martes, 14 de marzo de 2023

Hay gente que te inspira y hay personas que te agotan

 

VALERIA SABATER      |      La Mente es Maravillosa     |     01/02/2022

 

Hay personas que agotan, que engullen tu tiempo, la paciencia y tu energía. Son presencias sibilinas doctoradas en promesas incumplidas que nunca están en paz y siembran guerras con el mundo entero. Por eso, hemos de ser selectos y sabios en nuestras relaciones y rodearnos solo de ellas: de las personas que inspiran.

 

En un interesante estudio sobre interacción social llevado a cabo en la Universidad de Rochester (Nueva York) se concluyó con un dato curioso: 1 de cada 10 personas presentaría un estilo de personalidad que los expertos definieron como “saboteadores de la felicidad”. Las personas que agotan son quizá las más comunes, porque despliegan, a veces sin saberlo, conductas estresantes que condicionan de forma directa aquellos entornos donde se mueven.

 

No dejo atrás a nadie, pero algunas personas me van perdiendo cada día un poco más sin apenas darse cuenta. Me desprendo de ellas porque me agotan, porque me quitan las energías y porque no permito que nadie sabotee mi felicidad. Prefiero rodearme de gente que me inspira.

 

Algo que muchos de nosotros podemos pensar al definir a este tipo de perfiles, es que estamos hablando una vez más, de personas tóxicasNo es lo adecuado. No debemos caer tan rápidamente en el uso de estas etiquetas que poco tienen de científico y sí mucho de popular, porque generalmente, pasamos por alto conductas y actitudes particulares de una persona o de un estilo de personalidad en concreto.


Si una persona nos agota es porque nosotros somos permeables. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

 

Personas que agotan: mecanismos psicológicos

 

Hay personas que agotan en nuestra familia, en nuestros trabajos, entre las amistades e incluso por qué no, en nuestras relaciones afectivas. Nos agotan cuando somos prisioneros de los afectos y el ser amado se convierte en un comerciante que apunta nuestras faltas y luego se las cobra. Nos cansan los discursos egoístas, los prejuicios y los campos minados por el victimismo y el chantaje.

 

En el completo e interesante libro titulado “Inteligencia Emocional 2.0” de Jean Greaves se nos explica que las personas no solemos ser plenamente conscientes del impacto de este tipo de vínculos en nuestro equilibrio emocional y en nuestra salud. Te proponemos descubrir alguno de estos efectos.

 

El impacto emocional de las personas que sabotean nuestra calma

Podríamos decir que el término “quemar” adquiere aquí una connotación casi real. Las personas que agotan nos usan a menudo como “contenedores emocionales” donde volcar sus pensamientos, miedos y oscuridades, hasta el punto de desgastar lentamente esa arquitectura tan íntima y poderosa que forma nuestro cerebro.

·        Las personas que agotan nos ocasionan un alto nivel de estrés. Cuando esta emoción negativa se vuelve crónica, las dendritas neuronales (los “bracitos” con los que se unen nuestras células nerviosas) se rompen a causa de esta sobreexcitación tan dañina y estresante. El área donde más se sucede esta alteración es en nuestro hipocampo, ahí donde se localiza la memoria y las emociones.

·        El sentirnos agotados, el ser “permeables” a este tipo de conductas, lejos de apagarnos o de conferirnos cierto cansancio, nos mantiene siempre en alerta. Es la clara e instintiva sensación de querer defendernos de “algo” o “alguien”, de vivir siempre a la defensiva pero al mismo tiempo sintiéndonos cautivos.

 

Estamos seguros que ante estas mismas situaciones muchos te habrán dicho aquello de “pues aprende a poner límites de una vez”. Ahora bien, en realidad, se trataría de algo mucho más sencillo que todo esto.

 

Basta con tomar plena conciencia de algo esencial: nadie tiene derecho a quemar todas tus naves de la felicidad, nadie debe traerte tormentas cuando tú habitas en un océano en calma. Nadie debe llevarte a esa deriva donde se esconden tus demonios internos. Busca gente que te inspire, no que prenda la chispa de tus incendios internos hasta el punto de “quemarte”.

 

Me gustan las personas que me inspiran

 

A menudo, suele decirse que cuando uno es muy-muy joven no elige a sus amistades o a sus primeros amores, acogemos lo que nos viene con pasión y sin filtro alguno, llevándonos por una ceguera momentánea que se curará, seguramente, con los años. Ahora bien, con el tiempo nos volvemos mucho más selectos, más hábiles y menos permeables a lo que no sirve, a lo que agota, a lo que desea robarnos lo que nos es legítimo: la felicidad.

 

Buscar o mejor dicho, permitirnos encontrar personas que nos inspiran es una necesidad vital en la que deberíamos invertir cada día. Porque quien inspira abre las ventanas del alma y enciende además el faro de nuestra mente para permitirnos emerger de nuestras noches de apatía, de miedos y soledades.

 

Tener madres, padres o hermanos que nos inspiren, por ejemplo, es algo que nos confiere también fortalezas excepcionales para crecer en madurez y libertad. Disponer de amigos que no agotan, sino que se alzan como figuras en las que inspirarnos para ser mejores personas, es sin duda un privilegio al que nunca deberíamos renunciar.

 

Por su parte, ningún amor puede ser tan pleno y auténtico como el que se construye con las raíces del respeto y con las hojas relucientes de la admiración y la inspiración mutua. Porque para inspirar a alguien no es necesario ser perfecto, en realidad, basta con que los demás vean cómo superas tus propias imperfecciones para dar siempre lo mejor de ti en cada momento.

 

Vale la pena tenerlo en cuenta.

domingo, 12 de marzo de 2023

Salud mental: Señales que nos avisan de que algo no va bien

INÉS GUTIÉRREZ      |     El Confidencial     |     06/03/2023

 

Aprender a reconocer las señales que nos avisan de que algo no funciona es la mejor forma de ponerle remedio cuanto antes y cuidar nuestra salud mental.

 

Todos tenemos claro que cuando algo nos duele, lo mejor es acudir al médico para que nos cure; esto, que parece tan sencillo, se torna complicado cuando hablamos de salud mental. Aunque cada vez está más aceptado y extendido buscar ayuda cuando la necesitamos, no siempre nos resulta sencillo darnos cuenta de que las cosas no van bien y necesitamos ponernos en las manos de profesionales.


En muchas ocasiones son situaciones puntuales, épocas en las que el estrés es mayor y necesitamos encontrar la manera de reducir los niveles de ansiedad, optando por soluciones efectivas y prácticas, como aprovechar nuestro tiempo de ocio para estar al aire libre, hacer más ejercicio físico o darle una oportunidad a la meditación, genial para la mente. Sin embargo, no siempre se trata de un problema menor.

 

Hay condiciones que son pasajeras, que pueden hacer que la salud mental de una persona se resienta. Esto no quiere decir que vaya a desarrollar una enfermedad o trastorno mental, siendo estas afecciones que impactan en los pensamientos, estados de ánimo y también en el comportamiento de la persona. También puede suceder que una persona que padece una enfermedad mental tenga periodos de estabilidad. 

 

Aprender a reconocer estas señales de alarma que nos avisan de que las cosas no marchan bien es esencial, para nosotros mismos y también para las personas de nuestro entorno. Igual que nos sucede a nosotros, para el resto tampoco suele ser sencillo entender lo que les pasa, por eso estar atento a estos cambios puede ayudarnos a buscar ayuda temprana, para nosotros o para quien la necesite.

 

Señales que avisan de que algo no va bien

 

Siempre es un buen momento para ocuparnos de nuestra salud mental, pero si encontramos estas señales conviene empezar a preocuparnos y buscar la atención y consejo de especialistas cuanto antes. Los problemas de sueño son muy habituales en estos casos, tanto por exceso como por defecto, los cambios son los que darán la señal de alarma.

 

Este no es el único cambio al que conviene prestar atención, también se suelen experimentar cambios en los hábitos alimentarios. Si alguien (o tu mismo) comienza a comer sin control o pasa a consumir muy poca cantidad de comida, esto podría ser signo de que algo no marcha bien. Esto suele suceder en situaciones de estrés y ansiedad, pero también pueden estar detrás trastornos como la depresión o la bulimia.

 

Los cambios de humor son algo normal, todos hemos tenido días buenos y días malos, en los que nada nos sale bien. Sin embargo, cuando estos cambios son habituales, dramáticos o repentinos, podrían ser indicativo de algo más profundo. También si nos encontramos faltos de motivación, con una constante falta de energía, apatía y desinterés por cosas que antes nos apasionaban.

 

Dificultad para concentrarnos o una actitud excesivamente crítica, pensamientos negativos y obsesivos, o dejar de relacionarse con los demás y encerrarse en uno mismo, dejar de lado el cuidado personal… detalles que pueden esconder un problema mayor y que nos invitan a tomarnos en serio nuestra salud mental y consultar con un especialista, porque por suerte cada vez somos más conscientes de que esta también es importante.

viernes, 10 de marzo de 2023

Rafaela Santos, psiquiatra:"La felicidad es alcanzable, pero cuiddo con la idea que nos venden"


MARIAN BENITO      |      uppers.es     |      28/01/2023

Hablamos con la autora de 'Levantarse y luchar' sobre resiliencia, el principal factor protector de nuestra salud mental y la base de la felicidad

Un tercio de la población tiene el potencial innato de superar la adversidad de forma natural. El resto lo puede aprender

Simplemente cambiando el pensamiento se modifica nuestro cerebro e incorpora nuevos circuitos cerebrales que nos preparan para afrontar la vida con sensación de confianza y sin estrés.

 

'Levantarse y luchar'. Esta consigna tan simple con la que Rafaela Santos, médico y psiquiatra, tituló su primer libro resume toda una filosofía de la felicidad que empieza por una palabra: resiliencia. Es un concepto del que se habla mucho sin decir apenas nada. Por fin, de la mano de una de las mayores eminencias en este campo, vamos a conocer cómo funciona y cómo podemos preparar al cerebro para dar la cara y salir indemne cuando nos llegue la adversidad. Es algo que ocurrirá, según la doctora, al menos dos, tres o cuatro veces en la vida.

 

Santos preside la Fundación Humanae que ella misma creó en 2004 con la idea de cubrir el vacío que existe en la prevención de la salud mental y crear un mundo más humano. Además, imparte programas de desarrollo personal y preside el Instituto Español de Resiliencia y la Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático.

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El libro lo escribió hace ya diez años, pero la pandemia ha obligado a lanzar una edición ampliada y actualizada. La autora ha recopilado en él testimonios de personas que, teniendo motivos para rendirse, hicieron frente a la dificultad y aprendieron a levantarse. Nos recibe a punto de coger un vuelo con destino a México donde le espera una audiencia deseosa de escuchar cómo hacer frente a la incertidumbre y cómo lograr la felicidad.

 

Levantarse y luchar. Se dice pronto y suena bien, pero ¿cómo se hace?


La resiliencia es la capacidad de afrontar la dificultad de una forma constructiva y generar los recursos que nos permitirán seguir luchando a pesar de haber pasado por una situación traumática. Todos la tenemos o la podemos desarrollar cambiando la estructura cognitiva o la forma en que nuestra mente piensa y trabaja. Una parte de la población, por su propia estructura genética, tiene una facilidad natural para salir fortalecida. En Psiquiatría estamos investigando a fondo la importancia del gen transportador de la serotonina. Sabemos que los niveles bajos de esta sustancia en el cerebro provocan que el impacto de un golpe emocional sea mayor y a veces tan grave que el cerebro no lo procesa.

 

Decía Horacio, hace ya más de 2000 años, que en los contratiempos es donde conocemos nuestros recursos para hacer uso de ellos”.

 

La resiliencia no es espontánea. Nos hartamos de escuchar que saldríamos fortalecidos de la pandemia y ha ocurrido al revés. Como cualquier otro logro, es resultado del esfuerzo, del espíritu de superación y de tener una esperanza.

 

“La OMS augura que en 2030 la salud mental será la principal causa de discapacidad en el mundo. ¿Qué podemos hacer para que esto no se cumpla?”

 

Deberíamos ponernos ya a trabajar. Los americanos, que son muy agudos en temas de dinero, han calculado que por cada dólar que se invierte en prevención se ahorran cien en tratamiento y mil en rehabilitación. Podemos desarrollar la resiliencia como prevención y ahí deberíamos poner el foco, en prepararnos sin necesidad de haber sufrido un trauma. Es importante fortalecernos para resistir y minimizar los daños e incluso salir siendo mejores.

 

“Los americanos muy agudos en temas de dinero, han calculado que por un dólar que se invierte en prevención se ahorran cien en tratamiento y mil en rehabilitación”


¿Qué nos hace tan vulnerables?

 

Vivimos tiempos de mucha incertidumbre en todos los terrenos y nuestros cerebros no están preparados. No lo están para esta sociedad líquida, para un mundo que se ha vuelto volátil, ambiguo y muy complejo. Incluso a los padres se les va de las manos la educación de sus hijos. Tenemos muchas posibilidades de bienestar, pero hay que poner orden en nuestras cabezas y eliminar mucho caos. El estrés está en la base de los accidentes cardiovasculares, los accidentes de tráfico y la depresión. Debilita nuestro sistema inmunitario y nos deja vulnerables frente a la enfermedad. ¿No son razones suficientes para crear una población resiliente, con recursos mentales para afrontar lo que depare la vida?

 

El consumo de psicofármacos se ha disparado. ¿Nos empastillamos para soportar la vida?

 

La automedicación se ha convertido en un problema muy grave con efectos muy perniciosos. La tendencia en Psiquiatría es prescribir la mínima medicación en dosis y en tiempo. La última generación de inhibidores de recaptación de la serotonina está permitiendo ajustar la medicación de manera muy precisa. Además, hay una colaboración cada vez más estrecha con los psicólogos para trabajar bien los pensamientos.

 

¿Un cerebro de 50 o incluso de 80 aún tiene esa capacidad de tomar impulso después de una caída?

 

Lo vemos con personas mayores a las que las circunstancias ponen al límite y siguen encontrando una razón para seguir adelante tomando la vida como un regalo. No existe edad para aprender resiliencia. El cerebro es más plástico en las primeras décadas de la vida, pero cualquier etapa es buena para moldearlo con esfuerzo y entrenamiento. Ramón y Cajal anticipó que cada uno es escultor de su propio cerebro. La investigación posterior le dio la razón.

 

“Hasta el final de la vida, un cerebro bien entrenado tiene capacidad de reponerse y tomar impulso después de una caída”


¿Cómo distinguimos una tristeza por un momento malo de una depresión?

 

Es humano entristecerse por un acontecimiento vital negativo. Generalmente, en un mes una persona debería ser capaz de bajar la actividad neuronal que ocurre después de este impacto y, a partir de ahí, empezar a normalizar el dolor. Hay gente que se queda encapsulada en el sufrimiento dejando que el pensamiento arrastre a otros pensamientos negativos que agravan el sufrimiento y afectan a otras áreas de su vida. Las personas que aplican resiliencia buscan recuperarse con otras alegrías y otros pensamientos más constructivos.

 

¿Por qué la psicología positiva tiene ahora tan mala prensa?

 

Por un mal uso, por culpa de quienes la han banalizado. No estamos hablando de pensar en positivo, sino que los pensamientos negativos no se vuelvan reiterativos. No podemos hacer de la psicología algo frívolo y basado en frases simplonas.

 

¿La dicha absoluta debería dejar de ser una aspiración?

 

La felicidad se ha vuelto una presión. Debemos tener cuidado con la palabra. Vivimos presionados por las redes sociales, la publicidad y una imagen de felicidad irreal que, al compararla con tu realidad, te provoca ansiedad. La felicidad se nos presenta como imperativo, eludiendo que la vida implica sacrificio, enfermedad, pérdidas y dificultades. Todo esto no es raro, sino parte del ser humano y, simplemente, debemos aprender a vivir con ello. Pero somos impacientes y acostumbramos a que nuestros hijos también lo sean evitándoles la dificultad y sin prepararlos para lo que, inevitablemente, llegará.

 

¿Qué hábitos hacen un cerebro feliz?

 

En primer lugar, con lo que yo defino como "las tres A". Aceptación de aquello que no podemos cambiar (aunque sí elegir la actitud). Adaptación a la realidad valorando qué haremos con lo que tenemos o nos queda después de una situación. Y apoyo. Superar algo en soledad puede ser complicado. Todo ello lo resumió en una frase el psiquiatra vienés Viktor Frankl a partir de sus propias vivencias en el campo de concentración de Auschwitz: "Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que lo afrontas".

 

Y de manera aún más cotidiana, con formas de vida saludable que garantizan un equilibrio vital. Yo propongo la regla del 8: 8 horas de trabajo, 8 de sueño y 8 para el resto de actividades que te aportan bienestar. 

miércoles, 8 de marzo de 2023

Journaling: qué es la escritura terapéutica y cómo va a ayudar a tu bienestar

SARA TRUEBA RODRÍGUEZ     |     welife.es     |     06/02/2023

Hacer mindfulness no se reduce a meditar. Escribir con atención plena es una forma de practicarlo. Mejora la concentración, ayuda a enfocarse, discernir y validarse, activar la memoria y reducir el estrés.

La psiquiatra Marian Rojas Estapé suele decir que, cuando escribimos a mano, el cerebro produce una serie de codificaciones beneficiosas capaces de sanar heridas. «Enlentece el pensamiento, ayuda a desconectar del ruido. El trazo activa zonas de la memoria y ralentiza nuestro ritmo de vida frenético.

 Además, el cerebro recuerda mucho mejor lo que escribimos». Se habla mucho de la práctica del journaling como una fórmula de autoconocimiento, una técnica que carece de misterio y que podría estar al alcance de cualquiera atendiendo a distintos propósitos. Ahora, además, se puede practicar como un tipo de mindfulness.

En una sociedad tan reactiva como en la que vivimos, se recomienda escribir a mano porque es una manera de estar centrados al 100% en el momento presente, y eso es mindfulness. Así, el beneficio será doble: por un lado, estaremos focalizándonos en lo que deseamos profundizar, cambiar o descubrir de nosotros mismos (a lo que a priori aspira el Journaling) y, por otro, practicaremos la atención plena.

«El mindfulness está presente en cualquier cosa que hagamos con atención plena. Si cocinamos o caminamos y lo hacemos plenamente conscientes de cada aroma, de cada movimiento, apreciando lo que nos rodea, estaremos conectando con nosotros mismos a través de esa actividad. Lo mismo ocurre con el journaling», revela Anna Alfaro, Coach de vida y business.

Así, la respiración, el agradecimiento y la atención al presente es la guía básica en cualquier tipo de modalidad mindfulness y estos mecanismos también se ponen en marcha cuando nos permitimos practicar escritura terapéutica. Tal como dice Irene Ampuero López, psicóloga sanitaria en la Clínica Uden Salud Mental: «Se trata de centrarse en la actividad de escribir, sin juzgar lo que escribes, al mismo tiempo que respiras y prestas atención a ese presente, a ese preciso momento». 

¿Por qué y para qué practicar journaling?

Para favorecer la plasticidad del cerebro. Este tiene la capacidad de “reorganizarse” a lo largo de nuestra vida, gracias a las redes neuronales, las cuales se van modificando en función de las nuevas experiencias o aprendizajes adquiridos. Si el cerebro no experimenta nuevas experiencias, no se estimula y por tanto, no necesita crear estrategias más eficaces. «Durante la práctica de la escritura terapéutica van apareciendo pensamientos, historias, posibles escenarios, desenlaces, conflictos reales, ideas innovadoras, autoinstrucciones, entre otros. Todos ellos ponen en marcha la creatividad, el aprendizaje, la memoria, la capacidad de plasmar historias, la resolución de posibles conflictos, el autoconocimiento y la activación emocional. En definitiva, cada escritura puede integrarse en esa red neuronal favoreciendo la puesta en marcha de la plasticidad neuronal», comenta la psicóloga sanitaria Irene Ampuero.  

Para saber más sobre quiénes somos. Anna Alfaro, desde su especialidad como coach, habla de la capacidad del mind writing para el autonococimiento: «Nos permite hacernos preguntas de indagación profunda con las que podemos llegar a un mayor conocimiento de quiénes somos. Se trata de preguntarnos, de tomarnos un tiempo, de parar. Con el foco puesto en nosotros, nos hacemos preguntas que recibimos de alguien que nos guía (puede ser un terapeuta, puede ser un coach…) y podemos ir indagando en la persona que somos». 

Para ponernos metas o deshacer conflictos, desahogarnos o dejar que nuestros pensamientos fluyan. Julia Cameron, autora de El Camino del artista, define al hecho de escribir como algo «sensual, experiencial, enraizante y bueno para el alma. Debemos escribir porque la escritura nos proporciona un camino sentido a través del mundo en el que vivimos».

El journaling también es cuestión de método (pero hay muchos y todos son válidos)

·                  Debe ser una práctica diaria, un ritual. Solo así podrás profundizar en ti y cambiar cosas, descubrirlas o evolucionar. Suele ser necesario probarlo un tiempo suficiente para comprobar sus beneficios. Como dice el filósofo Will Durant: “Somos lo que hacemos repetidamente. Entonces, la excelencia no es un acto, es un hábito”.

·                  No existe un único método y todos funcionan si se cumple la premisa anterior (la constancia). Puedes escribir ideas desconectadas entre sí, plasmar pensamientos y emociones, lo que te frustra o limita, expresar por escrito cómo sería el día perfecto para ti…

·                  No puede suponer un esfuerzo. Si la persona no es capaz de comprometerse con la práctica diaria puede empezar con una práctica semanal. Tampoco es necesario escribir una cantidad de hojas inasumible para muchos. Puede comenzarse de 3 a 5 minutos hasta llegar a un máximo de 15 minutos.

Preguntas que te puedes hacer para comenzar a hacer escritura terapéutica

Julia Cameron promueve la escritura libre (y llegar a las tres páginas diarias con aquello que se te cruce por la mente), mientras que con otras técnicas se trabaja la gratitud, el orden, las metas, la sanación de heridas. Anna Alfaro propone unas sencillas preguntas en función de cuál sea el objetivo.

·                  «Si tenemos miedo, tristeza o incertidumbre es importante identificarlos por su nombre, preguntarse de dónde vienen y qué puedo hacer para salir de ellos».

·                  «Si quiero conocerme mejor podemos preguntarnos: ¿Qué me gusta hacer, con qué disfruto más, dónde me gustaría llegar en mi vida?

·                  «Si el ruido y los pensamientos rumiativos te invaden debes saber de dónde vienen y por qué no consigues acallarlos». La escritura aquí no sólo sirve de desahogo. «Hay que permitirse sentir lo que estamos sintiendo. Si estoy en un momento bueno, puedo enfocarme en todo lo que quiero crear. Si estoy en un mal momento, el journaling me permite darle un lugar a esas emociones para buscar una salida creativa. Verter sobre el papel ayuda a que el ruido disminuya y pierda poder». 

lunes, 6 de marzo de 2023

Patricia Ramírez: "La serenidad se logra si la conducta es acorde con tus valores"

 

ANA RODRÍGUEZ     |     El Faro de Vigo     |     17/01/2023

“Es un estilo de vida en que decides cómo responder ante el entorno” | “Cuando la alcanzamos mejora nuestra salud física y mental”, comenta la psicóloga en Club FARO

 

“Para la RAE, la serenidad es un estado de paz; para mí es un estilo de vida, la capacidad que tenemos para decidir cómo responder y reaccionar ante el entorno, incluso en situaciones incómodas. Cuando alcanzamos cierto nivel de serenidad, bajamos el estrés y la angustia, mejora nuestra salud física y mental, y también nuestra relación con los demás”. Así lo expresó ayer en Club FARO la psicóloga Patricia Ramírez en la charla coloquio presentada por la coach y formadora Cintia Salido.

 

La “psicóloga de lo cotidiano”, conocida en redes sociales como Patri psicóloga presentaba su décimo libro, “Vivir con serenidad. 365 consejos” (Grijalbo), que ya va por su tercera edición tras su salida a la venta el pasado noviembre. Al contrario que en anteriores títulos, en los que los temas salían de su experiencia profesional, en esta obra se decantó por abordar la serenidad tras observar el ambiente de ira que reina en la calle y, sobre todo, en las redes sociales.

 

La conferenciante, que confesó no haber sido siempre una persona serena, aseguró que ese estado se puede alcanzar con trabajo, no solo con propósitos ni intenciones. Aconsejó comenzar por el conocimiento de uno mismo, por anotar la escala de valores, acudiendo si es necesario a internet y trabajando cada mes del año uno de ellos. Luego “hay que ver si tu conducta es acorde con tus valores; nos comprometemos más con proyectos que estén alineados con esa escala”.

 

Realizar ese cambio no es tarea fácil porque “no estamos acostumbrados a mirar hacia dentro y muchas veces lo que vemos no nos gusta, así que nos escapamos con tiritas: ya sean donuts, una serie de Netflix, el alcohol o irnos de compras”, comentó, al tiempo que aconsejó no ser impaciente y entender que “hay momentos en tu vida en que perderás esa serenidad”, tales como discusiones con la pareja o los hijos. “Puedes sentir la ira, sí, pero también decidir si la expresas con gritos o manejas la emoción interpretando de manera benevolente” la conducta de la otra persona que, por ejemplo, te ha adelantado con el coche por la derecha. “Puedes pensar que va con prisa al hospital o que se ha equivocado porque estaba distraído. Probablemente te equivoques, pero al menos te sientes mejor”.

 

A una pregunta de su presentadora sobre las diferencias entre la serenidad y la felicidad, dijo de ésta última que “es un estado de bienestar cuando te sucede algo bueno, es una emoción que yo dejaría a la altura de las demás, todas hay que vivirlas. No puedes forzarla y pedirle a la gente que este todo el rato feliz porque eso genera frustración en quien no se siente así pese a no tener motivos aparentes”.

 

“La gente cree que vivir con serenidad es estar pasmado y no es así. Se trata de tener capacidad para estar atento a una sola cosa, dejar reposar la vida, olvidarnos de la multitarea, estar más presentes desde la amabilidad y el amor”. Respecto al ritmo de vida actual en que “vamos como pollos sin cabeza”, aconsejó “estar solo a una cosa que requiera atención –como demuestran los estudios científicos sobre la capacidad del cerebro humano–, aunque las empresas te pidan lo contrario”. Atendiendo a una pregunta realizada por un asistente a la charla, Patricia Ramírez lamentó que exista “ese perfil agresivo, ambicioso, de muchos directivos que exigen lo mismo para los empleados, fomentando incluso la competitividad entre compañeros. Luego vienen las bajas.”. Abogó por el “liderazgo servicial”: “Cuando tratas a una persona como tal, te da la mejor versión de sí mismo; de lo contrario, te dará una patada en cuanto pueda”.

 

Atendiendo a la consulta de otra asistente al coloquio, Ramírez defendió trabajar las emociones con nuestros hijos desde la infancia, dejarles sufrir acompañándolos, ayudarles a que reconozcan lo que siente y enseñarles con el ejemplo”.

 

En busca del “oro olímpico de las emociones”

 

“No me gustan los tatuajes, pero si tuviera que elegir una palabra para llevarla en mi piel toda la vida, sería serenidad”. Patricia Ramírez ha elevado ese término a una categoría mayor que una palabra, la califica de “oro olímpico de las emociones” y la identifica con “el camino”, una filosofía y su forma de ser y estar en el mundo.

Tal valoración se debe, en parte, a que la propia psicóloga no siempre disfrutó de esa emoción en su vida, tal y como comenta en la introducción de su último libro. Una infancia y adolescencia con momentos revueltos y tristes, aunque también los hubo gloriosos, hace que la balanza de sus recuerdos de esta etapa se incline hacia el dolor.

 

Llegaron los años universitarios y con ellos empezó a bullir el cambio. “Lo primero que aprendí es que era capaz, válida, inteligente y poderosa”. Tras los primeros años de profesión “intensos, inciertos, duros”, llegó la etapa en que estaba medio asentada y la vida le dio un bofetón de realidad en forma de pérdida del padre de su hija, entonces de corta edad. Volvió la angustia, la autoexigencia, el querer tener todo bajo control y el dolor de tiempos pretéritos, el no tener tiempo para llorar, pero también el tesoro en forma de amistad.

 

El descubrimiento del libro “La trampa de la felicidad”, de Russ Harris, le supuso une revelación a Patricia Ramírez. Se lo regaló una amiga psicóloga que se formaba en esos momentos –sobre el año 2005– en mindfulness, meditación y terapias de tercera generación. “Leí el libro y hubo un antes y después en mi vida. A partir de aquel momento me inicié en una serie de formaciones autodidactas: leer, leer más y empezar a poner lo aprendido en práctica. A mi vida llegaron la meditación, la aceptación, el perdón, el dejar estar lo no controlable. Y se quedaron para siempre”.

sábado, 4 de marzo de 2023

'Narcisos' y con depresión: así impactan las redes sociales en la salud mental de los jóvenes


SUSANA M. OXINALDE        |        deia.eus      |     19/02/2023

 

Los contenidos de las redes sociales no pasan siempre por mostrar seres felices y ufanos. El algoritmo de las aplicaciones conduce a entornos que retroalimentan trastornos depresivos en una etapa en la que la personalidad se moldea. Varias demandas exigen a las plataformas cambiar sus parámetros para no dañar la salud mental de los más vulnerables.

 

Es conocido el impacto positivo de las redes sociales en nuestra sociedad: nos ayudan a conectarnos, hacen la comunicación más veloz, ofrecen compañía en casos de aislamiento y son una buena herramienta para hacer amigos, recuperar a quienes habíamos pedido la pista o relacionarnos con personas afines a nosotros además de potenciar nuestras habilidades digitales. Sin embargo, existe una cara B de las redes que está impactando de forma preocupante en la salud mental de aquellos cuya personalidad se está desarrollando: los adolescentes. 

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Según el informe de la OMS Health for the world’s adolescents, la depresión ya es la causa principal de enfermedad entre los jóvenes entre 10 y 19 años. Pero ¿qué papel juegan las redes sociales en este escenario? Su concurrencia ¿hasta qué punto posee un papel importante en la angustia que algunos de ellos viven?

 

Para el psicólogo clínico Marino Pérez Álvarez, las redes sociales que supuestamente iban a conectarnos, en realidad “ponen a unos y a otros juntos en soledad”. En su ensayo El individuo flotante (Ed. Deusto) refiere un concepto muy relacionado con las sociedades líquidas que Bauman acuñó hace dos décadas. El individuo flotante “alude a ligereza, la levedad del ser y falta de anclaje en algo sólido y duradero cuando uno está a expensas de modas, tendencias e influencers de turno”, señala. Un “siglo de la soledad” que las redes sociales han llevado al extremo y donde el individualismo ha encontrado un amplio campo para desarrollarse.

 

 El mundo de los adolescentes pudiera parecer que se amplía, su mundo es más grande que aquellas generaciones que no disponían de teléfonos móviles y es posible que sea más enriquecedor, con mayores grados de elección, pero también es más ficticio, una “burbuja donde uno se alimenta únicamente de lo que le gusta, empobrecido con las mismas opiniones y gustos que le sirven los algoritmos y las comunidades que piensan igual”, afirma Pérez, miembro de la Academia española de Psicología. Y añade: “El espejismo está servido cuando uno confunde el mundo con la carpa bajo la que está”. 

 

BOOM DE SERES FELICES

 

Es el tipo de individuo que caracteriza a la sociedad de nuestro tiempo donde las redes sociales en lugar de disminuir los malestares, en ocasiones los aumenta con el bombardeo continuo de aquello que hayamos buscado. Las redes son capaces de crear entornos que se reproducen para desarrollar personas narcisistas y realimentar la depresión. Ambos términos no son incompatibles porque, según el psicólogo, “el narcisista es tanto más vulnerable que otros a la frustración y la depresión. Su ego es difícil de satisfacer”. Y en este punto emerge la envidia como el gran pecado capital de las redes sociales, ese sentimiento que solo se alimenta de sí mismo, molido por un positivismo tóxico y la búsqueda constante de felicidad a mostrar al mundo como en el caso de los anuncios “que maquinan la envidia a través de suscitar deseos de cosas deseables porque las tienen o desean otros” - sostiene Pérez- “no por lo que valen por sí mismas”. 

 

Mostrar felicidad en una etapa de la existencia en la que el balance sobre la vida de los individuos simplemente no tiene sentido puesto que está comenzando, da lugar a situaciones de angustia e insatisfacción porque “cuando uno mide la vida con la felicidad, está perdido”. Para Pérez, “la vida tiene cosas más importantes que ocuparse de ser feliz. ¿Qué puedes esperar de alguien feliz? Ya no necesita nada más”. 

 

ALGORITMO MACHACÓN

 

Pero cuando el joven está enganchado y la propia aplicación le hace transitar cada vez que se conecta por contenidos que pueden inducir a autolesionarse, hablamos del reverso de este virus global de individuos felices. “Más que trastornos mentales”, afirma Pérez, “los adolescentes tienen crisis existenciales conforme están en edades complicadas de transición, exploración, búsqueda y reubicación en la vida”.

 

El algoritmo nos conoce en lo bueno y en lo malo y esa información puede impactar en alguien vulnerable, más si cabe cuando su personalidad, como es en el caso de la adolescencia, se está formando, una etapa además en la que aparecen los trastornos mentales, y si tiende a la depresión o al bajo nivel vital, puede suponer un cóctel peligroso. 

 

En estos casos, llevar a los jóvenes más propicios a entornos y contenidos donde se repitan machaconamente los mensajes puede hacer corresponsables a las grandes tecnológicas de una crisis de salud mental en los adolescentes del mundo. Varios colegios públicos de la ciudad de Seattle, nicho de gigantes como Microsoft o Amazon, han sido los últimos en sumarse a las demandas hacia Meta, TikTok o Youtube que explotan el sistema de recompensas en el cerebro para que los usuarios no abandonen las aplicaciones y vuelvan una y otra vez produciendo una ‘dopamina digital’ que puede dar lugar a enganches similares a las adicciones a sustancias. Son las llamadas ‘adicciones comportamentales’, que el psicólogo clínico define cuando “uno ya no puede dejar de conectarse y está perjudicando otros aspectos de la vida como las relaciones, los estudios o el sueño”.

 

Pero ¿son las empresas responsables del daño debido a su diseño? ¿Sus efectos pueden considerarse como el tabaco? ¿Hay una causa-efecto? La iniciativa de Seattle no persigue eliminar las redes y plataformas sino cambiar la forma en la que operan, por ejemplo, con leyes como la que promulgó California hace unos meses para obligar a las aplicaciones a poner al alcance del lenguaje de los menores la comprensión de sus políticas de privacidad. En definitiva, rediseñar los productos de las compañías en provecho de los niños y establecer límites a las grandes tecnológicas cuando afectan a los menores porque añade Pérez Álvarez, “alguien tendrá que proteger el bien común”.

 

El ‘caso Rusell’

 

Un tribunal de Londres dictaminó el pasado octubre que la joven británica Molly Rusell murió por “un acto de autolesión mientras sufría depresión y por los efectos negativos del contenido on line”. Directivos de Instagram y Pinterest declararon en el proceso tras el suicidio de la joven de 14 años en 2017. En su correo electrónico se halló un mensaje de Pinterest titulado Pins sobre la depresión y, semanas antes de su muerte, Molly había reaccionado en Instagram a miles de publicaciones referentes a las autolesiones y el suicidio.

 

Una de las directivas de Meta pidió perdón a la familia porque la adolescente tuvo acceso a contenidos que violaban las reglas de uso de la plataforma, como aquellos que romantizan el suicidio y la depresión o los que invitan a los adolescentes a esconder sus sentimientos o pensamientos negativos. Molly era según los Russell, una “joven positiva, feliz y brillante que cayó en el más sombrío de los mundos”. Acudió a la red y el algoritmo, reenviándole siempre el mismo contenido, no hizo sino favorecer un terrible desenlace.