que lo sobrelleven, superen y manejen puede desembocar en trastornos de la conducta alimentaria o del espectro obsesivo”, advierte el psicólogo. 

Qué hacer ante el perfeccionismo de los chicos

Evitar fomentar el perfeccionismo no está relacionado con educar en la mediocridad. “Siempre debemos inculcar que las cosas se hagan lo mejor posible, educar en crecer y superarse, ya que si no, los niños no podrán desarrollar su potencial”, explica Álava. No obstante, si los niños no son conscientes de sus propios méritos es el momento de actuar. 

Estas son algunas técnicas para redirigir el perfeccionismo:


·        Poner el foco en el esfuerzo. No se trata de replicar un modelo o de aspirar a metas que trasciendan de las posibilidades personales reales. Se trata de premiar el valor del esfuerzo. “En este marco, también hay que tener en cuenta las circunstancias. Por ejemplo, si al niño le duele una muela, tiene fiebre o ha ocurrido algo en la familia, es importante considerar y reconocer el trabajo realizado”, recomienda Álava. La psicóloga insiste en que los padres manifiesten que valoran ese esfuerzo.

 

·        Centrarse en la emoción, más que en el resultado. El proceso importa y las sensaciones que aparecen durante el mismo. “Los niños deben confiar en cómo se sintieron al hacer algo. ‘¿Cómo te sentiste haciendo la tarta? ¿La hiciste lo mejor posible?’ Es algo a lo que hay que darle valor”, confirma la psicóloga.

 

·        Favorecer la proactividad. Preguntar directamente a los chicos cómo quieren hacer las cosas es una manera de fomentarla. También se pueden sugerir alternativas a un modelo dado.

 

·        Plantear determinadas tareas de creatividad. Es una forma de favorecer la flexibilidad mental. “Que sean ellos los que encuentren una de las posibles soluciones anticipando que siempre van a existir muchas”, recomienda Domínguez.

 

·        Evitar los términos absolutos. “Si hablamos de forma probabilística, desterrando conceptos del tipo “todo o nada”, “siempre o nunca”, también se favorece la flexibilidad que estos niños necesitan”, incide el psicólogo.


lunes, 1 de febrero de 2021

Cortisol: la hormona que nos genera estrés

JUAN ARMANDO CORBIN   |    Psicología y Mente

Esta hormona del grupo de los glucocorticoides está muy relacionada con los problemas de estrés. 

Mucho se habla en los últimos tiempos del estrés, un fenómeno conocido como "la epidemia del siglo XXI". El ritmo de vida que llevamos, la situación socioeconómica y las condiciones laborales a las que nos vemos sometidos contribuyen notablemente a la aparición de esta condición.

El cortisol es una de las hormonas asociadas al estrés junto con la adrenalina, y su función principal preparar al organismo para los momentos de mayor activación en los que es necesario estar alerta. El estrés es una respuesta adaptativa que prepara a nuestro cuerpo para llevar a cabo una respuesta de lucha o huida ante un estímulo peligroso o amenazante. Sin embargo, cuando este fenómeno se produce a diario y se cronifica, aparece el estrés patológico que causa serios problemas para la salud física y mental.

Qué es el cortisol

El cortisol, también conocido como hidrocortisona, es un glucocorticoide. Se produce encima de los riñones, en una zona conocida como corteza suprarrenal, en respuesta al estrés (físico o emocional), y su síntesis y liberación está controlada por la hormona adrenocorticotrópica (ACTH) y su ritmo circadiano.

Por la mañana, la cantidad de cortisol se eleva hasta alcanzar su pico alrededor de las 8:00 am (teniendo en cuenta un horario de sueño normalizado), por la necesidad de generar fuentes de energía después de una larga noche. Por la tarde también aumenta para mantenernos activos, pero después desciende de manera progresiva.

Hormonas del estrés: cortisol y adrenalina

El cortisol y la adrenalina son dos hormonas relacionadas con el estrés pero que tienen funciones distintas. Entender la función de cada uno de estos químicos puede ayudarnos a comprender qué ocurre en nuestro cuerpo cuando nos enfrentamos a un estímulo estresante. La reacción al estrés es un comportamiento instintivo que ha permitido la supervivencia y el desarrollo de los seres humanos, puesto que nuestro cuerpo está programado para actuar ante situaciones de emergencia o peligro.

Sin embargo, esto que nos ha funcionado tan bien a lo largo de la historia, crea serios problemas en la actualidad por la manera que tenemos de vivir los humanos. Asimismo, este fenómeno no solamente se produce ante estímulo físico, sino que nuestros pensamientos también pueden causar estrés (por ejemplo, cuando una persona sufre una situación de estrés postraumático y revive constantemente una situación estresante del pasado), lo que nos puede llevar a una situación de desgaste físico y mental excesivo.

Cómo actúa la adrenalina

Ante un estímulo estresante, la adrenalina nos proporciona un impulso rápido, para que nuestra energía aumente y así podamos escapar del peligro. La respiración, el pulso y la frecuencia cardiaca se aceleran para que los músculos respondan más rápidamente. Las pupilas se dilatan, la sangre circula a mayor velocidad y ésta se aleja del aparato digestivo para evitar vómitos. En general, todo el cuerpo se prepara para reaccionar rápidamente ante ciertos estímulos, de modo que no se actúe siguiendo unos ritmos demasiado lentos.

Estas funciones fisiológicas de la adrenalina se complementan con otras funciones psicológicas como las de mantenernos en alerta y la ser más sensibles ante cualquier estímulo. La adrenalina, además de ser una hormona, también es un neurotransmisor que actúa en el cerebro. De este modo, se establece un diálogo intenso entre el sistema nervioso y el resto del organismo, lo cual es muy útil cuando hay que desencadenar procesos que afecten a muchas zonas del cuerpo en poco tiempo.

¿Qué función tiene en situaciones de alarma?

En situaciones de estrés, el nivel de cortisol también aumenta. Sus funciones principales son incrementar la cantidad de azúcar en la sangre, y también suprimir el sistema inmunológico para ahorrar energía y ayudar al metabolismo de grasas, proteínas y carbohidratos. Esto puede ser muy apropiado para una momento puntual, pero no cuando la situación estresante forma parte de nuestro día a día.

La liberación de azúcar en sangre tiene la función de mantener un nivel de energía apropiado para responder eficazmente ante la situación del estrés y nos permite estar alerta. En realidad, es la adrenalina del cerebro la que manda la señal para que se libere la glucosa al torrente sanguíneo (lo que se conoce como azúcar en sangre), pero el cortisol contribuye en su síntesis. También contribuye a la hora de utilizar las grasas y las proteínas como sustratos energéticos.

Como hemos visto, otra respuesta del cortisol ante una situación estresante es que inhibe el sistema inmunológico, porque toda la energía es necesaria para controlar el estrés. Además, esta hormona también provoca un aumento de histamina, lo que explica porque la gente tiende a ponerse más enferma o a sufrir herpes o alergias cuando padecen este fenómeno.

Relación con el estrés

El exceso de cortisol que deriva por permanecer en situaciones estresantes de manera prolongada causa ciertos desajustes debido al desgaste de energía que estamos experimentando. Algunos de los síntomas que podemos sufrir son los siguientes:

·        Sensación de fatiga, cansancio y agotamiento.

·        Problemas de memoria, concentración y aprendizaje.

·        Predominio de la irritabilidad, la ira y agresividad.

·        Dolor físico (por ejemplo, de cabeza o estómago)

·        Debilitación del sistema inmunológico y, por tanto, enfermedades, alergias, etc.

Cuando el estrés se manifiesta durante mucho tiempo, entonces es posible experimentar cuadros complejos de ansiedad, sentimientos de fracaso, insomnio o depresión.

Otras consecuencias del exceso de esta hormona

Aunque el cortisol tenga mala fama porque se asocia a algo tan negativo como el estrés crónico o el burnout, en el organismo humano realiza gran cantidad de funciones vitales. Entre otras cosas, permite que nuestros ritmos se adapten al ritmo que nos exigen ciertas situaciones, como por ejemplo los momentos en los que nuestra integridad física puede correr peligro o cuando se acerca una prueba que debemos superar. Aunque la sensación no siempre sea agradable, eso no significa que no sea necesaria o práctica.

Sin embargo, a largo plazo provoca una serie efectos no deseados. Por ejemplo, la producción de cortisol, ya sea por déficit o exceso, puede interferir con la producción de hormonas tiroideas y la conversión de éstas de T4 a T3.

El cortisol interrumpe el sistema reproductivo, causando infertilidad o incluso aborto involuntario cuando los niveles de cortisol son demasiado altos o crónicamente elevados. Además, el aumento cronificado de cortisol puede causar hambre intensa y antojos de comida debido al trastorno metabólico que se produce, y también influye en los bloqueos mentales y problemas de memoria relacionados con la sensación de "quedarse en blanco".

Conclusión

El cortisol es una hormona relacionada con el estrés que de por sí no es negativa. Ahora bien, cuando el estrés se cronifica y se vuelve patológico puede crear una serie de problemas o consecuencias negativas para la persona. Entre estas consecuencias destacan:

·        Disminución de las defensas

·        Problemas estomacales, diarrea o estreñimiento

·        Problemas de apetito

·        Cambios de humor

·        Dificultades para concentrarse y problemas de memoria

·        Fatiga y cansancio

·        Dolores de cabeza

·        Hipertensión

·        Infertilidad e interrupción de la menstruación


viernes, 29 de enero de 2021

Salvad al empresario: cómo prevenir el suicidio


María José García Crespo     |   Aleteia     |     25/01/2021

Durante el año del COVID y los confinamientos, la crisis económica ha generado estragos. El suicidio de empresarios en diferentes países europeos ha dado la voz de alarma. Roma contó 25 suicidios y 21 intentos entre marzo y mayo de 2020. Ante la ola de suicidios, en Francia han creado un programa de ayuda psicológica a empresarios y comerciantes. En España no hay cifras oficiales, pero sabemos que los ha habido, porque algunos suicidios de empresarios han salido en los medios de comunicación.

La desesperación ha llegado a empresarios que han perdido su empresa, se ven incapaces de pagar sus deudas, no pueden mantener a sus empleados y no ven un futuro cierto.

Suelen ser personas que transmiten sus dificultades, pero no comunican su desesperación a su entorno más cercano. Aunque no lo sean, suelen tener sentimiento de culpabilidad por su impotencia ante la situación.

La crisis del empresario

Estos empresarios abrumados piensan en ocasiones que, como líder, no “puedes transmitir debilidad”. Se es un empresario de éxito o un fracasado, y se espera que siga luchando pase lo que pase.

En efecto, durante los últimos años se ha vendido la idea de que “si quieres, puedes” de lo que se podría deducir que un empresario fracasa porque no “ha querido luchar lo suficiente”.

Los familiares afirman que “no se ve venir”, “no tenía problemas psicológicos”, “podía haber pedido ayuda a muchísima gente, pero se lo comió él solo”.
El suicida no es que no quiera vivir, lo que no quiere es sufrir.

La incertidumbre ha venido para quedarse y queremos buscar una seguridad que no encontramos. Tenemos que recuperar la calma. Se trata de buscar un equilibrio entre lo que podemos controlar y lo que no.

Vivimos en una sociedad que pensaba que lo podía controlar todo. Sobre esta falacia hemos vivido y esta crisis sanitaria y económica nos ha enseñado que no podemos tener el control sobre todas las cosas.

Manejar la incertidumbre resulta incómodo. Estamos más tranquilos cuando sabemos qué pasará. La incertidumbre hace que busquemos una seguridad que no encontramos.

Confiar

La ventaja del cristiano es que sabe que su Señor conoce hasta el número de cabellos de su cabeza; Si viste a los lirios del campo, Él no nos abandona; Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?; Las ovejas reconocen su voz; y a sus ovejas las llama una por una»,

Con todos estos argumentos ¿Por qué desesperar?

Cuando estas palabras están grabadas a fuego en el corazón es difícil caer en la desesperanza.

Prevenir

No obstante, cualquiera puede caer en la depresión. Por ello, resulta de interés conocer algunas medidas de prevención.

Puntos clave para superar situaciones críticas:

  1. Apoyarse en las personas más cercanas como familiares, director espiritual, amigos… para evitar encerrarnos en nosotros mismos, ya que la inmovilidad y el aislamiento sólo dañan el estado de ánimo.
  2. No tomar decisiones drásticas. Darse un tiempo para asimilar la situación.
  3. El objetivo es generar la sensación de percepción de control sobre la situación para aumentar la confianza y ser conscientes de las alternativas reales. Conseguiremos sensación de paz.
  4. Preguntarse por qué ha sucedido, no dejar de lamentarse por ello, buscar a los culpables o preguntarse cuándo va a finalizar… Los pensamientos de ira y frustración sólo sirven para mantener la sensación de malestar. Es urgente descartar los pensamientos tristes y negativos.
  5. Poner en marcha soluciones realistas y focalizarse en ellas. Ver más allá del problema del momento.
  6. Activar la imaginación para elaborar un plan de alternativas con ayuda de profesionales cualificados en materia empresarial. Acompañar con el asesoramiento médico y espiritual.
  7. Percibir el problema como algo que acabará tarde o temprano. Aparecerá la satisfacción. Se tolerarán mejor las contrariedades si se actúa según el plan organizado de acuerdo a las prioridades de cada persona o familia.

La pérdida económica puede acercarnos a los demás, generar sentimiento de grupo y hacer más llevadero el problema.

jueves, 28 de enero de 2021

Cómo ganar autoridad ante tus hijos y poner límites sin ser autoritario


ROCÍO NAVARRO MACÍAS     |     La Vanguardia     |     24/01/2021


Establecer límites es una de las parcelas más importantes en el proceso de crianza. Estas pautas son fundamentales para que los pequeños se integren socialmente y suponen un factor esencial en el ámbito de su cuidado. “Una educación carente de límites puede tener consecuencias negativas en su propio desarrollo personal y psicosocial. Basta con imaginarse a un niño que no sepa respetar la propiedad ajena o tolerar un no como respuesta”, explica Abel Domínguez, psicólogo infantil y director de Domínguez Psicólogos. No obstante, sentar las normas de forma efectiva no suele ser tarea fácil.

La importancia de estas restricciones reside en que los menores aprendan las normas del juego para vivir en sociedad y mantengan su seguridad. “Las normas y los límites no anulan, simplemente ayudan a adquirir autocontrol, algo necesario en la vida. Les estamos diciendo a los menores qué se puede hacer y qué no”, comenta Silvia Álava, psicóloga educativa.

Una falta de claridad ante el objetivo de las mismas, la falta de firmeza o una mala asociación de los límites con el castigo suelen ser los motivos de que se establezcan de forma poco satisfactoria o saludable. Sin embargo, basta con identificar estos aspectos y aprender las pautas para que el establecimiento de los límites sea efectivo y provechoso. Estas son algunas de las herramientas para asentarlos con éxito.

Marcar los propios límites

En muchas ocasiones, el establecimiento de los límites falla porque los adultos no saben aplicarlos en su propia vida. “Los padres también tenemos problemas en este aspecto, por ejemplo, en el trabajo. De alguna forma, dar una negativa como respuesta genera rechazo en los demás, o eso es lo que pensamos”, comparte el psicólogo. 

Vencer la necesidad de agradar y la frustración que pueda generar en los otros una negativa son aspectos que ayudan a mantener el bienestar psicológico y emocional, así como un paso esencial para proponer reglas en el entorno familiar.

Autoridad sin autoritarismo

Sin embargo, marcar normas o reglas en la vida de los pequeños, no se relaciona con un paradigma autoritario. “Es importante que los padres dispongan de herramientas más allá de ‘porque yo lo mando’. En el momento en el que caemos en el autoritarismo a la hora de poner límites, perdemos autoridad, ya que ésta realmente es algo que otorgan los demás”, indica Domínguez. 

La actitud debe ser firme, coherente con la forma de actuar del adulto, y comunicarlo siempre en positivo. “Para que el niño aprenda nunca es necesario ni hacerle sentir mal ni insultar. Por ejemplo, si nos ha faltado al respeto podemos comentarle: ‘Espérate un ratito a que se me pase, porque me has hecho sentir mal’. Pero en ningún momento hay que castigarlo”, explica la especialista.

Mejorar la educación emocional

Otro de los aspectos que pueden interponerse a la hora de ganarnos la autoridad de los niños y poner límites es una deficiente educación emocional. “Los padres y adultos debemos avanzar en la gestión de emociones incómodas, ya que la alegría y el disfrute los gestionamos estupendamente. Pero cuando se trata de gestionar límites ajenos que desencadenan frustración, tristeza, … es más complicado”, advierte Domínguez. 

Los adultos son modelos para los pequeños y aprenden a través del ejemplo. Por ello, cómo empaticemos con su frustración o cómo nos vean gestionar nuestra propia frustración va a determinar la forma en que acojan los límites propuestos. Es importante no reaccionar con gritos ni enfados ante el rechazo del menor a la norma. La paciencia, el cariño y la asertividad son las capacidades a desarrollar ante estas circunstancias.

Evitar la culpa

La conciliación es todavía una cuestión a desarrollar en la sociedad actual. Multitud de padres y madres se ven cada día inmersos en jornadas de trabajo poco compatibles con la vida familiar. “Cuando los progenitores llegan del trabajo tarde, después de una jornada larga y disponen de muy poco tiempo para ver a sus hijos, no suelen afrontar la, en ocasiones, frustrante labor de poner límites”, reflexiona el psicólogo.

Asimismo, esa carencia de tiempo para compartir, puede desencadenar en culpa y derivar en comportamientos condescendientes con los más pequeños. En estos casos, la tarea de los límites suele recaer sobre los cuidadores, abuelos, o escuelas, pero esto no debe sustituir el papel regulador de los adultos. En estos casos, cuando tanto padres como hijos se encuentran cansados, aplicar el humor puede ayudar a que los pequeños se ciñan a lo establecido.

Hacerles partícipes

Para que los niños entiendan el papel y la utilidad de las normas es importante hacerles partícipes de ellas. “Cada norma debe ir ligada a un para qué. Si no, perderían su sentido y se haría difícil cumplirlas. Explicarles su utilidad es una gran forma de que entiendan que no se puede hacer siempre lo que nos apetece.”, describe Domínguez. 

Ellos pueden colaborar en el establecimiento de algunas reglas aplicables a toda la familia. El contexto de la pandemia es un recurso útil para que comprendan cómo puede ser difícil acatar ciertos límites, pero son esenciales para que la sociedad funcione e incluso ayudan a salvar vidas.

Crear tablas de rutinas

Evitar las luchas diarias relacionadas con el juego antes de ir a la cama o con el aseo beneficia a la salud mental de toda la familia. Una técnica que ayuda a poner orden en torno a estos temas son las tablas de rutinas. 

 “Podemos colocar las actividades que se lleven a cabo en el día a día de tal forma que no haga falta negociar todas las tardes o mañanas los quehaceres de cada uno. De esa forma estamos también dulcificando el límite a través del hábito”, propone el especialista en psicología infantil.

Fomentar la empatía

Cuando los niños superan los seis o siete años son capaces de sentir empatía. Se puede fomentar esta capacidad y, de paso, contribuir en el establecimiento de normas, invitándoles a ponerse en el lugar de los adultos. 

“Podemos preguntarles qué harían en nuestro lugar ante una determinada situación; es una oportunidad de que se pongan en el lugar del otro y desarrollen la capacidad de poner límites a los demás. Por ejemplo, haciendo que sus compañeros respeten el material escolar que llevan al colegio o sus alimentos”, explica Domínguez.

Evitar la frustración con alternativas

La frustración de los niños ante los límites es uno de los aspectos más difíciles de tolerar. Rabietas, llantos o enfados suelen ser las consecuencias más comunes en los pequeños que aún no han desarrollado la capacidad para gestionarla. 

“En el momento que ven más allá del no, es más fácil que superen la desilusión que genera lo que no pueden hacer en un determinado momento. Ayudar a los menores a ver alternativas es la piedra angular del manejo de límites en la psicología positiva”, comparte el psicólogo.

Explicar las consecuencias

Además de explicar el motivo por el cual se fija un límite, los niños han de entender que pasarlo por alto tiene consecuencias. “Deben estar previamente dialogadas y pactadas”, sugiere el psicólogo, que lo encuentra especialmente útil con los adolescentes. Por su parte, Álava insiste en la necesidad de argumentarlas con ellos. “Ordenar como adultos no funciona, hay que hablar siempre desde el razonamiento”, concluye.

martes, 26 de enero de 2021

Siento que la gente me rechaza: ¿por qué?

ELENA SANZ      |     La Mente es Maravillosa     |     21/12/2020

Todos deseamos ser aceptados en cierta medida. Pero cuando nos sentimos rechazados con frecuencia es probable que exista una herida por sanar.

Es imposible caerle bien a todo el mundo. La mayor parte de las personas son conscientes de que hay individuos que les aprecian y otros, por el contrario, con los que no hay afinidad. Y esto no les supone un mayor problema, pues comprenden que es algo natural. Sin embargo, cuando siento que la gente me rechaza, puedo experimentar un enorme sufrimiento. Por ello, es importante comprender el origen de este sentimiento para poder sanarlo.

 

Y es que, en realidad, cuando percibo un rechazo generalizado por parte de mi entorno, lo más probable es que la dificultad esté en mí. No en mi esencia, sino en mi actitud. No se trata de que haya en mi persona algo inherentemente malo o desagradable. Se trata más bien del modo en que interpreto lo que acontece y cómo reacciono a ello. Exploremos el tema en profundidad.

 

¿Por qué siento que la gente me rechaza?

Herida de rechazo

Lise Bourbeau definió cinco heridas emocionales que se generan durante la infancia y que afectan al modo en que nos percibimos a nosotros mismos y al mundo. Una de ellas, la más profunda, es la herida de rechazo. Esta se origina cuando los padres desprecian al niño, rehúsan estar en su compañía o se muestran críticos y resistentes hacia una parte de su personalidad. O, al menos, cuando el niño así lo percibe.

 

Quien, durante su infancia, experimentó el rechazo, sufrirá las consecuencias incluso en la edad adulta. Por lo mismo, será especialmente susceptible a cualquier situación que le recuerde aquella que causó su herida. Su umbral para sentirse rechazado es más bajo de lo normal y tiende a enfocarse excesivamente en cualquier reacción crítica por parte de los otros.

 

Quien cree que no es válido, que los demás le desprecian o no le aceptan suele poner en marcha conductas que den forma a sus temores. Pues, muchas veces, no se trata tanto de las situaciones que vivimos sino del significado que nosotros les damos.

 

Actitud inadecuada

Por otro lado, es posible que experimentes realmente el rechazo en tu vida cotidiana. Todas las vivencias internas se basan, en parte, en una realidad objetiva. Sin embargo, has de tener presente que los otros no rechazan tu persona, sino tus actitudes. 

 

Por ejemplo, puede que seas excesivamente exigente o que mantengas expectativas poco ajustadas respecto a ellos. Las personas no pueden complacernos siempre, no actuarán en todo momento como nosotros deseamos. Si nos mostramos dominantes, controladores o manipuladores, los demás no disfrutarán de nuestra compañía.

 

Del mismo modo, es posible que necesites trabajar tus habilidades sociales y comunicativas. En el caso de quienes padecen fobia social, el propio miedo al rechazo les lleva a comportarse de un modo que termina haciendo realidad sus peores temores. Por su ansiedad, se muestran retraídos, incómodos y poco naturales al interactuar con otros; y, por ende, las respuestas que reciben de los demás no siempre son las más satisfactorias.

 

Eres tú quien se rechaza

La ley del espejo es una estrategia sumamente útil para comprender y resolver lo que nos ocurre en numerosas situaciones. En este caso, si siento que la gente me rechaza, es probable que la primera persona en hacerlo sea yo mismo. Si yo no me siento valioso, me mostraré inseguro y necesitado de la aceptación externa, cualquier signo de desprecio me afectará profundamente.

 

Por el contrario, cuando me apruebo incondicionalmente, no siento la necesidad de complacer a los demás. Acepto que no puedo agradar a todo el mundo y me enfoco en desarrollar vínculos con aquellos con quienes siento afinidad. Esta seguridad interior se refleja y me hace parecer más atractivo y carismático a ojos de los demás. Por lo que, a su vez, recibiré reacciones más positivas del exterior.


Si siento que la gente me rechaza, empiezo por aceptarme

En definitiva, si te ves reflejado en lo anterior, si te sientes rechazado con frecuencia, debes comprender que la clave está en ti. Comienza por sanar tu herida emocional para que deje de repetirse, para que dejes de encontrarla reflejada en tu presente.

 

Empieza por aceptarte incondicionalmente, encuentra en ti la aprobación que buscas y necesitas de los demás. A medida que realices este trabajo, tu actitud se modificará de forma significativa, y también lo harán tus relaciones. Cuando tú cambias, todo cambia. 

Cómo curar la herida del rechazo

Casi todos hemos padecido alguna vez la herida del rechazo, una herida difícil de sanar y que requiere de un gran esfuerzo. ¿Hoy lo conseguirás?