lunes, 21 de noviembre de 2022

Esquizofrenia paranoide crónica: una breve explicación


JAIME ADÁN MANES      |     TopDoctors     |     23/05/2022 

La esquizofrenia paranoide se trata de una enfermedad mental que afecta psíquicamente a distintas áreas de la vida. Generalmente, acostumbra a aparecer de manera más o menos brusca durante la parte final de la adolescencia a principios de la edad adulta.

Así, al hablar de esquizofrenia se pueden dividir en tres grupos en función de los síntomas:

 

  • Síntomas positivos: delirios y alucinaciones…
  • Síntomas negativos: desgana, apatía, falta de interés, falta de iniciativa…
  • Síntomas cognitivos: falta de atención, falta de concentración o falta de memoria. 

Para realizar un diagnóstico de esquizofrenia no hace falta que aparezcan todos estos síntomas. 

¿Cómo se manifiesta la esquizofrenia?

Las manifestaciones clínicas son muy distintas, y varían mucho en función de la fase en la que se encuentre la enfermedad. No obstante, se puede hacer un perfil general, y esta muestra que son personas tranquilas, que pueden tener tendencias a aislarse, y en algunas ocasiones son peculiares o excéntricas. 

En etapas tempranas, el esquizofrénico puede tener conductas más desorganizadas, y en algunas ocasiones hasta agresivas, aunque estas se producen al darse un sentimiento de ataque o sentirse perseguidos. En aquellas etapas de descompensación, el paciente tiene a desorganizar su pensamiento, y las alucinaciones suelen agravarse. 

En la mayor parte de los casos, la esquizofrenia es estable y se puede controlar 

¿Suele cursar la manifestación de la esquizofrenia con brotes? 

En función de cada paciente la enfermedad es distinta. A pesar de que en la mayor parte de los casos es estable y los síntomas negativos son los predominantes, en algunas ocasiones la esquizofrenia se manifiesta en forma de brotes más agudos en el que suelen destacar las ideas delirantes y las alucinaciones auditivas.

Estos brotes suelen deberse por abandonar la medicación, situaciones de alto estrés o por el consumo de sustancias tóxicas.   

¿A quién afecta la esquizofrenia? 

En principio, no existen diferencias en cuanto a la raza, el sexo o a las nacionalidades, aunque por regla general la esquizofrenia afecta más a hombres jóvenes. 

Si una persona consume tóxicos habitualmente, puede acelerar al desarrollo de la enfermedad. También se puede decir que en personas con antecedentes familiares tienen más riesgo de desarrollarla. 

El diagnóstico no es especialmente complicado, especialmente en los casos en los que la enfermedad se ha desarrollado por completo. Sí es más difícil de diagnosticar en casos precoces.  

¿Qué tratamiento se debe seguir? 

El tratamiento farmacológico de la esquizofrenia es básico, aunque no es la única opción de tratarlo.

Normalmente, la medicación se combina con otros: psicoterapia, terapia ocupacional, rehabilitación psicosocial, rehabilitación laboral… 

En algunos casos, se producen signos de descompensación que pueden pasar por alto, aunque es poco habitual. En estos casos, son los familiares directos los que perciben los cambios de la descompensación.

Debe decirse que, si la esquizofrenia está bien controlada, se puede mantener una vida totalmente plena y satisfactoria.

 

sábado, 19 de noviembre de 2022

Autoaceptación incondicional: qué es y por qué mejora nuestra salud mental

 

MARIO ARRIMADA       |       Psicología y Mente       |       08/08/2022 

La autoaceptación incondicional es un elemento clave para mantener una buena salud mental.

En este artículo encontrarás un resumen sobre en qué consiste la autoaceptación incondicional, viendo además su influencia dentro del ámbito de las psicoterapias pero antes vamos a exponer la importancia que tiene la autoaceptación y su influencia para el mantenimiento de una buena salud mental.

Autoaceptación para mantener una buena salud mental

Como hemos visto, la autoaceptación sería la actitud que una persona tiene hacia sí misma a la hora de aceptar sus propios defectos, aunque también las virtudes que posee, todo ello de forma coherente, sin echarse nada en cara, ni emitir juicios y evitando cualquier tipo de sesgo cognitivo en la manera de lo posible. Al fin y al cabo, el objetivo fundamental de autoceptarse es que uno tome consciencia sobre sí mismo de manera global y a la vez optimista, algo muy importante para mantener una buena salud mental.

Además, la autoaceptación nos permite combatir aquellas creencias limitantes que nos podrían bloquear a la hora de perseguir nuestros objetivos. Y es que cuando hacemos un ejercicio de introspección, mirando hacia nuestro interior, sin juzgarnos, ni llevar a cabo ninguna valoración negativa que nos pudiera lastrar y sin ponernos límites es cuando podríamos enfrentarnos a todos los retos que nos planteemos de una forma más positiva, por lo que estaremos más motivados.

Por otra parte, la autoaceptación está estrechamente relacionada con la autoestima, de manera que cuando una persona tiene unos niveles de autoaceptación óptimos también suele tener una buena autoestima, lo cual es muy beneficioso para mantener una buena salud mental ya que la autoestima sana consiste en mantener una actitud positiva hacia uno mismo, lo que incluiría esa tendencia a pensar, actuar y también sentir de la manera más sana, positiva y satisfactoria posible.

Por el contrario, cuando una persona no posee una autoestima sana, es más probable que termine desarrollando algún problema relacionado con su salud mental o que pudiera llevar a cabo una serie de conductas que sean perjudiciales para ella misma.

Es por ello que desarrollar la autoaceptación incondicional a través de pensamientos y acciones de manera saludable y satisfactoria permitirá mejorar la autoestima, siendo así posible que nos aceptemos a nosotros mismos, especialmente en los momentos difíciles e independientemente de nuestros fracasos y nuestros errores ya que nuestro valor como personas no depende de ello.

¿En qué consiste la autoaceptación incondicional?

El constructo psicológico conocido como autoaceptación incondicional se encuentra muy vinculado a diversos modelos psicoterapia, entre las que cabe destacar el enfoque humanista centrado en la persona de Carl Rogers y la terapia racional emotiva conductual (TREC) de Albert Ellis entre otras.

La autoaceptación incondicional es una actitud cualquiera podría lograr desarrollar hacia sí mismo que consiste en aceptar categóricamente, de manera leal o sin ningún tipo de limitaciones, todas y cada una de sus diversas facetas. En otras palabras, consiste en aceptar sin condiciones tanto sus facetas positivas como también las negativas. Todo ello conlleva aceptarse a uno mismo como un ser humano que puede llegar a errar en diversas ocasiones y como alguien que luchará por sus objetivos y conseguirá cosas que le resultará muy importantes a pesar de las dificultades y de los errores cometidos.

Además, la autoaceptación incondicional conlleva que tengamos asumido que no nos definen nuestros errores o traspiés que hayamos cometido ni tampoco nuestros defectos, de manera que es necesario liberarse de cualquier etiqueta o calificación.

Terapias en las que se busca el desarrollo de la autoaceptación incondicional

En el ámbito de la psicoterapia y de los tratamientos psicológicos podemos encontrar varias terapias que están enfocadas en ayudar a los pacientes en el desarrollo de la autoaceptación incondicional. A continuación, explicaremos brevemente algunas de esas psicoterapias.

1. Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) de Albert Ellis

Un error del pensamiento bastante frecuente que podría influir de manera indirecta en la autoestima de una persona es la sobregeneralización y un ejemplo de ello es cuando alguien hace una valoración o una infravaloración de sí mismo en función de solamente unas pocas cualidades o características personales cuando en realidad no definen a su persona en la todas sus facetas.

Desde la TREC se fomenta el desarrollo de la autoaceptación incondicional, con las propias virtudes y también los defectos. Para ello se promueve la aceptación hacia uno mismo como un ser humano, con sus imperfecciones y sus errores, todo ello inherente a su naturaleza. En ese sentido, cuando alguien se acepta a sí mismo de manera incondicional, piensa de una forma más clara y abierta, evitando la generalización y otros errores cognitivos.

Además, la autoaceptación incondicional se encuentra ligada de forma íntima a una serie de pensamientos flexibles hacia uno mismo, facilitando de esta manera que las propias emociones sean más adaptativas y los comportamientos más adaptativos y constructivos.

Cabe destacar que desde la TREC se pone énfasis en la autoaceptación incondicional a través de una “posición existencial” que promueva una serie de pensamientos positivos hacia uno mismo (por ejemplo, “soy una persona con intenciones, como cualquier otra y trataré de aceptarme incondicionalmente, independientemente de que haya hecho las cosas mejor o peor. Tampoco debería influir en la valoración que tengo de mí mismo el hecho de recibir o no la aprobación de otras personas”).

Otra forma de promover el desarrollo de la autoaceptación incondicional desde la TREC es a través de la “posición o solución elegante” que fomenta la autoaceptación de uno mismo a través del enfoque hacia unos objetivos o propósitos y en el camino para conseguirlos se debe evaluar los pensamientos para después clasificarlos dentro de dos grandes categorías: por un lado, estarían aquellos pensamientos buenos y positivos que nos ayudan en el camino hacia nuestros objetivos; por el otro, estarían aquellos pensamientos negativos o contraproducentes que podrían alejarnos.

Una vez identificados habría que recurrir a los pensamientos buenos, positivos y optimistas con el fin de que sirvan para fomentar la motivación de uno mismo y mejoren el estado de ánimo en el camino hacia el logro de sus objetivos y propósitos.

2. Terapia cognitiva basada en la persona enfocada en el tratamiento de la psicosis

Otra de las terapias que buscan el desarrollo de la autoaceptación incondicional es la terapia cognitiva basada en la persona que suele emplearse para el tratamiento de la psicosis a través de una perspectiva enfocada en la reducción sintomática por medio de la integración y aceptación de las experiencias relacionadas con la psicosis y la recuperación del sentido del Yo.

Esta terapia comparte con la ACT la meta de cambiar la relación que tiene el paciente con aquellas experiencias estresantes por medio de la aceptación y el mindfulness, en lugar de tratar de luchar contra los síntomas. Por ello es muy importante la autoaceptación en este tipo de terapias, ya que se organiza dentro de un contexto terapéutico que está basado en la autoaceptación incondicional del paciente y también en la colaboración.

Por otro lado, la conciencia plena es uno de los ejes centrales de este tratamiento psicológico, entendiéndose ésta como esa integración de los procesos de comprensión y de conciencia. De esta forma, recurriendo a la conciencia plena, se busca la reducción del malestar al cambiar la relación habitual con la experiencia y también al generar una serie de introspecciones que resultan liberadoras en relación con aquellas sensaciones psicóticas, el yo y el origen del bienestar y el malestar.

Por lo tanto, la autoaceptación incondicional en esta terapia supondría aceptar aquellas sensaciones psicóticas que sufre el paciente sin llegar a enfrentarse a ellas ni definirse a sí mismo en términos de ese tipo de experiencias.

3. Terapia centrada en el presente

Por último, cabe mencionar la terapia centrada en el presente con otra de las psicoterapias o tratamientos psicológicos cuyo objetivo, entre otros, es ayudar al paciente en el desarrollo de la autoaceptación incondicional, una terapia que se suele utilizar con el fin de ayudar a que el paciente establezca unas relaciones interpersonales sanas y positivas.

Para ello, existen unos recursos muy importantes que pueden ayudar en el fomento de esas relaciones es la naturalización de los síntomas, la relación terapéutica, el aumento del sentido del dominio, el desarrollo de la autoconfianza y la validación de la experiencia.

En este caso, estamos hablando de una terapia que se centra en el aquí y el ahora, resultando imprescindible que el paciente haga una reflexión profunda acerca de sus estados cognitivos y afectivos, así como también que desarrolle una serie de habilidades de introspección con el fin de poder identificar dichos estados. Después, el paciente deberá tratar de desarrollar una mayor tolerancia a esos estados por medio del contacto con la experiencia, en vez de huir de ella.

Por otro lado, a través de la terapia centrada en el presente busca que el paciente sea capaz de darle un sentido a sus experiencias internas, de manera que disminuyan los sentimientos de alienación y todo ello facilite el desarrollo de la autoaceptación incondicional.


jueves, 17 de noviembre de 2022

¿Cómo evitar caer siempre en la impulsividad?

 

TOMÁS SANTA CECILIA      |     Psicología y Mente      |      10/07/2022
 
Algunas estrategias para no caer una y otra vez en las conductas impulsivas.

La impulsividad es la predisposición a actuar rápidamente y sin pensar antes en las consecuencias negativas de los propios actos. En algunos contextos resulta útil, porque a veces detenerse a pensar en qué decisión tomar es contraproducente; sin embargo, hay quienes sistemáticamente caen siempre en la impulsividad, lo cual es un problema.
 
Las personas impulsivas tienen verdaderos problemas para comportarse de manera adecuada a las exigencias de una situación social determinada, lo que afecta de manera decisiva a su salud mental. Por eso, los profesionales de la psicología han establecido una serie de pautas que se utilizan en psicoterapia pero que, en su versión simplificada, pueden ser aplicadas por personas impulsivas que quieran mejorar sus hábitos desadaptativos.
 
¿Cómo evitar caer en la impulsividad una y otra vez?
 
Estos son algunos consejos generales para no caer una y otra vez en los patrones de conducta impulsivos.
 
1. Identificar el origen
 
Identificar en todo momento el origen o el detonante de nuestra impulsividad es esencial para aprender a controlar nuestra conducta y a comportarnos correctamente en cualquier contexto social en el que nos encontremos.
 
Esta identificación de situaciones, contextos, estímulos o momentos en los que somos más propensos a actuar compulsivamente nos permitirá conocernos mejor a nosotros mismos y nos ayudará a dar solución a nuestra impulsividad en su etapa más inicial.
 
Esta identificación puede hacerse de muchas formas, la más común consiste en apuntar todos los detonantes que nos provocan la impulsividad en un papel, y nos permitirá evitar cualquier situación crítica o bien trabajar para superar dicho problema.
 
2. Aprender mecanismos de relajación
 
Si eres de las personas que tiene problemas de impulsividad, otra de las estrategias que pueden servirte para mejorar tu problemática es el entrenamiento y aprendizaje en diversas técnicas de relajación.
 
Algunos de los mecanismos de relajación más habituales que podemos aprender son el Mindfulness o técnica de la atención plena, el yoga o la relajación muscular progresiva.
 
3. Realizar respiraciones profundas
 
Aprender a realizar respiraciones profundas y conscientes en momentos determinados es una de las mejores formas de relajarnos y tomar el control de la situación en casi cualquier momento.
 
La respiración profunda propia del Mindfulness nos ayuda a reducir las pulsaciones y mantenernos suficientemente calmados para reaccionar de manera adaptativa a cualquier situación.
 
4. Crear pautas de actuación
 
Establecer pautas de comportamiento claras y estructuradas de antemano para llevar a cabo en situaciones estresantes que puedan precipitarnos hacia la impulsividad es una muy buena forma de entrenarnos a nivel conductual para superar a largo plazo la impulsividad.
 
Estas pautas son un conjunto de acciones que debemos memorizar y poner en práctica en caso de atravesar por un episodio de impulsividad; así sabremos en todo momento qué hacer si esto ocurre y con el tiempo interiorizamos cada una de dichas acciones hasta que se conviertan en una respuesta natural.

5. Poner en práctica hábitos de vida saludables

Unos hábitos de vida saludables puestos en práctica diariamente nos ayudarán a tener una vida más relajada y controlada, con la que podremos evitar con mayor seguridad cualquier tipo de impulsividad en el día a día. Esto se debe a que cuanto mejor estemos físicamente, menos vulnerables seremos al estrés y a la ansiedad.
 
Estos hábitos de vida son muy diversos e incluyen dormir un número adecuado de horas para descansar correctamente, levantarnos y acostarnos a la misma hora todos los días, tener una dieta equilibrada y realizar actividad física frecuentemente.
 
6. Evitar situaciones estresantes innecesarias
 
Una vez sepamos qué situaciones nos hacen perder el control y cuáles son los detonantes principales de nuestra impulsividad, debemos evitar diariamente todas aquellas situaciones que nos hagan sentir estrés.
 
Esto puede lograrse también manteniendo un horario de tareas diarias o semanales organizado que nos permita completar con éxito todas nuestras obligaciones sin prisa pero sin pausa, y sin ceder a las metas a muy corto plazo que eclipsarían las metas a medio y largo plazo.
 
7. Tener un diario emocional
 
Como se ha indicado, apuntar diariamente las situaciones o detonantes que nos empujan a ser impulsivos puede ser una buena forma de conocernos a nosotros mismos y de empezar a superar nuestro problema.
 
Esta estrategia es conocida como “diario emocional” y consiste en detallar por escrito los sentimientos negativos y positivos que podemos sentir durante los períodos emocionalmente intensos, para reconocerlos y aprender a comprenderlos y/o superarlos.
 

martes, 15 de noviembre de 2022

Raül Andero, neurocientífico: "Los fármacos para salud mental son poco específicos, como acelerar y frenar a la par"


RAÚL LIMÓN          |       El País     |     25/10/2022

El científico obtiene una beca Leonardo para investigar qué cambios se pueden inducir para disminuir los efectos del estrés traumático

Un accidente, la pérdida de un ser querido o cualquier suceso extraordinario grave deja en el cerebro huellas que pueden ser permanentes. El neurocientífico Raül Andero Galí, nacido hace 42 años en Mollet del Vallès (Barcelona) e integrante de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), analiza las secuelas de la exposición aguda a estímulos estresantes de carácter severo (estrés traumático), que pueden alterar el volumen de algunas áreas cerebrales, las hormonas, incluidas las sexuales (testosterona y estradiol), y el comportamiento de algunos genes o proteínas. Entender las consecuencias a largo plazo de un evento tan desgarrador, que puede incluso desembocar en cambios en los procesos de memoria o aprendizaje, es el primer paso para desarrollar tratamientos. Este es el objetivo del laboratorio del investigador (Andero Lab), que ha recibido una beca Leonardo de la Fundación BBVA, dotadas con hasta 40.000 euros por proyecto. El total de ayudas desde la creación del programa, en 2014, ha sido de 20 millones.

Pregunta. ¿Qué genera estrés traumático?

Respuesta. La exposición a situaciones que pueden poner en peligro nuestras vidas o las de nuestros seres queridos: un accidente de coche, por ejemplo, o una guerra. No sería traumático el estrés generado por ir a trabajar o por un atasco, que son situaciones estresantes, pero no traumáticas. El que estudiamos se genera siempre por circunstancias externas, por el ambiente y nuestra interacción con el mismo, por eventos y actos que pueden tener consecuencias muy graves y poner en riesgo nuestras vidas. Puede ser por algo que hagamos mal nosotros (como el consumo de sustancias estupefacientes y conducir) u otra persona.

P. ¿Qué efectos tiene?

R. Son innumerables, sobre todo, en el ámbito de las hormonas. El organismo libera hormonas por la exposición al estrés traumático (la más conocida es el cortisol), pero también hay cambios en las señales neuroquímicas que se intercambian las neuronas. Por ejemplo, se libera de forma inusual el neurotransmisor glutamato y puede cambiar cómo se comunican las neuronas a largo plazo, en meses, en años e incluso de forma permanente. También se producen cambios en el cerebro o en la regulación del ciclo menstrual. Se ha descrito hasta la reducción del número de neuronas en áreas cerebrales. Cada día se descubren nuevos cambios en el cerebro por el estrés traumático.

P. ¿Todo son perjuicios?

R. Cuando hablamos de estrés traumático, por definición, es negativo. Hay que destacar que la mayoría de la gente expuesta a este trauma, al cabo de unos meses, suele ser capaz de retomar su vida normal. Pero hay algunas personas que no pueden nunca. Ahí es donde necesitamos nuevos tratamientos para evitar que, quienes han sido expuestos a acontecimientos traumáticos, cronifiquen esos efectos y puedan retomar su vida normal. No se trata de olvidar el acontecimiento traumático, sino de disminuir el impacto que tiene este en la salud mental.

P. ¿Cómo investiga los daños cerebrales tras un estrés traumático?

R. Trabajamos con modelos animales y también con estudios en personas para intentar entender cómo el estrés traumático cambia las redes neuronales de memoria. Cuando alguien se expone a un accidente de coche, la memoria del suceso queda muy fijada: suele haber pesadillas o nervios al volver a subir a un vehículo. Se produce porque este estrés ha modificado las memorias que tenemos asociadas al coche y al accidente. Lo que queremos investigar es cómo el estrés y la memoria interactúan y cómo hacer que los niveles patológicos de interacción vuelvan a ser normales.

El miedo es necesario para la supervivencia de los mamíferos y no ha cambiado mucho con la evolución de las especies

P. ¿Cómo se traslada el estudio en animales a personas?

R. Nuestro grupo es pionero en España en el estudio de marcadores que se encuentran en modelos animales y también existen en personas. Evidentemente, un animal de laboratorio no es una persona, pero los dos son mamíferos y hay muchos procesos que funcionan igual, como, por ejemplo, las memorias del miedo relacionadas con el estrés. Aprovechamos esta similitud para estudiar generalidades como los genes que actúan de forma similar en el cerebro o las hormonas. El miedo es algo necesario para la supervivencia de los mamíferos y no ha cambiado mucho con la evolución de las especies. Podemos inferirlo a través del estudio de la conducta y hacer pruebas más o menos parecidas en personas, unir los resultados y encontrar muchas similitudes.

P. ¿Pero en las personas no disponen de un registro biomolecular previo al estrés traumático para analizar los cambios?

R. El experimento ideal sería tener muchas variables antes y después de un trauma para comparar qué pasa. Con los modelos animales intentamos solventar esa limitación y, en personas, estudiamos a pacientes que han ido a Emergencias después de un accidente de tráfico, por ejemplo, o una agresión sexual. Si se presentan voluntarios, estudiamos muchas variables. Hace un par de meses hemos descubierto que el momento del ciclo menstrual de las mujeres en el momento del trauma no influye para desarrollar el trastorno de estrés postraumático. Es muy complicado de estudiar y hemos sido uno de los primeros grupos en apuntarlo. Una de nuestras teorías es que da igual que, durante el ciclo menstrual, haya picos de estradiol porque el estrés traumático es tan brutal que es como un tren que pasa por la vía, haya o no un coche sobre ella.

P. ¿El objetivo de la investigación becada es manipular los elementos que se ven afectados por el estrés e interferir en ellos?

R. El objetivo fundamental de esta beca Leonardo es entender los mecanismos moleculares. Nos vamos a focalizar en una enzima que está sintetizada tanto en personas como en animales por el gen Ppm1f, que descubrimos nosotros y que está relacionada con el estrés traumático. Lo que hacemos es manipularla, eliminando este gen en la adultez y viendo si previene las consecuencias del estrés traumático. También vamos a usar MINISCOPES [visualización in vivo de corrientes de calcio con microscopios mimiaturizados] para seguir, en el cerebro de animales de laboratorio, entre 200 y 400 neuronas. Podemos ver en vivo y en directo cómo se están generando memorias. Esto es fascinante porque podemos investigar qué cambios podemos inducir nosotros para disminuir los efectos del trauma y, al entender todo esto, lo podríamos trasladar a personas, ya que estamos trabajando con este gen en ratones, pero también es importante en pacientes con trastorno de estrés postraumático.

En animales de laboratorio, eliminamos la función de genes para que no haya consecuencias del estrés traumático o queden disminuidas. Eso podría ayudar a encontrar tratamientos

P. ¿Manipular un gen para evitar un efecto de un episodio traumático?

R. Lo hacemos en animales de laboratorio, claro. En personas no es ético y no se puede hacer ni se debe hacer. Pero en animales de laboratorio, eliminamos la función de genes para que no haya consecuencias del estrés traumático o queden disminuidas. Eso podría ayudar a encontrar tratamientos, fármacos o terapias que afecten a la expresión de este gen en personas. Según lo vemos nosotros, se trata de identificar cuál es el gen o los receptores importantes y, luego, otros grupos especializados, pueden encontrar dianas terapéuticas. Nosotros les podemos guiar adonde se pueden encontrar terapias adecuadas.

P. ¿Podría haber una pastilla para después de un episodio traumático?

R. La idea general sería combinar psicoterapia y farmacología. Los fármacos que hay ahora en salud mental, para trastornos psiquiátricos no neurológicos, son los ansiolíticos, para tratar la ansiedad, y los antidepresivos. Estos fármacos se focalizan en receptores que están expresados en casi todo el cerebro. A veces funcionan y otras es como conducir un coche apretando a la vez el acelerador y el freno. El fármaco activa un área e inhibe otra, porque los receptores hacen cosas diferentes en distintas zonas. Son poco específicos. Esto no quiere decir que haya que hacer cambios en los tratamientos; hay que seguir haciendo lo que diga el psicólogo o el psiquiatra. Lo que queremos desarrollar son fármacos que, por ejemplo, vayan más dirigidos a las neuronas y a las áreas cerebrales que queremos y no a todo el cerebro, como suele pasar con los fármacos que hay ahora.

P. ¿Podría haber tratamientos específicos para diferentes tipos de estrés traumático?

R. Creo que eso está muy lejos. Aún no tenemos ni un tratamiento efectivo para tratar el estrés traumático. Con encontrar algo que sea más efectivo que lo que tenemos ya, firmaríamos.

Para el estrés cotidiano, siempre recomiendo una dieta muy saludable, ejercicio, meditación y, sobre todo, evitar las drogas

P. ¿Y para el estrés puntual no traumático?

R. También estoy muy interesado en este estrés más cotidiano porque puede tener efectos muy perjudiciales en la salud mental. Siempre recomiendo una dieta muy saludable, ejercicio, meditación y, sobre todo, evitar las drogas.

P. ¿Por qué se interesó por el estrés? ¿Es la enfermedad del mundo actual?

R. Mi interés por el estrés traumático viene de que es el único trastorno psiquiátrico o psicológico que ocurre por un único acontecimiento. La esquizofrenia no se sabe muy bien por qué empieza y hay gente que no sabe cuándo comenzó su depresión. En cambio, en el trastorno de estrés postraumático sabes que hubo un accidente, el día y la fecha. Eso me interesa porque tenemos una oportunidad terapéutica enorme, se pueden hacer tratamientos.

P. ¿Se puede medir el estrés?

R. No hay una manera única ni vale solo medir la hormona del estrés. La más conocida es el cortisol, que nos preparara para la acción. Pero no existe una única hormona del estrés. Se está estudiando dar cortisol para prevenir consecuencias traumáticas, pero no va a ser tan sencillo porque no es el único factor; hay otros genes, neurotransmisores y señales neuroquímicas.

P. ¿Suministrar la hormona del estrés para combatirlo?

R. Sí. Es así de paradójico. Cabría esperar que genere más estrés, pero ya publicamos en 2018 que, en animales, lo que hace es disminuir algunos de los efectos perjudiciales del traumático. Los mecanismos aún se están estudiando.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Javier Urra; "sobreproteger mucho a niños y jóvenes hace que sean como el cristal, duros pero frágiles"


ÁNGEL ESCALERA        |      Málaga      |      www.diariosur.es     |      15/10/2022    

Advierte de que con la sobreprotección "hacemos que los adolescentes, cuando se sienten dañados, se frustren y se quiebren" 

La sobreprotección que las familias ejercen sobre niños y jóvenes hace que estos sean como un cristal: duros, pero frágiles. Así lo dice en esta entrevista el doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud Javier Urra, que ayer pronunció en Málaga la conferencia titulada 'Vacuna contra la patología social', dentro de una jornada organizada por la clínica Recurra Ginso, especializada en salud mental infanto-juvenil, y el Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental. Urra asegura: «Con la sobreprotección hacemos que los jóvenes, cuando se sienten dañados, se frustren y se quiebren, en vez de hacerlos resilientes». Este experto, que es director clínico de Recurra Ginso, considera que se ha acortado mucho el tiempo de la infancia y, sin embargo, se ha dilatado mucho el tiempo de la adolescencia.

–¿Qué radiografía hace de la situación de la salud mental infanto-juvenil en España en la actualidad?

–Antes de la pandemia ya teníamos problemas. Uno de los problemas es una búsqueda ansiosa de la felicidad. El ser humano sabe que va a morir y que la gente que más quiere va a morir. Por tanto, lo de la felicidad es bastante quimera. Puede haber momentos de bienestar, de alegría, de pasión, de enamoramiento, de fracaso, de sufrimiento... Por tanto, no hay que pedirle a la vida más de lo que la vida puede dar.

–¿Se refiere usted a la infancia y a la juventud o es algo que se puede aplicar a todas las edades?

–Estoy hablando de la infancia y de la juventud, pero es algo que se extiende a la sociedad en general. Además, se está sobreprotegiendo mucho a los niños y a los jóvenes. Esa sobreprotección hace que los jóvenes sean como el cristal: duros, pero frágiles. Lo que tendríamos que hacer es que fueran resilientes.

«Es impropio que un niño de 11 años vea en la Red una violación grupal: un niño lo que necesita en su casa es amor y seguridad»

–¿De qué forma afecta a la juventud una protección excesiva?

–Con la sobreprotección hacemos que los jóvenes, cuando se sienten dañados, fracasos o no valorados, se frustren y se quiebren. También estoy notando en algunos jóvenes que si la vida no les da lo que ellos calculan, piensan en separarse de la vida. Esto no es un sufrimiento por un hecho puntual que les lleva a una conducta autolítica o suicida. No, no. Lo tienen un poco pensado. Para ellos, la vida merece hasta un punto. ¿Y cuál es mi diagnóstico? Que falta a veces transmitir esperanza y compromiso. Compromiso con el mundo, con los que nos antecedieron, con la gente con la que convivimos y con los que nos continuarán. Yo creo que hay que hacerse la pregunta: ¿para quién he vivido?

–¿Y cómo ve la situación de la infancia?

–Creo que hemos acortado mucho el tiempo de la infancia y, sin embargo, hemos dilatado mucho el tiempo de la adolescencia. Hoy un niño de 11 años puede estar viendo en la Red una violación grupal. Eso es impropio y le genera al niño una gran confusión que le lleva a tener grandes problemas. Por otro lado, le hemos quitado a los jóvenes la posibilidad de lograr un trabajo bien remunerado, de encontrar un piso, de conformar una pareja, etcétera. España es junto con Japón el país con mayor esperanza de vida y, por contra, el que tiene menos natalidad en el mundo como también le sucede a Italia.

–¿Qué opinión le merecen las redes sociales y su influencia en niños y adolescentes?

–Para mí, a veces, las redes más que sociales son asociales. Le pongo un ejemplo: cuando a un niño de ocho o nueve años TikTok le provee de una cantidad de retos que ponen en riesgo su vida, eso es una red asocial, no social.

–Usted es director clínico de Recurra Ginso. ¿Qué ofrecen en ese centro?

–Tenemos una clínica en Madrid, en la calle Corazón de María, y contamos con un centro terapéutico, situado a 70 kilómetros de Madrid, al que vienen chicos de toda España. En 12 años hemos tratado a más de 1.100 pacientes. Están con nosotros como media 11 meses. Lo primero que les decimos es que no hay teléfono móvil. ¿Y qué pasa? Nada, absolutamente nada. Lo segundo que les hacemos saber es que no hay ordenador. Y tampoco pasa nada. El 40 por ciento de los chicos que nos vienen, de 16 o 17 años, consumían mucho hachís. En el centro, evidentemente, no se consume nada. ¿Y qué pasa? Pues nada. Hay mucho tópico sobre eso, que si son adictos, que si no van a poder estar sin consumir. Pues pueden, claro que sí. Tenemos un acuerdo con el Ministerio de Sanidad y con comunidades autónomas y también somos privados. El caso es no ser elitistas y dar respuesta, hasta donde podamos, a todo el que lo precise.

«La gente está siempre como cabreada. No hay más que coger el coche para verlo: hay como una exigencia absoluta»

–En la conferencia que ha dado en Málaga ha hablado de la patología social. ¿Qué es eso?

–Por patología social me refiero a que hay padres que no pagan a Hacienda o que anteponen la droga a sus hijos. Ese tipo de realidad social genera estrés y ansiedad en los niños. España es el país del mundo que en los dos últimos años ha consumido más ansiolíticos en proporción a su población. La gente está siempre como cabreada. No hay más que coger el coche para verlo. Hay como una exigencia absoluta. Con esa actitud, la sociedad no valora que haya luz o agua en las casas. Se da por hecho que todo tiene que funcionar. Un niño en su casa lo que necesita es vínculo y apego, es decir, amor y seguridad. No hay que olvidar que somos nuestra infancia. También hay que estar en contacto con la naturaleza, porque somos naturaleza.

–¿Qué le parece lo que sucedió el Colegio Mayor Elías Ahuja de Madrid con gritos machistas e insultantes a las alumnas de la residencia Santa Mónica?

–Pensamiento y lenguaje van de la mano. Esos alumnos dijeron que había sido una broma. No, no, eso estaba pensado. ¿Que no es un ejercicio de odio? Bueno, pues posiblemente no, pero cuidado con las palabras, porque las palabras no son neutras. Cuando alguien dice todos, todas, todes, cambia la estructura social.

–¿Qué cosas importantes cree que le faltan a la sociedad en general?

–Yo destaco la importancia del sentido del humor, de la capacidad de reírse de uno mismo. Hay que saber perdonar a los demás y a uno mismo. Esas pequeñas cosas son fundamentales. Como por ejemplo, ir a un hospital a ver a niños enfermos o cuidar a la abuela que tiene alzhéimer y que posiblemente no te entiende, pero sí te reconoce. Una de cada cuatro personas en el mundo sufrirá una enfermedad mental a lo largo de su vida. En el mundo hay 300 millones de personas con una grave depresión, 250 millones con trastorno bipolar, más de 50 millones con ludopatía, más de 20 millones con psicosis... Por tanto, como dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), no hay salud sin salud mental. Un tercio de las bajas laborales en España corresponden a problemas de salud mental.

–¿La sanidad pública y la privada de España están suficientemente dotadas en recursos de salud mental?

–Aunque la sanidad pública y la privada funcionan bien, estamos muy poco dotados. Tenemos seis psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes frente a los 18 de media que hay en Europa. En España contamos con 11 psiquiatras por cada 100.000 habitantes y en Francia tiene el doble: 22. Tenemos problemas y creo que sabemos cómo abordarlos y afrontarlos, pero debemos tener capacidad para prevenirlos.