INFOCOP (Consejo general de la Psicología de España) | 26/03/2026
Una de cada
seis personas en Europa vive con un trastorno de salud mental. El
suicidio es un problema de salud pública: más de 120.000 personas se
suicidan cada año en la Región europea, situándose ya como la principal causa
de muerte entre los 15 y 29 años. Una de cada tres personas con un trastorno de
salud mental no recibe el tratamiento que necesita. Y uno de cada tres
profesionales de la salud presenta síntomas compatibles con un trastorno
depresivo mayor.
Estas cifras,
de enorme impacto sanitario y social, forman parte de la última actualización
publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su
página web, dentro de sus datos y hojas informativas sobre distintas temáticas
de salud, donde recoge los principales datos sobre salud mental más actuales,
que dibujan un panorama preocupante en la Región Europea y subrayan la
necesidad de reforzar las políticas públicas, los sistemas asistenciales y la
lucha contra el estigma.
Una carga elevada y persistente.
Según
estima la OMS, una de cada seis personas —aproximadamente 140
millones— en la Región Europea vive con un trastorno de salud mental,
con un impacto que puede variar de leve a grave en su vida cotidiana. A esta elevada
prevalencia se suma la tragedia
del suicidio: más de 120.000 personas mueren cada año por
esta causa en la Región Europea, lo que equivale a más de 300
muertes diarias. De forma especialmente alarmante, el suicidio constituye la
principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.
Pese a la
magnitud del problema, el acceso a la atención dista mucho de ser
universal. Hasta una de cada tres personas con un trastorno de
salud mental no
recibe el tratamiento que necesita. La brecha asistencial es aún más
grave en determinados cuadros: una de cada cuatro personas con psicosis no
recibe ningún tipo de tratamiento ni atención formal.
La OMS recuerda
que la salud mental no se limita a la ausencia de trastornos mentales.
Se trata de un estado de bienestar mental que permite a las personas afrontar
el estrés de la vida, desarrollar sus capacidades, aprender y trabajar
eficazmente y contribuir a su comunidad. Cualquier persona puede
experimentar problemas de salud mental en cualquier momento de su vida, y su
aparición no responde a una única causa, sino a la compleja
interacción de factores individuales, sociales y ambientales.
Por ello,
proteger la salud mental exige algo más que tratar síntomas: requiere
un enfoque integral, en el que distintos sectores
gubernamentales —más allá del sanitario— colaboren para promover el bienestar,
fortalecer la resiliencia, prevenir la exposición a circunstancias adversas y
garantizar el acceso equitativo a la atención.
Adolescencia, género y soledad: señales de alerta.
La actualización de la OMS pone el foco también en la infancia y la adolescencia, etapas clave para la prevención y la intervención temprana en salud mental. Más de uno de cada diez adolescentes (11%) informa de signos de comportamiento problemático en redes sociales, lo que evidencia el impacto creciente del entorno digital.
Asimismo, el
Índice de Bienestar OMS-5 revela diferencias significativas en
función del género: las chicas de 15 años obtienen puntuaciones
notablemente más bajas que los chicos, una brecha que, según la OMS, debe
influir en el diseño
de intervenciones específicas y sensibles al género. En la misma
línea, el 28% de las chicas declara sentirse sola, frente al 13% de los chicos.
Con respecto a
la soledad, cabe señalar que no afecta únicamente a la juventud. Una de cada cuatro personas mayores de 60 años afirma sentirse
sola, lo que subraya la importancia de abordar
la salud mental también en la población adulta mayor, integrando
estrategias comunitarias que reduzcan el aislamiento social y fortalezcan los
vínculos.
En relación con la salud mental digital de los y las adolescentes,
la OMS advierte que el mundo digital actual —desde redes sociales hasta
plataformas basadas en inteligencia artificial— puede
beneficiar o perjudicar la salud mental de niños, niñas y adolescentes.
Puede facilitar la conexión, la inspiración y el aprendizaje, pero también exponer
a riesgos como el ciberacoso, ideales corporales irreales, contenidos
autolesivos, marketing perjudicial o recopilación invasiva de datos. Los
sistemas algorítmicos pueden agravar estos problemas cuando no
existe transparencia ni consentimiento informado.
Para afrontar
estos desafíos, la OMS/Europa ha publicado un informe de políticas destinado a
ayudar a los países a formular respuestas basadas en la evidencia frente a los
determinantes digitales de la salud mental juvenil.
Profesionales
sanitarios bajo presión.
Uno de los datos más preocupantes recogidos, es el relativo a la salud mental de quienes atienden a la salud. Según la primera encuesta de la OMS sobre salud mental en médicos y enfermeras de la Unión Europea, Islandia y Noruega, uno de cada tres profesionales presenta síntomas compatibles con un trastorno depresivo mayor.
Uno de
cada diez experimenta pensamientos suicidas pasivos.
Además, uno de
cada tres declara haber sufrido acoso o amenazas violentas en el trabajo, y uno
de cada diez refiere violencia física o acoso sexual. Estos datos reflejan el enorme
desgaste emocional y psicológico que afecta a la fuerza laboral sanitaria,
con potenciales repercusiones tanto en el bienestar individual como en la
calidad asistencial y en la sostenibilidad de los sistemas de salud.
Sistemas
de salud mental: avances desiguales.
Pese a tratarse de una de las regiones con más recursos, la Región Europea de la OMS continúa enfrentando importantes desafíos en la organización y provisión de servicios de salud mental.
Si bien casi
todos los países cuentan con una política o estrategia específica, el grado de
implementación es desigual. Una encuesta realizada en 2024 a 29 países muestra
que solo 11 disponen de mecanismos sólidos de coordinación y cooperación para
aplicar dichas políticas, con una aceptación robusta por parte de los actores
del sector.
A ello se suma
una escasez crítica de profesionales. El
Atlas de Salud Mental 2024 indica que la Región dispone de 9,9
psiquiatras, 28,4 enfermeras de salud mental y 9,3 psicólogos/as por cada
100.000 habitantes. Estas cifras evidencian limitaciones
estructurales que pueden contribuir a la brecha de tratamiento observada.
La colaboración
intersectorial es señalada como un factor
clave: el 38% de los países considera que el trabajo conjunto entre gobiernos,
servicios de salud, organizaciones comunitarias y otros socios constituye una
gran fortaleza. Sin embargo, la participación significativa de personas con
experiencia vivida en la formulación de políticas y servicios sigue siendo
limitada en muchos contextos.
Estigma
y discriminación: barreras persistentes.
La OMS insiste en que el estigma y la discriminación en torno a los problemas de salud mental persisten en todos los países y afectan profundamente a la vida de las personas. Estas actitudes pueden disuadir de buscar ayuda, dificultar la continuidad del tratamiento y generar problemas en el ámbito laboral y relacional. Además, las personas con trastornos mentales presentan una esperanza de vida notablemente menor.
Reducir el
estigma no solo es una cuestión ética y de derechos humanos; también tiene
beneficios sociales y económicos, y puede salvar vidas. El
conjunto de herramientas Mosaic de la OMS/Europa propone tres
estrategias basadas en la evidencia para acabar con el estigma y la
discriminación en salud mental: el liderazgo o coliderazgo de personas con
experiencia vivida en la toma de decisiones; el fomento del contacto social a
través de conversaciones abiertas y respetuosas; y la creación de alianzas
inclusivas entre comunidades, servicios y sectores.
Servicios
orientados a la recuperación y apoyo en crisis.
La Organización Mundial de la Salud promueve modelos de atención orientados a la recuperación, en los que las personas con experiencia vivida desempeñan un papel activo. Estas pueden apoyar a otras personas en su proceso de recuperación, ayudarles a navegar por el sistema de salud mental y asesorar a organizaciones y responsables políticos. La Iniciativa QualityRights y la hoja de ruta para integrar la experiencia vivida constituyen instrumentos clave en esta transformación.
En contextos de
crisis —conflictos armados, guerras, desastres naturales o provocados por el
ser humano—, la OMS proporciona apoyo técnico y operativo para implementar servicios
de salud mental y apoyo psicológico y social. Esto incluye el envío
de personal experto a zonas afectadas, la coordinación con socios humanitarios
y el fortalecimiento de sistemas nacionales y locales, así como la garantía de
acceso a medicamentos psicotrópicos y servicios de asesoramiento para personas
refugiadas y desplazadas.
Infancia
y juventud: estándares de calidad.
Muchos niños, niñas y jóvenes que requieren apoyo de salud mental no acceden a la atención necesaria. Para abordar esta situación, la OMS/Europa ha desarrollado Normas de calidad para los servicios de salud mental infantil y juvenil, que definen qué constituye una atención eficaz, segura, centrada en la persona, oportuna, equitativa, integrada y eficiente, priorizando las aportaciones de jóvenes y de personas cuidadoras.
Un compromiso político renovado.
La OMS trabaja en la Región Europea apoyando el desarrollo de políticas, servicios, investigación, directrices, herramientas, actividades de desarrollo de capacidades y alianzas estratégicas. En colaboración con socios como la Comisión Europea, el Gobierno de Grecia y UNICEF, impulsa iniciativas para promover la buena salud mental y prevenir los problemas de salud mental, fortalecer los servicios comunitarios, mejorar la calidad asistencial infantil y juvenil y aprovechar la innovación digital.
En junio de
2025, 31 países se
comprometieron a integrar la salud mental en todas sus políticas, en
un contexto en el que el 17% de la población de la Región vive con un trastorno
mental.
De forma
general, los datos actualizados por la OMS dibujan una realidad que combina
alta prevalencia, brechas asistenciales, desigualdades de género y edad,
impacto del entorno digital, desgaste de los profesionales y persistencia del
estigma. Al mismo tiempo, apuntan a vías de acción claras: reforzar los
sistemas, integrar la salud mental en todas las políticas, promover servicios
orientados a la recuperación y escuchar de forma activa a las personas con
experiencia vivida. La magnitud del desafío exige respuestas proporcionales,
sostenidas y basadas en la evidencia.