martes, 13 de enero de 2026

Esquizofrenia: causas, tratamientos y avances para una mejor comprensión del trastorno mental

 NORBERTO ABDALA     |     clarin.com     |     12/01/2026


·        Es uno de los trastornos mentales más estudiados y menos comprendidos de la psiquiatría.

·        Cómo la psicofarmacología influyó en su tratamiento.

·        Qué dicen las investigaciones recientes.

La esquizofrenia es uno de los trastornos mentales más estudiados y menos comprendidos de la psiquiatría. A lo largo de más de un siglo, las ideas sobre sus causas han cambiado según el grado del conocimiento médico, psicológico y neurocientífico.

En sus primeras descripciones, a fines del siglo XIX, Emil Kraepelin acuñó el término demencia precoz por considerar que se trataba de una enfermedad cerebral de inicio temprano y evolución progresiva similar a la demencia en las personas mayores.

Eugen Bleuler introdujo el término esquizofrenia (esquizo = división, frenia = mente) subrayando que no se trataba necesariamente de un creciente deterioro, sino de un trastorno más amplio del pensamiento, la afectividad y el contacto con la realidad.

El psicoanálisis clásico pensó la esquizofrenia como resultado de conflictos psíquicos profundos, fijaciones tempranas o fallas graves en la constitución del Yo.

Más adelante, teorías relacionales y familiares -como la del “doble vínculo”-, atribuyeron la causa a patrones de comunicación patológicos en el seno familiar.

Si bien estas perspectivas aportaron comprensión clínica y humana no podían explicar por sí solas la aparición del trastorno.

La revolución de la psicofarmacología y su influencia en el tratamiento

Un cambio decisivo ocurrió a mediados del siglo XX con la aparición y desarrollo de la psicofarmacología. El descubrimiento de la clorpromazina (1950) demostró que los síntomas psicóticos podían mejorar con medicamentos.

 

Esto impulsó la hipótesis de que la esquizofrenia estaría relacionada al exceso de dopamina en ciertas áreas cerebrales.

 

Durante décadas, esta idea dominó la investigación y permitió importantes avances terapéuticos, aunque pronto se hizo evidente que no explicaba todos los síntomas, en especial los llamados “negativos” (apatía, retraimiento social) ni los déficits cognitivos.

 

En las últimas décadas las investigaciones se complejizaron.

 

Los estudios genéticos demostraron que existía un componente hereditario, pero no dependiente de un solo gen, sino de la interacción de muchos genes de pequeño efecto.

 

Al mismo tiempo, se identificaron algunos factores ambientales de riesgo, como complicaciones en el embarazo y el parto, infecciones virales tempranas, consumo de sustancias, estrés psicosocial.

Hacia un enfoque integral: tratamientos actuales y calidad de vida

En paralelo, las neurociencias aportaron nuevos modelos. Hoy se la considera como un trastorno del neurodesarrollo, en el que ciertas alteraciones tempranas del cerebro permanecen latentes y se expresan clínicamente en la adolescencia o adultez temprana.

 

Se han encontrado diferencias en la conectividad cerebral, en el funcionamiento de redes neuronales y en otros sistemas químicos, como el glutamato, además de la dopamina. Esta visión integradora ha desplazado la búsqueda de una causa única hacia un modelo multifactorial.

 

En cuanto al tratamiento, los medicamentos antipsicóticos siguen siendo una herramienta central, pero se están investigando fármacos con mecanismos de acción novedosos.

 

Hoy, se destaca la necesidad de los tratamientos integrales: psicofármacos, psicoterapia, rehabilitación psicosocial, apoyo familiar y abordajes comunitarios.

 

La esquizofrenia ya no se concibe como una sentencia inevitable, sino como un trastorno tratable, con posibilidades reales de recuperación y de mejor calidad de vida.

Raquel Jiménez, psicóloga: "Si yo tuviera depresión y tú quisieras ayudarme, esto es lo que necesitaría"

ACyV   |    elconfidencial.com     |     10/01/2026


La psicóloga ha puesto voz a una realidad que suele quedar oculta: cómo se siente realmente una persona con depresión y qué necesita de quienes quieren ayudarla. Su mensaje desmonta tópicos y recuerda que el apoyo más valioso pasa por acompañar con empatía

Un mensaje breve, directo y lleno de verdad está recorriendo las redes gracias a la psicóloga Raquel Jiménez, que ha puesto palabras a algo que miles de personas con depresión sienten cada día y no siempre saben expresar. Su reflexión, convertida en un vídeo viral, desmonta algunos de los mensajes bienintencionados, pero dañinos que suelen recibir quienes atraviesan este trastorno, y explica qué tipo de acompañamiento resulta realmente útil.

La especialista arranca con una idea que desmonta tópicos: “Si yo tuviera depresión y tú quisieras ayudarme, esto es lo que necesitaría”, afirma antes de enumerar una serie de gestos simples pero fundamentales. Su insistencia en que no se trate de animar, presionar o minimizar lo que ocurre pone el foco en un aspecto clave que la psicología lleva años subrayando: acompañar no es forzarsino estar.

Jiménez recuerda que frases como “anímate” no funcionan porque, como explica, “no puedo”. Ese bloqueo emocional y físico hace que tampoco sirvan los atajos: “No intentes darme soluciones rápidas porque no tengo fuerzas para aplicarlas”, señala. Su reflexión subraya además que la depresión no es solo un proceso mental: “No me digas que todo está en mi cabeza, mi cuerpo también lo sufre”, reivindica.

El vídeo también pone el acento en las pequeñas victorias invisibles, esas que desde fuera pueden pasar desapercibidas. La psicóloga lanza un mensaje claro: “No me juzgues por estar tumbada. Tal vez levantarme sea mi mayor logro del día”. Un recordatorio de que la depresión no tiene una forma única y de que la energía, en muchas ocasiones, simplemente no alcanza para más.

Otro de los puntos más aplaudidos del discurso es la importancia de una presencia calmada: “Quédate a mi lado, aunque no hable, aunque no haga nada. Tu presencia ya es un alivio”, afirma. Esta idea conecta con uno de los pilares del acompañamiento emocionalsostener sin exigir, estar sin necesidad de llenar silencios incómodos.

La psicóloga también desmonta otro de los consejos habituales: enumerar todo lo bueno que la persona tiene en su vida. Según explica, “lo veo, pero no puedo sentirlo”, algo que resulta especialmente frustrante para quien intenta ayudar sin comprender ese vacío emocional. En su lugar, Jiménez propone apoyo práctico: “Ayúdame con lo básico, una comida, un paseo corto”.

Uno de los mensajes más potentes del vídeo llega al abordar el miedo a ser una carga, algo común en pacientes con depresión: “Hazme sentir que no soy una carga, que sigo teniendo valor, aunque no pueda dar nada ahora”, pide. También invita a evitar intervenciones bruscas: “No intentes sacarme a la fuerza, lo único que necesito es que me acompañes en mi oscuridad”.

La pieza concluye con una reflexión que ha resonado especialmente entre los espectadores: detrás de cada gesto cotidiano puede haber una batalla silenciosa. “Detrás de cada sonrisa, de cada ‘estoy bien’, puede haber una persona librando una oscura batalla”, recuerda Jiménez, subrayando que nadie está libre de atravesar una depresión y que la diferencia está en el trato: empatíapaciencia y compasión.

Su mensaje, convertido en una especie de guía emocional, deja claro que el apoyo más valioso no siempre pasa por decir algo ingenioso o levantar el ánimo a toda costa. A veces, como concluye la psicóloga, “lo que cura no son las palabrassino la compañía y el amor sin condiciones”. 

viernes, 9 de enero de 2026

Qué es la resiliencia, según la psicóloga Clara Cañas: “Ser resiliente no significa no sufrir, sino adaptarse y seguir adelante”

 MARTA CHAVARRÍAS      |      eldiario.es      |      12/12/2025

·  ¿Qué hace que dos personas actúen y se enfrenten de manera distinta a un mismo problema? La resiliencia tiene buena parte de la respuesta

La vida es un camino de contratiempos, ya sea porque ha llegado el final de una relación, por problemas de salud, por la pérdida de un trabajo o cualquier otro cambio significativo que genere estrés. Todos experimentamos giros inesperados y adversidades, desde el reto más cotidiano hasta acontecimientos traumáticos con mayor impacto, como la muerte de alguien querido o una enfermedad grave, y todos pueden poner a prueba nuestros límites.

Cada uno de estos cambios nos afecta de manera distinta y suponen un torrente único de pensamientos, emociones o incertidumbre. Lo que es más importante es cómo respondemos a estos retos inevitables. En la mayoría de los casos, nos adaptamos bien con el tiempo a situaciones que nos cambian la vida, y es en parte gracias a la resiliencia. Clara Cañas Iglesias, psicóloga clínica, nos explica cómo nos ayuda a afrontar problemas y recuperarnos de los contratiempos y nos da pistas sobre cómo podemos trabajarla.

El poder adaptativo de la resiliencia

¿Por qué una persona acepta momentos difíciles mientras que otra se derrumba? “La resiliencia es la capacidad que tenemos las personas para afrontar, adaptarnos y recuperarnos de situaciones adversas, como el estrés intenso o experiencias traumáticas”, explica Cañas. Podríamos afirmar que las personas que mantienen la calma frente a una adversidad tienen una fuerte resiliencia. Alguien resiliente tiene unas fuertes habilidades para afrontar y organizar los recursos disponibles, pedir ayuda cuando hace falta y encontrar maneras de gestionar la situación a la que se enfrenta. 

Para entenderlo mejor podríamos crear un símil con lo que significa esta palabra en agronomía: hablamos de la capacidad del suelo para regenerarse tras una inundación o un incendio, es decir, la flora y la fauna son las que se recuperan, pero de manera distinta a la de antes. En las personas ocurre algo similar: es nuestra capacidad de recuperarnos tras un trauma o un reto vital.

Pero, como aclara la experta, “ser resiliente no significa no sufrir, sino adaptarse y seguir adelante a pesar de los momentos complicados”. En lugar de caer en la desesperación o esconderse de los problemas mediante estrategias de enfrentamiento poco saludables, las personas resilientes lo hacen de frente. No solo sobreviven a situaciones difíciles, sino que también las gestionan y las asimilan de forma más saludable. 

La resiliencia no es una cualidad especial que se encuentre en una persona, sino que se trata de algo que emerge a través de la interacción de la persona con otros factores. “Esta habilidad surge de la combinación de distintos factores personales y sociales que ayudan a mantener el equilibrio emocional. Gracias a ello, la resiliencia se considera una pieza clave para el bienestar psicológico y la salud mental, por lo que nos ayuda a afrontar las situaciones de mejor forma y, por tanto, a vivir mejor”, aclara Cañas.

Cuando aprendemos de los cambios sin negar la realidad

Las personas resilientes buscan maneras de resolver o, al menos, de mejorar la situación. No suelen gastar su energía en repetir por qué el problema es difícil o injusto, sino que canalizan este tiempo, energía mental y emocional para encontrar soluciones. Lo explica Cañas, según la cual “una persona resiliente es aquella que, ante la adversidad, logra adaptarse, aprender y salir fortalecida de las experiencias difíciles. No significa que no sufra, como ya hemos comentado, sino que encuentra la manera de seguir adelante y darle un sentido positivo a lo vivido”. 

¿Qué tiene una persona resiliente? Sin duda, y según la experta, “su fortaleza se basa en varios rasgos y habilidades: sabe regular sus emociones, mantiene una autoestima positiva y encuentra sentido a lo vivido, incluso en momentos de dolor”. Pero es que, además, y gracias a su experiencia en la consulta, ha podido comprobar que se trata de personas “perseverantes, empáticas y con confianza en sí mismas que cuentan con vínculos afectivos seguros y redes de apoyo que refuerzan su bienestar”. 

Esta capacidad por resolver problemas y aprender de los cambios no les aleja de la realidad, ni les lleva a negarla. Como explica Cañas, una persona resiliente se caracteriza por tener estas habilidades:

  • Buen autoconocimiento gracias al cual puede comprender sus emociones, límites y fortalezas.
  • Flexibilidad cognitiva, que le permite reinterpretar las situaciones y adaptarse al cambio.
  • Valor del apoyo social. Estas personas no están solas, sino que buscan y aceptan el apoyo social cuando lo necesitan.
  • Sentido de propósito que les da dirección y motivación.

Aunque en algunos casos pueda dar la sensación de que una persona vive alejada de la realidad o solo ve el lado bueno de las cosas, nada más lejos. “Las personas no viven todo de forma positiva; también sienten dolor, tristeza o frustración, pero no se quedan atrapadas en esas emociones”, matiza Cañas. Lo que empodera a este tipo de personas es que reconocen el sufrimiento, lo procesan y aprenden de él. 

En definitiva, una persona resiliente “combina autonomía, empatía, perseverancia y confianza en uno misma, y es capaz de regular las emociones, resolver problemas y mantener vínculos seguros”, concluye la experta.

Construyendo la resiliencia

La resiliencia no es una cualidad o un atributo con el que se nace. Más bien se trata de un conjunto de habilidades que se pueden desarrollar repitiendo comportamientos específicos. La resiliencia “no es una cualidad innata, sino una capacidad que se entrena a través de la experiencia y el trabajo personal”, afirma Cañas. 

Es importante tener en cuenta que ser resiliente requiere un conjunto de habilidades que se pueden trabajar y desarrollar con el tiempo. No es tan solo un rasgo fijo, sino que estamos frente a un proceso que se desarrolla y fortalece a lo largo de la vida. Construir resiliencia requiere tiempo, fuerza y ayuda. “Trabajar la resiliencia implica promover la salud mental, las competencias socioemocionales y la capacidad de adaptación frente a la adversidad”, matiza Cañas.

Da igual si somos jóvenes o mayores, la resiliencia la podemos fortalecer en cualquier etapa de la vida. ¿Cómo? Para Cañas lo primero y esencial es el autoconocimiento y la autoconfianza, que nos ayudan a “reconocer nuestros recursos internos, nuestros límites y logros”. Otro aspecto fundamental es “reformular los pensamientos negativos, sustituyendo las interpretaciones catastrofistas por otras más realistas y equilibradas”, afirma Cañas. El conjunto de todas estas habilidades cognitivas es lo que permite “afrontar las dificultades con una perspectiva más constructiva”.

El trabajo por conseguir ser más resilientes no acaba aquí. Otro pilar clave, según la especialista, es la autorregulación emocional, es decir, a aprender a lidiar con el estrés, la frustración o el miedo. “En la práctica clínica se usan técnicas como el mindfulness, la respiración consciente, la escritura terapéutica o la relajación progresiva, que ayudan a mejorar el autocontrol y reducir la reactividad emocional”, afirma Cañas. 

Ya hemos visto que una de las cualidades de una persona resiliente es el valor de la conexión social. Por tanto, si queremos trabajarla debemos ser conscientes de la necesidad de “fomentar vínculos afectivos sólidos, con la familia o los amigos, ya que contar con una red de apoyo actúa como factor protector frente a la adversidad”, matiza Cañas. 

De nada serviría todo esto si no se trabaja a encontrar un sentido en lo vivido, “a integrar las experiencias dolorosas y transformarlas en oportunidades de aprendizaje. Esta búsqueda de propósito y significado facilita la reconstrucción personal tras el trauma o la pérdida”, afirma Cañas. 

“La resiliencia no sustituye la salud mental, pero sí la sostiene: nos enseña que no se trata de no caer, sino de aprender a levantarnos con más sabiduría y fortaleza cada vez”, concluye Cañas.

miércoles, 7 de enero de 2026

Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal

 Mihaela Enache Zegheru - Pilar Ficapal-Cusi – Vicente Peñarroja Cabañero     |     11/12/2025                                               theconversation.com

Imagine a dos profesionales que atraviesan una misma situación laboral complicada: hay reorganizaciones internas, presión por cumplir objetivos y un clima de incertidumbre. Mientras uno se desmotiva y acaba agotado, el otro consigue mantener la calma y aprovechar la experiencia como aprendizaje. ¿Qué marca la diferencia? La psicología tiene una respuesta: la personalidad resistente (cognitive hardiness), un recurso que permite transformar la presión en oportunidades de crecimiento.

 

La psicóloga Suzanne Kobasa acuñó este concepto a finales de los años setenta tras estudiar a directivos sometidos a altos niveles de estrés. Observó que algunos, pese a estar expuestos a las mismas dificultades que sus colegas, presentaban menos problemas de salud. La clave no estaba en la ausencia de obstáculos, sino en la forma de interpretarlos.

Junto con el profesor e investigador Salvatore Maddi, Kobasa definió un modelo basado en tres dimensiones:

1.      El compromiso, que supone implicarse activamente en la vida personal y profesional y encontrar un propósito vital.

2.      El control, entendido como la convicción de que nuestras acciones influyen en los resultados y reducen la sensación de indefensión.

3.      El reto, que se refiere a la disposición a ver los cambios como oportunidades de aprendizaje en lugar de amenazas.

El estilo resistente no elimina el estrés pero cambia su impacto: lo convierte en motor de crecimiento personal y profesional.

Un protector frente al estrés crónico

Numerosas investigaciones han mostrado que la personalidad resistente actúa como un factor protector frente al estrés crónico. Quienes la desarrollan recurren con más frecuencia a estrategias activas, como resolver problemas o buscar apoyo social, en lugar de evadir la situación. Esto se traduce en una mayor capacidad de adaptación a reorganizaciones, en la posibilidad de mantener el rendimiento en entornos inciertos y en una menor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión o burnout.

 

Un estudio con bomberos españoles demostró que aquellos con mayor nivel de personalidad resistente presentaban menos riesgo de agotamiento profesional, a pesar de trabajar en las mismas condiciones extremas que sus compañeros.

Beneficios no solo en la salud individual

En el ámbito organizacional, los trabajadores con personalidad resistente suelen mostrar mayor perseverancia y capacidad para resolver tareas complejas, lo que favorece el rendimiento global. En los líderes, esta disposición se traduce en la transmisión de confianza y en la capacidad de guiar a los equipos con serenidad frente a la incertidumbre. Cuando las empresas fomentan actitudes de compromiso, control y percepción del cambio como reto, generan climas laborales más resilientes, caracterizados por la cooperación y la orientación a soluciones.

La relevancia de la personalidad resistente en el ámbito laboral es tal que el interés académico por el tema ha seguido creciendo y se proyecta como una línea de estudio clave en los próximos años. Algunos ejemplos actuales:

·        La transformación digital suele generar ansiedad en los equipos debido a la rapidez con la que se incorporan nuevas tecnologías. Sin embargo, cuando este proceso se interpreta como una oportunidad de aprendizaje, la adaptación se acelera y los resultados son más positivos.

·        En los equipos globales y virtuales, cada vez más frecuentes, la personalidad resistente facilita la cohesión y ayuda a gestionar malentendidos derivados de la comunicación a distancia o de las diferencias culturales.

·        En el mundo del emprendimiento, quienes trabajan en contextos de incertidumbre y riesgo constante dependen de esta resistencia para mantener la motivación y transformar los fracasos en aprendizajes valiosos.

Entrenar la resistencia

Una buena noticia es que, a diferencia de otros rasgos más estables de la personalidad, la resistencia psicológica puede entrenarse. Existen programas de formación e intervenciones psicoeducativas que han demostrado su eficacia.

Entre las estrategias más habituales se encuentran el entrenamiento en resolución de problemas y toma de decisiones bajo presión, el diseño de programas que conectan metas personales con objetivos organizacionales, la promoción de la autonomía para reforzar la percepción de control y la construcción de una cultura de aprendizaje continuo. Muchas empresas han incorporado prácticas de mindfulness, programas de mentoring y talleres de gestión del cambio que fortalecen la confianza y el compromiso en entornos laborales exigentes.


Y en el futuro, ¿qué?

El futuro del trabajo seguirá marcado por transformaciones rápidas e impredecibles. La pandemia, la digitalización y la globalización de los equipos muestran que la incertidumbre no es una excepción.

En este contexto, la personalidad resistente se convierte en un recurso imprescindible tanto para los propios individuos como para sus organizaciones. Invertir en su desarrollo no solo protege la salud mental de los trabajadores, sino que también impulsa la innovación, la productividad y la sostenibilidad empresarial.

La evidencia científica demuestra que esta capacidad puede entrenarse y potenciarse. Hacerlo será, sin duda, una de las claves para afrontar con éxito los desafíos del mundo laboral en los próximos años.

lunes, 5 de enero de 2026

Fernando Azor, psicólogo clínico: "El Alprazolam o Trankimazin reduce mucho los niveles de malestar, pero el tratamiento de la ansiedad se hace con ejercicios"

 ACyV      |      elconfidencial.com      |      26/11/2025

El experto explica en un vídeo de TikTok cómo actúa el Trankimazin (Alprazolam) frente a la ansiedad y por qué, aunque sirva de gran ayuda, no es una solución real al problema de fondo

El psicólogo clínico Fernando Azor ha analizado en su cuenta de TikTok el efecto del Alprazolam, comercialmente conocido como Trankimazin, en el manejo de las crisis de ansiedad. Según detalla, este tipo de fármaco “reduce mucho los niveles de malestar”, ya que tras ingerirlo se atenúan tanto las respuestas fisiológicas como las emocionales. Eso hace que la persona se sienta más relajada y “el nivel de alerta se baja”.

Azor señala que este efecto puede ser útil en momentos en los que la persona no está siendo capaz de gestionar lo que siente, pero aclara que el fármaco no es la solución real. “La solución viene precisamente de este fármaco, entonces no vamos a poder gestionar adecuadamente las crisis de ansiedad”, advierte.

El psicólogo pone el foco en un error habitual: depender del medicamento para evitar las sensaciones. Según explica, ese enfoque impide aprender a enfrentarlas. “Nos vamos a enfocar mucho en qué es lo que hay que hacer para no sentir”, indica. Esto también ocurre, dice, cuando la persona se centra solo en técnicas de relajación o en desconectarse de lo que está experimentando.

Frente a esa estrategia, Fernando Azor insiste en que el tratamiento de las crisis de ansiedad debe abordarse desde la consulta. “Se hace por medio de tareas y ejercicios en consulta que la persona utiliza para poder controlar y gestionar ese tipo de sensaciones”, concluye.

Terapia Dialéctico Conductual: la psicoterapia para personas con trastorno límite de la personalidad

SANDRA CAMPÓ      |      infobae.com     |      04/12/2025

En el Perú, cada vez más personas recurren a la terapia psicológica para afrontar situaciones emocionales, estrés, trastornos de salud mental y buscar apoyo profesional. Según reportes del Ministerio de Salud (Minsa), los establecimientos de salud atendieron más de 1 millón 300 mil casos por trastornos mentales y problemas psicosociales durante 2024.

Además, la demanda de servicios de salud mental ha crecido en los últimos años, evidenciando una mayor conciencia social sobre la necesidad de atención psicológica. Por su parte, el Seguro Social de Salud (EsSalud) ha reforzado sus servicios, incluyendo modalidades como la telepsicología, para brindar orientación psicológica a asegurados en distintas regiones del país.

Terapia Dialéctico Conductual: en qué consiste

La TDC fue desarrollada por la psicóloga norteamericana Marsha M. Linehan en los años 80 y 90, con el propósito de ofrecer tratamiento a personas con desregulación emocional severa, impulsividad, conductas autolesivas o intentos de suicidio, así como dificultades en las relaciones interpersonales. Este enfoque terapéutico parte de un modelo biosocial: reconoce que los síntomas del TLP (o trastornos emocionales graves) resultan de la interacción entre vulnerabilidades biológicas/neurobiológicas y un ambiente invalidante.

La TDC combina técnicas cognitivo-conductuales con prácticas de aceptación, conciencia plena (mindfulness) y enfoques influenciados por filosofías orientales (como el budismo). El objetivo es dual (dialéctico): por un lado, aceptar la realidad del paciente (sus emociones, su historia, su vulnerabilidad), y por otro, promover el cambio midiendo patrones de pensamiento, emoción y conducta que resultan disfuncionales.

La intervención normalmente incluye:

  • psicoterapia individual
  • entrenamiento de habilidades en grupo
  • atención en crisis (cuando la persona atraviesa momentos de riesgo).

Por qué la TDC es útil para el Trastorno Límite de la Personalidad

El TLP se caracteriza por inestabilidad afectiva (cambios rápidos de humor), impulsividad, autolesiones, miedo al abandono, relaciones interpersonales conflictivas y una identidad inestable. La TDC aborda justamente esos aspectos: enseña habilidades para reconocer y manejar emociones intensas, reducir impulsos autodestructivos, mejorar las relaciones interpersonales, y construir una estabilidad emocional progresiva. Asimismo, su enfoque de aceptación ayuda a reducir la autocrítica, la vergüenza o la culpa que muchas personas con TLP sienten.

Por eso, la evidencia la posiciona como la forma de psicoterapia más eficaz para TLP dentro de los enfoques terapéuticos actualmente disponibles. Además, la TDC ha demostrado utilidad en otros trastornos relacionados con desregulación emocional: trastornos del estado de ánimo, trastornos de la alimentación, uso de sustancias, trauma, entre otros.

Técnicas de la TDC

Entre las principales técnicas y componentes de la TDC destacan:

  • Mindfulness (conciencia plena): enseñar a la persona a observar sus pensamientos, emociones y sensaciones sin juzgarlos, promoviendo una mayor claridad mental y auto-aceptación.
  • Regulación emocional: habilidades para identificar emociones intensas, entenderlas, reducir su vulnerabilidad y manejar respuestas emocionales de forma más adaptativa.
  • Tolerancia a la angustia: estrategias para afrontar el sufrimiento, la crisis emocional o el impulso de autolesión sin recurrir a conductas destructivas, resistiendo el malestar.
  • Efectividad interpersonal: mejorar las relaciones sociales, comunicación, límites, asertividad, las cuales son áreas frecuentemente debilitadas en personas con TLP.

Este enfoque integral (habilidades, psicoterapia individual y manejo de crisis) da a la persona herramientas concretas para regular sus emociones, reducir conductas perjudiciales y mejorar su funcionamiento cotidiano.

Cómo el TLP afecta la salud

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) afecta la salud de manera integral, porque implica una marcada inestabilidad emocional, impulsividad y dificultades en las relaciones interpersonales. Estos síntomas generan altos niveles de estrés, lo que puede afectar el sueño, aumentar la tensión muscular y elevar el riesgo de problemas gastrointestinales o dolores crónicos. Además, la impulsividad puede llevar a conductas de riesgo, como autolesiones, consumo de sustancias o problemas alimentarios. La inestabilidad emocional también incrementa la probabilidad de ansiedad y depresión. Sin tratamiento adecuado, el TLP impacta la calidad de vida y el bienestar físico y mental de quienes lo padecen.