JUDIT GONZÁLEZ PERNÍAS | lavanguardia.com | 29/03/2026
En 'Kit de supervivencia emocional', el comisario Joan Miquel Capell y el psicólogo Joan Piñol nos desvelan las claves para reconocer, entender y combatir el estrés
“El estrés es la gran epidemia del siglo XXI”, afirma el psicólogo Joan Piñol. En una sociedad que avanza cada vez más deprisa, esta sensación de presión constante se ha ido normalizando hasta formar parte de la vida cotidiana de la mayoría de las personas. Lejos de ser algo puntual, se ha convertido en una de las principales causas de consulta psicológica y atraviesa todos los ámbitos, desde el trabajo hasta la vida familiar y social. No es extraño, por tanto, que este concepto aparezca de forma recurrente en conversaciones, diagnósticos y titulares.
Esta es una de
las ideas que recorre Kit de supervivencia emocional, el libro en el que Piñol —psicólogo,
conferenciante y experto en bienestar emocional— reflexiona sobre cómo
convivimos con esta tensión permanente y qué podemos hacer para gestionarla.
Junto a él firma la obra Joan Miquel Capell, jefe del Gabinete de Prevención y
Seguridad de la Diputación de Barcelona y excomisario de los Mossos d’Esquadra,
cuya experiencia aporta una mirada práctica sobre la gestión de la sobrecarga
en contextos de alta exigencia. “Cuidar el estrés es fundamental. No quiere
decir hacer grandes cambios, sino empezar por ser conscientes, hacer pequeñas
pausas y darnos permiso para parar”, explica Piñol a La Vanguardia.
Qué es el
estrés
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como el conjunto de reacciones
fisiológicas que preparan al organismo para la acción. En Kit de supervivencia emocional, sus autores lo
describen como una respuesta necesaria para la supervivencia, una especie de
alarma interna que se activa ante posibles amenazas. En esta línea,
también citan al neurocientífico Bruce McEwen (2000), quien lo define como “una
amenaza real o percibida a la integridad fisiológica o psicológica de un
individuo, que desencadena una respuesta tanto fisiológica como conductual”.
La clave,
por tanto, consiste en comprender que se trata de una reacción ante situaciones
que percibimos como amenazantes. Se trata de una respuesta que se experimenta
en el presente y que, en condiciones normales, desaparece cuando cesa el
estímulo que la provoca. “Vivimos tan rápido que muchas personas ya no ven el
estrés como un problema, sino como algo normal en la vida”, explica Piñol, lo
que hace que no siempre sea fácil detectarlo.
Las tensiones surgen más bien del
entorno cotidiano: la familia, las relaciones sociales o el ámbito laboral
pueden generar situaciones que desestabilizan emocionalmente al individuo. Por
eso, aprender a identificar sus señales resulta fundamental. “Hay señales de
alerta: cuando notamos que nos cuesta descansar, que estamos más sensibles o
que perdemos la concentración, el cuerpo nos está avisando”, explica Piñol.
El positivo y el negativo
No siempre es perjudicial; de hecho, puede presentarse de
dos formas distintas. Por un lado, existe el llamado “estrés positivo”, que actúa
como un mecanismo de activación. Nos mantiene alerta, mejora nuestro
rendimiento y nos ayuda a reaccionar ante retos o situaciones de presión, como
una fecha límite o un momento de riesgo. En la medida justa, incluso puede ser
beneficioso.
El problema surge cuando esa activación se mantiene en el
tiempo. Entonces hablamos de “estrés negativo”, que deja de ser útil y empieza
a pasar factura al organismo. De forma prolongada, altera funciones
fisiológicas, eleva hormonas como el cortisol y afecta tanto a la salud física
—provocando problemas cardiovasculares, metabólicos o inflamatorios— como al
bienestar emocional, favoreciendo la ansiedad, la depresión o el agotamiento.
En profesiones de alto impacto emocional
Además,
los autores reflexionan sobre cómo la tensión afecta a profesiones como
policía, sanitario, militar o maestro, y destacan que no se trata solo de un
trabajo, sino de un estilo de vida. “Desde que comienza su jornada, saben que
se enfrentarán a situaciones complejas que superan con creces lo que la mayoría
de las personas experimenta a diario”, explican los expertos.
Sin
embargo, el estrés no se limita a sentirse nervioso o molesto; es una carga
invisible que puede tener grandes consecuencias para el cuerpo y para la vida
diaria. El peligro constante, como en el caso de quienes trabajan en cuerpos
policiales sin saber qué les espera en su turno, y la combinación de horarios
irregulares y carga de trabajo afectan al sueño y al descanso. El impacto en la
vida personal también es significativo: muchos profesionales terminan su
jornada irritables o agotados, lo que con el tiempo puede afectar a sus
relaciones y generar distanciamiento.
Por eso, el acompañamiento
psicológico y disponer de un espacio para hablar no debería ser un lujo, sino
una necesidad prioritaria. Cuidar el bienestar emocional de quienes nos
protegen y cuidan es, en realidad, una forma de cuidar a todos. “El estrés en
estas profesiones no es un mito ni una exageración”, confiesan los autores del
libro, y destacan la labor de quienes se dedican a trabajos que sostienen a la
sociedad y, al mismo tiempo, se exponen a riesgos que pueden pasar factura.
“Este ritmo puede acabar pasando factura”, señala Piñol.
Consejos para reducir el estrés según
Joan Miquel Capell y Joan Piñol
·
Dormir como
mínimo unas 6 horas. Cuando falla el descanso, la mente no funciona con
normalidad. Surgen problemas de memoria, aprendizaje, atención y concentración.
Además, afecta al sistema inmunológico. El sueño es fundamental para renovar el
hipocampo, que tiene relación con la memoria y el aprendizaje.
·
Tomar el
sol unos 10 o 15 minutos diariamente. Nos aporta energía y vitamina D.
·
Tomar
contacto con la naturaleza. Esto favorece la liberación de endorfinas y
serotonina, aportando estados de relajación y atención plena.
·
Realizar
ejercicio como mínimo 30 minutos al día.
·
Beber como
mínimo 2 litros de agua al día.
· Respirar correctamente, es decir, trabajar las técnicas de relajación
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