Mostrando entradas con la etiqueta Personalidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personalidad. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de febrero de 2022

Marian Rojas Estapé, psiquiatra: "Hay que ser el que desembrolla los nudos, no el que genera los conflictos"


Aldara Martitegui      |     Madrid    |     niusdiario.es     |     19/09/2021

     ·        Entrevista a la psiquiatra Marian Rojas Estapé que acaba de publicar su último libro ‘                Encuentra tu persona vitamina’
·        Rojas Estapé reflexiona sobre la importancia de las relaciones humanas y el impacto que tienen en nuestra salud y bienestar

 “Una persona vitamina es la que disfruta de tus cosas buenas incluso más que tú”, dice Marian Rojas Estapé. ¿Quién no quiere tener a alguien así en su vida?
 
La psiquiatra reconoce que la pandemia ha pasado una enorme factura a nuestras relaciones humanas. Por primera vez en la historia hemos antepuesto el riesgo (¿estará vacunado?, ¿cómo le saludo?, ¿con el codo?, ¿le abrazo?, ¿me quito la mascarilla?) a el ¡qué ganas de verle!.
 
La pandemia también nos ha generado a muchas personas una entrada de conciencia sobre algo que hace solo un año y medio dábamos por sentado: nuestras relaciones humanas. Ahora somos mucho más conscientes del impacto que tienen en nosotros ciertas personas y de que hay algunas relaciones que nos nutren y mejoran nuestro estado de ánimo. También muchos hemos experimentado lo contrario: el impacto que nosotros tenemos en los demás.
 
Son tiempos estos ideales para replantearse cómo uno quiere realmente integrar en sus relaciones humanas todos los aprendizajes que nos ha traído la pandemia. Tiempos ideales también para abrirse a comprender por qué algunas relaciones fallan y si tal vez hay heridas emocionales del pasado que nos impiden conectar de forma sana con nuestro entorno. Porque “comprender es aliviar”, como dice Rojas Estapé. Encuentra tu persona vitamina es un viaje hacia la comprensión de uno mismo a través de nuestras relaciones humanas.
 
Pregunta: El libro viene muy bien justo ahora, cuando empezamos a levantar cabeza después de año y medio de pandemia. Sirve para ilustrar el impacto que tienen en nuestra salud y bienestar nuestras relaciones humanas y nos hace reflexionar sobre cómo queremos que sean esas relaciones…
 
Respuesta: Necesitamos volver a las relaciones humanas, a entendernos y volver a decir “oye yo quiero reconectar con la gente, quiero ser persona vitamina”…ha pasado la tormenta y decir “oye; en mis relaciones humanas ¿cómo puedo sacar lo mejor?, en mis relaciones de profesionales, ¿cómo puedo sacar lo mejor?”…yo creo que este sí es un buen momento para el libro. Estuve dudando cuándo sacarlo y en momento dado pues dije, mira, yo creo que ahora ya la gente va estar más receptiva a algo de este tipo.
 
P: La gente está más receptiva ahora a este tipo de temas también gracias a la pandemia, que ha traído mucho sufrimiento, sí, pero también una cosa que era muy necesaria: dar al mundo emocional la importancia que tiene y desestigmatizar la salud mental.
 
R: Sí. Yo creo que a día de hoy, si estás en una comida o en una reunión de trabajo y dices; “es que estoy yendo al psicólogo porque lo he pasado muy mal”…nadie juzga. Todo el mundo dice, “lógico, puede ser”. Creo que no juzgamos si alguien nos dice que está tomando medicación o que ha tenido que pedir ayuda. Creo que hay algo dentro de nosotros que dice “bueno, pues a saber qué circunstancias tan duras ha pasado esta persona a lo largo de estos meses”. Y esto también nos ayuda a respetar la salud mental, la mente y el comportamiento del mundo emocional de los demás (…) Sí, creo que hay menos estigma y esto es una cosa buena.
 
P: La gente se atreve a reconocer su vulnerabilidad incluso delante de millones de personas, como hizo la gimnasta estadounidense Simon Biles en los Juegos Olímpicos.
 
R: Soy superfan de sus declaraciones, porque creo que han hecho mucho bien. Es que en un momento donde pensamos que nadie puede fallar, que no te puedes romper…pero es que todo el mundo es humano (…) Yo, en la pandemia cuando nació mi cuarto hijo me rompí. Por las circunstancias, los cuatro niños, yo sola…y me rompí, y acepté que estaba rota. Y hubo mucha gente que me pidió ayuda y yo seguí ayudando porque yo sé como se ayuda a otros. Pero dentro de mí…era la primera vez que yo por dentro estaba agotada mentalmente. Primero porque había estado ayudando a muchos sanitarios por teléfono que cuando salían de los hospitales se desahogaron conmigo. Luego, porque en medio de esto pasé el covid embarazada y tengo un bebé. Luego, porque me planto encerrada en un sitio con 4 niños muy pequeños sin poder salir a la calle y con un marido con un servicio esencial y de repente fue como un: ¡es que esto no puede ser! Y a veces, hay que reconocer que uno necesita su espacio y su tiempo (…) A veces, uno lo pasa mal y no pasa nada por reconocer que de repente uno necesita tiempo para uno mismo, para parar y decir: “Un momento, es que tengo que frenar, la vida está pudiendo conmigo y ahora lo que necesito es frenar”.
 
P: Dices en tu libro que una de las cosas que todas las personas necesitamos para recuperarnos y recobrar la ilusión es el contacto con esas 'personas vitamina' …
 
R: Es que las relaciones humanas, sobre todo las buenas, nos nutren, mejoran el estado de ánimo, nos bajan el cortisol, nos suben la oxitocina, nos mejoran la salud (…)
 
P: Por el título, el libro parece que nos va a ayudar a encontrar a esas personas que nos nutren. Pero uno se da cuenta en cuanto empieza a leer que la propuesta es más bien otra: conviértete en una 'persona vitamina'. Esas personas vitamina que describes nos hacen de espejo y nos inspiran.
 
R: Total, total…pero es porque para encontrar a tu persona vitamina tú tienes que tener vitamina dentro. El libro es Encuentra tu persona vitamina, pero partiendo de que tú seas 'persona vitamina'. Es una manera de decir “oye, vete abriendo a tu historia, vete yendo hacia atrás y mira (…)  Es que a veces es necesario echar la mirada al pasado para conectar con el presente, a veces hay que cerrar heridas porque si no hay heridas cerradas, el presente es un tormento.
 
P: Muchas veces todo eso del pasado es lo que nos está condicionando en el presente y no sabemos que ese es el motivo por el que no somos 'persona vitamina' o que incluso generamos toxicidad en los demás…
 
R: Por ejemplo, hay personas que tienen rasgos dependientes, tímidos, impulsivos, de desconfianza. Entonces, esas formas de ser muchas veces generan cierta toxicidad en el entorno. Pero es interesante entender si nosotros podemos tener alguna de esas características negativas y cómo canalizarlas a positivo y entender de dónde vienen: Si son por las circunstancias -estoy en pandemia, tengo covid, me he quedado sin trabajo, mi pareja me ha dejado, mi hijo está enfermo, mi madre acaba de fallecer- o es que mi forma de ser tiende a ser así. Y cuando uno entiende cómo es su forma de ser, es mucho más fácil que conecte de forma sana con lo que le rodea.
 
P: Hay un cambio muy grande cuando una persona deja de estar en el mundo como exigiendo que el mundo le dé lo que se merecen y empieza a preguntarse ¿qué puedo ofrecer yo al mundo?
 
R: Es el momento en el que tú decides no ser el receptor de todo, sino esa persona que ayuda a mejorar las relaciones humanas…por ejemplo tú llegas a la mesa de una boda o a una reunión o a una comida con familia política. Y te dices: “aquí puedo no hacer nada, sumar o restar”. ¿Cómo resto? con silencios incómodos, miradas hirientes…Neutro es ni fu ni fa, como si no estuvieras pero que tampoco haces daño. Y sumas preguntándote qué puedes hacer para que la gente que está aquí hoy se vaya mejor, más animada.
 
P: Esto es un cambio de mentalidad muy grande para el individualismo de estos tiempos y la generación del “porque yo lo valgo”
 
R: Es que claro, estamos hablando de una revolución. Es que yo estoy ahora en la revolución del amor, es que hay que demostrarlo, hay que cuidar a la gente, hay que quererse, hay que demostrarlo, hay que hacer porque los ambientes de trabajo y familiares mejoren…hay que ser el que desembrolla los nudos, no el que genera los conflictos. Hay momentos de tensión en todas las familias, parejas o trabajos, en los que tú puedes potenciar esa tensión metiendo cizaña, no haciendo nada -y que esa tensión sea terrible- o decir: “oye espera un momento, perdona si el otro día te dije algo…que noto que hay aquí un poco de tensión”. Cuando uno hace eso, es que es superlativo lo que se produce. Pero claro, tienes toda la razón, es dejar de ser yo el centro del mundo para que todo el mundo me cuide a mí y pasar a pensar: en este momento, a ver qué yo puedo aportar. Es que es un cambio de paradigma importante.
 
P: Este boom que estamos viviendo ahora en el ámbito del desarrollo personal podría ser una señal de que ese cambio de paradigma está empezando. Pero también hay muchos escépticos y críticos con el ‘conócete a ti mismo’…
 
R: Ahora hay mucha gente con ganas de conocerse, de conocer la mente humana y de potenciar lo mejor que lleva dentro. Pero es que para conocer tu mejor potencial tienes que quitarte la barrera de “no, es que a mí estas cosas no me interesan; no, es que yo este mundo no me lo creo mucho” (…) Pero claro, también esto saca a la gente de su zona de confort y a nadie le guste que le saquen de ahí.
 
P: Para terminar, me gustaría saber -dada tu experiencia como psiquiatra tratando a personas y viendo tan de cerca el sufrimiento-  ¿cómo ves al ser humano del siglo XXI?
 
R: Si hay algo por lo que me caracterizo es porque no pierdo nunca la esperanza. Pero al ser humano lo veo desorientado, que a veces le falta ese sentido de vida, ese rumbo, ese hacia dónde me dirijo…tan envuelto en sensaciones, en gratificaciones instantáneas, en la pantalla…La pantalla, ¡qué buena para tantas cosas y qué dañina cuando no la sabemos gestionar! (…) Veo al ser humano con ganas de llegar a ese equilibrio, a encontrar esa verdad que le llene. Porque tantas cosas nos venden que nos van a hacer felices: comprar a un click, Tinder a un click, Amazon a un click, te llega lo que buscas…¡cualquier cosa! y parece que esa felicidad que se hace en un click no es felicidad ni nada, solo hace un vacío. Y yo creo que hay gente que realmente dice: “oye, que ya no me engañen”. Busquemos lo que los japoneses llaman el ikigai, ese sentido de vida que es hacer cosas por los demás, hacer la vida agradable a los demás, ese sentido más trascendente de nuestra trayectoria humana. Oye, que estamos aquí para hacer las cosas lo mejor que podemos, para querer y cuidar a la gente -siempre y cuando no nos chupe y nos saque toda la energía que tenemos-. Estamos aquí para sacar lo mejor que llevamos dentro.

martes, 14 de septiembre de 2021

Raymond Cattell y su teoría de la personalidad


EDITH SÁNCHEZ       |        La Mente es Maravillosa     |     18/08/2018

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 09/06/2019. 

Raymond Cattell nació en Inglaterra a comienzos del siglo XX. De mayor, su trayectoria profesional haría de este inglés uno de los teóricos de la personalidad más importantes en la historia de la psicología. Sus aportes fueron decisivos en la llamada teoría de los rasgos y han tenido aplicación práctica en un test que lleva su nombre. 

Aunque Raymond Cattell estudió inicialmente química, tras licenciarse comenzó a interesarse por la psicología. Durante 30 años fue profesor en la Universidad de Illinois y durante 20 en la Universidad de Hawai. También fue un investigador incansable del comportamiento humano y el fundador del Institute for Personality and Ability Testing (IPAT). 

Raymond Cattell definió 16 aspectos básicos de la personalidadCada uno de ellos fue identificado con una letra. A partir de estos creó su famoso test, que aún hoy en día se aplica con diferentes propósitos. Veamos cuáles son los factores de personalidad definidos por este extraordinario teórico.

La psicología es un campo peliagudo, en la que incluso notables autoridades se han movido en círculos, describiendo cosas que todo el mundo conoce con palabras que ninguno entiende”.

-Raymond Cattell-

Factores A, B, C y E en la teoría de Raymond Cattell

Los factores A, B, C y E en la teoría de la personalidad de Raymond Cattell corresponden a: afectividad, razonamiento, estabilidad y dominancia. La afectividad, según su teoría, representaría el grado de contacto que una persona establece con otros individuos.

El razonamiento tendría que ver con la capacidad intelectual. En este sentido, cuanto más profundo y acertado sea el pensamiento abstracto de un individuo, más inteligente decimos que es.

Por su parte, la estabilidad hace referencia a la capacidad de adaptación en la teoría de Raymond Cattell. Corresponde a la habilidad de las personas para no dejarse perturbar por los estímulos del medio, junto a la disposición y capacidad para comprenderlos y apropiarse de ellos.

La dominancia es el grado de autonomía o sumisión de una persona. En este sentido, las personas más dominantes suelen ser competitivas, agresivas y seguras de sí mismas. Las menos dominantes serían más frágiles y se subordinarían con facilidad a otros. 

Los factores F, G, H e I

Los factores F, G, H e I corresponden a: impulsividad, conformidad grupal, atrevimiento y sensibilidad. Cattell relaciona a la impulsividad con la espontaneidad y la expresividad. Cuanto más impulsiva una persona, más entusiasta serían. Cuanto menos impulsiva, más prudente, reservada y pesimista.

Para Raymond Cattell, la conformidad grupal se refiere al grado de aceptación de las normas sociales que muestran los individuos. Las más conformes serían personas que se tornan moralistas. Los más inconformes, rebeldes o revolucionarios.

En cuanto al atrevimiento, estaría relacionado con la capacidad de asumir riesgos y actuar bajo presión. Quienes no tienen un alto nivel en esta dimensión tenderían a buscar lo seguro y predecible.

Por su parte, la sensibilidad aludiría al predominio de los aspectos emocionales frente a los racionales en la conducta. Una persona altamente sensible tendería a dejarse dominar por sus sentimientos. Alguien con baja sensibilidad tendería a ser realista y práctico. 

Los factores L, M, N y O

Los factores L, M, N y O corresponden a: suspicacia, imaginación, astucia y culpabilidad. La suspicacia tendría que ver con el grado de confianza o desconfianza hacia los demás. La imaginación, por su parte, sería la capacidad de una persona para sumergirse en su pensamiento y en su mundo interno.

El factor N, o astucia, se relaciona con la destreza para analizar la realidad, identificando aquellos rasgos que permitan obtener algo positivo de los demás. Por lo tanto, los más astutos serían también calculadores y fríos. Los menos astutos son sinceros, espontáneos y directos.

El último factor, culpabilidad, se refiere a la capacidad de una persona para responsabilizarse de sus actos de una manera realista. Quienes puntúan alto en este factor serían personas que tienden a sufrir y a culparse por todo. Quienes puntúan bajo tendrían una excelente opinión de sí mismos y serían más indulgentes con sus errores. 

Los factores Q 1, Q2, Q3 y Q4

Los factores Q, del 1 al 4, son: Rebeldía, Autosuficiencia, Autocontrol y Tensión. La rebeldía tiene que ver con la apertura al cambio y la capacidad para transformar las situaciones. La autosuficiencia está relacionada con el grado de independencia personal.

Por su parte, el autocontrol tiene que ver con el nivel de tendencia que tiene un individuo para comportarse socialmente de forma ideal. Y la tensión se refiere al grado de ansiedad que experimenta un sujeto en su vida cotidiana.

Todos estos factores son los que mediría el test de Raymond Cattell. Las puntuaciones en estos factores nos permitirían trazar el perfil de personalidad de la persona que ha respondido al test. Actualmente dicho test se utiliza con mucha frecuencia para la selección de personal que hacen los departamentos de recursos humanos. 

sábado, 7 de agosto de 2021

Síndrome de Peter Pan: Qué es y cúal es su tratamiento


ALEJANDRO VERA      |    grullapsicologiaynutricion.com     |     15/03/2021  

Aunque en psicología no exista un diagnóstico como tal, en muchos casos acabamos hablando del famoso síndrome de Peter Pan.

En este artículo vamos a ver qué es, cuál es su tratamiento y porque sucede.

¡A por ello!

¿Qué es el síndrome de Peter Pan?

Cuando hablamos de síndrome, hablamos de una serie de expresiones y experiencias comunes que se repiten de manera conjunta.

Como te decía antes, en psicología clínica no existe como un diagnóstico el Síndrome de Peter Pan, aunque de manera efectiva, nos sirve para describir una realidad psicológica.

¿Miedo a crecer o falta de madurez?

El síntoma más característico de las personas con síndrome de Peter Pan es el miedo a crecer.

Mejor dicho, eso es lo que solemos pensar. Es cierto que afrontar ciertas cuestiones de la vida adulta nos puede dar vértigo, sin embargo, tiene más sentido hablar de inmadurez que de miedo a crecer.

Por lo general, aunque no siempre es así, hablar de inmadurez es hablar de dependencia en algún grado.

Las personas inmaduras o con síndrome de Peter Pan, va a tener tendencia a estar con otras personas «más fuertes», que habitualmente van a ser las que tomen las decisiones, afronten los momentos difíciles de la vida, etc.

¿Por qué se produce el síndrome de Peter Pan? 

Sobre dependencia se ha escrito y dicho de todo, en este artículo te explico la diferencia entre la personalidad dependiente y la dependencia emocional.

En el caso de hoy hablamos de dependencia instrumental. Aunque la dependencia instrumental también se expresa a través de la dependencia a la pareja, en el foco del problema está como te decía antes, la inmadurez.

Cuando una persona es miedosa y no ha aprendido a resolver por sí misma, es posible que se vaya construyendo una personalidad dependiente.

La falta de responsabilidad 

La responsabilidad de la propia vida queda delegada en otra persona, lo que depara en una falta de autonomía personal.

Este tipo de personalidad se construye debido a una educación sobreprotectora o invalidante, que no ha educado en valores ni entrenado a la persona para la vida.

Como en casi todos los problemas psicológicos, existe un beneficio secundario, y es que sin responsabilidad tampoco hay fracaso, ya que ese riesgo, lo asumen otros.

Cómo he comentado en varias ocasiones, la dependencia como tal no es mala. Los adultos también somos seres dependientes, lo que ocurre, es que establecemos dependencias horizontales.

Es decir, de mutuo cuidado.

El síndrome de Wendy 

El problema de las personas con síndrome de Peter Pan o personalidad dependiente, es que establecen dependencias verticales. Existe la figura del cuidado (Peter Pan) y el cuidador (Wendy).

El síndrome de Wendy explica la codependencia emocional, donde una persona ejerce de cuidador y guía de la otra. Las personas codependientes, son personas que aman con abnegación, entregando su vida a la causa de su pareja.

Suele ser frecuente en relaciones con personas adictas. 

Síntomas del Síndrome de Peter Pan 

Entre los síntomas más frecuentes del síndrome de Peter Pan se encuentran:

§  Bajo sentido de la responsabilidad.

§  Evitación de problemas.

§  Dificultad para tomar decisiones.

§  Baja autoestima.

§  Miedo al abandono.

§  Poca autonomía personal.

§  Rasgos de inmadurez.

§  Poca conciencia de los problemas.

§  Otros. 

¿Tiene tratamiento el síndrome de Peter Pan? 

Cómo ya he comentado antes, el síndrome de Peter Pan no es un trastorno psicológico como tal, sin embargo sí que tiene tratamiento el trastorno de personalidad dependiente.

Uno de los objetivos terapéuticos es enseñarle a la persona los «beneficios de crecer» y conectar con la propia sensación de capacidad y resolución.

En muchas ocasiones, el trabajo previo es enseñar habilidades de afrontamiento, regulación emocional, toma de decisiones, asertividad u otros.

También suele suceder que el entorno ejerce una presión invalidante que no deja crecer. Es bastante frecuente que la familia se comporte como un tope o límite que no permite a la persona coger autonomía porque de algún modo, le interese que no lo haga.

En estos casos, también hay que reencuadrar con la persona como esto puede cambiar sus relaciones. Por ejemplo, si se encuentra dentro de una relación codependiente, al dejar de ocupar el rol de cuidado, la dinámica de pareja cambiará completamente.


martes, 8 de junio de 2021

La teoría de la acción social de Erving Goffman

 

RAFAEL RAMÍREZ LAGO         |        Psicología y Mente

Conociendo el abismo que existe entre nuestra imagen social y nuestra verdadera personalidad.


Con un simple vistazo a las publicaciones de tus amigos o seguidores en redes sociales como Facebook o Instagram, podemos ver el modo en el que las personas reflejan su vida y su personalidad a través de las fotos y videos que suben.

No obstante, en estas redes no hay muestras de sufrimiento, penuria o tristeza en los perfiles de ninguno de sus miembros. Vemos multitud de fotos de caras felices, paisajes, sonrisas, frases de superación; y sin embargo no hay cabida para una realidad tan aplastante y cierta como lo es la existencia del dolor y sufrimiento humano en la vida de cada persona.

¿Qué sabemos realmente de los demás cuando vemos su perfil en las redes sociales? ¿Pueden estas plataformas virtuales decirnos cómo son las personas realmente?

Este mercado de las muestras de felicidad que encontramos cada vez que abres las redes sociales, puede ser visto desde una de las grandes teorías de la personalidad, la desarrollada por el sociólogo y escritor, Erving Goffman.

 

Erving Goffman y la personalidad creada por interacciones

Este autor desarrolla su obra alrededor de la creación de la personalidad a través de las interacciones con los demás. Defiende que gran parte de nuestra conducta depende de los escenarios interpersonales y suele tomar las formas de lo que queremos conseguir y de lo que nos interesa de nuestros interlocutores. Se trata de un manejo constante de nuestra imagen ante los demás.

Según Goffman, en la interacción se trata siempre de definir la situación de forma que permita ganar el control sobre las impresiones que los demás forman de nosotros. Desde esta perspectiva, la mejor definición que corresponde a la persona es la de un actor que interpreta un rol y que actúa a través de interacciones con los demás.

Desde esta teoría, la interacción consistiría en crear impresiones que permiten formar las inferencias que nos benefician y que reflejan las intenciones y los aspectos de la propia identidad que queremos comunicar, haciendo de la relación con los otros un continuo manejo de la imagen pública, una serie sucesiva de autopresentaciones.

 

La teoría de Goffman y las redes sociales

En la actualidad estas autopresentaciones podrían ser cada una de las fotos y vídeos que hacemos llegar a todos aquellos que nos siguen en las redes sociales, como una forma de conseguir crear una imagen positiva sobre los demás para obtener beneficios sobre los propios seguidores. Pero no solo eso serviría para vender nuestra imagen pública, sino también cada una de las interacciones que llevamos a cabo en el día a día.

El encuentro con el panadero al comprar el pan, el café diario con los compañeros de trabajo, la cita con aquella persona que te presentó un amigo... Cualquiera de estos escenarios supone la creación de impresiones y, en función de tu interpretación, las personas con las que interactúes te impondrán una personalidad u otra.

Desde esta perspectiva, la identidad es la forma de presentarse del sujeto en función de las ventajas y desventajas que tienen las posibles múltiples identidades del sujeto en un momento dado. En definitiva, la teoría de la acción social de Goffman explicaría un conjunto de roles que vamos interpretando en cada interacción con el objetivo de obtener beneficios y, sobre todo, de ser acogidos por la sociedad.

Goffman insiste en que tal juego de representaciones nunca transmite la identidad real, sino la identidad querida, por ello, la conducta humana se caracteriza por las técnicas de publicidad, marketing e interpretación, por lo que el modelo de Goffman refleja la importancia que tiene la negociación como forma de interacción social.

 

El mercado de la imagen pública

Es fácil concluir que se trata de una teoría sobre la identidad algo maquiavélica y basado en lo superficial, lo estético y lo falso. No obstante, las semejanzas de las conclusiones de este autor con el mundo de las redes sociales y el trato personal, en el que no hay sitio para el sufrimiento y la desgracia sino que todo se oculta tras los productos de un supermercado de felicidad, apariencias y estética, son muy reales y es necesario tenerlas en cuenta. 

Al menos, para concienciarnos de que la persona detrás de esa cuenta de Instagram puede distar mucho de la persona que es en realidad.

 

martes, 30 de marzo de 2021

¿Te tomas todo muy a pecho?. Quizás seas PAS, una persona altamente sensible


ALBERT MOLINS RENTER     |   bARCELONA    |   la Vanguardia  |   17/06/2020 

Es un rasgo que, bien gestionado, es positivo, pero sin la atención apropiada puede llevar a la ansiedad y la depresión.


Si siempre se ha sentido un poco bicho raro o si siempre le han dicho que era un llorón o una llorona y que no debía tomarse las cosas tan a pecho, puede estar de suerte. Hay muchas posibilidades de que sea usted lo que se conoce como una Persona Altamente Sensible (PAS), algo que “bien comprendido, gestionado y canalizado, es un rasgo muy positivo”, asegura el psicólogo José María Guillén Lladó.

La alta sensibilidad es un concepto relativamente nuevo, en pleno proceso de estudio y evolución, que afecta a entre un 15% y un 20% de la población. Empezó a ser estudiado en 1991 por la psicóloga estadounidense Elaine Aron bajo la denominación científica de Sensibilidad de proceso sensorial, y que dio a conocer mediante su libro El don de la sensibilidad. “En general, consiste en personas que tienen un mayor nivel de percepción y estimulación neurosensorial y cognitiva, por lo que pueden tener una mayor activación ante ciertos estímulos, tanto externos como internos”, explica Guillén Lladó. 

Es muy importante destacar que no estamos ni ante una enfermedad mental ni ante un trastorno, sino ante un rasgo. Se trata de “un rasgo neutral que constituye una ventaja evolutiva en algunas cosas y una desventaja en otras”, dice Teresa Nandín, presidenta de la Associació Catalana de Persones amb Alta Sensibilitat (Acpas).

“Las PAS son personas que tienen una sensibilidad más elevada en la adaptación a su ambiente, en sentido físicoemocional y social”, dice Jordi Isidro Molina, psicólogo de Cedipte. Lo que sí puede suceder, si no se gestiona bien, es que –dependiendo de la personalidad de cada persona– aparezcan “ansiedad, depresión y, en casos muy extremos, trastornos límites de la personalidad”, asegura la psicóloga de adultos Claudia Pradas.

 

Estas personas “son muy sensibles a los ruidos, a los olores, a las sensaciones corporales, a los cambios de temperatura, al contacto físico y a todo lo que les rodea y que sale de la rutina o de la normalidad. Socialmente son muy sensibles a los cambios de humor de los demás, pero eso las hace ser muy empáticas con el sufrimiento y malestar de las personas que están con ellas, incluso aunque no sean directamente amigos o familiares”, dice Isidro Molina.

Se sabe muy poco de las causas de la alta sensibilidad. “Es un rasgo genético y hereditario, pero hay quien asegura que está modulado por las circunstancias vitales de la infancia y la crianza”, explica Nandín. Es cierto que está “muy relacionado con los artistas y el proceso creativo, pero no tiene que manifestarse sólo en el mundo artístico”, añade. También “hay muchos estudios en curso sobre su relación con las altas capacidades y la hipótesis es que se tocan, pero de momento no hay conclusiones”, explica la presidenta de la Acpas. (Associació Catalana de Persones Altament Sensibles)

Judith Abad siempre se había sentido un bicho raro e incomprendida. “Al principio crees que forma parte del proceso de hacerte mayor y que es inmadurez, pero al llegar a la universidad sufrí mucho estrés y ansiedad, desarrollé miedo a hablar en público y me volví super susceptible: pensaba que tenía a todo el mundo en contra. Pero al mismo tiempo era capaz de captar detalles en determinadas situaciones que se le escapaban a la mayoría de la gente”, explica Abad.

 

Al final acudió a un psiquiatra que le hizo un test de personalidad y la identificó como PAS. “Me ha costado mucho ir de fiesta o ir a lugares donde hay mucha gente o mucho ruido, y he llegado a la conclusión que lo mejor es evitar todo lo que me afecta”, añade Abad. Y es que “vivimos en un mundo muy cargado de estímulos que una PAS percibe de forma más profunda, y eso puede llegar a sobresaturar. Llega a la sobresaturación antes. Se tienen que saber autorregular”, añade Nandín.

Por contra, Abad dice que tiene muy desarrollada “la empatía y la capacidad mediadora” y se considera una persona “muy intuitiva para comprender el estado de ánimo de los demás, porque somos personas flexibles e intuitivas, con un gran sentido de la justicia y muy perfeccionistas”.

Durante el confinamiento, Abad reconoce que “el exceso de información ha terminado por afectarme y me ha generado ansiedad. El cambio de rutina, ser una persona muy empática y tener mucho más tiempo para pensar me hizo entrar en bucle”, explica. Pero, por otro lado, “también ha sido una oportunidad para conocerme mejor, y en el fondo para las PAS, que normalmente llevamos una vida muy estresante, esta parada y este recogimiento que ha significado el confinamiento ya nos ha venido bien”, asegura Abad.

 

De todas formas, ha buscado sus propias estrategias de protección, que en su caso han sido “leer mucho, hacer ejercicio físico y meditación para superar esta situación de bloqueo en la que me econtraba”.

Este es el motivo por el que las PAS “somos una pieza muy valiosa en profesiones que necesitan empatía; y aunque no somos de respuesta rápida ni resolutivas, en el mundo profesional la PAS es la que es capaz de dar la visión de conjunto porque tiene en cuenta más variables”, dice Nandín. Claro que estas no son siempre virtudes que encajen bien en el medio laboral. “Trato de ser honesta y no soy nada competitiva. Te encuentras todo lo contrario y eso te frustra”, explica Abad.

 

Su gran capacidad de empatía “les lleva a sufrir por hechos de los que no son responsables ni pueden hacer nada por ayudar a la otra persona. Además, les lleva a evitar los conflictos o las situaciones potencialmente conflictivas. Desbordan sensibilidad y esto les puede hacer parecer más débiles y pueden sufrir de abusos o acoso”, explica Jordi Isidro Molina.

Los niños también pueden ser PAS, aunque puede no ser fácil de detectar. “En los bebés es más difícil, pero a veces se puede observar una mayor reactividad al entorno. Se les irrita la piel, les molestan las etiquetas de la ropa, la luz o el pañal. Cuando crecen suelen ser más inhibidos, más profundos y te hacen preguntas que no les corresponden por la edad”, explica la presidenta de la Acpas.

 

El niño que es altamente sensible es más observador, ve si está en un lugar seguro y, en un tobogán, siempre es el niño prudente. Es el típico crío que “se preocupa mucho por el amigo triste o la profesora que está enferma”, añade Nandín.

 

Desde la Acpas recomiendan a los padres que “se informen en fuentes rigurosas, que procuren estar en contacto con los educadores, que busque el equilibrio entre dotar a su hijo de una buena autoestima y seguridad y el darle valor a las cualidades que tiene”. Acompañar sin sobreproteger sería la idea básica, además de “no forzarlo a hacer cosas que no le gusten y que le hacen sentir mal y que para él sean abrumadoras emocionalmente”, concluyen.

 

Los adultos pueden hacer este test, que diseñó en su momento la doctora Aron y “que tiene, hoy por hoy, un carácter orientativo, pero cuya utilidad está fuera de toda duda”, asegura Guillén Lladó. Sólo aquellas personas –niños o adultos– que vivan mal su condición de PAS acuden a terapia. “No todas las terapias van dirigidas a un trastorno y, con técnicas diferentes, a las PAS les pueden ayudar a mejorar su tolerancia al malestar”, explica Pradas.

 

Vivimos en una sociedad que lo de las emociones lo lleva fatal. “La sociedad valora muy poco las emociones. El sistema educativo no educa en las emociones ni la inteligencia emocional”, asegura Abad. “La dictadura de ser feliz hace que cuando aparece la tristeza, haya gente que no lo tolere, y hay que aprender a aceptar estas emociones”, añade Claudia Pradas.

 

De todas formas y aunque Judith Abad reclama que “hay que saber dirigirse a las PAS y no hacerlo de forma brusca”, también dice que “hay que entender como eres, pero también hay que entender como son los demás”. Y desde las Acpas tienen claro que “la sociedad no se tiene que adaptar a nosotros, somo nosotros los que tenemos que vivir en sociedad”, dice Nandín.