SILVIA PARDO | infobae.com | 04/02/2026
Los resultados muestran que no todas las actividades
aportan el mismo beneficio, sino que la suma de determinadas prácticas es clave
para potenciar el bienestar emocional
Se ha demostrado que el contacto con espacios verdes,
como parques, jardines, plazas o bosques se vincula a mejoras concretas en la
salud mental de personas que viven en ciudades. Incluso breves encuentros con la naturaleza, de menos de 15
minutos, ya producen efectos positivos en el bienestar psicológico. El bosque urbano se destaca por su efecto sobre la ansiedad y la depresión, mientras que otros entornos naturales aumentan la energía y la atención.
Un nuevo estudio confirma que frecuentar entornos naturales a lo largo
del día, y hacerlo de forma activa, se asocia con mejoras sustanciales en la salud mental de los jóvenes. Así lo indica una investigación de la Université de Montréal (UdeM), encabezada por el posdoctorando Corentin Montiel bajo la supervisión de la profesora Isabelle Doré, de la Facultad de Kinesiología y Ciencias de la
Actividad Física y de la Facultad de Salud Pública de la UdeM. El estudio
adquiere particular relevancia frente al deterioro en el bienestar
psicológico registrado en los jóvenes canadienses en la última década.
En el periodo comprendido entre 2011 y 2018, los
índices de trastornos del ánimo y ansiedad aumentaron entre los jóvenes de 19 a 24
años. Este descenso en el bienestar se intensificó tras la irrupción de la pandemia: el porcentaje de personas de 15 a 29 años “muy
satisfechas” con su vida disminuyó del 72% en 2018 al 26% en junio de 2020.
Ejercicios y espacios verdes, los resultados de la
investigación
El trabajo, publicado en el Journal of Physical Activity
and Health, se aparta de enfoques tradicionales que solo miden
variables como la densidad de vegetación del barrio o la distancia al parque
más cercano. En esta ocasión, los investigadores preguntaron directamente a 357 participantes del estudio MATCH, con una edad promedio de 21,9 años, por su percepción de la naturaleza tanto en su vida diaria como durante la actividad física y la
calificaran, en una escala de 1 a 5.
Según expuso Isabelle Doré, la intención era indagar en
el grado de consciencia de los jóvenes respecto a los elementos naturales de su
entorno, especialmente cuando hacen ejercicio: “Queríamos saber si las personas son conscientes de la presencia de árboles y áreas verdes en su entorno”. “Por eso, nos centramos en las percepciones
de los participantes sobre su entorno en la vida diaria en general y al hacer
ejercicio en particular”.
Un hallazgo clave es que la
exposición ocasional o limitada a la naturaleza en un solo contexto resulta
insuficiente para lograr beneficios detectables en la salud mental.
Solo quienes reportaron alta percepción de la naturaleza en ambos ámbitos —en
la rutina diaria y al practicar ejercicio— evidenciaron ventajas
significativas.
El 35 % de los participantes
reportó poca exposición a la naturaleza en ambos entornos, mientras que el 25 %
reportó una alta exposición en ambos. El segundo grupo obtuvo 7,4
puntos más en la escala de salud mental que el primero.
Otros participantes con exposición
alta en solo uno de los contextos parecían beneficiarse al principio, pero ese
efecto desapareció cuando los investigadores ajustaron los resultados conforme
al estado de salud mental previo de cada persona. Así, solo quienes percibieron
naturaleza intensamente en ambos ambientes mantuvieron una diferencia
estadística positiva: 3,6 puntos por encima del resto.
Los resultados sugieren según
Doré: “Parece que la percepción de la naturaleza debe combinarse en
distintos escenarios para que tenga un impacto en la salud mental”.
La relación entre los entornos
verdes y la actividad física se muestra bidireccional, según recoge
el informe. Los espacios naturales no solo invitan a moverse más, sino que la
propia actividad incrementa la tendencia a buscar y apreciar los entornos
naturales.
En particular, realizar
ejercicio en entornos que se perciben como naturales aporta un beneficio
añadido: los espacios verdes tienden a orientar la atención de los
jóvenes hacia estímulos externos —como el canto de los pájaros o el susurro de
las hojas— en vez de hacia las sensaciones corporales, como el cansancio,
lo que podría explicar parte de los efectos positivos observados.
Doré plantea que estos
resultados pueden servir de base para nuevas políticas de salud
pública centradas en la promoción de la actividad física y el
bienestar mental entre jóvenes adultos. Actualmente, su equipo
desarrolla el proyecto SeeNAT, que durante cuatro años
analizará 36 tipos de actividad física —desde partidos de
fútbol informales en parques urbanos hasta caminatas en zonas remotas— para
identificar cuáles favorecen más el bienestar juvenil.
El proyecto SeeNAT combinará
también datos geoespaciales con las percepciones subjetivas de los
participantes, buscando detectar las discrepancias entre cómo experimentan su
entorno y la realidad objetiva del mismo.
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