martes, 15 de febrero de 2022
Marian Rojas Estapé, psiquiatra: "Hay que ser el que desembrolla los nudos, no el que genera los conflictos"
martes, 14 de septiembre de 2021
Raymond Cattell y su teoría de la personalidad
EDITH SÁNCHEZ |
La Mente es Maravillosa | 18/08/2018
Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 09/06/2019.
Raymond Cattell nació en Inglaterra a comienzos del siglo XX. De mayor, su trayectoria profesional haría de este inglés uno de los teóricos de la personalidad más importantes en la historia de la psicología. Sus aportes fueron decisivos en la llamada teoría de los rasgos y han tenido aplicación práctica en un test que lleva su nombre.
Aunque Raymond Cattell estudió inicialmente química, tras licenciarse comenzó a interesarse por la psicología. Durante 30 años fue profesor en la Universidad de Illinois y durante 20 en la Universidad de Hawai. También fue un investigador incansable del comportamiento humano y el fundador del Institute for Personality and Ability Testing (IPAT).
Raymond Cattell definió 16 aspectos básicos de
la personalidad. Cada uno de
ellos fue identificado con una letra. A partir de estos creó su famoso test,
que aún hoy en día se aplica con diferentes propósitos. Veamos cuáles son los
factores de personalidad definidos por este extraordinario teórico.
“La psicología es un campo peliagudo, en la que incluso notables
autoridades se han movido en círculos, describiendo cosas que todo el mundo
conoce con palabras que ninguno entiende”.
-Raymond
Cattell-
Factores A, B, C y E
en la teoría de Raymond Cattell
Los factores A, B, C y E en
la teoría de la personalidad de Raymond Cattell corresponden a: afectividad, razonamiento,
estabilidad y dominancia. La afectividad, según su teoría, representaría el
grado de contacto que una persona establece con otros individuos.
El razonamiento tendría que ver con la capacidad
intelectual. En este sentido, cuanto más profundo y acertado
sea el pensamiento abstracto de un
individuo, más inteligente decimos que es.
Por su parte, la estabilidad hace referencia
a la capacidad de adaptación en la teoría de
Raymond Cattell. Corresponde a la habilidad de las personas para no dejarse perturbar por
los estímulos del medio, junto a la disposición y capacidad para comprenderlos
y apropiarse de ellos.
La dominancia es el grado de autonomía o sumisión de una persona. En este sentido, las personas más dominantes suelen ser competitivas, agresivas y seguras de sí mismas. Las menos dominantes serían más frágiles y se subordinarían con facilidad a otros.
Los factores F, G, H e
I
Los factores F, G, H e I corresponden
a: impulsividad, conformidad grupal, atrevimiento y
sensibilidad. Cattell relaciona a la impulsividad con la
espontaneidad y la expresividad. Cuanto más impulsiva una persona, más
entusiasta serían. Cuanto menos impulsiva, más prudente, reservada y pesimista.
Para Raymond Cattell, la conformidad grupal se
refiere al grado de aceptación de las normas sociales que muestran los
individuos. Las más conformes serían personas que se tornan moralistas. Los más
inconformes, rebeldes o revolucionarios.
En cuanto al atrevimiento, estaría relacionado
con la capacidad de asumir riesgos y actuar bajo presión. Quienes no tienen un
alto nivel en esta dimensión tenderían a buscar lo seguro y predecible.
Por su parte, la sensibilidad aludiría al predominio de los aspectos emocionales frente a los racionales en la conducta. Una persona altamente sensible tendería a dejarse dominar por sus sentimientos. Alguien con baja sensibilidad tendería a ser realista y práctico.
Los factores L, M, N y
O
Los factores L, M, N y O corresponden
a: suspicacia, imaginación, astucia y culpabilidad. La suspicacia
tendría que ver con el grado de confianza o desconfianza hacia los demás. La
imaginación, por su parte, sería la capacidad de una persona para
sumergirse en su pensamiento y en su mundo interno.
El factor N, o astucia, se relaciona con la
destreza para analizar la realidad, identificando aquellos rasgos que permitan
obtener algo positivo de los demás. Por lo tanto, los más
astutos serían también calculadores y fríos. Los menos astutos son sinceros,
espontáneos y directos.
El último factor, culpabilidad, se refiere a la capacidad de una persona para responsabilizarse de sus actos de una manera realista. Quienes puntúan alto en este factor serían personas que tienden a sufrir y a culparse por todo. Quienes puntúan bajo tendrían una excelente opinión de sí mismos y serían más indulgentes con sus errores.
Los factores Q 1, Q2,
Q3 y Q4
Los factores Q, del 1 al 4, son: Rebeldía,
Autosuficiencia, Autocontrol y Tensión. La rebeldía tiene que ver con la apertura al
cambio y la capacidad para transformar las situaciones. La autosuficiencia
está relacionada con el grado de independencia personal.
Por su parte, el autocontrol tiene que ver con el nivel de tendencia que tiene un individuo para comportarse socialmente de forma ideal. Y la tensión se refiere al grado de ansiedad que experimenta un sujeto en su vida cotidiana.
Todos estos factores son los que mediría el test de Raymond Cattell. Las puntuaciones en estos factores nos permitirían trazar el perfil de personalidad de la persona que ha respondido al test. Actualmente dicho test se utiliza con mucha frecuencia para la selección de personal que hacen los departamentos de recursos humanos.
sábado, 7 de agosto de 2021
Síndrome de Peter Pan: Qué es y cúal es su tratamiento
ALEJANDRO VERA | grullapsicologiaynutricion.com | 15/03/2021
Aunque en
psicología no exista un diagnóstico como tal, en muchos casos acabamos hablando
del famoso síndrome de Peter Pan.
En este artículo vamos a ver qué es,
cuál es su tratamiento y porque sucede.
¡A por ello!
¿Qué es el síndrome de Peter Pan?
Cuando hablamos
de síndrome, hablamos de una serie de expresiones y experiencias comunes que se
repiten de manera conjunta.
Como te decía
antes, en psicología clínica no existe como un diagnóstico el Síndrome de
Peter Pan, aunque de manera efectiva, nos sirve para describir una realidad
psicológica.
¿Miedo a crecer o falta de madurez?
El síntoma más
característico de las personas con síndrome de Peter Pan es el miedo a
crecer.
Mejor dicho,
eso es lo que solemos pensar. Es cierto que afrontar ciertas cuestiones de la
vida adulta nos puede dar vértigo, sin embargo, tiene más sentido hablar de
inmadurez que de miedo a crecer.
Por lo general,
aunque no siempre es así, hablar de inmadurez es hablar de dependencia
en algún grado.
Las personas
inmaduras o con síndrome de Peter Pan, va a tener tendencia a estar con otras
personas «más fuertes», que habitualmente van a ser las que tomen las
decisiones, afronten los momentos difíciles de la vida, etc.
¿Por qué se produce
el síndrome de Peter Pan?
Sobre
dependencia se ha escrito y dicho de todo, en este artículo te explico la diferencia entre la personalidad dependiente y la
dependencia emocional.
En el caso de
hoy hablamos de dependencia instrumental. Aunque la dependencia instrumental
también se expresa a través de la dependencia a la pareja, en el foco del
problema está como te decía antes, la inmadurez.
Cuando una
persona es miedosa y no ha aprendido a resolver por sí misma, es posible que se
vaya construyendo una personalidad dependiente.
La falta de
responsabilidad
La
responsabilidad de la propia vida queda delegada en otra persona, lo que depara
en una falta de autonomía personal.
Este tipo de personalidad
se construye debido a una educación sobreprotectora o invalidante, que no ha
educado en valores ni entrenado a la persona para la vida.
Como en casi
todos los problemas psicológicos, existe un beneficio secundario, y es que sin
responsabilidad tampoco hay fracaso, ya que ese riesgo, lo asumen otros.
Cómo he
comentado en varias ocasiones, la dependencia como tal no es mala. Los adultos
también somos seres dependientes, lo que ocurre, es que establecemos
dependencias horizontales.
Es decir, de mutuo
cuidado.
El síndrome de Wendy
El problema de
las personas con síndrome de Peter Pan o personalidad dependiente, es que
establecen dependencias verticales. Existe la figura del cuidado (Peter Pan) y
el cuidador (Wendy).
El síndrome de
Wendy explica la codependencia emocional, donde una
persona ejerce de cuidador y guía de la otra. Las personas codependientes, son
personas que aman con abnegación, entregando su vida a la causa de su pareja.
Suele ser frecuente en relaciones con personas adictas.
Síntomas del Síndrome
de Peter Pan
Entre los síntomas
más frecuentes del síndrome de Peter Pan se encuentran:
§ Bajo sentido de
la responsabilidad.
§ Evitación de
problemas.
§ Dificultad para
tomar decisiones.
§ Baja
autoestima.
§ Miedo al
abandono.
§ Poca autonomía
personal.
§ Rasgos de
inmadurez.
§ Poca conciencia
de los problemas.
§ Otros.
¿Tiene tratamiento el
síndrome de Peter Pan?
Cómo ya he
comentado antes, el síndrome de Peter Pan no es un trastorno psicológico como
tal, sin embargo sí que tiene tratamiento el trastorno de personalidad
dependiente.
Uno de los
objetivos terapéuticos es enseñarle a la persona los «beneficios de crecer» y
conectar con la propia sensación de capacidad y resolución.
En muchas
ocasiones, el trabajo previo es enseñar habilidades de afrontamiento,
regulación emocional, toma de decisiones, asertividad u otros.
También suele
suceder que el entorno ejerce una presión invalidante que no deja crecer. Es
bastante frecuente que la familia se comporte como un tope o límite que no
permite a la persona coger autonomía porque de algún modo, le interese que no
lo haga.
En estos casos,
también hay que reencuadrar con la persona como esto puede cambiar sus
relaciones. Por ejemplo, si se encuentra dentro de una relación codependiente,
al dejar de ocupar el rol de cuidado, la dinámica de pareja cambiará
completamente.
martes, 8 de junio de 2021
La teoría de la acción social de Erving Goffman
RAFAEL RAMÍREZ LAGO | Psicología y Mente
Conociendo el abismo que existe entre nuestra imagen social y nuestra verdadera personalidad.
Con un simple vistazo a las publicaciones de tus
amigos o seguidores en redes
sociales como Facebook o Instagram, podemos ver el modo en el que las personas reflejan su
vida y su personalidad a través de las fotos y videos que suben.
No obstante, en estas
redes no hay muestras de sufrimiento, penuria o tristeza en los perfiles de
ninguno de sus miembros. Vemos multitud de fotos de caras felices, paisajes,
sonrisas, frases de superación; y sin embargo no hay cabida para una realidad
tan aplastante y cierta como lo es la existencia del dolor y sufrimiento humano
en la vida de cada persona.
¿Qué sabemos realmente de
los demás cuando vemos su perfil en las redes sociales? ¿Pueden estas plataformas virtuales decirnos
cómo son las personas realmente?
Este mercado de las muestras de felicidad que
encontramos cada vez que abres las redes sociales, puede ser visto desde una de
las grandes teorías de la personalidad, la desarrollada por el sociólogo y
escritor, Erving Goffman.
Erving Goffman y la personalidad creada por interacciones
Este autor desarrolla su obra alrededor de la creación
de la personalidad a través de las interacciones con los demás. Defiende que gran parte
de nuestra conducta depende de los escenarios interpersonales y suele tomar las
formas de lo que queremos conseguir y de lo que nos interesa de nuestros
interlocutores. Se trata de un manejo constante de nuestra imagen ante los
demás.
Según Goffman, en la
interacción se trata siempre de definir la situación de forma que permita ganar
el control sobre las impresiones que los demás forman de nosotros. Desde esta
perspectiva, la mejor definición
que corresponde a la persona es la de un actor que interpreta un rol y que actúa a través de interacciones con los demás.
Desde esta teoría, la interacción consistiría en crear
impresiones que permiten formar las inferencias que nos benefician y que
reflejan las intenciones y los aspectos de la propia identidad que queremos
comunicar, haciendo de la relación con los otros un continuo manejo de la
imagen pública, una serie sucesiva de autopresentaciones.
La teoría de Goffman y las redes sociales
En la actualidad estas
autopresentaciones podrían ser cada una de las fotos y vídeos que hacemos
llegar a todos aquellos que nos siguen en las redes sociales, como una forma de
conseguir crear una imagen positiva sobre los demás para obtener beneficios
sobre los propios seguidores. Pero no solo eso serviría para vender nuestra
imagen pública, sino también cada una de las interacciones que llevamos a cabo
en el día a día.
El encuentro con el
panadero al comprar el pan, el café diario con los compañeros de trabajo, la
cita con aquella persona que te presentó un amigo... Cualquiera de estos escenarios supone
la creación de impresiones y, en función de tu interpretación, las personas con las que
interactúes te impondrán una personalidad u otra.
Desde esta perspectiva,
la identidad es la forma de presentarse del sujeto en función de las ventajas y
desventajas que tienen las posibles múltiples identidades del sujeto en un
momento dado. En definitiva, la teoría de la acción social de Goffman
explicaría un conjunto de roles que vamos interpretando en cada interacción con
el objetivo de obtener beneficios y, sobre todo, de ser acogidos por la
sociedad.
Goffman insiste en que tal juego de representaciones
nunca transmite la identidad real, sino la identidad querida, por ello, la
conducta humana se caracteriza por las técnicas de publicidad, marketing e
interpretación, por lo que el modelo de Goffman refleja la importancia que
tiene la negociación como forma de interacción social.
El mercado de la imagen pública
Es fácil concluir que se
trata de una teoría sobre la identidad algo maquiavélica y basado en lo
superficial, lo estético y lo falso. No obstante, las semejanzas de las
conclusiones de este autor con el mundo de las redes sociales y el trato
personal, en el que no hay sitio para el sufrimiento y la desgracia sino que
todo se oculta tras los productos de un supermercado de felicidad, apariencias
y estética, son muy reales y es necesario tenerlas en cuenta.
Al menos, para
concienciarnos de que la
persona detrás de esa cuenta de Instagram puede distar mucho de la persona que
es en realidad.
martes, 30 de marzo de 2021
¿Te tomas todo muy a pecho?. Quizás seas PAS, una persona altamente sensible
ALBERT MOLINS RENTER | bARCELONA | la Vanguardia | 17/06/2020
Es un rasgo que, bien gestionado, es positivo, pero sin la atención apropiada puede llevar a la ansiedad y la depresión.
Si
siempre se ha sentido un poco bicho
raro o si siempre le han dicho que era un llorón o una
llorona y que no debía tomarse
las cosas tan a pecho, puede estar de suerte. Hay muchas
posibilidades de que sea usted lo que se conoce como una Persona Altamente Sensible (PAS), algo que “bien
comprendido, gestionado y canalizado, es un rasgo muy positivo”, asegura el
psicólogo José María Guillén Lladó.
La alta sensibilidad es
un concepto relativamente nuevo, en pleno
proceso de estudio y evolución, que afecta a entre un 15% y un 20% de la población.
Empezó a ser estudiado en 1991 por la psicóloga estadounidense Elaine Aron bajo la denominación científica de Sensibilidad
de proceso sensorial, y que dio a conocer mediante su libro El don de
la sensibilidad. “En general, consiste en personas que tienen un mayor
nivel de percepción y estimulación neurosensorial y cognitiva, por lo que
pueden tener una mayor activación ante ciertos estímulos, tanto externos como internos”, explica
Guillén Lladó.
Es
muy importante destacar que no estamos
ni ante una enfermedad
mental ni ante un trastorno, sino ante un rasgo. Se trata
de “un rasgo neutral que constituye una ventaja evolutiva en algunas cosas y
una desventaja en otras”, dice Teresa Nandín, presidenta de la Associació Catalana de Persones amb
Alta Sensibilitat (Acpas).
“Las PAS son
personas que tienen una sensibilidad más elevada en la
adaptación a su ambiente, en sentido físico, emocional y social”, dice Jordi Isidro
Molina, psicólogo de Cedipte. Lo que sí
puede suceder, si no se gestiona bien, es que –dependiendo de la personalidad
de cada persona– aparezcan “ansiedad, depresión y, en casos muy extremos,
trastornos límites de la personalidad”, asegura la psicóloga de adultos Claudia
Pradas.
Estas personas “son muy sensibles a los ruidos, a
los olores,
a las sensaciones
corporales, a los cambios de temperatura, al contacto físico y a
todo lo que les rodea y que sale de la rutina o de la normalidad. Socialmente
son muy sensibles a los cambios
de humor de los demás, pero eso las hace ser muy empáticas con
el sufrimiento y malestar de las personas que están con ellas, incluso aunque
no sean directamente amigos o familiares”, dice Isidro Molina.
Se
sabe muy poco de las causas de la alta sensibilidad. “Es un rasgo genético y
hereditario, pero hay quien asegura que está modulado por las
circunstancias vitales de la infancia y la crianza”, explica Nandín. Es
cierto que está “muy relacionado con los artistas y el proceso
creativo, pero no tiene que manifestarse sólo en el mundo artístico”,
añade. También “hay muchos estudios en curso sobre su relación con las altas capacidades y
la hipótesis es que se tocan, pero de momento no hay conclusiones”, explica la presidenta
de la Acpas. (Associació Catalana de Persones Altament Sensibles)
Judith Abad siempre se había
sentido un bicho raro e incomprendida. “Al principio crees que forma parte del
proceso de hacerte mayor y que es inmadurez,
pero al llegar a la universidad sufrí mucho estrés y ansiedad,
desarrollé miedo a hablar en público y me volví super susceptible: pensaba que
tenía a todo el mundo en contra. Pero al mismo tiempo era capaz de captar
detalles en determinadas situaciones que se le escapaban a la mayoría de la
gente”, explica Abad.
Al
final acudió a un psiquiatra que le hizo un test de personalidad y la
identificó como PAS. “Me ha costado mucho ir de fiesta o ir a lugares donde hay
mucha gente o mucho ruido, y he llegado a la conclusión que lo mejor es evitar
todo lo que me afecta”, añade Abad. Y es que “vivimos en un mundo muy cargado
de estímulos que una PAS percibe
de forma más profunda, y eso puede llegar a sobresaturar. Llega a la
sobresaturación antes. Se tienen que saber autorregular”, añade Nandín.
Por
contra, Abad dice que tiene muy desarrollada “la empatía y la capacidad
mediadora” y se considera una persona “muy intuitiva para comprender el estado
de ánimo de los demás, porque somos personas flexibles e intuitivas, con un
gran sentido de la justicia y muy perfeccionistas”.
Durante el confinamiento, Abad reconoce que “el exceso de información ha terminado por
afectarme y me ha generado ansiedad. El cambio de rutina, ser una persona muy empática
y tener mucho más tiempo para pensar me hizo entrar en bucle”, explica.
Pero, por otro lado, “también ha sido una oportunidad para conocerme mejor, y
en el fondo para las PAS, que normalmente llevamos una vida muy estresante,
esta parada y este recogimiento que ha significado el confinamiento ya nos ha
venido bien”, asegura Abad.
De
todas formas, ha buscado sus propias estrategias
de protección, que en su caso han sido “leer mucho, hacer
ejercicio físico y meditación para superar esta situación de bloqueo en la que
me econtraba”.
Este es el motivo por el que las
PAS “somos una pieza muy valiosa en profesiones que necesitan empatía; y aunque
no somos de respuesta rápida ni resolutivas, en el mundo profesional la PAS
es la que es capaz de dar la visión
de conjunto porque tiene en cuenta más variables”,
dice Nandín. Claro que estas no son siempre virtudes que encajen bien en el
medio laboral. “Trato de ser honesta y no soy nada competitiva. Te encuentras
todo lo contrario y eso te frustra”, explica Abad.
Su
gran capacidad de empatía “les lleva a sufrir por hechos de los que no son
responsables ni pueden hacer nada por ayudar a la otra persona. Además, les
lleva a evitar los
conflictos o las situaciones potencialmente conflictivas.
Desbordan sensibilidad y esto les puede hacer parecer más débiles y pueden
sufrir de abusos o acoso”, explica Jordi Isidro Molina.
Los niños también pueden ser PAS, aunque puede no ser fácil de detectar. “En los bebés es más difícil, pero a veces se puede observar una
mayor reactividad al
entorno. Se les irrita la piel, les molestan las etiquetas de
la ropa, la luz o el pañal. Cuando crecen suelen ser más inhibidos, más
profundos y te hacen preguntas que no les corresponden por la edad”, explica la
presidenta de la Acpas.
El niño que es altamente sensible
es más observador, ve si está en un lugar seguro y, en un tobogán, siempre es
el niño prudente. Es el típico crío que “se preocupa mucho por el amigo triste
o la profesora que está enferma”, añade Nandín.
Desde la Acpas recomiendan a los padres que “se informen en fuentes
rigurosas, que procuren estar en contacto con los educadores, que busque el
equilibrio entre dotar a su hijo de una buena autoestima y seguridad y el darle
valor a las cualidades que tiene”. Acompañar sin sobreproteger sería la idea
básica, además de “no
forzarlo a hacer cosas que no le gusten y que le hacen
sentir mal y que para él sean abrumadoras emocionalmente”, concluyen.
Los adultos pueden hacer
este test, que diseñó en su momento la
doctora Aron y “que tiene, hoy por hoy, un carácter orientativo, pero cuya
utilidad está fuera de toda duda”, asegura Guillén Lladó. Sólo aquellas
personas –niños o adultos– que vivan mal su condición de PAS acuden a terapia. “No todas
las terapias van dirigidas a un trastorno y, con técnicas diferentes, a las PAS
les pueden ayudar a mejorar su tolerancia
al malestar”, explica Pradas.
Vivimos en una sociedad que lo de
las emociones lo lleva fatal. “La sociedad valora muy poco las emociones. El
sistema educativo no educa en las emociones ni la inteligencia emocional”,
asegura Abad. “La dictadura de ser feliz hace que cuando aparece la tristeza,
haya gente que no lo tolere, y hay que aprender a aceptar estas emociones”,
añade Claudia Pradas.
De
todas formas y aunque Judith Abad reclama que “hay que saber dirigirse a las
PAS y no hacerlo de forma brusca”, también dice que “hay que entender como
eres, pero también hay que entender como son los demás”. Y desde las Acpas
tienen claro que “la sociedad no se tiene que adaptar a nosotros, somo
nosotros los que tenemos que vivir en sociedad”, dice Nandín.