lunes, 4 de mayo de 2026

Joan Piñol, psicólogo: “Vivimos tan rápido que muchas personas ya no perciben el estrés como un problema, sino como algo normal en la vida”

JUDIT GONZÁLEZ PERNÍAS       |     lavanguardia.com     |     29/03/2026

En 'Kit de supervivencia emocional', el comisario Joan Miquel Capell y el psicólogo Joan Piñol nos desvelan las claves para reconocer, entender y combatir el estrés 

“El estrés es la gran epidemia del siglo XXI”, afirma el psicólogo Joan Piñol. En una sociedad que avanza cada vez más deprisa, esta sensación de presión constante se ha ido normalizando hasta formar parte de la vida cotidiana de la mayoría de las personas. Lejos de ser algo puntual, se ha convertido en una de las principales causas de consulta psicológica y atraviesa todos los ámbitos, desde el trabajo hasta la vida familiar y social. No es extraño, por tanto, que este concepto aparezca de forma recurrente en conversaciones, diagnósticos y titulares.

Esta es una de las ideas que recorre Kit de supervivencia emocional, el libro en el que Piñol —psicólogo, conferenciante y experto en bienestar emocional— reflexiona sobre cómo convivimos con esta tensión permanente y qué podemos hacer para gestionarla. Junto a él firma la obra Joan Miquel Capell, jefe del Gabinete de Prevención y Seguridad de la Diputación de Barcelona y excomisario de los Mossos d’Esquadra, cuya experiencia aporta una mirada práctica sobre la gestión de la sobrecarga en contextos de alta exigencia. “Cuidar el estrés es fundamental. No quiere decir hacer grandes cambios, sino empezar por ser conscientes, hacer pequeñas pausas y darnos permiso para parar”, explica Piñol a La Vanguardia.

Qué es el estrés

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción. En Kit de supervivencia emocional, sus autores lo describen como una respuesta necesaria para la supervivencia, una especie de alarma interna que se activa ante posibles amenazas.  En esta línea, también citan al neurocientífico Bruce McEwen (2000), quien lo define como “una amenaza real o percibida a la integridad fisiológica o psicológica de un individuo, que desencadena una respuesta tanto fisiológica como conductual”.

La clave, por tanto, consiste en comprender que se trata de una reacción ante situaciones que percibimos como amenazantes. Se trata de una respuesta que se experimenta en el presente y que, en condiciones normales, desaparece cuando cesa el estímulo que la provoca. “Vivimos tan rápido que muchas personas ya no ven el estrés como un problema, sino como algo normal en la vida”, explica Piñol, lo que hace que no siempre sea fácil detectarlo.

Las tensiones surgen más bien del entorno cotidiano: la familia, las relaciones sociales o el ámbito laboral pueden generar situaciones que desestabilizan emocionalmente al individuo. Por eso, aprender a identificar sus señales resulta fundamental. “Hay señales de alerta: cuando notamos que nos cuesta descansar, que estamos más sensibles o que perdemos la concentración, el cuerpo nos está avisando”, explica Piñol.

El positivo y el negativo

No siempre es perjudicial; de hecho, puede presentarse de dos formas distintas. Por un lado, existe el llamado “estrés positivo”, que actúa como un mecanismo de activación. Nos mantiene alerta, mejora nuestro rendimiento y nos ayuda a reaccionar ante retos o situaciones de presión, como una fecha límite o un momento de riesgo. En la medida justa, incluso puede ser beneficioso.

El problema surge cuando esa activación se mantiene en el tiempo. Entonces hablamos de “estrés negativo”, que deja de ser útil y empieza a pasar factura al organismo. De forma prolongada, altera funciones fisiológicas, eleva hormonas como el cortisol y afecta tanto a la salud física —provocando problemas cardiovasculares, metabólicos o inflamatorios— como al bienestar emocional, favoreciendo la ansiedad, la depresión o el agotamiento.

En profesiones de alto impacto emocional

Además, los autores reflexionan sobre cómo la tensión afecta a profesiones como policía, sanitario, militar o maestro, y destacan que no se trata solo de un trabajo, sino de un estilo de vida. “Desde que comienza su jornada, saben que se enfrentarán a situaciones complejas que superan con creces lo que la mayoría de las personas experimenta a diario”, explican los expertos.

Sin embargo, el estrés no se limita a sentirse nervioso o molesto; es una carga invisible que puede tener grandes consecuencias para el cuerpo y para la vida diaria. El peligro constante, como en el caso de quienes trabajan en cuerpos policiales sin saber qué les espera en su turno, y la combinación de horarios irregulares y carga de trabajo afectan al sueño y al descanso. El impacto en la vida personal también es significativo: muchos profesionales terminan su jornada irritables o agotados, lo que con el tiempo puede afectar a sus relaciones y generar distanciamiento.

Por eso, el acompañamiento psicológico y disponer de un espacio para hablar no debería ser un lujo, sino una necesidad prioritaria. Cuidar el bienestar emocional de quienes nos protegen y cuidan es, en realidad, una forma de cuidar a todos. “El estrés en estas profesiones no es un mito ni una exageración”, confiesan los autores del libro, y destacan la labor de quienes se dedican a trabajos que sostienen a la sociedad y, al mismo tiempo, se exponen a riesgos que pueden pasar factura. “Este ritmo puede acabar pasando factura”, señala Piñol.

Consejos para reducir el estrés según Joan Miquel Capell y Joan Piñol

·            Dormir como mínimo unas 6 horas. Cuando falla el descanso, la mente no funciona con normalidad. Surgen problemas de memoria, aprendizaje, atención y concentración. Además, afecta al sistema inmunológico. El sueño es fundamental para renovar el hipocampo, que tiene relación con la memoria y el aprendizaje.

·            Tomar el sol unos 10 o 15 minutos diariamente. Nos aporta energía y vitamina D.

·            Tomar contacto con la naturaleza. Esto favorece la liberación de endorfinas y serotonina, aportando estados de relajación y atención plena.

·            Realizar ejercicio como mínimo 30 minutos al día. 

·            Beber como mínimo 2 litros de agua al día.

·            Respirar correctamente, es decir, trabajar las técnicas de relajación

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