domingo, 9 de agosto de 2020

Memoria emocional: ¿qué es y cuál es su base biológica?

ALEX FIGUEROBA    |    Psicología y Mente

“A menudo creemos que nuestra memoria solo está compuesta por recuerdos autobiográficos; no es así”.

Los recuerdos no se centran sólo en los hechos acontecidos, sino también en las respuestas fisiológicas que se produjeron simultáneamente; de hecho, la intensidad y la relevancia emocionales de una situación parecen ser los factores clave que explican que su huella se mantenga a largo plazo.

En algunas ocasiones puede incluso que la memoria emocional de un evento siga existiendo después de que se hayan olvidado los hechos; esto sucede de forma habitual en los casos de fobia, en que no siempre se recuerda cuál fue la experiencia traumática que provocó la aparición del miedo.

En este artículo describiremos qué es la memoria emocional y cuáles son sus bases biológicas, además de definir la naturaleza y los mecanismos de influencia de las relaciones entre el recuerdo y las emociones.

"¿Qué es la memoria emocional?

En el ámbito de la Psicología podemos definir la memoria emocional como el aprendizaje, el almacenamiento y el recuerdo de eventos asociados con las respuestas fisiológicas que se daban en el momento en que tuvieron lugar dichos sucesos. Se relaciona también con la recuperación de otras informaciones y detalles asociados con el evento concreto.

No obstante, se trata de un concepto muy amplio cuyo uso varía en función del contexto; por ejemplo, el célebre pedagogo teatral Konstantin Stanislavski llamó “memoria afectiva” a una técnica de interpretación consistente en recordar eventos para evocar emociones determinadas.

La memoria emocional es uno de los aspectos nucleares de la identidad humana: nuestros recuerdos autobiográficos más vívidos suelen estar asociados a emociones muy intensas, sean positivas o negativas. Se ha planteado que recordamos el estado fisiológico en que nos encontrábamos en un momento dado más que los hechos en sí mismos.

Desde la perspectiva evolucionista se defiende que la memoria emocional se desarrolló porque aumentaba nuestra capacidad de adaptación al entorno, permitiéndonos reaccionar de forma rápida a situaciones que podían implicar un peligro para la supervivencia. De hecho, las emociones pueden ser entendidas como los fundamentos de la motivación, aquello que nos predispone a querer alcanzar determinados objetivos y evitar ciertas experiencias.

En este sentido, la memoria emocional es aquello que da sentido a las emociones en sí, dado que permite que nuestro comportamiento se articule según lo que vamos aprendiendo acerca de las consecuencias de nuestras acciones y nuestra manera de exponernos a ciertos entornos o situaciones. Sin memoria emocional, apenas contaríamos con referencias acerca de qué hacer, especialmente si tenemos en cuenta que en nuestra especie la conducta depende mucho más de lo que vamos aprendiendo que de nuestros instintos.

La relación entre emociones y memoria

La memoria y la emoción son procesos íntimamente relacionados; todas las etapas del recuerdo, desde la codificación de información hasta su recuperación a largo plazo, son facilitadas por factores de tipo emocional. Esta influencia es bidireccional, de modo que los recuerdos provocan con frecuencia la aparición de emociones, por ejemplo.

La emoción tiene efectos moduladores tanto en la memoria declarativa o explícita como en la no declarativa o implícita. Lo que hace que recordemos mejor o peor un suceso no es tanto su relevancia en la historia personal como la intensidad de las emociones que experimentamos cuando ese momento tuvo lugar.

Factores que influyen en el recuerdo

En general se habla de dos factores emocionales que afectan al recuerdo: el grado de activación y la valencia de la emoción. La activación emocional asociada a un estímulo o situación hace que la atención se centre en éste, de forma que se recordará mejor en el futuro, sobre todo si nuestro estado emocional es similar al del contexto de aprendizaje.

Sin embargo, las emociones intensas también pueden interferir en otros tipos de memoria, concretamente la procedimental y la operativa o memoria de trabajo. Esto afecta a la consolidación de los recuerdos y se relaciona con la atención; por ejemplo, las experiencias disociativas que se producen bajo estrés intenso dificultan la consolidación de información.

En el marco de la psicología de las emociones, la palabra “valencia” se usa para designar la cualidad positiva o negativa. En general los recuerdos asociados a emociones agradables se recuerdan mejor y con más detalles que los negativos, en especial a medida en edades avanzadas.

Un fenómeno relacionado con la valencia emocional es el de la dependencia de estado, propuesto por Bower. La dependencia de estado consiste en que recordamos con más facilidad eventos emocionalmente positivos si estamos alegres y más experiencias negativas si nos sentimos tristes.

Bases biológicas de la memoria emocional

La estructura cerebral conocida como amígdala tiene un papel fundamental en la memoria emocional. Además de permitir el aprendizaje de la asociación entre situaciones y emociones, la amígdala envía señales que facilitan las operaciones relacionadas con la memoria en otras áreas del cerebro, especialmente el hipocampo y la corteza prefrontal.

Su rol central es el aprendizaje por condicionamiento clásico de respuestas emocionales, por el cual asociamos un estímulo con las emociones que sentimos mientras éste se encuentra presente, como sucede en las fobias. La actividad de la amígdala se ha relacionado sobre todo con las emociones negativas, y de forma más específica con el miedo.

Aunque se requieren más investigaciones sobre este tema, se sabe que las hormonas del estrés, como el cortisol, interactúan con la amígdala. Estos efectos pueden ser facilitadores, pero también inhibitorios: por ejemplo, cuando sentimos ansiedad la consolidación de recuerdos empeora porque la memoria de trabajo queda parcialmente ocupada por el estrés.

Entre las funciones de las regiones frontotemporales del cerebro en conjunto se encuentra la facilitación de la retención, el almacenamiento y la recuperación de recuerdos emocionalmente cargados; a su vez, las sensaciones de activación emocional promueven el recuerdo a largo plazo de estos eventos.

 

sábado, 8 de agosto de 2020

SusanaTristeza: del dolor, Covid y otros demonios, sanar sí es posible.

IVONNE VALDÉS   |   La Vanguardia   |   05/07/2020

El duelo en tiempos de coronavirus es un tema complicado, pero necesario. Al nombrarlo e intentar darle espacio, nos volvemos más resilientes, SEMANARIO habló con una especialista al respecto.

Con la mayoría de la población en su quinto mes de cuarentena y sabiendo que todavía falta un largo período para recuperar lo que sea que esta pandemia nos deje como “normalidad”, la tristeza aumenta y con ella, la necesidad de permitirse el duelo por lo perdido.

“Además, la pandemia catalizó el desgarre del tejido social y las consecuencias de éste. Por poner un ejemplo, desde el 2006 la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevenía que para el año 2020, la depresión se convertiría en la segunda causa principal de discapacidad a nivel mundial. El coronavirus vino a cumplir con este pronóstico, y tendremos una crisis emocional sin precedentes en el contexto histórico actual.”

MUCHO TRABAJO, POCO TRABAJO.- La carga excesiva de trabajo ya era de por sí un factor contribuyente a la depresión, y pasar por circunstancias adversas como desempleo, luto y enfermedad pueden generar más estrés y disfunción. A esto hay que añadir el tabú con el que la salud mental se ha perpetuado y la serie de estereotipos que rodean aún el ir a terapia, buscar asesoría de expertos o simplemente pedir ayuda a la red de apoyo familiar.

El mundo cambió por la pandemia, de eso no cabe duda. De acuerdo con Miriam Colín (Méjico), psicóloga clínica con especialidad en psicoterapia, la raíz del problema que enfrenta la sociedad es causada por la falta de memoria de la humanidad.

“Es como si los seres humanos no pudiéramos registrar la historia de las otras enfermedades. Da la impresión de que la gente lo está viviendo como si esto nunca hubiera pasado antes y venimos de tantas epidemias que ya han diezmado a la población”, dijo Colín.

PERMITIR EL DUELO.- El cambio en las rutinas de todos para acatar la contingencia sanitaria ha generado incluso una sensación de luto, y lo que está faltando a este luto es un sentimiento de respeto.

“Nosotros no hemos hecho conciencia, no cuidar el ambiente, el aire, el maltrato hacia los animales, comerse a los animales salvajes, eso sigue; y todo esto (la pérdida de nuestro estilo de vida) debería hacernos reaccionar”, expresó.

Clínicamente, está comprobado que al luto lo acompañan, o lo exhiben, los sentimientos de tristeza, la añoranza de volver a lo que era antes —en este caso volver a la libertad de movilidad, a la estabilidad y a vivir sin miedo— y la nostalgia.

“Según la experta, estar tristes es una reacción sana y aprovechable, pues abrazar el dolor no es negar la fe, es dar lugar a la esperanza y, si se sigue un proceso sano incluso ayuda a madurar.”

“Qué bueno estar tristes por el planeta, qué bueno ponerse a reflexionar de cómo nos cuidamos, en cómo los adultos mayores son tan vulnerables y no hacíamos lo suficiente por ellos”, comentó la especialista.

LA DEPRESIÓN SE ASIENTA.- El Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un documento relevante para la prevención del suicidio, y se anunció que el 2020 sería un año con un alza significativa en los porcentajes de depresión mundial.

“De acuerdo con los estudios realizados, se advertía que la mayor prevalencia de los trastornos de ansiedad ocurriría en personas con profesiones como medicina o leyes y en directores de alto nivel.”

“Hay que aprender de la tristeza. No maltrates a los médicos, dale el asiento a la enfermera, ayúdalos a que descansen a que lleguen bien a sus casas, que coman y que no les gane el agotamiento”, exhortó Colín.

“El luto es algo sumamente importante, incluso recomendado por especialistas en salud mental, pues permite navegar la elaboración de una nueva realidad. Cada etapa de duelo debe completarse para así formar una versión de uno mismo que se adapte”.

ENFRENTAR CON ÉXITO AL COVID, SE BASA MUCHO EN LA SOLIDARIDAD.- La cuarentena reveló otras formas de relacionarse con familia y amigos y ya metidos en la encrucijada, lo que queda es aceptar el problema y encontrar la salida

La primera etapa del luto es la negación, claramente experimentada por la sociedad desde que comenzó a conocerse el peligro de la pandemia.

“Todo el mundo la pasó por alto, por eso esto creció así. Si hubiéramos reconocido el riesgo desde el principio esto no se hubiera esparcido así”, destacó Miriam Colín, psicóloga clínica con especialidad en psicoterapia.

Ésta, ejemplifica Colín, es como una bolsa de aire que amortigua el impacto de la noticia de una nueva realidad, y sirve para que el cambio radical e irreversible no te paralice tanto.

“Durante el luto también se crea la capacidad de encontrar un nuevo refugio. La esperanza de encontrarse con lo perdido en una nueva manera dirige a la persona a la oración, a cuidar más la naturaleza, a valorar de una mejor manera a la pareja, los hijos o a padres”.

LAS NUEVAS MANERAS DE SENTIRSE UNIDO.- La cuarentena ha llevado a las personas a encontrar maneras de sentirse unidos a la distancia, el Día del Niño y el Día de la Madre no pudieron hacerse en restaurantes ni comprando regalos, así que las familias recurrieron a simplemente estar juntos y felices. O separados pero seguros. Esta dualidad fomenta otro tipo de afectos y demostraciones más elaboradas de afecto. Es decir, me cuido porque te quiero y te quiero porque te cuido. Muchas familias han regresado al principio de empatía y solidaridad con las personas que sufren comorbilidades o que desempeñan puestos de trabajo considerados como esenciales.

“Aprender a estar a solas es una de las etapas más cruciales del luto, pues significa desarrollar la capacidad de cuidarse a sí mismo sin culpar a otros de nuestra adversidad”.

No nos va a dar todo el Gobierno, no hay quién te cuide, nos cuidamos los unos a los otros nada más”, enfatizó Colín.

“El desempleo aumenta, las escuelas cargaron más a sus alumnos, las familias encerradas comienzan a pelear más, no hay cómo negar que la pandemia arruinó los estilos de vida. Pero no es lo mismo estar triste, que entrar en un estado patológico de depresión”.

Por ejemplo, Colín, quien se especializa en el tratamiento de niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad, ha sabido de papás que retiraron el medicamento a sus hijos porque “no estarían en la escuela”.

“Nadie tiene un manual de reacción para sobrevivir la pandemia, y es sano que muchos se sientan tristes y frustrados, pero la tristeza siempre debe invitar al cambio”.

EL INICIO DE LA REPARACIÓN.- “¿Cómo voy a reparar yo el daño para que no vuelva a suceder algo como esto? La sublimación debe ser la parada final en el proceso de duelo”, explicó la psicóloga.

“Los aplausos desde balcones para los trabajadores de salud en España, las asociaciones cuidando a las mujeres que sufren violencia doméstica, las personas saliendo a dar comida a los necesitados en todos los países, estos son los pasos correctos para terminar la pandemia siendo más fuertes que como empezamos”.

Con las vacaciones cerca, muchos se están fijando metas con la limpieza de la casa, hacer ejercicio, tomar cursos en línea, perder peso o hacer más ejercicio. Y eso está bien, pero no tienes que ser perfecto y no eres un fracaso si no aumentas tu productividad de un día para otro.

“Todavía es importante establecer objetivos y expectativas, pero lo sano es revisarlos o dividirlos en pequeños pasos”.

Está bien tratar de dar un buen ejemplo y ser fuertes para aquellos que dependen de nosotros. Pero también está bien admitir que sientes miedo, que estás deprimido o ansioso, no entierres estos sentimientos.


"No es bueno que el hombre esté solo"

 MARIAN ROJAS ESTAPÉ   |   08/10/2018

Hace unos meses estuve de viaje en Colombia impartiendo unas conferencias destinadas a diferentes públicos. Al terminar cada una de ellas me gusta charlar de modo informal con quienes quieren quedarse compartiendo sus inquietudes o dudas. Una frase se repitió una y otra vez: “me siento solo”. Volví afectada y removida por dentro, porque eso confirmaba algo que llevaba percibiendo en los últimos tiempos: la soledad es un mal que se está expandiendo silenciosamente.

Si lo pensamos todos, en algún momento, nos hemos sentido solos. Si realizamos una introspección sincera comprobaremos que surgen con cierta frecuencia pensamientos del tipo “me falta alguien”; “nadie me entiende”; “echo de menos a esa persona tan importante para mí”… Probablemente hayamos vivido en algún momento una de las sensaciones más terribles: estar rodeado de gente pero encontrarse solo. Analizando a la gente en consulta, la soledad es uno de los temas más recurrentes. No olvidemos que gran parte de los trastornos de la mente (depresión, ansiedad, miedos…) suelen presentar tres características comunes que responden al acrónimo D.I.S.: Desesperanza (no voy a salir nunca de esto), Incomprensión (nadie me entiende) y Soledad (me siento solo).

La soledad puede ser buscada y deseada o impuesta por las circunstancias (por ejemplo por fallecimiento de un familiar, ruptura de una relación duradera, aislamiento social…). Esta última genera una gran angustia, producto de la frustración de no tener a nadie, de no saber cómo ni a quién dirigirse en busca de apoyo y cariño. Por definición la gente que la padece no puede compartir sus sentimientos con nadie. La soledad es por tanto algo soterrado, un mal sordo que pasa desapercibido para los demás y que va carcomiendo a las personas que lo padecen.

Recientemente leí atónita que una mujer de 78 años había sido hallada en su domicilio en estado de momificación. Había fallecido hacía cuatro años; ¡nadie se había percatado de su muerte, nadie le había echado en falta…! ¿Qué está sucediendo? ¿Cómo hemos permitido que eso ocurra? ¿Qué estamos haciendo mal? Los fríos datos son alarmantes: los hogares unipersonales han aumentado en los últimos años de forma exponencial. Hoy en día en España suponen ya el 25% del total, uno de cada cuatro. Las cifras son preocupantes.

¿Es mala la soledad? Depende de cómo la interiorice cada cual . Precisamos encontrar el punto medio entre el contacto con otras personas y la necesidad de aislarnos voluntaria y periódicamente. La soledad objetiva, aceptada de forma consciente y positiva, es una buena vía para el crecimiento interior, pero su exceso puede repercutir en nuestra salud física y psicológica. A veces encontrar el equilibrio no es sencillo. Hace poco un buen amigo me comentó que quería irse a vivir solo, a una ciudad pequeña. Necesitaba aislarse del entorno y de su trabajo durante una temporada para reencontrarse. Antes de ayer recibí noticias de él; “demasiada soledad, no me encuentro bien, necesito volver porque estoy en una rampa deslizante que me lleva a pensamientos oscuros”.

La soledad enfermiza aparece cuando alguien se siente abandonado, indefenso y solo.  La situación de desamparo es percibida subjetivamente como un castigo y ello puede acabar siendo muy perjudicial para el equilibrio interior. Toda depresión severa conlleva una alta carga de sensación de soledad. ¡Cuántas veces escucho a gente quejarse de sentirse solos pese a conocer sus circunstancias personales, y saber que esa persona cuenta con el completo apoyo de los que le rodean! “Sentirse solo” conlleva no ser capaz de percibir una mano amiga en el entorno. Frecuentemente en consulta la terapia consiste en abrir los ojos y hacer ver que ese mundo lejano y hostil que se percibe no lo es tanto, y que sorprendentemente hay más afecto del que se imagina. Mucha gente cuando sale del bache cree que el entorno ha cambiado, aunque en la mayoría de los casos lo único que se altera es su percepción de la realidad.

En general relacionamos la soledad con la vejez, con los ancianos que se quedan sin familia o sin amigos. Se trata de un problema que va in crescendo dada la inversión de la pirámide demográfica de nuestra sociedad. Podemos asomarnos a lo que está aconteciendo en Japón, donde el 27% de la población tiene más de 65 años.  Hay ancianos que para huir de su aislamiento cometen delitos con el propósito de acabar en la cárcel en compañía de otras personas. Lo curioso, y lo peligroso, es que esto se está dando cada vez con más frecuencia entre la gente joven. La soledad ha mutado. De ser un mal endémico de la tercera edad a un problema transversal que puede darse en todas las fases de nuestra vida. Percibo en mi consulta que cada vez más chicos jóvenes sufren de este mal; debido en gran parte a la adicción a internet, a las redes y a los juegos online. Un joven que se siente solo normalmente arrastrará una personalidad insegura y vulnerable, lo que a su vez es el germen para problemas de categoría mayor. En cada etapa de la vida la soledad presenta unas características particulares, pero en todas ellas el riesgo de enfermar por ella es el mismo.

El estudio más importante sobre la felicidad se lleva a cabo desde Harvard con el profesor Robert Waldinger. Tras estudiar casi más de 100 años a personas con todas las variables posibles (analíticas de sangre, estudios, ingresos en el banco, lugar de vacaciones, familia…); un mismo resultado: la soledad mataEs uno de los principales factores de riesgo para enfermar. Tener personas con las que compartir tus inquietudes e ilusiones te mantiene vivo. Las personas aisladas sufren un deterioro físico y mental severo. El americano John T. Cacioppo realizó un estudio sobre el efecto de la soledad y el aislamiento. Descubrió que la falta de personas cercanas en el entorno, afecta al sueño, a la salud e incluso altera el ADN de quien la padece.

Unas ideas sencillas para superar la soledad;

·        Atrévete a dar el primer paso para salir de tu aislamiento.

·        Piensa quien es la persona más cercana que puede tenderte una mano amiga.

·        Trata de unirte a algún plan donde haya otras personas.

·        Lee, infórmate sobre cómo mejorar tus habilidades sociales.

·        Apúntate a algún grupo de deporte, cultura… donde puedas relacionarte practicando un hobby.

·        Cuida tu salud, alimentación y sueño. Aunque suponga un gran esfuerzo, si todo eso está descuidado, tu sensación de ahogamiento emocional, aumenta.

·        Recuerda que todo se vuelve más negro y oscuro cuando uno está solo, y uno juzga de forma más dura el entorno y las personas que nos rodean, lo que paradójicamente nos aísla más.

·        Pide ayuda, incluso médica, si crees que es necesario.

Cada uno de nosotros debería plantearse: ¿a quién estoy dejando sólo? ¿Quién podría agradecer una visita, una conversación o al menos un mensaje? Este artículo valdría la pena si al menos uno de los lectores parase a pensar a qué persona que se encuentre sola puede dedicarle más tiempo en los próximos días.

Como analizo en mi nuevo libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas uno de los componentes fundamentales de la vida es el amor a los demás. Cada uno de nosotros estamos en esta vida para hacer felices a los que nos rodean, para apoyar a los que tenemos cerca, sean familiares, amigos, compañeros, o simplemente personas que la providencia pone en nuestro camino. No permitamos que el egoísmo nos impida acercarnos a los demás; como bien dice el Génesis “no es bueno que el hombre esté solo”.

Dra. Marian Rojas Estapé. Psiquiatra

 

viernes, 7 de agosto de 2020

A lo sencillo se tarda tiempo en llegar

MARIAN ROJAS ESTAPÉ    |   03/01/2018

La vida es bastante más sencilla de lo que parece; el problema radica en que existen demasiadas personas dedicadas a complicarla, “profesionales de la complicación”. Muchas personas, con tal de ser el centro de atención, de sentirse protagonistas, realizan planteamientos difíciles y complejos de sus ideas.  En ocasiones hay que saber marcar distancia para que ello no nos afecte. Decía Einstein:“Se debe hacer todo tan sencillo como sea posible pero no más sencillo”.

La verdadera sencillez únicamente puede surgir del interior de nosotros mismos.

Dentro de cada uno existen luchas, deseos, ilusiones, impulsos que nos hacer ser prisioneros de un mundo complejo de emociones y pensamientos. De esto sabemos mucho los psiquiatras. La sencillez de mente se refleja en nuestra conducta.  De hecho en los trastornos de personalidad, una de las características más claras es que estas personas viven constantemente rodeadas de pensamientos negativos, retorcidos, complicados que se traducen en conductas o estados anímicos angustiados o de desasosiego. Adquirir sencillez de pensamiento nos ayuda a no ser víctimas de nuestros conflictos internos.

¿Por qué es útil volver a la “sencillez”?

La sencillez ayuda a ver la vida con otros ojos, a tener una mirada que va más allá de los sucesos que contempla y por tanto, la realidad entra de manera distinta en el corazón. Uno se transforma, se vuelve sensible a la naturaleza. Sin sencillez, uno no percibe el mensaje interno de las cosas. Con esa sana ingenuidad uno puede distinguir las sutiles señales que manda la vida para apreciar la belleza interna de lo que le rodea, ya que, al fin y al cabo la sencillez es poder entrar en la realidad buscando la verdad de las cosas. 

Es de inteligentes saber simplificar la cabeza, reduciendo lo complejo a lo elemental. Es decir, resolver lo complejo y no complicar lo simple. El camino hacia la sencillez es largo, una tarea lenta; uno tiene que desvestirse de las múltiples capas que se han ido amontonando a lo largo de los años. Llegar a un equilibrio entre la espontaneidad y la descomplicación; alcanzando un estilo propio. La sencillez combina dulzura y sabiduría. Uno sobrevuela hacia la infancia; la sencillez es virtud de niños y sueño y aspiración de mayores. Los pequeños buscan constantemente el porqué de las cosas. Son filósofos en potencia. Con su sencillez pueden entender su entorno, o al menos asombrarse. 

Sencillez es una fusión entre el niño inocente y el maestro sabio.  El hombre que no es complicado es capaz de reírse de sí mismo, de sus errores y tener un optimismo sano.

Unas palabras del escritor argentino Ernesto Sábato: “Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras”.

Einstein: “Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre”. 

 

 

 

Deja de sufrir, no te hace mejor persona

CRISTINA RODA RIVERA    |   La Mente es Maravillosa   |   25/07/2019

Todo mi dolor se verá recompensado. La vida pondrá a todo el mundo en su sitio, especialmente a todos los que me han traicionado. Tengo que sufrir porque es así como algún día obtendré recompensa. Ahora quizás no disfrute de la vida, pero algún día llegará esa oportunidad porque el universo o Dios sabe todo lo mal que lo he pasado. Toda la tristeza que sufro es útil, porque las personas buenas sufren y son las que más ganan al final.

 

Quizás te suenen estas frases, podríamos decir que forman parte de un discurso repetido durante años. Es tan popular, que seguro que todos lo hemos tenido como tentación alguna vez o incluso lo hemos adoptado como propio. Es la creencia de que la felicidad será una recompensa por nuestro sufrimiento, no por las acciones que hacemos de forma activa y agradable. Es la herencia emocional de nuestras raíces judeo-cristianas. Quien es bueno sufre, por él y por los demás.

En el ámbito clínico de la psicología, existe un gran porcentaje de pacientes depresivos con esta idea totalmente irracional activada en todo lo que hacen en sus vidas. Es lo que se conoce como la » falacia de la recompensa divina«, que no es otra cosa que creer que nuestras «buenas» acciones deberán ser recompensadas por un agente mágico e irracional.

Tus acciones son más poderosas que lo que llamas karma

No hay que esperar las oportunidades, hay que crearlas, aprovecharlas y sacar el máximo partido de ellas. Eso requiere tesón, autodeterminación y firmeza. En esta vida hay que poner límites a los abusos: los que los demás cometen contigo y los que tú te infliges a ti mismo.

 

El dolor y el desaliento forman parte de la vida y aceptarlos como tal te brindarán salud emocional, para saber tolerarlos y enfrentarlos, para evitar que se conviertan en un sentimiento crónico y disfuncional. Sin embargo, a veces adoptamos el sufrimiento como una auténtica forma de vida.

 

Nos instalamos en la queja y el victimismo, porque sentimos que la vida no cumple el principio de reciprocidad, ya que a veces cuando damos un abrazo nos devuelve un golpe. Como si la vida estuviese a merced de nuestros deseos, como si la vida no fuese una fuente de sucesos impredecibles y arbitrarios en base a sus propias leyes, extrañas e indescifrables.

 

Si en realidad el karma fuese más poderoso que nuestras acciones justas y correctas, las personas que hacen daño y manipulan constantemente estarían sufriendo respecto a las que reciben ese daño y no a la inversa. Solo tienes que echar un vistazo a tu alrededor para darte cuenta de que el mundo dista mucho de ser justo y de recompensar a los que sufren. ¿Cómo actuar entonces?

 

Sufrir no nos hace necesariamente más fuertes

 

Creer que si lo pasas mal y sufres la vida te traerá todo lo bueno que necesitas y mereces es como pensar que si cojo un papel y digo que es dinero podré comprar con él como si lo fuese. Es una creencia en cierta manera delirante y destructiva que nos imponemos a nosotros mismos, como si sufrir fuese una especie de bendición.

Muchas personas llegan a asustarse cuando las cosas están en calma y van realmente bien. Están en un estado continuo de alerta e insatisfacción, como si esa fuese la actitud que les fuese a reportar más beneficios. Como si pensar continuamente en lo malo que puede suceder augurara una mayor felicidad futura.

Dentro de la perspectiva sistémica de la psicología se analiza el arraigo de esta forma de pensar y actuar, que a menudo encuentra su anclaje en mensajes dentro de la misma familia. El castigo no enseña nada a los niños si no se acompaña de una práctica restitutiva o positiva.

 

El niño debe entender que para remediar algo que ha hecho mal tiene que reparar lo que ha dañado o hacer algo positivo que compense ese acto, de forma inmediata y contingente a la conducta indeseable. Si simplemente lo castigamos para que sufra, entenderá que la reparación del daño reside en el aguante del sufrimiento que el castigo le impone. Interiorizamos desde pequeños que sufrir pasivamente es lo correcto.

 

Sustituye el autocastigo por acciones valiosas

 

Si deseas algo mejor para tu vida, pon en marcha las estrategias y habilidades que posees para que eso suceda. Esperar sentado a que el mundo identifique tu dolor para recompensarte por él es una idea falsa.

 

En muchas ocasiones la depresión se basa en esa sensación de indefensión aprendida: creemos que hagamos los que hagamos nada mejorará las cosas, porque nunca ha sucedido así antes. Es el momento de pensar cuáles fueron tus estrategias con anterioridad. Si tenías una actitud pasiva ante las adversidades y tirabas la toalla a la menor dificultad o si las afrontabas de forma activa.

El sufrimiento suele atraer más sufrimiento, es una cuestión de inercia. Debilita nuestro sistema inmunitario, que no guarda ya energía para las situaciones de peligro real, pues constantemente nos situamos en un plano de alerta, desconfianza y tensión.

Un dolor interno que deseamos que algún día cambie, cuando la única forma de mejorar es no esperar que las cosas sucedan para recompensarnos tan solo porque hemos estado pasándolo mal. Si quieres refuerzos tienes que salir a buscarlos. La tristeza e inactividad son adictivas. Deja de sufrir, no te hace mejor persona, solo te causa dolor a ti y a los que les importas.


jueves, 6 de agosto de 2020

Covid Art Museum: Arte digital creado en cuarentena

LA OPINIÓN DE MURCIA   |   Madrid   |   Efe   |   16/04/2020

Tres creativos españoles crean una galería que ha surgido de forma espontánea en redes

Una Mona Lisa sosteniendo papel higiénico, purpurina para lavarse las manos o 'El beso' de Lichtenstein con mascarillas son obras que se pueden ver en Covid Art Museum, el primer museo digital de arte creado en la cuarentena que busca recoger el testimonio artístico surgido en la pandemia.

Sus creadores, Irene Llorca, José Guerrero y Emma Calvo, tres creativos publicitarios españoles, han bautizado este movimiento artístico como Arte Covid, una manifestación que ha surgido de forma espontánea en un contexto marcado por el confinamiento social, que ha provocado que muchos artistas encuentren inspiración en el virus y sus consecuencias. "Durante los primeros días de cuarentena nos dimos cuenta de que había muchos amigos y también artistas compartiendo sus creaciones en las redes y que todas tenían como elemento común la pandemia", cuenta en una entrevista con Efe Guerrero, que en aquel momento pensó que podía ser "interesante" crear un archivo a través de Instagram con esas obras de artistas de todas partes del mundo.

Según cuenta, la gente en sus casas ha aprovechado su tiempo para hacer cosas que no hacía antes, como por ejemplo pintar, dibujar o hacer fotografías y así expresar sus sentimientos y contar cómo estaban viviendo la situación. "Cuando todo pase habrá testimonios, datos y cifras de contagiados y fallecidos y estudios de cómo afectó económicamente el virus en cada país", explica Guerrero, que también ve fundamental recoger un testimonio "emocional" y en este caso artístico de cómo el virus ha afectado a las personas.

Y es que igual que cada periodo histórico tiene su representación artística, la crisis sanitaria también ha dejado un profundo rastro en el arte, que para Llorca es "la expresión de los sentimientos y de las emociones" y "de lo que vive uno cada día". "La pandemia supone un gran punto de inspiración porque al final los artistas están contando lo que están viviendo. Es una situación excepcional e histórica. Se despiertan estímulos nuevos que arrancan a la gente a contar y crear cosas nuevas", afirma.

Con casi 28 mil seguidores y más de 250 obras de más de 50 países, entre los que destacan por mayor número de aportaciones España, Estados Unidos, Brasil y Portugal, el Covid Art Museum se ha transformado en una alternativa a los museos tradicionales, en la que además "no se valoran las obras por su técnica", ya que el museo está abierto a todo tipo de formatos.

De esta forma, en los pasillos digitales del museo, pueden observarse tanto fotografías como diseños en 3D, dibujos, pinturas o vídeos. Los únicos requisitos son la pandemia como tema a explorar y la originalidad en la creación. " Buscamos obras que comuniquen, obras con las que la gente pueda sentirse identificada", cuenta Llorca, que asegura que a pesar de que las obras tengan distinta naturaleza y vengan de distintos lugares existen unos elementos comunes porque al final todos estamos unidos por un sentimiento parecido.

Sin embargo, a través de estas creaciones puede observarse cómo cada país lo vive de una manera "diferente", ya que, como explica Llorca, mientras en España "todavía estábamos con el papel higiénico" en Italia predominaban obras de unidad y solidaridad.