jueves, 22 de octubre de 2020

Cómo afrontar la ansiedad y el estrés que nos produce la pandemia

ANTONIO ORTÍ   |   La Vanguardia   19/10/2020

 Psicólogos y expertos ofrecen consejos para evitar que los períodos de restricciones o el temor a ser contagiado por el virus causen estrés y preocupaciones excesivas que puedan paralizar o aumentar el sufrimiento.

 La incertidumbre provocada por la pandemia está alumbrando, dicen los expertos, un monstruo con varias cabezas (la salud, el trabajo, los hijos …) que anticipa amenazas reales o imaginarias. ¿Y si pierdo el trabajo?, ¿Y si la covid-19 afecta mi capacidad pulmonar? ¿Y si…? Una situación que motiva que proliferen iniciativas cada vez más efervescentes para mantener la calma. El último grito son los llamados consultores espirituales que comienzan a proliferar en EE.UU. y que mezclan el lenguaje de lo sagrado con el lenguaje de la consultoría de gestión para ofrecer a los teletrabajadores la posibilidad de compartir sus preocupaciones y obtener soporte espiritual.

 

También se están popularizando calcomanías con la llamada plegaria de la serenidad: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia”. Según parece, su autor, el teólogo Reinhold Niebuhr, escribió el texto en 1943 para combatir la ansiedad que provocaba la II Guerra Mundial.

 

Un momento convulso

Pero si los consejeros espirituales norteamericanos forman parte de la parafernalia que ha traído la covid-19, es posible que la frase de Niebuhr encierre una enseñanza provechosa. “Estamos en el momento de más ansiedad generalizada de la historia moderna”, aprecia Francesc Miralles, escritor y periodista especializado en psicología, toda vez que autor de libros como Todo saldrá bien (Cúpula).

 

En opinión de este experto, el deseo insatisfecho de estabilidad y la dificultad de prever futuro está llevando a lo que los budistas denominan “mente de mono”, esto es, a saltar de pensamiento en pensamiento en función de lo que sucede en el exterior y a caer en la terribilitis, el término que usa el psicólogo Rafael Santandreu para nombrar la tendencia a pensar que todo irá a peor. “En cambio, hay culturas que saben que lo bueno y lo malo que sucede es temporal, por lo que perciben el presente como ver pasar nubes sobre un lienzo blanco”, ejemplifica.

 

Diferencias entre campo y ciudad

Miralles se ha referido en ocasiones al “zen del asfalto” para dar a entender que es en las ciudades donde más falta hace la tranquilidad. “Lo que podría llamarse el zen del asfalto es una invitación a buscar la paz y la lucidez, en medio de una metrópoli ruidosa”, indica. “Las culturas urbanas son más histéricas, porque son culturas de la inmediatez, donde todo es más cuadriculado. En cambio, las culturas tradicionales contemplan el cambio como parte fundamental de la vida, en tanto están acostumbradas a fluir con el clima y a perder las cosechas por causas meteorológicas, a diferencia de las urbanas, que son más artificiales y, por lo tanto, tienen un deseo permanente de control y de que todo suceda de una determinada manera”, apostilla. Visto así, una posible moraleja es que, pese a la dificultad de la empresa, hay que intentar vivir con la máxima serenidad la pandemia.

 

Miralles pone como ejemplo al escritor Gaspar Hernández, autor de libros como El oficio de vivir bien (Aguilar) o El silencio, obra con la que ganó el Premio Josep Pla en 2009. “Cuando entrevisté a Gaspar Hernández, me dijo que la pandemia le sorprendió durante el lanzamiento de su nuevo libro, cuando ya tenía un montón de charlas programadas, presentaciones y entrevistas, y que todo se le vino abajo de repente, lo que le sumió en un estado de ansiedad que le llevó a pensar que el libro fracasaría”, relata. “Gaspar me dijo entonces algo interesante: hay que abolir el futuro cuando no lo puedes controlar. Es decir, prohibirse a uno mismo el tiempo futuro y ocuparse solamente del día en curso”, explica.

 

Posiblemente, alcanzar la serenidad en tiempos de coronavirus se está convirtiendo en una de las piedras filosofales del momento presente, como demuestra la gran producción editorial centrada en conseguir la ataraxia, la palabra que utilizaban los antiguos griegos para tener autodominio sobre los acontecimientos externos, fueran cuales fuesen.

 

Otro tanto piensa Patricia Ramírez, “una psicóloga de la vida cotidiana” –según se define– autora de libros como Cuenta contigo (Conecta) y, anteriormente, de Educar con serenidad (Grijalbo) o Entrénate para la vida (Espasa), entre otras obras. “Sobre cómo alcanzar la serenidad y combatir la ansiedad, hay libros maravillosos como La trampa de la felicidad (Planeta), de Russ Harris, o Sal de tu mente, entra en tu vida (Desclée De Brouwer), de Steven C. Hayes”, aconseja esta psicóloga.

 

También a Ramírez el coronavirus le cogió con el pie cambiado. Al respecto, no deja de ser curioso observar cómo están predicando con el ejemplo los propios psicólogos a la hora de poner en práctica durante el coronavirus los consejos que posteriormente ofrecen a sus clientes en la consulta. Porque…¿hay algo bueno en no tener la vida bajo control?

 

“Yo, por ejemplo, me he reinventado”, contesta Ramírez. “Antes de la pandemia tenía montada mi actividad de puertas afuera, porque había dejado de ver a pacientes y me dedicaba a dar conferencias en empresas, a mis intervenciones en radio y televisión y a la obra de teatro que había montado con Silvia Congost: Diez maneras de cargarte tu relación de pareja. Pero se anuló todo…”, prosigue. “Así que decidí reinventarme y montar una plataforma para impartir talleres virtuales que ha funcionado muy bien, porque ahora llego a Latinoamérica. Asimismo, como no podía abarcar tantos pacientes, he montado una consulta virtual con ocho compañeras. A mí, la falta de control sobre cosas que tenía muy controladas, me ha dado una perspectiva de trabajo distinta”, admite.

 

No obstante, si se trata de aconsejar sobre cómo sortear la ansiedad anticipatoria que está provocando el coronavirus por no saber qué ocurrirá mañana, los expertos proponen no perder de vista estas estrategias:

Contra el desorden exterior... el orden interior.- Cuando reina el desorden exterior, tener un orden interior puede atenuar el desasosiego, recuerda Ramírez. “Se trata de fomentar un orden personal basado en rutinas que den seguridad. Que el hogar no sea un caos, porque cuando hay confusión y desorden en el exterior, es necesario un orden interior”, reflexiona.

Mejor no pensar en lo que puede pasar... porque es probable que no pase.- “Durante mi vida, he sufrido muchas desgracias que nunca llegaron a suceder”, señaló en su día el escritor norteamericano Mark Twain, autor de libros inolvidables como El príncipe y el mendigo, Las aventuras de Tom Sawyer. Esta frase de Mark Twain es muy celebrada por los expertos en psicología por prevenir del peligro de anticipar el futuro.

 Si insiste en pensar que le pasará algo... puede que al final le acabe sucediendo.- Hay que mirar de frente a la intranquilidad y cortarle las alas. En opinión de Ramírez, si una persona piensa que acabará contagiándose de coronavirus, es más probable que suceda. “El consejo es poner distancia con las cavilaciones negativas, a ser posible con sentido del humor”.

Concéntrese en lo que puede controlar... y olvídese de lo que no esté en sus manos.- “Por ejemplo, si tu hijo va al colegio y en su clase hay un positivo, lo  controlable es llevarlo al hospital a que le hagan la PCR”

Ponerse en lo peor podría servir... pero es mejor dejar vivir el presente.- Pensar ocasionalmente en lo peor puede ayudar a amortiguar los miedos. El consejo de Ramírez es no imaginarse ni lo peor ni lo mejor, sino fluir por el presente.

La mente no puede cargar con todo... el cuerpo también debe ayudar.- Las grandes victorias siempre son psicológicas pero no hay que poner todos los huevos en el cesto de la mente. No centrarlo todo en la cabeza sino también ocupare del cuerpo; alimentación saludable, hacer ejercicio físico y tener un sueño reparador.

Mejor que luchar contra las emociones... es dejar que fluyan.- Hay que evitar luchar contra aquello que nos irrita. Es decir “al enfadarnos por la situación que vivimos nos enfadamos al mismo tiempo por estar enfadados, lo que propicia un segundo nivel de malestar. Según Miralles hay que dejar fluir la emoción, para no entrar en un bucle negativo.

Observe sus pensamientos con distancia… porque puede que no sean “la realidad”.- Según indica Miralles, un profesor de yoga de los Angeles, Arthur Jeon, sostiene que “el sufrimiento no lo generan las personas que nos rodean ni el lugar en el que nos encontramos, sino la lectura que hacemos de lo que sucede”

 Es mejor adaptarse a una situación adversa... que enfrentarse a ella y “romperse”.- Ser resiliente. El término está de moda desde hace tiempo, se trata de adaptarse lo mejor posible a una situación complicada.

La serenidad no se halla en ninguna parte... pero se encuentra en la búsqueda.- Inspirarse en culturas más serenas, como la asiática por ejemplo, que enseña que la mayor o menor gravedad de un acontecimiento reside en la manera de filtrarlo a través de la mente. Tanto puede encontrarse “renunciando al control del entorno seguro, como cuando uno baila hacia atrás un tango argentino”.

Nota.- Al transcribir las estrategias lo he abreviado porque el artículo ya es largo. Si alguien lo quiere leer entero lo encontrará en la información que pongo en el encabezamiento. 

martes, 20 de octubre de 2020

El 80% de los adolescentes del mundo no hace el ejercicio mínimo recomendado.

PATRICIA  PEIRÓ     |     Madrid     |     El País     |     22/11/2019

La OMS publica los resultados del mayor estudio sobre ejercicio en jóvenes. Dibuja una generación con sobrepeso atada a una pantalla y en las chicas los datos son todavía peores.

Los expertos llevan ya tiempo advirtiendo de que los jóvenes no hacen todo el ejercicio físico que deberían. Ahora tenemos la confirmación: el 80% de los adolescentes de entre 11 y 17 años de todo el mundo no realizan la actividad diaria mínima para estar saludables. Y los especialistas no hablan solo de hacer deporte, sino de acciones tan básicas como caminar hasta el colegio o jugar a la pelota con los amigos en el parque. Los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de una hora diaria de movimiento. Estos datos adquieren ahora una nueva relevancia, si tenemos en cuenta la epidemia de obesidad que ha alcanzado a prácticamente todos los países del mundo.

Cuatro científicas de este organismo acaban de publicar el mayor estudio hasta la fecha, tanto por el tiempo que abarca como por la población que examina, sobre actividad física en esta franja de edad. El grupo de investigadoras encabezadas por Regina Guthold ha analizado la evolución de 2001 a 2016 de 1,6 millones de jóvenes que van al colegio en casi 300 encuestas nacionales en 145 países y territorios. De ella se extraen tres conclusiones principales: se ha avanzado entre poco y nada en los últimos 15 años, las chicas hacen menos ejercicio y es una lacra común a países pobres y ricos. El equipo ha publicado sus conclusiones este viernes en The Lancet.

El país que presenta mejor resultado es Bangladés (66%) y el peor, Corea del Sur (94,2%). En el caso de Bangladés e India (73%), las investigadoras achacan los buenos resultados a la profunda implantación de deportes nacionales como el críquet, que los chavales practican cada día en el barrio, y a que a ellas se les exige que ayuden en las tareas de la casa cuando vuelven del colegio. Limpiar el hogar es una actividad física. En Corea del Sur, el 97,2% de las chicas no hace suficiente ejercicio.

Aunque haya una gran brecha entre el primero y el último, el resto de países se encuentran en un rango muy similar. En España un 76,6% de los jóvenes es sedentario. "Estos hábitos van a hacer que los niños tengan peor salud respiratoria, cardiovascular, peor calidad en los huesos y menos probabilidades de mantenerse en un peso recomendable", asegura Guthold por teléfono desde la sede de la OMS en Ginebra.

En el caso de Bangladés e India, las investigadoras achacan los buenos resultados en el caso de las chicas a que se les exige que ayuden en casa cuando vuelven del colegio. Limpiar el hogar es una actividad física.

La brecha de género es muy llamativa en muchos países, pero en Estados Unidos e Irlanda alcanza su cota máxima, el 15%. En el primer país "la educación física en las escuelas es potente, hay una cobertura deportiva enorme de los medios y una presencia muy fuerte de clubes y equipos deportivos en los que pueden inscribirse, especialmente los que tradicionalmente han estado dominados por los hombres". En el total mundial, un 78% de los varones jóvenes es sedentario, frente a un 85% en el caso de las chicas. En España, esta brecha es de 14 puntos: el 69,8 de los varones no hace el ejercicio mínimo, frente al 83,8% de las adolescentes.

¿Qué falla para que no hagan ejercicio? "En el futuro hay que pensar campañas dirigidas especialmente a que las chicas practiquen deporte. Tenemos que entender qué les motiva. También es necesario crear las condiciones. Facilitar que haya, por ejemplo, vestuarios separados. Además de educar a la comunidad: en algunas sociedades sigue existiendo el mito de que no es seguro hacer ejercicio durante la menstruación". El estudio señala intervenciones exitosas, como la campaña británica This Girl Can, destinada a fomentar el deporte femenino.

Los expertos apuntan a la vida delante de una pantalla como el principal de los problemas. "La revolución digital ha transformado los patrones de movimiento de la gente y el modo en que trabaja, se divierte, aprende y viaja",  sentencia en un artículo. también en The Lancet,  Mark S. Tremblayexperto en vida saludable y obesidad del Instituto de investigación del hospital de Otawa (Canadá). "Las personas duermen menos, pasan más tiempo en una silla, conducen más y hacen menos ejercicio", explica.

Pero sería absurdo achacar el 100% de la culpa a los móviles y las tabletas, dado que hace 15 años algunos resultados no eran mucho mejores. "Es una mezcla de factores. Los padres ahora tienen menos tiempo y no hay nadie que salga con los niños al parque. Hay menos espacios seguros en las ciudades para que los menores puedan estar por su cuenta. Y a esto se suma que comemos peor. Si queremos cambiar la tendencia tenemos que darnos cuenta de que el problema va mucho más allá de cambiar la merienda", indica Nerea Martín-Calvo, pediatra y profesora de medicina preventiva y salud pública en la Universidad de Navarra. Así opina también Guthol, la autora principal del estudio: "No podemos culpar al adolescente, o abordarlo solo desde un punto de vista de salud, sino fijarnos en el sistema, en la educación y en la planificación urbana.

Martín Calvo dirige el Proyecto Sendo, que busca analizar el efecto de la dieta y los estilos de vida sobre la salud del niño. "Los efectos de estas cifras ya están aquí. Estamos viendo una epidemia de obesidad que no se ha visto nunca. Es la pescadilla que se muerde la cola, si el niño come mal y gana peso, no querrá salir a hacer deporte, se vuelve más torpe y gana aun más peso. Pero todo esto se lo estamos enseñando desde pequeño. Si para conseguir que estén tranquilos en la mesa les sacamos la tableta, es lo que demandarán cuando crezcan", asegura. 

Si para conseguir que estén tranquilos en la mesa les sacamos la tablet, es lo que demandarán cuando crezcan

El tema de la falta de ejercicio de los adolescentes no es nuevo, como muestra este macroestudio, pero sí hay un motivo por el que ahora adquiere una nueva dimensión. "Hace 20 años no existían tantos ultraprocesados al alcance de todo el mundo, no habíamos identificado la actividad física como algo vital, pero ahora lo es", apunta Ricardo Pérez Cuevas, doctor en salud publica y especialista del Banco Interamericano de Desarrollo. Según el último informe anual de Unicef, centrado precisamente en la malnutrición, 40 millones de menores de cinco años tienen más kilos de los saludables. "Y un niño con sobrepeso será un adolescente con sobrepeso", puntualiza el experto.

En América Latina solo un país baja del 80% de sedentarismo: Antigua y Barbuda (79,2%). "En la región se dan todas las tendencias a nivel mundial: falta de infraestructuras para realizar deporte en las escuelas, carencia de profesores de educación física, un entorno escolar lleno de ultraprocesados, cada vez caminamos menos y conducimos más, y hay altos índices de criminalidad que hacen que no haya muchos espacios seguros para que los chicos estén en la calle", resume.

También apunta a las pantallas como el gran enemigo: "Los niños y adolescentes pasan una media de tres horas delante de la tele, en la que por cierto anuncian bebidas azucaradas y productos ultraprocesados. A eso hay que sumar el tiempo que pasan delante del ordenador haciendo los deberes". Si vamos más allá, Cuevas descubre un asunto que solo ahora está comenzando a abordarse: "La adolescencia ha sido una etapa bastante olvidada desde el punto de vista de la salud".

LOS MÁS SEDENTARIOS, LOS QUE MENOS.

Los países donde los adolescentes hacen menos ejercicio: 1.- Corea del Sur   |   2. – Filipinas  |   3.- Camboya  |   4.- Sudán  |   5.- Australia.

Los países donde los adolescentes hacen más ejercicio: 1.- Bangladesh  |   2.- Eslovaquia  |   3.- Irlanda  |   4.- Estados Unidos  |   5.- Bulgaria. 

sábado, 17 de octubre de 2020

Trastorn d'estrès posttraumàtic

 MARIBEL DE MAYA    |    13/10/2019                                                                                 

Què és el (TEPT)?

Et lleves un dia normal sentint que tens tot sota control i de sobte alguna cosa molt greu passa i fa que tot s’ arruïni: un accident, una agressió, una acció violenta, una situació que atropella la teva vida produint un abans i un després. L’esdeveniment traumàtic pot ser viscut en primera persona com a espectador o com a protagonista, fins i tot pot ser imaginat. La persona que ha patit un esdeveniment traumàtic coneix perfectament la causa de la seva malaltia, però aquesta consciència no fa que pugui superar el seu dolor i la seva ràbia.

Causes del TEPT

La situació traumàtica viscuda en el passat envaeix el present, generant sensacions que fan reviure l’episodi evocant sensacions, olors, sons en un flashback que es repeteix inesperadament. Després del flagell, sents que has perdut el control de la teva vida, et sents fràgil i incapaç d’assumir el teu dia a dia. El món s’ha tornat un lloc on ja no pots tornar a sentir-te segur. L’experiència envaeix la teva quotidianitat i es torna una ferida oberta que et recorda omplint-te de sensacions i emocions. Quan més tractes de desfer-te’n més mal fan: “Mai tornaràs a ser la mateixa persona”.

Símptomes del TEPT

Els efectes del TEPT són insomni, embotiment, evitació, hipervigilància, ansietat, irritabilitat, por i dolor, de vegades ràbia i sentiment de culpa. En el Trastorn per Estrès Postraumàtic coneixem la causa directa del sofriment i inequívocament cada record s’ha convertit en un parany que evoca el pànic. Quan algú pateix un TEPT reviu el passat en el present,

Què intenten fer les persones que pateixen TEPT per solucionar el seu problema?

Les persones que pateixen de TEPT intenten de totes les maneres i per totes les vies deixar de patir les conseqüències que l’experiència ha generat i per norma general intenten controlar els pensaments que les porten a sentir-se malament, per tant no pensar o oblidar és una de les solucions que apliquen amb la intenció d’anul·lar l’experiència traumàtica, però el terror a recordar intensifica de nou les sensacions, així intentant oblidar fem que a la que tanquem els ulls, la realitat es presenti encara més ferotge. A més algú que pateix el TEPT també evita les situacions relacionades amb el trauma i sol·licita ajuda i suport davant l’aparició de malestar.

“Res fixa una cosa amb tanta intensitat en la memòria com el desig d’oblidar-la” – Montaigne.

El tractament del TEPT des de la Teràpia Breu Estratègica.

Una intervenció terapèutica que vulguent ser eficient i eficaç requereix que la persona pugui apropiar-se de la seva vida col·locant el passat en el passat, posant els records en un temps que li permeti viure en el present i enfocar cap al seu futur.

“El món ens esbocina a tots, però només uns pocs es fan més forts allà on han estat trossejats” -  E. Hemingway

La resiliència és aquesta capacitat de reaccionar davant d’esdeveniments traumàtics. Les persones resilients han hagut d’assumir el dolor d’una vivència sovint traumàtica i absorbir-la per necessitat, no es tracta d’una opció voluntària ni conscient, però superar els propis límits transforma la persona generant noves competències.                  


viernes, 16 de octubre de 2020

La "nueva normalidad" en tiempos de coronavirus y los niños: ¿cómo afrontar la vuelta al cole?

 Pablo Rivas González   |   Savia   |   6/08/2020

Por desgracia, el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 está presente en todas las conversaciones, afecta nuestra vida y nuestras rutinas de múltiples maneras, y es motivo diario de preocupación.

Los niños y niñas perciben la preocupación que se genera tanto en los adultos a su cargo como en la sociedad en general. Por ello, es importante cuidar su salud física y emocional en la “nueva normalidad”, y no descuidar medidas encaminadas a mantener su salud como la vacunación infantil o el seguimiento de hábitos saludables.

Para que nuestros hijos e hijas afronten la nueva situación de manera correcta es necesario hablar con ellos con sinceridad y explicarles la situación sin alarmismo pero de una manera rigurosa, y en un lenguaje comprensible. Esto les puede ayudar a entender qué está pasando, hacer que se sientan más seguros, y  superar algunos de los miedos que puedan presentar.

Algunas recomendaciones para hablar con los niños son las siguientes:

  • Hay que comenzar por estar bien informado. Se puede acudir a fuentes de información fiable como las páginas web del Ministerio de Sanidad o de las distintas Comunidades Autónomas. También las Sociedades Científicas de las distintas ramas de la medicina ofrecen información específica para pacientes con alguna patología concreta (por ejemplo, niños con asma, inmunodeprimidos, etc.). Tras conocer los datos verdaderos y las recomendaciones oficiales ya estamos preparados para hablar con nuestros hijos y darles el apoyo que necesitan.
  • Para comenzar una conversación hay que elegir un momento en el que los niños probablemente quieran hablar, como durante las comidas. Hay que preguntarles qué saben ya del tema, y sobre todo qué dudas o preocupaciones tienen. Estas dudas, miedos o incertidumbres pueden guiar la conversación.
  • Cuando se habla con los niños hay que escucharlos de forma activa y responder a sus preguntas o dudas con información veraz y de una manera que puedan entender. Es probable que no se tengan todas las respuestas, en ese caso hay que ser sincero y buscar la información en fuentes oficiales. También hay que comentarles que hay muchos rumores e información errónea, y que no pueden creer todo lo que lean o escuchen.
  • Es importante hablar con los niños con frecuencia para detectar nuevas dudas y ver cómo están afrontando la situación. Al ser una pandemia tan cambiante, se puede ofrecer información actualizada sobre el virus o sobre las recomendaciones para su prevención, en un lenguaje cercano y comprensible.
  • Siempre hay que animar a los niños a que expresen sus sentimientos y decirles que es normal que estén afectados o preocupados. También hay que animarles para que consulten siempre que tengan alguna pregunta o duda.
  • Respecto al contenido de las conversaciones, se puede aclarar al niño qué es el coronavirus, las consecuencias en la salud y la forma de transmisión. Se puede comentar que en los niños pueden tener la enfermedad sin sentirse mal o tener solo síntomas leves parecidos a los de un resfriado. También se puede hablar del gran esfuerzo que se está haciendo para superar la situación, y que los expertos están haciendo un gran trabajo para prevenir la enfermedad o curarla sin complicaciones en caso de que se produzca. 

En cualquier caso, además de hablar con los niños, hay que tomar medidas prácticas, que pueden ser útiles tanto en su vida familiar como en la vuelta al colegio.

Hay que animarles a que se laven las manos con frecuencia y de manera correcta, especialmente cuando vuelven a casa, antes de las comidas, y después de toser, de estornudar, o de sonarse la nariz. Para ello, es importante demostrarles cómo hay que lavarse bien las manos, incluyendo todos los dedos y espacios interdigitales, y durante al menos 40-60 segundos. También deben conocer que cuando se tose o estornuda hay que hacerlo en un pañuelo desechable, y luego tirarlo a la basura, o cómo toser en el ángulo del codo.

Igualmente, hay que destacar con ellos la importancia del distanciamiento social y el uso correcto de la mascarilla, las cuales deben estar homologadas y ser adecuada para su edad. Deben aprender que hay que evitar el contacto cercano con las personas que no viven en casa, aunque no parezcan que están enfermas. Además, en lugar de chocar la mano, tocarse los puños, o abrazar a las personas que no viven en casa, es mejor sonreír y saludar con un movimiento de la mano.

 Por otra parte, hay otras medidas que se pueden tomar para ayudar a los niños a afrontar la situación: 

·        Hay que mantener la calma, pues los niños siguen el ejemplo de los adultos para saber cómo reaccionar. También hay que tener paciencia y mostrarles apoyo y cariño incondicional.

·        El mantenimiento de rutinas ayuda a los niños a predecir cuál es el plan y tener una sensación de control de la situación.

·        Se puede limitar el acceso a las noticias sobre coronavirus, que puede llegar a ser agobiante, o el acceso a redes sociales o a información que puede ser falsa.

·        El hecho de que se recomiende pasar más tiempo en casa es una oportunidad para ser creativo en cuanto a maneras para divertirse, pasar más tiempo con los seres queridos, mantener la actividad física en familia, y disfrutar con contactos sociales de manera virtual.

  • Hay que evitar los gestos de discriminación o rechazo hacia otras personas afectadas, tratar de usar el sentido del humor para afrontar las situaciones, y ofrecer mensajes de confianza y esperanza, pues en el fondo la situación es temporal y “de todo se sale”.
  • También es importante que nos cuidemos los adultos: dormir lo suficiente, hacer ejercicio físico, seguir una dieta saludable y buscar asesoramiento psicológico en caso necesario. Mantenernos sanos también es una manera de ayudar a nuestros hijos.

Otra duda que surge con frecuencia es la vacunación de los niños durante a pandemia. Es muy importante que los niños reciban todas las vacunas contempladas en el calendario de vacunación en el momento que le corresponden para obtener protección en este momento y en el futuro. La infección por coronavirus no presenta ningún riesgo específico relacionado con las vacunas o con la vacunación.

Hay que seguir las instrucciones de las autoridades sanitarias para saber dónde y cuándo se administran las vacunas. Si los servicios de vacunación se interrumpieran temporalmente, hay que asegurarse de que los niños se ponen al día con las dosis no administradas lo antes posible una vez que se reanuden los servicios.

En cualquier caso, todas las dudas sobre la salud física o emocional de los niños y niñas se pueden resolver fácilmente consultado con un pediatra o con un psicólogo, lo que puede hacerse de manera presencial o telemática.

En caso de notar que los niños presentan cualquier trastorno, como problemas persistentes con el sueñodificultad para concentrarsefalta de esperanzatristeza excesiva, o simplemente que parece que se preocupan demasiado por la situación, es el momento de buscar el asesoramiento de un profesional.

jueves, 15 de octubre de 2020

El asombro: no dar nada por supuesto

CATHERINE L’ECUYER    |   La vanguardia   |   17/04/2020

 En cada una de esas deliciosas cabezas, decía Chesterton refiriéndose a los niños, hay un universo recién estrenado como lo fue el séptimo día de la creación. Así ven el mundo los ojos asombrados de nuestros pequeños, porque “no dan nada por supuesto”. Los ­niños no creen ni dejan de creer en los milagros, porque para ellos todo es un milagro. Y nosotros los adultos, ¿nos asombramos? Cuando nos despertamos esta mañana, ¿nos asombramos al ver a la persona que estaba a nuestro lado? ¿La vimos como si ­fuera por primera vez? ¿O por última? Cuesta. Nos cuesta ver el mundo con ojos nuevos, porque lo tenemos muy visto.

Los niños se asombran porque ven el mundo literalmente por primera vez. Cada vez que miran por la ventana y ven el cielo es como si el cielo se estrenara ante ellos. Los adultos, en cambio, tendemos a pensar que las cosas y las personas existen porque nos las merecemos. La sociedad del hiperconsumo, de la inmediatez y del bienestar ha contribuido a anestesiar nuestro sentido del asombro. El que lo tiene todo acaba creyendo que el mundo debe comportarse a su antojo. Como es lógico, una sociedad en la que cada persona se considera el centro del universo es una sociedad enferma, insensible e ingobernable. Es la sociedad de las quejas y de las revueltas continuas. La pérdida del asombro lleva a la cultura de la autosuficiencia, que hace ignorar la fragilidad del ser humano, a la del cinismo, que hace pensar que todo le es debido, y a la de la indignación y del victimismo, que lleva al resentimiento vengativo e insolidario.

“La vida nos brinda una oportunidad irrepetible para volver a encontrarnos con nosotros mismos”.

Mientras los países del hemisferio sur estaban ya en guerra contra epidemias sucesivas de dengue, de zika, de fiebre amarilla y de malaria con cientos de ­millones de personas afectadas desde ­el 2017, el coronavirus llegó por sorpresa a los países del norte, convirtiéndose en una pandemia con consecuencias te­rribles.

Ojalá esa tragedia sea por lo menos una oportunidad para volver a lo esencial, para agradecer y valorar lo que tenemos. No, los huevos no vienen del super­mercado, la calefacción no proviene del radiador y las ayudas del Estado no vienen del Estado (sino de cada uno de los que pagamos honradamente nuestros impuestos). Detrás de una comida caliente, de un cuidado sanitario, de una tecnología que funciona o de una ayuda social hay una cadena de personas estudiando y trabajando de día y de noche. Quizás esta crisis sea una oportunidad para entender el poder del alcance silencioso de cada uno de nuestros gestos. Detrás de un gesto en el hogar o en el trabajo, hay miles de personas que viven mejor, o que siguen vivas. Quizás sea también una ocasión para empatizar y darnos cuenta de la soledad de nuestros ancianos, a los que tanto debemos. En pocos días, un virus invisible consiguió que el mundo entero se arrodillara de golpe. En medio de tanta desgracia, quién sabe si se aplanará también la curva de la soberbia de pensar que dominábamos el mundo, o que íbamos a arreglarlo gritándonos unos a otros. Quizás sea el tiempo de darnos cuenta del valor del silencio y del tiempo dedicado a nuestros seres queridos. Quizás sea una ocasión para dejar de tener tanta fe en las promesas de inmortalidad que nos ofrecen la ciencia y la tecnología, y para aspirar a una perfección de la que sí somos capaces, una perfección más humana. Caer en la cuenta de nuestra miseria, vulnerabilidad y fragilidad no solamente es compatible con esa perfección, sino que podría ser el camino para alcanzarla, porque es precisamente esa condición que nos hace ser más solidarios y compasivos. Aunque parezca paradójico, la perfección del ser humano pasa por la toma de conciencia de que no lo es.

El confinamiento pondrá a prueba nuestra interioridad. Un silencio interior que, según Tagore, el gran poeta filósofo bengalí, buscamos ahogar en la multitud. En un estudio publicado en el 2014 en la revista Science , el 25% de las mujeres y el 67% de los hombres prefieren autoadministrarse un calambre a permanecer sentados de seis a quince minutos en una habitación vacía sin otra distracción que sus propios pensamientos. Blaise Pascal decía que “todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre de estar en silencio a solas en su habitación”. Ahora que las calles están vacías del clamor de la multitud anónima, la vida nos brinda una oportunidad irrepetible para volver a encontrarnos con nosotros mismos. Nos invita a ocupar el espacio interior del que habíamos desertado para empacharnos de estímulos y vivir a remolque de ellos. Sólo desde ese espacio interior puede brotar el sentido del asombro que nos hace ver el universo como si fuera recién estrenado. Es el sentido del asombro el que nos hace caer en la cuenta de que nuestra fragilidad es parte esencial de nuestra humanidad, que la vida es un regalo y que el mundo es un milagro.

miércoles, 14 de octubre de 2020

¿Son los padres y las madres (in)competentes para educar?

 CATHERINE L’ECUYER    |   El País   |   27/04/2020

En una de las bibliografías de María Montessori, Rita Kramer explica que se había puesto de moda, entre las mujeres del siglo XIX en Italia, el juego de encender y de apagar unas cerillas para matar el tiempo, mientras los niños estaban siendo cuidados por una niñera y el padre estaba ausente del hogar. Esa anécdota ilustra hasta qué punto no se veía la actividad educativa -por lo menos durante los primeros años del niño- como algo relevante. Educar era una tarea a la que se dedicaban principalmente los más vulnerables, a falta de otra alternativa. Montessori explica como era corriente escuchar en las familias burguesas decir al niño; “no te sientes en el suelo” o “no te sientes en el sofá”. Entonces el niño era un ciudadano que no tenía lugar en los espacios comunes de su propia casa. Se le decoraba de lazos y se le ataba inmóvil a una silla con su niñera para que no hiciera ruido y no molestara.

Si bien es cierto que en l’Émile, Rousseau había hablado en el siglo XVIII del niño como de un sujeto, no como un objeto, consideraba el Estado como su principal educador. Afirmaba que el Estado tiene un papel prioritario sobre el de los padres en el ámbito de la educación de los hijos, puesto que la educación de los niños no debe “abandonarse a los prejuicios de sus padres”. Quizás fue por exceso de coherencia consigo mismo que Rousseau abandonó a sus hijos en un orfanato. La idea rousseauniana de que los padres son incompetentes para poder educar a sus hijos y deben dejar que el Estado lo haga para ellos sigue hoy recibiendo atención, configurando muchas de las políticas educativas.

A inicios del siglo XX, se empiezan a multiplicar las teorías psicológicas respecto a la educación y se ponen de moda los parvularios para niños desde los 3 años. En los EE UU, Dewey tiene sus teorías encaminadas a resolver, desde el aula, la cuestión de la educación hacia la integración de los millones de inmigrantes que habían llegado a América después de la Primera Guerra mundial. En Europa, nace el movimiento de la Educación Nueva inspirado en gran parte en Rousseau. Las aulas de la Educación Nueva se convierten en laboratorios de psicología, y la psicología se convierte en el vestido de dignidad de la pedagogía. Surgen todo tipo de teorías educativas elaboradas por médicos o psicólogos, como Claparède, Decroly, Piaget, Montessori, que pueden dar de pensar a los padres que la educación es un asunto demasiado complicado para que ellos mismos puedan hacerse cargo. Los padres deben por tanto encargarlo a los especialistas, ya que ellos, sí saben.

Acabada la Segunda Guerra mundial, ante el horror de los campos de concentración, se rechaza enérgicamente la teoría de la eugenesia, se empieza a entender el poder de la educación y los Estados adoptan progresivamente la idea de cuidar a los colectivos desfavorecidos a través de políticas sociales y educativas, empezando desde la primera infancia. Como consecuencia de la Segunda Guerra mundial, los orfanatos de Europa están llenos. La OMS encarga entonces un informe a un psiquiatra llamado John Bowlby, sobre la consecuencia de una crianza sin madre sobre la salud mental de los niños en los orfanatos. En su informe, publicado en 1951, Bowlby hace hincapié en la importancia de la sensibilidad del principal cuidador para la creación de un vínculo de apego (de confianza) entre él y el niño. Nace entonces la teoría del apego, que revolucionará el ámbito de la psicología infantil.

En la década de los ochenta, el caldo es favorable a la aplicación de ciertas ideas neurocientíficas en el ámbito de la educación y la ciencia se convierte una vez más en el vestido de dignidad de la pedagogía bajo la etiqueta de la “educación basada en la neurociencia” (brain-based education). Esa situación da pie a las expresiones que hoy conocemos como: “todo se juega de 0 a 3 años” o “más y antes es mejor”. Y entonces se recomienda a los padres escolarizar a sus hijos cuanto antes, se pone el énfasis en la parte cognitiva de 0 a 3 años y se multiplican los métodos y los libros que hablan de la estimulación temprana. De nuevo, los padres tienen menos protagonismo, delegando la educación a parvularios especializados que usan métodos supuestamente basados en la neurociencia, pensando que ellos mismos no son lo suficientemente competentes para hacer ese trabajo. El apogeo de esa creencia es, en 1997, cuando Hilary Clinton, en un discurso dirigido a educadores en la Casa Blanca, dice: “En el momento en que la mayoría de los niños empiezan la escuela infantil, la arquitectura del cerebro está esencialmente construida.” Esa declaración levantó un tsunami de críticas por parte de neurólogos y neurobiólogos en todo EE UU, pues esa creencia es un “neuromito” (una mala interpretación de la literatura neurocientífica). El cerebro es plástico y puede modificarse a lo largo de toda la vida y el bombardeo temprano de información no necesariamente favorece el aprendizaje. Esos neuromitos dan una importancia excesiva a la estimulación cognitiva y restan importancia a la dimensión interpersonal en los primeros años, clave para el apego.

La disciplina social solo es posible cuando existe, previamente, una disciplina y una responsabilidad personal.

Los neuromitos han llevado a la abdicación del ámbito familiar, a favor de la industria educativa del consejo empaquetado conformado por aquellos gurús, expertos, libros o productos que dictan a los padres exactamente lo que han de hacer para que sus hijos sean exitosos y felices, y sobre todo para que coman, duerman y obedezcan. Ese enfoque educativo conductista, caracterizado por el adultocentrismo, está orientado principalmente hacía la tranquilidad de los padres. La industria del consejo empaquetado, en búsqueda del “manual definitivo” de una crianza perfecta, enfoca la educación desde el punto de vista de los “cómo” y de los “qué” y aleja a los padres de los “para qué” y los “por qué”. Contribuye, de nuevo, a despojar a los padres de su papel como primeros educadores, entregando a sus hijos a la industria del juego “con botones y pilas” y despojándoles de la intuición parental y del sentido común que debería guiar toda acción educativa.

La teoría del apego fue inicialmente criticada por el feminismo, por culpar a la mujer trabajadora de todos los males de la infancia. Pero hoy sabemos que el apego del niño puede hacerse tanto con el padre como con la madre. El apego es el vínculo de confianza que se establece entre el niño y un principal cuidador disponible y capaz de atender a tiempo sus necesidades básicas durante los primeros años de vida. El niño con apego seguro es más confiado, descubridor y empático en sus relaciones interpersonales. Hoy, esa teoría es una de las más investigadas, reconocidas y establecidas en el ámbito de la psicología del desarrollo, se ha convertido en el enfoque por excelencia para entender el desarrollo del niño y está siendo utilizada como base y premisa de la mayoría de las investigaciones y políticas sociales y de educación infantil en gran parte de los países desarrollados.

Hacer creer a los padres que la híperestimulación durante los tres primeros años de vida es más importante que la atención afectiva y convencerles de la necesidad de una escolarización temprana ha contribuido a adormecer la conciencia de ser principales educadores y puesto en entredicho su vocación y su competencia educativa, generándoles agobio e inseguridad personal. Esas creencias han despojado a los padres de su rol, reduciéndoles a meros estimuladores y animadores de ludoteca que ni gozan, ni disfrutan de la belleza de su misión.

Esa creencia influyó, como es lógico, en la cuestión de la conciliación. Si los niños no necesitan a sus padres, entonces más vale delegar ese cuidado y escolarizarlos desde los 4 meses. Si el niño está mejor en el colegio, ¿para qué necesitamos una baja de maternidad o de paternidad más larga? Entonces los únicos argumentos que nos quedan son invocar el derecho de la mujer a tenerla, o la obligación del varón a cuidar de sus hijos para erradicar el machismo. Hoy sabemos que la rotación del principal cuidador es uno de los factores que interfiere en la creación del vínculo de apego. Pero preferimos prohibir la transferibilidad de las bajas, porque es más afín a nuestras mentalidades igualitaristas. En definitiva, las necesidades del niño, que deberían ser el principal protagonista de la cuestión, se relegan al segundo plano en un debate ideológico esencialmente adultocéntrico.

¿Qué es la sensibilidad? La sensibilidad (instinto maternal, paternal) es un mecanismo del que dispone la naturaleza para ayudarnos a tomar conciencia de nuestra responsabilidad como primeros educadores, para que seamos capaces de sintonizar con las necesidades reales de nuestros hijos. ¿Debería ser suficiente con el sentido del deber? Sí, pero la naturaleza es generosa y nos facilita el trabajo. Sin embargo, no es suficiente tener ese regalo. Esa sensibilidad se desarrolla a base de pasar tiempo con nuestros hijos, dándonos cuenta de lo que necesitan para su buen desarrollo. En ese sentido el confinamiento ha sido y está siendo una oportunidad única para desarrollar esa sensibilidad maternal y paternal, para consolidar el vínculo de apego / de confianza con cada uno de ellos. En ese sentido, nuestra mirada es clave para transmitirles una actitud positiva y confiada hacía el mundo que nos rodea.

Por último, no iría mal recordar, en tiempos de des-confinamiento, que la disciplina y la responsabilidad social, tanto por parte de los padres como de los niños, no surje de “la nada”, ni de llenar la calle de personas uniformadas repartiendo multas, ni de las instrucciones del “BOE de cada día”. La disciplina social solo es posible cuando existe, previamente, una disciplina y una responsabilidad personal. Y la responsabilidad personal solo es posible cuando asumimos que la persona que actúa es competente, racional, consciente y libre de asumir las consecuencias de sus acciones. Montessori lo ilustraba con un hermoso ejemplo. Explicaba cómo era posible que un grupo de personas se queden en silencio ante un concierto. Nos recordaba que el silencio colectivo no es, o por lo menos no debería jamás de ser, el mero resultado de la imposición colectiva de una norma. En ese caso, la disciplina colectiva es la suma de la disciplina personal de cada uno de los que escucha en silencio. Es el resultado del que ha desarrollado la fortaleza personal y el autocontrol, del que entiende lo que acontece y tiene sensibilidad para apreciar la belleza y la armonía del sonido del conjunto de todos los instrumentos que se oyen en la pulcritud del silencio.

 

Cómo liberar la rabia de manera sana y adecuada: 4 consejos

ARTURO TORRES      |     Psicología y Mente

Diferentes formas de dar salida a ese malestar que puede llevarnos a la hostilidad.

La rabia es un estado psicológico que, a pesar de que acostumbra a ser visto como algo negativo, resulta completamente natural. A lo largo de toda una vida, vamos a experimentarla varias veces, y eso no es en sí algo malo. La clave a la hora de valorar si nuestra relación con la rabia es sana o no, está en ver hasta qué punto nos afecta, y si nos daña significativamente a nosotros o a las personas de nuestro alrededor.

Saber cómo liberar la rabia de manera saludable es uno de los factores más importantes a la hora de no dejar que esta emoción nos domine y nos haga caer en dinámicas destructivas o autodestructivas.

Liberar la rabia de manera controlada y saludable: 4 consejos

Durante mucho tiempo, hemos caído en un error fundamental a la hora de entender lo que es la rabia. Esta trampa consiste en creer que esta emoción es mala porque nos hace pasarlo mal y puede llevarnos a atacar al resto. ¿Dónde está el problema de esta visión de las cosas? En que la rabia no aparece espontáneamente en el interior de uno: surge como consecuencia de una interacción entre individuo y entorno.

Pensemos por un momento en las minorías sociales que tiempo atrás eran discriminadas legalmente y ahora ya no lo son. En ese pasado tan cruel, la frustración y la impotencia de sentirse con menos derechos generaba rabia frecuentemente, y a nadie se le ocurriría pensar que lo problemático de la situación era ese sentimiento, sino el contexto social.

Algo parecido sucede a la hora de comprender por qué es bueno liberar la rabia de manera controlada. Cuando hacemos esto, no estamos expiando ningún pecado, sino actuando activamente para dar salida a una emoción que puede estar justificada o no, pero es natural y en última instancia no ha aparecido porque así lo hayamos decidido libremente. Teniendo en cuenta todo lo anterior, veamos algunos consejos básicos sobre cómo liberar la rabia.

1. Evita sitios bulliciosos o estresantes y busca un lugar tranquilo

Este primer paso es para evitar males mayores, dado que en ambientes con muchos estímulos, es fácil encontrar aún más motivos para estar enfadado. A esto hay que añadirle que con la rabia recorriendo nuestro cuerpo tendemos a ser más propensos a ver motivos para enfadarnos en hechos o situaciones que en otra situación no nos harían sentir esa hostilidad. Se trata de un sesgo que nos puede arrastrar al empeoramiento del problema.

Así pues, nunca está de más tener en mente lugares tranquilos en los que poder estar solos, especialmente en previsión de un diálogo que puede enfurecernos.

2. Coloca pausas en las discusiones

Saber gestionar una discusión también incluye la capacidad de saber liberar la rabia adecuadamente en caso de que esta emoción aparezca. Cuando estamos inmersos en un diálogo, sin embargo, esta tarea incluye tanto la liberación de una cierta cantidad de rabia (no puede ser mucha, ya que la finalidad del diálogo es otra) como la prevención de que esta siga acumulándose. Para ello, puedes hacer dos cosas: evitar elevar el tono de voz, y hacer que tu habla sea algo pausada.

Lo primero puede resultar contraintuitivo, ya que gritar suele estar asociado a la liberación del malestar, pero en el contexto de un diálogo esto no es así, ya que gritar solo nos haría asimilar que ya estamos en una lucha verbal, haciendo que la otra persona reaccione igual.

Hablar de un modo un poco más lento cumple una función parecida, dándonos una excusa para monitorizar nuestro ritmo de hablar, evitando que intentemos abrumar al otro y dominar la conversación por esta vía. Si dejas que pase el tiempo y no aumenten los motivos para sentir enfado, esta rabia que empezaba a ser un problema se desvanecerá sola sin causar problemas significativos, al no haber alcanzado un punto crítico y, por otro lado, haber convertido el diálogo en una batalla.

3. Haz deporte

Si tienes tiempo y no se trata de un sentimiento de rabia muy intenso aparecido súbitamente, sino que llevas sintiéndolo desde hace varios minutos, plantéate la posibilidad de emplear ese estado de alerta y tensión en algo productivo. Por ejemplo, en hacer deporte. El deporte nos plantea la necesidad de liberar energía atendiendo a un objetivo muy claro que requiere toda nuestra atención, por lo cual es una excelente manera de dejar que la ira se vaya sola.

Si sientes mucha rabia, quizás un deporte competitivo no es la mejor opción. En este caso céntrate en ejercicios realizados de manera individual, como por ejemplo hacer flexiones, correr por el parque, etc.

4. ¿Hay algún problema con los videojuegos?

Desde prácticamente sus inicios, los videojuegos han sido criminalizados injustamente, siendo acusados de promover la violencia. Paradójicamente, esto no solo no es cierto, sino que se ha visto que en ciertos casos, jugar a esta forma de entretenimiento puede ser una manera de canalizar la rabia sin dañar a nadie. Sumergirse en un mundo de fantasía y cumplir con los objetivos nos permite liberar energía en un entorno controlado.