CONSTANZA ALMIRÓN| infobae.com | 08/05/2026
Una investigación internacional revela diferencias neurobiológicas y emocionales
entre pacientes con el mismo diagnóstico. Cómo este hallazgo impulsa el avance
hacia las terapias más personalizadas
Durante décadas, el trastorno por déficit de atención e
hiperactividad (TDAH) fue definido
principalmente por conductas visibles: dificultad para concentrarse, impulsividad e hiperactividad.
Sin embargo, en consultorios, escuelas y hogares, muchos profesionales y
familias observaban algo más complejo. Había niños extremadamente distraídos, y
también pacientes que reaccionaban con crisis emocionales
intensas frente a situaciones cotidianas, con explosiones de enojo,
llanto o frustración difíciles de controlar.
Un estudio publicado en JAMA Psychiatry identificó tres perfiles
cerebrales diferenciados asociados al TDAH mediante
resonancias magnéticas y análisis computacionales avanzados. En paralelo,
trabajos desarrollados por Lund University en adultos
reforzaron la idea de que el trastorno puede manifestarse de formas muy
distintas y requerir tratamientos más personalizados.
El límite del modelo
actual de diagnóstico
Hoy, el diagnóstico del
TDAH se realiza a partir de criterios establecidos en el DSM-5 (Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), la guía utilizada
internacionalmente por psiquiatras y psicólogos para clasificar trastornos
mentales.
Uno de los subtipos identificados corresponde al TDAH
inatento, vinculado con alteraciones en áreas cerebrales asociadas a la
atención
Ese sistema organiza el cuadro según listas de
síntomas observables y divide el trastorno en tres presentaciones: predominantemente
inatenta, predominantemente hiperactiva/impulsiva o combinada.
El problema, señalan muchos
investigadores, es que esas categorías se basan sobre todo en el comportamiento
y no en diferencias biológicas del cerebro. En la práctica, dos
personas pueden recibir exactamente el mismo diagnóstico y, aun así, presentar
dificultades completamente distintas.
Por ejemplo, algunos pacientes tienen
problemas principalmente vinculados con la atención sostenida, mientras otros
muestran fuertes alteraciones emocionales, baja tolerancia a la frustración o
cambios abruptos de humor que afectan la vida cotidiana, los vínculos sociales
y el rendimiento escolar o laboral.
Sin embargo, esas diferencias suelen
quedar diluidas dentro de una misma clasificación clínica. Los nuevos
estudios buscan precisamente cambiar esa lógica: en lugar de partir únicamente
de síntomas visibles, intentan identificar patrones biológicos
concretos detrás de cada perfil.
Cómo lograron detectar
los nuevos biotipos
La investigación
principal analizó datos de 1.831 participantes provenientes de
10 centros internacionales. Los investigadores utilizaron resonancias magnéticas
cerebrales y herramientas de inteligencia artificial para detectar patrones
estructurales en el cerebro.
A diferencia de otros
estudios centrados en regiones aisladas, el equipo analizó cómo distintas áreas
cerebrales se relacionan entre sí, como si observaran un sistema de
rutas interconectadas en lugar de calles separadas.
Para eso emplearon una técnica llamada “redes
de similitud morfométrica”, que permite mapear conexiones estructurales
entre diferentes regiones cerebrales. Luego aplicaron algoritmos capaces de
agrupar perfiles con características compartidas. El análisis permitió
identificar tres biotipos claramente diferenciados.
Uno de los perfiles correspondió al subtipo
predominantemente inatento, asociado a alteraciones en áreas vinculadas con
la atención sostenida. Otro presentó un patrón hiperactivo e impulsivo,
relacionado con cambios en circuitos cerebrales involucrados en el control
conductual. El hallazgo que más llamó la atención de los investigadores fue un tercer biotipo severo combinado
con desregulación emocional.
El perfil más complejo:
emociones intensas y mayor afectación cerebral
Este tercer grupo
presentó alteraciones mucho más extensas que los otros dos. Los investigadores
detectaron 45 áreas cerebrales con desviaciones significativas,
frente a las 26 observadas en los demás perfiles. Las diferencias aparecieron
especialmente en regiones vinculadas con la regulación emocional, el control de
impulsos y la motivación, como la corteza prefrontal medial y el pálido.
En términos simples,
estas áreas ayudan a modular reacciones emocionales y a “frenar” respuestas
impulsivas. Eso podría explicar por qué algunos pacientes con TDAH experimentan
reacciones extremadamente intensas frente a situaciones relativamente pequeñas,
algo que muchas familias describen desde hace años.
En ese sentido, Paul Rosen, director de la
ADHD Rapid Assessment Clinic del Norton Children’s Medical Group, describió a
este grupo en declaraciones a The Washington Post como
“volcanes en estado latente”: niños que pueden parecer tranquilos hasta que una
situación de estrés, frustración o sobrecarga emocional desencadena crisis
intensas y prolongadas.
Lo importante es que la desregulación emocional no
ocupa actualmente un lugar central dentro de los criterios diagnósticos
tradicionales del TDAH.
Por eso, muchos pacientes terminan
recibiendo otros diagnósticos asociados, como ansiedad, trastornos
oposicionistas o alteraciones del estado de ánimo, sin que necesariamente se
reconozca el componente emocional del propio TDAH.
Para F. Xavier
Castellanos, neurocientífico de la Universidad de Nueva York y uno de los
referentes históricos en el estudio del trastorno, los nuevos hallazgos podrían
modificar ese paradigma en futuras revisiones clínicas.
Diferencias químicas y
tratamientos más ajustados
Los investigadores también encontraron variaciones en
distintos sistemas neuroquímicos cerebrales, incluidos circuitos
relacionados con serotonina, dopamina, acetilcolina y glutamato. Esto
resulta especialmente relevante porque muchos tratamientos actuales actúan
precisamente sobre algunos de esos mecanismos.
La posibilidad de identificar perfiles biológicos
diferenciados podría permitir, en el futuro, diseñar intervenciones más
específicas según las necesidades de cada paciente, en lugar de aplicar
estrategias generales para todos los casos.
La lógica es similar a la medicina personalizada que
ya se utiliza en otras áreas, donde un mismo diagnóstico puede dividirse en
subgrupos con respuestas terapéuticas distintas.
Qué ocurre en adultos con TDAH
Otra investigación
desarrollada por Lund University amplió la mirada hacia
adultos con TDAH. El estudio comparó personas medicadas
con psicoestimulantes y pacientes sin tratamiento
farmacológico. Los resultados mostraron que las diferencias funcionales
parecían relacionarse más con la gravedad de los síntomas que con el uso de
medicación en sí.
Los investigadores
identificaron alteraciones en memoria de trabajo, velocidad de procesamiento,
coordinación motora, flexibilidad cognitiva y control de impulsos. Según Maurizio
Cundari, líder del trabajo, esto refuerza la necesidad de abandonar una
visión simplificada del trastorno centrada únicamente en la atención.
Los autores sostienen que
el futuro del tratamiento probablemente combine distintas estrategias adaptadas
a cada perfil clínico y neurobiológico, incluyendo rehabilitación
cognitiva, actividad física y abordajes
personalizados.
Un cambio de paradigma
todavía en construcción
Pese al entusiasmo que generan estos resultados, los
especialistas advierten que todavía existen limitaciones importantes.
Las resonancias cerebrales aún no permiten
diagnosticar TDAH de manera individual en la práctica clínica cotidiana, y los
investigadores señalan que serán necesarios estudios de seguimiento para
comprender cómo evolucionan estos subtipos a lo largo del tiempo. Sin embargo,
el hallazgo marca un cambio profundo en la forma de estudiar el trastorno.
Por primera vez, múltiples investigaciones empiezan a
converger en una idea que durante años fue discutida principalmente desde la
experiencia clínica: detrás del mismo diagnóstico podrían existir cerebros
distintos, trayectorias diferentes y necesidades terapéuticas específicas.
Para millones de personas con TDAH y sus familias, esa diferencia podría cambiar en el futuro no solo el tratamiento, sino también la manera de comprender el trastorno