domingo, 25 de mayo de 2025

Nilda Chiaraviglio, psicoterapeuta: "Cada vez que te das permiso para decir que no, se aflojan los barrotes de tu cárcel mental"

 CHRISTIAN JIMÉNEZ         |       lavanguardia.com        |      28/04/2025                                 

 

La experta afirma que saber poner límites sin culpa no solo te libera, también fortalece tus relaciones

Aprender a decir “no” se ha convertido en una tarea tan necesaria como difícil. Desde el entorno laboral hasta las relaciones personales, la negativa sigue siendo, para muchos, una fuente de incomodidad y culpa. Una negativa implica poner límites, reconocer nuestras necesidades y prioridades, y asumir que no podemos estar disponibles para todo y para todos. Sin embargo, el miedo a defraudar, a ser percibidos como egoístas o a generar conflictos, lleva a muchas personas a aceptar compromisos, responsabilidades y peticiones que en realidad preferirían rechazar. 

La psicoterapeuta Nilda Chiaraviglio ha reflexionado, en una de sus últimas intervenciones en el podcast de Marco Antonio Regil, sobre por qué nos cuesta negarnos a algo y por qué nos sentimos mal por ello. 

Aprende a decir no sin culpa. No tienes que justificar cada decisión. Cambia el enfoque: no se trata de rechazar a alguien, sino de priorizarte: “La cultura castiga al que dice que no. Hay que darle la vuelta”, empieza diciendo.

Adáptate como el agua. Si algo bloquea tu camino, no insistas en romperlo. Rodéalo. Responde con flexibilidad y calma ante la presión social.

No expliques de más. Usa frases simples como “lo voy a pensar” o “quizá más tarde” para marcar límites sin generar confrontación.

Deja que los demás se hagan cargo de sus emociones. Si alguien se enoja porque pones límites, ese enojo no es tu responsabilidad.

Acepta que no tienes que acompañar a todos. Está bien si otros siguen sin ti. Tú eliges cuándo y cómo estar disponible.

Reescribe tu historia interna. No te definas solo por lo que siempre has hecho o dicho que eres. Puedes cambiar tu narrativa cuando quieras: “Todos nos narramos una historia y esa narrativa es nuestra cárcel”, señala.

Cada vez que te das permiso para decir que no, se aflojan los barrotes de tu cárcel mental. Ser libre empieza con pequeñas decisiones.

viernes, 23 de mayo de 2025

"Educar es amar con disciplina", el psiquiatra Enrique Rojas da las claves para criar a los hijos en la era de las pantallas

LAURA RODRIGÁÑEZ      |      telva.com      |      03/05/2025

 

¿Cómo educar en un mundo hiperconectado? El reconocido psiquiatra Enrique Rojas lo tiene claro: educar es formar con amor y disciplina. En esta conversación con TELVA, comparte claves prácticas para criar hijos con valores sólidos, capaces de gestionar el uso de las pantallas y afrontar la vida con criterio.

En la actualidad, el teléfono móvil se ha convertido en una herramienta omnipresente en la vida de los niños españoles. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 70,6% de los menores de entre 10 y 15 años posee un teléfono móvil, lo que representa un incremento del 1,1% respecto al año anterior. Este fenómeno ha sido especialmente pronunciado en adolescentes de 15 años, donde la cifra alcanza el 96%. Esta incursión masiva del dispositivo móvil en los hogares plantea interrogantes sobre las implicaciones de este uso generalizado sobre la salud, el desarrollo social y la educación de los más jóvenes.

En una reciente intervención en televisión, la psiquiatra Marian Rojas Estapé, hija del doctor Enrique Rojas, señalaba que el impacto de las pantallas en la salud mental, especialmente en relación con la gratificación instantánea que ofrecen plataformas como Instagram y TikTok pueden fomentar el egocentrismo, ya que "parece que eres el centro del mundo, porque te están contestando o están hablando de ti". Y, además, señalaba que el uso excesivo de dispositivos digitales puede llevar a una "intoxicación de dopamina", alterando el equilibrio químico del cerebro y dificultando la capacidad de concentración y tolerancia a la frustración.

Añadido a las preocupaciones sobre los efectos negativos del uso excesivo de pantallas, estudios recientes sugieren que los niños valoran mejor las actividades sin dispositivos digitales. Un informe del Instituto Tecnológico del Producto Infantil y de Ocio (AIJU), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Crecer Jugando, revela que el 76% de los niños de Primaria se sienten más creativos sin el uso de pantallas, y el 61% desarrolla habilidades sociales y empatiza mejor con juegos físicos o de mesa . Estos datos subrayan la necesidad de equilibrar la exposición digital con experiencias que fomenten el desarrollo integral de los niños. Hablamos con el psiquiatra Enrique Rojas sobre el valor de educar en el uso de las pantallas entre los más pequeños.

 

Doctor Rojas, ¿qué es educar?

Educar es convertir a alguien en persona. Educar es seducir con los valores que no pasan de moda.

Por favor, desarrolle la idea.

Educar es amor y disciplina, ternura y rigor, raíces y alas. ¿Qué significa esto último? Raíces significa que haya formación, que la gente sepa. Yo tengo cuatro hijas y mi mujer y yo siempre hemos tratado de que tengan formación. La formación es tener criterio, ideas claras, saber a qué atenerse.

Con toda la información que disponemos hoy al alcance de la mano, ¿considera la formación tan importante como antes, cuando no había tanto acceso a la información?

Información es saber lo que está pasando. La última noticia del último teletipo, del último Rincón del mundo. Eso es interesante y y sabemos qué pasa, ¿no? En cambio, formación es tener criterio, saber entender el mundo que nos ha tocado vivir y saber uno gestionar bien la propia trayectoria.

Pero a día de hoy los valores se dejan notar menos, ¿los estamos perdiendo?

¡No, existen! Claro que existen los valores, pero se ven muchos problemas.

¿Como la falta de implicación de los padres en la educación sobre el uso de las pantallas?

Bueno, yo veo cada vez más niños que sus padres están implicados en ese tema. Doy una conferencia llamada "Cinco consejos para educar a los hijos en las pantallas", y uno de los consejos es que los padres eduquen a sus hijos en lo interesante de las pantallas, ya sea la televisión, TikTok, Instagram o cualquier otra. Hay que explicarles a los niños que es fundamental aprender a gobernar eso.

¿Cómo enseñar eso si ni siquiera muchos padres son capaces de controlar su propia adicción a las pantallas?

 Para combatir la adición a las pantallas, uno de los consejos que doy (y que en mi entorno lo están empezando a hacer bastante) es el parking de móviles. Yo recomiendo que por la noche, en torno a las 21.30 horas, todos los móviles se aparquen y se guarden. Es un esfuerzo importante. A los jóvenes de entre 15 y 20 años les cuesta mucho porque en el móvil hay mucha cosa negativa (la pornografía, la distracción, la cultura de la inmediatez...), pero también positiva.

No son los únicos enganchados...

 Casi todas las aplicaciones de las pantallas están diseñadas para quedar atrapado y ser adicto. Sabiendo que uno se queda enganchado ahí y son horas y horas que derivan en una patología tonta y ridícula, quizá ayude a soltar la pantalla.

 

miércoles, 21 de mayo de 2025

¿Se puede curar la depresión?

 MARIANA ALVES GUERRA        |      psicologíapositiva.com.uy      |     06/05/2025

 La depresión no siempre se ve como esperamos. No siempre es llanto, no siempre es aislamiento. A veces, es sonreír en una reunión mientras por dentro te sientes roto, es despertarse cada mañana con el alma exhausta.

 Es un trastorno del estado de ánimo que afecta profundamente cómo piensas, sientes y actúas. Puede aparecer sin una causa aparente (aunque en realidad es multifactorial), o despertar a partir de una pérdida, crisis o estrés prolongado. No discrimina edad, incluso podemos encontrar niños y adolescentes con depresión.

Quien la vive puede sentir una tristeza persistente, vacío emocional, pérdida de interés por las cosas que antes disfrutaba, fatiga constante, alteraciones del sueño y del apetito, dificultad para concentrarse y, en casos severos, pensamientos de inutilidad o suicidio.

Es importante comprender que la voluntad está rota, e incluso las tareas más sencillas pueden sentirse como titánicas. Su diagnóstico llega gracias a la intervención de un profesional de la salud mental. Se debe pedir ayuda inmediatamente cuando sientes que la tristeza se mantiene, si te cuesta realizar tus tareas diarias como bañarte, salir de tu casa, tender tu cama, o si has tenido pensamientos de lastimarte.

 Existen distintos tipos de depresión, aquí algunos ejemplos:

Depresión mayor (trastorno depresivo mayor)
Es el tipo más conocido. Se caracteriza por episodios intensos de tristeza, pérdida de interés, cambios en el apetito y el sueño, fatiga, pensamientos negativos, e incluso ideación suicida. Los síntomas duran al menos dos semanas y afectan significativamente la vida diaria.

Trastorno depresivo persistente (distimia)
Es una forma crónica de depresión. Los síntomas son menos intensos que en la depresión mayor, pero duran más (mínimo dos años). Las personas con distimia pueden seguir con su rutina, pero con un constante sentimiento de insatisfacción o vacío.

Trastorno afectivo estacional (también conocido como depresión de invierno)
Relacionado con los cambios estacionales, suele aparecer especialmente en invierno cuando hay menos luz solar. Provoca síntomas similares a la depresión mayor, incluyendo tristeza, fatiga y aislamiento.

Depresión postparto Afecta a algunas mujeres después del parto. Incluye tristeza profunda, agotamiento extremo, ansiedad y dificultad para vincularse con el bebé.

Depresión psicótica
Es una forma grave de depresión mayor acompañada de síntomas psicóticos como alucinaciones (ver u oír cosas que no existen) o delirios (creencias falsas), generalmente con un contenido negativo o de culpa.

Trastorno disfórico premenstrual 
Forma severa del síndrome premenstrual que ocurre en mujeres. Incluye irritabilidad, tristeza extrema, ansiedad y cambios en el sueño o apetito, poco antes de la menstruación.

La pregunta importante, ¿tiene cura? Sí, en la mayoría de los casos. Aunque algunas depresiones no remiten por completo, eso no significa que no se pueda vivir bien. Con tratamiento, apoyo constante, y la gestión adecuada de pensamientos y emociones, muchas personas aprenden a convivir con la depresión y llevar una vida más plena y satisfactoria.

El tratamiento es fundamental, ya que la depresión no desaparece sola, hay que tomar cartas en el asunto para poder disfrutar de la vida como te mereces.

domingo, 18 de mayo de 2025

El doctor Manuel Sans Segarra explica el origen del estrés: "La causa fundamental de nuestra sociedad es el ego..."

 LOLA GUTIÉRREZ     |    elperiodico.com    |     24/04/2025                        

 

Manuel Sans Segarra es un médico catalán que fue jefe de cirugía digestiva en el Hospital Universitario de Bellvitge (L'Hospitalet de Llobregat). Además, es bastante activo en redes sociales, en especial Tiktok, donde comparte entrevistas y charlas divulgativas.

La principal causa

En una conversación en 'P de Podcast', el médico respondía a la pregunta de cuál creía que era la causa de las enfermedades del siglo XXI.

A partir del minuto 80 de la entrevista, Sans Segarra se adentra en este tema y expone la que para él sería la causa de las enfermedades de hoy en día que, aunque pudiera no parecerlo, tiene mucha relación con la salud mental.

El estrés, un desencadenante

El doctor advierte de las grandes consecuencias que tiene el estrés en nuestra salud física. Aunque puede parecer que solo afecta a nuestro bienestar emocional, Sans Segarra deja claro que también perjudica al sistema inmunitario: "Está demostrado que un minuto de estrés intenso provoca una caída del sistema inmunitario que dura 6 horas", asegura el médico en el vídeo.

Por tanto, el estrés debilita el sistema inmunitario y nos deja más vulnerables a las enfermedades.

Posibles consecuencias

El estrés, según opina el doctor, crea graves problemas, como "infecciones, enfermedades autoinmunes y cáncer."

Aunque se hace referencia a un minuto intenso de estrés, Sans asegura que no se trata de evitar únicamente los momentos puntuales de tensión, sino que también debe evitarse vivir en un estado constante de estrés y acostumbrarse a él.

El doctor explica que la persona que está estresada continuamente libera "cortisol catecolaminas", sustancias que, a pesar de ser "necesarias", terminan perjudicando cuando se mantienen altas durante demasiado tiempo.

Problemas del corazón e insomnio

Y explica que si ambas permanecen en niveles elevados podrían llegar a provocar "trastornos del corazón, del ritmo, trastornos de tensión arterial, hipertensión, trastornos del metabolismo, del colesterol, trastornos digestivos...".

Además, a nivel cerebral, también hay consecuencias: "insomnio, angustia, pérdida de memoria, dificultad en el aprendizaje y una depresión importantísima sobre nuestro sistema inmunitario", explica en la entrevista.

Además, a nivel cerebral, también hay consecuencias: "insomnio, angustia, pérdida de memoria, dificultad en el aprendizaje y una depresión importantísima sobre nuestro sistema inmunitario", explica en la entrevista.

El ego

Sans cree que el origen de este estrés se ha multiplicado con el estilo de vida moderno, e incluye otro elemento en la ecuación: "La causa fundamental de nuestra sociedad es el ego y el estrés que condiciona el ego, con la dinámica vital que determina el ego".

viernes, 16 de mayo de 2025

Luis Miguel Real, psicólogo: "No hace falta que compares tu dolor con el de otros para ver si mereces estar mal. No es una competición de desgracias" - Una profunda reflexión

JOSÉ LUIS MARÍN ROJAS      |    lavanguardia.com     |     02/05/2025     


El terapeuta animó a sus seguidores a abrazar sus dificultades y dejar de juzgarse a sí mismos

Millones de personas en todo el mundo tienden a menospreciar e invalidar sus propios sentimientos porque creen que no son merecedoras de atención y cuidado. En muchas ocasiones, el gran problema reside en la comparación: al ver a otros individuos en circunstancias objetivamente peores, no se permiten reconocer sus propias dificultades, como si el sufrimiento no dependiera de las capacidades individuales ni de las situaciones personales.

El psicólogo Luis Miguel Real, conocido en redes sociales como Instagram y X por sus reflexiones sobre salud mental, autocuidado y bienestar emocional, abordó esta cuestión en un post que publicó recientemente en la plataforma de Elon Musk.

''Si te duele, algo pasa. No necesitas justificarlo ni pedir permiso para sentirlo. No hace falta que compares tu dolor con el de otros para ver si 'mereces' estar mal. No es una competición de desgracias. No funciona así'', empezó diciendo el experto, dejando claro que todos afrontamos situaciones complejas y debemos permitirnos estar mal.

Según su opinión, el problema está en que nos han educado para apartar el dolor como si fuera una alarma molesta: ''A base de distracciones, frases hechas y sonrisas forzadas. El clásico 'haz como que no importa', mientras por dentro llevas un incendio. Pero ignorarlo no lo apaga. Ignorarlo es echar gasolina y taparlo con una manta''.

En el hilo que publicó, el cual generó una gran conversación en la red social de microblogging, el terapeuta explicó que sentirse mal es información valiosa sobre cómo nuestro cuerpo reacciona a diferentes estímulos. Estar tristes o ansiosos puede ayudarnos a identificar heridas emociones aún abiertas, así como a detectar necesidades no satisfechas. 

A lo largo de su reflexión, Real también señaló que, si ignoramos nuestro dolor y seguimos adelante como si no pasara nada, la molestia se convertirá en apatía, cansancio permanente y otros síntomas físicos que nos alejan del bienestar.

Afrontar tu tristeza no te hace débil

Antes de poner fin a su escrito, el psicólogo animó a sus seguidores a hacer frente a sus sentimientos, explicando que experimentar tristeza o malestar no los convierte en personas débiles, sino en seres humanos completamente normales: ''Te convierte en alguien que se respeta lo suficiente como para no anestesiarse más''.

''La verdadera fuerza, la que vale de verdad, empieza cuando te permites sentir sin excusas. Cuando dejas de pelear contra lo que te pasa y empiezas a preguntarte qué puedes hacer con ello. No viniste a esta vida a ser una estatua. Viniste a sentir, a vivir, a moverte'', sentenció el experto.

miércoles, 14 de mayo de 2025

José Luis Marín, psiquiatra; "Vivimos en una "happycracia"; tienes que ser feliz por las buenas o por las malas"

 LOIS BALADO      |     lavozdegalicia.es      |     15/04/2025                 

 

El especialista reclama otra manera de hacer psicoterapia y lamenta la falta de alternativas no farmacológicas de las últimas cuatro décadas

José Luis Marín, psiquiatra, pero también psicoterapeuta, mantiene un discurso incómodo. Sin espacio para la autocomplacencia por los avances supuestamente conseguidos en los últimos años sobre salud mental. Mucha tinta ha corrido sobre ella, pero la práctica es otro cantar. Expone un escenario donde, en resumidas cuentas, muy pocas cosas han cambiado. No hablamos de en estos últimos años, cuando la pandemia disparó el debate. Se refiere a los últimos «treinta o cuarenta». Dice que los resultados de las intervenciones que se realizan —siempre se incluye en la crítica, hablando en primera persona del plural— desde los profesionales de salud mental son «malos», y lo justifica en una simple cuestión numérica. No son buenos porque cada vez hay más pacientes. No es que haya que ser un experto en silogismos para comprender su punto. En este último tiempo, ha saltado al terreno de la divulgación en redes sociales a través del Foro Internacional para la Formación en Psicoterapia, del que es presidente. Y claro, sus opiniones incómodas generan debates. 

—El otro día mantuve una discusión acerca de su figura. La persona argumentaba que, si en sus peores momentos hubiese visto sus vídeos hablando de psicofármacos, para él hubiese sido peligroso. ¿Considera que, en algún caso, su discurso puede ser peligroso? 

—Entiendo la preocupación de los pacientes, porque tampoco tienen por qué entender bien cuál es el mensaje. Lo que planteo y planteamos muchos, porque esto no es una idea personal, sino toda una corriente psiquiátrica llamada psiquiatría crítica, es que nos parece que la deriva exclusivamente biológica, farmacológica, de la psiquiatría de los últimos años no ha aportado las soluciones que esperábamos. Que hay que revisar lo que estamos haciendo. Me hacía referencia a que este mensaje podría ser peligroso para algunas personas. Y es verdad que, cuando ellos les ven, están pasándolo mal. No tengo ninguna duda sobre eso. El sufrimiento es genuino, legítimo, terrible y muy doloroso. El problema es que la única alternativa que les han dado ha sido la medicación. Esa es la preocupación. Si no tenemos otra alternativa, si la medicación es lo único que hay, pues ya está. Y sí, si no le hubiesen recetado esos fármacos, pues posiblemente habría seguido igual. Pero el planteamiento es que los psicofármacos no le han curado. Le han ayudado a mantener una estabilidad, pero había otros recursos. El problema es que nos hemos centrado demasiado en las soluciones biológicas y eso nos ha impedido ver y desarrollar otras vías en las que los fármacos podrían haber sido mucho menos protagonistas.

—Usted habla de manera bastante crítica sobre el DSM-5. En una de sus charlas le escuché una pregunta: «¿Qué cura, la psicoterapia o cura el psicoterapeuta?». Usaré esta misma lógica, porque sí creo que el manual ha sido útil en muchas ocasiones, ¿Qué es lo malo?, ¿el DSM-5 o el uso del psiquiatra del DSM-5?

—Es exactamente el matiz que haces. Y lo mismo podríamos decir de las redes sociales o de los teléfonos inteligentes. Ahora mismo hay una gran corriente de queja con respecto al móvil. Que si hacen daño a la infancia, que si las redes sociales son terribles... No. Realmente, los teléfonos inteligentes son un avance técnico fantástico, como lo fue en su día internet o lo fue el frigorífico. El problema es el uso que se le da al invento. El DSM es un manual de diagnóstico y de estadística de los trastornos mentales. Se hizo, en teoría, exclusivamente para que los psiquiatras de todo el mundo pudiéramos utilizar un lenguaje relativamente común. ¿Dónde está el problema? En que se ha confundido, y ha habido intereses para que eso fuera así, con un libro de psicopatología. La pregunta que ya nos hacíamos antes del DSM y que algunos psiquiatras seguimos haciéndonos es: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Sí, el diagnóstico de depresión, de trastorno de ansiedad o de anorexia nerviosa es ese, el que pone el DSM. La mayoría de los psiquiatras de mi generación no hemos tenido la sensación de que el DSM nos ha ayudase en nada, porque los diagnósticos los hacíamos exactamente igual. Solo que ahora, teóricamente, cuando decimos «episodio depresivo mayor» en A Coruña, en Madrid o en Singapur, estamos refiriéndonos a lo mismo. Para eso se creó. Pero cuando nosotros hacemos un diagnóstico de episodio depresivo mayor, lo que nos preguntamos es por qué esta persona está deprimida en este momento. La pregunta es cómo hemos llegado hasta aquí. ¿Por qué esta persona presenta ahora esta sintomatología que el DSM llama trastorno bipolar? Y esto es lo que se ha perdido, el estudio de la psicopatología, de intentar entender las causas. Porque eso es lo que nos va a dar una correcta visión del tratamiento, saber el porqué, exactamente igual que en cualquier otra especialidad de la medicina. Pero el DSM se ha confundido. Se ha obviado la psicopatología, se ha obviado la psiquiatría. Es un catálogo de síntomas. Simplemente. Te da un diagnóstico y automáticamente se plantea un tratamiento, mayoritariamente farmacológico. Esa es nuestra queja, nada más. 

—Usted defiende que «la psiquiatría nunca quiso ser esto», ¿qué quiso ser o qué quiere ser entonces?

—Qué pregunta... La psiquiatría es cierto que es una especialidad que surge intentando desgajarse la neuropsiquiatría y queriendo ser tan científica como lo podía ser la medicina interna, la reumatología o la inmunología. Y no nos ha salido demasiado bien. En los últimos treinta años, prescindimos de la psicología para centrarnos sobre todo en la biología. Nos hemos focalizado tanto en ella, concretamente en la farmacología, que ahora los psiquiatras, sobre todo los más jóvenes, no tienen otros argumentos porque no se les ha enseñado psicoterapia; no se les ha enseñado a mirar la historia de los pacientes. Solo a mirar el DSM-5. La psiquiatría solo maneja psicofármacos, ningún otro tipo de recurso. Pero resulta que en este momento la psicofarmacología está en crisis. Lo que nos parece es que los trastornos mentales no son una enfermedad del cerebro como tal. Este modelo que tiene que ver con la relación con la serotonina, con la dopamina, con la noradrenalina; esto de que los trastornos mentales son desequilibrios químicos, es un modelo fallido. Ya no se puede seguir sosteniendo. Entonces, tenemos muchos psicofármacos. Que no curan, sino que cronifican las historias de los pacientes. Hay muchos estudios que demuestran que pacientes con cualquier tipo de trastorno mental y sin tratamiento evolucionan más o menos igual que los que tienen tratamiento farmacológico. Lo único que tenemos son psicofármacos. Y no terminan de resolver el problema. Cada día hay más demanda, más pacientes tomándolos, pero no terminamos de curar a nadie. Y no tenemos otros recursos. Dejamos de mirar a la psicología, a la sociología, no miramos el entorno social o cultural, nos centramos en la biología y ahora mismo solo tenemos un recurso que no parece que resuelva los problemas.

—Dice que el modelo farmacológico está en crisis. Depende de para quién. ¿Por qué España es esta anomalía mundial de semejante prescripción?

—Esta es la pregunta que nos hacemos muchos psiquiatras. Creo que cada vez más. ¿Qué está pasando aquí? No tiene ningún sentido. Según los datos y las estadísticas de salud de todo el mundo, España es uno de los países con mejor salud en general. Y, sin embargo, somos los que consumimos más antidepresivos en Europa. Algo está pasando. Y sí, la psiquiatría biológica está en crisis para algunos. Claro, para los fabricantes de antidepresivos, pues imagínate. Cómo es posible que estemos recetando este nivel de psicofármacos es una pregunta que llevamos haciéndonos muchos psiquiatras mucho tiempo. Hay una bibliografía impresionante sobre este tema. Ciertamente no podemos seguir así, no podemos seguir recetando nada más que antidepresivos y no querer mirar a lo que está haciendo la cultura, lo que está haciendo la sociedad. ¿Qué sociedad estamos creando entre todos para que España sea consumidora de antidepresivos de esta manera? Que la gente está mal es indiscutible. Pero que no tenemos nada diferente al resto que explique algo así. Porque una cosa es pasarlo mal por el entorno social en el que estamos viviendo, porque no llegas a fin de mes, porque estás solo, porque las redes sociales nos están aislando, porque no hablamos entre nosotros, porque vivimos muy lejos del trabajo, porque no hay espacios verdes o porque hay demasiada televisión. Qué sé yo, hay muchas, muchas cosas... 

—Sí, pero ninguna de ellas es un fenómeno exclusivamente español. Los móviles están en todos lados. Seguramente vivamos mucho más cerca del trabajo que la mayoría en Estados Unidos, sin embargo, no sé si por una cuestión de tradición, algo pasa en España.

—Puede que suceda porque haya una tremenda presión de la industria farmacéutica. Que la hay en España y en todos los países, solo que algunos la manejan de una forma y otros de otra. Y tampoco hay tiempo para mirar al paciente, para escucharle. Muy poco en la sanidad pública y, en la privada, tampoco demasiado. Lo más sencillo es recetar un fármaco. Es curioso porque en España, por esa tradición católica, lo de aguantar el sufrimiento, probablemente lo hayamos hecho mejor que otros. Pero en todo el mundo occidental, cada vez se tolera menos el malestar. Estamos viviendo en una happycracia. Tienes que ser feliz por las buenas o por las malas. Y si no eres feliz es que algo te está pasando y tú eres el responsable. Porque «tú puedes». Este pensamiento positivo tan generalizado está haciendo mucho daño; esta exigencia de ser feliz y de no sufrir. Para muchas personas es difícil no pasarlo mal, porque realmente tienen muchos motivos. Y, además, la reacción natural hacia ciertos acontecimientos de la vida diaria, ya sea rabia, nerviosismo, preocupación, miedo o tristeza, se psiquiatriza. Cuentan que están angustiados, que no pueden dormir, que están preocupados, pero nadie les pregunta por qué. Si estoy triste, no me apetece levantarme por la mañana o estoy de mal humor, rápidamente cae una receta de un antidepresivo. ¿Por qué aquí pasa más? No lo sé, sinceramente, creo que no lo sabe nadie. Pero es verdad que está ocurriendo y nos preocupa. Algunos pacientes, cuando nos escuchan decir según qué cosas sobre los tratamientos farmacológicos, se enfadan. Que de no haber sido por la medicación, no saben qué hubiera pasado con ellos. Y les entiendo muy bien, tienen razón. Pero le hemos dado tanto valor a la medicación en los últimos cuarenta años que hemos dejado de mirar otros recursos, otras opciones.

—Seguro que le habrán dicho que su enfoque puede recordar a aquellas viejas tesis de la antipsiquiatría. —

Sí. Yo viví la antipsiquiatría, claro. Era un psiquiatra muy jovencito y a mí escuchar a Basaglia y a Cooper y a Laing me pareció fantástico. La antipsiquiatría planteaba un sistema excesivamente radical que fue inviable, fue inmanejable plantearlo en su momento. Ahora, no estamos en el plan de la antipsiquiatría. La psiquiatría crítica no está en plan revolucionario, sino mucho más en la línea de contemporizar; de poner encima de la mesa algo que parece muy obvio y que no hay que darle muchas vueltas. Es que los resultados de nuestras intervenciones, las intervenciones psiquiátricas y psicológicas, son malos. Porque cada vez tenemos más pacientes. Ese es el dato y nuestra preocupación. Cada vez tenemos más pacientes, más demanda, y no sabemos qué hacer con ella. Esa es la realidad. Se habla tanto de salud mental que creo que el discurso, ahora mismo, está vacío de contenido. Se habla de salud mental, pero las posibles soluciones que se plantean son las mismas que hace treinta años o cuarenta años. Y eso no va a funcionar. De hecho, no funciona. Somos el Pepito Grillo. Somos incómodos, porque estamos planteando algo que todo el mundo sabe, pero ante lo que no se sabe muy bien qué hacer.

—Ya que saca el tema, le he escuchado decir que un 10% de pacientes que entran en psicoterapia, empeoran.

—Sí, esos son los datos que tenemos, datos de investigación. A mí me gusta mucho la investigación y me gusta mucho leer. Y estos son datos que están publicados, algunos de ellos por autores españoles. Hay entre un 8% y un 12% de pacientes a los que les ocurre esto, yo digo el 10% por simplificarlo. Alrededor del 10% de los pacientes que empiezan en psicoterapia, empeoran. Y más del 20%, abandonan muy pronto.

—¿Y qué hacemos con esta gente a la que le hemos dicho que la solución es hacer terapia?

—Eso es. ¿Qué hacemos con todos nosotros? ¿Qué hacemos? Este es el quid de la cuestión. Y esto es de lo que algunos de nosotros nos lamentamos y queremos poner encima de la mesa. Somos el mensajero. A algunas personas no les gusta y matar al mensajero es lo más fácil, ¿no? Pero no podemos seguir otra vez hablando de que la solución en salud mental son más medicamentos o la solución en salud mental son más psicólogos. No, no, no, tampoco. Yo soy más psicoterapeuta que psiquiatra y los psicoterapeutas también tenemos muchas limitaciones. Así que lo que proponemos es que el debate sobre la salud mental tiene que estar en otro nivel. En un nivel mucho más de prevención. Mucho antes de que necesites la psicoterapia o que necesites el psicofármaco. Las propuestas para trabajar en salud mental tienen que ser de otra naturaleza, no propuestas terapéuticas, no más psicoterapia, no más psicofármacos. Estas son intervenciones terapéuticas no es que no funcionen, pero lo hacen de una manera limitada. Si queremos hablar del debate de salud mental, tiene que estar en la maternidad, tiene que estar en los estilos de crianza, cómo se organiza la paternidad, cómo se organizan las bajas de maternidad, cómo se organiza todo lo perinatal, cómo se organiza el desarrollo neurológico de los recién nacidos, que son los que después van a venir a nuestras consultas. Cómo se organiza la vida de cada día, esta vida loca de andar corriendo para todas partes; toda esta presión, y no solo de la industria farmacéutica, también la presión de los alimentos basura o la presión de la industria del ocio, que tienes que ir a hacerte un selfie a no sé dónde. Recuerdo que cuando era joven, bueno, los viajes de vacaciones eran realmente unas vacaciones. Ahora te das cuenta de que el mes de septiembre es cuando más consultas se piden, porque la gente vuelve destrozada de las vacaciones, porque han sido un desastre. Todo a partir de una presión social que nos obliga a ir de vacaciones y a disfrutar exageradamente de ellas, a disfrutar más que los demás y además hacerlo público. Vivimos en una sociedad absolutamente estresada.

—Pues me parece que está complicado darle un vuelco a todo esto. Es más complejo que dejar el tabaco o comer sin sal. Hablamos de salarios, calidad de vida, comer de otra manera, ir sin prisa...

—Exacto. Y esto es lo que no suena bien de nuestro discurso y por eso somos ese mensajero al que hay que matar. Porque las noticias que traemos, las alternativas a la salud mental son programas para 20 años. Pero claro, dependemos de los votos de cada cuatro años y es difícil plantear estrategias a tan largo plazo. Entonces, seguimos enfocando mal el debate sobre la salud mental. Es una cosa curiosa, si te das cuenta, cada vez que se habla de salud mental se habla de tratamientos, no se habla de salud. El debate debería ser sobre enfermedad mental, y no se habla de salud mental. Se habla de mejorar poniendo más psicólogos en los centros de salud para hacer psicoterapia, de seguir investigando en nuevos fármacos que sean más activos, pero no se habla de prevención, no se habla de crear espacios saludables, espacios en los que las personas puedan hablar, que no tengan que ir al médico a darse de baja, que se pueda compartir el malestar, como se ha hecho toda la vida. En los pueblos, en los barrios, entre las familias o los amigos, incluso podían ser espacios para la palabra, no espacios para hablar. Pero vivimos en una sociedad en la que se habla muy poco. Las redes sociales que nos vendieron como algo fantástico para estar unidos, ha conseguido que el ser humano esté más aislado y más solo que nunca. Estamos solos en grupos, en grupos enormes, pero absolutamente aislados, absolutamente sin hablar. Y este es el debate. La solución no pasa porque pongamos más profesionales. No. Más profesionales sí, pero orientados de otra manera, en otras áreas, no solo en los tratamientos cuando el trastorno y, por tanto, el sufrimiento, ya se está manifestando. 

—Alguna vez lo ha dicho, que sabemos mucho de lo micro, pero nada de lo macro. 

—Sabemos muchísimo de neurotransmisores, pero nada de María, Dolores o Juan. Nada. Lo que hacemos es saber cada vez más de cosas más pequeñas. De María y Juan conocemos todas sus mitocondrias, casi todo lo que se puede saber sobre sus neurotransmisores, pero de su historia no sabemos nada. Ni se lo hemos preguntado, ni les hemos mirado a los ojos. Y como dicen Johann Hari, la depresión no está en tu cabeza, está en tu vida. 

martes, 13 de mayo de 2025

El cuidado de mi salud mental afecta a todos los que me rodean

 MARISA MARTÍNEZ      |     Palma     |     ultimahora.es     |     06/04/2025

Compagina su labor de investigación en el campo de la neurociencia con una divulgación científica del impacto que tiene la meditación y la respiración en la salud mental

Acaba de publicar ‘El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración’ (Siruela/La Magrana) con la premisa de que todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro, si nos lo proponemos.

Una lectura para motivarnos a dar nueva forma a nuestro cerebro.
—Intento que tengamos esa intención. El libro es pedagogía sobre el cuidado mental porque cuidamos nuestra salud física pero no nuestra salud mental. Dejamos la conducta a la deriva y nos van pasando cosas que pueden ser potencialmente traumáticas, para las que no tenemos herramientas y que nos llevan a un sufrimiento o a adquirir conductas no saludables ni para nosotros ni para nuestro entorno.

¿Deberíamos ir más a terapia?
—Tiene que ser más normal acudir a terapia, no hace falta tener un trastorno, es una forma de prevención que nos permite entrenarnos para enfrentar esas situaciones que, sin duda, vamos a pasar en algún momento y que, aunque no sean extremas, nos van a generar ansiedad. Es importante que nos revisemos y dar valor a la medicina preventiva en salud mental igual que se lo damos a la física. Me gusta mucho el concepto de gimnasia mental, hacemos ejercicio físico pero no entrenamos nuestra conducta y podríamos estar mejor de lo que estamos.

Al menos se habla más de salud mental y empieza a normalizarse.
—Se habla más de ello, es un gran avance pero queda mucho trabajo, porque no nos enseñan inteligencia emocional. Es un salto enorme que se incorpore a la medicina el estilo de vida, que en una consulta clínica te puedan dar consejos sobre hábitos para prevenir y hacernos más fuertes en lo físico y en lo mental.

A nivel científico sí se está avanzando mucho en este campo.
—Sí, cuestiones como la influencia que tiene la dieta y la conexión intestino-cerebro ya es muy conocida afortunadamente. Cada vez somos más conscientes de ello. La respiración también se empieza a incorporar más en la sociedad y a tener en cuenta en muchos ámbitos.

Explíquenos los beneficios del control de la respiración
—La respiración afecta a cómo vivimos las experiencias y en la toma de decisiones. Está demostrado que una respiración adecuada puede ayudar a que las decisiones sean más acertadas que las que se toman bajo los efectos de la ansiedad, que afecta a las áreas de cognición. Ofrece una gran ventaja, y es que es una herramienta muy sencilla, que ayuda mucho y está al alcance de todos. Se pueden dar ciertas pautas que, por supuesto no solucionan del todo un problema, pero sí que ayudan a llevar de otra forma las situaciones de ansiedad.

Y cuenta con evidencia científica.
—Sí, hay evidencia científica de la influencia de la respiración en nuestro diálogo interior. Hace diez años era impensable, no tenía mucho sentido y no había nada donde apoyarse. Afortunadamente ya se habla de ello en toda la comunidad científica y este ámbito de investigación está presente en las grandes universidades.

Diálogo que no suele ser amable.
—No, la verdad es que no suele ser muy amable. Confundimos pensamiento, que es consciente, con diálogo interior, que es involuntario y espontáneo y por eso no lo puedo parar. En momentos de ansiedad ese diálogo suele ser rumiante, se enfoca en el tema que nos preocupa y hace que la respiración se altere. Igual que sea altera cuando hablamos, también cuando nos hablamos. Por eso es importante trabajar con respiración. Ralentizarla nos ayuda a bajar la frecuencia de esos pensamientos rumiantes. La red cerebral más involucrada en la generación de ese diálogo interior es la misma zona que recibe la información respiratoria, así que con una podemos influir en la otra.

Se puede entrenar ¿con tenacidad?
—Tampoco tanta. Cuando empecé el proyecto de investigación comenzamos a medir a personas con un gran control que no me interesaban mucho porque yo no tengo cinco horas al día para meditar, ni vivo en un monasterio. Me interesaba más cómo la respiración podía beneficiar a personas como yo. A partir de ahí, iniciamos experimentos en población normal y vimos que en pocas semanas adquirían el hábito. Le damos un sentido esotérico y muy elevado y es más sencillo de lo que se piensa.

Pero no es fácil mantener todo el día una respiración consciente.
—A la vez que te vas familiarizando con la respiración eres más consciente de ella. Ante una situación adversa el cerebro puede poner en práctica lo que ha aprendido. Se empieza por observarla, sin tocar ni alterar nada. Luego vas viendo como ralentizarla y cómo acceder a ella. No es tan difícil.

Defiende que nacemos con mapas heredados ¿Cómo trascender lo que no depende de nosotros?—Creo que tenemos que tener en cuenta la herencia trasgeneracional, no solo lo que he recibido sino lo que voy a dejar. El cuidado de mi salud mental no sólo me afecta a mí, sin o a todo el que me rodea. Tenemos la responsabilidad de cuidarnos porque sinó vamos a hacer un daño a los demás que podríamos haber evitado. Para mí esta idea es fundamental.