martes, 18 de febrero de 2020

Las molestias físicas secundarias a factores emocionales.

DR.PROF. LUIS PINTOR PÉREZ   |   TopDoctors   |   21/01/2020
Editado por: MARGARITA MARQUÈS

Las molestias físicas secundarias a factores psicológicos o psiquiátricos son síntomas y signos de apariencia física que, sin embargo, están originados o condicionados por estados emocionales.

La cefalea tensional es un tipo de molestia física secundaria a factores psicológicos o psiquiátricos. Consiste en un dolor constante en forma de banda por la frente o todo el cráneo y se produce por una contracción de toda la musculatura lisa que recubre nuestro cráneo, conocido como calota.

Debido a la activación de áreas del cerebro que regulan el tono muscular, se produce una hipertonía de esa zona y la gente sufre una cefalea que puede ser fácilmente mitigada con algún relajante.

Si la cefalea tensional es crónica, será necesario iniciar un tratamiento con fármacos antidepresivos que tienen un perfil regulador de la activación emocional, como por ejemplo los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Por el contrario, si la cefalea tensional es aguda y esporádica, puede que una dosis única de una benzodiacepina sea suficiente.

En cualquier caso, la combinación de farmacoterapia y psicoterapia es el tratamiento óptimo para todas estas molestias, sobre todo cuando se hacen subagudas (entre 6 y 24 meses) o crónicas (más de 24 meses).

Molestias del aparato digestivo.- Otro aparato que se ve afectado por este tipo de molestias es el aparato digestivo:
Todas ellas son molestias que se denominan funcionales, en la medida que no suelen asociarse con daños estructurales digestivos y, por lo tanto, todas las pruebas complementarias médicas que se solicitan suelen ser negativas, es decir, normales.

Normalmente, todas estas molestias están relacionadas con la gran conexión que existe entre el sistema nervioso central y el tubo digestivo, dónde existen millones de terminaciones nerviosas, así como muchos receptores de neurotransmisores que también existen en el cerebro. Por este motivo, cuando el sistema nervioso se altera, es muy frecuente que también lo haga el tubo digestivo.
Todas estas alteraciones deben ser diagnosticadas por personas expertas, que sepan descartar otras patologías propias del tubo digestivo (colitis, enfermedad de Crohn, enfermedades infecciosas…) y que, conociendo la presentación clínica de los síntomas psicosomáticos, puedan diagnosticarlas y tratarlas.
El diagnóstico de molestias físicas secundarias.- Se basa en el seguimiento clínico estrecho, para confirmar la fluctuación de los síntomas, la ausencia de alteraciones estructurales en el tubo digestivo y la coexistencia con otros síntomas de otras áreas del organismo también de tipo psicosomático, como por ejemplo:
  • Cefalea tensional
  • Alteraciones cardíacas como taquicardia sinusal con electrocardiograma (ECG) normal
  • Sensación de frío-calor (distermia) propia de la ansiedad
  • Sensación de falta de aire (disnea) con una función respiratoria completamente normal
  • Sensación de mareo o inestabilidad, sin ningún problema neurológico
¿Cuál es el tratamiento más adecuado para estas molestias físicas?.-El tratamiento óptimo de todos estos problemas es psicofarmacológico, siempre controlado por un especialista en Psiquiatría conocedor de la patología psicosomática, complementado por terapia psicológica de tipo cognitivo-conductual.
Esta terapia consiste en plantear al paciente cambios en su conducta o actividad diaria, modificando también las ideas que tiene el paciente y que suelen ser distorsionadas o alejadas de la realidad. Este tipo de tratamiento ayuda a que el paciente muestre unas ideas o estilo cognitivo más ajustado a la realidad sin pensamientos distorsionados por las emociones que experimenta en torno a la situación concreta que le hace sufrir.
Otras molestias físicas secundarias.- Otras manifestaciones somáticas de tipo funcional muy frecuentes son las genitourinarias (prurito o picor, dolor en el coito, ambas en la mujer; impotencia en el hombre). También las neurológicas funcionales, como el temblor, movimientos anormales, exacerbación de tics, parálisis, pérdida de fuerza y sensibilidad, y convulsiones.
Estos trastornos son muy invalidantes y requieren tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico.

sábado, 15 de febrero de 2020

Cuando la ansiedad se convierte en un problema

DR. SERGIO ARQUES EGEA   |   Topdoctors   |   28/01/2020

Editado por: YOEL DOMÍNGUEZ BOAN.

La ansiedad es una patología que suele presentarse de una forma muy heterogénea, razón por la que muy a menudo el paciente consulta a múltiples especialistas, entre los que se incluyen los de atención primaria, Aparato DigestivoNeurologíaCardiología... antes que con un especialista en Salud Mental.

Mientras que los síntomas físicos son los más comúnmente conocidos, y por tanto asociados por la gente a esta enfermedad, existen además síntomas cognitivos, psicológicos y conductuales.

Dentro de los síntomas físicos podemos encontrar:
-Cardiovasculares: taquicardia, palpitaciones, sudoración
-Respiratorios: opresión en el pecho, falta de aire
-Gastrointestinales: molestias digestivas, náuseas, vómitos, “nudo” en el estómago, alteraciones de la   alimentación
-Musculares: tensión y rigidez muscular, cansancio
-Neurológicos: hormigueo, sensación de mareo e inestabilidad, temblores

En los casos en los que existe un predominio de este tipo de síntomas se habla de “somatizaciones”, siendo muy frecuente el referido peregrinaje por diferentes especialistas y, por tanto, el retraso en alcanzar un diagnóstico y tratamiento adecuado, agravando lógicamente el malestar del paciente.
¿En qué momento pasa a ser la ansiedad un problema?.- La ansiedad no tiene porqué ser siempre un problema, de hecho un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución ante determinadas situaciones; es decir, se trataría de un mecanismo adaptativo natural que nos permite ponernos en alerta y  mantenernos concentrados para afrontar diferentes situaciones de estrés.

En ocasiones, no obstante, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve sobrepasado y funciona de manera inadecuada. En esos casos, la ansiedad es desproporcionada a la situación e incluso, a veces, acontece sin un peligro evidente. La persona se siente angustiada y paralizada, dando lugar a un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico. De este modo, cuando la ansiedad se presenta en momentos inadecuados o es tan intensa y duradera que interfiere con las actividades normales de la persona, podemos considerarla como un trastorno.
¿Qué factores de riesgo existen o cuáles son los desencadenantes del trastorno de ansiedad?.- Existen una serie de factores predisponentes o de riesgo que pueden favorecer que un individuo desarrolle ansiedad si se ve expuesto a determinadas situaciones. Entre ellos se pueden destacar:
- La personalidad. Existen personas que cuentan con un sistema de alerta más sensible y complejo de desactivar una vez disparado, por lo que se encuentran constantemente en un estado de prealerta que condiciona su disposición a la aparición de la ansiedad.
 - El sexo. Por ejemplo, las mujeres tiene más riesgo que los hombres, pudiendo influir aspectos hormonales, expectativas vitales, etc.
- Los antecedentes familiares de ansiedad —carga genética, dinámicas familiares, habilidad afectivas…— o el consumo de tóxicos, como el alcohol, cannabis, cocaína…
- La existencia de comorbilidades médicas y psiquiátricas.
En aquellas personas “vulnerables o predispuestas”, la presencia de hechos, situaciones o circunstancias capaces de activar el sistema de alerta, actuarán como factores desencadenantes, como por ejemplo la pérdida de un ser amado, de una relación importante, de un empleo, ser víctima de un crimen…

 ¿Qué pasa si la ansiedad no se diagnostica a tiempo?.- Según pasa el tiempo y no se realiza un abordaje adecuado de la ansiedad, la persona que lo padece va a experimentar un deterioro significativo en su vida, generándose un intenso malestar y pudiendo agravar o desencadenar otras enfermedades (médicas y/o psíquicas). No hay que olvidar la afectación, al mismo tiempo, de su entorno familiar, laboral y/o social.
¿Cómo se trata la ansiedad?.- En realidad la ansiedad es una patología muy agradecida ya que, a pesar de producir una importante merma de la calidad de vida, con las medidas adecuadas puede dejar de ser fácilmente un problema. La mejor opción terapéutica, en la mayor parte de los casos, es la combinación del tratamiento farmacológico y psicoterapéutico.
Mientras que en el corto plazo el tratamiento con benzodiacepinas resulta muy eficaz para un control rápido de los síntomas físicos de la ansiedad, en ocasiones hay que recurrir a los antidepresivos para regular la sintomatología de tipo cognitiva, psicológica y/o conductual, así como para realizar una función preventiva ante recaídas.

Por otro lado, la psicoterapia va a resultar de gran importancia en el medio-largo plazo para “aprender” a gestionar el estrés y modificar ciertas conductas generadoras de ansiedad. Sin lugar a dudas, la Terapia Cognitivo-Conductual va a ser de gran utilidad en estos casos.


jueves, 13 de febrero de 2020

Salud mental: un tema tabú que precisa de una visión integral.

NICOLÁS LÓPEZ, ALBA CALVO   |   Heraldo   |   30/9/2019

El próximo 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud, que este año lleva como lema 'Conect@ con la vida'.
Los desórdenes mentales y neurológicos afectan a 700 millones de personas en todo el mundo, según los últimos datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A nivel europeo, hay 30 millones de casos y, en lo referente a España, medio millón de personas sufren trastornos mentales, lo que supone un 19,5% de la población, siendo los responsables del 40% de las enfermedades crónicas.

Pese a que las dolencias que afectan a la salud mental constituyen la principal causa de discapacidad en el país, en la actualidad, aún existe mucho desconocimiento sobre este tipo de patologías, que afectan en gran medida a la población joven. La discriminación social, el acoso escolar, el consumo de estupefacientes o los abusos sexuales son las principales causas que han derivado en que el 30% de los jóvenes haya sufrido alguna de estas enfermedades, sintiéndose la gran mayoría reacios a la hora de buscar ayuda profesional. Estos trastornos mentales pueden ocasionar otro tipo de patologías más graves e incluso el suicidio, que es la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años.

Cada año, más de un millón de personas fallecen por esta causa y otras muchas intentan suicidarse. Dadas las altas tasas de defunción y las consecuencias que tienen en las personas cercanas a la víctima, en la sociedad y en todo un país, la prevención del suicidio será el tema central del Día Mundial de la Salud Mental de este año, que se celebrará el próximo 10 de octubre. Bajo el mensaje ‘Conect@ con la vida’, la jornada servirá para realizar una llamada de atención en positivo, todo ello con el fin de concienciar y movilizar a la población sobre esta problemática.

Un contexto en el que también influye notablemente el estilo de vida que predomina actualmente en la sociedad, con la correspondiente presión social y laboral que existe y que hace que los trastornos depresivos y de ansiedad de tipo reactivo sean dos de las afecciones más frecuentes en este sentido.

A este respecto, cabe destacar igualmente los prejuicios que existen con respecto a este tipo de enfermedades en buena parte de la sociedad y que llevan a que los estigmas se perpetúen en los afectados. Una situación que las entidades que trabajan con los enfermos mentales y sus familias tratan de revertir a través de diversas campañas de sensibilización y que conforma, junto a la demanda de que mejore la atención individualizada de los afectados en la sanidad pública, uno de sus principales caballos de batalla.
Un completo abordaje
Las enfermedades mentales suponen la segunda causa de discapacidad en el territorio nacional. Solo en Aragón, se estima que existen más de 7.000 afectados graves. Unas cifras que muestran solo una pequeña parte de todo el entramado social y sanitario que se despliega en el momento en el que se da el diagnóstico. Se trata de unas patologías en las que hay diversos factores que entran en juego. Pues, además de los síntomas y los problemas físicos y emocionales que suponen, los pacientes que las sufren se enfrentan a los estigmas y el desconocimiento que existen aún en la sociedad.

Un tema que conoce muy bien Lola Sobrino, que, como psicóloga de Asapme (Asociación Aragonesa Pro Salud Mental), trabaja con los afectados y sus familias: "Cuando se recibe el diagnóstico, las familias están muy desconcertadas y desorientadas. Por eso, la primera atención se basa en aportar más información, explicarles todo aquello que no entienden sobre la situación psicopatológica, hablar del pronóstico y darles las primeras pautas de conducta para el abordaje del problema familiar que tienen. Eso a nivel individual. Luego, en los abordajes que hacemos en grupo se busca transmitir toda la información que se considera necesaria y permitir que se creen unos foros de intercambio de experiencias que enriquecen mucho a las partes", explica la psicóloga.

Junto a ella, 74 profesionales conforman la plantilla de Asapme, en la que se encuentran psiquiatras, psicólogos en atención de adultos, de infantil y juvenil, terapeutas ocupacionales, monitores y cuidadores. Esta asociación, creada hace 35 años, realiza también campañas de sensibilización sobre todos los ámbitos de la salud mental para tratar de acabar con los prejuicios que existen en torno a este colectivo.
En este sentido, la médico psiquiatra y psicoterapeuta Eva Doménech indica: "El desconocimiento lleva a ideas preconcebidas, erróneas, y se tiende a banalizar sobre las enfermedades mentales". "A veces, la falta de solidaridad y empatía lleva a una ignorancia frívola que mete en el mismo saco conceptos diferentes. Por ejemplo, en la esquizofrenia se padece de un trastorno del contenido del pensamiento y perceptivos y no tiene porqué ser alguien incontrolado o agresivo. Alguien que está triste puede estar elaborando vivencias difíciles sin ser una depresión y una persona con trastorno bipolar puede sufrir fases depresivas y maniformes con características específicas, pero todos podemos cambiar de estado de ánimo sin ser bipolares", apunta la experta.

Desde Asapme, por su parte, señalan que para poder normalizar este tipo de enfermedades es importante que existan los recursos necesarios, tanto sanitarios como sociales, pero que también disminuyan los prejuicios y que se aborden de la misma manera que otras patologías, como la diabetes o los problemas cardíacos, ya que ello contribuye a la recuperación de los afectados. Para conseguir este fin, es esencial utilizar las estrategias de comunicación adecuadas, razón por la cual la entidad forma parte de la Asociación de Directivos de Comunicación. "Cómo se cuentan las cosas es clave para erradicar los prejuicios, porque estos se sustentan en el desconocimiento. Por ejemplo, ha existido siempre un gran debate sobre si se debe hablar o no de un problema tan importante como los suicidios, ya que había un tabú sobre él en los medios para que no se desencadenara un efecto llamada, algo que se ha demostrado que es falso. Los expertos recomiendan tratar el tema, siempre que no se trivialice ni se haga de ello un escándalo porque, según la base científica, redunda en la evitación de nuevos casos", expone la médico y gerente de Asapme, Ana López.
Atención individual
Otra de las demandas que traslada la asociación es la de una mayor atención individual en la sanidad pública. En estas enfermedades hay una gran variabilidad y entran en juego muchos factores clínicos y sociales, por lo que se considera esencial facilitar información al afectado y a su familia, pero también escucharles. "El entorno ofrece una imagen más fiel de qué grado de sufrimiento está viviendo el paciente. A veces, en una entrevista se nos escapa información que puede ser importante a la hora de establecer las pautas, no solo terapéuticas en el ámbito sanitario sino de estilos de vida, como las costumbres y los cuidados de la salud. Es conveniente tener una visión más integral, ya que cuando los factores ambientales se adaptan a las circunstancias de cada persona pueden ser unos facilitadores de su recuperación", explica López.

En cuanto a los más pequeños, y teniendo en cuenta que según datos de la OMS cerca de la mitad de los trastornos mentales se manifiestan antes de los 14 años, Doménech destaca que "la familia y la escuela son buenos referentes para detectar cuándo un niño está sufriendo patológicamente". "Es decir, cuando le afecta a su manera de ser, a su rendimiento escolar y a sus relaciones sociales, sobrepasándole y desbordando a su entorno. Es entonces cuando hay que consultar al especialista", concluye la profesional.


lunes, 10 de febrero de 2020

¡Deja de disculparte por todo!. Pedir perdón en exceso mina la confianza.

ROCÍO CARMONA    |   La Vanguardia   |   09/12/2019

¿Te disculpas demasiado? Pedir perdón es algo que nos enseñan a hacer desde muy pequeños. Una disculpa bien planteada es una herramienta de cohesión social y de reparación de daños excelente. Pero, ¿sabías que usarla en exceso podría llegar a perjudicarte? Aunque a priori no lo parezca, disculparse por todo, incluso por cosas que no lo requieren, puede llegar a convertirse en tu kriptonita, y minar de forma dramática tu autoconfianza.
No hablamos aquí de pedir perdón cuando ofendemos a alguien, llegamos tarde a un encuentro o le tiramos el café a otra persona por accidente, sino de todas aquellas otras veces en las que pedimos disculpas antes de empezar a hablar o de pedir algo, cuando nos disculpamos por ser demasiado sensibles, porque alguien nos pise o tope con nosotros, o cuando le pedimos perdón a nuestro hijo porque solo quedan yogures naturales y no de sus favoritos, los de fresa.
Numerosos estudios señalan que son sobre todo las mujeres las que tienden a sufrir un exceso de “perdonitis”. Así lo ha denunciado la socióloga canadiense Maja Jovanovic en su charla TED titulada How Apologies Kill Our Confidence, en la que cuenta cómo se decidió a estudiar el asunto tras asistir a una conferencia en una universidad en la que una tras otra las ponentes, todas ellas eminentes académicas e investigadoras expertas en su campo, comenzaban invariablemente sus discursos pidiendo disculpas por hablar o intervenir.
Jovanovic cree que esos “perdona” sin sentido que vamos soltando a lo largo del día nos hacen mucho daño, pues nos empequeñecen ante los ojos de los demás, nos hacen parecer más tímidos de lo que somos y, sobre todo, minan nuestra confianza.
Jovanovic afirma que pedir perdón se ha convertido en una forma muy corriente de comunicarse. Algunos ejemplos que esta socióloga recogió mientras investigaba acerca de los efectos del exceso de disculpas rozan lo ridículo, como el de la mujer que le pidió perdón al repartidor de pizza porque este llegó tarde a su casa. Al parecer cuando el repartidor finalmente llegó, su cliente se disculpó por vivir tan lejos e incluso le preguntó si había sido muy problemático para él encontrar el apartamento.
Pero, ¿por qué nos disculpamos tanto? ¿Cuál es la razón por la que pedimos perdón de forma desaforada? Algunos expertos aducen la inseguridad como una de las causas principales de este comportamiento. Otros, el deseo más o menos inconsciente de aparecer como más amigables o menos demandantes. Algunos hablan incluso de que hacerlo es un síntoma de ansiedad.
Un estudio de la Harvard Business School concluyó que las disculpas superfluas en muchos casos generan confianza. En la investigación, un actor se acercaba a diferentes personas desconocidas en una estación en un día lluvioso y les pedía prestado el teléfono móvil. La mitad de las veces el actor encabezaba su petición con un “¡Lo siento mucho por la lluvia!”. La otra mitad de ocasiones el actor iba directamente al grano y preguntaba: “¿Podría prestarme su teléfono móvil?”. Al final del experimento resultó que disculparse por la lluvia realmente marcaba la diferencia: el 47% de las personas abordadas le ofrecieron su teléfono al actor si este pedía primero perdón por la lluvia. Solo el nueve por ciento hizo lo mismo cuando el actor obvió la disculpa superflua y pidió el favor directamente.
Proyectar confianza puede ser importante en ciertos contextos, pero no a costa de tener que pedir perdón casi por existir. Algo que, según los especialistas, acaba por afectar a nuestra autoestima y nos hace perder nuestro poder personal.
¿Cómo podemos deshacernos entonces del exceso de “lo siento” sin parecer desconsiderados? Para Maja Jovanovic, lo primero es prestar atención y tratar de eliminar la disculpa automática de nuestro vocabulario. Al menos durante algún tiempo: “En lugar de decir «Perdona por interrumpirte», ¿por qué no probar con «Tengo una idea» o «Me gustaría añadir esto» o «¿Por qué no probamos aquello?». La idea es ser educado sin tener que hacernos pequeños”.
Esta socióloga canadiense también aconseja estar atentos a nuestras comunicaciones por escrito y recomienda un conector (plug-in) de Google Chrome llamado “Just Not Sorry” que nos alerta cuando incluimos disculpas innecesarias en nuestros textos. Así, por ejemplo, evitaremos el típico automatismo de incluir un “lo siento” cuando no contestamos a un mensaje inmediatamente.
 “No te disculpes”, insiste Jovanovic, “en lugar de eso di: «Estaba trabajando» o «Estaba leyendo» o «Estaba conduciendo». Sea lo que sea, todo está bien, no tienes por qué disculparte”.
Algunos expertos sugieren también que una buena estrategia para evitar este comportamiento es sustituir el “perdón” por el “gracias”. Y así, en lugar de decirle a alguien: «Perdona por el rollo que acabo de soltarte» podemos decirle: «Gracias por escucharme». Y en lugar de pedir perdón cuando entramos en un tranvía abarrotado de pasajeros podemos decir: «Gracias por hacerme sitio».
Por último, dejar de disculparse en exceso también pasa por trabajar nuestra aceptación. No es necesario disculparnos cuando nos manchamos la camisa, cuando nos cuesta aparcar o cuando tenemos un mal día y estamos algo más distraídos de lo normal. Dejar a un lado el perfeccionismo y aceptarnos tal y como somos a cada momento nos ayudará a darnos cuenta de la diferencia entre una disculpa necesaria y genuina y otra innecesaria que nos disminuye como personas y tampoco contribuye a crear vínculos honestos con los demás.

jueves, 6 de febrero de 2020

Mindfulness: ¿moda? ¿autoconocimiento? ¿o un gran negocio? (II)

ROCÍO CARMONA    |   La Vanguardia   |    11/01/2020

(Sigue…)


Gaspar Hernández, por su parte, ve en esta técnica una buena iniciación para todas aquellas personas a quienes les cuesta meditar, puesto que su recomendación pasa siempre por la meditación, “ya sea con los ojos cerrados o, como también propone el mindfulness, mientras nos duchamos, o lavamos los platos, o paseamos... Hay personas a las que les cuesta sentarse a meditar y que gracias a las prácticas informales de mindfulness pueden lograr la atención plena en el momento presente. O sea, ir más allá de la mente racional, de los pensamientos. La meditación tendría que ser asignatura obligada en la escuela. Tenemos una sociedad profundamente enferma, como dijo Jiddu Khrisnamurti. Mi propuesta para sanar la sociedad, es la meditación. Y, insisto, el mindfulness puede ser una buena puerta de entrada”.
Otros autores van incluso más allá y señalan que esta técnica está quedando obsoleta y tiene algunos inconvenientes y limitaciones. Es el caso de Rajshree Patel, autora de The Power f Your Vital Force (HayHouse) y experta en meditación vedanta, quien argumenta que el mindfulness puede ocasionar lo contrario de descansar la mente: entrena los músculos de la atención a partir del enfoque y el control del pensamiento.
“Es como si estuvieras caminando todo el día, todos los días, con un personaje de Woody Allen en tu cabeza que emite constantes comentarios negativos sobre todo lo que piensas, dices y haces. Lo que hace el mindfulness es pedirle a Woody Allen que esté calmado, tranquilo y sin juzgar. Le pide que se observe a si mismo desde una perspectiva separada y neutral, lo cual va en contra de su propia naturaleza”, explica en su libro.
¿Y qué es lo que tiene la práctica de la atención plena para que se haya puesto tan de moda? ¿Y qué hay de malo, podemos llegar a preguntarnos, en que se ofrezca en las empresas, la practiquen los directivos o la propongan los anuncios de la tele?
Para el autor de Mc Mindfulness, la pregunta relevante aquí es “qué tipo de mindfulness se nos ofrece. A los ejecutivos les llega el mismo producto que a cualquiera, y lo que proporciona no deja de ser una herramienta para apaciguar el estrés sin la sabiduría y el conocimiento de los cuales proviene. Un mindfulness verdaderamente revolucionario desafiaría la idea occidental de que existe un derecho a la felicidad independiente de la conducta ética. Pero los programas de mindfulness no les piden a los ejecutivos que examinen cómo sus decisiones de empresa o las políticas corporativas han institucionalizado la codicia, el deseo enfermizo o el engaño que el mindfulness budista busca erradicar”, denuncia Pursuer.
Para Daniel Ramos, el mindfulness “no es una simple moda cool, pasajera y superficial, o una práctica de la que hago uso a modo de píldora que me tomo (como quien toma una aspirina) para no sentir el dolor o el malestar que provoca una determinada situación en mi vida, sino que es una manera de entender la vida y de vivirla. La conexión con el cuerpo y con la respiración, estar presente en la experiencia (en lugar de actuar por inercia y en piloto automático), vivir desapegadamente comprendiendo la transitoriedad y la impermanencia de todo cuanto conocemos, fluir con los ritmos propios y naturales, atender las propias necesidades, poner atención en qué sentimos y cómo regulamos nuestras emociones, vivir más ecuánimemente, sin juzgar e interpretar tanto, cuidar la calidad de los vínculos íntimos que establecemos con otras personas, ser conscientes del impacto que generamos en nuestro entorno, y un largo etcétera, conformarían algunos de los valores y pilares de esta filosofía de vida desde mi manera de entenderla”.
Sobre este asunto, Sergi Torres argumenta también que si el mindfulness está tan de moda quizá sea “porque hoy en día hay muchas personas buscando sentirse bien. Como hemos confundido sentirnos bien con no sentir aquello que no nos gusta sentir, y a su vez hemos confundido al mindfulness con una herramienta que te hace sentir bien, pues oferta y demanda se encuentran. Hacer frente, en cambio, a nuestras sombras ya no vende tanto. El propósito de cualquier propuesta de autoconocimiento debe ser el autoconocimiento. Una vez esto está claro, podemos difundir dicha propuesta dentro de formatos que incluso pueden llegar a ser comercializados, como libros, cursos, charlas y demás; pero si invertimos su orden, el contexto —vender libros— pasa a ser lo importante, y la herramienta y su propósito, lo secundario. Así es como, sin darnos cuenta, estaremos vendiendo sacacorchos para abanicarnos”.
La necesidad creciente de volver a conectar con la propia esencia, con la propia autenticidad, y de vivir guiados por un propósito más elevado son los factores que, en opinión de Daniel Ramos, han contribuido a que la popularidad del mindfulness suba como la espuma.
“Actualmente, la sociedad en la que vivimos, el sistema socioeconómico imperante, contribuye a que vivamos totalmente alienados de nuestras necesidades reales, de nuestros ritmos y tempos naturales, y desconectados de un sentido y de un propósito mayor que nosotros mismos que trasciende el individualismo radical de las sociedades capitalistas. Pero lo cierto es que vivimos en una sociedad capitalista. Lo extraño, lo extraordinario en este contexto socio económico”, explica, “sería lo contrario, es decir, no convertir absolutamente cualquier cosa, cualquier experiencia en un bien de consumo”.
Y prosigue: “Pues con el mindfulness pasa lo mismo: hay una industria que lo trata como un producto de consumo masivo disfrazado de falsa espiritualidad. Ahora le toca al mindfulness, hace algunos años le tocó al coaching, a la Programación Neurolingüística, a la psicología positiva, a la inteligencia emocional... Así es y así funciona el supermercado del desarrollo personal y la espiritualidad. De nuestra consciencia y nuestra responsabilidad como consumidores críticos dependerá la evolución de esta industria tan potente y tan lucrativa”.
La principal denuncia del libro del profesor Pursuer es precisamente la mercantilización −que tiene como consecuencia la pérdida de sentido− del mindfulness. ¿Qué papel juegan en su este proceso los libros de desarrollo personal o de autoayuda, a menudo tan criticados? Crianza mindful, comida mindful, sexo mindful, trabajo mindful… Resulta difícil encontrar una sola área humana que no tenga ya su correspondiente libro… mindful.
¿Hasta qué punto hemos comprado la idea de que la felicidad, como la serenidad o el bienestar, son bienes de consumo? Sergi Torres quita hierro al asunto: “Si me permites un poco de humor, quizás algunas de las personas que demonizan los libros de autoayuda deberían practicar un poco de mindfulness y quizás aquellos que practican el mindfulness y los libros de autoayuda como si estos fueran un blanqueador dental deberían permitirse sentir su enojo igual que lo hacen aquellos que demonizan los libros de autoayuda. Al final, todos nos enseñamos los unos a los otros”. Para Torres, “algunas relaciones, ya sean de pareja o familiares, son las mejores maestras de autoconocimiento que conozco y, por ahora, no hay que pagar por ellas”.
Gaspar Hernández puntualiza en este sentido: “Yo escribo sobre psicología y espiritualidad. No escribo “autoayuda”. Sin embargo, hay lectores que me dicen que mis libros les han “ayudado”. Lo respeto, solo faltaría, y lo agradezco. Salvando las infinitas distancias, a mí me han ayudado libros de Josep Pla, Marcel Proust o Shakespeare. En los clásicos siempre encuentro valiosas lecciones de vida”.
Daniel Ramos, por su parte, reconoce que “hay una moda creciente que cuestiona y demoniza este género de una manera generalizada porque hay mucho desconocimiento y mucha ignorancia sobre el mismo. Quien juzga más duramente muchas veces lo hace desde el desconocimiento de la gran variedad que existe dentro del género y de la grandísima calidad que tienen muchos libros. Se suelen meter en el mismo saco libros y propuestas muy heterogéneas, que van desde lo más ortodoxo, racional y científico, hasta lo más intuitivo, poético e innovador, desde lo más riguroso o profundo hasta lo más carente de base o superficial. Hay de todo, y por eso es importante leer con espíritu crítico, no ser un mero receptor pasivo de información, sino ser protagonista activo en la lectura”, declara.



Mindfulness: ¿moda? ¿autococimiento? ¿o un gran negocio? (I)

ROCÍO CARMONA    |   La Vanguardia   |    11/01/2020


En los últimos años el mindfulness (o atención plena) se ha convertido en una práctica cada vez más popular. Famosos como Oprah Winfrey, empresarios como Steve Jobs, actrices como Jennifer Aniston o Angelina Jolie, y también deportistas de todas las disciplinas, como Pau Gasol, han encontrado en esta mirada hacia el interior una forma de concentrarse y de combatir el estrés y la aceleración de la vida diaria. Cada vez son más quienes dejan de correr y eligen una vida más slow .
El mindfulness , término acuñado por primera vez por Jon Kabat-Zinn y que significa «atención plena», se ha vuelto tan mainstream, tan general, que incluso ha pasado a formar parte de la publicidad, que este año lo utiliza como argumento de venta de una conocida marca de turrones. Las empresas lo usan para aumentar la productividad de sus empleados, las escuelas empiezan a aplicarlo en clase para mejorar el rendimiento académico de los alumnos; los militares, en Estados Unidos, para tratar el estrés post traumático; proliferan las aplicaciones de móvil que enseñan a practicarlo y, poco a poco, la atención plena se está convirtiendo no solo en una herramienta de autoconocimiento cuyo origen encontramos en el budismo, sino también en un gran negocio. Así lo denuncia el profesor de Management de la Universidad Estatal de San Francisco Ronald Purser en su libro McMindfulness: How Mindfulness Became the New Capitalist Spirituality (Repeater Books). ¿Podría estar convirtiéndose el mindfulness, en efecto, en la nueva espiritualidad capitalista?
 “Igual que la psicología positiva y la industria de la felicidad en general, el mindfulness ha despolitizado y privatizado el estrés”, lamenta el profesor Purser en su libro. “Si somos infelices por el hecho de estar en paro, por perder nuestro seguro de salud o por ser testigos de cómo nuestros hijos se endeudan hasta los topes pidiendo créditos para pagar la universidad, es nuestra responsabilidad por no verlo bajo el prisma del mindfulness.
Jon Kabat-Zinn asegura que “la felicidad es un trabajo interno” que tan solo requiere que atendamos al momento presente de forma plena y sin juzgarlo. Otro gran promotor de esta práctica de meditación, Richard Davidson, sostiene que “el bienestar es una habilidad” que puede ser entrenada, como los bíceps en el gimnasio.
La así llamada “revolución del mindfulness” acepta dócilmente los dictados del mercado. Guiada por un ethos terapéutico destinado a mejorar la resiliencia mental y emocional del individuo, respalda supuestos neoliberales tales como que todos somos libres de elegir nuestras reacciones, de manejar las emociones negativas y de “florecer” a través de distintas modalidades de autocuidado.
Al presentarlo de este modo, la mayoría de profesores de mindfulness no desarrollan un currículum que se enfrente con las causas del sufrimiento que residen en las estructuras de poder y los sistemas económicos de las sociedades capitalistas. Si esta versión del mindfulness tuviera un mantra este sería: yo, mí, me, conmigo”, denuncia Purser.
El periodista y divulgador Gaspar Hernández, autor de numerosos libros de psicología y espiritualidad, señala en este sentido que “como sucede a menudo, la verdad se encuentra en el matiz. Mindfulness sí, por supuesto, estoy a favor de su práctica: ha contribuido a popularizar la meditación, y a introducirla en ámbitos en los que hasta ahora parecía imposible. Por ejemplo, las grandes empresas y corporaciones. Pero −y he aquí el matiz− tiene que ir acompañado de ética, de alma. Por ejemplo: no tendría sentido practicar mindfulness en la industria armamentística, cuyo objetivo último es matar. O sea, mindfulness sí, pero con una ética detrás. La atención plena no es éticamente neutra”, asegura.
Explica Hernández que es muy común presentar el mindfulness como simple observación sin juicios. “Pero, como dice el monje zen Dokusho Villalba en su libro Atención Plena: mindfulness basado en la tradición budista (Kairós)”, aclara, “una explicación y una comprensión incorrectas de este punto son dos de los mayores peligros del mindfulness moderno. «El juicio, la evaluación, la apreciación son cualidades sanas y necesarias», escribe Dokusho Villalba. «El mismo hecho de querer evitar la rumiación de pensamientos y actitudes impregnadas de prejuicios y de sentimientos de culpa y de condena, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, presupone ya un juicio, una valoración y una actitud moral. Es natural que enjuiciemos y califiquemos algunas actitudes como insanas y que queramos liberarnos de ellas, así como es natural que evaluemos algunas actitudes como sanas y queramos afianzarnos en ellas». Esto dice el maestro Villalba, y estoy de acuerdo con sus palabras. Lo importante es recordar lo que él dice: que la atención plena no es éticamente neutra”.
Millones de personas se benefician hoy en día del mindfulness cuando lo practican: mejor salud, menos estrés, mayor concentración, quizá incluso un poco más de empatía. Casi cada día leemos un estudio científico nuevo que reporta las numerosas ventajas de esta práctica para la salud, o cómo puede producir incluso cambios neuronales. Pero ¿podría ser que algo que aparentemente nos sana y nos libera escondiera también un lado oscuro? ¿O es la aplicación de una determinada versión del mindfulness lo que nos confunde?
 “No es el mindfulness lo que tiene un lado oscuro”, explica Daniel Ramos, editor de libros de desarrollo personal y autor de 365 semillas de conciencia para una vida plena (Luciérnaga), “sino la conciencia humana entregada al ego y al servicio de la mente inferior. El mindfulness, por sí mismo, es una herramienta neutra. Son nuestros mecanismos automáticos los que intentan convertirlo en un medio para satisfacer nuestro deseo de transcendencia, o los que tratan de utilizarlo como un anestésico para no sentir un malestar o un dolor psicológico que no queremos afrontar, etcétera. O como una herramienta de amansamiento y dominación de un tercero o de un grupo”.
Y prosigue: “El ego se apropia de la herramienta y la pone a su servicio alimentando la ilusión de que cualquier elemento externo, llámalo mindfulness en este caso, o bien pareja, dinero, un mejor trabajo, etcétera, puede llenar su vacío y su sentimiento de carencia o de inadecuación. O, del mismo modo, desde una posición de poder, el ego puede utilizar el mindfulness o cualquier otra herramienta como mecanismo de manipulación, influencia u opresión disfrazada de beneficio”.
Ramos recuerda aquí las numerosas ventajas que se derivan de su práctica y advierte de que es el nivel de conciencia desde el que se utiliza el que redunda en uno u otro resultado: “Con una consciencia baja puede uno caer en la docilidad, la complacencia, aceptar ciertos abusos, vivir en el “todo está bien” tan new age de nuestros días y abierto a malas interpretaciones. Con una rabia bien conectada y una actitud de presencia absoluta, se pueden defender ideales, se puede denunciar la injusticia, se pueden desafiar las arbitrariedades del sistema desde la firmeza, la vehemencia y la convicción, a la par que, desde la serenidad, la compasión y con ánimo constructivo. Sería algo así como lo que algunos llaman la rebeldía compasiva”, afirma.
Sergi Torres, autor de ¿Me acompañas? o de Un puente a la realidad (Urano), explica, tras reconocer que él no utiliza esta técnica, que “cualquier propuesta que esté dirigida a la introspección debe apuntar a la libertad del individuo. Si el mindfulness se enfoca hacia este cometido, es uno mismo el que elige practicarlo. Por otro lado, a una herramienta, cualquiera que sea, como por ejemplo un sacacorchos, no tiene sentido menospreciarla ni enaltecerla, porque la herramienta por sí misma no hace nada. En realidad, aquellos que demonizan el mindfulness solo están cuestionando el uso que algunas personas hacen de él. Volviendo al ejemplo del sacacorchos, éste puede ser usado de maneras muy alejadas del propósito para el que se creó. Muchas personas, con el mindfulness, solo tratan de sentirse mejor —algo muy legítimo—, confundiendo así su propósito inicial”.
Y continúa: “En nuestra sociedad del bienestar pareciera que estamos obligados a sentirnos motivados y contentos todo el tiempo. El positivismo y el “motivacionismo” se están convirtiendo, junto al ya conocido dinero, en los nuevos dioses. Estar bien se ha confundido con no sentir aquello que incomoda. Sin embargo, la paz tan deseada se alcanza conociéndose a uno mismo hasta el fondo de las entrañas, y eso incluye aprender a sentir —y no rechazar— emociones como la tristeza o la ira. Usar una herramienta de autoconocimiento para terminar rechazándome por sentir algo en concreto no tiene sentido”.
Para Torres, mindfulness “no es más que un estado mental en el que se reconoce la plenitud de la mente humana. En este sentido, tanto la atención plena, que conocemos hoy en día, como su esencia, el budismo, son solo vías de acceso a esa plenitud. Plenitud, insisto, que pasa por incluir nuestras luces y nuestras sombras”.
(Continúa, otro artículo con el mismo título…II)

lunes, 3 de febrero de 2020

Fotos de perfil podrían diagnosticar depresión u otros trastornos.

DPA    |    Madrid  |   La Vanguardia-MX   |   21/05/2019

Los usuarios de Twitter con depresión y ansiedad son más propensos a publicar fotos con valores estéticos más bajos y colores menos vivos, particularmente imágenes en escala de grises, lo que permitiría identificar a quienes padecen depresión o ansiedad, según un nuevo estudio dirigido por científicos norteamericanos.
Investigadores de Penn Medicine, de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, encontraron también que los usuarios tendían a suprimir las emociones positivas en lugar de mostrar más emociones negativas, como mantener una cara seria en lugar de fruncir el ceño, en sus fotos de perfil. El estudio buscó utilizar la visión artificial y la inteligencia artificial para determinar qué cualidades de las fotos publicadas y configuradas como imágenes de perfil en Twitter podrían asociarse con la depresión y la ansiedad, con el objetivo de utilizar la plataforma como un método de detección de ambas.

En 2018, los investigadores de Penn Medicine encontraron que la depresión podía predecirse hasta tres meses antes de un diagnóstico mediante el uso de inteligencia artificial para identificar palabras clave que marcaban a ciertos usuarios. A medida que las redes sociales se centran cada vez más en la imagen (más de la mitad de todos los tuits, más de tres mil, por segundo, ahora contienen una imagen), el valor de obtener pistas sobre las condiciones de salud a través del contenido de la imagen será cada vez más valioso para la medicina.
"Si bien la asociación entre la depresión y los patrones de uso del lenguaje está bien estudiada, los aspectos visuales de la depresión no lo fueron tanto, señala el autor principal del estudio, Sharath Guntuku, investigador del Centro para la Salud Digital de Penn Medicine. Es difícil transformar los píxeles que forman las imágenes en características interpretables, pero con los avances en los algoritmos de visión de computadora, ahora estamos intentando descubrir otra dimensión de la condición tal como se manifiesta en línea".

Los investigadores utilizaron algoritmos para extraer características como colores, expresiones faciales y diferentes medidas estéticas (como la profundidad de campo, la simetría y la iluminación) de imágenes publicadas por más de cuatro mil usuarios de Twitter que aceptaron ser parte del estudio. Para clasificar rápidamente sus puntuaciones de depresión y ansiedad, analizaron los últimos tres mil 200 tuits de cada persona. Mientras tanto, 887 usuarios también completaron una encuesta tradicional para obtener puntajes de depresión y ansiedad. Luego, las características de la imagen se correlacionaron con las puntuaciones de depresión y ansiedad de los usuarios. De esto, surgieron varias relaciones significativas.
Además de encontrar una asociación entre la depresión y la ansiedad, los que publicaron fotos menos vívidas, los investigadores también descubrieron que las imágenes de perfil de los usuarios ansiosos están marcadas por la escala de grises y la baja cohesión estética, pero menos que las de los usuarios deprimidos. También había algo que interpretar en lo que no estaba incluido en las fotos. Así, los usuarios deprimidos a menudo publican fotos de sus propias caras sin familiares, amigos u otras personas que aparecen en ellos. Además, las publicaciones rara vez incluían las actividades recreativas o los intereses, que con mayor frecuencia aparecían en fotos de usuarios no deprimidos.

La depresión a menudo se acompaña de afecto plano, que se caracteriza por una expresión reducida y una muestra de emoción, explica Guntuku. La condición también tiene un costo en la atracción hacia pasatiempos o juegos, actividades en general, que normalmente se disfrutan".

Así, trabajan en el desarrollo de una versión más automatizada. "Esta herramienta está lejos de ser perfecta para ser utilizada para diagnosticar. Sin embargo, una herramienta de aprendizaje automático puede ser un método de bajo costo para los clínicos, con el permiso de sus pacientes, para monitorear sus cuentas y detectar niveles elevados de depresión o ansiedad", precisa Guntuku.
El autor principal del estudio, Lyle Ungar, profesor de Genómica y Biología Computacional y Psicología, opina que existen grandes posibilidades para esta herramienta más allá de Twitter. "Algo como esto podría aplicarse también a Instagram y a los mensajes de texto. Esperamos que esto pueda dar una idea de las diferentes facetas de la depresión. Y también estamos observando una variedad de otras afecciones, desde la soledad hasta el TDAH", avanza.